Diario Sur

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Todo el voto de la izquierda y recuperar San Pedro, la estrategia del PSOE para 2015
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Héctor Barbotta | 03-06-2014 | 09:46| 1

Con los pies sobre la tierra, pero decididos a aprovechar la oportunidad. Así afrontará el PSOE de Marbella el año que falta hasta la celebración de las elecciones municipales del año que viene, en el que están convencidos de que pueden volver a gobernar el Ayuntamiento después de 24 años.
El secretario de Política Institucional del PSOE andaluz, Francisco Conejo, se reunió ayer en San Pedro Alcántara con los responsables de las agrupaciones socialistas de Marbella y de San Pedro, con quienes diseñó las primeras líneas de lo que pretenden ser los ejes sobre los que girará la estrategia socialista para intentar el asalto a la alcaldía.
Para Conejo, las elecciones europeas, que arrojaron una victoria socialista por 101 votos y relegó al Partido Popular a la segunda posición después de siete años de hegemonía política, han dejado varias conclusiones: la primera es que la ciudad ha votado por un cambio; la segunda es que la izquierda ganó las elecciones y por lo tanto «es la izquierda la que debe protagonizar el futuro de la ciudad en los próximos tiempos».
Según el dirigente socialista el veredicto de las urnas tuvo mucho de censura a la gestión de Ángeles Muñoz en el Ayuntamiento, a la subida de impuestos municipales, a la paralización del proyecto de ampliación del puerto de La Bajadilla, a la falta de planes de empleo y a la falta de explicaciones, por parte de la alcaldesa, «sobre la situación de su patrimonio».
Este voto de castigo, en su opinión, no solo se volcó en el PSOE, sino también en otras formaciones con las que también se censuró, además de las políticas del Gobierno, la gestión del PP al frente del Ayuntamiento. Todo ello ha configurado, en su opinión, no solo una nueva mayoría de voto progresista, sino sobre todo un cambio de tendencia política en Marbella.
El dirigente socialista no mencionó a los otros partidos que conformarían esta nueva mayoría de izquierdas, pero las cuentas salen. El PSOE, que quedó primero aunque se dejó más de 2.000 votos y 19 puntos en porcentaje de sufragios en relación con las anteriores europeas, consiguió un 29 por ciento; Izquierda Unida superó el 11 por ciento, y Podemos írrumpió en el panorama político con el 6,5 por ciento.
La estrategia socialista pasa por agrupar detrás de sus siglas la mayor cantidad de votos progresistas, incluyendo los de quienes elección tras elección optan por abstenerse. «El principal partido de la izquierda en Marbella tiene la responsabilidad de ofrecer una alternativa que sea capaz de aglutinar la mayoría social de progreso en esta ciudad», dijo Conejo, que atribuyó al portavoz socialista, José Bernal, gran parte del mérito de la victoria cosechada el 25-M.
Parte de esta estrategia pasará por ofrecer un programa que centre la prioridad en el empleo, y otra parte por demostrar que el PSOE ha entendido el mensaje y ofrezca otras formas de hacer política. En ese sentido, fue claro: habrá primarias para elegir al candidato a la alcaldía.
Los resultados de las europeas invitan al optimismo en las filas del PSOE, pero no son extrapolables. Sobre todo porque en las europeas faltó un actor principal precisamente en San Pedro, distrito en el que los socialistas obtuvieron una diferencia decisiva y donde existe una fuerza política como Opción Sampedreña con importante implantación. Los socialistas también parecen tener estrategia para este núcleo de población. «En los próximos meses verán ustedes cómo el Partido Socialista va a ser capaz de transmitirle a los ciudadanos de San Pedro que hay un compromiso claro y expreso», dijo antes de adelantar algunas líneas del discurso que el PSOE va adoptar en lo que queda antes de las elecciones: acabar con «la marginación y la discriminación» que en su opinión sufre San Pedro y reconocer que existe una deuda histórica con ese núcleo.

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Más partido para afrontar el desgaste, la estrategia del PP en Marbella
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Héctor Barbotta | 02-06-2014 | 11:36| 0

DE momento hay más incógnitas que certezas, pero una semana después de haber perdido las elecciones europeas, en el PP de Marbella debaten cómo afrontar el año que queda hasta las elecciones municipales del año que viene.
En esta semana, en las filas populares ha habido mucho de catarsis y también de análisis. No es éste el primer aviso que dan las urnas. En las anteriores municipales, con el PP en la cresta de la ola, el resultado de Marbella provocó desencanto. Los populares repitieron mayoría absoluta en el Ayuntamiento, pero perdieron un concejal en las mismas elecciones en las que el PP conquistaba por primera vez plazas tan difíciles como Antequera y pintaba de azul todo el mapa de la Costa del Sol, incluidas localidades que hasta entonces se le habían resistido, como Estepona o Mijas.
En esta ocasión la debacle ha sido general, con la única excepción de Torremolinos y Fuengirola, las dos plazas que resisten una convocatoria tras otra y que conforman un dúo inexpugnable al que el PP de Marbella tuvo una ilusión de sumarse que hasta el momento ha resultado fallida.
Los resultados que en esta ocasión han cosechado otras localidades cercanas –incluida Estepona, para cuya gestión municipal algunos dirigentes de Málaga no escatiman elogios– han causado no alivio entre los populares de Marbella, pero sí la sensación de que gran parte de los resultados del domingo tienen que entenderse como un problema de marca que afecta a todos por igual.
La primera reacción fue atribuir la victoria socialista, que sacó una ventaja en el cómputo general de 101 votos pese a perder más de 2.000 desde las anteriores europeas, a una desmovilización en las propias filas. La misma explicación a la que se había recurrido para explicar la pérdida del concejal en 2011. Pero ese primer análisis se quedó cojo al no tomar en cuenta dos factores: si en 2011 esa desmovilización podía atribuirse a que los simpatizantes populares daban por descontada la victoria, en esta ocasión el motivo es otro.
El segundo surge de hacer una cuenta que seguramente en las filas populares ya formará parte de sus cálculos. Entre las elecciones europeas de 2009 y las del pasado domingo, el PP se dejó en el camino 3.828 votos, una cantidad muy parecida a los 3.837 que sumaron en conjunto las tres formaciones que compiten en su mismo espacio político: UPyD, Ciudadanos y Vox. Y aunque UPyD no partía de cero, ya que hace cinco años cosechó casi 800 votos en Marbella, la coincidencia en los números mueve a concluir que no hubo desidia, sino castigo. Al equipo de Ángeles Muñoz le queda por analizar cuánto de ese castigo fue para las siglas y cuánto hubo de reproche a la gestión municipal, sin dejar de considerar que ambas opciones no tienen por qué ser incompatibles entre sí.
No son pocos los responsables del PP, y así quedó claro en algunas de las intervenciones escuchadas ayer en el comité local del partido, que reconocen que la situación económica no ayuda a conseguir respaldos, y una mirada somera sobre qué pasó en cada uno de los distritos no hace más que avalar esa explicación. El PP consiguió sus mejores resultados en Las Chapas (39%) y en el distrito 4, que incluye la Milla de Oro y Sierra Blanca, donde alcanzó un 33 por ciento, y los peores, en los distritos 7 y 8, dos zonas de la ciudad donde la crisis es inclemente.
En el equipo de gobierno hay quien reconoce que la caída del pasado domingo puede tener, por movilizador, algún efecto positivo en las filas del PP si no se cae en la desmoralización de quien es por primera vez derrotado en las urnas después de diez años. En el entorno de la alcaldesa se habla de volver al espíritu de 2007, cuando la movilización de los afiliados llevó en volandas a Ángeles Muñoz a la alcaldía en unas elecciones que en principio partían parejas.
Muñoz consiguió en aquel momento superar esa prueba, pero a diferencia de entonces sufre el desgaste de quien lleva siete años en el ejercicio del cargo y las siglas del partido pueden tener, como se ha visto, efecto lastre en las zonas más golpeadas por el paro y la crisis.
Ahora desde el PP se estima que el desafío que queda por delante, superar la derrota del pasado domingo en un escenario nacional y autonómico desfavorable y con la certeza de que solo podrán seguir gobernando si alcanzan la mayoría de 14 concejales, no es menor al de hace siete años.
¿Cómo tienen previsto afrontar este camino? El comité ejecutivo local celebrado ayer dejó algunas pistas. Frente al marcado perfil institucional que el equipo de Ángeles Muñoz ha cultivado en todo este tiempo, ya se percibe la intención de darle más peso al partido, conscientes de que aunque el PP no pasa por su mejor momento, en Marbella se cuenta con una organización numerosa, más de 800 militantes, a quienes se pedirá que incidan más en su entorno más inmediato.
En el PP consideran que la gestión de los últimos años ha permitido encauzar a una institución que se recibió más allá del borde de la quiebra, aunque comienzan a entender que traducir gestión en votos no es una tarea sencilla. Nadie en las filas populares reconoce que la dedicación de Muñoz al Ayuntamiento, donde es muy poco lo que delega, haya supuesto un abandono de sus tareas como presidenta del partido, pero sí admiten que el PP, como tal, ha estado ausente en las grandes cuestiones polémicas que han marcado la actualidad de los últimos meses y en las que la imagen del gobierno municipal ha salido tocada. Por ello, a partir de ahora, se verá un cambio de agenda. Para empezar, una convención al inicio del verano creará nuevos grupos de trabajo e intentará poner en marcha una agenda de propuestas.
Muñoz sabe que la única forma de repetir mandato, no caben dudas de que ese es su único objetivo, será la de movilizar a su gente. Y para ello necesita despertar de la siesta a un partido que ha estado hibernando.

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No pueden, no saben
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Héctor Barbotta | 02-06-2014 | 11:37| 0

Hay una fórmula inequívoca para saber cuándo un asunto preocupa en las filas del PP: sólo hay que escuchar a ediles y dirigentes locales repetiendo los argumentarios de Pedro Arriola. En las pocas horas que han pasado desde que los dos grandes partidos se desmoronaron y Podemos se convirtió en la cuarta fuerza electoral de España -llamarlos partido es aún prematuro- se han escuchado todo tipo de descalificaciones hacia la formación, hacia su cabeza visible e incluso hacia quienes el domingo decidieron votarlos: al parecer millón doscientos mil irresponsables.

En esto ha habido matices. Arriola recomendaba comparar a Pablo Iglesias con Jesús Gil, con un par de analogías que serían desternillantes sino fuera porque quienes las repiten lo hacen con el rictus serio: el GIL tomó el nombre de su líder, Podemos puso la cara de su candidato en la papeleta; Podemos propone una auditoría sobre la deuda pública antes de afrontarla, Gil no le pagaba a los proveedores del Ayuntamiento. Pero hubo, como siempre, quien se pasó con los matices. A Esperanza Oña la comparación con Gil se le quedó corta y llegó hasta Hitler. Como se repita la cosecha de votos en las municipales habrá que irse preparando para invadir Polonia.

La reacción en otros sectores de lo que los dirigentes de Podemos llaman ‘la casta’ no ha hecho más que contribuir a que se piense que no están muy errados. No en el PSOE, donde saben que no pueden insultar a su electorado natural sino intentar recuperarlo mientras simulan celebrar que su líder andaluza se haya convertido en la tuerta en el partido de los ciegos, sino en Izquierda Unida, algunos de cuyos dirigentes no han sabido disimular su disgusto porque unos advenedizos les hayan levantado una gran parte de la cosecha justo a ellos que llevan tanto tiempo sembrando.

Resulta tierno ver a los dirigentes políticos, y a algunos tertulianos, preocupados porque el programa de Podemos es de imposible cumplimiento -¿es que algún partido ha cumplido alguna vez con un programa?- o protestando porque Pablo Iglesias sale mucho en la tele, como si una forma de pensar que, como se ha visto, representa a más de un millón de personas debiera estar condenada al ostracismo mediático. Si todo se reduce a aparecer en la televisión, y no a haber sabido representar la frustración frente a la situación económica y el hartazgo con los partidos, Belén Esteban perdió una gran oportunidad al no presentar candidatura.

La irrupción electoral de Podemos es producto de haber transformado esa frustración y ese hartazgo en un discurso político. Supieron cómo hacerlo. No en vano entre sus principales dirigentes hay varios profesores de Ciencias Políticas y, que se sepa, ningún experto en Protocolo.

Lo que sucedió el domingo no se reduce a Podemos, porque también fueron excelentes los resultados cosechados por Ciudadanos y por Equo. Pero en lugar de atacar la enfermedad, los partidos y sus voceros han decidido criticar al síntoma. O están cómodos actuando como malos médicos o es que no saben hacer otra cosa.

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Memoria
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Héctor Barbotta | 29-05-2014 | 15:46| 0

 

El recuerdo ya está presente en las miles de viviendas irregulares sobre las que aún pesan cargas urbanísticas y en la trampa legal que heredaron propietarios y compradores.
Está todos los días en cada centro de salud colapsado porque durante 15 años no hubo suelo municipal para construir nuevos, en cada colegio en el que no hubo mantenimiento, en el retraso secular del mapa escolar.
El recuerdo vive en un ayuntamiento vaciado de recursos y endeudado para los próximos 40 años en los que pensar en inversiones importantes será una quimera. Sigue vivo en cada uno de los exconcejales condenados por prevaricación, por malversación, por apropiación indebida, por delito urbanístico.
Está presente en Julián Muñoz, el personaje que él mismo eligió para sucederlo y que se convirtió en el reo con el mayor récord personal de condenas en España: 56. Los vecinos de Marbella también pueden recordarlo en las figuras esperpénticas de Marisol Yagüe, de Isabel García Marcos, de Pedro Román, de Juan Antonio Roca y de cada uno de los exconcejalea condenados o prófugos.
Su recuerdo permanece en los más de 300 millones de euros que posiblemente el Ayuntamiento de Marbella nunca recupere aunque estén reflejados en las sentencias que los juzgados han ido dictando y que constituyen el testimonio escrito de 15 años de descaro y latrocinio.
Su figura está presente en la sentencia del Tribunal de Cuentas que obliga a sus herederos a devolver al Ayuntamiento de Marbella más de 100 millones de euros, en la herencia de un cementerio embargado hasta hace no mucho por la Liga Profesional de Fútbol y en las acciones del Atlético de Madrid que a punto estuvieron de pasar a engrosar el devastado patrimonio municipal.
Su recuerdo está presente en cada zona verde perdida, en cada duna arrasada, en cada porción de arena inundada por el cemento, en el prestigio perdido y muy trabajosamente recuperado.
Es verdad que nadie en Marbella recuerda haberlo votado, pero ello no significa que no se lo recuerde.
Por eso, si el Atlético de Madrid consigue el triunfo el sábado por la noche no será necesario, ni oportuno, ni decente que ningún directivo, entrenador o jugador recuerde la figura de Jesús Gil. En Marbella ya se lo recuerda suficientemente.

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Hormonas
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Héctor Barbotta | 21-05-2014 | 19:55| 0

Seguramente existen innumerables posibles móviles para cometer un crimen, pero si se analizan en profundidad las páginas de sucesos de los periódicos, y aun los programas que se ensañan durante meses en analizar lo que apenas tiene recorrido para un par de emisiones, podríamos concluir que no hay más motivaciones que dos: el dinero y la pasión. Esta en todas sus vertientes, incluidas las más indeseables.
Hubo alguna vez abogados de criminales que estructuraron las defensas con el argumento de que sus clientes eran psicópatas, y por lo tanto enajenados, pero este tipo de estrategia rara vez llega a buen puerto. Si hubiese que quitar de las cárceles a todos los psicópatas, en las prisiones del mundo habría celdas vacías, los hospitales psiquiátricos estarían abarrotados y las calles serían invivibles.
La semana pasada, el abogado de Isabel Pantoja intentó una defensa en esa línea para intentar exculpar el comportamiento de su cliente, que según la sentencia que ahora revisa el Supremo se prestó a participar en las operaciones que su pareja de entonces, Julián Muñoz, ejecutaba con más falta de escrúpulos que inteligencia para intentar ocultar el dinero que habitualmente robaba a los vecinos de Marbella.
Según este abogado, que no hace más que su trabajo, la cantante procedió de esta manera no porque sea una psicópata, sino porque la hormona provocada por su amor hacia Julián Muñoz le impedía ver la verdad sobre qué hacía su compañero.
Es posible que esta estrategia de defensa, aunque seguramente con pocas posibilidades de prosperar, tenga algún tipo de sustento, según la tesis que –sin ninguna intención de aludir al ‘caso Pantoja’– mantuvo el pasado martes en una brillante conferencia en el Aula de Cultura de Sur el psicólogo Carlos Odriozola, que con cierta dosis de humor asimiló el enamoramiento a «un estado de enajenación mental transitoria» que dura entre dos años y dos años y medio.
No se sabe si el abogado de Pantoja sustentó su estrategia en esta teoría, pero ya se sabe que si se exculpa a los psicópatas y a los apasionados solo nos quedarían en la cárcel los enamorados del dinero, que bien podrían ser una síntesis de los dos anteriores, y a los que delinquen por desesperación. Estos últimos son los que en una sociedad justa podrían tener una mejor defensa, pero su problema es que no pueden pagarse un abogado. Ni siquiera uno como el de Pantoja.

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Inundados
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Héctor Barbotta | 04-05-2014 | 10:09| 0

Es una suerte que la campaña lanzada por Greenpeace para advertir sobre lo que nos espera si no se hace nada contra el cambio climático sea eso: una campaña con ánimo de causar impacto y remover conciencias. Sin pretensión científica.

En otra época posiblemente hubiesen fichado a Oliviero Toscani, el fotógrafo a quien en los noventa Benetton dio plenos poderes con la única consigna de que hiciera lo necesario para que todo el mundo hablara de la marca. Pero veinte años después no es preciso invertir en un artista: basta con contar con alguien ducho en el manejo del Photoshop.

La nueva campaña de Greenpeace dibuja un paisaje apocalíptico, con ciudades como Marbella, San Sebastián o Benidorm anegadas por el crecimiento de las aguas como producto del deshielo del Ártico. Si no se para el calentamiento global, eso, o quizás algo muy parecido, es lo que, aseguran, podría esperarnos en el horizonte del año 2100. Pero de momento es una ficción y no un destino inexorable.

Posiblemente por ello, y porque Greenpeace ha olvidado una norma no escrita en publicidad que recuerda que repetir la fórmula de lo que ya causó gran impacto una vez es un camino seguro al fracaso, la campaña haya pasado sin pena ni gloria. Plagiarse a uno mismo da incluso peores resultados que copiar a otro.

Es posible que lo que plantea Greenpeace se produzca algún día si no se hace nada, pero en el fondo quizás sea bueno que nadie haya querido ver como viable el paisaje de una Marbella anegada. Porque de haber sido así hubiésemos tenido a Rajoy asegurando que a él no le preocupan las inundaciones, sino la economía, y a la Junta creando una Agencia Andaluza contra el Cambio Climático (no es seguro de que no exista ya), con su presidente, su director general, sus coches oficiales y sus funcionarios enchufados.

Tendríamos en sindicatos y asociaciones empresariales unos cursos de técnico superior de lucha contra el deshielo del Ártico con presupuesto librado y alumnos ficticios; al líder del PP andaluz implorando por la creación de una mesa bipartita PSOE-PP para prevenir inundaciones y a Izquierda Unida repartiendo salvavidas sin respetar los turnos. Tendríamos al Ayuntamiento de Marbella culpando a la Junta de la subida de las aguas y a la oposición municipal culpando a la alcaldesa. Y el agua hasta el cuello.

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¿Quién marca la agenda en Marbella?
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Héctor Barbotta | 29-04-2014 | 19:29| 0

La fallida propuesta municipal de permitir que se construyeran torres en altura en cinco zonas de la ciudad concluyó en los primeros días de enero cuando la alcaldesa, Ángeles Muñoz, en una inusual exhibición de reflejos políticos, abortó la iniciativa prácticamente antes de que naciera para evitar que la creciente oposición ciudadana, plasmada en la conformación de una plataforma, siguiera creciendo hasta explotarle en la cara. En aquella ocasión la alcaldesa se comportó como esos porteros de fútbol que por una distracción quedan mal parados en una jugada, pero salvan la situación de peligro con una estirada agónica.
Aquel episodio, en el que siguiendo con el símil deportivo el gobierno municipal estuvo a punto de marcarse un gol en propia meta que sólo evitó una intervención providencial de su jugador franquicia, tuvo efectos secundarios que seguramente no se sospecharon en su momento.
Por un lado dejó en evidencia que la balsa de aguas planas sobre las que durante casi siete años había navegado el equipo de gobierno municipal había comenzado a moverse. Por el otro, despertó en vecinos individuales y en colectivos ciudadanos la percepción de lo fácil que resulta hacerse oír a poco que se organizan y hacen un uso más o menos apropiado de los altavoces que ofrecen las redes sociales y también los medios de comunicación.
Desde estas páginas ya se caracterizó en su día a la plataforma contra los rascacielos como un colectivo heterogéneo en el que convivían personas con diferentes criterios ideológicos y también con distintas motivaciones a la hora de sumarse a ese empeño. Pero el hecho de que esa heterogeneidad no permitiera vaticinar que el colectivo constituido para un fin concreto pudiera transformarse en una alternativa electoral fue leído erróneamente por parte del equipo de gobierno como una garantía de que el episodio de los rascacielos no tendría consecuencias políticas sólo porque la alcaldesa había salvado la situación con unos reflejos propios de un portero de primera división.
Ese error de apreciación fue mayúsculo, porque una vez más, desnudando sus propias carencias, desde el mundo de la política institucional se confundió ausencia de consecuencias electorales con ausencia de consecuencias políticas. Y no es lo mismo. Así lo demuestra la evidencia que desde entonces se han producido dos circunstancias que conjugadas han conformado una situación que posiblemente deberían preocupar a Ángeles Muñoz y a su equipo: por un lado, han surgido nuevas plataformas ciudadanas que han movilizado a personas por reivindicaciones contrarias a iniciativas del Ayuntamiento. Por el otro, el gobierno municipal no ha sabido situar ante la opinión pública ningún proyecto, ninguna iniciativa, ninguna línea que marque la agenda política de la ciudad. Por el contrario, si se repasa qué temas han estado en el centro del debate en las últimas semanas sólo aparecen cuestiones que han puesto al gobierno municipal a la defensiva: desde la tala de árboles en el centro hasta la intención de construir una estación de autobuses frente a un colegio público; desde el reciente informe de la Cámara de Cuentas hasta el debate sobre el acuerdo de lindes con Benahavís que ahora renace cuatro años después, pasando por la campaña montada sobre una pretendida maniobra de evasión fiscal sobre la que ningún medio relevante encontró la sustancia suficiente que pudiera permitir considerarla noticia. Haría mal el equipo de gobierno, y en concreto la alcaldesa, si confundiera haber salido indemne de esas situaciones con haber recuperado la iniciativa.
Las respuestas ofrecidas ante las advertencias de la Cámara de Cuentas –no se envió la información requerida porque era muy voluminosa– o a la Junta ante la paralización del acuerdo de lindes con Benahavís –se creía que el expediente estaba resuelto cuando en realidad apenas había comenzado a tramitarse– revelan al menos problemas de organización que a estas alturas difícilmente pueden considerarse aceptables.
Pero el mayor problema del equipo de gobierno municipal no es ese, sino otro más relevante desde el punto de vista político: no ha podido situar ni un solo tema en la agenda pública en los últimos meses, y a un año de las elecciones municipales esa no es una dificultad menor.
Encarar el año que resta para los comicios con el único discurso de que se han reorganizado las cuentas municipales y que la otra opción solo ofrece, por su propia composición, un horizonte de inestabilidad no parece constituir ninguna garantía para afrontar el futuro. Más bien puede invitar a recordar que los proyectos y los discursos nunca están quietos. O se renuevan o se agotan.

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Hoteles y olivos
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Héctor Barbotta | 09-04-2014 | 18:33| 0

Cuando en julio de 2009 la ciudad de Marbella se propuso para albergar una eliminatoria de la Copa Davis, tuvo que confrontar su candidatura con otra que presentaba la isla de Mallorca y que estaba financiada por empresarios de la industria turística local.
Finalmente la propuesta impulsada por el Ayuntamiento de Marbella y financiada en su mayor parte con fondos de la entonces Consejería de Turismo y Deportes de la Junta de Andalucía consiguió la aprobación de la Federación de Tenis, pero quedó en el aire qué hubiese pasado si en lugar de contar con fondos públicos de instituciones que por entonces, al inicio de la crisis, todavía se permitían este tipo de alegrías, Marbella hubiese tenido que contraponer a la candidatura de los empresarios baleares una propuesta también impulsada desde el sector privado. La misma incógnita que sobrevuela sobre cuál sería la suerte Patronato de Turismo si no contara con financiación pública.
Más recientemente, invitado por la asociación empresarial de Marbella a participar en un foro, el fundador de Mayoral, el malagueño Rafael Domínguez, evitó con una franqueza poco habitual concluir su intervención con una palmadita en el hombro de sus anfitriones y optó por lanzar una pregunta que por sincera resultó incómoda. ¿Por qué no hay entre las principales cadenas hoteleras de España ni una sola que haya brotado en Marbella?
La pregunta bien podría haber sido extensiva a toda la Costa del Sol. Mientras que el negocio hotelero español nacido al albur del despegue de los años sesenta y que un par de décadas atrás se lanzó con éxito a la conquista del Caribe tiene su origen en las islas Baleares y en las Canarias, la Costa del Sol, con las mismas posibilidades de inicio e idéntica potencialidad de proyección, no fue capaz de transformar ninguno de sus establecimientos originales en un grupo con posibilidades de competir globalmente.
Por el contrario, las grandes cadenas, las españolas y las extranjeras, sí vieron en el litoral de Málaga un campo abonado para ampliar legítimamente su negocio.
Ahora, otro sector clave en la economía de la provincia y de la región, el olivarero, se enfrenta a una ofensiva con la que, legítimamente, el principal competidor de España en mercado del aceite de oliva aspira a quedarse con la porción decisiva en la comercialización del sector. Y cabe esperar que dentro de algunos años no haya un conferenciante franco y sincero que se pregunte por qué, con este mar de olivos que cubre el paisaje desde Sevilla hasta Jaén, el negocio global del aceite habla con acento italiano.

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Putin, Crimea, Marbella
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Héctor Barbotta | 24-03-2014 | 13:03| 0

P utin a enviado a sus militares a que pongan sus botas sobre Crimea, donde la parte de la población que se siente libre para expresar sus opiniones parece entusiasmada con la idea de volver a la Madre Rusia. Mientras tanto, la Unión Europea se prepara para exhibir su debilidad con la puesta en marcha de unas sanciones que le laven la cara y le permitan salir del paso.
Hay quien teme que la escalada anexionista no se detenga allí, y posiblemente sea pronto para preguntarse en qué momento los ucranianos comenzarán a arrepentirse de haber enarbolado la bandera azul de estrellas amarillas para iniciar una rebelión que si las cosas se ponen feas no tendrá en esa bandera más que un estéril respaldo simbólico.
Aprobada la anexión, nadie en su sano juicio y con un mínimo sentido del realismo ve en el horizonte un eventual retroceso en la política de Putin, y ahora la tarea consiste en adivinar si la Unión Europea será capaz de ponerse de acuerdo en qué sanciones va a aplicar para asear su imagen en una batalla que tiene perdida de antemano. Así como Alemania y su entorno en Centroeuropa no parecen dispuestos a poner en peligro su suministro de gas, el resto de los países también alberga intereses en relación con la economía rusa cuyos gobiernos tienen la obligación de defender.
En los últimos años, la llegada de turistas, de inversores y de compradores de viviendas procedentes de Rusia ha supuesto un balón de oxígeno para el sector turístico, para el inmobiliario y para el comercio de la Costa del Sol, especialmente para Marbella. El horizonte que el mercado más allá de los Urales abre para esta zona, con el potencial de 140 millones de habitantes, cuya economía no muestra signos de debilidad y que ven el litoral del sur de España todo lo que echan de menos en su país –sol, seguridad jurídica, servicios y colegios internacionales para sus hijos– solo encuentra nubarrones en las trabas administrativas y los prejuicios que poco a poco comienzan a superarse.
Pero ahora sobrevuela la sombra de unas eventuales sanciones que se saben inútiles desde el inicio, y que sin embargo pueden tener un efecto devastador no en el Kremlin, sino en Marbella y su entorno. Cualquier medida que afecte a visados, a transferencias bancarias o a intercambios turísticos o comerciales serían letales para una sector que, como advierten los últimos indicadores, comienza a levantar después de años de desesperanza.
Es posible que Putin merezca una patada. Pero habrá que confiar en que el gobierno español no sea tan pusilánime como para admitir que la Unión Europea se la termine dando en el culo de la Costa del Sol.

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Se buscan ideas
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Héctor Barbotta | 10-03-2014 | 16:35| 0

El fin de semana anterior, durante la celebración en Sevilla del XIV congreso del Partido Popular andaluz era fácil distinguir a los miembros de la delegación anfitriona de quienes pertenecían a la más numerosa, llegada desde Málaga. Los primeros no disimulaban su disgusto con el resultado del proceso anterior al congreso y cocinado en los despachos de la calle Génova y que puso a un malagueño al frente del partido, los segundos no ocultaban su satisfacción con sonrisas que en algunos casos no cabían en las caras.

Ya por la noche, tras el primer discurso del todavía único candidato, algunas de esas sonrisas se habían borrado. Se esperaba un discurso arrollador, una catarata de ideas de quien se decía que llevaba toda la vida preparándose para eso, una intervención contundente que borrara una semana catastrófica de sobreexposición mediática y continuos pasos en falso, pero no hubo nada de eso en un discurso que podría resumirse en pulgar en alto y sonrisa optimista. El diagnóstico conocido y ninguna idea. Poca cosa para intentar el asalto a una fortaleza política asentada durante más de treinta años.

Hay quienes creen que el mayor problema de la política actual es la corrupción, la confusión entre los intereses de la población y los intereses de los partidos, la distancia entre representantes y representados, la incapacidad para leer cuáles son las necesidades y aspiraciones de los votantes, las grandes empresas que parecen controlarlo todo y cuyos consejos de administración constituyen el plan de jubilación al que parece aspirar todo alto cargo que se precie  o el funcionamiento cerrado de los partidos que los acaba convirtiendo en cotos blindados a la entrada de aire fresco y controlados por burócratas que llevan toda la vida en eso.

Aunque haya motivos sobrados para pensar que todo ello sea cierto, aún con la prevención de que toda generalización implica una inevitable dosis de injusticia, seguramente el mayor problema de la política actual reside en otro lado: la falta de ideas.

Esta semana se conocieron las cifras del paro, con datos a primera vista contradictoriosy que invitaban a una reflexión profunda, al menos a abrir la cabeza antes de abrir la boca, y sin embargo hubo todo lo contrario. Repasemos: el desempleo creció testimonialmente en el conjunto de España, pero subió en Andalucía, subió proporcionalmente más en la provincia de Málaga y proporcionalmente mucho más en Marbella.

A falta de soluciones es oportuno contar con un estudiado protocolo que permita echar culpas y por eso  las reacciones no se hicieron esperar. Desde el PP no se demoró mucho en contrastar el supuesto buen dato nacional con el mal dato andaluz; desde el PSOE se recordó que una bajada testimonial frente a una situación sangrante no es para tirar cohetes. En Marbella tuvimos nuestra propia cuota de oportunismo: el PSOE pidió explicaciones a la alcaldesa por los 548 nuevos parados, y el equipo de gobierno municipal recordó que las competencias de empleo corresponden a la Junta. No es muy osado adelantar que hay 548 personas a las que ese debate se la trae al pairo.

Así como España siempre sufre, bajo gobierno de cualquier signo, una tasa de desempleo muy por encima de su entorno –aquí celebrábamos un 10 cuando en el resto de Europa era el cinco, ahora sufrimos un 26 cuando en Europa ronda el 10-, la ciudad de Marbella presenta la situación contraria: 24 por ciento ante el 36 del conjunto de la provincia de Málaga. Ningún político local debería vanagloriarse de ello, sino asumir que alcanzar cifras que nos alejen del sonrojo no está tan lejos como en otros municipios del entorno y que la ciudad debería asumir ese desafío como una tarea colectiva que la puede situar como referencia.

Los problemas que no se afrontan como desafíos son los que se enquistan para siempre.  Marbella puede plantearse asumir el reto, y para ello necesita que los argumentarios conocidos y repetidos comiencen a dejar lugar a las ideas.

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