Diario Sur

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Libertad de expresión
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Héctor Barbotta | 13-03-2017 | 09:14| 0

S ucedió en Marbella, pero podría haber pasado en otro sitio. Una persona que ejerce el periodismo se acercó a la madre de una celebridad gravemente enferma y se interesó por el estado de su hijo. La mujer encontró un momento para el desahogo. La periodista, que no había revelado su condición de tal, no tuvo reparo en convertir en noticia la confidencia de una madre desesperada. La mujer se encontraría con su confianza traicionada y publicada en una web, de la que a su vez beberían luego otros medios y agencias que ignoraban cómo se había obtenido la noticia. Historias así se han convertido en parte del paisaje, igual que las webs que desconocen la frontera entre el interés personal del periodista y el interés general de los lectores o, peor aún, entre el periodismo y el chantaje.
Este tipo de situaciones no suele ponerse sobre la mesa. Es difícil saber si es por corporativismo o porque un oficio cuyo entorno se degrada día a día aconseja no meterse a criticar a colegas porque uno nunca sabe a qué puertas se puede ver obligado a llamar. O quizás, simplemente, porque los periodistas no debemos dedicarnos a hablar de nosotros. Una de las cuestiones que primero se aprenden en este oficio es que no hay buenos profesionales éticamente reprochables y que el grado de invisibilidad que se alcanza es directamente proporcional a la calidad de lo que se hace. A raíz del comunicado de la Asociación de la Prensa de Madrid, se habla mucho de los periodistas, del grado de libertad con que trabajan y de las presiones que sufren. Y si bien no es buena noticia que se hable de los periodistas, mucho menos que se pretenda transmitir que las presiones son una situación anómala. Trabajar bajo presión, de cargos públicos, de cualquier entidad implicada en una información o de estúpidos que se escudan en el anonimato de las redes forma parte de la rutina de cualquiera que haga medianamente bien su trabajo. Las peores presiones no son las que se denuncian, sino las que surten efecto.
El periodismo está en peligro. Pero no por las presiones, sino por la mala praxis, por las condiciones en las que trabaja la mayoría y por el desprecio por la verdad de quienes ejercen el poder público y el privado. En un país donde los medios se achican cada día y donde dos titiriteros han dormido en prisión, que tiene a un rapero en la cárcel y en el que el fiscal acaba de denunciar a una drag queen, escuchar que la libertad de expresión peligra porque los de Podemos presionan a periodistas sería para partirse de risa si no fuese para llorar.

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Una vida con sentido
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Héctor Barbotta | 28-02-2017 | 17:24| 0

 

Dice el escritor Ernesto Semán que se escribe para darle sentido a la experiencia, y ese principio, que expuso al acabar una durísima novela inspirada en el secuestro, desaparición y posible asesinato de su padre cuando él sólo tenía nueve años, seguramente vale para toda creación artística.

Pablo Ráez no llegó a ser autor de ninguna obra literaria, la vida no le dio tiempo para ello, pero la forma en que decidió abordar su enfermedad deja un legado que bien podría inspirar no uno, sino decenas de ensayos, novelas, poesías o guiones.

Seguramente no exista sinsentido mayor que perder la vida cuando apenas se ha comenzado a vivirla. Sin embargo, este joven consiguió darle sentido a ese absurdo. Lo hizo haciendo pública su enfermedad, no con el afán de  exhibicionismo narcisista que tanto abunda y hastía en esta sociedad en la que las redes dan aun a los más insustanciales la posibilidad de acceder a sus 15 minutos de celebridad, sino concediéndole a sus conciudadanos la posibilidad de ser un poco mejores.

Porque cuando Pablo hablaba de su enfermedad no se refería a sí mismo, sino a todas las personas que se enfrentan a ese enemigo invisible e impiadoso; cuando consiguió que todo el mundo se planteara convertirse en donante de médula no lo hacía sólo con la esperanza de conseguir una donación compatible que lo curara a él, sino con la certeza de que su acción estaba permitiendo salvar a muchos otros; cuando nos hacía partícipes de sus avances y retrocesos en lucha contra la enfermedad no era para vanagloriarse de su valentía y de su fortaleza admirables, sino para transmitir esa valentía y fortaleza a otros enfermos que seguramente encontraron en su ejemplo la templanza y el ánimo que necesitaban.

Que con sólo 20 años haya sido capaz de convertirse en semejante ejemplo mientras atravesaba el trance de luchar por su vida y lo haya hecho recurriendo a instrumentos que muchos utilizan para exhibir sus miserias nos revela que hemos estado ante un personaje extraordinario que seguramente representa a miles de héroes anónimos cuyos nombres nunca llegaremos a conocer.

Pablo Ráez, como los grandes autores de la historia, ha conseguido darle sentido al absurdo de un drama terrible y el legado que deja seguramente nos sobrevivirá a todos quienes hemos tenido la suerte de ser sus contemporáneos.

Su familia está lógicamente desconsolada, aunque tiene motivos más que fundados para el orgullo. Sólo unos padres extraordinarios pudieron educar a un hijo con esos valores. Ellos también son un ejemplo.

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Pelea por el mango de la sartén
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Héctor Barbotta | 26-02-2017 | 21:10| 0

 

Los dirigentes locales de Podemos ya no son aquellos bisoños negociadores que en junio de 2015, apenas el Partido Popular perdió la mayoría absoluta, adelantaron que en ningún caso permitirían que Ángeles Muñoz conservara el bastón de mando. Ese posicionamiento público previo al comienzo de las negociaciones con quienes acabaron conformando el gobierno tripartito permitió advertir que aquella caracterización global de ‘casta’ que por aquel entonces utilizaban para definir por igual a todos los partidos tradicionales albergaba fuertes matices, pero también los quitó del centro del poder de decisión. Tanto el PSOE como Izquierda Unida comprendieron que a partir de ese momento de lo que se trataba era de convencer a Opción Sampedreña y hacia allí se dirigieron todos los esfuerzos. Los dirigentes de OSP vivieron sus días de gloria, saborearon las mieles de quien está en situación de dirigir el pulgar hacia arriba o hacia abajo y hasta se tomaron revancha permitiéndose poner en una situación humillante a quien consideraban que los había maltratado durante los cuatro años anteriores gracias a una mayoría absoluta que acababa de perder, invitándo a Ángeles Muñoz a una negociación que sabían desde el comienzo que no tenía ninguna posibilidad de prosperar.
Los dirigentes de OSP se permitieron incluso acotar su compromiso a dos años con la secreta esperanza de volver a repetir escenario a mitad de mandato y hasta obtuvieron de la Junta de Andalucía no sólo la promesa de obras pendientes, sino también la de allanarse en el proceso judicial que debía decidir sobre el expediente de segregación de San Pedro.
Pero los surfistas sólo están en la cresta de la ola el tiempo que la ola tarda en convertirse en espuma. Firmado el pacto, asumidas las tareas de gobierno y colocado el personal en los puestos que otorga el poder, se trata de gobernar, gestionar las miserias del día a día y comprobar que la inercia burocrática es el peor enemigo a la hora de convertir proyectos en realidades.
Es posible que en el tripartito existiera el convencimiento de que sólo era cuestión de tiempo que Podemos y su marca municipal se integraran en un gobierno cuatripartito, pero esas expectativas se vieron frustradas con una purga interna con la que se sofocó una rebelión que aparentemente tenía por objetivo apartar al actual portavoz y entrar con armas y bagajes al equipo de gobierno.
Los díscolos fueron apartados, quedaron sólo quienes se han creído en serio que el suyo es un partido diferente a los demás y Podemos confirmó su estrategia de mantenerse al margen del gobierno y condicionar su apoyo a una negociación permanente a la que el tripartito está obligado pero que pone a prueba la paciencia de sus miembros.
Quienes antes han mostrado públicamente su hartazgo son los dirigentes de Opción Sampedreña. Han comprobado que lo que ellos hicieron durante las semanas que separaron las elecciones de 2015 de la investidura como alcalde de José Bernal –empuñar la sartén por el mango–, los dirigentes de Podemos están en condiciones de hacerlo cada vez que hay algo importante por decidir o simplemente cuando necesitan mostrar distancias con el tripartito. Cuando les ha venido bien, los ediles del partido morado han demostrado incluso que no se cargan con problemas de conciencia si, pese al abismo ideológico que los separa, tienen que coincidir puntualmente en una votación con el PP. En más de una ocasión, desde el propio PP se ha intentado influir de manera indirecta, y sin que se notara demasiado, en las asambleas que los morados celebran antes de cada pleno para de esa manera bloquear decisiones municipales.
El hartazgo es compartido por los tres grupos del gobierno municipal, pero de momento los únicos que han decidido mostrarlo en público son los concejales del partido sampedreño. Primero porque con Podemos fuera del gobierno el poder de decisión que OSP tuvo durante las semanas de la negociación de la investidura no es más que un bonito recuerdo y a veces parece invadirles la nostalgia; y también porque uno de sus concejales, Manuel Osorio, está al frente del área más sensible del Ayuntamiento, la de Hacienda, desde donde se elaboran los presupuestos que marcan la política para todo el año.
Presumiendo, como la hacen, de ser un partido sin ideología –en el caso de que tal cosa fuese posible– y con el recuerdo de la posición que el Partido Popular mantuvo el año pasado, al permitir con su abstención que los presupuestos salieran adelante, los sampedreños intentaron este año un acercamiento similar. No con Ángeles Muñoz, de quien los siguen separando una infranqueable falta de química, sino con la dirección provincial del partido. Pero aquí cada uno juega sus cartas, y la respuesta fue inequívoca. Opción Sampedreña podía contar con el voto del PP a los presupuestos elaborados por Osorio el día antes de firmar la moción de censura para quitar a Bernal del sillón de la Alcaldía. Si no, que buscara el apoyo de Podemos, y ya el PP se encargaría de desgastar a OSP ante su parroquia como un partido sometido a las exigencias del partido morado.
Por eso no llama en absoluto la atención que en los últimos días ambos partidos, OSP y Podemos, hayan exhibido sus diferencias en unos cruces de declaraciones destempladas que alcanzaron su culmen en el duro enfrentamiento entre sus portavoces, Rafael Piña y ‘Kata’ Núñez durante el último pleno.
Este desencuentro se produce además en un momento en el que el Partido Popular está adquiriendo el papel más duro desde que perdiera la Alcaldía. Primero, porque ya ha pasado el tiempo de dejar hacer al equipo de gobierno para que su voto negativo en cuestiones clave no se interprete como una rabieta por haber perdido los sillones. Pero también porque el último congreso nacional del partido, en el que Ángeles Muñoz ha salido reforzada con la permanencia de Arenas en el núcleo duro de la dirección y su propia renovación con una silla en el Comité Nacional, parece haber despejado las dudas que podían haber sobre el liderazgo del PP de Marbella para el futuro proximo, a pesar de que faltan aún dos años para las elecciones municipales y dos años en política es mucho tiempo.
En el PP han advertido que la búsqueda de mayorías para ganar las votaciones desgasta al equipo de gobierno y no parecen dispuestos a facilitarle la vida al tripartito.
El último ejemplo se vio el viernes, cuando tras llevar al pleno la aprobación del texto refundido del PGOU, la concejala de Urbanismo se vio obligada a retirarlo.
El PSOE utilizó el comodín de las lindes con Benahavís para justificar su decisión, posiblemente porque haya llegado a la conclusión de que usando ese argumento en cualquier ocasión consigue desgastar a Ángeles Muñoz. Pero la utilización una vez de ese argumento no puede esconder que la retirada no es cuestión de límites geográficos entre municipios, sino un problema aritmético de primero de Primaria. Ni PP ni Podemos iban a apoyar la aprobación del texto y la cuentas no daban para la mayoría absoluta necesaria. Y perder una votación es poner en evidencia la propia debilidad. Toda una premonición de lo que puede esperarse de próximas votaciones
Vienen olas, y lejos de buscar aguas más calmas la pelea va estar por ver quién consigue subirse a la cresta.

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Héctor Barbotta | 22-02-2017 | 21:16| 1

El Ayuntamiento de Marbella ha abierto el plazo de presentación de documentación para apuntarse a la bolsa de trabajo municipal y la realidad se presentó de golpe y sin avisar en la Plaza de los Naranjos. Con toda su crudeza. A veces el debate político, y también la atención mediática, discurre por caminos equívocos pero de tanto en tanto lo realmente importante aparece, golpea y obliga a despertar y a ajustar el enfoque.
Por si a alguien se le había olvidado, Marbella tiene 13.282 parados y muchos de ellos llevan en esa situación mucho más tiempo del que resulta admisible. También hay muchos que no han tenido nunca la oportunidad de trabajar, lo que resulta menos admisible aún.
El alcalde anunció el martes que al día siguiente se abriría el plazo para optar a entrar en la bolsa de la que saldrán los trabajadores que ocuparán los puestos temporales que eventualmente puedan surgir en el Ayuntamiento y aunque hay tres semanas por delante para presentar los papeles y son muchas las dependencias municipales habilitadas para ello, las colas se concentraron desde el primer día en la Plaza de los Naranjos como punto neurálgico. También en la Tenencia de Alcaldía de San Pedro se formaron largas filas.
A la intemperie, porque las dependencias municipales no son suficientemente grandes para albergar toda la dimensión del drama, las colas valían como radiografía del problema: personas de más de 50 años a las que se le acaba el tiempo para cotizar años suficientes para llegar a una pensión digna de ese nombre; jóvenes sin experiencia que no pueden empezar a trabajar porque en todos lados les piden una experiencia que al mismo tiempo les niegan; padres y madres de familia más preocupados por los suyos que por sí mismos; gente sin estudios porque no tuvo oportunidad de estudiar y gente con estudios dispuesta a aceptar trabajos para los que su cualificación parece sobrar. Una dramática radiografía de la realidad a las puertas del Ayuntamiento.
La puesta en marcha de la bolsa de empleo no sólo ha sido oportuna porque posiblemente no exista un sistema más justo y transparente para cubrir los puestos de trabajo temporales que van haciendo falta crear en el Ayuntamiento, sino sobre todo porque ha dado la oportunidad de recordar cuáles son los dramas y los problemas reales de la ciudad. Que durante estos días los políticos se crucen con las caras del sufrimiento cada mañana al entrar y salir del Ayuntamiento no deja de ser un ejercicio saludable que debería tener alguna repercusión en formas y también en fondos.
Esperar, sin embargo, que todos los representantes públicos estuvieran a la altura podía ser un ejercicio de optimismo difícil de justificar. Hay situaciones en las que habría que desterrar el partidismo, al menos el partidismo más desvergonzado, pero no hubo caso.
El mismo miércoles, día en que se abrió el plazo y cuando ya se habían registrado largas colas, Opción Sampedreña colgó en su perfil de Facebook una oferta de asesoramiento para las personas que quisiesen optar a entrar en la bolsa y tuviesen dificultades para cumplimentar los impresos. El partido político invitaba a los interesados a acudir a su sede, donde los ayudarían con abnegación y desinterés. Resulta difícil encontrar un ejercicio más burdo de oportunismo político. Si los responsables de OSP, que son quienes están al frente de la Tenencia de Alcaldía de San Pedro, entienden que el servicio que se presta a los ciudadanos en las dependencias municipales que ellos mismos gestionan es insuficiente, deberían primero pedir disculpas y después esforzarse por mejorarla. Aprovechar su propia ineficacia para obtener rédito supone una actitud a la que no cabe buscarle adjetivos.
El viernes, la exalcaldesa Ángeles Muñoz ofreció una rueda de prensa con la cola de parados como telón de fondo. Con esa escenografía devolvió al PSOE los mismos calificativos que recibía de los socialistas cuando estaba al frente del Ayuntamiento y se encontraba con las limitaciones legales que impiden evitar que vecinos de otros municipios acudan en igualdad de condiciones a cualquier oferta de empleo público del Ayuntamiento de Marbella. Se supone que haber tenido responsabilidades de gobierno da un bagaje que permite ejercer la oposición con otra perspectiva. Demasiado suponer.

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Mociones de censura
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Héctor Barbotta | 15-02-2017 | 21:11| 0

Lo que va a vivirse durante este año en que los gobiernos municipales atravesarán el ecuador de sus mandatos era predecible desde que en las elecciones de 2015 cambió el paisaje en los ayuntamientos. En Nerja se fragua una moción de censura, al igual que en Frigiliana. En Alhaurín el Grande, la disputa política se ha trasladado a los tribunales después de una sesión esperpéntica en la que no prosperó la moción para desbancar a los herederos de Martín Serón. En Marbella, uno de los socios de gobierno recuerda que su compromiso era por dos años, no por cuatro. Aunque nadie espera que vaya a haber cambios, el mero anuncio genera cualquier cosa menos estabilidad y certidumbre. Torremolinos tampoco escapa a ese runrún permanente. Estas situaciones se suman a las de Pizarra, donde Izquierda Unida apoyó primero a un alcalde del PSOE para después desbancarlo y aliarse con el PP, o la de Mijas, donde un candidato que perdió las primarias en el PSOE se presentó por Ciudadanos, quedó tercero, consiguió la alcaldía en alianza con el PP y después cerró el círculo al acabar gobernando coaligado con los socialistas.
Ninguna de estas maniobras es ilegítima y es consecuencia de lo que eligieron los ciudadanos, pero habría que preguntarse si es esto lo que realmente eligieron los ciudadanos. No se trata de dar por buena aquella maniobra absurda y felizmente fallida que intentó impulsar el Gobierno para cambiar las reglas del juego en mitad del partido, cuando las encuestas avisaban de que la época de las mayorías absolutas tocaba a su fin , y que Rajoy inmortalizó con esa frase tan autodefinitoria de los alcaldes y los vecinos. Tampoco de deslegitimar los acuerdos políticos que son la esencia de un sistema parlamentario y no presidencialista. Todo lo contrario.
Si la composición política de los ayuntamientos ha cambiado es porque la voluntad de los vecinos ha sido la de dejar atrás unas mayorías absolutas que posiblemente tarden en volver, si es que vuelven. Los paisajes multicolores que hoy hacen necesarios los acuerdos para gobernar y abren la puerta a posibles cambios en mitad de los mandatos son la traducción de esa demanda de cambio. Pero no es muy aventurado suponer que aquellas urnas multicromáticas estaban demandando algo más. No se trataba de sustituir la arrogancia de las mayorías absolutas por mercadeos, pactos con cláusulas opacas y giros inexplicados.
Es posible que los electores estuvieran pidiendo un cambio de cultura política. Un cambio que los partidos, que parecen obligados a elegir entre la obediencia incondicional, los golpes palaciegos o las guerras civiles internas sin ser capaces de afrontar debates maduros, parecen no estar en condiciones de asumir.

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La pinacoteca invisible
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Héctor Barbotta | 06-02-2017 | 09:15| 0

 

No ha pasado mucho tiempo, hablando en términos históricos, desde que en la ciudad de Málaga se decidió que había que hacer algo para entrar en los circuitos turísticos. La capital no era más que una ciudad retaguardia de la Costa del Sol que albergaba al aeropuerto al que llegaban los millones de turistas que mayoritariamente ponían rumbo al litoral occidental apenas posaban un pie en tierra. Los cruceristas que llegaban al puerto pasaban directamente del barco a los autobuses que los llevaban a Granada o a Gibraltar, de donde regresaban con el tiempo justo para volver a embarcar y poner proa a un nuevo puerto.
En Málaga entendieron con buen criterio que el primer paso no debía ser ir a buscar a los turistas a Londres o a Madrid, sino a donde ya estaban, a la Costa del Sol, con una oferta que fuera complementaria del litoral con su sol y playa y su erial cultural.
Cuando Málaga inició aquella apuesta estratégica, que tuvo miras más altas de las habituales que sólo toman en cuenta qué cintas pueden cortarse antes de la próxima cita electoral, Marbella no sólo ya contaba entre sus activos a los miles de turistas habituales y repetidores, sino también con un museo del grabado cuya oferta cultural es única en el país. La capital de la provincia, con una persistencia y una claridad de objetivos digna de admiración, ha conseguido en un tiempo corto si se habla en términos históricos pero larguísimo si se toman en cuenta los plazos que suelen imperar en la política, entrar en el circuito del turismo cultural y competir durante todo el año, gracias a su apuesta museística, con ciudades que la superan largamente en patrimonio monumental e histórico. La capital ya no apunta solamente a los turistas que están en la Costa del Sol, aspira a un mercado propio y lo consigue.
En ese tiempo en el que Málaga consiguió un lugar de relevancia en el turismo cultural, el logro de Marbella fue llevar al Museo del Grabado Español Contemporáneo a la más absoluta irrelevancia. Aquí ya estaban los turistas y ya estaba el museo, pero la ciudad fue incapaz de conectarlos.
Existe un episodio que habla a las claras de la falta de visión estratégica de una ciudad que parece estar conforme con lo que tiene sin aspirar a más y que no se ve impulsada a hacer nada salvo sentarse a esperar que la fortuna le siga sonriendo. Cuando el alcalde de Málaga llevó a Rusia la propuesta para montar un museo de pintura de ese país lo hizo valiéndose de los servicios del abogado marbellí Ricardo Sánchez Bocanegra. Aquí estaban los residentes rusos, que desembarcaron en masa en los primeros años de esta década, y estaba la persona capaz de tender los puentes para contar con semejante equipamiento cultural, pero el museo se lo acabó llevando Málaga.
Es posible que los promotores de esa iniciativa cultural que Marbella no llegó ni a oler pese a que reunía condiciones para al menos intentarlo, ni siquiera tuvieran noticia de que en esta ciudad ya había un museo con fondos únicos en España. De hecho, es algo que ignoran la gran mayoría de los turistas que visitan la ciudad y, no nos engañemos, una buena parte de sus vecinos y residentes permanentes.
Los últimos episodios, algunos chuscos, que han rodeado al Museo del Grabado demuestran cuál es el estado de una institución que debería constituir la vanguardia cultural de Marbella, no sólo como complementariedad de su oferta turística sino, sobre todo, como foco de actividades para los ciudadanos que viven aquí todo el año.
Uno de los más significativos fue el del cierre de la pinacoteca en julio de 2015 con el argumento de que debía comenzar los preparativos para su ampliación, unas obras que iban a ser financiadas por el Gobierno central y para las que por entonces ni se había fijado fecha de inicio. Después de aquello, y sin que las obras hubiesen comenzado, se produjo el desplome de parte del inmueble contiguo que había sido cedido para esa actuación.
Antes del inicio del pasado verano, y con la excusa de que había que tenerlo abierto ante la llegada de turistas, la pinacoteca volvió a abrir sin que hubiese noticia de las obras de ampliación. Nadie supo explicar por qué había estado un año cerrado.
La semana pasada se supo que el museo lleva descabezado desde octubre tras prescindir de la persona que estaba al frente. Esa decisión no sólo no se comunicó ni se explicó, sino que se intentó ocultar –y de hecho se logró– durante tres meses. Sólo una entidad que pese al extraordinario valor de sus fondos ha caído en la más absoluta irrelevancia puede permanecer sin dirección todo ese tiempo sin que nadie lo note, del mismo modo que había estado un año cerrada sin justificación y aparentemente sin que a nadie le preocupase.
El último episodio es aún más chusco y habla del descontrol de una entidad que debería ser modelo de gestión: el embargo de las cuentas del museo después de que no se pagaran unas obras ejecutadas por el Ayuntamiento precisamente para apuntalar el inmueble contiguo, cedido para la ampliación y cuya estructura cedió finalmente al abandono.
El caso es que las cuentas del museo fueron embargadas por el Patronato de Recaudación, un mero intermediario en esta historia, después de que desde el Ayuntamiento se dictara la providencia de apremio sobre la deuda. El museo es de titularidad municipal, con lo que se produjo la absurda situación de que el Ayuntamiento se ha embargado a sí mismo.
El Museo del Grabado funciona jurídicamente como una entidad sin ánimo de lucro y se financia tanto mediante aportaciones municipales como de otras instituciones públicas y privadas. Por ello, aunque no todos los recursos tienen que salir de las arcas municipales, sí debe ser el Ayuntamiento el que tome la iniciativa y decida qué va a hacer, a quién va a nombrar director y cuáles son los planes para la ampliación. Todo ello debería tener un reflejo en los próximos presupuestos. Y si no hay dinero, se debería reconocer con pelos y señales, explicar cuáles son los planes de futuro y trazar un plan para financiarlos. Porque vista toda la trayectoria reciente y asistiendo a esta agonía interminable bañada de silencio lo que parece es que no se trata de una cuestión presupuestaria, sino de liso y llano desinterés. O de no tener ni la más pajolera idea de qué hacer, lo que sería aún peor.

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Sigue el cachondeo
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Héctor Barbotta | 06-02-2017 | 09:11| 0

Isabel Pantoja ha regresado a la televisión convertida en trending topic y la primera conclusión que se puede sacar es que las cadenas de televisión siguen encontrando en Marbella un motivo para el cachondeo mientras hacen caja. No se trata de divertirse con Marbella, sino a costa de Marbella y de sus vecinos. De faltarles el respeto sin pudor, de atacar su dignidad con la misma indigencia moral con que en su día se emitía aquella infamia del alcalde ladrón tumbado en un jacuzzi y rodeado de mujeres voluptuosas a medio vestir. La sociedad ha cambiado desde entonces, a mejor, pero las televisiones siguen revolcándose en la misma basura.
Posiblemente la escena de Gil en la bañera, con cadenas de oro sobre su oronda figura y flanqueado por señoritas en biquini ya no podría ser posible. La sociedad no admite sin protestar que se cosifique a las mujeres sin disimulo y además los políticos millonarios se ven de momento obligados a esconder su prosperidad. Pero eso no quiere decir que moralmente las televisiones hayan avanzado gran cosa.
Este lunes Isabel Pantoja reapareció en un programa de televisión tras haber pasado por la cárcel, condenada por haber blanqueado parte de la fortuna que su entonces compañero sentimental robaba a los vecinos de Marbella. Pero no hubo ni una mención a ese episodio, ni una muestra de respeto a la ciudad. Las víctimas de ciertos delitos están siempre en la primera página de algunas agendas, y está muy bien que así sea, pero otras parecen condenadas al ostracismo.
Antena 3 y el programa de Pablo Motos pactaron con una delincuente preguntas, tratamiento y hasta qué público asistiría al plató a cambio de unos puntos de audiencia. La delincuente impuso y la televisión aceptó. Ganaron los dos y perdió Marbella.
Cada comunicador tiene el derecho de construir su carrera como mejor le parezca, pero va a resultar muy difícil volver a tomarse en serio a Motos . El programa consiguió récord histórico, lo que demuestra que o hay mucha gente que no le gusta criticar lo que no ha visto o que a la teleaudiencia le da igual que la consideren descerebrada.
Algunos vecinos de Marbella podían pensar que la ciudad había ganado enteros durante los últimos años en la consideración de los programadores de televisión, sobre todo después de que se agotara el filón que explotaron durante los años en que los personajes que ellos mismos se habían encargado de encumbrar en horario de máxima audiencia desfilaban por juzgados y comisarías. Nada de eso. Nos siguen tomando para el cachondeo.

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Placaje fiscal al deporte
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Héctor Barbotta | 06-02-2017 | 09:09| 0

La calidad de vida suele aparecer en cualquier encuesta que se hace sobre Marbella, tanto a vecinos como a visitantes, a la hora de valorar cuáles son las principales virtudes de la ciudad. No pueden caber dudas de que algo tiene que haber para que exista tal conciencia, pese a que Marbella no suele aparecer en los rankings que periódicamente se publican siguiendo los parámetros de la OCDE, invariablemente encabezados por Vitoria, Girona y Palma de Mallorca.

El problema es que el de la calidad de vida es un concepto tan amplio que resulta difícil encontrar parámetros más o menos objetivos que permitan comparar unos lugares con otros. No basta con el de la renta, porque las ciudades con mayores rentas presentan también mayor carestía a la hora de acceder a la vivienda o a los productos básicos, ni el del nivel de paro, los equipamientos públicos, el acceso a la cultura, la red de transportes o incluso el clima. Se trata, seguramente, de una combinación de todos ellos y también de la percepción de los propios vecinos, que muchas veces no guarda relación alguna con los datos mensurables.

Y está también el problema de cuando se calcula una media. En Marbella, como en toda ciudad con una importante cantidad de vecinos con ingresos muy altos, el promedio para algunas medidas no ofrece más información que la de confirmar grandes brechas de desigualdad. Si en Marbella, por ejemplo, se sacara una media de la cantidad de suelo destinado a la práctica deportiva por número de habitantes, obtendríamos seguramente una cifra altísima. Pero si quitáramos de la ecuación a los campos de golf nos acercaríamos a la realidad de una ciudad en la que el deporte no es una práctica que resulte accesible a todos.

Muchas de las personas que se trasladan a vivir a Marbella desde otros puntos de Andalucía suelen tener un impacto a veces inesperado en sus bolsillos. Aquí casi todo es más caro, aunque los sueldos muchas veces son iguales. Eso también afecta a la vivienda y por supuesto al suelo y es posible que ello explique en parte, sólo en parte, por qué parece más difícil contar en Marbella con grandes instalaciones deportivas accesibles a todo el mundo como sí cuentan otros municipios vecinos. La otra parte de la explicación hay que encontrarla, cómo no, en los 15 años oscuros en los que ningún equipamiento público constituyó prioridad, y en los 11 que le han seguido, en los que prácticamente ningún problema urbanístico heredado encontró solución. Seguramente no hay metáfora más oportuna y explicativa que recordar que al día de hoy seguimos regidos por un Plan General con 30 años de antigüedad.

Por todo ello no debe llamar la atención que el equipo de waterpolo juegue en Torremolinos, que la práctica del atletismo esté subordinada a la agenda del equipo de fútbol o que los clubes de natación vivan en un conflicto permanente con la empresa privada que gestiona las piscinas construidas con dinero público en suelo público.

El rugby es un deporte minoritario en España, pero el esfuerzo sostenido del grupo que lo viene fomentando en Marbella desde hace casi 30 lo ha convertido en una práctica de gran implantación en la ciudad. El Marbella Rugby Club era hasta ahora una excepción en el panorama de magras instalaciones deportivas, pero hace unas semanas sus responsables se han dado de bruces con la triste realidad. El suelo que ocupan desde 1992 por una concesión administrativa del Ayuntamiento fue recalificado con el Plan General de 2010 -el que ya no existe- y cuando ese documento entró en vigor, al año siguiente, el Ayuntamiento (todavía bajo el gobierno del PP) se lo comunicó a la oficina del Catastro (Ministerio de Hacienda), que a su vez entendió que tenía que dejar de valer 90.000 euros para ser valorizado en 4,6 millones. Pretender que una entidad sin ánimo de lucro que apenas tiene para las tareas de mantenimiento pueda afrontar las cargas devengadas de ese valor es un acto de ceguera administrativa, de cinismo político o de ambos. El terreno comenzó a devengar el IBI correspondiente y en el club nadie fue informado de nada hasta que el pasado 22 de diciembre se encontraron con las cuentas bloqueadas y una deuda de 140.000 euros.

Cabe preguntarse por qué el Ayuntamiento no tomó en cuenta en su día que en el lugar se desarrollaba una práctica amateur y de gran contenido social (con más de 350 fichas, la mayor parte de niños y jóvenes menores de edad); por qué cuando se renovó la concesión del suelo se estableció que el club debía cargar con las obligaciones tributarias (según aseguró el viernes en el pleno la concejala de Deportes) pese a que se trata de una asociación sin ánimo de lucro; por qué el Patronato de Recaudación siguió adelante con el procedimiento de embargo pese a que no había constancia de que los responsables del club hubieran sido debidamente notificados, o por qué esas notificaciones se enviaron a direcciones erróneas pese a que otras comunicaciones, como una multa por una tala de árboles, sí se remitió al club. Y cabe preguntarse también, con toda esta sucesión de despropósitos, y porque la historia de esta ciudad es la que es, si alguien no habrá pensado que ese suelo, frente al Hospital Costa del Sol y al sur de la autovía, no debería tener un uso menos interesante desde el punto de vista social pero más lucrativo desde el punto de vista económico.

El club se encuentra ahora en un momento crítico, con su futuro amenazado y en medio de una situación compleja que seguramente no tendrá una solución fácil. Hay una deuda contraída por una entidad incapaz de asumirla, hay tres instituciones implicadas -el Ayuntamiento, el Patronato de Recaudación (dependiente de la Diputación Provincial) y la oficina del Catastro (dependiente del Ministerio de Hacienda)- y está el impiadoso mecanismo de la administración puesto en marcha. Hay que solucionar la situación desde este punto hacia adelante pero también quitar al club la losa de la retroactividad que aplasta su viabilidad futura.

Todo eso requiere de imaginación y asesoramiento solvente, pero sobre todo de una altura de miras que sólo un optimista impenitente podría pretender en la situación política actual. Donde hay confrontación hay que encontrar colaboración, y donde existe la tentación de quedarse sólo en cobrarle la factura política a quienes estaban cuando este problema se originó hay que encontrar a quien establezca como prioridad absoluta hallar la solución.

Quien sepa hacerlo seguramente no sólo se ganará el reconocimiento de las 350 familias que han encontrado en el club de rugby un lugar donde sus hijos puedan practicar un deporte que tiene en el respeto a los compañeros, a los adversarios y al árbitro su principal seña de identidad. También habrá cumplido con su obligación.

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Un espejo
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Héctor Barbotta | 28-01-2017 | 16:15| 0

De todas las catástrofes políticas que se han abatido en los últimos meses sobre el planeta es posible que la que tendrá más repercusión en la Costa del Sol es el Brexit. No posiblemente sobre la industria turística, pero sí sobre los miles de conciudadanos y vecinos de origen británico con quienes convivimos a diario.
Si se mira desde la perspectiva global, el Brexit será una gota comparado con el río de consecuencias que podrá tener sobre el mundo la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, aunque quizás no haya que hacer análisis separados. Ambos fenómenos comparten orígenes comunes: el fracaso de la política tradicional que abre paso a la penetración del discurso demagógico, la criminalización de inmigrantes y minorías, la nostalgia por una prosperidad sustentada en condiciones irrepetibles. Asusta mirar el mapa de Europa y ver cuántos países recrean el mismo escenario.
Además del temido efecto contagio, también son previsibles consecuencias comunes, por lo que es posible que en el futuro haya dificultades a la hora de identificar qué repercusiones sufriremos como resultado del Brexit y cuáles, derivadas del mandato de Trump.
La situación se está afrontando de manera dispar: mientras Alemania advierte de que la ruptura de los acuerdos comerciales decidida por Trump le abre oportunidades en el Pacífico y en América Latina, España ha reaccionado con los complejos acostumbrados en lugar de tomar el liderazgo que cabría esperar a la hora de ponerse en la primera línea de defensa del español. Una actitud más audaz podría reportar grandes réditos en el futuro, y no sólo culturales, pero la asunción de riesgos no está ni remotamente en el adn de este gobierno.
La llegada de un presidente misógino, supremacista y xenófobo es un terrible golpe moral, pero deberíamos aprovechar esta situación para ponernos frente al espejo y no para situarnos en el pedestal de superioridad moral que adoptamos cuando miramos a Estados Unidos. Porque en estos días, mientras denostamos el muro en la frontera mexicana seguimos ignorando la valla con concertinas de Ceuta; mientras criticamos el conflicto de intereses que supone la entrada de magnates en el gobierno americano nos abstenemos de poner coto a que los magnates vernáculos incorporen a exministros y expresidentes a sus consejos de administración; mientras censuramos la ausencia de negros e hispanos en el gobierno de Trump ni siquiera somos capaces de imaginar a un gitano o a un musulmán en el consejo de ministros de España. No hay como mirar hacia afuera para evitar mirarnos hacia dentro.

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Formas y fondos
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Héctor Barbotta | 28-01-2017 | 16:13| 0

Hace ya algunos años un importante empresario hotelero andaluz confesaba en privado en pleno desarrollo de Fitur el verdadero motivo por el que no se perdía una sola edición de la feria. Consideraba que a efectos de promoción no conseguía gran cosa, pero era una oportunidad inmejorable para solucionar problemas en los distintos pueblos de Málaga y de otras provincias donde tenía intereses. Había tantos alcaldes desplazados a Madrid que conseguía resolver en una sola mañana y en un mismo lugar la misma cantidad de asuntos que en otras circunstancias le requerirían varias semanas de citas y decenas de desplazamientos.
El Ayuntamiento de Marbella recuperó el año pasado su expositor propio en Fitur como una seña de identidad de la política de promoción que quiere impulsar el actual equipo de gobierno y en contraste con la ausencia de los ocho años anteriores, en los que la política turística del equipo de gobierno del PP discurrió por otros derroteros. Este año, el stand ocupó el doble de espacio que el año anterior, con un área destinada exclusivamente a mesas de trabajo en las que las ocho empresas patrocinadoras han podido realizar su actividad.
Una de las frases que más se escuchan acerca de la feria turística de Madrid, la segunda del mundo por tamaño -sólo por detrás de la de Berlín aunque la WTM de Londres tenga mayor relevancia para la Costa del Sol por el peso del mercado británico en nuestro turismo- es aquella de ‘En Fitur hay que estar’. Sin embargo algunas veces parece que no se sabe bien para qué.
En Fitur confluyen el negocio y la política. Aunque en algunos pabellones -especialmente en aquellos donde presentan su oferta los destinos internacionales para los que el mercado español es decisivo- se respira y se palpa una intensa actividad de negocio, en el pabellón andaluz parece primar la política. Y no hay ninguna voluntad de disimularlo. Basta con recordar cómo fue la jornada inaugural, el pasado miércoles.
El pabellón fue inaugurado por la mañana por la presidenta de la Junta, Susana Díaz, que se tomó su tiempo para recorrer los ocho expositores andaluces. El interés que los alcaldes y dirigentes socialistas de cada una de las ocho provincias tomaron en fotografiarse con la líder de su partido fue tal que cuando habían pasado dos horas desde la inauguración del pabellón a la presidenta le faltaba todavía pasar por los dos últimos expositores, Málaga y Almería, y unos cuantos cientos de besos y sonrisas por repartir.
En un evento donde la prioridad fuese lo turístico, la agenda se hubiese desarrollado según lo previsto. Pero como en este caso la política estaba por encima, la delegación marbellí decidió postergar la inauguración de su stand hasta el saludo, los besos y la foto. Cuando ello finalmente se produjo, en medio de las aglomeraciones y los empujones de rigor, sólo entonces los representantes políticos de Marbella volvieron al stand municipal y se continuó con el programa. La inauguración del expositor estaba prevista a la una; se celebró a las tres y media.
Posiblemente haya quien interprete que este episodio no supera la categoría de anécdota. Es posible. Pero supone también toda una metáfora acerca de cuál es la prioridad de las delegaciones políticas en Fitur. No sólo la de Marbella, obviamente.
La presencia de la ciudad en la feria turística de Madrid ha sido de largo muy superior a la del año pasado. Tanto en el evento organizado en la noche previa a la inauguración, celebrado este año en un escenario de primera categoría como es el Teatro Real, como en el expositor de la feria, en el área municipal de Turismo han demostrado capacidad para sacar enseñanzas de la experiencia y traducirlas en un trabajo sensiblemente mejor.
Un evento previo claramente mejor que el del año anterior y un expositor en la feria más grande y vistoso que el de 2016 constituyeron un continente superior. Sin embargo, Fitur también ha demostrado que la estrategia turística de Marbella sigue quedándose corta en el contenido. Un discurso que insiste que Marbella no debe competir con los municipios vecinos –como si hiciera falta repetirlo muchas veces en respuesta a un planteamiento que nunca se ha escuchado de boca de nadie– y una serie de presentaciones que daban cuenta de una carrera solidaria para fomentar la adopción de mascotas, de una competición de gimnasia artística, de un folleto editado en colaboración con Ojén y de una nueva edición de Expobodas, suponen un bagaje ciertamente corto y mejorable. La animación que se vivió durante gran parte de las jornadas y las colas que se formaron en los momentos en el que el stand de Marbella repartía platos de jamón y raciones de lubina y servía mojitos podrían invitar a la lectura de que todo ha sido un gran éxito. Pero sería mejor preguntarse cuál es el contenido concreto de una estrategia que se presenta acertadamente sobre los pilares de la naturaleza, la gastronomía, el turismo deportivo, el ocio y la cultura y sin embargo no termina de desarrollarse. Posiblemente el balance pueda sintetizarse en que se ha cumplido con las formas, pero los contenidos se han revelado escasos.
No se trata de una responsabilidad que debe caer sólo sobre el Ayuntamiento. Aunque la mayor parte del peso corresponde a la institución, existe una responsabilidad compartida y el hecho de que solamente ocho empresas hayan respondido a la llamada de tomar parte activa en el stand expone por sí mismo cuánto camino queda todavía por recorrer.
La desestacionalización sigue siendo el gran desafío que Marbella tiene por delante. Es un empeño que no se puede afrontar con pequeños parches ni dándose por satisfecho con la animación del stand, el éxito de la gala en el Teatro Real o la puesta en marcha del foro de expertos.
Si en el terreno exclusivamente turístico el balance de la feria arroja un diagnóstico de cómo marcha la estrategia de la ciudad, en el político ha supuesto un paradigma de la buena salud y la fortaleza del sectarismo de los partidos. Independientemente de cuál sea la consideración que los grupos de la oposición tengan sobre la política turística del gobierno municipal, su ausencia de la gala con la que Marbella se presentó en Madrid es algo que va más allá del derecho a la discrepancia para entrar en la de una ausencia total de cortesía y de cualquier mínimo sentido del saber estar institucional.
Se trata de una ausencia que se puede entender en los ediles que no viajaron a Fitur, pero que constituye un desaire inaceptable por parte de quienes sí estaban en Madrid y optaron por boicotear el acto que convocaba su ciudad. En el PP había diferentes opiniones sobre si se debía asistir a la gala -y de hecho, la presidenta de la Mancomunidad, Margarita del Cid, hizo acto de presencia-, pero finalmente en el grupo municipal se impuso el criterio de Ángeles Muñoz: ni agua al enemigo.

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Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella