Diario Sur

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Selfies que mienten
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Héctor Barbotta | 19-03-2015 | 13:23| 0

El simpatizante se acerca como si estuviera ante una estrella del rock. Sonrisa que no cabe en la cara y teléfono en mano, pugna por inmortalizar el momento. El político se presta, claro. El final del mitin se prolonga en una sucesión de selfies eterna. La escena se repite cada vez que los candidatos acuden a esos actos en los que la afición de los partidos descubre la posibilidad no sólo de escuchar en directo a su líder, sino de verlo de cerca y, si hay mucha suerte, hasta de tocarlo.
Desde la transición hacia aquí, los mítines políticos han experimentado una evolución que podría resumirse en tres etapas. Al principio eran gritos de libertad. Actos que los partidos organizaban para dar a conocer sus propuestas y convencer a los asistentes de que las apoyaran. Después de cuatro décadas de ideas en la clandestinidad, seguramente la explosión llevaba a los actos políticos a miles de curiosos que más que identificarse con un partido lo hacían por el derecho de cada uno a expresar libremente sus ideas. Los partidos aprovechaban para convertir a los curiosos en votantes.
Con el tiempo se evolucionó hacia una segunda etapa. La ilusión dejó paso a la funcionarización de la política. Los curiosos y los indecisos abandonaron los mítines, que se convirtieron en espacios donde el objetivo no era convencer a los convencidos, sino dictar proclamas como el general que arenga a la tropa antes del asalto final. En el público ya no había votantes potenciales a quienes se seducía, sino adeptos que salían del acto con ánimo de intentar convencer a su entorno con argumentos escuchados al líder y que con mayor o menor fortuna podían repetir cuando llegara el caso en el ascensor o en la pausa para el café en el trabajo, siempre y cuando el trabajo no fuese proporcionado por el partido, en cuyo caso ya no era necesario convencer a nadie.
Pero hemos llegado ya a una tercera etapa. La televisión ha convertido a los líderes y aspirantes en estrellas catódicas, gran paradoja de nuestra época, precisamente en el momento en que la política se arrastra por el fango del descrédito. Los mítines ya no son tampoco la oportunidad para arengar a la tropa, sino el momento en el que la tropa tiene la oportunidad acercarse al líder y comprobar que es de carne y hueso.
Entre las estrellas del rock, futbolistas y actores, la posibilidad de tener contacto con la realidad y los pies en el suelo sólo está reservada a la minoría más inteligente que comprende que las muestras de devoción de sus fans son una parte de la ilusión que ellos venden, y que la vida es en realidad algo muy distinto. Pero el problema es que los políticos no son estrellas ni están aquí para vender ilusión, sino para solucionar problemas reales. La mayoría de las personas no son fans que aspiran a un selfie, sino ciudadanos que exigen respuestas y soluciones. Harían mal los políticos en pensar que el mundo real es el que ven en los mítines.

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Pasar por, pasar de
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Héctor Barbotta | 15-03-2015 | 18:41| 0

El PSOE de Marbella tenía previsto traer a Susana Díaz a la ciudad durante la campaña electoral, pero tuvo que cambiar de fecha porque no consiguió que le alquilaran el Palacio de Ferias y Congresos. Cuando consiguió otro escenario, Susana Díaz eligió no venir. El miércoles por la noche, la presidenta ofreció un mitin en la localidad gaditana de Los Barrios y el jueves por la mañana estuvo en Coín. La caravana electoral del PSOE hizo noche en un hotel de Estepona antes de poner rumbo al Guadalhorce por la AP7 y la carretera de Ojén. En sentido estricto no se podrá afirmar que Susana Díaz no haya pasado por Marbella durante la campaña electoral. ‘Pasado por’ o ‘pasado de’ sería una interesante discusión más allá de la semántica.
Ya en Coín, eso sí, la candidata socialista hizo referencia a Marbella como uno de los municipios donde su partido consiguió recuperar la preferencia de los ciudadanos durante las elecciones europeas.
El PP contaba con un acto institucional que iba a celebrarse mañana, lunes, en Marbella con la presencia de Mariano Rajoy: la entrega de los Premios Nacionales de Turismo. El acto ha sido suspendido con las explicaciones acostumbradas; es decir, ninguna.
Se anunciaba un gran desembarco político en Marbella para las elecciones autonómicas y finalmente ha sido menos. Ni Rajoy, ni Susana, aunque los populares pueden presumir de que ellos sí han traído a su candidato a la presidencia de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, del mismo modo que lo han hecho Izquierda Unida con Antonio Maíllo, que participó en un acto una semana antes del inicio oficial de la campaña, y con su coordinador federal, Cayo Lara, que visitó Marbella el viernes, y Podemos, cuya candidata, Teresa Rodríguez, ofreció también el viernes en la Avenida del Mar su único mitin en solitario en la provincia de Málaga. El de UPyD, Martín de la Herrán, también eligió Marbella el mismo día para un reparto de propaganda.
Lo de Susana Díaz con Marbella ha sido todo un síntoma, no ya de su aversión a pisar la ciudad, sino de la estrategia que están utilizando los socialistas durante toda la campaña: la candidata participa en actos en aquellas plazas donde el voto PSOE es más fuerte –sobre todo pueblos de menos de 20.000 habitantes-, lo que permite leer que la estrategia socialista no se centra en ganar nuevos votantes, sino en procurar que la sangría de los apoyos propios no sea mayúscula. Hace tiempo que el PSOE renunció a disputar el voto progresista y urbano de las grandes ciudades y no parece esta la mejor ocasión para andar innovando y modificar ese comportamiento. Mejor ir a lo seguro. Se trata de conservar lo que tienen porque existe la convicción de que un resultado ligeramente inferior al mal resultado de 2012 podría convertirse en un buen resultado en 2015. El PSOE puede conservar el poder aunque consiga, como vaticinan las encuestas, el peor resultado de su historia en Andalucía. Paradoja del cambio de escenario.
Si Marbella es una plaza hostil para Susana Díaz parece todo lo contrario para Moreno Bonilla, que encuentra en esta ciudad un buen caldo de cultivo con el discurso del sempiterno abandono y maltrato de la Junta de Andalucía. Su objetivo no parece consistir en disputarle al PSOE el voto conservador –que lo tiene, y en cantidades no despreciables-, sino también en evitar su propia sangría hacia Ciudadanos y hacia la abstención. La mayor preocupación de Moreno Bonilla es evitar que el castigo de sus propios votantes que Rajoy ha ido labrando con constancia digna de empeños más nobles desde 2011 tenga su primera cosecha durante las elecciones autonómicas. Ya avisó el candidato que no son las andaluzas el mejor momento para mostrar enfado con Rajoy, que de hecho no se presenta a estas elecciones. Por eso no parece ser una mala noticia para Moreno Bonilla que el acto previsto para mañana en Marbella con el presidente del Gobierno se haya suspendido.
Después de escuchar la intervención de Moreno Bonilla en el acto organizado el pasado jueves bajo el formato de un foro de la Asociación de la Pequeña y Mediana Empresa, quedó claro que el PP considera a esta ciudad una de sus plazas fuertes. No sólo porque el candidato subrayó que si es presidente se lo verá hasta el cansancio por aquí –a diferencia de lo que sucede con su contrincante- sino porque también asumió compromisos que tocan en buena medida la sensibilidad de gran parte de la sociedad de Marbella, como la refinanciación de la deuda del Ayuntamiento con la Junta, el pago de la deuda histórica de inversiones en la ciudad o la eliminación del Plan de Ordenación Territorial de la Costa del Sol. Para Moreno Bonilla, resulta incomprensible que lejos de cuidar a su joya del turismo, la Junta la maltrate.
Si se las mira con algo de distancia, al menos en esta ciudad, las campañas del PP y el PSOE parecen calcadas. El mensaje del PP se resume más o menos así: la Junta de Andalucía castiga a Marbella, y quien defiende los intereses de Marbella, más allá de ideologías, es el PP. Es más, es como si el PP y Marbella fueran dos entidades con intereses comunes: quien critica la gestión del Ayuntamiento atenta contra los intereses de la ciudad y contra su prestigio. La alcaldesa encarna los valores de Marbella, y la oposición socialista no defiende a la ciudad, sino a su partido.
Con solo hacer el ejercicio de reemplazar al PP por el PSOE, a Marbella por Andalucía y a la Junta de Andalucía por el Gobierno central, ya tenemos el discurso de Susana Díaz en estas autonómicas. El Gobierno castiga a Andalucía, y quien defiende a Andalucía, más allá de ideologías, es el PSOE. El partido y los andaluces tienen intereses comunes, quien critica la gestión de la Junta atenta contra la dignidad de los andaluces; la presidenta encarna los valores de Andalucía y el PP andaluz no defiende a la comunidad autónoma, sino al Gobierno.
Y es que no hay como una campaña electoral para detectar los parecidos de quienes reclaman ser diferentes.

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El misterio de los carteles se resuelve sin sorpresa
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Héctor Barbotta | 12-03-2015 | 18:23| 0

No ha habido lugar para la sorpresa y tampoco para la sutileza. Las vallas anónimas con fondo negro que la semana pasada proliferaron por diversos puntos de Marbella en las que se atacaba a la administración socialista de la Junta de Andalucía bajo el lema ‘PSOE no quiere Marbella’ formaba parte de una campaña organizada por las Nuevas Generaciones del Partido Popular. Quienes esperaban una resolución más sorpresiva e imaginativa del misterio de las vallas se han dado un baño de realidad sobre el nivel sobre el que discurre el debate político en la ciudad. La campaña, paralela a otra montada por el Ayuntamiento de Marbella para señalizar con carteles las parcelas ofrecidas a la Junta para la construcción de diferentes infraestructuras pendientes en la ciudad, fue montada por la organización juvenil del PP, y ayer salió a la luz en una comparecencia pública.
El discurso de los jóvenes del PP no es muy diferente al de sus mayores: Marbella es la gran olvidada de la Junta de Andalucía en materia de infraestructuras. Los carteles muestran ahora, además de la falta de amor, el nombre de las infraestructuras olvidadas,
La campaña ya fue motivo de polémica la semana pasada, cuando el PSOE acusó al PP de juego sucio y denunció los carteles ante la Junta Electoral. Desde el Ayuntamiento negaron ser los responsables de las vallas, y lo mismo hicieron en el Partido Popular, donde hasta el lunes aseguraban no conocer nada de esta iniciativa, aunque bien es verdad que lo hacían con una sonrisa en la boca.
Ayer, finalmente, se pudo entender a qué obedecía tanta socarronería. Los carteles no eran del Partido Popular, sino de su organización juvenil, que supuestamente actúa de forma autónoma. Para anunciarlo y presentar oficialmente la campaña, los cachorros del PP se trajeron a la ciudad a su secretario general, Luis Paniagua.
No había sido el partido político, sino su organización juvenil, pero en el PSOE no están para matices. Adrián Sánchez Acevedo, número nueve en la lista del PSOE a las autonómicas, acusó al portavoz municipal del PP y también candidato al Parlamento Andaluz, Félix Romero, de manipular y mentir, ya que días atrás aseguró que no le constaba que el PP tuviese algo que ver con las vallas.
Para el candidato socialista, resulta llamativo que las Nuevas Generaciones del PP tengan capacidad económica para poder instalar vallas en el municipio «algo que para un partido como el PSOE es inasequible».

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Malabares
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Héctor Barbotta | 11-03-2015 | 17:03| 0

Si no fuese porque en el fondo supone toda una metáfora de lo que sucede el resto del año, durante estos días de campaña resultaría divertido observar los malabares dialécticos que los partidos políticos y sus dirigentes realizan para lanzar mensajes que no resulten contradictorios con sus acciones; y también el interés que se toman en realizar en unos pocos días lo que no se hizo en cuatro años anteriores, como si confiaran en que entre tantas preocupaciones por llegar a fin de mes, por no perder el trabajo quien lo tenga o por conseguir que los atienda un especialista después de meses en la lista de espera, los ciudadanos no tuviesen capacidad o interés en realizar el saludable ejercicio mental de la memoria.
La semana pasada comenzó la campaña electoral y en Marbella la tradicional pegada de carteles fue virtual. El equipo de gobierno municipal decidió que la propaganda electoral afea el paisaje y que es más moderno, innovador y ‘cool’ que la cartelería sólo pueda exponerse en los 13 paneles electrónicos salpicados por la ciudad. Es un criterio, bueno para unos y malo para otros, pero un criterio. Algunos partidos pusieron el grito en el cielo por esta decisión, que ha sido avalada por la Junta Electoral, y otros ni se dieron por aludidos, sabiendo que su estrategia de comunicación circula por las redes del siglo XXI y no por la liturgia política heredada del XIX.
Al mismo tiempo que imponía este nuevo criterio, el Ayuntamiento sembraba de vallas todas las parcelas municipales que han sido ofrecidas a la Junta de Andalucía para que realice las innumerables obras que tiene pendientes en la ciudad: centros de salud, colegios, institutos y dotaciones varias. Esta iniciativa tampoco es censurable en sí misma, aunque ni siquiera desde la más infantil ingenuidad podría dudarse de la intencionalidad electoral que la alimenta. Las parcelas llevan años a disposición de la Junta, pero sólo ahora, a semanas de las elecciones, el Ayuntamiento considera oportuno informarle de la situación a los ciudadanos. No asombra el oportunismo –sorprendería lo contrario–, sino la facilidad con la que se salta de un criterio a otro. Para poner colorados a los responsables de la Junta –en el caso de que tal cosa fuese posible– sí parece apropiada la cartelería tradicional. ¿Por qué no informar a los ciudadanos de los incumplimientos del gobierno andaluz con Marbella a través de las infoterminales sin tan apropiados son para los tiempos que corren?
Pero el asunto carteles no acaba ahí. Porque más recientemente han aparecido salpicadas por diferentes puntos de la ciudad otras vallas en las que se transmite un mensaje anónimo que completa al institucional de las parcelas. Censurablemente sin firma y sobre un fondo negro, apenas expresan ‘PSOE no quiere Marbella’. ¿Para esto tampoco valían las vallas electrónicas o es que lo de la modernidad es una excusa para que no todos jueguen en las mismas condiciones? Los socialistas recogieron el guante, y el viernes los carteles amanecieron con el ‘no’ tachado. Como los carteles no llevaban firma nadie podrá presentarse como víctima de una acción vandálica. Todo muy edificante. Y no muy moderno, la verdad.
Los malabares dialécticos no se han reducido a propaganda con métodos del XIX o del XXI. Esta semana se han visto varios ejemplos de cómo conviene afrontar una campaña electoral si se lleva más de 30 años gobernando: simulando que nunca se ha estado por ahí.
Recientemente, el PSOE reprochó al PP su aparente falta de interés en la educación pública por no incluir a Marbella entre los municipios de la provincia donde se debían construir nuevos colegios. Cabría pensar que si la Junta tampoco ha hecho ningún nuevo colegio desde que el Vargas Llosa eliminó los barracones es porque esa falta de interés es, al menos, compartida.
El comportamiento de algunos políticos en campaña invita a cuestionarse si realmente les gusta ganar elecciones y ser gobierno o si se sienten más cómodos en la oposición, aunque a partir de algunas consideraciones que se escuchan lo realmente cómodo debe ser estar el poder y hablar como si se estuviera en la oposición. Vale para los colegios de Marbella y también para el tren litoral.
Después de que la ministra de Fomento comunicara que existen cinco posibles alternativas de trazado, la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, mostró toda su incredulidad. Como si las promesas, anuncios y, debe decirse, mentiras que Chaves, Griñán, Magdalena Álvarez, Concepción Gutiérrez y José Blanco hicieron durante los últimos 15 años sobre este tema no fueran con ella. «Esperemos que esta vez vaya en serio», dijo. Esperemos.

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Curados de espanto con el tren litoral
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Héctor Barbotta | 05-03-2015 | 19:57| 0

La ministra de Fomento, Ana Pastor, dijo el pasado miércoles en un foro de SUR celebrado en Málaga que le produce cierto bochorno realizar cualquier anuncio sobre el proyecto del tren litoral después de los 15 años que llevamos de promesas, compromisos y hasta licitaciones en el aire.

La ministra presume de ser una política «más de cuentas que de cuentos», y el miércoles fue fiel a sí misma. Transmitió cierta incomodidad por referirse a un tema que ha levantado tanta ilusión en un comienzo como incredulidad y desencanto a medida que el tiempo pasaba sin que nada se concretara, y sólo adelantó que después de un año de trabajo, todo lo que hay sobre la mesa son cinco alternativas posibles para la construcción del ferrocarril. Nada más que eso y nada menos. Por ello advirtió de que poco más se puede decir antes de que salgan a licitación los estudios que permitirán definir sobre el terreno cuál es, entre esas cinco, la opción viable. «Prefiero hacer más y hablar menos, frente a quienes hablan mucho y hacen poco», dijo para justificar que pese a las expectativas que se habían creado prefería no ir más allá.

Si hay un proyecto que debería avergonzar a quienes han estado al frente de las instituciones desde que nació el presente siglo -sobre todo en la Junta de Andalucía- es el de la línea férrea hasta Marbella y Estepona, que ha acumulado en todo este tiempo tantas promesas incumplidas que ‘corredor ferroviario’, ‘tren litoral’ o ‘tren de la Costa del Sol’ pueden ser considerados paradigmas no ya de la falta de seriedad de los responsables políticos, sino de la falta de respeto por la memoria y la inteligencia de los ciudadanos.

Esta misma semana, la presidenta de la Junta, Susana Díaz, retrató la situación, y posiblemente también se retrató a sí misma, al pedir que el anuncio realizado por Ana Pastor vaya esta vez en serio, sin tomar en cuenta que los anuncios sistemáticamente incumplidos en estos 15 años partieron sobre todo de la institución que preside y del partido al que pertenece.

Durante todo este tiempo, con la llegada de cada campaña electoral, se anunciaron estudios, proyectos y licitaciones de los que finalmente no hubo noticia sobre el terreno. El tren fue recurrentemente utilizado año tras año como reclamo electoral, pero el desgaste sufrido después de tanto uso lo ha convertido en un arma que ya no dispara por el cañón, sino por la culata, y que por lo tanto se puede convertir en un peligro para quien se atreva a utilizarla.

Por eso la ministra hizo bien con la prudencia exhibida en Málaga. Y haría mal si cediera a la tentación de retratarse junto a sus alcaldes en campaña electoral para realizar cualquier anuncio que sería muy difícil no interpretar como una maniobra más frente a las que ya estamos suficientemente curados de espanto.

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La batalla de La Ermita será larga
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Héctor Barbotta | 02-03-2015 | 20:17| 0

En el pleno municipal del pasado viernes, salpicado de inevitables referencias a las próximas citas electorales, se echó en falta un punto que según la planificación del equipo de gobierno debía haberse aprobado pero que un acontecimiento inesperado lo retiró de la agenda: el plan de sectorización de la Serranía, el emplazamiento llamado a albergar el futuro parque empresarial de Marbella siempre y cuando el traslado del polígono de La Ermita no acabe en encallado en los tribunales.
Como se recuerda, dos semanas atrás se conoció una sentencia de la sala de lo Contencioso Administrativo del TSJA que anuló las determinaciones del Plan General de Marbella en lo referente al traslado del polígono de La Ermita a la Serranía por considerar, basándose en un informe presentado por los demandantes –dos propietarios de naves–, que los usos de la primera no caben en la segunda.
El Ayuntamiento anunció poco después la presentación de un recurso ante el Tribunal Supremo en el que se pediría unificación de doctrina, ya que otras cuatro sentencias de la misma sala avalan el traslado, pero ahora se exploran otros posibles caminos. El objetivo es que una actuación que se considera esencial para al desarrollo de la ciudad no se acabe frustrando, pero aunque el anuncio del recurso ya fue formalmente presentado para evitar que el plazo prescriba, en las oficinas municipales no existe convencimiento de que la fórmula judicial sea la mejor para seguir adelante. El riesgo a que el traslado acabe encallando en un laberinto judicial con tiempos de resolución exasperantemente dilatados es demasiado grande.
El Ayuntamiento se enfrenta a un problema cuya resolución no es fácil: dar cumplimiento a la sentencia sin por ello abandonar el proyecto. Según los responsables municipales, aunque estrecho, existe un margen para hacerlo. Esta opinión se basa en que la resolución judicial considera que el espacio disponible en la Serranía es insuficiente para acoger a todas las naves que actualmente existen en La Ermita, y ello puede solucionarse de diversas maneras. En primer lugar, según fuentes consultadas por este periódico, porque el plan de sectorización, que no estaba terminado cuando la demanda se dirimió en los tribunales, ofrece garantías de que sí hay sitio suficiente y en todo caso aún se está a tiempo de corregirlo en caso de que fuera necesario. En segundo lugar, porque no todo lo que existe actualmente en La Ermita debería trasladarse. Sólo tendrían que hacerlo los usos industriales. Y en tercer lugar, porque aunque la sentencia dicta una resolución contra el Plan General de Marbella, el traslado está previsto en un documento de rango superior, el Plan de Ordenación Territorial de la Costa del Sol, al que el PGOU debe subordinarse.
Con todos estos parámetros a la vista, el Ayuntamiento trabaja en estos días para encontrar fórmulas que permitan seguir adelante, y a ello se debió que el plan de sectorización, en el que se ordenaban todos los usos del suelo de destino y que probablemente deberá modificarse, no fuese llevado a pleno. Pero hay un motivo más. Los responsables municipales consideran que los principales interesados en que el traslado se haga son los propietarios de suelo y naves en el suelo de origen, el polígono La Ermita. Y aunque hay más de 600 naves, la mayor parte de la propiedad está muy concentrada. Por ello también han iniciado una labor de acercamiento para evitar que las diferencias sobre este asunto estratégico para el futuro de la ciudad se siga dirimiendo en los tribunales donde, aseguran, nadie gana y todos pierden.

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Salud y educación
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Héctor Barbotta | 24-02-2015 | 11:51| 0

Mientras el PP anunciaba ayer la participación de su candidato local a las elecciones del Parlamento Andaluz, Félix Romero, en la recogida de firmas de una plataforma que reclama la ampliación del centro de salud de Leganitos, el Partido Socialista convocaba a la prensa para hacer balance de la aportación del Gobierno andaluz a la educación en Marbella. La vorágine de estos días en las que se entremezclan dos precampañas políticas –la de las autonómicas de marzo y la de las municipales de mayo– es tal que al final lo que termina entremezclado es lo institucional con lo partidario y esto con lo ciudadano. Hubo algún día en que presentar lo institucional como si fuera de partido o utilizar recursos públicos para hacer propaganda política suponía una excepción que demostraba cierta picaresca. Pero a fuerza de confundir institución con partido la excepción se ha transformado en norma, y a estas alturas no es seguro que los pícaros tengan conciencia de que lo son.
Después de varios meses denunciando la politización de las plataformas ciudadanas que a lo largo del presente mandato municipal proliferaron para oponerse a diferentes iniciativas del Ayuntamiento –los rascacielos primero, la tala de los árboles de Notario Luis Oliver más tarde, la construcción de la terminal de autobuses frente al colegio Teresa León después, para acabar con la alteración de las lindes con Benahavís¬-, el gobierno municipal habrá visto con regocijo cómo ha sido convocarse las elecciones autonómicas y empezar a surgir otras plataformas ciudadanas que reclaman a la Junta de Andalucía actuaciones pendientes en la ciudad. Espontáneamente. Hay una que pide por mayor dotación sanitaria (Marbella sigue subsistiendo con tres centros de salud a razón de uno cada 50.000 habitantes) y otra que exige la construcción de una residencia de mayores pública.
La credulidad invitaría a pensar que no ha habido intervención política en estas respetables iniciativas, pero seguramente será muy difícil ver a un candidato socialista apoyando la iniciativa de los centros de salud, del mismo modo que no hubo miembros del gobierno municipal opinando que había localizaciones mejores para una estación de autobuses que frente a un colegio público. A Félix Romero, metido en el traje de candidato, le tocó ayer firmar para pedir por los centros de salud.
Ayer hubo también desembarco socialista, pero no para hablar de sanidad, sino de educación. El secretario de Política Institucional del PSOE, Francisco Conejo; el candidato a la Alcaldía, José Bernal; la número dos en la lista al Parlamento Andaluz, Beatriz Rubiño; el secretario local del PSOE en San Pedro, Ricardo López, y la exportavoz municipal y miembro de la ejecutiva provincial socialista Susana Radío presentaron en San Pedro la campaña ‘Nos une el futuro de Andalucía’, en la que expresaron su objetivo de «seguir garantizando una educación por la igualdad y el progreso».
Conejo mostró su intención de poner el valor el esfuerzo del Gobierno andaluz para garantizar la educación pública en Andalucía y dio cifras. El gobierno socialista de Susana Díaz (así se lo presenta) destina a la educación en Marbella más de once millones de euros. El dirigente socialista habló de bonificaciones en el aula matinal, los comedores escolares, el transporte escolar y 34 actuaciones de mejora. «En época de crisis –dijo Conejo- Susana Díaz ha seguido manteniendo la inversión para mejorar, modernizar y garantizar que los centros tengan las mejores condiciones para la escolarización de nuestros estudiantes». Teniendo en cuenta que, según los datos del propio Conejo, 9,6 millones corresponden a sueldos de profesores, y que en la cifra de 11 millones va incluido todo el resto, cabría preguntarse por cuánto sale cada una de esas 34 actuaciones, y si la cifra resultante merece una rueda de prensa con cinco ponentes. Por no hablar de si es lícito vanagloriarse en una campaña política de que se pagan los salarios a los maestros.
Para desmentir a quienes crean que la confusión entre institución y partido es cuestión de un solo color político, la respuesta no vino por parte del PP sino del Ayuntamiento. Carmen Díaz respondió en un comunicado oficial que el PSOE «debería sonrojarse cada vez que habla de educación tanto en Marbella como en Andalucía» y criticó «la falta de inversión y el abandono que mantiene a la ciudad en esta materia». El comunicado con las declaraciones de Díaz no fue remitido desde una oficina del PP, sino desde el Ayuntamiento de Marbella. No venía con el logotipo de la gaviota, sino con el escudo municipal. Díaz no lanzó estas críticas en su condición de portavoz del Partido Popular, sino como concejala de Educación. Habrá quien se pregunte que cuál es la diferencia, pero debería haberla.

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El ejemplo de los exalumnos de La Cónsula
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Héctor Barbotta | 23-02-2015 | 11:13| 0

La imagen de la semana pasada en Marbella no ha estado en las fotografías en las que los políticos en campaña se inmortalizan, según el caso, con el paisaje de fondo de un problema que prometen solucionar o con una obra que espera a ser inaugurada tan pronto como se evalúe en qué momento lo aconseja la mercadotecnia electoral. Tampoco en las reuniones que, en estos días en los que la propaganda de las autonómicas se entrecruza con la de las municipales, los partidos perfilan listas y estrategias para someterse al examen de las urnas. Tampoco en las comparecencias en las que responsables de diferentes administraciones simulan tener en la cabeza la gestión de la que deberían hacerse cargo y no la cita con las urnas y su pugna por entrar en una u otra lista. Ni siquiera ha estado en la precaria ventana del precario ambulatorio cuyas nulas medidas de seguridad ni tan siquiera fueron capaces de contener a unos cacos de tres al cuarto que entraron como Pedro por su casa y arramblaron con los ordenadores.
La imagen destacada es la mirada atenta y esperanzada a pesar de todo que no ocultaba admiración con la que los alumnos de La Cónsula seguían la charla que Dani García les dio en su restaurante el pasado jueves.
Hay una circunstancia que habla mejor de la maltratada escuela de hostelería de Málaga que las estrellas Michelin que van coleccionando como cromos los más aventajados de sus alumnos. Es el cariño y la consideración que esos mismos graduados, e incluso muchos de sus antiguos responsables, siguen guardando hacia una institución sin la que, ellos mismos saben, no habrían llegado hasta el rotundo éxito profesional del que hoy disfrutan.
Basta intercambiar unas palabras con el primer director del centro, el entrañable Rafael de la Fuente; con el hoy responsable del restaurante El Lago y antiguo alumno de La Cónsula, Paco García, o con el también exalumno Dani García para saber lo que ha significado esa escuela de hostelería en sus vidas. Y lo que ha venido significando hasta ahora cuando necesitan contratar personal que les dé garantías.
No porque lo digan de forma explícita, sino por la indignación que se les adivina ante el abandono institucional y el compromiso que demuestran por intentar salvar algo que se parece mucho a esos barcos cuyo armador y capitán dejan abandonados y a la deriva con tripulaciones que, pese a todo, dedican esfuerzo y trabajo en intentar mantener a flote y guiar la nave hacia algún rumbo cierto.
Resulta difícil encontrar una inversión educativa que haya conseguido éxitos tan contrastables y rápidos como La Cónsula. Hay quien mide los aciertos de la escuela con el número de estrellas Michelin que obtienen sus exalumnos, pero posiblemente sea más pertinente hacerlo con los índices de colocación de sus graduados, con el interés que multitud de jóvenes mostraban –al menos hasta ahora– por ser admitidos, por la pugna de restaurantes de todo el país y también de fuera por hacerse con los servicios profesionales de sus alumnos. Ante todo ello, el desinterés y el abandono al que el Gobierno andaluz la somete resulta doblemente preocupante. No sólo por la suerte del centro, de sus alumnos y de la industria turística que se ve privada de un instrumento esencial para mejorar su capacidad para competir, sino también porque la propia situación describe a los encargados de tomar las decisiones. ¿Si hacen esto con La Cónsula, qué no harán con otros centros educativos de menor renombre e igual de necesarias? Los alumnos de La Fonda o del CIO Mijas pueden dar testimonio de ello. ¿Si pasa esto en un emblema sobre el que están todos los focos, que no pasará en colegios e institutos ignotos?
Cuando se deja morir un centro de educación pública no sólo se abandona a sus alumnos y profesores; se está abandonando el mejor instrumento posible para dar oportunidad a quien de otra manera jamás podría tenerla, para combatir injusticias y para atenuar desigualdades.
Frente a este abandono, han sido los propios exalumnos, hoy con carreras coronadas por el éxito, quienes han asumido la tarea de contener, incluso emocionalmente, a los estudiantes. La semana anterior fue en el restaurante El Lago; esta vez, en el de Dani García. Ante la falta de prácticas en la escuela, los alumnos han sido invitados a conferencias, se les ha enseñado como proveer a un restaurante de las mejores materias primas de la tierra, se les ha instruido sobre el valor de la innovación y, sobre todo, se les ha dado ánimo para afrontar esta situación.
Quizás no sea una responsabilidad que les correspondiera a ellos, a Diego del Río, a Paco García o a Dani García, pero lo que han hecho los honra, los enaltece como personas y como profesionales y además consigue transmitir a quien quiera leer el mensaje la dimensión del desastre que supone dejar morir de inanición, vaya paradoja tratándose de una escuela de alta gastronomía, a la mejor iniciativa educativa que ha tenido nunca la industria del turismo en la Costa del Sol.
Hay quien ha dicho que la actitud ante La Cónsula revela que posiblemente en el Gobierno andaluz alguien tiene un problema con la excelencia. A estas alturas cabe preguntarse desde qué contorsión, desde qué malabar de la dialéctica política, es posible dejar morir a La Cónsula y mantener el discurso del compromiso con el empleo, la educación pública y la igualdad de oportunidades.

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Freno al traslado del polígono de La Ermita
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Héctor Barbotta | 15-02-2015 | 20:36| 0

Cuando en vísperas de las elecciones generales de 2011 Mariano Rajoy y Alfredo Rubalcaba celebraron el primero de sus acartonados debates preelectorales, el candidato socialista asumió una actitud que todos los analistas consideraron un error de libro. Frente a un Rajoy que hablaba como futuro presidente del Gobierno, Rubalcaba se pasó todo el debate exigiéndole que dijera qué iba a hacer cuando ganara. Rajoy asumió una serie de compromisos –que ya en la Moncloa incumpliría sistemáticamente–, pero nadie que soportara aquella noche las dos horas frente a la televisión tuvo por un momento la sensación de que el aspirante socialista se atribuyera a sí mismo siquiera alguna remota posibilidad de frenar la vuelta al poder del Partido Popular.
Seguramente era mucho pedir a Rubalcaba que en una sola noche televisada torciera el curso de un resultado que se adivinaba inexorable por la virulencia de la crisis que ya se adiviniba y la impotencia del Gobierno para hacerle frente, pero cabe preguntarse si esa actitud de atribuir a su contrincante la condición de futuro presidente y de exigirle responsabilidades por no revelar su verdadero programa en lugar de explicar cuáles eran las propuestas socialistas no contribuyó a que la derrota del PSOE fuera de una magnitud inédita hasta entonces.
Recientemente se ha conocido que el Ayuntamiento ha sufrido un serio traspiés en los tribunales. El TSJA ha dictado una sentencia que anula las determinaciones del Plan General en lo que se refiere al traslado a la Serranía del polígono industrial de La Ermita. La decisión judicial, dictada tras una demanda presentada por dos propietarios, paraliza de hecho un proceso en cuyos estudios ya se llevan invertidos más de 300.000 euros, que supone una transformación absoluta en el diseño de una ciudad marcada por desequilibrios territoriales, que movería, según se estima, una inversión de mil millones de euros y que está llamada a acabar con una anomalía que Marbella deberá corregir más temprano que tarde: la existencia de un polígono industrial en primera línea de playa.
La decisión judicial se ha basado en un informe técnico cuyas conclusiones el Ayuntamiento rechaza y el plan de sectorización ya terminado desmiente, aunque ese documento no pudo ser presentado por los tiempos procesales. Ahora, pese a que se ha pedido unificación de doctrina porque hay otras sentencias que sí avalan el plan, la situación en la que queda todo está marcada por la incertidumbre.
Que este proceso, que no es asunto de un mandato municipal de cuatro años, ni siquiera de dos ni de tres; que se inició a partir de un Plan General elaborado bajo la supervisión de la Junta de Andalucía, y que está contemplado en el Plan de Ordenación Territorial de la Costa del Sol, a su vez derivado del Plan de Ordenación Territorial de Andalucía, haya sufrido un frenazo en seco en los tribunales supone seguramente una mala noticia para alguien. Lo que cabe preguntarse es si se trata de una mala noticia sólo para el equipo de gobierno municipal, para la alcaldesa y su concejal de Urbanismo, para los técnicos que vienen trabajando en el asunto o para el conjunto de la ciudad e incluso de la Costa del Sol.
Desde las filas de la oposición municipal se ha celebrado la decisión judicial. Izquierda Unida –cuyo portavoz acusó en el último pleno de ‘leninismo’ al Partido Popular por su criterio de ‘cuanto peor mejor’ en las relaciones con la Junta de Andalucía– recordó que hace tiempo viene advirtiendo de que esta operación es inviable y el candidato socialista, José Bernal, reclamó a la alcaldesa que diga cuál va a ser plan alternativo ahora que el TSJA ha frenado el traslado con esa sentencia. Bernal invitó a la alcaldesa a «que se ponga de forma inmediata a buscar un nuevo emplazamiento para el futuro polígono que no suponga la ruina de los propietarios y empresarios del polígono La Ermita ni la pérdida patrimonial de la ciudad».
Es lógico que durante todo el mandato municipal se exija a quien gobierna que lleve adelante los proyectos a los que se ha comprometido y que se le reclame responsabilidades cuando no consiga hacerlo. Pero no resulta demasiado alocado pensar que a 100 días de las elecciones municipales, una circunstancia como esta constituye una oportunidad inmejorable para explicar cuál es la opción que se propone.
Celebrar la derrota de un plan estratégico a largo plazo que seguramente a través del tiempo deberán gestionar diferentes equipos de gobierno debería suponer, paralalamente, la propuesta de una alternativa. Lo que ha dicho en esta ocasión el TSJA ya se sabe. El Ayuntamiento ha adelantado que presentará un recurso porque considera que el polígono debe trasladarse y que la Serranía es la localización adecuada. Ahora resta por saber qué proponen quienes aspiran a asumir el mando. Los 100 días que quedan hasta las elecciones municipales parecen ser el momento adecuado para hacerlo.

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Calendarios alterados
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Héctor Barbotta | 09-02-2015 | 17:52| 0

El transcurso de los días desde que se confirmara el adelanto electoral en Andalucía no sólo ha anticipado un calendario político que no tenía prevista fecha marcada en rojo hasta el mes de mayo, también ha trastocado las previsiones de los partidos para la tarea más delicada y a la que atribuyen más importancia entre todas las que realizan: la elaboración de las listas electorales. Una actividad con la que los más expertos dirigentes tienen especial cuidado porque saben que hace aflorar susceptibilidades, pone sus promesas y compromisos frente a los hechos y tanto puede generar agradecimientos de por vida como rencores perpetuos.
El paisaje original estaba conformado por un cadencia más o menos lógica: primero elecciones municipales y después, con los resultados sobre la mesa y la agrupación local de cada partido habiendo exhibido fortaleza o debilidad, la conformación de las candidaturas bien a elecciones generales, bien a las autonómicas.
Pero las urgencias de Susana Díaz dieron un vuelco al calendario y con ello todos los partidos se han puesto patas arribas. Todos menos el PSOE. Posiblemente la mejor muestra de que todo estaba previsto es que es el Partido Socialista el único que ya tiene el problema solucionado. En una formación donde las negociaciones hasta última hora, los delicados equilibrios entre familias y la alquimia interna supone algo así como una seña de identidad, en esta ocasión el asunto ha sido resuelto en un santiamén, lo que demuestra que habían sido advertidos de la jugada de la presidenta o que la presidenta manda tanto que en esta ocasión no ha permitido que ninguna pugna interna ponga obstáculos en lo que imagina su plácido camino hacia la reelección y lo que venga después.
Lo curioso del caso es que la advertencia de que la situación no está para líos parece haber sido clara, porque el PSOE no sólo se ha adelantado en la conformación de la lista para las autonómicas, sino también, con destacable antelación, en las candidaturas municipales, incluida la de Marbella. Es el único partido que ya ha resuelto las dos, y por delante sólo le queda hacer campaña.
Los socialistas, que se están encontrando con más obstáculos de los esperados a la hora de contratar vallas publicitarias en Marbella, han excluido a su candidato a la Alcaldía, José Bernal, de la lista al Parlamento Andaluz. Con la normativa que impide a un alcalde ser al mismo tiempo diputado autonómico –aprobada a medida para arrojar del Parlamento a los alcaldes del PP y también a Sánchez Gordillo–, volver a repetir con Bernal en la candidatura autonómica hubiese supuesto un mensaje pesimista para las elecciones que ningún partido con aspiraciones se puede permitir. Una muestra de cómo ha podido influir la alteración del calendario.
También en el Partido Popular la elaboración de las listas deberá hacerse con calendario contrario al previsto. Ángeles Muñoz todavía no ha dado pista alguna sobre qué hará con la candidatura municipal, si habrá renovación y hasta dónde llegará en caso de haberla, pero para la lista autonómica la urgencia es otra.
En los últimos días, desde las filas adversarias al PP se lanzaron a través de la red mensajes más o menos ingeniosos sobre una supuesta pugna interna para ocupar el lugar en la lista de candidatos al Parlamento Andaluz que le correspondería a Marbella y que en la legislatura que acaba de terminar ha ocupado José Eduardo Díaz. Este edil fue el primero en bajarse de la posibilidad de repetir cuando, tras conocerse la convocatoria comunicó a su jefa de filas su intención de concentrarse en la política municipal. Pese a la salida de Díaz, el PP de Marbella mantiene la intención de colocar a uno de los suyos en el Parlamento Andaluz. No hay pelea interna porque Muñoz ya ha decidido el nombre del candidato: Félix Romero. Lo que resta por saber es en qué puesto quedará situado, será impar y entre los primeros siete. Lo que es seguro es que quien acceda a una acta autonómica no tendrá concejalías a su cargo en el Ayuntamiento de Marbella. El líder del PP andaluz, Juanma Moreno Bonilla, exigirá dedicación plena, sobre todo en un parlamento que se prevé atomizado, con al menos cuatro grupos políticos, sin mayoría absoluta y gran actividad negociadora en el hemiciclo y en los pasillos. Cualquiera que sea el resultado de las elecciones autonómicas, sacar adelante proyectos exigirá negociar acuerdos. La actividad parlamentaria será frenética.
A ello se suma que Moreno Bonilla contará con un equipo parlamentario formado por él mismo, y no heredado como el que ha tenido hasta ahora. Por ello, su nivel de exigencia será mayor. Compatibilizar esa situación con actividad municipal no será tarea sencilla.
Podemos también se ha visto afectado por el cambio de calendario. La hoja de ruta que se había planteado el partido de Pablo Iglesias tenía, y sigue teniendo, a las elecciones generales como objetivo principal. En su calendario, las municipales suponían una convocatoria por la que pasarían de puntillas para llegar impolutos a la cita en la que aspiran a disputarle el poder al PP.
El adelanto de las elecciones autonómicas les ha dado un renovado argumento que refuerza su tesis de que los partidos tradicionales anteponen sus propios intereses a los de los ciudadanos, pero los ha obligado a acelerar su propia constitución como partido y a realizar pactos internos contra los que tanto claman pero que han sido, según entienden al menos en los círculos de Marbella, forzados por la premura.
¿Qué incidencia puede tener esta circunstancia en su preparación de las municipales? De momento no tienen previsto alterar su calendario, aunque el viernes saltó la novedad, cuando la dirección de Marbella adelantó que presentará una propuesta para crear un partido instrumental que permita a la formación acudir a las elecciones municipales sin necesidad de reunir, en el caso de Marbella, las 1.500 firmas necesarias para conformar una agrupación de electores. Unas firmas que, además, deben ser compulsadas ante notario.
Los miembros de Podemos de Marbella, que a diferencia de sus compañeros de Málaga capital parecen tener plena sintonía con la línea mayoritaria del partido, aseguran que las dificultades para conseguir firmas no va con ellos y afecta más a sus compañeros de otros municipios. Consideran que ese número de apoyos, por lo que perciben en la calle, está a su alcance. Pero reconocen que conformar una candidatura con marca única en toda la provincia les daría no pocas ventajas. La menor no es la posibilidad de entrar en la Diputación, un objetivo que en todo caso reconocen secundario. Para ellos, habrá dos ensayos –las autonómicas primero y las municipales después– y un partido en el que se juegan todo: el que se librará cuando se convoquen las elecciones generales.

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Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Delegado de SUR en Marbella