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Autor: HectorBarbotta
El PP se toma en serio los 100 días
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Héctor Barbotta | 17-07-2015 | 8:00| 0

No hay respuesta a la mayor parte de las acusaciones que se lanzan, ni críticas públicas a lo que al parecer funciona mal o ni siquiera funciona, tampoco se señalan las posibles contradicciones en las que puede estar cayendo el nuevo equipo de gobierno. Un mes después de haber pasado a la oposición tras ocho años en el poder municipal, en el Partido Popular han dejado en claro que se han tomado en serio aquello de los 100 días de cortesía. Incluso en las redes sociales los militantes del PP están inusualmente inactivos. Durante las cuatro semanas que han pasado desde que José Bernal se sentó en el sillón de alcalde, los concejales del Partido Popular no sólo han dejado toda la iniciativa al equipo de gobierno, sino que solamente han salido a la superficie para responder a algunas de las cuestiones que consideraban que requerían de una reacción urgente: la afirmación de que el superávit municipal era ficticio, el baile de números sobre la cantidad de cargos de confianza destituidos, la suspensión de una actividad cultural por falta de fondos y la más reciente renuncia del alcalde, José Bernal, a construir la residencia de la tercera edad en los restos de lo que fue el Trapiche.
Han sido intervenciones puntuales, limitadas y sin continuidad. La estrategia del PP en su nuevo papel de oposición no pasa de momento por confrontar todo el tiempo y en todos los frentes. Ya se verá cuando pasen los 100 días.
Durante este tiempo, la práctica desaparición del grupo del PP del foco público, en especial de su lideresa, Ángeles Muñoz, podría invitar a pensar que el grupo popular no se ha repuesto todavía del golpe que supuso pasar a la oposición y que sus integrantes están tan aturdidos como en la primavera de 2012, cuando tardaron meses, en especial la entonces alcaldesa, en asimilar que Javier Arenas había perdido su oportunidad histórica de convertirse en presidente de la Junta de Andalucía.
Pero esta vez no es así. La momentánea desaparición del PP del primer plano obedece a una estrategia trazada desde el mismo momento en que supieron que el pacto cuatripartito iba a desplazarlos del lugar que habían ocupado desde 2007.
Algunos ediles han tardado en reacomodarse a su nueva situación. La mayor parte ha vuelto a sus trabajos –abundan entre ellos los profesores y los funcionarios– y otros empiezan a explorar nuevas vías laborales. Pero el grupo lleva semanas funcionando, de momento de manera discreta. Se reúnen todas las semanas en el local del PP del centro de Marbella en unos encuentros que dirige la propia Ángeles Muñoz, una de los pocos que se ha tomado unos días de vacaciones, y a los que acuden no solamente los miembros del grupo municipal, sino otros candidatos que no obtuvieron acta, como Eloy Ortega, Isabel Cintado o Federico Vallés. También el exdirector de Hacienda y Personal, Carlos Rubio, participa de las reuniones.
La autocrítica y el análisis de las causas por las que no consiguieron mantenerse en el poder fue más breve y menos profunda de lo que hubiese cabido esperar. Los esfuerzos se han centrado en preparar la estrategia de oposición, que pasa por un marcaje área por área, y evitar cualquier señal que pudiera transmitir la imagen de que hay críticas estimuladas sólo por el hecho de que se ha perdido el poder.
La estrategia incluye también la presencia de concejales del PP en todos los actos públicos y sociales que tengan lugar en la ciudad y el establecimiento de turnos para mantener abierta la sede.
Pero hay también un segundo reacomodamiento, y es interno en el Partido Popular.
El primero ha venido desde la Diputación Provincial de Málaga. Kika Caracuel deja de ser vicepresidenta primera para convertirse en portavoz de su partido en esa institución. Este cambio tiene dos propósitos. El primero debe leerse en la clave de un código no escrito que suele ser de estricto cumplimiento en los partidos: nadie tiene más rango que su jefe de filas. Si Caracuel hubiese seguido como vicepresidenta se habría situado en el escalafón por encima de Ángeles Muñoz, quien ahora sólo es una concejala de la oposición. Hay quien interpreta que la exalcaldesa no habría aceptado esa situación.
La segunda es más práctica y mucho más comprensible para quienes viven al margen de los códigos ocultos de los partidos. Desde su atalaya de portavoz popular en la Diputación, Caracuel podrá tener una participación más activa en la oposición municipal marbellí que la que podría haber realizado desde un puesto de perfil mucho más institucional como es el de la vicepresidencia segunda de la institución.
Después de perder varias alcaldías, las vista se ha puesto en la futura conformación de las listas del Partido Popular a las próximas elecciones generales. Los puestos de salida para el Congreso, y sobre todo para el Senado, son ya objeto de deseo para muchos de estos exalcaldes y exalcaldesas. Habrá que ver quiénes consiguen colarse en una lista con más aspirantes que lugares. Mucho más cerca está la conformación de la Mancomunidad de Municipios de la Costa del Sol, donde se da por seguro que Ángeles Muñoz tendrá un puesto relevante.

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Aterrizaje forzoso
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Héctor Barbotta | 06-07-2015 | 12:14| 0

El aterrizaje del nuevo equipo de gobierno en la gestión de los asuntos municipales está siendo más lento de lo que se esperaba. Éste debería ser un país en el que un cambio de signo político en una institución no debería suponer otra cosa que modificar las orientaciones generales de la gestión pública, no la paralización de esta.
Miembros del equipo de gobierno aseguran que se han encontrado la administración llena de pequeñas bombas de relojería, y por eso no llama la atención la polémica surgida esta semana en relación con la suspensión por falta de presupuesto de unos premios literarios.
La exconcejala del ramo, Carmen Díaz, reaccionó tras conocer la suspensión con una rueda de prensa en la que aseguraba que sí había fondos para realizar el certamen, aunque a renglón seguido aclaró que se contaba con el apoyo económico de patrocinadores, aspecto al que no se refirió la responsable de Cultura, Gema Midón, cuando aludió a la insuficiencia de fondos para poder celebrar el evento y que posiblemente desconocía.
En una situación normal de relevo en el poder municipal, lo lógico hubiese sido que la edil saliente comunicara a la entrante los pormenores de la organización de un evento con el que se encontraría aún aterrizando. Pero no estamos en una situación normal, sino en un ambiente en el que muchos de los ediles de uno y otro signo se ven por la calle y ni siquiera se saludan. Las consecuencias de la descortesía las pagan los ciudadanos.
Según aseguran desde el propio equipo de gobierno, prácticamente toda la gestión municipal descansaba en cargos designados por el Partido Popular que han cesado en sus funciones, aunque las cifras que se dan en este sentido bailan según se pregunte a uno o a otro. 32 sostienen desde el gobierno saliente; más de 40 o más de 60, según quién responda, desde el entrante. Que el propio gobierno municipal no haya dado aún una cifra concreta sobre este apartado –el propio alcalde se refiere a una horquilla entre 44 y 46– permite advertir hasta qué punto el aterrizaje en la Plaza de los Naranjos todavía no ha terminado.
Cualquiera sea la cifra, se asegura que al haberse descabezado la cúpula que dirigía el Ayuntamiento hay trabajo que no se hace simplemente porque no hay nadie que pueda hacerlo. Los propios concejales reconocen que tienen que asumir personalmente algunas tareas que por lógica no les corresponden. La imagen del edil de Parques y Jardines con la llave de la plaza de la Constitución en mano esperando que llegue la hora de cierre da una buena idea de cuál es la situación organizativa del Ayuntamiento tras un relevo que no ha sido tal, sino la salida en estampida de los que estaban y el aterrizaje de los nuevos.
Es posible que el equipo saliente tenga la tentación de atribuir la lentitud en el aterrizaje del nuevo gobierno a su composición multicolor o a la bisoñez de sus integrantes, pero es seguro que los ciudadanos de todo signo agradecerían mayor cortesía y espíritu de colaboración por ambas partes.
El nuevo equipo de gobierno municipal lleva tres semanas en el Ayuntamiento y da la sensación de que este tiempo sólo le ha dado para un par de gestos de fuerte contenido simbólico y para comenzar a organizarse. Y no puede decirse que el proceso de organización haya concluido.
En el primer pleno municipal se aprobó la creación de 27 puestos de libre designación de los que nueve tienen el rango de ‘asesor responsable’. Se trata de un eufemismo que esconde las funciones de directores de área, figura criticada por los actuales gobernantes cuando estaban en la oposición. De hecho, cuatro de estos asesores que serán más que asesores ya que tendrán funciones ejecutivas, son antiguos ediles.
Algunas de estas personas comenzaron a ejercer antes de tomar posesión de sus cargos, incluso antes de que sus cargos fuesen creados, una situación formalmente irregular pero que desde la buena voluntad podría entenderse desde la necesidad de que la gestión municipal no colapsara.
Sin embargo, tres semanas después de que el nuevo alcalde fuese investido prorrogar esta situación irregular raya en la irresponsabilidad.
De los nueve cargos creados, siete ya están oficialmente en funciones. Existe otro que no ha asumido al no haber arreglado aún su situación laboral actual y un noveno que corresponde al cargo de asesor jurídico de Alcaldía que el Ayuntamiento debería aclarar cuanto antes.
Desde que comenzó el desembarco del nuevo equipo en el Ayuntamiento sonó el nombre del abogado Jaime Olcina, asesor jurídico del grupo municipal socialista en el anterior periodo municipal, como posible director o asesor de Urbanismo. De hecho, el propio Olcina se instaló en las oficinas de esa delegación y comenzó a funcionar codo con codo con la concejala delegada del área, Isabel Pérez.
Pero los antecedentes de Olcina, declarado simpatizante del GIL en los noventa y socio de Isabel García Marcos en una fundación creada en 2003, no convencieron a los socios de gobierno, especialmente a Costa del Sol Sí Puede, que cuestionaron su llegada a un área tan sensible y con una historia tan crítica en la ciudad como es la de Urbanismo. Se decidió entonces que el abogado pasara a depender directamente del alcalde como asesor jurídico. Sin embargo, el nombre de Olcina no figura en la lista de los siete altos cargos nombrados por decreto del alcalde el pasado 1 de julio. Cuando este periódico se ha interesado por la situación del abogado ha recibido respuestas de lo más variadas.
Olcina no está aún por lo tanto oficialmente en el organigrama municipal, a pesar de lo cual sigue despachando en el Ayuntamiento y participando en reuniones con y sin focos. En aras de la transparencia, que supuso uno de los puntos fundamentales del pacto de gobierno, esta situación no se debería prolongar ni un día más.

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Punto final a 24 años de escaramuzas
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Héctor Barbotta | 01-07-2015 | 11:37| 0

El delegado del Gobierno andaluz en Málaga, José Luis Ruiz Espejo, y el alcalde de Marbella, José Bernal, anunciaron el jueves pasado una nueva era en las relaciones entre el Ayuntamiento y la Junta de Andalucía, y para no desmentir declaración tan solemne, al día siguiente el flamante consejero de Turismo, Francisco Javier Fernández, se desplazó hasta la ciudad para presidir el acto de entrega de banderas azules a playas y puertos andaluces.
Durante 24 años, con el único intervalo de los 14 meses de la gestora, las relaciones entre el Ayuntamiento de Marbella y la Junta de Andalucía fueron convulsas. En la larga noche en la que a la cabeza de su banda se dedicó a saquear Marbella, Jesús Gil agitó el fantasma de la discriminación para desacreditar cualquier atisbo de límite que desde la Administración autonómica se le quisiera poner a la depredación del territorio con la que engordaba el botín. En ese aislamiento institucional calculado encontró además la excusa para destinar a llenar sus bolsillos y los de sus secuaces el suelo que debería haber puesto a disposición de la Administración autonómica para que se levantaran colegios, institutos y centros de salud. Y la verdad es que por comodidad, por cobardía o por ineptitud de quienes hubiesen podido pararlo gozó de manos libres durante doce larguísimos años.
Durante su breve etapa al frente del Ayuntamiento, Julián Muñoz intentó un tímido acercamiento para intentar lavar cara, imagen y posiblemente también el destino carcelario que se le venía encima, pero todo estaba tan podrido y el propio alcalde tan sumergido en la mierda que cualquier entendimiento fue imposible.
Llegó el turno de la gestora y la Junta aparentó volcarse con la ciudad. Hubo visitas del entonces presidente y de consejeros, se devolvieron las competencias urbanísticas y hasta se eligió a Marbella para anunciar que el tren llegaría a San Pedro Alcántara en el otoño de 2013. De aquella breve luna de miel, interrumpida cuando el resultado de las elecciones municipales de 2007 alteró la hoja de ruta trazada desde San Telmo, quedan dos de los legados que llegan hasta hoy: el anticipo reintegrable de 100 millones de euros concedido para evitar la quiebra del Ayuntamiento y cuyo importe se calculó según las inversiones que la Junta había dejado de realizar y el comienzo de la tramitación del Plan General.
El préstamo y el PGOU se convirtieron con el tiempo en un pesado lastre para el desarrollo de la ciudad. El primero, porque su devolución se pactó en unas condiciones imposibles de cumplir en un periodo de grave crisis económica; el segundo, porque la fórmula que se pergeñó para evitar el derribo de miles de viviendas ilegales fue un sistema de compensaciones que en la práctica se reveló imposible de cumplir y convirtió a la delegación de Urbanismo en un embudo burocrático donde se atascaron cientos de proyectos y se puso a prueba la paciencia de los inversores.
Las relaciones de Ángeles Muñoz con la Junta posiblemente se puedan dividir en dos etapas. En la primera, Marbella se convirtió en uno de los principales altavoces del discurso del PP contra el gobierno andaluz. El relato oficial era el de una ciudad ignorada y maltratada por la Junta. Por aquel entonces, la apuesta de Ángeles Muñoz se llamaba Javier Arenas y en esa única dirección puso el timón de su estrategia. Después del grave trauma que supusieron para el PP los resultados autonómicos de 2012 se intentó un cambio de rumbo y de discurso, pero para entonces ya era tarde. La confrontación desde un lado era respondida por desprecio desde el otro. Que ninguno de los tres presidentes que ha tenido Andalucía en los últimos ocho años haya entrado por la puerta del Ayuntamiento ilustra cuál ha sido el lugar que ocupó la ciudad en los despachos de Sevilla.
Ahora se anuncia un nuevo tiempo. El signo político ha cambiado y en el PSOE son conscientes de que la oportunidad para consolidar el poder municipal recuperado tras un cuarto de siglo gracias a una alianza multicolor pasa en gran medida por cómo se retrate la Junta en Marbella durante los próximos cuatro años.

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Golpes de realidad
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Héctor Barbotta | 25-06-2015 | 9:52| 0

Si la alternancia democrática tiene varias virtudes, no es la menor la empatía que se adquiere. Quienes se van a la oposición entienden que no tiene ningún sentido ejercer el gobierno negándole a sus adversarios hasta el derecho a respirar dentro de las instituciones. Quienes se encuentran con el bastón de mando se ven obligados desde el primer día a hacer mucho de aquello de lo que criticaban antes de llegar.

En Marbella el nuevo equipo de gobierno lleva más de una semana dando pasos lentos para conformar el nuevo organigrama municipal, que después de años de críticas a la proliferación de cargos de confianza descansará sobre todo en cargos de confianza. Se asegura que serán menos de los que existían hasta ahora y que sus remuneraciones serán sensiblemente más austeras, pero no debe descartarse que se haya asimilado ya que por muy preparados que estén los funcionarios, una gestión política necesita también de cargos que operen con criterios políticos.

Durante demasiados años las instituciones han funcionado como agencias de colocación de los partidos, de devolución de favores y de pago de fidelidades, y lógicamente ha habido un hastío ciudadano contra tanto abuso y una reacción política que debe traducirse en límites y transparencia a la hora de designar colaboradores. Pero el golpe de realidad demuestra que bramar contra prácticas inevitables tiene una densa carga de demagogia.

En Cádiz, su nuevo alcalde también se ha tenido que dar de bruces con la realidad: el bastón de mando, de momento, no para desahucios. Hay quien ha querido ver demagogia en su actitud de acercarse a la vivienda donde se estaba ejecutando un lanzamiento , y otros la han interpretado, con mal disimulado regocijo, como una demostración de que con la buena voluntad no alcanza. Las críticas le han llovido al flamante regidor, y cabe preguntar si no le habrían caído también de haberse quedado en el despacho. La política no puede ser sólo gestos, pero sin gestos no hay política posible.

También están los que celebran estos días la manera en que la Comisión Europea, el Banco Central y el FMI le están haciendo entender al Gobierno griego que quiera o no quiera su gente la tendrá que pasar todavía un poco peor.

Las negociaciones entre la Troika y las autoridades helenas han venido a demostrar una doble realidad: la primera es que aquello que los griegos soñaron y por lo que votaron está lejos de poder cumplirse. La segunda es que los dueños del dinero no se pueden permitir que esos sueños y ese voto se conviertan en epidémicos. No quieren que Grecia sea un ejemplo; la prefieren como escarmiento.

 

 

 

 

 

 

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Política por otros medios
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Héctor Barbotta | 22-06-2015 | 5:19| 0

Hay quienes sostienen, invirtiendo la tesis de Clausewitz, que la política no es otra cosa que la continuación de la guerra por otros medios. Las trincheras irreconciliables que se siguen viendo aún en nuestros días no ayudan precisamente a desmentirlos.
Pero hay otros que van más allá, y en lugar de alterar la tesis del militar prusiano prefieren perpetuar a Torquemada. Para ellos, la política es la continuación por otros medios de la Inquisición, o al menos de su versión del siglo XX, el macarthismo. La ventaja de esta variante es que a la guerra los contendientes acuden en igualdad de condiciones, mientras que a los juicios inquisitoriales los enemigos son llevados inermes.
Llevamos tres días enfrascados en dos polémicas sin duda esenciales para el futuro de los españoles: los meñiques de la alcaldesa de Jerez y unos chistes sin gracia y de pésimo gusto que un tipo compartió en Tuiter hace cuatro años, cuando seguramente no se le pasaba por la cabeza no ya ocupar un cargo público, sino dedicarle un minuto de su vida a la política institucional. Alguien podría pensar que no tenemos problemas más importantes, que el vuelco político que arrojaron las urnas no se debe a un descontento más o menos generalizado con cómo está el país, y que no hay graves problemas sin resolver que merecerían más de nuestra atención. El motivo no es ése, sino uno bastante más triste: es así como se concibe el ejercicio de la política.
Debe reconocerse el mérito que atesora quien ha rastreado la vida del ahora concejal hasta encontrar los tuits de hace cuatro años. Su trabajo y esfuerzo han dado un triple resultado, que hubiese sido menos efectivo de haber revelado el resultado de su sin duda esforzado trabajo cuando el investigado fue incluido en la lista electoral. Primero, ha conseguido golpear a la nueva alcaldesa de Madrid apenas iniciado su mandato. Segundo, ha permitido explicar qué le espera de ahora en más a los recién llegados. Tercero, ha invitado a recelar de quienes cierran sus perfiles en las redes sociales; seguro que albergan aspiraciones políticas.
La política, más que cualquier otra actividad donde el personal se juega su supervivencia y su manutención, es la guerra. Ayer se cumplieron siete años de la ‘operación Astapa’, que puso patas arriba el Ayuntamiento de Estepona y alumbró la ficción de que nos encontrábamos ante una segunda versión del ‘caso Malaya’.
Transcurrido todo ese tiempo hay motivos para creer que detrás de tanto despliegue de policías armados y encapuchados y de autos judiciales había poco más que cáscara. Y nos permite albergar la sospecha de que en algunos casos también la justicia es la continuación de la política por otros medios.

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Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella