Diario Sur

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Fronteras
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Héctor Barbotta | 21-05-2015 | 21:01| 0

La alcaldesa de Marbella vive en Benahavís y el de Benahavís, en Málaga. El alcalde de Manilva vive en Estepona y el de Estepona, en Marbella. Alguno de ellos ha afirmado que en realidad vive en el municipio donde gobierna, sólo que duerme en otro. Más allá de los juegos dialécticos, la realidad de los alcaldes que gobiernan en un municipio y duermen en otro no es más que una muestra de una situación que se produce con asiduidad. En la vida de los vecinos de la Costa del Sol las lindes no son más que líneas difusas que la mayor parte de las veces se atraviesan sin percatarse de ello.
No en vano la marca Marbella excede los límites de su término y hay hoteles y clubes de playa en Estepona, en Benahavís o en Mijas que utilizan el nombre de Marbella como reclamo de marketing y nadie se molesta por ello. Hasta el famoso ático de Marbella de Ignacio González no está en Marbella, sino en Estepona.
Sin embargo, en las campañas electorales muchas veces se suele recurrir al agravio localista,y seguramente sería una expresión de optimismo injustificado celebrar como síntoma de madurez el hecho de que a pocos días de concluir el camino hacia las urnas el domicilio de los alcaldes no haya sido utilizado como argumento por parte de quienes aspiran a arrebatarles el sillón.
En Marbella, sin embargo, la casa de la alcaldesa si ha formado parte de la campaña, pero por un motivo diferente. La residencia se encuentra en la zona lindera, bajo competencia urbanística y de gestión de Benahavís pero en término de Marbella según las lindes de 1873, y el proceso administrativo abierto hace años para regularizar esa situación ha llevado a varios partidos a acusar a la primera edil de querer regalarle suelo al municipio vecino. La acusación no deja de ser curiosa, porque Benahavís gestiona y cobra los impuestos en la zona mucho antes de que la alcaldesa ocupara el sillón de la Alcaldía de Marbella, incluso antes de que iniciara su carrera política como concejala en Benahavís.
Más allá de esta polémica, que recrudeció al comenzar la campaña y posiblemente acabe el domingo, no parece la Costa del Sol un lugar adecuado para las aldeanas reivindicaciones fronterizas. En Madrid, donde existe un área de prestación única que agrupa a decenas de municipios, los taxistas se sorprenden cuando conocen el conflicto que sus colegas de Málaga se traen a cuenta de quién tiene derecho a recoger clientes en el aeropuerto para llevarlos al hotel y quién puede recogerlos en el hotel para llevarlos al aeropuerto.
El sueño de convertir la vieja nacional 340 en la avenida turística más larga de Europa posiblemente esté más cerca que nunca. Y quizás haya que comenzar a debatirlo cuando se apaguen los fuegos electorales.

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Bloques
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Héctor Barbotta | 18-05-2015 | 18:31| 0

Seguramente estamos ante un nuevo tiempo político, pero la inercia de los tiempos viejos mantiene todo su impulso. Así cómo en el Parlamento Andaluz vemos comportamientos de la época de las mayorías absolutas, y así no habrá manera de que se constituya un gobierno aunque se amenace con convocar elecciones cada quince días, en las campañas electorales persisten discursos, propuestas y recursos de marketing político que invitan a pensar que los primeros que no se han enterado de que esto ha cambiado son los candidatos.
En Marbella hemos tenido durante los últimos cuatro años una situación de bloques que mimetizó a los tres grupos de la oposición (PSOE, IU y Opción Sampedreña) en un solo discurso. Un poco porque faltó originalidad a la hora de articular críticas a la alcaldesa y otro poco porque el rodillo torpe de la mayoría absoluta invitó a la oposición a actuar en conjunto, al final se acabó trazando una frontera que partió por la mitad el salón de plenos, refugió a unos y otros en sendas trincheras desde las que era imposible confluir en acuerdo alguno e hipotecó la posibilidad de que el PP encontrara aliados cuando le hiciera falta
Ya se sabe que la política de bloques requiere la demonización del adversario y el enaltecimiento propio. La autocrítica o el reconocimiento de méritos ajenos no tienen hueco en las trincheras, y por eso no cabía esperar gran cosa de los mismos partidos a la hora de hacer campaña.
La única esperanza de algo distinto residía en los nuevos partidos, pero casi todos parecen haberse encontrado más cómodos no en proponer una política diferente a la de los bloques, sino en en sumarse a uno de ellos. La campaña nos ha traído, en viejos y en nuevos, los mismos discursos, el mismo maniqueísmo, la misma dicotomía entre buenos y malos. El pacto a la contra de un lado; el miedo al pacto, del otro. La política del entendimiento, la nueva política, se sigue haciendo esperar.

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Conspiranoicos
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Héctor Barbotta | 14-05-2015 | 16:45| 0

Están los que aseguran que el 11 de septiembre no había judíos en las Torres Gemelas, que ETA estuvo detrás del 11 de marzo, que las imágenes del hombre pisando la luna fueron grabadas en un plató secreto, que Elvis está vivo y Paul McCartney, muerto. En versión más doméstica, cualquiera que haya pisado Marbella habrá escuchado alguna vez que Gil vive plácidamente en el Caribe, donde disfruta del botín.
Las teorías conspirativas a veces pretenden dar respaldo a posiciones políticas insostenibles y en ocasiones sólo responden a la intención de quien las repite de tener su minuto interesante. Sin embargo, no debe descartarse que constituyan también la expresión de una patología.
Se convive con ello diariamente, pero lo que no son más que casos aislados se convierten en epidemia cuando hay cita con las urnas. A medida que se acerca la fecha electoral, la conspiranoia siembra desconfianza, nubla razones, gana almas y coloniza cerebros. Y la verdad es que da mucha pereza.
Las campañas electorales ponen a algunos candidatos y a gran parte de su entorno a medir centímetros de fotos, extensión de entrevistas, minutos de televisión, opiniones de propios y ajenos… todo bajo el prisma de la conspiranoia. Y no hablemos de cuando comienzan a interpretarse intenciones cada vez que aparece una encuesta.
A la clásica de que los sondeos no se publican para ofrecer una radiografía, a veces más acertada y a veces menos, del panorama electoral, sino para favorecer a uno u otro candidato, se suman en estas fechas teorías más elaboradas. Así, el sondeo publicado sobre Marbella ha servido al mismo tiempo, para adelantar resultados sin esperar al veredicto de los electores, desanimar a quienes salen mal, desmovilizar a quienes salen bien y hacer invisibles a las opciones que ni siquiera aparecen.
Dan ganas de que la campaña acabe rápido para que los conspiranoicos vuelvan a ser personas normales. Si hasta a veces uno siente temor de que les dé algo.

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Subasta fiscal
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Héctor Barbotta | 12-05-2015 | 09:50| 1

Años atrás, cuando en la política había más ideología que oportunismo, o al menos tanta ideología como oportunismo, los papeles parecían claramente repartidos. Los partidos de izquierda abogaban por los derechos de los trabajadores, los servicios sociales y la universalización de servicios. La derecha se interesaba por la seguridad ciudadana, la bajada de impuestos y el control del gasto.
Pero ha habido un proceso que ha dado por tierra con esta simplificación: la sociedad se ha ido haciendo más compleja, han aparecido problemas nuevos y los partidos, no olvidemos este factor, han asumido que la coherencia ideológica es un lastre a la hora de hacer promesas electorales en función de la demoscopia; de modo que coherencia, cuanto menos mejor.
Así es como se ha pasado de considerar que subir impuestos es de izquierdas y recortar gasto de derechas, a convertir las campañas electorales en subastas donde los partidos se vuelven irreconocibles y las ideologías, una rémora del pasado. Lo primero llevaba a situaciones absurdas, lo segundo vacía la política de contenido y la convierte en un concurso de trileros. Hemos pasado de lucir doble peluca a quedarnos calvos.
De todas las subastas que se realizan en campaña, una de las más recurrentes es la fiscal. Todos los partidos han asumido que donde más tocado está el Partido Popular es en relación con su promesa de bajar los impuestos –promesa no incumplida sino ejecutada al revés– y por eso no extraña que todos los partidos prometan reducciones fiscales. Y como estamos en municipales, las promesas van en relación al IBI.
El problema es que desde que dejamos de creer en los Reyes Magos sabemos que con los impuestos se pagan los servicios públicos, y a cada promesa de bajada debería seguir la advertencia de un recorte. Si no se hace así, prometer bajar impuestos puede ser una trampa. Y bajarlos, una trampa aún mayor.

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Ciudadanos made in China
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Héctor Barbotta | 07-05-2015 | 11:48| 2

Casualidad, estrategia o mero oportunismo. La formación Change Marbella ha afrontado su primer acto electoral con un claro guiño a los más de cinco mil electores de la ciudad que el pasado marzo dieron su voto en las elecciones autonómicas a Ciudadanos, el partido de Albert Rivera que optó por no concurrir a las municipales en Marbella al no contar con una agrupación local suficientemente cohesionada. Change, cuyo candidato a alcalde es el inspector de Urbanismo Manuel del Río y no tiene vinculación alguna con el partido de moda, parece dispuesto a tomar el relevo o, al menos, a llevarse algún voto distraído. Ya en su momento apuntó su lista electoral bajo el nombre ‘Ciudadanos, Habitantes y Gentes de Marbella (Change)’, lo que dio lugar a una denuncia por parte del PP por el supuesto uso indebido de la palabra Ciudadanos que fue desestimada por la Junta Electoral de Zona.
Ayer, en la presentación de su candidatura, el partido fue más lejos. Convocó el acto como ‘Ciudadanos de Marbella’, y los candidatos posaron ante un panel donde la palabra ‘Ciudadanos’ aparecía en una tipografía más grande y sobre una franja naranja, el color corporativo del partido de Rivera. El emblema de la formación de Marbella también recuerda al del Ciudadanos original.
En la presentación, los candidatos también adoptaron un discurso que podría recordar al del partido que obtuvo nueve escaños en el Parlamento Andaluz. Se definieron como una formación ni de izquierdas ni de derechas, contraria a la corrupción y partidaria de la transparencia. El discurso, también parece clonado, aunque esto último, a diferencia de lo que sucede con el nombre, el color y el logotipo, no puede afirmarse que sea un ardid.

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Escenario electoral en Marbella
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Héctor Barbotta | 26-04-2015 | 14:26| 0

Concluido el plazo para la presentación de listas para las elecciones municipales, ya sabemos cuántas candidaturas asistirán en Marbella, que una vez más vuelve a exhibir su singularidad política. Acuden once formaciones entre las que aparecen cuatro nuevas candidaturas y no figura Ciudadanos, la fuerza política que junto a Podemos parece estar llamada a renovar el panorama político en España.
Están, por el contrario, los tres grupos con presencia en el Ayuntamiento, la lista auspiciada por Podemos, seguramente la que más posibilidades tiene de entrar en el Consistorio; UPyD, que en los últimos meses ha pasado de ser un partido emergente a una fuerza que lucha para no evaporarse; el Partido Andalucista, que lleva años librando esa batalla, y otras fuerzas singulares, como el Pasur, un partido que aparece con cada convocatoria pero cuya actividad es desconocida entre elección y elección; Neodemócratas, una formación también nueva que en las recientes autonómicas obtuvo 72 votos en Marbella y vuelve a probar suerte; SIMA, una formación local desconocida; y Change Marbella, un partido también local que aglutina a algunas de las personas que han estado en los últimos años en varias de las protestas contra el Ayuntamiento y que sorprendió con la elección como candidato del inspector de Urbanismo Manuel del Río pese a que el nombre que se venía barajando era el de un conocido empresario que a último momento se bajó –o lo bajaron– de la lista.
También llamó la atención que en un lugar destacado de esta lista figure el gerente del centro comercial La Cañada y hombre de la máxima confianza de su propietario Tomas Olivo, Javier Moreno. Pero más sorpresivo aún ha sido que esta presencia no generara ninguna reacción en sentido alguno de los partidos, ni siquiera de los que convocan ruedas de prensa o envían comunicados hasta para comentar el tiempo.
El anuncio de que la feria se celebrará este año en La Cañada provocó críticas en algunos partidos, que dejan caer la sospecha de un cierto trato de favor hacia Olivo, pero ni siquiera a ellos la aparente decisión del empresario de estar de alguna forma presente en la campaña electoral les ha supuesto motivo suficiente para realizar manifestación alguna, más allá de comentar en privado que les parecía raro. Que el gerente de La Cañada comparta candidatura con un inspector que tuvo participación activa en el expediente que desencadenó la salida del aún concejal de Urbanismo tampoco fue motivo de comentario alguno. Ni siquiera en el equipo de gobierno. El debate político, al parecer, debe transcurrir por otros lares.
Las manifestaciones realizadas durante estas semanas que preceden a la recta final hacia las elecciones –no sólo por los partidos que ya están en la oposición municipal sino también sorprendentemente, por quienes están fuera del Ayuntamiento– indican sin duda que todo el debate girará en torno a si Ángeles Muñoz volverá a ser alcaldesa o si habrá un nuevo gobierno municipal, de coalición y encabezado probablemente por el candidato socialista, José Bernal.
A tenor de cómo actúa, el PP, que renovó los primeros lugares de sus listas pero sin embargo mantiene ocultos a sus candidatos para exhibir en el escaparate político sólo a la alcaldesa, parece cómodo en ese escenario.

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Una lista de nombre equívoco y candidatos sorprendentes
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Héctor Barbotta | 23-04-2015 | 15:04| 1

En el Partido Popular no quieren ni oír hablar de Ciudadanos. Menos aún que una papeleta lleve ese nombre después de que el partido de Albert Rivera haya renunciado a la plaza de Marbella tras considerar que su agrupación local no estaba suficientemente cohesionada para acudir al llamado de las urnas.
El partido que gobierna el Ayuntamiento de Marbella ha presentado una reclamación ante la Junta Electoral de Zona tras comprobar que una de las listas independientes que han formalizado candidatura para las municipales del próximo 24 de mayo llevaba el nombre de marras en su papeleta.
El martes se formalizaron las once candidaturas que acudirán a las elecciones municipales en Marbella. Entre ellas no figura Ciudadanos, el partido emergente que está desgastando al PP en su línea de flotación por dirigirse a un electorado que se sitúa en su mismo segmento ideológico, pero sí aparece una formación independiente fraguada en los últimoas meses bajo el nombre Change Marbella, pero que a la hora de registrar su denominación ante la Junta Electoral lo ha hecho con un apelativo que en opinión del PP puede llamar a la confusión precisamente donde más le duele. El nombre que figura en la papeleta es ‘Ciudadanos, Habitantes y Gentes de Marbella (Change Marbella)’.
En el escrito presentado ante la Junta Electoral se sostiene que esta candidatura tiene «una nomenclatura diferente a sus siglas y que puede crear confusión con otro partido político», por lo que ha pedido que en la papeleta aparezca «con la denominación correcta».
Lo que más ha llamado la atención de este partido, sin embargo, no ha sido tanto la denominación equívoca a ojos del PP sino la composición de la lista. Pese a que en un principio se barajaron nombres de empresarios como aspirantes a la Alcaldía, quien aparece finalmente como número uno es el inspector de Urbanismo y delegado sindical Manuel del Río. Este trabajador municipal tuvo un papel decisivo en el expediente del club de playa Funky Buddha, que originó la causa que dio lugar a la imputación del concejal de Urbanismo, Pablo Moro.
El inspector y ahora candidato, que elaboró los informes que advertían de la presunta ilegalidad de las obras del club de playa, estuvo en el centro de la polémica cuando el pasado octubre fue separado de su cargo y trasladado a otra dependencia municipal, decisión que posteriormente fue revocada por el propio Ayuntamiento para no alentar suspicacias.
Sin embargo, la sensación de sorpresa ha aumentado al conocerse es que como número 3 de esta candidatura aparece Francisco Javier Moreno, gerente del centro comercial La Cañada y hombre de la máxima confianza del propietario del mismo, el empresario Tomás Olivo, que mantiene importantes diferencias y temas pendientes con el área de Urbanismo del Ayuntamiento.

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5.000 votos buscan lista
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Héctor Barbotta | 20-04-2015 | 12:29| 0

Los nuevos partidos están comenzando a comprender de qué va esto. El pasado jueves los parlamentarios andaluces de Podemos y Ciudadanos asistían atónitos a la monumental bronca en la sesión de constitución del Parlamento Andaluz que enfrentaba a PSOE y PP por la composición de la mesa de la cámara. Mientras los debutantes parecían meros espectadores ante la discusión barriobajera que inauguraba las sesiones, desde los puestos de Izquierda Unida lamentaban que las dos fuerzas debutantes no hubiesen comprendido la importancia de lo que se decidía y se mantuvieran al margen, como si el asunto no fuera con ellos. En un parlamento atomizado y con un Partido Socialista obcecado en comportarse como si contara con mayoría absoluta, la composición de la mesa es fundamental para empezar a trazar el rumbo de la legislatura. Los socialistas han impuesto sus tablas y su experiencia para ganar la primera batalla. Posiblemente los dos partidos nuevos tengan ahora cuatro años por delante para preguntarse si no hubiese sido mejor comenzar a ejercer desde el principio su condición de miembros del Parlamento con todas sus consecuencias.
Y es que más allá de lo que cada uno opine de lo que deben ser las instituciones o la propia práctica política, las cosas sólo se empiezan a cambiar desde la realidad. Y la realidad es muchas veces menos edificante de lo que a uno le gustaría que fuera.
Ciudadanos, el partido emergente que parece haber surgido para actuar como dique de contención de los votos de protesta que amenazaban con mudar en masa a Podemos, acaba de toparse con la realidad a nivel local. Esta semana, la dirección nacional de la formación ha decidido no presentar lista para las municipales en Marbella, y seguramente a muchos le habrá venido a la cabeza la decisión adoptada por Podemos en octubre del año pasado, cuando su dirección nacional acordó no concurrir a las elecciones locales tras constatar que no serían capaces de impedir que su marca fuese usufructuada por arribistas y oportunistas de intenciones equívocas.
Ciudadanos es el Podemos liberal-conservador, y era lógico que tarde o temprano se encontrara con los problemas y las disquisiciones de su formación gemela al otro lado del espectro ideológico. Montar una marca electoral cuando hay espacio político para hacerlo parece mucho más sencillo que crear un partido barrio a barrio y pueblo a pueblo y lidiar con las bajezas y las ambiciones humanas. Le está costando a Podemos, pese a que cuenta con una base de activistas fraguada en manifestaciones y protestas libradas bajo el calor de la indignación ciudadana y el 15-M. Mucho más difícil va a ser para el partido de Albert Rivera, cuya base social parece estar en votantes del PP defraudados por la política fiscal del Gobierno y las golferías sin fin, pero mucho más despolitizados y sin gimnasia en estas lides.
Los más de 5.000 votos que Ciudadanos consiguió en Marbella en las elecciones autonómicas y la proyección que situaba a esa formación con dos o tres concejales y una posible posición de bisagra en la próxima corporación municipal han supuesto una tentación muy grande que la frágil estructura de ese partido en Marbella no ha sido capaz de resistir. La explicación oficial para no presentar candidatura en Marbella ha sido que la agrupación local de Ciudadanos no estaba suficientemente cohesionada. La real posiblemente sea que la dirección del partido no quiere que su marca electoral sea mal utilizada en un año en el que la batalla está en convertir a Albert Rivera en un personaje decisivo en la política española. Incluso en eso parece seguir la estela de Podemos.
Ahora resta por saber dónde buscarán amparo los votantes que hace menos de un mes huyeron del Partido Popular para refugiarse en Ciudadanos. En las filas del PP sabían que el partido de Rivera podía hacerles daño en las municipales, más si se presentaba con un candidato desconocido que no despertara rechazo y que dejara librada toda la suerte electoral al tirón de la marca. Pero sabían también que los eventuales concejales de Ciudadanos difícilmente acabarían en un gobierno de todos contra Ángeles Muñoz.
Con la decisión de Ciudadanos de no acudir a las urnas el próximo 24 de mayo, el PP pierde de vista a su principal competidor en su espectro ideológico. Pero se queda también sin un eventual aliado para cuando se constituya la corporación municipal y haya que conformar una mayoría que no aparece nada clara en las previsiones electorales.

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Y un día Gil volvió a Marbella
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Héctor Barbotta | 04-04-2015 | 19:08| 0

Jesús Gil volvió el pasado miércoles a Marbella. No el fallecido alcalde, claro está, sino su primogénito, homónimo del protagonista principal de los años de la burbuja urbanística y el saqueo sistemático de la ciudad. Lo hizo, claro está, por una cuestión de negocios.
Jesús Gil Marín, alcalde de Estepona en la época en que el apellido y las siglas bastaban para arrasar en las urnas y tomar el control de las cajas de los ayuntamientos, regresó a Marbella para inaugurar en Puerto Banús una oficina de su inmobiliaria, Gilmar, de 160 metros y una plantilla capaz de expresarse en nueve idiomas: español, inglés, alemán, francés, italiano, árabe, ruso, polaco y persa. «Nadie se quedará sin ser atendido como debe y en su propia lengua», dijo en el acto de corte de cinta, en el que estuvo acompañado por la directora de la oficina, Setareh Mohregi, y el concejal de Comercio del Ayuntamiento de Marbella, José Eduardo Díaz.
Quizás sea porque la catarsis ya está hecha, o posiblemente porque Marbella ha vuelto a demostrar su condición de ciudad donde los negocios son lo primero aunque para ello haya que tirar de amnesia, la presencia del heredero de Jesús Gil y Gil no provocó el más mínimo atisbo de reproche. Todo lo contrario. Entre el centenar largo de personas que se dio cita no se echó en falta ni a la institución municipal ni a nadie de la Marbella más influyente. Si a alguien le apetecía hacerle un feo al hijo del exalcalde se guardó las ganas.
Y eso que desde 2012, Gil Marín y sus tres hermanos están condenados por el Tribunal de Cuentas a devolverle a Marbella, en su condición de herederos de una fortuna malhabida, 63 millones de euros más sus intereses. Y que el año pasado el propio Ayuntamiento pidió, para asegurarse el cobro de esa sentencia, el embargo de las acciones de Gilmar, la misma inmobiliaria que ayer inauguró oficina con un concejal enviado a participar en el corte de cinta. Ayer no hubo nadie que recordara esta controversia, que sigue viva en los juzgados, y la representación institucional no se echó en falta. Además de Díaz, asistió el concejal de Urbanismo, Pablo Moro, y otros cargos del Ayuntamiento. Los partidos de la oposición municipal mantienen que en Marbella al gilismo le ha seguido el neogilismo. La inauguración les presentó en bandeja la foto para comenzar su campaña electoral.
Sin rastro de rubor, la plaza Antonio Banderas de Puerto Banús, donde se erige la oficina, pareció retrotraerse, entre tacones de vértigo, alguna exagerada huella del bisturí estético e indumentaria a medida que desafiaba el sol, a los años de fachada alegre que escondía los fogones donde se cocinaba un legado de penumbra. Por no faltar, no faltaron ni la viuda ni el hermano del exalcalde, Mariángeles Marín y Severiano Gil, respectivamente.
Pero lo más llamativo no era el lógico apoyo familiar, ni siquiera el institucional, sino la presencia contundente de la Marbella social y empresarial. Algunos pocos hacían lo posible para eludir las cámaras, pero la mayoría posaba sin sonrojo. Allí había empresarios del sector inmobiliario, como Ricardo Arranz, Lars Broberg, José Carlos Moreno o Antonio Bazán, el presidente del Centro de Iniciativas Turísticas, Juan José González, varios miembros de la asociación DOM3; el presidente de la Asociación de Residentes Extranjeros en la Costa del Sol, Ricardo Bocanegra; el director de Marina Banús, Dan Ortuño…
Gilmar es una de las principales inmobiliarias del país. Tiene 22 delegaciones, de las que tres están en la Costa del Sol. La propia inmobiliaria se vanagloria de sus 25 años en la zona y de haber servido de puente para que personalidades del mundo del deporte, del espectáculo, de la empresa y de la realeza hayan establecido su primera o segunda residencia en Marbella y su entorno.
Su cartera de clientes, sostienen, no tiene competencia en el segmento de mayor poder adquisitivo. Lo que explica que todo esto no fuera nada personal. Sólo negocios.

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Elecciones autonómicas y después
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Héctor Barbotta | 30-03-2015 | 16:15| 0

LA secuencia electoral, con la circunstancia atípica de dos convocatorias prácticamente seguidas, ha llevado a que se viviera una semana postelectoral también atípica. Frente a las experiencias donde a los resultados del domingo por la noche le seguía una semana de calculadoras y reflexiones, en esta ocasión el tiempo dedicado a hacer cuentas ha superado rotundamente al destinado a reflexionar, según se desprende de los comentarios y declaraciones escuchados durante los escasos días transcurridos desde la celebración de las elecciones autonómicas. La calculadora ha llevado a concluir que dentro de ocho semanas el PP perderá la mayoría absoluta y bajará de 15 a diez concejales, que el PSOE subirá de siete a nueve, que Podemos, con su marca municipal, tendrá cuatro, que Ciudadanos irrumpirá con tres y que Izquierda Unida conservará sólo uno de sus dos concejales. En todo caso las especulaciones alcanzaron a preguntarse a quién le quitará ediles Opción Sampedreña para repetir su presencia en el Ayuntamiento, y por lo tanto cómo se modificará el reparto que surge de la extrapolación de los datos del pasado domingo. Este ejercicio de política-ficción ha tenido dos sustentos importantes: el repetido argumento de que la mejor encuesta es la de las urnas y el número de votos depositados el pasado domingo en Marbella: 46.532, un número asombrosamente cercano a los 46.617 de las elecciones municipales de hace cuatro años. La semejanza podría invitar a pensar que quienes votaron el pasado domingo son los mismos que lo harán el 24 de mayo, y por lo tanto que el resultado no diferirá demasiado. A pesar de esta coincidencia numérica, es evidente que resulta apresurado atribuir concejales a partir del resultado de unas elecciones convocadas para algo muy diferente. Sin embargo, hay tendencias que deberían ser tomadas en consideración, y por ello son entendibles los gestos de preocupación que en estos días adornan los rostros en el equipo de gobierno municipal. En primer lugar, porque el PP ha sido el gran derrotado el pasado domingo, por la evidente existencia de una vía de agua en el partido del Gobierno que hunde sus motivos, precisamente en el desgaste por la acción del propio gobierno. No hay miembro del Partido Popular con el que se hable en estos días que no mencione como un error de grueso calibre la continua presencia de Mariano Rajoy en la campaña para las elecciones andaluzas. Y cuando el presidente del Gobierno y principal líder del partido no es un activo, sino un lastre, el problema es mayúsculo. Y además se trata de un problema que no se resolverá antes de las municipales, primero porque Rajoy, según su costumbre de ignorar los problemas, no lo ve, y segundo porque ya prepara un tour para pasearse por todas las plazas electorales. No es difícil imaginar a Ángeles Muñoz y los suyos encendiendo velas para que el presidente del Gobierno y sus ministros excluyan a Marbella de su programación de campaña. No será fácil. Marbella es un sitio atractivo, a muchos de ellos les apasiona la ciudad y ya entrados en primavera entran ganas de venir. Ciudadanos ha sido la gran sorpresa de las andaluzas y una de las principales incógnitas de las municipales. De momento es un partido al que no se le conoce programa ni se le reconoce ideología, más allá de su oposición en Cataluña a las veleidades secesionistas. La misma postura firme, por cierto, que expresó Susana Díaz desde su llegada a la cúpula del PSOE andaluz y que tanta simpatía despertó también en la prensa más conservadora de Madrid, que lleva meses destacando la altura estatal de la candidata socialista. No deja de ser una paradoja que el PP resulte fagocitado por actores de un conflicto, el catalán, que él mismo atizó durante años con fines precisamente electorales. Hay quienes atribuyen la debacle del PP a la mera presencia de Ciudadanos. Cada uno se engaña a sí mismo como prefiere, pero Ciudadanos no ha sido causa, sino consecuencia. No es la enfermedad, sino el síntoma. El instrumento que los votantes populares descontentos por múltiples motivos que van desde los impuestos hasta la corrupción, encontraron para manifestar su disgusto sin pasar por el trance de tener que dar su apoyo a Podemos para que el enfado quedara claro. La formación de Albert Rivera se ha convertido ahora en una marca por la que seguramente muchos de los que en el PP llaman ‘nuestros cabreados’ lucharán por hacerse, como quien compra un local y contrata con Burger King la instalación de una franquicia. Hay incluso quien ante el ninguneo de la débil estructura local ha llevado sus gestiones a otras latitudes, concretamente a Barcelona. Pero haría mal el PP en encomendar su suerte electoral al desconocimiento o a la falta de predicamento en la ciudad de quien finalmente se presente por Ciudadanos. Su tarea es trabajar el tiempo que queda para intentar recuperar a esos votantes. Las elecciones del domingo demostraron que a quien quiera expresar desacuerdos le sobran instrumentos para hacerlo. Si no es uno siempre puede ser otro. Las elecciones del domingo, con la dispersión del voto opositor, convirtieron a Susana Díaz en la gran triunfadora. Pero posiblemente se haya magnificado la dimensión de ese triunfo. Después de una primera lectura, las dificultades que se está encontrando la presidenta para conseguir una investidura rápida están poniendo las cosas en su sitio. El PSOE perdió más de 120.000 votos y cerró el peor resultado de su historia. Un peor resultado que firmaría cualquiera de sus adversarios, pero que es necesario poner en su contexto a la hora de proyectar sobre las elecciones de mayo. Los socialistas, que en las europeas del año pasado ganaron en Marbella después de diez años, han vuelto a perder. Esta vez frente a un PP en pleno retroceso y a pesar de cosechar un resultado en San Pedro que difícilmente repetirán cuando en las municipales sí aparezca la papeleta de Opción Sampedreña. No obstante, el impulso moral que supone haber retenido sin sobresaltos el gobierno andaluz y advertir las dificultades que se le aparecen al PP para repetir mayoría absoluta no es un factor desdeñable a tan pocas semanas de la nueva cita con las urnas. Las elecciones han desvelado un claro corrimiento hacia la izquierda del electorado, pero la aparición de nuevos actores no permite dar por hecho un eventual pacto de gobierno para desbancar al PP que sería más que previsible si la nueva mayoría estuviese formada sólo por los tres grupos que integran actualmente la oposición. Primero, porque después de su experiencia en el Gobierno andaluz y los resultados obtenidos el pasado domingo no está claro que en Izquierda Unida sigan apostando a ciegas por pactos con el PSOE. El candidato de IU, Miguel Díaz, dijo esta semana en una entrevista en la cadena Ser ya con los resultados de las andaluzas sobre la mesa que se equivoca quien crea que se presenta a las elecciones para hacer alcalde a José Bernal. En segundo lugar, porque lo que pase en Marbella estará muy condicionado por los posibles pactos en la Diputación, en la Mancomunidad y en otras alcaldías, cuestiones muy difíciles de prever en una situación tan volátil como la presente. Y también porque en Podemos, donde hay mucho del electorado que IU quiere recuperar, no hay precisamente predisposición a dar agua al PSOE. El hecho de que Podemos haya triplicado en Marbella los votos conseguidos cuando apareció por primera vez en las europeas de mayo y el músculo que mostró la organización durante la jornada electoral, con apoderados en todas las mesas, demuestra que no se trata de un fenómeno pasajero. Con la marca y el candidato ya decididos –acudirán a los comicios como Sí Puede–, estamos ante un nuevo protagonista, también de la política local. Cómo influirá su presencia en el comportamiento de los votantes de otros partidos –si seguirá limando el cuerpo electoral de PSOE e IU y si su sola presencia amedrentará a los votantes del PP y los animará a no abandonar a ese partido– es algo que también se verá en las próximas elecciones. Podría pensarse que falta muy poco, pero en una situación tan volátil y de cambios continuos, ocho semanas pueden ser mucho tiempo.

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Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Delegado de SUR en Marbella