Diario Sur

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Es ahora o nunca
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Héctor Barbotta | 07-07-2014 | 10:20| 0

Los datos de empleo del mes de junio han venido a confirmar dos realidades que no por opuestas son contradictorias entre sí. La primera, e indudablemente positiva, surge de comparar los intervalos interanuales y revela que se ha entrado en una dinámica positiva más allá de las lógicas estacionales. Hay un 5,67 por ciento menos de parados que hace un año. La segunda es que a este ritmo nos queda por delante un horizonte aún muy largo con un porcentaje de paro insoportable, con muchas personas que ya no volverán a trabajar y otras muchas que solo podrán hacerlo si ponen tierra de por medio. Este ejército en la reserva de parados, además, constituye la mejor garantía de que las condiciones de los trabajos que se consiguen no se acerquen ni por asomo a las que se disfrutaban seis o siete años atrás y a las que cualquier sociedad avanzada que se precie debe aspirar para sus relaciones laborales. Marbella, pese a sus buenos datos, a la temporada turística que cada año resulta afortunadamente más extendida en el tiempo, a su mejor porcentaje de desempleo en relación con el resto de la provincia de Málaga y con el resto de Andalucía, tampoco escapa a esta situación. Es probable que la llegada de turistas más allá de octubre, según se prevé, permita atenuar la pendiente en la que volverá a entrar el empleo cuando concluya el verano, pero estos datos no hacen más que poner en evidencia la necesidad de persistir en la búsqueda si no de un nuevo modelo productivo sí al menos de máxima potenciación de los recursos disponibles. Este periódico se hizo eco la semana pasada del incomprensible olvido del Ministerio de Hacienda en su anteproyecto de reforma fiscal de las medidas que habían sido recomendadas en el informe de la comisión de expertos presidida por Manuel Lagares para favorecer la llegada de nuevos residentes de alto poder adquisitivo y con ello el despegue del turismo residencial. El informe recomendaba medidas que hubiesen permitido aumentar la recaudación al atraer a España a nuevos residentes y no suponían merma alguna en los ingresos de Hacienda, pero el ministro, Cristóbal Montoro, que unas semanas antes se había comprometido en Málaga a incluirlas, optó por no hacer caso a los expertos a los que él mismo había pedido opinión. Esta omisión, el incumplimiento de su compromiso por parte del ministro Montoro, no ha hecho más que espolear la movilización de todos los sectores económicos que tienen alguna relación con el turismo residencial –que es como decir a toda la economía de la provincia de Málaga–, que ya han anunciado que moverán lo que esté en su mano para conseguir que en el trámite parlamentario las medidas se incluyan en la ley. Sin embargo, los partidos políticos, unos por no confrontar con sus jefes en Madrid, otros porque están dedicados a sus cosas, han pasado de puntillas sobre este asunto. Como si no existiera. Ni uno solo de los grupos políticos de Marbella se han pronunciado, y va llegando la hora se saber qué hará cada uno cuando llegue el momento de la tramitación parlamentaria. El turismo residencial, con toda su potencia para generar riqueza y empleo, es un fenómeno localizado en muy pocas zonas de España. Una de ellas es la Costa del Sol. Es verdad que por infraestructuras y clima, gran parte de las ciudades españolas, comenzando desde luego por Madrid y Barcelona, podrían competir con sus pares europeas, pero para ello es necesario un régimen fiscal que permita hacerlo. Y solo desde un lugar como la Costa del Sol, donde a pesar de las desventajas competitivas el fenómeno existe, se puede explicar en qué consiste este fenómeno y cuál es su importancia. Por eso es fundamental que los partidos se pronuncien desde aquí para que los escuchen sus compañeros de Madrid. De momento nada de eso ha sucedido, por lo que es atinado preguntarse por qué. Y exigir claridad. Quien crea que el cambio propuesto por el informe Lagares, que impulsa medidas fiscales atractivas para los extranjeros que se establezcan en España, son inaceptables porque beneficiarían a personas con alto poder adquisitivo deberían decirlo. Quienes estén a favor aunque su partido en Madrid se haya olvidado también deberían retratarse. Y quien crea que el turismo residencial no es el modelo que debemos elegir para salir de esta situación de 25 por ciento de paro en Marbella y de diez puntos más en la provincia de Málaga debería explicar cuál es su modelo alternativo y cómo se alcanza. Una de las máximas demandas ciudadanas en este momento de crisis política estriba en la transparencia. Y no hay transparencia mayor que los ciudadanos sepan qué ideas tiene cada uno. Si es que hay ideas. Porque frente a esta omisión, hay quienes no se han escondido. La CEA, con su presidente, el malagueño Javier González de Lara, se ha puesto a la cabeza de la reivindicación y ha anunciado que movilizará a la CEOE para que la posición de los empresarios españoles sea clara y nítida. También se sabe que hay profesionales del sector que van a pedir al presidente provincial del PP y del Patronato de Turismo que intervenga para conseguir un cambio en el que la economía de la provincia se juega mucho. Pero es necesario que la política se retrate. Así como el Ayuntamiento, y concretamente la alcaldesa, se atribuyó en su día con justicia parte del mérito de que el informe Lagares incluyera las propuestas que tanta ilusión despertaron, ahora debería también levantar la voz. Es ahora o nunca, y nadie debería ponerse de costado.

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Oír y escuchar
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Héctor Barbotta | 04-07-2014 | 11:03| 0

Es un lugar común en la política, ese territorio que se ha vuelto previsible y depresivo, que no hay mejor encuesta que las urnas. Posiblemente por ello, nunca antes unas elecciones europeas hayan dado tanto de sí como las del pasado 25 de mayo, donde la ciudadanía expresó en el único lenguaje que entienden los políticos que el enfado va en serio y puede tener consecuencias en su modus vivendi.

Por eso, desde entonces se han producido no pocas reacciones, aunque no todas en una dirección estimulante. Si realmente se hubiera tomado nota del mensaje del 25-M, el escándalo de los fondos de pensiones para eurodiputados puestos a buen recaudo de Hacienda en una Sicav hubiera tenido alguna repercusión mayor que la dimisión de un solo parlamentario, pero una cosa es tomar nota del mensaje y otra muy diferente suicidar la cartera. Hasta ahí podíamos llegar.

 

En cambio, el resultado de la encuesta del 25 de mayo si ha servido para explicar otras iniciativas. Hay quienes se han decidido a resucitar el macarthismo en pleno siglo XXI. Ya no está la Unión Soviética, esa referencia maldita que valió para sembrar el terror ideológico en los Estados Unidos de hace seis décadas, pero a efectos de etiquetar adversarios viene bien la Venezuela bolivariana o llegado el caso el fantasma de ETA. Los etiquetados, lejos de ver rebatido su discurso, lo refuerzan con esta moderna caza de brujas de la que ahora son víctimas, por lo que estarán seguramente muy agradecidos.

También parece que algunas formaciones han dejado de hacerse trampas en el solitario y han decidido lanzarse en serio a las primarias, una aventura de final incierto que nace constreñida con la faja de los avales y de los apoyos territoriales solapados, pero que en todo caso abre una puerta que puede permitir algún día avanzar en la democratización de los partidos.

El Gobierno no se ha quedado atrás y ha sacado dos medidas estrella que también parecen hijas del 25-M. Una reforma fiscal cuyo efecto de anzuelo electoral parece haber tenido la misma duración que una bolsa de caramelos en la puerta de un colegio y un llamado ‘paquete de la regeneración’ que incluye entre otras medidas implantar en los ayuntamientos un sistema presidencialista.

La medida persigue que la lista más votada sea la que ponga al alcalde. Basta hacer una simple proyección de los resultados de las europeas pueblo a pueblo y ciudad por ciudad para explicar esta intención de modificar de un día para otro el sistema electoral español, cargarse la base del sistema parlamentario y condenar a los plenos municipales a convertirse en un estéril foro de debate. Que se proponga modificar las reglas de juego a menos de un año de un partido que se presenta competido suena a cualquier cosa menos a ejercicio edificante. Que se incluya ese cambio en un paquete de regeneración demuestra que se ha oído el mensaje del 25-M, pero se ha optado por no escucharlo.

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Montoro, los ricos y el turismo residencial
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Héctor Barbotta | 27-06-2014 | 12:48| 0

Es posible que en el Ministerio de Hacienda no se haya valorado suficientemente qué conclusiones se pueden sacar de algunos aspectos de la mal llamada reforma fiscal anunciada para el próximo ejercicio electoral si se la relaciona con la campaña publicitaria puesta en marcha para estos días en la que se recuerda con acierto que evasión equivale a menos hospitales, menos carreteras y menos colegios.

La campaña está bien y posiblemente valga para animar al personal a entregar su declaración de la renta sin tomar en cuenta que además de hospitales, carreteras y colegios está financiando con su esfuerzo una flota desproporcionada de coches oficiales, sueldos de una buena caterva de enchufados y dietas de la mayor nómina de aforados que conoce el mundo occidental. Pero seguramente no es oportuna en un momento en el que se anuncia una reforma fiscal que no prevé ni una sola medida contra el fraude y que compensa la rebaja en el tipo a las rentas más bajas con una rebaja sensiblemente mayor, en términos absolutos, para un sector de la población que no es precisamente el que está demandando que los comedores escolares permanezcan abiertos durante todo el verano.

 

Hacienda ha anunciado que los impuestos bajarán para todos, pero cualquiera que sepa cómo funciona la economía sabe que éste es un juego donde el ‘todos ganan’ no existe. De poco va a valer pagar menos de IRPF si el equilibrio fiscal obliga después a rascarse el bolsillo para pagar por servicios públicos que ya no se podrán financiar. Quienes no se ven obligados a usar esos servicios pero sí tendrán rebajas de tipos son los que ganarán en serio. Todos los demás perderán por un lado lo que ganen por el otro.

Cuando se quiere agradar a todos se acaba defraudando a la mayoría, y posiblemente por eso Montoro ha decidido saltarse la promesa de incluir en la reforma medidas fiscales que permitan a la Costa del Sol y al resto de los destinos turísticos españoles atraer turismo residencial en forma de inversores, empresarios y pensionistas de alto standing.

Ya no es solo Londres. Portugal y Malta han tomado la delantera en ese sector y hay una legión de residentes extranjeros que ya están comprobando que en el Algarve posiblemente no se viva tan bien como en la Costa del Sol, pero se paga mucho menos a la hacienda pública.

Seguramente el ministro o alguno de sus asesores haya pensado que hacerle caso a los expertos a los que él mismo pidió opinión y privilegiar a la industria del turismo residencial puede dar la imagen de que se está favoreciendo a los ricos que podrían venir. Y no es cuestión de transmitir ese mensaje cuando se está favoreciendo con descaro y sin complejos a los ricos que ya están.

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Más fácil con los bancos que con la Junta
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Héctor Barbotta | 25-06-2014 | 20:51| 0

Invade un poco el vértigo al saber que el Ayuntamiento va a pedir un nuevo crédito bancario para poder hacer frente a los compromisos de pago que había adquirido en la devolución, antes de 2017, de los 92 millones de euros que aún adeuda a la Junta de Andalucía.
La iniciativa del equipo de gobierno, cambiar una deuda con la Junta a cuatro años que no puede pagar por otra con los bancos con un plazo de amortización de 15 años, tiene tres objetivos explícitos y algunos más que se pueden deducir. Los tres primeros ya los puso la alcaldesa sobre la mesa: saldar la deuda, equipar a la ciudad –ya que el pago lleva incluida la petición a la Junta de que invierta en Marbella las cantidades que vaya cobrando del Ayuntamiento– y generar empleo con las obras que esas inversiones supongan.
Las negociaciones para convertir la deuda con la Junta en la ejecución de las obras que constituyen la deuda histórica de la administración autonómica con Marbella tienen detrás una historia de varios meses de discreción que saltó por los aires hace dos semanas tras una intervención en una rueda de prensa del portavoz socialista, José Bernal, que sorprendió tanto en el gobierno municipal como en el propio Gobierno andaluz y que seguramente haya que atribuirlo más a un error producto de un malentendido que a una maniobra calculada de frustrar el acuerdo en la que nadie con un mínimo de conocimiento acerca de cómo se han desarrollado los acontecimientos cree.
Resulta paradójico. Ahora, cuando el equipo de gobierno municipal ha decidido convertir esta posibilidad en una iniciativa política que marque su prioridad para los próximos meses, es cuando más lejos se está de conseguir un objetivo que sería promisorio para el futuro de la ciudad. Y es significativo cómo ha ido cambiando el eje del debate político sobre este asunto en las últimas semanas. Primero hubo una pelea por el derecho de autor, ya que había varios que se arrogaban la paternidad de la idea de convertir la deuda en inversiones; después la discusión giró en torno a quién había sido el culpable de que la negociación alcanzara estado público antes de tiempo; ahora estamos en una tercera etapa. El gobierno municipal lo asume como una iniciativa propia y pide el respaldo no solo de los colectivos vecinales, sino también de la oposición, a la que recurrir a los bancos le parece inaceptable.
En todo caso, después de haber intentado conseguir que el Gobierno andaluz alargara el plazo de amortización del préstamo y de encontrarse con que la etapa de flexibilidad se había acabado con la llegada de María Jesús Montero a la Consejería de Hacienda, ha quedado claro que al Ayuntamiento le resulta más fácil entenderse con los bancos que hacerlo con la Junta de Andalucía. Lo que no deja de ser triste para quienes comparten la doble condición de andaluces y vecinos de Marbella. Es decir, para los 145.000 vecinos de Marbella.
La intención del Ayuntamiento es que los bancos le presten el dinero, pagarle a la Junta y obtener de la Junta el compromiso de que realizará con ese dinero las obras pendientes. Los dos primeros pasos se ejecutarán indefectiblemente. Y dependerá de la Junta si accede o no a cumplir con el tercero. No se trata de un acuerdo entre las dos partes, porque el Ayuntamiento no tiene nada con qué negociar. Solo le queda recordar que los 100 millones de euros fueron prestados a la gestora después de que la propia Junta reconociera que esa cantidad correspondía a las obras que no había ejecutado en Marbella durante los 15 años de gilismo.
Si el Gobierno andaluz admitirá realizar todas, algunas o ninguna de las obras reclamadas desde el Ayuntamiento a medida que vaya recibiendo esta inyección económica es una incógnita que marcará seguramente la agenda de los próximos meses, aunque con una mínima dosis de realismo resulta difícil imaginar que la Junta vaya a premiar a la ciudad con una lluvia de inversiones durante el año que precede a las elecciones municipales.
Pero independientemente de que la jugada le salga bien, el equipo de Ángeles Muñoz ya ha ganado algo con la propuesta. Después de varios meses a la defensiva ha recuperado la iniciativa política. Y ya entrados en la precontienda electoral, no es poco.

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La estación de San Pedro, la plataforma y los políticos
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Héctor Barbotta | 24-06-2014 | 10:51| 0

Durante los últimos tiempos han surgido en Marbella diferentes plataformas ciudadanas que se han movilizado por diferentes cuestiones, la mayor parte en contra de iniciativas municipales. Y aunque desde una visión superficial puedan parecer cortadas todas por el mismo patrón, ya que los grupos de la oposición municipal las han respaldado a todas ellas, el equipo de gobierno se equivoca a la hora de ofrecer indistintamente una respuesta que parece extraída del mismo argumentario.
Esta semana, la portavoz del Partido Popular, Carmen Díaz, que es también concejala de Educación y docente de formación y de vocación, ha vuelto a cometer un error de bulto que solo se puede comparar a un mensaje equívoco que hace meses escribió en Twitter en el que parecía arremeter contra la educación pública.
En esta ocasión ha atacado a la plataforma montada por vecinos de San Pedro, en la que participa de lleno la AMPA del colegio Teresa de León, para oponerse a la construcción de una estación de autobuses frente a ese centro escolar.
Lejos de comprender la lógica preocupación de las familias –que por cierto se están comportando en este asunto con una prudencia exquisita pese a que consideran que la seguridad de sus hijos está en entredicho y que de momento se resisten a preguntar en voz alta si el Ayuntamiento se atrevería a hacer algo así frente a un colegio que se llamara Santa Teresa o Theresa School– la concejala, en su condición de portavoz del PP, ha acusado a la plataforma de mentir, de representarse solo a sí misma y de moverse por intereses políticos. Desde el entorno del equipo de gobierno se denuncia también que los partidos de la oposición colaboran con la plataforma, como si ello por sí mismo descalificara la reivindicación. Que un partido argumente que la participación política contamina las iniciativas ciudadanas habla muy mal de lo que los políticos opinan de su propia actividad.
La decisión de violentar el PGOU y elegir una zona verde frente a un centro escolar para construir una estación de autobuses debería ser, en caso de considerarse acertada por parte de quienes la promueven, explicada las veces que fuese necesario. Pero elegir la vía de la descalificación para quienes sostienen una opinión contraria no hace más que darles la razón.
A la hora de debatir con los vecinos, los políticos deberían evitar recurrir a los malos modos que suelen utilizar para hacerlo entre ellos. Y no olvidar que lo están haciendo con quienes les pagan el sueldo

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Los Monteros
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Héctor Barbotta | 19-06-2014 | 18:50| 0

Richard Burton, Michael Jackson, Shelly Winters, Richard Harris, Julio Iglesias, Jean Paul Belmondo, Sean Connery, Ernest Borgnine, Frank Beckenbauer, Brian Ferry, Sabino Fernández Campo, Johan Cruyff, John Lecarré, Luis Miguel Dominguín, Camilo José Cela, Lola Flores… Estos son algunos de los nombres que figuran en una placa que puede leerse en la recepción del hotel Los Monteros. Una lista de huéspedes ilustres que se exhibe con una curiosa mezcla de discreción y legítimo orgullo.

En las localidades turísticas que construyeron la historia de la Costa del Sol no hay catedrales, los castillos y murallas no forman parte de lo más valorado y conocido de su patrimonio, y quienes acuden a disfrutar de sus playas y de sus lugares de ocio raramente se interesan por los museos o los restos arqueológicos. La historia la cuentan los hoteles. Es allí donde están las claves que más pueden ayudar a entender lo que estos municipios fueron, lo que son y lo que deberían ser.

 

En el maltrato urbanístico que sufrieron muchos de estos hoteles históricos, acosados por los pelotazos del ladrillo que muchas veces los rodearon y modificaron su entorno hasta hacerlos irreconocibles, en la condescendencia con la que se recibió el aterrizaje en el sector hotelero de especuladores que actuaron como si turismo y dinero fácil y rápido pudieran ser compatibles, en la indiferencia con la que se asistió al maltrato y al cierre que sufrieron algunos de ellos, muchos de los cuales siguen inactivos como mudo testimonio de un fracaso colectivo, están las muestras más evidentes de un desapego que habla mucho, y mal, de cómo valoramos el papel que ejerció el turismo al moldear nuestro presente. El empeño político en que también cierre La Cónsula es otro buen ejemplo.

Por ello, ante tantas historias con final triste –ya consumado en algunos casos, previsible en otros– reconforta asistir al presente de Los Monteros. Un hotel imprescindible a la hora de escribir la historia del turismo de alta gama en este país, que aportó como pocos a la construcción de Marbella como destino de referencia y que hace tan solo cuatro años estaba cerrado, con nóminas de varios meses pendientes de pagar y con sus empleados cuidando de sus instalaciones para evitar que un desaprensivo que se había hecho con la propiedad y que no exhibía escrúpulos a la hora de actuar con malas artes, incluida la violencia física contra los representantes de los trabajadores, consumara una maniobra especulativa que además de dejarlos sin empleo y sin futuro amenazaba con arrancar de cuajo un pedazo de la historia de Marbella.

Los trabajadores aguantaron y persistieron hasta que apareció un empresario de verdad, empeñado en recuperar el emblema aunque fuese al precio de arriesgar su patrimonio.

El martes, Los Monteros inauguró 81 suites renovadas en un hotel que exhibía un lleno propio de agosto y la Costa del Sol pudo asistir, al fin, a una historia con final feliz y destino promisorio.

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Ni un mísero tuit
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Héctor Barbotta | 10-06-2014 | 13:03| 0

El jeque ha anunciado que se va del Málaga, o de Málaga, porque no hay quien se aclare con sus tuits y contratuits, y la pregunta cae por su propio peso: ¿Se irá también de La Bajadilla? ¿O se habrá ido ya sin dedicarnos siquiera un mísero mensaje en la red social?
El problema es que la realidad de los últimos meses, y quizás habría que decir que de los últimos años –con el tímido paréntesis del verano pasado, que pareció más bien una efímera primavera de esperanza– impulsa a manifestar un temor: Efectivamente quizás no sea necesario que se vaya de La Bajadilla porque hace tiempo que no da ninguna señal de estar ahí. Desde que la sociedad encabezada por Al-Thani comunicara a la Agencia Pública de Puertos de Andalucía que se encontraba en pleno proceso de selección de la empresa a la que se contrataría para la redacción del proyecto constructivo no se han tenido más noticias de interés, desinterés o nada que relacione al jeque con el proyecto del puerto. Como si nunca hubiese pasado por aquí.
Desde que ganó el concurso, y con él la concesión no solo para ampliar el recinto sino también para gestionarlo, la actitud del jeque en relación con el puerto ha sido hasta ahora más acorde con los usos y costumbres del país de procedencia de la inversión –yo tengo el capital, tu esperas callado y sin chistar– que a un estado de derecho, donde ganar un concurso para gestionar un bien público genera derechos, pero también obligaciones.
Los silencios y caprichos del jeque han sido hasta ahora tolerados por la administración con paciencia, pero en la APPA existe la convicción de que los avances del verano de 2013 –aquel período efímero en el que creímos que todo iba a salir finalmente adelante– solo fueron posibles gracias a la firmeza con la que se advirtió a Al-Thani, por medio de expedientes cuyo desenlace se advirtió sería inexorable, que las normas de un emirato absolutista no rigen en esta geografía, por más hambre de inversiones que exista.
La falta de noticias ha hecho que la Junta le haya remitido un nuevo requerimiento para que diga cuándo van a empezar las obras, si van a empezar, o al menos para que diga algo. Pero no hay ningún indicio que invite a pensar que habrá una respuesta diferente al silencio.
Es posible que el jeque perciba haber sido objeto de abusos por parte de quienes se le acercaron oliendo millones. De hecho, desde su entorno se atribuye la paralización al conflicto judicial abierto por el impago de unas minutas, a su juicio abusivas, presentadas por los autores del proyecto que resultó ganador. Pero su incumplimiento sistemático de los plazos, la ausencia prolongada de información, incluso a sus socios –que por cierto representan a una ciudad entera y merecerían un respeto–, y el ninguneo al que someten a todo el mundo le quitan cualquier tipo de autoridad moral para denunciar maltrato o nada parecido.
El problema de todo esto es que cada vez que hay noticias sobre el puerto, las esporádicas buenas noticias, o las cada vez más habituales malas, o la mera ausencia de ellas, queda en evidencia la falta de sentido institucional que empapa la política local. Que el Ayuntamiento aceptara en su día el regalo envenenado del jeque de formar parte de la sociedad concesionaria puso al equipo de gobierno ante la posibilidad de tener acceso a un nivel de información sobre la marcha o no marcha del proceso que seguramente muchas veces se sobrestima, pero que en una situación como ésta es mejor que nada. Los resultados revelan que aquel no fue un movimiento prudente, aunque posiblemente no exista actividad más fácil que opinar del partido que se jugó el domingo con el periódico del lunes en la mano.

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Todo el voto de la izquierda y recuperar San Pedro, la estrategia del PSOE para 2015
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Héctor Barbotta | 03-06-2014 | 09:46| 1

Con los pies sobre la tierra, pero decididos a aprovechar la oportunidad. Así afrontará el PSOE de Marbella el año que falta hasta la celebración de las elecciones municipales del año que viene, en el que están convencidos de que pueden volver a gobernar el Ayuntamiento después de 24 años.
El secretario de Política Institucional del PSOE andaluz, Francisco Conejo, se reunió ayer en San Pedro Alcántara con los responsables de las agrupaciones socialistas de Marbella y de San Pedro, con quienes diseñó las primeras líneas de lo que pretenden ser los ejes sobre los que girará la estrategia socialista para intentar el asalto a la alcaldía.
Para Conejo, las elecciones europeas, que arrojaron una victoria socialista por 101 votos y relegó al Partido Popular a la segunda posición después de siete años de hegemonía política, han dejado varias conclusiones: la primera es que la ciudad ha votado por un cambio; la segunda es que la izquierda ganó las elecciones y por lo tanto «es la izquierda la que debe protagonizar el futuro de la ciudad en los próximos tiempos».
Según el dirigente socialista el veredicto de las urnas tuvo mucho de censura a la gestión de Ángeles Muñoz en el Ayuntamiento, a la subida de impuestos municipales, a la paralización del proyecto de ampliación del puerto de La Bajadilla, a la falta de planes de empleo y a la falta de explicaciones, por parte de la alcaldesa, «sobre la situación de su patrimonio».
Este voto de castigo, en su opinión, no solo se volcó en el PSOE, sino también en otras formaciones con las que también se censuró, además de las políticas del Gobierno, la gestión del PP al frente del Ayuntamiento. Todo ello ha configurado, en su opinión, no solo una nueva mayoría de voto progresista, sino sobre todo un cambio de tendencia política en Marbella.
El dirigente socialista no mencionó a los otros partidos que conformarían esta nueva mayoría de izquierdas, pero las cuentas salen. El PSOE, que quedó primero aunque se dejó más de 2.000 votos y 19 puntos en porcentaje de sufragios en relación con las anteriores europeas, consiguió un 29 por ciento; Izquierda Unida superó el 11 por ciento, y Podemos írrumpió en el panorama político con el 6,5 por ciento.
La estrategia socialista pasa por agrupar detrás de sus siglas la mayor cantidad de votos progresistas, incluyendo los de quienes elección tras elección optan por abstenerse. «El principal partido de la izquierda en Marbella tiene la responsabilidad de ofrecer una alternativa que sea capaz de aglutinar la mayoría social de progreso en esta ciudad», dijo Conejo, que atribuyó al portavoz socialista, José Bernal, gran parte del mérito de la victoria cosechada el 25-M.
Parte de esta estrategia pasará por ofrecer un programa que centre la prioridad en el empleo, y otra parte por demostrar que el PSOE ha entendido el mensaje y ofrezca otras formas de hacer política. En ese sentido, fue claro: habrá primarias para elegir al candidato a la alcaldía.
Los resultados de las europeas invitan al optimismo en las filas del PSOE, pero no son extrapolables. Sobre todo porque en las europeas faltó un actor principal precisamente en San Pedro, distrito en el que los socialistas obtuvieron una diferencia decisiva y donde existe una fuerza política como Opción Sampedreña con importante implantación. Los socialistas también parecen tener estrategia para este núcleo de población. «En los próximos meses verán ustedes cómo el Partido Socialista va a ser capaz de transmitirle a los ciudadanos de San Pedro que hay un compromiso claro y expreso», dijo antes de adelantar algunas líneas del discurso que el PSOE va adoptar en lo que queda antes de las elecciones: acabar con «la marginación y la discriminación» que en su opinión sufre San Pedro y reconocer que existe una deuda histórica con ese núcleo.

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Más partido para afrontar el desgaste, la estrategia del PP en Marbella
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Héctor Barbotta | 02-06-2014 | 11:36| 0

DE momento hay más incógnitas que certezas, pero una semana después de haber perdido las elecciones europeas, en el PP de Marbella debaten cómo afrontar el año que queda hasta las elecciones municipales del año que viene.
En esta semana, en las filas populares ha habido mucho de catarsis y también de análisis. No es éste el primer aviso que dan las urnas. En las anteriores municipales, con el PP en la cresta de la ola, el resultado de Marbella provocó desencanto. Los populares repitieron mayoría absoluta en el Ayuntamiento, pero perdieron un concejal en las mismas elecciones en las que el PP conquistaba por primera vez plazas tan difíciles como Antequera y pintaba de azul todo el mapa de la Costa del Sol, incluidas localidades que hasta entonces se le habían resistido, como Estepona o Mijas.
En esta ocasión la debacle ha sido general, con la única excepción de Torremolinos y Fuengirola, las dos plazas que resisten una convocatoria tras otra y que conforman un dúo inexpugnable al que el PP de Marbella tuvo una ilusión de sumarse que hasta el momento ha resultado fallida.
Los resultados que en esta ocasión han cosechado otras localidades cercanas –incluida Estepona, para cuya gestión municipal algunos dirigentes de Málaga no escatiman elogios– han causado no alivio entre los populares de Marbella, pero sí la sensación de que gran parte de los resultados del domingo tienen que entenderse como un problema de marca que afecta a todos por igual.
La primera reacción fue atribuir la victoria socialista, que sacó una ventaja en el cómputo general de 101 votos pese a perder más de 2.000 desde las anteriores europeas, a una desmovilización en las propias filas. La misma explicación a la que se había recurrido para explicar la pérdida del concejal en 2011. Pero ese primer análisis se quedó cojo al no tomar en cuenta dos factores: si en 2011 esa desmovilización podía atribuirse a que los simpatizantes populares daban por descontada la victoria, en esta ocasión el motivo es otro.
El segundo surge de hacer una cuenta que seguramente en las filas populares ya formará parte de sus cálculos. Entre las elecciones europeas de 2009 y las del pasado domingo, el PP se dejó en el camino 3.828 votos, una cantidad muy parecida a los 3.837 que sumaron en conjunto las tres formaciones que compiten en su mismo espacio político: UPyD, Ciudadanos y Vox. Y aunque UPyD no partía de cero, ya que hace cinco años cosechó casi 800 votos en Marbella, la coincidencia en los números mueve a concluir que no hubo desidia, sino castigo. Al equipo de Ángeles Muñoz le queda por analizar cuánto de ese castigo fue para las siglas y cuánto hubo de reproche a la gestión municipal, sin dejar de considerar que ambas opciones no tienen por qué ser incompatibles entre sí.
No son pocos los responsables del PP, y así quedó claro en algunas de las intervenciones escuchadas ayer en el comité local del partido, que reconocen que la situación económica no ayuda a conseguir respaldos, y una mirada somera sobre qué pasó en cada uno de los distritos no hace más que avalar esa explicación. El PP consiguió sus mejores resultados en Las Chapas (39%) y en el distrito 4, que incluye la Milla de Oro y Sierra Blanca, donde alcanzó un 33 por ciento, y los peores, en los distritos 7 y 8, dos zonas de la ciudad donde la crisis es inclemente.
En el equipo de gobierno hay quien reconoce que la caída del pasado domingo puede tener, por movilizador, algún efecto positivo en las filas del PP si no se cae en la desmoralización de quien es por primera vez derrotado en las urnas después de diez años. En el entorno de la alcaldesa se habla de volver al espíritu de 2007, cuando la movilización de los afiliados llevó en volandas a Ángeles Muñoz a la alcaldía en unas elecciones que en principio partían parejas.
Muñoz consiguió en aquel momento superar esa prueba, pero a diferencia de entonces sufre el desgaste de quien lleva siete años en el ejercicio del cargo y las siglas del partido pueden tener, como se ha visto, efecto lastre en las zonas más golpeadas por el paro y la crisis.
Ahora desde el PP se estima que el desafío que queda por delante, superar la derrota del pasado domingo en un escenario nacional y autonómico desfavorable y con la certeza de que solo podrán seguir gobernando si alcanzan la mayoría de 14 concejales, no es menor al de hace siete años.
¿Cómo tienen previsto afrontar este camino? El comité ejecutivo local celebrado ayer dejó algunas pistas. Frente al marcado perfil institucional que el equipo de Ángeles Muñoz ha cultivado en todo este tiempo, ya se percibe la intención de darle más peso al partido, conscientes de que aunque el PP no pasa por su mejor momento, en Marbella se cuenta con una organización numerosa, más de 800 militantes, a quienes se pedirá que incidan más en su entorno más inmediato.
En el PP consideran que la gestión de los últimos años ha permitido encauzar a una institución que se recibió más allá del borde de la quiebra, aunque comienzan a entender que traducir gestión en votos no es una tarea sencilla. Nadie en las filas populares reconoce que la dedicación de Muñoz al Ayuntamiento, donde es muy poco lo que delega, haya supuesto un abandono de sus tareas como presidenta del partido, pero sí admiten que el PP, como tal, ha estado ausente en las grandes cuestiones polémicas que han marcado la actualidad de los últimos meses y en las que la imagen del gobierno municipal ha salido tocada. Por ello, a partir de ahora, se verá un cambio de agenda. Para empezar, una convención al inicio del verano creará nuevos grupos de trabajo e intentará poner en marcha una agenda de propuestas.
Muñoz sabe que la única forma de repetir mandato, no caben dudas de que ese es su único objetivo, será la de movilizar a su gente. Y para ello necesita despertar de la siesta a un partido que ha estado hibernando.

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No pueden, no saben
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Héctor Barbotta | 02-06-2014 | 11:37| 0

Hay una fórmula inequívoca para saber cuándo un asunto preocupa en las filas del PP: sólo hay que escuchar a ediles y dirigentes locales repetiendo los argumentarios de Pedro Arriola. En las pocas horas que han pasado desde que los dos grandes partidos se desmoronaron y Podemos se convirtió en la cuarta fuerza electoral de España -llamarlos partido es aún prematuro- se han escuchado todo tipo de descalificaciones hacia la formación, hacia su cabeza visible e incluso hacia quienes el domingo decidieron votarlos: al parecer millón doscientos mil irresponsables.

En esto ha habido matices. Arriola recomendaba comparar a Pablo Iglesias con Jesús Gil, con un par de analogías que serían desternillantes sino fuera porque quienes las repiten lo hacen con el rictus serio: el GIL tomó el nombre de su líder, Podemos puso la cara de su candidato en la papeleta; Podemos propone una auditoría sobre la deuda pública antes de afrontarla, Gil no le pagaba a los proveedores del Ayuntamiento. Pero hubo, como siempre, quien se pasó con los matices. A Esperanza Oña la comparación con Gil se le quedó corta y llegó hasta Hitler. Como se repita la cosecha de votos en las municipales habrá que irse preparando para invadir Polonia.

La reacción en otros sectores de lo que los dirigentes de Podemos llaman ‘la casta’ no ha hecho más que contribuir a que se piense que no están muy errados. No en el PSOE, donde saben que no pueden insultar a su electorado natural sino intentar recuperarlo mientras simulan celebrar que su líder andaluza se haya convertido en la tuerta en el partido de los ciegos, sino en Izquierda Unida, algunos de cuyos dirigentes no han sabido disimular su disgusto porque unos advenedizos les hayan levantado una gran parte de la cosecha justo a ellos que llevan tanto tiempo sembrando.

Resulta tierno ver a los dirigentes políticos, y a algunos tertulianos, preocupados porque el programa de Podemos es de imposible cumplimiento -¿es que algún partido ha cumplido alguna vez con un programa?- o protestando porque Pablo Iglesias sale mucho en la tele, como si una forma de pensar que, como se ha visto, representa a más de un millón de personas debiera estar condenada al ostracismo mediático. Si todo se reduce a aparecer en la televisión, y no a haber sabido representar la frustración frente a la situación económica y el hartazgo con los partidos, Belén Esteban perdió una gran oportunidad al no presentar candidatura.

La irrupción electoral de Podemos es producto de haber transformado esa frustración y ese hartazgo en un discurso político. Supieron cómo hacerlo. No en vano entre sus principales dirigentes hay varios profesores de Ciencias Políticas y, que se sepa, ningún experto en Protocolo.

Lo que sucedió el domingo no se reduce a Podemos, porque también fueron excelentes los resultados cosechados por Ciudadanos y por Equo. Pero en lugar de atacar la enfermedad, los partidos y sus voceros han decidido criticar al síntoma. O están cómodos actuando como malos médicos o es que no saben hacer otra cosa.

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