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Autor: HectorBarbotta
El mar también pasa factura
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Héctor Barbotta | 04-03-2016 | 11:43| 0

Si la foto que resumió la actualidad de la semana pasada en Marbella, con la Guardia Civil registrando los restaurantes de la cadena La Pesquera, nos retrotrajo a algunas de las escenas de la historia reciente de la ciudad, la de esta semana también es una invitación a preguntarnos por cuánto tiempo más seguiremos recibiendo los embates del pasado.
Porque la foto que resume la actualidad de esta semana en Marbella no es otra que la de un tramo del paseo marítimo entre la urbanización Malibú y el hotel Guadalpín Banús arrasado por el temporal primero y demolido por la maquinaria después.
El temporal con el que se inició la semana no solamente nos recordó la fragilidad de nuestras playas y la necesidad de que de una vez por todas se acometan las obras de infraestructura necesarias para que la ciudad no tenga que estar verano tras verano mendigando aportaciones de arena para poder seguir ejerciendo su condición de destino turístico de primer orden. También llegó para recordarnos que tarde o temprano la naturaleza acaba reclamando lo suyo, y que cuando dos décadas atrás el Ayuntamiento presidido por Jesús Gil fue castigado con la multa más alta jamás impuesta a una institución pública por construir un paseo marítimo en zona de dominio público marítimo terrestre, lo peor no fue el importe de aquella sanción –200 millones de pesetas de la época– sino la acción municipal que la había motivado.
No viene al caso ahora mismo resucitar aquella polémica de profundo carácter moral entre la minoría que enmendaba a la totalidad la gestión de Jesús Gil al frente del Ayuntamiento y la mayoría que lo justificaba todo con aquel lamentable concepto de ‘roba pero hace’. Una de las obras que los gilistas de entonces, convertidos hoy en desmemoriados, enseñaban como ejemplo de aquella gestión era precisamente el paseo marítimo por el que el Ayuntamiento fue en su día multado y que hoy el embate del mar ha arrasado en un tramo de 80 metros.
Hoy, cuando los casos de latrocinio de lo público han apartado los focos de Marbella para posarse sobre Valencia, Madrid o Palma, no es mal momento para comprender que los atajos para sortear la legalidad no son más que engaños que finalmente acaban llegando a ninguna parte.
Cuando se habla de la herencia del gilismo se suele mencionar la insostenible deuda del Ayuntamiento, los colegios y centros de salud que no se construyeron, la imagen de la ciudad arrastrada por el fango durante años, el dinero que nunca volverá o las miles de viviendas ilegales. A todo eso habría que agregar las infraestructuras que creemos tener pero que en realidad no son más que una ilusión para engañar a incautos.
Ahora, a las puertas del comienzo de la temporada turística, con este puente del 28F como preludio de una Semana Santa que ya tenemos prácticamente encima, la ciudad se encuentra sin paseo marítimo en uno de sus enclaves más concurridos y sin una solución a la vista.
La lógica municipal ha llevado a proponer medidas provisionales para que aquel proyecto iniciado durante la etapa anterior de contar con una senda que permita recorrer a pie los 27 kilómetros costeros del término municipal no encuentre una barrera en estos 80 metros de paseo ahora derruidos. Pero desde Costas se ha respondido que no hay medidas provisionales que valgan. El espacio del mar pertenece al mar y si la ciudad quiere contar con un paseo marítimo debe hacerlo en el suelo que ahora ocupan inmuebles privados con cuyos propietarios habrá que llegar a acuerdos.
El gilismo se acabó hace diez años y sus consecuencias todavía se siguen pagando. Durante ese tiempo actuamos como si tuviéramos un paseo marítimo que en realidad era un artificio. Posiblemente estaría bien preguntarse si lo que ha hecho el mar en esta semana no habrá sido interpelarnos acerca de si no habremos perdido un tiempo precioso que se podría haber empleado en erradicar esa herencia envenenada.

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Sin perdón
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Héctor Barbotta | 24-02-2016 | 8:45| 0

La Guardia Civil desde primera hora, registros en bancos, domicilios y empresas, rumores por toda la ciudad sobre la identidad de los detenidos, tensión informativa sobre Marbella… La ciudad vivió esta semana un ‘revival’ de los sucesos que la conmocionaron hace casi diez años, aunque el paisaje desde entonces ha cambiado decisivamente.

Durante años seguir la actualidad informativa de Marbella supuso algo casi equivalente a cursar un máster de derecho procesal: Saqueo, Camisetas, Ballena Blanca, Malaya en sus sucesivas fases, Hidalgo… La lista se fue ampliando con el transcurso del tiempo hasta que fue imposible hablar de Marbella fuera de la ciudad sin que le preguntaran a uno por algún caso relacionado con la corrupción pública o privada.
Pero desde la época no muy lejana en que aquellos casos mandaban en la actualidad informativa de la ciudad hasta ahora, en que un nueva y aparatosa operación policial volvió a poner focos sobre Marbella, el paisaje cambió notablemente y no sólo porque en esta operación los uniformes fueran verdes y no azules. El principal cambio es que ya no hubo tantos focos como en aquellos días porque ya nadie se traga eso de que hay una ciudad en España más proclive a la corrupción que otras. Bankia, Bárcenas, Brugal, Eres, Cursos de formación, Gürtel, Tarjetas Black, Noos, Palma Arena, Pujol, Púnica, PP de Valencia, PP de Madrid… Tantos nombres dibujan un panorama tan desolador que lo que hubiese atraído decenas de cámaras a Marbella en otra época apenas ha ocupado un mínimo espacio en la atención pública. Después de todo ¿qué es un empresario que al parecer se distrajo a la hora de pagar impuestos frente a una realidad en la que la podredumbre aflora por los cuatros costados? Marbella ya no llama la atención. Triste consuelo.
La operación conjunta de la Agencia Tributaria y la Guardia Civil ha destapado lo que al parecer es un entramado montado por el propietario del grupo La Pesquera, Ramón Mesas, para declarar pérdidas en negocios boyantes y eludir de esa manera el pago de impuestos.
Durante años Mesas fue señalado como el empresario favorito de Jesús Gil, algo que ni él mismo se preocupó en negar, a la luz de los favores que durante aquel tiempo recibió en modo de concesiones administrativas sobre las que edificó su imperio. Sin embargo, ninguno de los procedimientos judiciales contra la corrupción política en el Ayuntamiento de Marbella alcanzó a salpicarlo, y eso que hubo muchos. Ahora, el empresario está en el centro de una investigación sobre posible evasión fiscal que de momento le ha costado la detención y un auto de prisión eludible con una fianza de 350.000 euros. En este país a veces parece que nada es tan grave como los pecados que ofenden a Hacienda.

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Justicia marca España
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Héctor Barbotta | 17-02-2016 | 8:43| 0

Estaría bien preguntarse si esas mentes preclaras que hace algunos años decidieron convertir a España en una marca no deberían haber puesto el acento en las cuestiones que realmente afectan al prestigio del país y ahuyentan a inversores que con toda seguridad nunca más en su vida querrán oír hablar de nada que tenga que ver con la costa mediterránea en lugar de destinar a estupideces ingentes cantidad de dinero público.

La semana pasada un juzgado de Málaga ha dado la razón a una ciudadana británica que en el año 2003 tuvo la idea –una idea que seguramente maldeciría durante los años subsiguientes– de dedicar los ahorros de toda de vida a organizarse un retiro dorado en la Costa del Sol.

La historia es muy larga, pero puede resumirse en una corta sucesión de episodios. Compró sobre plano un apartamento con vistas a un campo de golf en una urbanización de Marbella. Pagó por adelantado 238.000 euros, que ingresó en el banco con el que trabajaba la promotora.

La promoción, como tantas otras en aquella época, se había hecho al margen del Plan General vigente y con la complicidad de las autoridades municipales de entonces. Cuando llegó el momento de escriturar, el inmueble, por su situación irregular, no había obtenido la licencia de primera ocupación y además la construcción estaba fuera de plazo.

La mujer inició entonces una larga batalla para recuperar su dinero cuyos detalles con toda seguridad aburrirían al lector. Sólo basta saber que ante denuncias idénticas diferentes juzgados de Marbella y la propia Audiencia Provincial emitieron fallos diferentes, unos a favor de los perjudicados y otros a favor de la promotora. Cuando se unificó doctrina –ya habían pasado diez años desde que la buena señora había confiado 238.000 euros a la seriedad de este país– la promotora estaba en concurso de acreedores y en situación de insolvencia. Quedaba el recurso del banco, obligado a contar con una póliza para situaciones como esta. Pero si la crisis ha enseñado a tener dudas sobre la solvencia moral de algunos empresarios de la construcción, no hablemos ya de la de los bancos. La mujer tuvo que ir a juicio y esta semana, 16 años después de despedirse de su dinero, volvió a ganar. El banco ha sido condenado a devolverle sus 238.000 euros más sus intereses, pero todavía le cabe la posibilidad de un recurso.

Es deseable que a la mujer que quería disfrutar de su jubilación en España y a los casi 200 compradores, la mayoría británicos, que compraron en esa urbanización, les quede todavía salud para reencontrarse con los ahorros de toda su vida. Seguramente podríamos ahorrarnos preguntarles a todos ellos que opinan de la marca España.

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La feria como metáfora
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Héctor Barbotta | 08-02-2016 | 11:52| 0

De entre todos los vicios de la vida política, que no son pocos como bien se puede comprobar diariamente, el sectarismo no es el menos característico. Desde que algún gurú de la comunicación política dio la directriz de que el papel de los militantes en las redes debe ser el de repetir hora tras hora los argumentarios que emanan desde la sede partidaria, el nivel del debate ha descendido hasta arrastrarse por el suelo, pero al mismo tiempo ha facilitado el trabajo del observador neutral. Basta con seguir algunos perfiles para saber no qué piensa el titular de cada perfil, hay muchos fans de partidos que han abdicado del sano ejercicio del pensamiento autónomo, sino qué le han dicho que tiene que decir, lo que resulta muy útil para entender cuál es el mensaje básico que quiere transmitir cada partido en cada momento. Seguir a algunos hooligans en las redes permite acceder sin pizca de dificultad a la comunicación interna de las formaciones políticas.
De ese modo puede llegarse a la conclusión, por ejemplo, de que el PP ha dado instrucciones a los suyos para que repitan la falacia de que en todos los países del mundo siempre gobierna la lista más votada o que en el PSOE andaluz se ocupan más de rastrear las redes sociales para encontrar alguna metedura de pata de Pablo Iglesias antes de que se le pasara por la cabeza poner en marcha Podemos que de fustigar las fechorías del PP de Valencia, por poner un ejemplo. La última consigna, parece ser, es advertir de un presunto contubernio entre el PP y Podemos, lo que permite adivinar que el PSOE está preparando a los suyos para un pacto con Ciudadanos.
No va a ser desde esta columna donde se descubra el sectarismo de los partidos, muchas veces más extendido entre los militantes que se comportan como disciplinados fans de sus líderes y no como sujetos políticos con opinión propia, que entre sus dirigentes, aunque sí es oportuno reflexionar sobre la manera en que ese sectarismo invade a veces la esfera pública. Porque mientras se limita a las frivolidades que se leen a diario en las redes no supone un problema, pero cuando se extiende al ámbito institucional y acaba afectando a la vida de los ciudadanos pasa a serlo.
Una de las maneras en las que el sectarismo se expresa en la vida institucional es en esa concepción fundacional de la política que invita a comportarse como si todo comenzara desde cero cada vez que un nuevo partido llega al poder, como si la historia de una ciudad o de un país no fuese consecuencia de la herencia, positiva o negativa, que va sedimentando para que el que viene después vaya construyendo a partir de lo que ha dejado su antecesor. O dicho de otra manera, la corrosiva costumbre de afirmar que todo lo que hizo el adversario está mal y por lo tanto no hay nada que no se deba cambiar. Desde el poder, esta concepción sectaria se expresa también no contando con el adversario para ningún tema, ni siquiera con aquellos cuyas consecuencias se van a prolongar más allá de los cuatro años que dura un mandato.
En la política nacional, la expresión más acabada de esta forma de entender la política es la Educación, cuyo marco normativo se corrige con cada cambio de gobierno, como si fuese posible construir una política de Estado con modificaciones condenadas a ser anuladas a los cuatro o a los ocho años y marcadas más por la identidad ideológica de sus autores que por un análisis de las necesidades del país.
En el ámbito municipal esta concepción de la política fundacional no está ni mucho menos ausente. En 2008, la anterior alcaldesa, Ángeles Muñoz, barrió con la feria del centro y se la llevó al Arroyo de la Represa, una localización en la que estuvo provisionalmente y que cambió dos veces más durante su mandato. Jamás hubo una consulta a la oposición sobre ese asunto. Ahora, el alcalde anuncia que la feria vuelve al centro, por lo que ha llegado la hora de preguntarse si en 2019, en 2023 o cuando sea que haya alternancia volveremos a encontrarnos con una nueva mudanza de las casetas y los cacharros.
La ubicación de la feria no es un asunto que pueda situarse a la cabeza de los problemas más acuciantes que tiene Marbella. Aún así se entiende que para muchos vecinos no se trate de un asunto menor. Por ello sería saludable articular un mecanismo de discusión y consenso para llegar a una solución que no vuelva a dejar la feria de Marbella en una situación de provisionalidad. No es así como se construyen las tradiciones.

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Impunidad
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Héctor Barbotta | 08-02-2016 | 10:47| 0

EL propietario del grupo Mirador ha sido absuelto tras quedarse con el dinero de dos familias que le pagaron 80.000 euros por adelantado por unos pisos que no construyó. La Audiencia ha entendido que ya ha pasado demasiado tiempo como para pedirle cuentas.
El abogado Juan Hoffmann, uno de los condenados en el ‘caso Malaya’, se ha sumado a la lista de prófugos al no presentarse en prisión seis meses después de ser condenado en sentencia firme, tiempo más que suficiente para organizar un huida en condiciones. Hoffmann es uno de los condenados en este caso con más recursos económicos a su disposición, condición indispensable para vivir escondido, dato que es imposible imaginar que los jueces desconocieran.
En Marbella, donde durante 15 años los saqueadores de la ciudad destrozaron su urbanismo ante la mirada complaciente de otras administraciones y también de los tribunales, se acaba de anunciar que el nuevo Plan General regularizará todas las viviendas levantadas al margen de la ley. Ya en noviembre el Supremo había advertido en las sentencias que anularon el anterior PGOU que el Ayuntamiento no tiene derecho a exigir compensaciones por los inmuebles construidos por quienes se saltaron la norma a golpe de comisión y bajo el amparo delictivo de quienes ocupaban en aquel momento la institución municipal. Ahora la justicia dice que si la justicia no hizo nada entonces, no puede hacerlo ahora.
Como se ve, la impunidad tiene diferentes caminos y es posible en un Estado de Derecho, aunque para ello es necesario que alguien en algún momento incumpla su obligación.
El nuevo PGOU de Marbella, que se aprobará no antes de tres años, consagrará la inmunidad y los beneficios de quienes se lucraron construyendo al margen de la ley, pero esta injusticia flagrante no podrá ser imputada al nuevo PGOU, sino a quienes estuvieron distraídos cuando correspondía estar atentos.
El Supremo ha dicho que la justicia urbanística no puede administrarse desde el planeamiento, que está para mirar al futuro y no al pasado, y que los desmanes que no pasaron por los juzgados tiene garantizada su impunidad. Lo que cabe es preguntarse por qué no pasaron por los juzgados y mirar a la cara a quienes en su momento eligieron mirar para otro lado.
El nuevo Plan consagrará los hechos consumados, y los promotores, los compradores de buena fe y quienes compraron sabiendo lo que hacían podrán respirar tranquilos. No hay como el paso del tiempo para limpiar culpas y dejar que la amnesia vaya haciendo su trabajo.

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Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella