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Autor: HectorBarbotta
Provincianos
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Héctor Barbotta | 04-01-2017 | 2:01| 0

Vivir en la periferia tiene algunas ventajas. Y si es en la periferia de la periferia, según el caso, algunas más. Las estadísticas de la Consejería de Medio Ambiente revelan que la Costa del Sol es una de las aglomeraciones urbanas –porque eso es lo que constituyen los municipios crecidos al amparo económico del turismo y en torno a la antigua carretera nacional 340 con Málaga y Marbella como referencias a Este y Oeste– con menos contaminación ambiental.
Es verdad que a la Costa del Sol le faltan algunos equipamientos que la puedan igualar a otras grandes concentraciones –la ausencia de una línea férrea que permitiría cohesionar a sus poblaciones y multiplicar sus posibilidades de desarrollo no es el menor– pero la necesidad de aunar esfuerzos y eso a lo que los profesionales del ‘coaching’ y los cursis llaman sinergias permiten vaticinar que habrá un futuro de una gran concentración urbana, unida en torno a la antigua carretera y, esperemos, que al tren, de cara al mar, con servicios compartidos y complementariedad económica.
De momento, la Costa del Sol, a pesar de que la falta de una red decente de transporte público urbano e interurbano no deja otro remedio que usar y abusar del vehículo individual, presenta uno de los más bajos niveles de polución, lo que invita a pensar qué tan mejor sería la situación si los repetidos compromisos de impulsar el tren litoral se hubiesen llevado a la práctica.
En estos días parecemos impelidos a hablar de la contaminación urbana y a preguntarnos con la debida antelación qué debemos hacer para no seguir el camino de Nueva Delhi, Peshwar o Lima después de que el Ayuntamiento de Madrid se viera obligado a limitar la circulación de vehículos ante los niveles de polución que había alcanzado la ciudad.
Parece inevitable que lo que pasa en la capital acabe abriendo telediarios e informativos y marcando la agenda de todos los demás –incluso de los que no sufrimos sus problemas, sino otros– pero al menos es de agradecer que en esta ocasión nos haya llegado un debate interesante y fundamental para nuestro futuro.
Ya iba siendo hora de que en la capital subieran el nivel de las cosas que les preocupan, porque después de que comenzaran el año discutiendo sobre el diseño de los trajes de la cabalgata de reyes y lo acabaran haciendo partícipe a toda España de sus diferencias en torno a la peatonalización de las calles del centro durante los días de mayor afluencia de público, empezábamos a preocuparnos por tener una capital con debates tan provincianos.

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Liberales, según
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Héctor Barbotta | 19-12-2016 | 5:22| 0

Si se pasa por alto el detalle no menor de que Marbella es la única ciudad española con más de 100.000 habitantes a la que no llega la línea ferroviaria se puede decir que la ciudad está bien comunicada. En condiciones normales se llega en poco más de media hora al aeropuerto de Málaga, que es a su vez uno de los mejores comunicados de España, y en la dirección opuesta hay autopista y autovía hasta Gibraltar, el puerto de Algeciras y el Algarve portugués.
El problema es que para estar comunicado a velocidad siglo XXI hay que rascarse el bolsillo. Hace ya años que Fomento impuso una restricción en la autovía de 80 kilómetros por hora y los propios carteles electrónicos de la DGT recomiendan a los conductores pasar por el peaje, sin que se sepa cuánto pagan los concesionarios por esta publicidad gratuita.
Los gestores de la autopista tienen dos tarifas diferentes: una reducida para la época del año de menos tráfico y otra desmesurada (7,40 por 18 kilómetros) para los periodos de más afluencia. Cuando más peligroso es utilizar la vieja carretera general es cuando se aplican las tarifas disuasorias. Se puede acusar a la DGT de olvidarse de la función social de los servicios públicos, pero nunca se podrá acusar a los dueños de la concesión de no saberse las leyes del mercado.
Regirse por las leyes del mercado está muy bien para quienes consideran que la doctrina liberal es un dogma que debe seguirse con fervor religioso. El problema es que cuando les va mal se olvidan de Adam Smith.
El Gobierno se apresta a rescatar a los concesionarios de ocho autopistas quebradas y alguien podría pensar que esto es una estrategia para animar al personal, que no se atreve a convertirse en empresario. Sólo que para acogerse a este sistema de rescate público cuando las cosas van mal es necesario ser rico antes de montar el negocio. De momento solamente se aplica a bancos y autopistas. Para el resto rige el liberalismo salvaje.
Cuando era ministra de Fomento, Ana Pastor prometió que el rescate no costaría un duro, pero ahora que la han colocado en el Congreso el Gobierno parece sentirse liberado de esa promesa. El Estado se gastará 5.000 millones de euros que, sorpresa, es la misma cantidad que habrá que recortar este año. El FMI recomienda subir el IVA y revisar el gasto en Sanidad y Educación, pero no dice nada de dejar sin leche a los ricos que se han prendido a la teta del Estado.
De las ocho autopistas quebradas que se salvarán con dinero público, seis discurren por la Comunidad de Madrid. Está muy bien que Cristina Cifuentes, que nos paga la sanidad y la educación a todos los andaluces, deje que los demás también la ayudemos.

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Un calendario cargado de incógnitas
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Héctor Barbotta | 19-12-2016 | 2:25| 0

Después de las elecciones europeas de 2014; las municipales, las autonómicas y las generales del maratónico 2015, y las generales de 2016, el próximo año será el primero de muchos sin convocatorias electorales, salvo sorpresa. Algún desprevenido podría suponer que los partidos y sus dirigentes se lo tomarán por ello de forma relajada, centrados en la gestión. Nada más lejos de la realidad. Es en los años sin elecciones cuando se producen los movimientos para posicionarse frente a las convocatorias futuras. Es el tiempo en el que se tejen alianzas y se afilan codos y puñales.
Marbella no será la excepción y 2017 se presenta como un año clave para el futuro próximo de la ciudad. En el calendario que está a punto de comenzar aparece junio marcado a fuego. Es el mes en el que Opción Sampedreña (OSP) recuperará su condición de partido bisagra. Cuando se firmó el pacto tripartito que aupó a la Alcaldía a José Bernal, el partido de San Pedro adelantó que suscribía un compromiso no con fecha de caducidad, pero sí con plazo de revisión. Cuando llegue junio el pacto de gobierno habrá cumplido dos años y es entonces cuando los ediles de OSP consultarán con los suyos su grado de satisfacción con la marcha del gobierno.
Más allá de la recuperación de la Tenencia de Alcaldía, cimiento sobre el que se levantó el resto del acuerdo, el pacto incluía tres obras en el distrito de San Pedro que no implicaban al Ayuntamiento, sino a la Junta de Andalucía. OSP no puso condiciones al PSOE de Marbella, sino al PSOE andaluz y al Gobierno autonómico: la construcción del nuevo centro de salud, el nuevo instituto y la pasarela peatonal sobre la carretera de Ronda a la altura de Las Medranas. Es posible que el partido sampedreño esté conforme con la marcha del gobierno municipal –de hecho, al edil de Hacienda, Manuel Osorio, se lo ve a gusto en su protagónico papel institucional–, pero lo que OSP exigió fue un compromiso de la Junta con lo que consideran la deuda histórica de la Administración autonómica con San Pedro. En las tres actuaciones se han dado pasos, pero lo que seguramente tendrán que valorar los ediles de OSP es si esos pasos han sido suficientes o si se podría haber ido más lejos o más rápido. Es la principal incógnita que se resolverá durante el nuevo año.
El Partido Popular de Marbella no sólo afronta 2017 con toda su atención y alguna expectativa sobre qué pasará en el equipo de gobierno. También tiene puestos los ojos sobre sí mismo. En especial sobre su presidenta, Ángeles Muñoz, pendiente de la decisión que tome el juez que instruye la causa por la supuesta falsificación de las actas del pleno en el que se aprobó el PGOU de 2010. Debido a la condición de aforada de la exalcaldesa, ya que ocupa un escaño en el Senado, el juez instructor puede tomar tres decisiones posibles: archivar la causa, seguirla en cuanto al vicesecretario y remitir al Tribunal Supremo lo que atañe a Muñoz o enviarla completa al Supremo.
A nadie escapa en el Partido Popular que el futuro político de Ángeles Muñoz depende en buena medida del desenlace de esta causa. Después de su congreso nacional, el PP realizará el resto de los congresos en cascada. Vendrán el autonómico, el provincial y finalmente los locales. Ángeles Muñoz espera que el de Marbella pueda convocarse antes del verano y ya adelantó su decisión de renovar en la presidencia, lo que implica que aspira a optar a recuperar la Alcaldía en las municipales de 2019. Resta por saber qué pasará con la causa judicial pendiente, uno de los grandes asuntos que se resolverán en 2017.
Al otro lado del espectro político, una de las incógnitas pasa por el futuro de la alianza Unidos Podemos, conformada para las elecciones generales del pasado junio con Podemos e Izquierda Unida como fuerzas determinantes. Más allá de las consecuencias que pueda tener en la política nacional, en Marbella se da una situación al menos curiosa ya que mientras que una de las dos fuerzas (Izquierda Unida) forma parte del gobierno municipal, la otra (CSSP-Podemos) se mantiene en la oposición como grupo decisivo a la hora de que el tripartito pueda sacar votaciones adelante en los plenos.
Si en el futuro se verán elecciones con Unidos Podemos como fuerza unitaria a la izquierda del tablero político es aún un interrogante. Pero será interesante ver cómo evoluciona en Marbella la relación entre ambos partidos de cara a una eventual alianza en las municipales de 2019.
Hay otros interrogantes que se abren para el año que está a punto de comenzar. Uno está en el área de Urbanismo. Con toda seguridad el Ayuntamiento sacará a concurso la redacción del nuevo Plan General de Ordenación Urbana y es de esperar que el trabajo comience en 2017. También hay interrogantes en el área de las infraestructuras, después de que 2016 fuera el año en el que no se pudo resolver el bloqueo de las dos obras pendientes más importantes: la ampliación del Hospital Costa del Sol y el puerto de La Bajadilla.
No se sabe si durante el año próximo se producirá alguna novedad relevante en alguno de esos proyectos pero seguramente sí lo habrá en la Mancomunidad de Municipios de la Costa del Sol, y en concreto en su empresa pública, Acosol. Su director gerente, Juan Carlos Fernández-Rañada, está a punto de cumplir 70 años. Se habla de un posible relevo y ya se observan a los aspirantes tomando posiciones.

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No llueve igual para todos
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Héctor Barbotta | 12-12-2016 | 11:35| 0

Cayó lo que no está escrito y no se puede decir que lo del pasado fin de semana no haya sido una anomalía meteorológica. Aquello de «caen dos gotas y esta calle se inunda» no vale esta vez, pero aunque el comportamiento de la meteorología no haya sido el habitual, sí han sido lógicas las consecuencias.
Los ríos y arroyos que llevaban años sin limpiarse se han desbordado y el agua se ha llevado todo a su paso. Igual que en 2009, igual que en 1989, igual que cada vez que la naturaleza da un aviso y se deja víctimas por el camino. La naturaleza se comportó como hace de tanto en tanto y sucedió lo que siempre en estas ocasiones. Los ríos y arroyos presentaron sus escrituras en los terrenos inundables ocupados por la irresponsabilidad urbanística. Por eso no debe extrañar que dos de los municipios donde menos se ha respetado históricamente la norma de no construir en zonas inundables, como Cártama y Estepona, hayan sido los de más damnificados. Los excesos urbanísticos, tal y como enseña la experiencia de Marbella, siempre se acaban pagando, igual que la falta de previsión.
Durante los días que siguieron a la tromba del domingo, incluso desde el mismo domingo, los representantes políticos se lanzaron mutuos elogios y palmadas en la espalda por la colaboración institucional, como si hubiese cabido otra actitud cuando la gente estaba con el agua al cuello. Pero una vez recuperada cierta normalidad y mientras las máquinas comienzan a trabajar para reconstruir los destrozos, que en Marbella superan los 28 millones de euros, está bien preguntarse si esa coordinación funciona de manera tan acertada a la hora de prevenir una situación que es recurrente en la provincia aunque el tiempo que transcurre entre una inundación y otra nos tiente a deslizarnos hacia la conclusión de que se trata de la consecuencia inevitable de fenómenos meteorológicos anómalos. No podría llegarse a una conclusión más desacertada. La realidad es que de tanto en tanto la provincia sufre diluvios extraordinarios como los de la semana pasada y como seguimos construyendo en zonas inundables y legalizando lo ya construido en lugar de poner fecha de caducidad a las viviendas irregulares, seguimos haciendo obras sin un mínimo de previsión -como la perpetrada en avenida Nabeul- y seguimos sin limpiar los cauces de ríos y arroyos, dentro de uno, cinco o siete años volveremos a tener otro diluvio seguido de inundaciones, pérdidas millonarias, evacuados y, posiblemente, alguna víctima fatal. Y al día siguiente, volveremos a ver a los responsables políticos adulándose por la coordinación institucional en la gestión de la catástrofe.
Y no es que no falten ejemplos de que las cosas se pueden hacer mejor. En los cauces que por previsión o responsabilidad sí se habían limpiado las avenidas de agua causaron dificultades pero ningún cataclismo. El caso más claro está en el Guadaiza, donde el Ayuntamiento de Marbella decidió hace meses actuar ante la pasividad de la Junta de Andalucía, administración con las competencias exclusivas en ese campo. Durante semanas se realizó un trabajo de limpieza del cauce que llegada la emergencia ha resultado providencial. El Guadaiza desbordó y causó alguna dificultad, sobre todo en su desembocadura, pero nada comparado con la catástrofe que hubiera ocasionado sin esa falta de previsión.
El ejemplo contrario se encontró en la avenida Nabeul, donde después de diez meses de una obra que trastornó la vida no sólo de los vecinos y comerciantes de la zona sino también de cualquiera que se atreviera a circular con su coche por el centro de Marbella la situación está peor que antes. Ya al día siguiente de la inauguración la calle pareció convertirse en un canal de Venecia y el pasado fin de semana la situación fue peor todavía. En un lugar donde se tomara en serio el destino de los fondos públicos y los cargos políticos no estuvieran blindados por las lealtades de partido alguien habría asumido su responsabilidad, pero aquí la concejala de Obras ni siquiera ha considerado pertinente salir a dar la más mínima explicación, como si todo hubiese sido producto de una desgraciada fatalidad que no tiene nada que ver con ella.
Lo peor es que no se ha explicado si el desastre ya realizado tiene solución o si al menos se ha aprendido alguna lección para las otras obras que se están ejecutando actualmente en otras zonas del centro.
La tromba de agua trastornó la vida de toda la ciudad y de gran parte de la provincia de Málaga, pero si algo ha vuelto a dejar claro es que no llueve igual para todos. Las únicas tres familias de Marbella que tuvieron que ser evacuadas y alojadas provisionalmente en el albergue África fueron las vecinas del edificio situado en la margen derecha de la desembocadura del Guadaiza, un inmueble que ya sufrió un mercance similar hace cuatro años y en cuyos bajos residen familias de escasos recursos que lo han vuelto a perder prácticamente todo.
En Plaza de Toros, donde se han producido los daños más importantes, el patio de uno de los bloques se hundió durante una madrugada en la que los vecinos admiten haber pasado miedo, pero basta con visitar la zona para entenderla como una barriada terriblemente golpeada por la crisis económica y por el abandono de las instituciones. La tromba no hizo más que dar la puntilla o, en todo caso, hacer visible esa situación de desamparo.
Lo mismo podría decirse de la joven ahogada en el club de alterne de Estepona donde se veía obligada –por sus explotadores o por las circunstancias – a pernoctar en unas condiciones penosas .
El agua cayó sobre todas las cabezas, pero sólo a las más vulnerables, como siempre sucede, las convirtió en víctimas.

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Alicia, alicias
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Héctor Barbotta | 09-12-2016 | 10:57| 0

Alicia no se llamaba Alicia, aunque ése era el nombre que utilizaba para ganarse la vida. Es posible que ni siquiera sus compañeras conocieran su nombre real porque en el mundo de la noche, como a veces se llama al mundo de la prostitución por un eufemismo supuestamente compasivo, todo es tan falso como la seducción con tarifa.
Alicia, o quien sobrevivía bajo ese nombre, fue sorprendida por la tromba de agua en un club nocturno, que es como se llama a los lupanares, también por compasión eufemística, porque posiblemente ni las instituciones ni quienes prefieren mirar para otro lado soportan ver un cartel que en lugar de ‘California, club nocturno’, por ejemplo, ponga ‘Burdel California’.
Quizás Alicia no usara su nombre por una vergüenza que en realidad deberían sentir los dueños del burdel, las autoridades que miran para otro lado en lugar de ordenar día sí y día también inspecciones de trabajo, de sanidad y de hacienda, y los clientes que se aprovechan de la explotación y la trata porque no hay conciencia que no lave un buen polvo.
Alicia llevaba sólo tres días en Estepona y es posible que la fueran rotando de burdel en burdel porque el negocio consiste también en ofrecer carne fresca, aprovechándose de que los clientes se comportan como si no supieran que la carne no está fresca porque arrastra una historia de explotación. Aunque quizás a Alicia no lo rotaran obligada por la fuerza, sino que rotara ella sola obligada por el hambre. ¿Qué más da?
Alicia dormía en el burdel –perdón, en el club nocturno–, porque estaba recién llegada y no encontraba a nadie que le alquilara un piso. ¿Quién le va a alquilar un piso a una rumana sin contrato de trabajo? Alicia no tenía contrato. En los burdeles la explotación no es por cuenta ajena y los propietarios dicen que se limitan a servir copas y que lo que hagan esas mujeres en las habitaciones o en los reservados no es asunto suyo. Falsas autónomas, pero en plan bestia.
La tromba de agua sorprendió a Alicia sola y lo último que hizo fue llamar a una compañera, encaramada en la barra y acosada por el agua como antes la acosaron el hambre y la necesidad. La comunicación se cortó y la muchacha, que arrastraría 23 largos años de sufrimiento, encontró una muerte horrible, acorde a una vida seguramente horrible.
Está bien que derramemos nuestras lágrimas de cocodrilo por Alicia. Pero posiblemente estaría mejor que nos preguntáramos cuántas alicias hay repartidas por los clubes nocturnos de la Costa del Sol y qué estamos haciendo además de rogar por que no venga otra tromba que ahogue a una nueva Alicia mientras saca a flote nuestras miserias.

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Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella