Diario Sur

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Encuestas
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Héctor Barbotta | 29-09-2014 | 10:04| 1

La Mancomunidad de la Costa del Sol acaba de reformar sus estatutos para suprimir el principio de un municipio un voto con el que se ha regido desde su creación para reemplazarlo por un sistema proporcional en función del número de habitantes. Hay quien sospecha que en ello han tenido mucho que ver las encuestas que vaticinan un cambio de tendencia para las municipales del año que viene. Una motivación parecida a la que ha inspirado el proyectado cambio de la ley electoral con la que se pretende suprimir en los ayuntamientos el principio de la democracia parlamentaria para imponer en su lugar un régimen presidencialista en el que la mayoría, milagros de las matemáticas, se puede alcanzar con menos del 50 por ciento.
Hace ya mucho tiempo que la política dejó de ser aquella actividad en la que un dirigente admitía que si la mayor parte de la sociedad ya no compartía sus principios era mejor comenzar a prepararse para que votaran a otro. Cuando la sociología y la demoscopia irrumpieron en la cotidianidad de los partidos eran un buen instrumento para diseñar estrategias, detectar en qué distrito había que hacer un mayor esfuerzo e incluso adelantarse a los acontecimientos con lecturas anticipadas de las demandas sociales, pero hace ya tiempo que las encuestas aconsejan no en qué momento presentar una proyecto o modular un discurso, sino proclamar unos principios. Marxismo rama Groucho: Tengo estos, pero si los sondeos no me acompañan tengo estos otros.
Ahí tenemos el mal llamado caso Gallardón. Hay quien pueda creer que la adecuación de las iniciativas gubernamentales a lo que dicen las encuestas es la quintaesencia de la democracia, pero ¿quién puede fiarse de quien instala un debate que iguala a las mujeres que abortan poco menos que con asesinos de niños y de un día para otro cambia de opinión porque los sondeos no le acompañan?
Los acontecimientos de los últimos días parecen invitar a a pensar que el diseño de la gran política se hace a partir de sondeos de opinión. Pero si fuera así habría que preguntarse quién le vendió al Gobierno una encuesta de la que salió que esta sociedad demandaba un cambio en la ley del aborto que sólo conformaba a quienes no entienden que sus principios morales o religiosos no pueden regir la vida de los demás como si estuviésemos en Irán o en el califato islámico.
Por ello quizás sea más acertado dejarse llevar por una teoría inspirada en la paranoia conspirativa, y que sugiere que lo sucedido en torno al fallido proyecto no fue más que una maniobra urdida para dejar al desnudo la verdadera naturaleza de Gallardón y destruir su imagen de liberal progresista. Rasputín no lo hubiera hecho mejor.
Gobernar no sobre la base de principios o de programas sino según el vaivén de los sondeos puede entenderse como democrático, una especie de asambleismo ciudadano permanente. Ahora sólo cabe esperar una encuesta sobre la reforma laboral, la subida del IVA o los recortes sanitarios. Pero sobre eso nunca preguntan.

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¿Marbellíes o marbelleros?
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Héctor Barbotta | 15-09-2014 | 11:12| 2

Una ciudad y, al menos, dos gentilicios. No son habituales los casos donde exista un debate abierto acerca de cómo debe llamarse a quienes han nacido o viven en un determinado lugar, e incluso que distingan con diferentes gentilicios a los naturales y a los implantados. Quizás deba adjudicarse a Marbella como una más de sus múltiples singularidades el hecho de que convivan dos gentilicios: marbellí y marbellero.

Los más antiguos del lugar aseguran que ya en los años cincuenta, y aún antes, era natural llamar marbelleros a quienes vivían en el entonces pueblo de 10.000 habitantes con pasado agrícola e industrial y que comenzaba, incipientemente, a abrirse al turismo. Y que no fue hasta la llegada en avalancha de nuevos residentes atraídos por la actividad que generaba el turismo y a la adopción de Marbella como propia por parte de múltiples colonias extranjeras cuando el término marbellí comenzó a implantarse con fuerza, desplazando al que los vecinos autóctonos consideraban como propio.

El debate sobre el gentilicio que le corresponde a la ciudad aún levanta pasiones y hay quien cree que no se trata de un asunto inocente. Por lo menos por parte de quienes se empeñan en mantener unas señas de identidad que se han ido desdibujando con el paso del tiempo y el crecimiento demográfico.

 

Sin embargo, para los más documentados estas no son más que bobadas. El desaparecido historiador Fernando Alcalá, nombrado Hijo Predilecto de la ciudad a título póstumo y autor de varias de las obras de referencia en la historia de la ciudad, atribuía esta diferenciación entre marbellero y marbellí a un artículo publicado en el diario ABC en el año 1958 por el periodista chileno Víctor de la Serna, quien al parecer habría hecho referencia a sus propias vivencias como turista en aquella época y a los testimonios recogidos entonces.

Sin embargo, el término marbellí es más antiguo de lo que se cree. En su obra Crónica de Marbella, Alcalá recuerda que el historiador malagueño Francisco Guillén Robles (1846-1926) ya denominaba ‘marbellíes’ a los pobladores de la época musulmana, gentilicio que “ha desplazado de los diccionarios a los tradicionales ‘marbelleros’ (voz popular) y ‘marbellense’ (voz culta), con los que los naturales de Marbella se han nombrado durante los últimos siglos”.

 

Para el historiador Francisco Moreno, el debate entre marbellí y marbellero está superado, y más aún la distinción entre los autóctonos y los foráneos. En su opinión, el gentilicio correcto, aunque en desuso, es ‘marbellense’. De hecho, es así como Moreno ha denominado a su blog, donde propone debates sobre temas relativos a la historia de la ciudad.

 

Francisco Moyano, profesor, articulista y también apasionado de la historia de Marbella, recuerda que es ‘marbellí’ el término que figura en los diccionarios clásicos de gentilicios, y que ya en la época musulmana era de esa manera como se denominaba a la uva que crecía en esta tierra. Sin embargo, recuerda que ya desde pequeño, en los años sesenta, escuchaba a su abuela referirse de esta manera a los vecinos de Marbella: “Nosotros, los marbelleros”.

 

 

 

 

Inasequible a las creencias populares, el diccionario de la Real Academia de la Lengua sólo reconoce un término, marbellí, que no hace distinción entre ‘natural de Marbella’ o ‘perteneciente o relativo a esa ciudad’. Y en los últimos años es ése el término que se utiliza de forma ampliamente mayoritaria. Pero ello no parece suficiente para que muchos vecinos se avengan a abandonar el término con el que, según recuerdan, se vienen llamando a sí mismos desde que tienen uso de razón. Hay marbelleros que se resisten a dejar de serlo.

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Cómplices, no víctimas
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Héctor Barbotta | 12-09-2014 | 09:54| 0

Posiblemente lo peor del caso Pujol no sea el volumen del fraude, cuyas dimensiones están todavía por descubrirse, ni la desazón que sienten quienes tenían a esa figura como un referente moral, ni el tufo a que esto ya se sabía desde hace tiempo pero se ha decidido sacarlo a la luz en el momento oportuno, ni la contumaz persistencia con la que los protagonistas de la historia se empeñan en seguir tomándole el pelo al personal. Lo peor es la manera en que quienes han participado de esta inmoralidad mayúscula, en esta estafa económica, pero también política y ética, se están llevando las manos a la cabeza, fariseos, con cara de yo-no-sabía-nada, como si todo este asunto los cogiera por sorpresa. Como si la fortuna descomunal de un mandatario que ha ocupado el sillón durante más de dos décadas, exhibida impúdicamente por su familia durante todo este tiempo, se pudiera haber labrado sin tejer una red de complicidades dentro y fuera de su partido y también dentro y fuera de la política.

Por eso no se sabe si es peor que Felipe González insista en defender lo indefendible o que otros cómplices levanten el dedo acusador, como si el tema no fuese con ellos, o guarden sospechoso silencio.

 

Llegados a este punto, inspira cierta nostalgia la candidez con la que se recibió en su día el ‘caso Malaya’, considerado entonces el mayor caso de corrupción política en España y que lamentablemente se ha revelado no mucho tiempo después como una marca más, y no la más importante, del sarampión de corrupción que afecta a un cuerpo entero que además no parece tener interés alguno en crear los anticuerpos que permitan sanar de una vez y para siempre.

Ahora, cuando se empieza a conocer que la fortuna oculta del exhonorable podría proceder del supuesto cobro de comisiones a las empresas que optaban a obras públicas (¿de dónde si no?), se pretende presentar a los cobradores como los únicos villanos de la historia, y a los pagadores como víctimas de una extorsión que los inmuniza ante la justicia y ante la historia.

Pero ‘Malaya’ nos ha enseñado que sólo cuando se pone en un mismo plano a quienes cobraron y a quienes pagaron, a los sobornados y a los sobornadores que prefirieron participar del delito y beneficiarse de él en lugar de denunciarlo, se puede erradicar de cuajo un sistema que tiene a los ciudadanos de a pie como únicas y excluyentes víctimas. Si no se hace así, a los sobornadores sólo les quedará esperar a que pase la tormenta y preguntar dónde está la siguiente ventanilla a la que deben dirigirse.

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Los reyes y Marbella
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Héctor Barbotta | 04-09-2014 | 19:03| 2

Buena parte de los vecinos de Marbella está que trina. Después de que el rey saliente dejara el trono sin hacer nada que desmintiera a quienes aseguraban que sufría algo parecido a la alergia a que se lo viera por Marbella, se esperaba que el nuevo monarca abriera una nueva época con una visita, oficial o no, a la perla de la Costa del Sol en cuanto se presentara la primera oportunidad. Por eso ha habido algo más que desazón tras conocerse que el foro Estados Unidos-España, que se celebrará durante este semana en el hotel Don Carlos, tendrá un único acto fuera de Marbella: la cena inaugural, que se hará en Málaga. Precisamente el acto al que asistirán los reyes.
Por ello no ha faltado quien ha visto en esta circunstancia una línea de continuidad con los gestos desconsiderados del rey saliente que han quedado para la historia, como las visitas secretas sin focos ni cámaras al rey Fahd en su palacio de la Milla de Oro o el episodio con Michelle Obama, cuando la Casa Real violentó el protocolo e hizo viajar a la primera dama norteamericana desde la Costa del Sol, donde pasaba sus vacaciones, a Palma de Mallorca para entrevistarse ahí con Juan Carlos, el monarca que veraneaba todos los años en Mallorca y que culminó su reinado sin una sola visita oficial a Marbella.
Por eso ante la presencia de mañana de los reyes en Málaga, en Marbella se ha recordado este desencuentro: ¿Por qué un evento que se celebra en Marbella organiza su único acto con presencia real en la capital de la provincia?
Sin embargo, el acto de este viernes no podrá sumarse a la lista de agravios protocolarios, ni puede decirse que a Marbella le haya sido arrebatado un acto con presencia real. Por el contrario, ha ganado un evento de primer nivel internacional que en principio había sido conseguido por la ciudad de Málaga. Quienes han estado cerca de la génesis del foro revelan que fue el empeño del alcalde de la capital de la provincia, Francisco de la Torre, el que consiguió traerse el encuentro hispano-norteamericano, y que ese triunfo estuvo a punto de convertirse en sonora derrota cuando los organizadores no encontraron en Málaga oferta hotelera de calidad suficiente que cubriera sus expectativas. Fue entonces cuando se recurrió a Marbella y su infraestructura turística para que el evento no se perdiera, y Málaga conservó el acto de mayor repercusión mediática y con presencia de los reyes.
Una situación que, en suma, permite mantener el crédito abierto para el monarca que está dando sus primeros pasos y alienta sobre todo a trabajar más en la línea de la colaboración fructífera entre las dos principales ciudades de la provincia, lejos del fomento de agravios absurdos.

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Ni pasarse ni quedarse corto
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Héctor Barbotta | 27-08-2014 | 15:19| 0

Hay quien dice, no sin razón, que no hay lugar como Marbella para vivir once meses al año. La excepción es agosto, cuando afortunadamente se llena de visitantes –este año más que nunca, como en las buenas épocas– y uno comprende cómo se vive en la ciudades del atasco permanente. Uno entiende también que los colapsos de tráfico que sufre, por ejemplo, Madrid no sólo están motivados en el volumen de coches y en el trasiego de millones de personas cada día, sino en la nivel de civismo que impera al volante. A más prepotencia y más impulso por llevarse por delante prójimo y normas, más posibilidad de quedarse atascado. La impaciencia al volante nunca es buena, pero en vacaciones es absurda y llega a inspirar lástima.

Es una suerte que toda esta gente venga cada verano por aquí, y es muy deseable que lo siga haciendo. Pero no deja de ser una pena que Marbella no sea un destino lo suficientemente relajante como para que todos los visitantes olviden el estrés con el que seguramente viven los otros once meses del año.

Pero más allá del incivismo, es también  en estos días, en los que la circulación se colapsa en varios puntos y en diferentes horas, cuando quedan al desnudo los problemas estructurales que la crisis de los últimos años contribuyó a disimular, pero que con el renacer al menos del turismo y al menos en esta ciudad están volviendo a quedar en evidencia.

Es verdad que Marbella se fue configurando alrededor de una carretera, con más codicia,  improvisación y autocomplacencia que planificación y que ahora parece ser demasiado tarde para arbitrar soluciones que no tengan en una radical apuesta por el transporte público su eje y epicentro. Pero ello no significa que haya que resignarse a que agosto sea irremediablemente cada año el mes en el que además de turistas –todos y cada uno de ellos deseados y bienvenidos– importamos atascos insoportables y colas interminables en las paradas de taxis.

Por ello resulta incomprensible que sea precisamente en estos días cuando algunas iniciativas de las instituciones públicas en lugar de ayudar a hacer más llevadera la situación parezcan dirigidas a todo lo contrario. Esta semana hubo una actuación municipal en una calle del centro, al parecer inaplazable, según se explicó, que convirtió la zona en una ratonera durante varias horas. Pero eso no es lo peor. Ya van varios días en los que se ven aparatosos operativos policiales, con controles rigurosos, exhibición de armas largas y atascos prolongados sobre los que no se da más explicación que se trata de controles rutinarios y disuasorios.

Es evidente que la seguridad hay que cuidarla siempre y que si hay un momento del año en el que el celo debe aumentarse es precisamente en éste. Pero no dejan de resultar chocante esos operativos que causan trastornos que parecen algo más que simple rutina. Si está pasando algo, quizás hasta sea demasiado poco, pero si no pasa nada quizás sea demasiado.

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Gaza, Israel, judíos
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Héctor Barbotta | 30-07-2014 | 17:36| 1

La injustificable masacre que el ejército israelí está perpetrando estos días en Gaza ha sacado a pasear todos los prejuicios, la desinformación y la incultura desde la que se suele abordar el conflicto de Medio Oriente, en el que como si no hubiera ya suficientes odios autóctonos hacemos lo posible para aportar los nuestros.

No hace falta vivir en Marbella, una tierra que no pocos árabes han adoptado como propia y donde existe una importante comunidad judía que afortunadamente también ha hecho de ésta su casa, para adivinar que el conflicto que estos días se manifiesta en una matanza intolerable es geopolítico e histórico, pero nada tiene que ver con maldades intrínsecas que se pretende adjudicar a uno u otro pueblo.

Una persona a la que se le supone un mínimo de formación celebraba ayer en Tuiter que los Reyes Católicos expulsaran a los judíos de España hace 500 años, y esa muestra de incultura -la celebración de una tragedia cuyas consecuencias (entre las que el antisemitismo ancestral no es el menor) todavía se sufren en nuestros días- sería sólo una anécdota si no constituyera el ejemplo palmario de un fenómeno que no por triste deja de ser sorprendente.

En este país a veces parece que no hay asunto que no deba abordarse desde la dicotomía guerracivilista  izquierda-derecha, aunque ello obligue a caer en terribles contradicciones. Los prejuicios antisemitas que sin pudor alguno suele exhibir la progresía  en cuanto sucesos como los de estos días le dan vía libre para ello demuestran hasta qué punto no es sólo la derecha más rancia la que atesora la herencia cultural del franquismo. Resulta sorprendente la facilidad con la que se despotrica contra lo judío –sin distinguir en todo caso entre judíos e israelíes, entre el pueblo hebreo y el gobierno del Estado de Israel–, como si David Ricardo, Carlos Marx, Sigmund Freud, Claude Levi-Strauss, Franz Kafka, Alfred Einstein Charles Chaplin o Woody Allen estuvieran operando los drones desde los que se bombardea a una población indefensa.

El impulso lógico es alinearse con el más débil. Las imágenes de los niños asesinados por las bombas israelíes empujan a ello. Pero la memoria de los atentados indiscriminados de Hamás deberían recordarnos que en esta guerra las diferencias no son morales, sino sólo de capacidad de fuego. Y que la mejor aportación que se puede hacer no es reproducir y alimentar el odio, sino buscar caminos de entendimiento.

Parte del problema es que solemos mirar hacia Oriente Medio desde una presunta atalaya de superioridad moral, pero un país donde se sigue utilizando la expresión ‘perro judío’ como el peor insulto posible seguramente tiene pocas lecciones para impartir en las asignaturas de convivencia, educación y respeto.

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Buena política y mala política
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Héctor Barbotta | 28-07-2014 | 10:12| 4

No se descubre la pólvora si se recuerda que la política, por méritos bien ganados por parte de quienes ejercen esa actividad que en alguna época supo ser noble, no pasa por su mejor momento en la consideración de los ciudadanos. No sólo por los escasos dirigentes que comienzan a pisar la cárcel y los muchos que deberían hacerlo, ni tampoco por los privilegios que se exhiben impúdicamente ante las personas de a pie que los sustentan. El desprestigio nace sobre todo de la burbuja aislada de la realidad social en la que parecen vivir muchos de quienes deberían estar más obligados que nadie a conocerla para intentar cambiarla, y en sus lógicas de poder que ignoran todo lo que no sean luchas sectarias para mantener puesto y privilegios y conseguir cada cuatro años el respaldo necesario para seguir cuatro años más.

Por eso resulta reconfortante que ocasionalmente, casi como si constituyera una anomalía, la política se reconcilie consigo misma y emita señales que permitan pensar que algunos de quienes cobran del dinero de todos se han ganado al menos el sueldo de ese mes.

La política ha exhibido esta semana esa buena cara en el acuerdo alcanzado para desbloquear las obras de ampliación del Hospital Costa del Sol, un entendimiento al que se llegó después de largos meses de pacientes negociaciones en las que se logró desenmarañar una madeja que tenía sus nudos más enrevesados en los aspectos legales del conflicto, pero que había ido creciendo durante demasiados años de política de corto alcance y sobre todo de desconfianza mutua.

Quienes siguieron de cerca esta larga y compleja negociación fijan uno de los puntos clave de este proceso en la llegada a la Consejería de Salud de su actual titular, María José Sánchez Rubio, que nada más hacerse con la cartera accedió a lo que su antecesora, María Jesús Montero, se había negado sistemáticamente: reunirse con la alcaldesa de Marbella, Ángeles Muñoz, y poner las bases de confianza sobre las que comenzar a trabajar en un acuerdo.

En el proceso, que se llevó con discreción máxima y con la participación clave del gerente del Hospital, Alfonso Gámez, todas las partes cedieron, incluida la sociedad concesionaria, con la que hasta el pasado miércoles la Junta todavía negociaba el importe de la indemnización que le correspondería como compensación por el lucro cesante durante los cuatro años de paralización.

 

Este periódico tuvo conocimiento de que se estaba cerca de llegar a un acuerdo el martes por la tarde. No fue hasta el miércoles cuando pudo confirmarlo en fuentes de ambas administraciones, que explicaron los detalles del acuerdo y destacaron, sobre todo, la buena voluntad exhibida por todas las partes. En ambas instituciones accedieron a confirmar la noticia con la precaución de advertir de que el convenio no estaba aún firmado y en la necesidad de mantener un consenso del que dependía que el acuerdo, que beneficiará a toda la población de la Costa del Sol, desde Manilva hasta Fuengirola, no se frustrara por cualquier cuestión de última hora.

Después de mantener una conversación con este periódico, en la que confirmó la información en todos sus extremos, un cargo de la Consejería de Salud en Málaga se puso en contacto con el portavoz socialista en Marbella, José Bernal, para comunicarle que se había alcanzado el acuerdo y que este periódico publicaría la noticia en su edición impresa del jueves y pedirle discreción hasta entonces. Una cuestión de cortesía entre compañeros de partido para que el dirigente socialista no se enterara por el periódico de un asunto trascendente que afectaba a la ciudad.

Tan pronto como tuvo esta comunicación, y pese a que le habían recomendado discreción, Bernal se puso en marcha. Filtró lo poco que le habían contado para inmediatamente enviar una nota de prensa en la que se felicitaba por el desbloqueo del proyecto y arremetía contra la alcaldesa, a la que acusaba de mala fe, y la responsabilizaba por la prolongada paralización de las obras.

La actitud de Bernal causó sorpresa e indignación en la propia Junta de Andalucía. El cargo de Salud que le había comunicado la noticia horas antes con la recomendación expresa de discreción reconoció a este periódico sentirse traicionado por su compañero de Marbella, y en las oficinas de la Consejería de Salud en Sevilla la indignación no fue menor, sobre todo porque durante algunas horas se temió que las prisas por obtener rédito político a costa de arremeter contra una de las artífices de un acuerdo que aún no se había firmado podía dar por tierra con el fruto de un año de trabajo. No fue hasta última hora, tras una comunicación directa entre ambas administraciones, cuando se tuvo la certeza de que el acuerdo seguía adelante.

No es la primera vez que la obsesión del candidato del PSOE a la Alcaldía por impedir que el Ayuntamiento y la Junta alcancen acuerdos que, a su entender, puedan alterar su estrategia pone en peligro los intereses de la ciudad, de sus vecinos y hasta de su partido. Semanas atrás, otra indiscreción de Bernal, aparentemnete también motivada en las prisas por conseguir rédito rápido, frustró las complejas negociaciones en las que el gobierno andaluz y el municipal exploraban la posibilidad de que el Ayuntamiento pagara con la financiación de infraestructuras su deuda con la Junta de Andalucía.

El acceso a información sensible parece haber convertido a Bernal en un personaje político más peligroso para su propia ciudad y su propio partido que un mono con escopeta. A estas alturas la incógnita reside en saber hacia dónde saldrá el próximo disparo. O si será capaz algún día de aprender a utilizar la escopeta.

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La gala de Michelin, mucho más que un guiño a la historia
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Héctor Barbotta | 21-07-2014 | 17:32| 0

Cuatro décadas atrás, cuando Marbella reunía siete estrellas Michelin, o algo antes, cuando el hotel Los Monteros se había convertido en el primero de España con dos estrellas –unos años antes había sido pionero en servir los desayunos con cubertería de plata– albergar un evento como la presentación para la Península Ibérica de la Guía Michelin posiblemente hubiese sido casi una rutina. Pero cuarenta años atrás ese evento no existía ni la ciudad había soportado la lluvia de desventuras y desvergüenza que mancilló su reputación y trastocó su modelo turístico. Por eso debe considerarse que la elección de Marbella como sede de la presentación de este año, que se celebrará el 19 de noviembre precisamente en el hotel Los Monteros, no es una buena noticia sino una noticia excepcional que no es que devuelva a Marbella al lugar de donde nunca debió salir, sino que demuestra que la ciudad camina en la dirección que le permitirá, si no volver a una época irrepetible, sí dirigirse a un destino nuevo pero acorde con lo mejor de su historia. La designación de Marbella por parte de Michelin se viene fraguando desde hace años y el origen de la idea hay que buscarlo en el restaurante El Lago, precisamente el establecimiento que en 2005 alumbró la primera estrella Michelin después de una larga noche en la que imagen de Marbella se asoció más a la ostentación hortera del nuevo rico que a la calidad y la distinción que construyeron su identidad mítica. Ya el año pasado, bajo el influjo de los responsables de ese restaurante, con Paco García y Diego del Río a la cabeza, se intentó, pero la candidatura de Bilbao, con todo el peso de la constelación de estrellas Michelin que atesora la gastronomía vasca, se impuso para llevarse el evento al Museo Guggenheim. Este año se competía con Valencia y Santiago de Compostela. Se sabe que son muchos los factores que la firma francesa, con su siglo de historia y experiencia a cuestas, sopesa a la hora de decidirse por una ciudad u otra. Cuenta la infraestructura, la calidad como plaza gastronómica, el respaldo institucional y también lo que en Michelin llaman un análisis de reputación. Un test que en otras épocas Marbella no hubiese siquiera podido soñar con afrontar y que ahora ha superado sin dificultades. Otras candidaturas, con sus propios escándalos a cuestas, no es seguro que puedan vanagloriarse de lo mismo, lo que en todo caso no debe ser motivo de celebración alguna. La gala se celebrará en Los Monteros, hotel que no ha sido elegido como sede como un guiño a su condición de establecimiento pionero en la gastronomía de calidad, sino como reconocimiento a su presente. Pero la designación, después de los avatares sufridos en los últimos años y a su casi milagrosa recuperación, tiene algo de justicia poética y funciona como metáfora de la recuperación que ha experimentado toda la ciudad. Según marca la tradición de este evento, los cocineros locales con estrella Michelin actuarán como anfitriones, en este caso tres de Marbella y uno de Málaga. Los tres marbellíes, salidos de La Cónsula, lo que debería servir al menos para que en algún despacho se tomaran un momento para reflexionar.

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Una mujer buena
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Héctor Barbotta | 16-07-2014 | 16:43| 0

Hay situaciones que sólo se producen en la Costa del Sol y que además ayudan a entender el lugar en el que vivimos. A veces tan desconocido.
Una paciente de Oncología del Hospital Costa del Sol ha aportado 80.000 euros para sufragar la ampliación de una planta del hospital donde se atiende a enfermos de cáncer y de la unidad de hematología en tratamiento ambulatorio. Se trata de personas sometidas a tratamientos de cierta complejidad y que deben ser monitorizadas, y la donación ha permitido que la capacidad de atención simultánea haya pasado de 22 a 36 pacientes.
No se trata de un gesto altruista del tipo que más se acostumbra en Marbella, donde sobre todo en verano florecen las galas benéficas en las que muchas veces parece tan importante aportar a una buena causa como ser visto y sobre todo fotografiado con las mejores galas. Esta ha sido una donación anónima, y de la buena mujer solo se sabe ha sido una paciente tratada de cáncer en el hospital y que su nacionalidad era británica. Esta paciente, octogenaria, fue atendida durante más de tres años de su enfermedad en el Costa del Sol y falleció hace algunos meses. Cuando se abrió su testamento se supo que legaba esa cantidad al centro sanitario donde había sido tratada. La próxima vez que alguien sienta la tentación de poner mala cara ante la gran cantidad de extranjeros que utilizan los servicios sanitarios en la Costa igual se lo debería pensar dos veces.
En un país y en una época en la que hasta el Tribunal de Cuentas, la institución pública que audita a todas las instituciones públicas, tendrá que ser sometida al control de un auditor externo y donde la sanidad pública merma por una continua política de recortes, ha venido una paciente británica, posiblemente con la memoria fresca de lo que pasó con la sanidad pública de su país durante la década tatcherista y con seguridad con una conciencia y una cultura de lo público que no abunda en estos lares, para recordarnos que lo de todos merece cuidado, atención y cariño.
El Hospital Costa del Sol tiene abandonada desde hace más de dos años, por la falta de entendimiento entre instituciones y una gestión absurda de los recursos públicos, una obra de ampliación que iba a permitir casi duplicar su capacidad e incorporar nuevos servicios. Es imposible que la donante anónima, que durante tres años acudió al hospital a tratarse de su dolencia, no haya observado las grúas inmóviles como mudos testimonios de la inoperancia y el cálculo político por encima de los intereses ciudadanos. Sin embargo, fue generosa en su testamento para que quienes vinieran detrás pudieran ser atendidas al menos tan bien como lo fue ella.
Casi nadie conoce el nombre de esta buena mujer, pero todos, y especialmente quienes tienen a su cargo la gestión de lo público, deberían esforzarse para hacerse merecedores de ese noble y generoso gesto de confianza.

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Marbella no es Mallorca
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Héctor Barbotta | 14-07-2014 | 09:29| 0

Con tantas lecciones de moral como las que recibió esta ciudad desde 2006 para acá –en los años anteriores, cuando hubieran venido bien, casi nadie se atrevía–, no viene mal de cuando en cuando revisar qué ha sido de la suerte de algunos de los aleccionadores.
El viernes pasado el Consejo de Ministros decidió rechazar solicitudes de indultos presentados por varios personajes públicos que han quemado en esa instancia el último cartucho en su batalla por librarse de cumplir las condenas que pesan sobre ellos.
Entre los incluidos en esta decisión, además del exalcalde Julián Muñoz se encuentran el torero Ortega Cano, el dirigente de Nuevas Generaciones Ángel Carromero, Baltasar Garzón y el expresidente de la comunidad balear y exministro de Medio Ambiente Jaume Matas.
Más allá de que cabe dejar constancia de la inquietud que despierta que no se haya hecho mención a José María del Nido, que también estaba en la lista de solicitantes de indulto, la denegación solo cambiará la situación de Matas, ya que Muñoz y Ortega Cano seguirán en prisión y Carromero y Garzón, en la calle. El primero porque cumple su pena en tercer grado y el exjuez porque sólo fue condenado a inhabilitación para seguir ejerciendo.
Pero para el que fuera máximo dirigente del PP en las islas Baleares, el rechazo a su solicitud le marca el camino sin escalas a la celda. La Sala que lo condenó había accedido a suspender la ejecución de la condena, pero ahora ya no quedan más recurso que armar el petate y dirigirse a la cárcel.
Por eso quizás sea buen momento para recordar cuál fue la actitud de Matas cuando Marbella estaba sumida en la crisis de autoestima que supuso la salida a la luz de toda la podredumbre de corrupción que había asolado a la ciudad, y su imagen se arrastraba por el fango. En aquellos días Marbella era sinónimo de corrupción, ‘marbellización’ era el paradigma del estado que ninguna ciudad quería alcanzar y la ciudad era sinónimo de todo lo indeseable y coartada para quienes tenían algo o mucho que esconder.
«Mallorca no es Marbella», dijo Matas cuando comenzaron a gotear las primeras noticias de casos de corrupción sobre las islas, cuya reputación era entonces inmaculada y su capital daba nombre al ducado con el que el Jefe de Estado, el mismo que no pisaba Marbella ni para responder a la visita de la primera dama de Estados Unidos, había obsequiado a su hija y a su ejemplar yerno con motivo de la boda.
La frase lastimó hasta tal punto que la entonces candidata a la Alcaldía, Ángeles Muñoz, lo trajo para que diera explicaciones. Matas lo hizo con la boca pequeña, con el recurso-excusa de que había sido malinterpretado, y aprovechó la visita para dar lecciones de gestión turística.
Pero en aquel momento ni los profesionales ni los empresarios del sector necesitaban lecciones, sino simplemente que no se estigmatizara a una ciudad entera por lo que la organización criminal de Jesús Gil había hecho en el Ayuntamiento con la complicidad de algunos políticos y de unos cuantos jueces y la candidez de buena parte de la población.
La trayectoria que desde entonces siguió Matas, la misma que ahora está a punto de dibujar su trayecto final con punto de destino en la cárcel, demuestra que ni entonces ni ahora tenía muchas lecciones de moral que ofrecer.
Pero además, en materia de gestión turística, tampoco las trayectorias seguidas por uno y otro destino aconsejan a Marbella mirarse en el espejo balear.
«Mallorca no es Marbella», dijo entonces Matas, encarnando la arrogancia de quienes estuvieron durante muchos años mirando a sus destinos competidores por encima del hombro. Y con cada banda de hooligans que convierte sitios de ocio nocturno en campos de batalla, con cada joven que queda gravemente herido después de saltar desde un balcón a la piscina de un hotel, con cada concurso de felaciones a cambio de copas gratis de los que tenemos noticia nos congratulamos, efectivamente, de que Mallorca no sea Marbella.

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Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Delegado de SUR en Marbella