Diario Sur

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Conspiración contra Marbella
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Héctor Barbotta | 13-04-2016 | 08:32| 1

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una información difundida desde Madrid por la agencia Europa Press informaba el pasado martes de una lista de 351 municipios españoles a los que Hacienda había decidido retener su participación en los impuestos del Estado (conocidos como fondos PIE) del mes de abril por no haber entregado la documentación correspondiente a la liquidación de los presupuestos municipales de 2014. La información fue recogida por diversos medios locales, entre ellos éste –que confirmó antes de su publicación algunos extremos, como el importe que sería objeto de esa retención: cerca de 2,6 millones de euros–. El equipo de gobierno municipal no tenía ese día ninguna información sobre el asunto y su concejal de Hacienda se encontraba ilocalizable.
Al día siguiente, durante una rueda de prensa que había sido previamente convocada para otro tema, el alcalde aseguró que se trataba de una noticia falsa. Sostuvo que desde el Ayuntamiento se habían puesto en contacto con responsables de Hacienda y que desde el ministerio que dirige Cristóbal Montoro les habían asegurado que la información no era tal, sino «un bulo» y que no estaba previsto practicarle ninguna retención al Ayuntamiento de Marbella. Bernal no tardó en atribuir la difusión de la noticia a una filtración interesada con claros fines políticos. Y señaló concretamente al ministro Montoro y a sus buenas relaciones con el Partido Popular de Marbella.
Para demostrar la fiabilidad del desmentido, el Ayuntamiento difundió la lista de los municipios a los que, según la información colgada en la página web del ministerio, se les retendrían los fondos. Eran apenas un puñado, una cantidad muy alejada de los 351 municipios citados en la información original. Esta documentación tenía, sin embargo, un problema: correspondía a los fondos retenidos durante el mes de marzo –última información oficial disponible– y no del mes de abril, a la que se refería la noticia de la polémica y cuyo contenido no era aún oficial.
Las gestiones realizadas ese mismo día por este periódico permitieron confirmar algunas cuestiones:
1-Que la información original había salido del ministerio y era veraz.
2- Que los ayuntamientos incluidos en la lista lo estaban por algunos de los siguientes motivos: no haber entregado la documentación, haber entregado documentación incorrecta o haber entregado documentación incompleta.
3- Que Marbella había incurrido en el tercer motivo
4- Que Marbella había sido retirada de la lista
El motivo de esta exclusión era muy simple. Casualidad o no, el mismo día en que se difundió la información, el Ayuntamiento había entregado la documentación que faltaba, correspondiente a la liquidación de dos sociedades mercantiles, la de Transportes y los Puertos Deportivos. El propio gobierno municipal confirmó a este periódico ese extremo ya en la noche del miércoles.
Sin embargo, el pasado viernes, el alcalde, José Bernal, volvió al punto de partida. Insistió en que el Ayuntamiento de Marbella había entregado en tiempo forma toda la documentación, que no hubo retraso alguno y que todo ha sido producto de una conspiración para manchar el buen nombre de la ciudad.
Es difícil saber si José Bernal cree realmente en esta teoría de la conspiración contra Marbella, a la que muchos de sus antecesores en el cargo recurrieron en algún momento de sus mandatos, o si todo forma parte de una representación a la que los políticos nos tienen acostumbrados. Hasta el secretario provincial de su partido, Miguel Ángel Heredia, se ha sumado a esta teoría de la conspiración, posiblemente sin recordar o quizás recordándolo, que mientras el PP gobernó la ciudad y también durante los años del GIL, a quienes se situaba desde el Ayuntamiento como inspiradores de los más perversos planes para mancillar el inmaculado nombre de Marbella eran precisamente los malvados socialistas. Después de tanto tiempo seguramente debe ser reconfortante interpretar el papel de defensor de la ciudad vilipendiada.
Esta semana el departamento que dirige Montoro ha estado en el centro de la atención informativa nacional porque la aparición de los papeles de Panamá ha propiciado que se recordara la amnistía fiscal que impulsó en su día y también por el inicio de la campaña de la renta. Pero también por la carta enviada a las comunidades autónomas en las que les conminaba a reducir el déficit. Es difícil saber si la decisión de elaborar la lista con los 351 ayuntamientos que se habían retrasado en la entrega de la documentación de 2014 tiene alguna relación con esta situación que pone a Hacienda en el centro de la escena política. Pero por más importante que parezca Marbella mirada desde Marbella parece un acto de ombliguismo extremo dar por hecho que en medio de esta situación a alguien en el Ministerio se le ocurrió que estaría bien meterle una puyita a la ciudad. Sobre todo cuando el propio Ayuntamiento, aunque al alcalde se le haya olvidado reconocerlo en las dos comparecencias públicas en las que denunció la conspiración, no completó el envío de la documentación hasta el martes pasado. El mismo día en el que se supo de la existencia de la lista.

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Adiós, Mister Marshall
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Héctor Barbotta | 04-04-2016 | 08:51| 0

 

Esta vez va en serio. Se acabó. C’est fini. No va más. La Agencia Pública de Puertos de Andalucía (APPA) ha dado un ultimátum y el jeque Al-Thani ya tiene fijada la fecha en el calendario para irse del sitio a donde nunca llegó: el puerto de La Bajadilla. Esta semana la APPA remitió un oficio a NAS, la empresa concesionaria propiedad en un 97 por ciento de una sociedad de Al-Thani, en la que le comunica que resolverá el contrato si antes del 31 de julio no presenta el proyecto constructivo del recinto.
El oficio no es más que una formalidad necesaria. Nadie, ni en la APPA ni en el Ayuntamiento, alberga la más mínima expectativa de que el jeque vaya a hacer en cuatro meses lo que no hizo en cinco años. Se le ha señalado la puerta de salida y sólo resta saber si se irá por las buenas o si habrá conflicto.
Desde que a Al-Thani se le abrieran de par en par las puertas del Ayuntamiento y de la Junta de Andalucía hace cinco años, la interpretación de lo que podían significar sus escasos gestos y prolongados silencios se convirtieron en una disciplina en la que ninguno de los que se atrevió a participar consiguió sacar nada en claro. Al principio el juego parecía apasionante, en virtud de la lluvia de millones que parecía prometer el jeque, pero al cabo del tiempo el asunto acabó por aburrir. Nadie está hoy interesado en pretender adivinar qué es lo que pretende Al-Thani porque si algo está claro es que no tiene la menor intención de poner un solo euro en un proyecto en el que ha perdido todo interés, si es que en algún momento lo tuvo.
Han pasado cinco años desde que pujó con fuerza para quedarse con la concesión del puerto, imponiéndose a otra oferta en gran parte por los millones gastados en el Málaga Club de Fútbol, que habían llamado la atención en algunos despachos de Sevilla. Esos millones, y alguno más, le abrieron algunas puertas gracias a los oficios de un expresidente andaluz reconvertido en facilitador de reuniones.
Quienes han estado más cerca de todo lo que vino después aseguran que de las promesas imposibles de cumplir de quienes se le acercaron en aquel momento sobrevinieron los equívocos y los desencuentros posteriores. Al-Thani entendió que la cercanía al poder que –inducido o no– pudo percibir en los encuentros preliminares y su alianza estratégica con el Ayuntamiento, al que le cedió un 3 por ciento de las acciones, le garantizaban vía libre para la ocupación de espacios con sus ambiciones comerciales y hoteleras. Pero en España, donde existen tres niveles de administración cuyas competencias resultan seguramente incomprensibles para alguien que llega mal asesorado y con la referencia de sistemas políticos donde no hay más que una autoridad única, los asuntos de este calado son siempre más complejos de lo que parece.
Sus sucesivos representantes no se cansaron de repetir después que el jeque se había sentido engañado, aunque el relato que el propio Al-Thani transmite por vías siempre indirectas invitan a retratarlo como un pobre ingenuo con dinero, porque cada asesor que se busca asegura que el asesor anterior también ha participado del engaño.
Sin embargo quienes realmente pueden considerarse engañados son los vecinos de Marbella que lo acogieron con la esperanza de que la lluvia de millones prometida se tradujera en puestos de trabajo. Seguramente también puede sentirse defraudado el anterior equipo de gobierno municipal, que convirtió al Ayuntamiento en un socio imprescindible y que ligó gran parte de su credibilidad a un personaje cuya solvencia ha resultado inesperadamente etérea. Estaría bien que las lecciones que no se asimilaron tras la berlanguiana ‘Bienvenido Míster Marshall’ se aprendieran tras el episodio del jeque.
Con los resultados a la vista parecería claro concluir que entrar en la sociedad con este personaje fue un error de bulto, pero curiosamente es precisamente la condición de socio de Al-Thani que ostenta el Ayuntamiento, algo que tantas críticas levantó en la oposición de entonces, la que permite al gobierno municipal de ahora tener la llave para buscarse un aliado más solvente.
Desde que comenzaron los problemas las oficinas municipales han estado recibiendo las visitas un día sí y otro también de presuntos inversores y de presuntos representantes de presuntos inversores interesados en coger el relevo. Desde el principio, la APPA advirtió de que un traspaso debería superar dificultades legales, aunque ahora, transcurridos más de tres años desde que se formalizó la concesión, el camino está expedito.
El problema actual reside en dos cuestiones. La primera es encontrar a un inversor solvente; la segunda, si aparece, es determinar si Al-Thani se irá por las buenas o por las malas.
El Ayuntamiento está en conversaciones más o menos avanzadas con tres grupos de inversores: uno viene de Estados Unidos; otro es europeo; el tercero, de un país árabe. Más recientemente ha aparecido un cuarto, español, que también ha mostrado interés aunque de momento no ha presentado ningún papel. En la primera quincena de abril el Ayuntamiento espera contar con documentación suficiente que permita valorar el grado de solvencia de cada uno de los aspirantes. También confía en que alguno de ellos pueda ejercer algún tipo de ascendencia sobre Al-Thani para que decida irse por las buenas. Si no es así, la alternativa es recurrir a la opción de ejecutar el embargo de sus acciones, una alternativa en la que tendría que intervenir el arquitecto José Seguí, autor del proyecto y que se transformó en un actor clave después de que su demanda por impago llevara a la inmovilización de esas participaciones, sujetas ahora a una administración judicial .
La APPA no está participando de estas negociaciones y se encuentra a la expectativa. La agencia dependiente de la Consejería de Fomento, que mostró con el jeque una paciencia no siempre valorada, ha vuelto a ceder al estirar los plazos más allá de cualquier límite para intentar llegar a una solución que evite la resolución del contrato, un epílogo que nadie quiere porque supondría regresar al punto de partida. Pero la solución, la que sea, tendrá que llegar antes del 31 de julio. Una nueva prórroga ya es, a estas alturas, un escenario impensable.
Las preguntas de la semana

– ¿A qué mente preclara del equipo de gobierno municipal (alcalde socialista, participación de Izquierda Unida) se le ocurrió cederle gratuitamente una instalación pública a una empresa de trabajo temporal para que reclute trabajadores eventuales para la temporada de verano después de que CCOO denunciara despidos masivos de trabajadores fijos en los principales hoteles de la ciudad? El sábado el alcalde, José Bernal, rectificó tras conocer las críticas de CCOO. ¿Lo hizo por iniciativa propia o aconsejado por IU?
–¿Se atreverá alguien en el PP a transmitirle a Ángeles Muñoz el creciente disgusto que en su propia formación producen sus prolongadas ausencias? ¿Era tan necesaria su asistencia a la interparlamentaria que el PP celebró en Málaga el lunes 28 de marzo para que se ausentara del último pleno a los cinco minutos de iniciado? ¿Es esa ausencia un adelanto de su elección sobre su futuro político?

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Diez años es mucho
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Héctor Barbotta | 01-04-2016 | 10:02| 0

LA letra de un tango sabio enseña que 20 años no es nada, pero produce cierto vértigo comprobar cómo ha cambiado casi todo en la mitad de ese tiempo. Diez años sí puede ser mucho. Hace diez años Marbella asistía conmocionada a la irrupción de la policía en las dependencias municipales, a la detención de la alcaldesa que ejercía el poder formal, del asesor que mandaba de verdad y de un puñado de personajes secundarios. Asistía al derrumbe repentino de un poder construido sobre un apoyo popular difícil de explicar y difícil de entender y también sobre un goteo de limosnas, favores y temores que no dice nada bueno de la condición humana. Diez años es mucho tiempo, pero no ha alcanzado para que la ciudad se dé a sí misma la explicación que aún se debe.
Produce vértigo asistir a cómo ha cambiado todo desde aquellos días en que Marbella era fustigada como paradigma de la corrupción política, una isla de indecencia en medio de un océano que simulaba estar calmo y que escondía tempestades de podredumbre que no tardaron en aflorar. Una podredumbre que, según hemos visto, afectaba también a muchos de quienes entonces se rasgaban las vestiduras con simulada sorpresa e indignación.
Han pasado diez años desde que estalló la ‘operación Malaya’ y hoy hasta resulta asombroso recordar que no ha pasado tanto tiempo –una década es apenas un suspiro en términos históricos– desde que la ciudad dio una mayoría absoluta a Julián Muñoz y asistió impávida unas semanas después a una moción de censura que sentó a Marisol Yagüe en el sillón de la Alcaldía.
Hoy la mayoría de esos personajes purgan sus culpas en la cárcel. A algunos los hemos visto dejar caer lágrimas, pedir perdón, clamar por su inocencia, aducir ignorancia u obediencia debida o suplicar clemencia apelando al deterioro físico, pero seguimos sin noticias del botín.
En la década que vivimos desde que la ‘operación Malaya’ cambió la historia de Marbella y también la de España hemos tenido dos Papas, dos presidentes del Gobierno, dos partidos nuevos y un gobierno a la espera de ser formado; hemos visto morir al fax y nacer al wassap; hemos confiado nuestra imagen, nuestras relaciones y nuestra reputación a las redes sociales.
En todo ese tiempo, Juan Antonio Roca ha vivido entre rejas. A él lo hemos visto admitir algunas acusaciones y negar otras. Pero no se le ha escapado ni una lágrima ni una súplica. No se le ha escuchado echarle la culpa a nadie, no ha pretendido inspirar lástima, ni intentar convencer de que no sabía. Cometió delitos y los está pagando. En medio de tanto lloriqueo se agradece, al menos, algo de dignidad.

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Hay que
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Héctor Barbotta | 28-03-2016 | 11:12| 0

EL consejero de Turismo, Francisco Javier Fernández, explicó recientemente en un foro de SUR en Torremolinos los objetivos de su mandato: desestacionalizar, aumentar el tiempo de estancia y el promedio de gasto de los visitantes, integrar la oferta turística andaluza, lanzar una ofensiva de promoción como nunca antes…
Los socialistas han pasado de ofrecer la Consejería de Turismo como moneda de cambio en cada proceso de negociación cuando tuvieron que gobernar en coalición a asegurar que el consejero del ramo es uno de los que más manda en el Gobierno. Es un avance, aunque los discursos nos invitan a pensar que estamos siempre en el mismo sitio. Los objetivos en la política turística de la Junta de Andalucía se parecen al horizonte de un navegante que se ha quedado sin tierra. Se navega rumbo a un objetivo que nunca se alcanza. Y no es que no esté bien que la política tenga un rumbo, y mucho menos que ese rumbo sea siempre el mismo. Lo que sorprende es que cada consejero de Turismo que llega plantea esos objetivos como como si nunca se hubieran planteado antes.
Los socialistas gobiernan Andalucía desde hace más de 30 años, y desde que la Consejería se creó en 1996 ha visto pasar consejeros de diferentes partidos. Andalucistas primero, socialistas después, de Izquierda Unida, ahora otra vez del PSOE. Salvo el andalucista José Hurtado, destituido por una conspiración interna en su partido, y Rafael Rodríguez, que tuvo que irse cuando Susana Díaz decidió cortar abruptamente la anterior legislatura, todos los consejeros acabaron plácidamente sus mandatos, aunque algunos se fueron sin aprender a pronunciar la palabra desestacionalización. Y cada uno que llegó planteó sus ‘hay que’ como si fueran novedosos: Hay que mejorar la calidad, hay que integrar toda la oferta andaluza, hay que lanzar una gran campaña de promoción, hay que desestacionalizar.
Está muy bien que independientemente del color de los consejeros la política turística de la Junta parezca ir siempre en la misma dirección. Eso podría indicar que los objetivos están claros y que hay una estrategia. Porque es verdad que hay que mejorar la calidad de la oferta, hay que integrar la oferta de toda la comunidad, hay que promocionar con inteligencia y sin mezquinar, hay que desestacionalizar. Pero además de objetivos situados en un horizonte que parece no alcanzarse debería fijarse la costumbre de rendir cuentas. Sólo así podríamos saber si avanzamos o si la repetición de los discursos de un consejero tras otro es consecuencia de que estamos siempre en el mismo sitio.

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Turismo de calidad, empleo…
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Héctor Barbotta | 28-03-2016 | 11:05| 0

Uno de los lugares comunes que se repiten año tras año en el mundo turístico sostiene que no hay mejor encuesta que permita vaticinar cómo se comportará la temporada alta que la Semana Santa. Una Semana Santa de hoteles llenos es la mejor garantía de que tendremos un verano pletórico; una Semana Santa con agujeros de ocupación y poco gasto adelanta un verano corto y con dificultades. Contra los incrédulos que desconfían de los tópicos debe decirse que se trata de un lugar común que no suele fallar.
De manera que si estamos ante una Semana Santa con ocupaciones históricas, como es el caso, con hoteles llenos y restaurantes y comercios haciendo caja podemos estar en condiciones de adelantar que el verano vendrá bien, que los alojamientos turísticos estarán a rebosar, que en las cuentas de resultados no sólo de los hoteles sino también de los restaurantes, cafeterías y comercios habrá cierta alegría y que se creará empleo temporal, precario y mal pagado.
No será éste el primer año desde que comenzó la crisis en el que el turismo ofrecerá resultados que invitan al optimismo. Los hoteles vuelven a estar llenos, en algunas épocas del año resulta imposible conseguir una habitación y el precio medio retorna a los niveles anteriores a la crisis. Viene más gente y se queda más tiempo. Pero simultáneamente, los hoteles se desprenden de sus trabajadores más veteranos y experimentados, y con mejores condiciones laborales, para contratar jóvenes con menos experiencia, más desesperación por entrar en el mercado laboral y menor peso en la masa salarial. Cuando se decía que en toda crisis hay una oportunidad posiblemente alguien podía estar pensando precisamente en eso. Y las oportunidades, ya se sabe, están para ser aprovechadas
El presidenta de la CEA, Javier González de Lara, atribuyó el pasado lunes en Marbella la falta de impulso del turismo en la creación de empleo de calidad a la estacionalización, a la incertidumbre política y a que todavía no se ha firmado el certificado de defunción de la crisis.
Son tres razones sin duda de gran peso. Pero posiblemente no sea un exceso de pesimismo o de incredulidad preguntarse qué va a pasar cuando la crisis se deje atrás. Por qué van a renunciar los empresarios a un marco de regulación laboral que les resulta tan beneficioso cuando ese certificado de defunción que anhela González de Lara sea finalmente rubricado. Y quizás sea oportuno también lanzar otra pregunta ¿Es posible una oferta de calidad con empleo precario? ¿Estamos condenados al bucle que nos invita año tras año a reconocer que hay que mejorar la oferta turística?

 


No es el único bucle. Todos los años cuando llega la Semana Santa se suscita el debate sobre el estado de las playas y sobre si es oportuno o no dedicar recursos públicos a su regeneración para devolverles la arena que se llevaron los temporales del invierno. Todos los años la misma discusión y el mismo gasto. Alguna vez se harán cuentas para concluir que es más inteligente hacer una inversión seria que impida que la arena se vaya y no volver a aparecer cada año con el camioncito y la grúa.

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El tripartito y Podemos inician nueva etapa
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Héctor Barbotta | 22-03-2016 | 10:52| 0

Hace poco más de una década, Marisol Yagüe ofreció una de sus últimas ruedas de prensa en el Ayuntamiento. La acosaba la sospecha de haber utilizado material de los almacenes municipales para reformar su casa y además un incidente entre cuatro policías municipales y un vecino acabó con la muerte de éste en un episodio que la entonces alcaldesa no consideró lo suficientemente grave como para interrumpir sus vacaciones en el Caribe. A su regreso la esperaban las cámaras para pedirle explicaciones y Yagüe decidió no enfrentarse sola a las preguntas. Convocó a los periodistas a un salón de plenos al que invitó también a su elenco estable de palmeros, algunos de los cuales han desaparecido de la vida pública aunque otros han permanecido tras el oportuno cambio de chaqueta.
La rueda de prensa acabó como el rosario de la aurora. A la primera pregunta incómoda los palmeros comenzaron a increpar a los periodistas y alguno pasó de las palabras a los hechos. Ante el requerimiento de los informadores para que desalojara el recinto, Yagüe recurrió a una de las posturas demagógicas en las que tan cómoda se sentía: «Esta es la casa del pueblo y yo de aquí no puedo echar a nadie».
Era imposible adivinar entonces que diez años después la misma fórmula iba a ser utilizada por un alcalde socialista para evitar tomar medidas contra un espontáneo más o menos espontáneo que en medio del debate sobre los presupuestos iba a lanzar un insulto contra un concejal de la oposición. Durante el anterior periodo municipal, como líder la oposición, Bernal fue desalojado en un par de ocasiones por orden de la entonces alcaldesa, Ángeles Muñoz, tras ser llamado al orden por hablar cuando no le tocaba. La falta de mano izquierda para conducir los plenos y la racanería a la hora de asignar tiempos de intervención fue una de los cuestiones que más críticas levantó durante la gestión de Muñoz, por innecesarias cuando disfrutaba de mayoría absoluta, incluso dentro de sus propias filas. Tanto Bernal como el portavoz de OSP, Rafael Piña, fueron expulsados del pleno en más de una ocasión, y quienes asistían a esos incidentes siempre llegaban a la conclusión que para la oposición era muy sencillo ganarse el titular y la foto en las crónicas del pleno. Sólo había que poner a prueba la paciencia de la alcaldesa.
Ahora, desde la presidencia, Bernal ha querido marcar distancias con su antecesora y ya en un pleno anterior adelantó a los concejales populares que lo increpaban que él nunca expulsaría a ningún edil. El pasado viernes, durante el debate de los presupuestos, renovó su apuesta y amplió la garantía al público asistente.
Se trata de un compromiso arriesgado y posiblemente no conveniente. Asegurar que nunca se expulsará a nadie puede suponer una invitación a convertir aquello en un guirigay. No hay nada que objetar a la afirmación de que el Ayuntamiento y su salón de plenos deben ser la casa del pueblo. Pero precisamente por el respeto que merece esa condición es por lo que debería invitarse a salir a quienes no sepan estar en un recinto al que sólo pueden entrar unas decenas de asistentes, pero que no es la casa de esos pocos, sino de 140.000 vecinos.
Permitir que el insulto a un edil salga impune es invitar a que las butacas del público se conviertan en gradas llenas de hooligans de uno y otro signo. Y nadie quiere que los plenos acaben siendo otra cosa que una oportunidad para el debate sereno.

Presupuestos: fin a una larga negociación
El pleno del viernes cerró un largo proceso negociador que acabó como el equipo de gobierno pretendía. Después de que el grupo municipal de Costa del Sol Sí Puede aprovechara el anuncio del PP de que no votaría en contra en la aprobación inicial para desmarcarse del tripartito y crear una situación de incertidumbre que los situó durante un mes en el centro de la atención y con la posibilidad de ir marcando tiempos y contenido de la agenda política, se ha vuelto prácticamente al punto de partida del actual periodo municipal.
Durante el tiempo transcurrido entre la votación inicial y la definitiva del viernes hubo de todo. El grupo de gobierno pasó de confesar su inquietud por el desmarque de los dos ediles de Podemos a admitir que exploraría otras posibilidades para que los presupuestos salieran adelante (léase eventual apoyo o abstención del PP) y a asegurar después que los presupuestos ya estaban aprobados y prácticamente no cabía más que una negociación técnica. Pero finalmente volvió al comienzo: requerir el respaldo de sus aliados de investidura.
La forma en que se desarrollaron los acontecimientos invita a pensar que para Podemos los presupuestos no fueron más que la oportunidad para recordar que sus votos hicieron posible el cambio político en el Ayuntamiento y que sus posiciones deben ser tenidas en cuenta. Como en toda buena reconciliación, la nueva situación es mejor para los contendientes que antes de la pelea. Después de haberse acordado un sistema de funcionamiento no sólo entre grupos municipales sino también entre partidos, el tripartito vaticina ahora un mandato más plácido de lo que hacían prever las tempestuosas semanas que precedieron a la aprobación del presupuesto.
Indulto: sobraban candidatos


Marisol Yagüe, la alcaldesa que hace diez años se negó a desalojar a sus palmeros del salón de plenos, pasará esta Semana Santa en la cárcel. No será la primera. Ya estuvo como presa preventiva en la Semana Santa de hace diez años, cuando la ‘operación Malaya’ acababa de desencadenarse y la entonces todavía regidora pidió salir porque a dónde iba una ciudad que no tuviera a su alcaldesa al frente de las procesiones.
Delirios al margen, Yagüe está en esta ocasión más acompañada en el encierro, con la mayor parte de los malayos condenados ya purgando sus penas. Es una lástima que la Cofradía del Amor vaya a cumplir su tercer año consecutivo sin sacar un preso a la calle. Esta vez había dónde elegir. Por eso es una pena. O no.

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Una industria antipática
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Héctor Barbotta | 07-03-2016 | 12:58| 0

Un estudio difundido la semana pasada por el Instituto Nacional de Estadística (INE) situaba a Marbella entre las diez ciudades españolas con menores ingresos per cápita, una nómina en la que también aparecían Fuengirola y Torremolinos y que estaba encabezada por Torrevieja (Alicante).

Quienes se apresuraron a repicar el jugoso y sorprendente titular que ofrecía el INE no tomaron en cuenta que se trata de un estudio que considera una foto fija de las declaraciones de IRPF según el municipio donde se presentan. Una lectura un poco más atenta permitía deducir que los vecinos de Marbella con mayor renta no tienen domicilio fiscal en la ciudad, aunque residan en ella la mayor parte del año. Su renta computa a la hora de sumar la riqueza de ciudades como Madrid o Londres y no aporta a la hora de dibujar el paisaje económico y fiscal real de Marbella.

Aun así, la explicación ofrecida por el INE daba cuenta de una realidad sangrante: en los municipios turísticos la mayor parte de sus vecinos trabajan en el turismo, un sector maltratado por la precariedad, los salarios rácanos y la estacionalidad. Marbella tiene reputación de ciudad de ricos y el estudio la describía como una ciudad de pobres. Se trata de dos dibujos contradictorios, que ignoran que la mayor parte de la ciudad es clase media y que como todas las medias verdades suponen la peor de las mentiras. Dos dibujos que caricaturizan (en el mal sentido, no en el sentido Casado) una realidad diversa, porque Marbella es, en realidad, una ciudad desigual con abismos sociales.

Es posible que a ello se deba que la decisión municipal de no seguir adelante con el Marbella Luxury Weekend no haya causado un gran debate social en la ciudad y que la pérdida haya sido experimentada en carne ajena. Pero esa percepción equivocada no convierte un error en un acierto.

 

 

Posiblemente el mayor hándicap de Marbella resulte ser que una de sus principales actividades económicas sea una industria cuyos productos sólo están al alcance de los más privilegiados. La ciudad tiene una oferta enfocada al sector del mercado que más puede pagar por unas vacaciones o por una segunda residencia. Vende calidad de vida y consumo de alta gama, pero algunos aspectos de esa calidad de vida no son accesibles para la mayoría de las personas, y el consumo de alta gama no está pensado para las carteras de gama baja o de gama media, es decir, para la mayoría. Marbella figura a la cabeza de todos los rankings de comercio de lujo, por encima de Madrid y disputando el liderazgo de Barcelona, es la ciudad con mayor número de hoteles de cinco estrellas y sus mejores restaurantes no dejan de cosechar estrellas Michelin. Pero se trata de restaurantes donde comer cuesta lo mismo que una semana de trabajo para la mayor parte de los vecinos y de hoteles en los que un elevado porcentaje de personas no puede soñar con dormir. El lujo, por definición, es restringido. Si deja de ser restringido, deja de ser lujo. La industria de la que vive buena parte de Marbella es, definitivamente, una industria antipática. Qué le vamos a hacer. Posiblemente nos gustaría ser punteros en otros sectores, pero no es el caso.

Llegados a ese punto cabe preguntarse si haber conseguido el liderazgo en una industria a la que muchos destinos aspiran a entrar, la mayoría sin fortuna, es algo de lo que Marbella debe avergonzarse. Y la respuesta es rotundamente no.

Para los privilegiados que llegan a la ciudad a disfrutar de la parte de la oferta de Marbella dirigida a una minoría -y es oportuno recordar que es sólo una parte de la oferta, no toda- el lujo es la forma de vida que se pueden pagar y que han elegido, pero para buena parte de las empresas y de sus trabajadores, es la industria que permite crear riqueza y empleo. Y la experiencia demuestra que cuanto más alto es el nivel de consumo, más especializados son los servicios que se demandan, más formación se requiere y mejor remunerados y más estables son los empleos que se crean. Es oportuno no perder esto de vista cuando se mira con indiferencia la pérdida de un evento que podía consolidar a la ciudad en un sector ultra competitivo en el que son muchos los destinos de todo el mundo que trabajan para ocupar el lugar en el que está Marbella.

Durante los cinco años que ha sobrevivido el Marbella Luxury Weekend, los dos primeros en los que tuvo sentido e hizo honor a su nombre y los tres restantes en los que se convirtió en algo parecido a un mercadillo con verbena del que las grandes marcas del sector salieron huyendo, existió ese debate sordo sobre si debían dedicarse recursos públicos, humanos o materiales, a su organización.

Si la pregunta fuera si el Ayuntamiento tiene que dedicar un euro a que los ricos se diviertan, la respuesta sería no. Pero si lo que se pregunta es si la ciudad debe hacer lo necesario para consolidarse y crecer en un sector que genera empleo de calidad, que impulsa a los sectores colaterales y en la que ejerce un liderazgo incontestable, la respuesta es que algo hay que hacer para que el evento no se pierda. No es momento para exhibir complejos

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Un lujo necesario
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Héctor Barbotta | 04-03-2016 | 10:46| 1

Marbella ha renunciado a repetir este año el ‘Marbella Luxury Weekend’, un evento que pretendió convertirse en una referencia del turismo y el sector comercial del lujo y que apenas ha conseguido mantenerse a flote durante cinco ediciones. Al prometedor inicio de sus dos primeros años le siguieron otros tres por pura inercia y con más pena que gloria. Esta feria del lujo nació en 2011 por impulso del Ayuntamiento y con el patrocinio de empresas del sector y ha acabado evaporándose precisamente porque no se han encontrado marcas que quisieran seguir poniendo su logo junto al escudo municipal para sostenerla. Lo que ha hecho el Ayuntamiento no es más que desconectar el respirador artificial que mantenía a un paciente que ya era incapaz de sostenerse por sí solo.
Resulta significativo que el foro La Zagaleta, un evento paralelo nacido como ámbito de reflexión sobre el sector del lujo y al que acuden cada año destacadas figuras del mundo de la empresa y la innovación, si continúe de forma independiente. De hecho, durante los últimos años fue este encuentro profesional el que había mantenido el prestigio del Luxury Weekend, que se había convertido por la defección de las empresas en un quiero y no puedo que ahora el Ayuntamiento de Marbella ha decidido dejar de mantener.
Durante todos estos años el evento ha estado rodeado de una polémica sorda que giraba esencialmente en torno a dos preguntas. Una se refería a lo atinado o no de destinar recursos y dinero públicos a un evento que enaltecía el consumo de productos de lujo, minoritarios por definición y reservados a los más afortunados, reflexión que solía acabar con un ‘con la que está cayendo’.
La otra era más autocomplaciente y se preguntaba para qué iba a necesitar el ‘Luxury Weekend’ una ciudad cuyo nombre es por sí solo una marca que refiere al lujo y que figura a la cabeza de todas los rankings del comercio de alta gama.
Ante estas preguntas no cabía más que recordar que nadie se cuestiona en Jaén si es necesaria una feria del aceite de oliva, y que en Barcelona los teléfonos de última generación que casi nadie se puede comprar no suponen un problema moral a la hora de organizar el Mobile World Congress. Lo importante, como en las ferias de cualquier industria, es lo que se genera alrededor.
No hay nada que celebrar por la desaparición del Marbella Luxury Weekend, pero posiblemente no sea la decisión de desconectar al enfermo lo que haya que reprocharle al Ayuntamiento. Más bien, es el momento de preguntarse por qué las grandes marcas del lujo no han apostado por este evento. Y qué se puede hacer en el futuro para conseguir seducirlas.

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El mar también pasa factura
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Héctor Barbotta | 04-03-2016 | 10:44| 0

Si la foto que resumió la actualidad de la semana pasada en Marbella, con la Guardia Civil registrando los restaurantes de la cadena La Pesquera, nos retrotrajo a algunas de las escenas de la historia reciente de la ciudad, la de esta semana también es una invitación a preguntarnos por cuánto tiempo más seguiremos recibiendo los embates del pasado.
Porque la foto que resume la actualidad de esta semana en Marbella no es otra que la de un tramo del paseo marítimo entre la urbanización Malibú y el hotel Guadalpín Banús arrasado por el temporal primero y demolido por la maquinaria después.
El temporal con el que se inició la semana no solamente nos recordó la fragilidad de nuestras playas y la necesidad de que de una vez por todas se acometan las obras de infraestructura necesarias para que la ciudad no tenga que estar verano tras verano mendigando aportaciones de arena para poder seguir ejerciendo su condición de destino turístico de primer orden. También llegó para recordarnos que tarde o temprano la naturaleza acaba reclamando lo suyo, y que cuando dos décadas atrás el Ayuntamiento presidido por Jesús Gil fue castigado con la multa más alta jamás impuesta a una institución pública por construir un paseo marítimo en zona de dominio público marítimo terrestre, lo peor no fue el importe de aquella sanción –200 millones de pesetas de la época– sino la acción municipal que la había motivado.
No viene al caso ahora mismo resucitar aquella polémica de profundo carácter moral entre la minoría que enmendaba a la totalidad la gestión de Jesús Gil al frente del Ayuntamiento y la mayoría que lo justificaba todo con aquel lamentable concepto de ‘roba pero hace’. Una de las obras que los gilistas de entonces, convertidos hoy en desmemoriados, enseñaban como ejemplo de aquella gestión era precisamente el paseo marítimo por el que el Ayuntamiento fue en su día multado y que hoy el embate del mar ha arrasado en un tramo de 80 metros.
Hoy, cuando los casos de latrocinio de lo público han apartado los focos de Marbella para posarse sobre Valencia, Madrid o Palma, no es mal momento para comprender que los atajos para sortear la legalidad no son más que engaños que finalmente acaban llegando a ninguna parte.
Cuando se habla de la herencia del gilismo se suele mencionar la insostenible deuda del Ayuntamiento, los colegios y centros de salud que no se construyeron, la imagen de la ciudad arrastrada por el fango durante años, el dinero que nunca volverá o las miles de viviendas ilegales. A todo eso habría que agregar las infraestructuras que creemos tener pero que en realidad no son más que una ilusión para engañar a incautos.
Ahora, a las puertas del comienzo de la temporada turística, con este puente del 28F como preludio de una Semana Santa que ya tenemos prácticamente encima, la ciudad se encuentra sin paseo marítimo en uno de sus enclaves más concurridos y sin una solución a la vista.
La lógica municipal ha llevado a proponer medidas provisionales para que aquel proyecto iniciado durante la etapa anterior de contar con una senda que permita recorrer a pie los 27 kilómetros costeros del término municipal no encuentre una barrera en estos 80 metros de paseo ahora derruidos. Pero desde Costas se ha respondido que no hay medidas provisionales que valgan. El espacio del mar pertenece al mar y si la ciudad quiere contar con un paseo marítimo debe hacerlo en el suelo que ahora ocupan inmuebles privados con cuyos propietarios habrá que llegar a acuerdos.
El gilismo se acabó hace diez años y sus consecuencias todavía se siguen pagando. Durante ese tiempo actuamos como si tuviéramos un paseo marítimo que en realidad era un artificio. Posiblemente estaría bien preguntarse si lo que ha hecho el mar en esta semana no habrá sido interpelarnos acerca de si no habremos perdido un tiempo precioso que se podría haber empleado en erradicar esa herencia envenenada.

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Sin perdón
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Héctor Barbotta | 24-02-2016 | 19:45| 1

La Guardia Civil desde primera hora, registros en bancos, domicilios y empresas, rumores por toda la ciudad sobre la identidad de los detenidos, tensión informativa sobre Marbella… La ciudad vivió esta semana un ‘revival’ de los sucesos que la conmocionaron hace casi diez años, aunque el paisaje desde entonces ha cambiado decisivamente.

Durante años seguir la actualidad informativa de Marbella supuso algo casi equivalente a cursar un máster de derecho procesal: Saqueo, Camisetas, Ballena Blanca, Malaya en sus sucesivas fases, Hidalgo… La lista se fue ampliando con el transcurso del tiempo hasta que fue imposible hablar de Marbella fuera de la ciudad sin que le preguntaran a uno por algún caso relacionado con la corrupción pública o privada.
Pero desde la época no muy lejana en que aquellos casos mandaban en la actualidad informativa de la ciudad hasta ahora, en que un nueva y aparatosa operación policial volvió a poner focos sobre Marbella, el paisaje cambió notablemente y no sólo porque en esta operación los uniformes fueran verdes y no azules. El principal cambio es que ya no hubo tantos focos como en aquellos días porque ya nadie se traga eso de que hay una ciudad en España más proclive a la corrupción que otras. Bankia, Bárcenas, Brugal, Eres, Cursos de formación, Gürtel, Tarjetas Black, Noos, Palma Arena, Pujol, Púnica, PP de Valencia, PP de Madrid… Tantos nombres dibujan un panorama tan desolador que lo que hubiese atraído decenas de cámaras a Marbella en otra época apenas ha ocupado un mínimo espacio en la atención pública. Después de todo ¿qué es un empresario que al parecer se distrajo a la hora de pagar impuestos frente a una realidad en la que la podredumbre aflora por los cuatros costados? Marbella ya no llama la atención. Triste consuelo.
La operación conjunta de la Agencia Tributaria y la Guardia Civil ha destapado lo que al parecer es un entramado montado por el propietario del grupo La Pesquera, Ramón Mesas, para declarar pérdidas en negocios boyantes y eludir de esa manera el pago de impuestos.
Durante años Mesas fue señalado como el empresario favorito de Jesús Gil, algo que ni él mismo se preocupó en negar, a la luz de los favores que durante aquel tiempo recibió en modo de concesiones administrativas sobre las que edificó su imperio. Sin embargo, ninguno de los procedimientos judiciales contra la corrupción política en el Ayuntamiento de Marbella alcanzó a salpicarlo, y eso que hubo muchos. Ahora, el empresario está en el centro de una investigación sobre posible evasión fiscal que de momento le ha costado la detención y un auto de prisión eludible con una fianza de 350.000 euros. En este país a veces parece que nada es tan grave como los pecados que ofenden a Hacienda.

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Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella