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15 años en vía muerta
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Héctor Barbotta | 19-01-2015 | 17:57| 0

El anuncio esta semana de la ministra Ana Pastor de que durante este trimestre se presentará el proyecto para llevar el tren de Cercanías hasta Marbella ha vuelto a poner de actualidad un anhelo de la provincia de Málaga que en los últimos años ha acumulado frustraciones y desengaños por el cúmulo de anuncios, compromisos y promesas incumplidas. La ministra ya adelantó hace casi dos años que pese a toda la tinta que sobre el proyecto había corrido en los tres últimos lustros, al llegar con su equipo al Ministerio en 2011 no había encontrado un solo papel que demostrara que detrás de las promesas había algún trabajo realizado. Desde la Junta de Andalucía se le respondió entonces que en la sede de la Consejería de Fomento sí había estudios para llevar el tren hasta Marbella, y que no tenía más que solicitarlos. La Junta destinó en su día millones de euros a esos trabajos.
Sin embargo, entre los estudios que descansan en varias cajas archivadas en alguna dependencia del Gobierno andaluz en Sevilla y el que han culminado recientemente los ingenieros de la sociedad pública de consultoría Ineco, hay sustanciales diferencias, porque no se trata de un mismo proyecto, sino de dos.
Es posible encontrar en ambos un mismo origen. En el inicio de la campaña electoral previa a las elecciones autonómicas y generales de 2000 el entonces presidente Chaves presentó como propuesta estrella lo que llamó el Corredor Ferroviario de la Costa del Sol, un ambicioso proyecto que preveía la llegada del tren a Marbella y su extensión hasta Algeciras y la conexión desde Málaga hacia el Oeste con un tranvía que tendría destino en Vélez-Málaga.
Ya el año anterior, a pesar de que Renfe había presentado un estudio que aseguraba que una eventual línea de cercanías hasta Marbella no resultaría ni viable ni rentable, la Junta anunció la licitación de un estudio para prolongar el tren a toda la Costa del Sol, desde Nerja hasta Estepona.
El bosquejo presentado por Chaves en 2000 guardaba algunas diferencias con el anuncio de un año antes. Preveía en el tramo Málaga-Fuengirola el desdoblamiento de la actual línea de cercanías y la financiación mediante la instalación junto a las nuevas vías de las conducciones de fibra óptica que por entonces anunciaban la llegada de la modernidad.
El propio Chaves llegaría a asegurar años después, en diciembre de 2007, que el tren llegaría a San Pedro Alcántara en 2013. Por ese entonces, la Junta convocó un concurso para el diseño de las estaciones, que se convertían, en ‘áreas de oportunidad’ y actuarían como focos comerciales en las zonas por las que el tren iría pasando.
El proyecto ya había comenzado a dividirse en dos cuando en la Junta de Andalucía y el Ministerio de Fomento –ambos gobernados por el Partido Socialista– se mantuvieron criterios diferentes. Mientras el Gobierno central optaba por alargar la línea de cercanías, desde el Ejecutivo andaluz se advirtió de que ese trazado era incompatible con la alta velocidad, y que por lo tanto sería necesario un proyecto nuevo que conectara directamente Málaga con Marbella. Se empezó a hablar de dos proyectos alternativos. Un Cercanías pegado al litoral y una línea con mayores prestaciones por el interior. Se impuso la opción de Fomento, y en marzo de 2009 la Junta anunció la adjudicación de un primer tramo de la obra, consistente en cuatro kilómetros de túneles entre Fuengirola y Mijas con un presupuesto de 164 millones de euros. Nada más se supo de aquello.
Ambas opciones se caracterizan por el alto coste y las dificultades técnicas. El del Cercanías hasta Marbella, porque discurriría por una zona densamente urbanizada que requeriría de largos tramos soterrados que dispararían el presupuesto. El del corredor ferroviario o tren litoral, cuyo trazado iría al norte de las zonas urbanas, paralelo a la autopista, y cumpliría con los requerimientos de la alta velocidad, por la orografía del terreno.
Con la llegada de la exministra de Fomento Magdalena Álvarez al Banco Europeo de Inversiones llegó también un nuevo anuncio que, como los anteriores, se quedó en eso: la disposición de esa entidad a participar en la financiación de la obra, cuyo coste estimado rondaría los cuatro mil millones de euros. Posteriormente se anunciaría, ya en las postrimerías del último Gobierno socialista, la creación de una sociedad mixta que atraería inversión privada al proyecto. Más papel mojado.
En mayo de 2013, la ministra de Fomento, Ana Pastor, anunció que el Gobierno, a petición de la alcaldesa de Marbella, retomaba el proyecto, aunque en realidad había que comenzarlo desde cero con un informe que determinara su viabilidad económica, las vías de financiación y el posible trazado.
No fue hasta la semana pasada cuando la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, situó como prioridad para Andalucía en el paquete de proyectos destinados a financiarse con los fondos de plan Juncker la construcción del ferrocarril hasta Marbella, aunque no aclaró si se refería a uno u otro proyecto. La lógica invita a suponer que ambos proyectos deberían acabar fundiéndose en uno, aunque tampoco eso está claro.
Del estudio que el Ministerio de Fomento presentará próximamente sólo se sabe que se trata una extensión del Cercanías. El propio anuncio permite adelantar que el informe ha encontrado viabilidad económica, posiblemente sustentada en los 100 millones de viajes que uno de los informes previos detectó como potencial de esta línea. Sólo resta por saber si después de estos quince años de anuncios, frustraciones y espera el tren destinado a conducir a la Costa del Sol hacia la modernidad y a que Marbella deje de ser la única ciudad española con más de 100.000 habitantes sin estación de ferrocarril salga de la vía muerta y comience a andar de una vez por todas.

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El tren de la desconfianza
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Héctor Barbotta | 15-01-2015 | 17:42| 0

Sobre el proyecto del tren de la Costa del Sol, que uniría Málaga con Marbella y Estepona, pesan dos losas difíciles de levantar. La más importante es que después de 15 años de proyectos, anuncios y promesas, son pocos quienes creen que esa obra vaya a realizarse algún día. La segunda es que cualquiera que conozca la orografía y el desarrollo urbanístico de la Costa del Sol puede deducir que la inversión necesaria es monumental.

Entre los argumentos que sustentan el pesimismo, el principal es el descaro con el que desde la política se jugó con esta aspiración ciudadana, sobre todo en períodos preelectorales como el actual, sin que se destinara jamás ni un euro, ni siquiera en las épocas en las que parecía haber dinero para todo.

 

Pero hay más. En los ámbitos políticos existe la convicción de que el dinero público no es de los ciudadanos, sino de quienes lo gestionan, y por ello no es inhabitual asistir a declaraciones en la que se sostiene con naturalidad e impudicia que tal o cual obra se ha hecho con fondos de la Junta de Andalucía gobernada por el PSOE o que Rajoy ayuda a tal o cual comunidad cuando transfiere los fondos que le corresponden. Ése es el principal motivo de la ausencia de planificación más allá de cuatro años vista. Con excepciones que resulta muy difícil encontrar, no existe el largo o el medio plazo. Hay un único plazo, que se agota en las siguientes elecciones. Por eso nadie elabora presupuestos contracíclicos -con los que se ahorraría en época de bonanza para tener reservas que permitieran mantener el gasto cuando llegan las vacas flacas- y mucho menos se molesta en gastar recursos para poner los cimientos de obras que posiblemente tendrán a un protagonista diferente en la foto de la inauguración. El tren de la Costa del Sol requiere altura de miras, generosidad y sentido de Estado. Razón suficiente para creer que nunca se hará.

Ahora, en un breve lapso de tiempo, la presidenta de la Junta puso otra vez el tren litoral en la agenda y la ministra de Fomento acaba de anunciar que en este trimestre se presentarán los resultados del estudio sobre la viabilidad del proyecto. Y a nadie se le ha escapado que estamos en un año de urnas.

Frente a tanto motivo para desconfiar, existe sin embargo la oportunidad de fortalecer una de las zonas turísticas más pujantes del país, la necesidad de acabar con una deuda prolongada y la obligación de que Marbella deje de ser la única ciudad con más de 100.000 habitantes sin conexión ferroviaria. Por ello, queda algún resquicio para confiar. No en promesas, sino en una sociedad que reclame con fuerza una obra oportuna, necesaria y obligada. A corto plazo es difícil imaginar el inicio de las obras. Pero igual de difícil es imaginar una Marbella a la que en el futuro el tren siga sin llegar.

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Lindes
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Héctor Barbotta | 12-01-2015 | 11:25| 1

La aprobación por el último pleno municipal de 2014 del acuerdo de lindes con Benahavís ha vuelto a traer a la actualidad un asunto que se viene debatiendo desde hace seis años, pero que ha adquirido una virulencia sin duda atizada por las urgencias políticas que marca el calendario. El asunto de las lindes ha resurgido inesperadamente con parámetros parecidos a otros que han marcado el último año político en el Ayuntamiento. Al igual que sucedió en su día con los rascacielos, con la tala de los árboles de Notario Luis Oliver y con la terminal de autobuses de San Pedro, los partidos de la oposición han cedido la iniciativa a una plataforma ciudadana que muestra su indignación por la aparente pérdida de terreno en favor de un municipio vecino, igual que anteriormente se hizo por la presunta agresión a la identidad arquitectónica de la ciudad, a su patrimonio ambiental o a la seguridad de los alumnos del colegio situado frente a la estación de autobuses.

En este caso, quienes se han agrupado en defensa de lo que entienden la integridad territorial de Marbella evitan utilizar el término ‘plataforma’ y prefieren que se los identifique como ‘movimiento ciudadano’, un cambio de denominación que no alcanza para evitar advertir que en la foto de familia de los vecinos que legítimamente se unen detrás de una reivindicación que consideran justa se visualizan no pocos rostros que ya aparecían en la oposición a los rascacielos y en la protesta contra la tala de árboles. Si se exceptúa la protesta organizada contra la estación de San Pedro, donde la AMPA del colegio Teresa León tuvo un papel decisivo, existe la sensación de que se trata de la misma plataforma que se moviliza por diferentes motivos, lo que en ningún caso le hace perder ni un ápice de legitimidad a sus reivindicaciones.

Sin embargo, algunos, no todos, de los miembros de la plataforma (o movimiento) han hecho gala en los últimos días de la misma intolerancia exhibida en ocasiones anteriores. Poner bajo sospecha y arremeter contra quien ose constatar datos que no se ajusten a su relato o emita opiniones divergentes se ha convertido en una marca de la casa. No es nada nuevo; ya lo habían hecho cuando los árboles, y antes, cuando los rascacielos. No son todos, sólo algunos. Precisamente los mismos que se molestan cuando se recuerda que estuvieron en plataformas anteriores. Como si eso tuviese algo de malo. O como si preocuparse por la arquitectura y por el medio ambiente fuese incompatible con hacerlo por la integridad territorial del municipio.

El movimiento, que ha adoptado en Facebook el nombre de ‘Ni un metro de Marbella para otra población’ y ha abierto cuenta en Twitter con el nombre @MarbellaLindes, ha organizado una recolección de firmas en la plataforma digital Change.org, en la que hasta el viernes habían recogido 688 apoyos. Argumentan que con el acuerdo se entregan a Benahavís 170.000 metros cuadrados que siempre han sido de Marbella y en los que la alcaldesa tiene intereses económicos.

Cuando hace un año Ángeles Muñoz desistió del proyecto de autorizar torres de gran altura en cinco puntos diferentes de la ciudad, en parte por el predicamento que había adquirido la plataforma ciudadana que se oponía a esa medida, seguramente no sabía que estaba abriendo la espita a una forma de enfrentarse a las iniciativas del equipo de gobierno a la que los grupos de la oposición municipal se sumarían con entusiasmo. Pero lo que ha valido para una situación no necesariamente sirve para otra, como ya se ha visto en la protesta ambientalista contra la tala de árboles en el centro. Sobre todo si se tiene en cuenta que el acuerdo de lindes con Benahavís se viene debatiendo desde diciembre de 2008, cuando se inició la tramitación, y aunque es cierto que los grupos de la oposición lo criticaron desde el comienzo, no ha sido hasta ahora, año electoral, cuando muchos de los vecinos que antes se movilizaron contra la tala de árboles y antes contra los rascacielos lo han situado en el centro de sus preocupaciones.

Pese a las protestas de la oposición –incluida Izquierda Unida, formación política que gestiona la consejería de la Junta de Andalucía desde la que se ha supervisado todo el proceso– el cambio de lindes ha tenido una plácida tramitación institucional. De hecho, en la Junta han estado lejos de cuestionar un pacto entre ayuntamientos que venía a poner orden en una situación anómala, ya que los límites entre ambos términos municipales no coincidían según se consultara uno u otro documento. El suelo que ahora pasará a formar parte de Benahavís  –donde se sitúa la vivienda de la alcaldesa y terrenos propiedad de su familia, lo que ha alimentado la polémica– figura como parte de Marbella en el último expediente de deslinde, que data de 1873, y en el Plan de Ordenación Territorial (POT) de la Costa del Sol Occidental, de 2006.  Sin embargo, aparece como parte de Benahavís en el plan general anterior al actual, el de 1986, y en el plan parcial de la zona, de 1996. Asimismo, un documento firmado por el entonces alcalde de Marbella, el socialista José Luis Rodríguez, en 1985 aprobaba  una alegación que reclamaba el suelo para Benahavís. La anomalía que ahora se corrige, consiste en que el Ayuntamiento de Benahavís ha hecho uso tradicionalmente de esos terrenos, a través del cobro de impuestos y la concesión de licencias.

Tras las fiestas navideñas se ha entrado de lleno en la recta hacia las elecciones municipales mayo. Una buena ocasión para echar la vista hacia otra campaña, la de 2007, cuando el entonces candidato socialista, Paulino Plata, se defendía de la acusación de vivir en Antequera recordando que su oponente, Ángeles Muñoz, tampoco residía en Marbella, sino en Benahavís. La candidata del PP respondía que ella vivía en Marbella, aunque para empadronarse en la ciudad hubiese tenido que recurrir a la dirección de la oficina de su marido, situada en Nueva Andalucía, donde también había funcionado su consulta médica.

Seguramente en la campaña que se avecina las tornas cambiarán. Será la alcaldesa quien diga que su casa siempre ha estado en Benahavís, es en ese municipio donde siempre ha tributado el IBI, y la oposición la que argumente que no, que la vivienda se erige en suelo perteneciente a Marbella. Los discursos políticos no sólo suelen llevarse mal con la historia, con la  economía y hasta con las matemáticas. En ocasiones también se pelean con la geografía.

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Roca, un figurante
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Héctor Barbotta | 09-01-2015 | 11:27| 0

Si se sigue el criterio de su principal víctima, el Ayuntamiento de Marbella, Roca deberá permanecer todavía un buen tiempo tras las rejas antes de volver a pisar la calle. Los cálculos le han fallado al, en otro tiempo, hombre fuerte de la ciudad, sobre quien pesan condenas que le obligan a devolver 63 millones de euros de los que sólo ha pagado ocho.

Durante mucho, demasiado tiempo, Roca fue el que decidía qué se podía hacer y qué no en Marbella. La antesala de su despacho se había convertido en una sala de espera que ponía a prueba la capacidad de aguante del más paciente, como doble estrategia de ablande previo antes de cualquier reunión y de demostración palpable de en qué lado de la mesa residía el poder. Por entonces, confesaba en sus círculos más íntimos que no esperaba salir impune de su paso por el Ayuntamiento, pero que en un par de años estaría en la calle para disfrutar de su fortuna.

Durante ese tiempo y los primeros años que siguieron a su detención, cualquier novedad sobre las fechorías de Roca que iban emergiendo junto a su vergonzante patrimonio tenían el valor de suponer la radiografía de una época. Pero con el paso de los años, la aparición de otros personajes igual de sonrojantes lo fue desplazando al papel casi de un figurante en la película de la corrupción. No hace mucho, Roca era el número uno entre quienes se habían apropiado de lo público. Pero después de Bárcenas, de Matas, de Urdangarín, de Pujol y de una lista que aquí no cabría su figura perdió originalidad, interés, actualidad y relevancia. Cada semana nuevos aspirantes parecen pegarse codazos para llenar el lugar que Roca ocupó en unos días que parecen lejanos, pero que son anteayer en la perspectiva histórica.

Todo esta trayectoria desde su detención -el afloramiento de escándalos y fortuna, los procesos que culminaron en juicios y condenas, la larga travesía que lo convirtió primero en enemigo público número uno, después en personaje secundario y finalmente en reo del olvido- Juan Antonio Roca la ha pasado entre rejas con un breve intervalo que apenas duró ocho días. Ya van para nueve años, y los que le quedan, como para desmentir no sólo sus cálculos cargados de cinismo y soberbia, sino los vaticinios de los más pesimistas.

No es verdad que la justicia siempre llega. Pero cuando lo hace es inexorable. El castigo sigue allí, pesando día a día sobre la vida de un condenado que ya parece interesar muy poco. El que fuera protagonista central es ahora un figurante a quien le falllaron las cuentas y que posiblemente sueñe con un anonimato que le ayude a volver a ver la calle antes de tiempo. Igual hasta aspira a que nos olvidemos de él. No le caerá esa breva.

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Los rusos y nosotros
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Héctor Barbotta | 22-12-2014 | 11:56| 0

Hay quien pudo pensar que el conflicto de Crimea nos quedaba muy lejos y que las categorías de la Guerra Fría siguen vigentes y que por lo tanto nuestro papel aún es el de hacer los coros cuando canta el solista americano. Incluso, que la guerra de sanciones entre Putin y la Unión Europa que tanto golpearon a los productores agrícolas no iban a tener repercusión en el turismo.
Es posible que también hayamos supuesto que la financiación de un estado terrorista a través de la venta de petróleo en los mercados clandestinos podía suponer una amenaza a nuestra seguridad que de todas formas nos cae de momento muy lejos –aunque la locura tenga un anhelo expansivo que llega hasta la recuperación de Al Andalus a sangre y fuego–, pero no a nuestros bolsillos y a nuestra intereses más inmediatos.
Sin embargo formamos parte de una red que se expande por todo el planeta, y lo que sucede en un rincón acaba sacudiendo los cimientos en el rincón más alejado. Generalmente, los cimientos que tiemblan en primer lugar son los más endebles, los menos asentados, los de base más frágil. Por ello posiblemente sea hora de que comencemos a preocuparnos y de prepararnos para un plan alternativo que de momento no se vislumbra en el horizonte: el gran mercado del Este en el que se habían recostado no ya esperanzas sino certezas en las cuentas de resultados de no pocas empresas turísticas e inmobiliarias de la Costa del Sol se tambalean. Y con él buena parte de nuestras expectativas de recuperación.
Se desconoce de momento cuáles pueden ser las consecuencias ecológicas de la jugada americana del fracking, aunque algunas previsiones ya asustan, pero en el plano de la política internacional el terremoto ya se ha producido. El precio del petróleo, ayudado también por los millones de barriles que los terroristas del Estado Islámico ponen en el mercado negro, se desploma pese a que no lo notemos en las gasolineras, y además de Venezuela e Irán el gran perjudicado es Rusia. Y con Rusia, sepámoslo, nosotros. El rublo se hunde junto con el petróleo, los millonarios rusos son menos millonarios y es probable que comiencen a pensar que irse de vacaciones a la Costa del Sol, no digamos ya comprarse una casa en Marbella, ya no sea una buena idea.
Hace ya algunos años que comprendimos que había que comenzar a recortar las trabas administrativas que impedían llegar a ese gran mercado de 140 millones de personas que busca en nuestro litoral sol, seguridad jurídica, servicios y colegios internacionales para sus hijos. Y justo ahora, que empezábamos a levantar barreras, la geopolítica internacional viene a recordarnos que vivimos en un mundo volátil donde nada es para siempre y que nos obliga periódicamente a replantearnos dónde estamos situados.

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Selfies que retratan
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Héctor Barbotta | 28-11-2014 | 12:19| 0

Hay gente que se pregunta qué hay de cierto en las narraciones megalómanas del pequeño Nicolás. No hay gran farsa que no se construya sobre medias verdades, y en este caso las medias verdades no sólo deberían enrojecer el rostro de más de uno, sino que alcanzan para describir hasta qué punto gran parte de las instituciones públicas navegan bajo el timonel de la apariencia, la superficialidad y la irresponsabilidad.
Que un joven sin oficio conocido y sin preparación haya hecho carrera en los círculos de poder de este país sin más bagaje que una producción industrial de selfies, bastante cara dura y el acercamiento a FAES y a la organización juvenil del PP habla a las claras de cómo funcionan las cosas en instituciones donde uno supone que deberían prevalecer otros valores, otros criterios, otros baremos.
¿Pero quién puede extrañarse de que las fotos sean el principal sustento de un jeta que se mueve en los círculos de la política si la obsesión por una foto es lo que guía la agenda de la gran mayoría de quienes ostentan una responsabilidad grande, pequeña o mediana?
El pequeño Nicolás había llegado a la cúspide de los círculos de poder sin oficio conocido, sin formación y sin más acervo que los méritos acumulados a la sombra de organizaciones cercanas al partido en el gobierno. ¿No se parece su caso al de otros muchos?
Hay quien sostiene que debió sospecharse de quien decía actuar en nombre de altas instancias del Estado y parecía hacer gestiones para sacar castañas del fuego. ¿Pero alguien en buena lógica podía sorprenderse que detrás de las declaraciones sobre la el respeto a la independencia judicial no hubiera movimientos subterráneos que las desmintieran?
Hay quien dice que cómo puede ser que al niño se le hayan abierto las puertas de encumbrados despachos con el único bagaje de asegurar que venía de parte de alguien. ¿Puede causar eso alguna sorpresa después de que el ‘caso Urdangarín’ dejara al descubierto una recaudación millonaria sin motivo alguno y revelara que el peloteo es una de las instituciones más enraizadas en la vida política española?
¿Es que alguien puede sorprenderse de que el jovencito pidiera dinero a cambio de favores políticos? Acaso podría sorprender su precocidad, no que hubiera favores políticos que se pudiesen comprar.
Hay quien aún se pregunta cómo pudo el pequeño Nicolás engañar a tantos durante tanto tiempo. Pero lo más inquietante no es su habilidad para entrar, colado o invitado, en actos oficiales, sacar provecho de ello y poner en entredicho la seriedad de no pocas instituciones. Lo inquietante es lo convincente que resulta su caso como caricaturesco retrato de una época.

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Decencia y demoscopia
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Héctor Barbotta | 21-11-2014 | 12:56| 1

El Ayuntamiento de Marbella aprobará en el próximo pleno una medida que obligará a todos los grupos municipales a rendir cuentas de en qué se han gastado las asignaciones que se conceden para su funcionamiento. En un Consistorio donde sólo los concejales del gobierno perciben remuneración, las asignaciones a los grupos no son precisamente las que causan mayor impacto en las cuentas públicas: 5.600 euros mensuales van al PP; 2.450, al PSOE; 1.400, a Opción Sampedreña y 1.050, a Izquierda Unida. No es algo que suceda sólo en el Ayuntamiento de Marbella. A todas las instituciones parece haber llegado una repentina necesidad de aparentar transparencia que resulta ciertamente enternecedora, aunque ello lleve a exigirle al loro que dé cuenta de inmediato de las facturas de su chocolate mientras el consumo de cacao sigue a toda máquina.

Con cierta recomendable ingenuidad cabría preguntarse si este inédito frenesí por la transparencia tiene alguna relación con que nos encontremos a seis meses de las elecciones municipales y con el aviso repetido encuesta tras encuesta de que las prácticas habituales pueden tener, por primera vez, consecuencias de las que duelen.

El miedo a perder sillones y privilegios funciona. La alcaldesa de Benalmádena, Paloma García Gálvez, se ha dignado poner en peligro el pacto de gobierno que la mantiene en el sillón al desalojar a su socio político, Francisco Salido, un superviviente de aquella época felizmente superada en la que toda la Costa del Sol estaba salpicada de grupos políticos independientes de ideología difusa e intereses concretos. Este personaje se negaba a destituir a un directivo condenado por ejercer de abogado sin serlo. El cese de Salido ha supuesto también la destitución de sus tres asesores, cargos que ostentaban sus dos hermanos y un cuñado, circunstancia de la que García Gálvez parece haber tomado nota por este periódico tras años de cruzárselos en el Ayuntamiento al parecer sin percatarse. ¡Qué escándalo -habrá exclamado la alcaldesa-, de lo que me acabo de enterar!

En esta ola de súbita integridad seguramente haya que enmarcar la decisión también reciente de la dirección del Partido Popular de prescindir del alcalde de Alhaurín el Grande, otro personaje del que las encuestas parecen ahora recomendar un prudente alejamiento.

Que se tome nota de que el personal está harto no es que no venga bien, pero habrá que estar atento. Lo que no pudo la decencia durante años parece haberlo logrado la demoscopia en un instante.

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Una oportunidad
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Héctor Barbotta | 30-10-2014 | 21:45| 0

Bárcenas, Blesa, Acebes, Granados, el pequeño Nicolás. Quizás va siendo hora de que Marbella elabore una relación de visitantes indeseables. El problema es que la lista podría convertirse en algo parecido al libro de arena que imaginó Borges: era infinito y obligaba a una inquietante lectura perpetua. Hay que tener en cuenta que Aznar, el expresidente que ya bate récords con un 75 por ciento de su consejo de ministros empapelado, tiene casa por aquí y los rebaños suelen incurrir en comportamientos gregarios.

Resulta fácil imaginarse a este personal aguantando la risa cuando se hablaba de la ‘operación Malaya’ como la mayor trama de corrupción jamás descubierta y se presentaba a Marbella como ejemplo de lo que no debía tolerarse.

Juan Antonio Roca, ese principiante. Los ocho años que lleva en prisión demuestran que no aprendió siquiera la primera lección del manual del buen mangante: lo primero que hay que hacer es meterse en un partido, grande. Si es posible, y los chorizos dejan sitio porque hay muchos y deben abundar los codazos, en el más grande de todos. O en el segundo. Eso de saquear una institución pública desde la independencia reviste hoy un halo de romanticismo. Y en el mundo del hampa manda lo pragmático.

Para robar hay que meterse en un partido. Son todas ventajas: no te abandonan al primer indicio, te animan a ser fuerte, minimizan tus vergüenzas al compararlas con las vergüenzas de enfrente, incluso te dan la posibilidad de irte antes de que te echen, y llegado el caso impiden que tu nombre se arrastre por el fango. Como mucho, te conviertes en «esa persona a la que usted se refiere».

Se suele decir que en los partidos la norma es la decencia, y que los corruptos son una minoría que se aprovecha de los honestos. Eso podía valer para el primer caso, para el segundo, incluso para el tercero. Pero ya no. Cuando se acepta como toda responsabilidad un tímido pedido de disculpas leído en el Senado; cuando el expolio institucionalizado se explica como cosa de cuatro golfos; cuando la mierda aflora y el rebaño sigue callado o señalando con entusiasmo a la bancada contraria; cuando la lealtad al partido pesa más que la decencia, sólo cabe concluir que los que siguen no están avergonzados, sino esperando su oportunidad.

Los partidos no son más que estructuras que valen como instrumento, pero que pueden desaparecer corroídas por su propia podredumbre. Ya pasó en Italia y en Grecia, incluso en Baleares tenemos algún ejemplo.

En toda sociedad democrática hay personas con ideas progresistas y con tendencias conservadoras. Las primeras han iniciado su trasvase a una formación nueva en un proceso que parece inexorable. Cabe preguntarse a qué esperan las segundas.

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Ovación
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Héctor Barbotta | 23-10-2014 | 15:28| 0

El auditorio de los foros donde se acude a escuchar a personajes de la política o de la empresa suele estar conformado en su mayoría por invitados de protocolo y una minoría de incondicionales que acuden para completar el aforo. Por ello es habitual que la intervención sea saludada por los aplausos de rigor que raramente exceden los límites de la cortesía.

Por ello, la cerrada ovación que coronó el pasado martes la exposición que el alcalde de Estepona, José María García Urbano, brindó en el hotel NH de Málaga invitado por el foro Nueva Economía puede considerarse fuera de todo antecedente en ese tipo de convocatoria. Es verdad que un análisis sociológico de los asistentes daría en términos generales una audiencia proclive a coincidir propuesta más, propuesta menos, con la intervención del ponente. Pero no es menos cierto que el discurso cuidadosamente elaborado por García Urbano, más que una propuesta era un completo programa político que ponía el dedo sobre la llaga de uno de los incumplimientos más flagrantes de Gobierno del Partido Popular y que más descontentos tiene a sus votantes: la reforma de la administración.

El alcalde propuso una verdadera revolución en los criterios que se aplican en la administración pública para desterrar un concepto nacido de una realidad de hace tres siglos y que ha creado una burocracia que se alimenta a sí misma, que alienta la discrecionalidad y la arbitrariedad y que condena a toda la sociedad a pasar media vida esperando por un papel mientras sus oportunidades se ahogan en la espera.

Se puede o no coincidir con la arriesgada y, debería decirse, valiente propuesta de García Urbano, pero no se le pueden negar al menos dos méritos. El primero es que lo invitaron a hablar en un foro donde podría haberse limitado a repasar los méritos de su mandato, el estado ruinoso en el que recogió al Ayuntamiento de Estepona y las medidas que arbitró para ponerlo en la senda de la coherencia, recoger los aplausos de rigor y marcharse contento. Lejos de eso, decidió ir más allá y exponer sus opiniones acerca de qué habría que hacer para que las cosas, según su entender, funcionen mejor.

El segundo es que metido de lleno en una actividad donde lo que campa es el cinismo, la deshonestidad intelectual y la costumbre de evitar sobresalir por sobre la mediocridad imperante para no incomodar al jefe y no perder sus favores, decidió hacer todo lo contrario. Decir lo que piensa, sobresalir y además hacerlo con un tema incómodo. Solo por eso, y aunque no se coincida en todo lo que dijo, tiene la ovación bien ganada.

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El dinero (público) como arma política (partidista)
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Héctor Barbotta | 22-10-2014 | 17:05| 0

La Junta de Andalucía ha pedido al Gobierno flexibilidad a la hora de reintegrar la liquidación negativa de 2013 por las entregas a cuenta recibidas del Estado y al Ayuntamiento de Marbella le ha faltado tiempo para reclamarle al Ejecutivo autonómico que las mismas condiciones que reclama al Gobierno de Rajoy las aplique a la hora de cobrar los plazos del préstamo que la propia Junta le hizo al Ayuntamiento.
En esta época en la que las instituciones públicas se dedican a administrar miseria, el ahogo financiero a los gobiernos de signo contrario se ha convertido en una de las armas más poderosas para doblegar al adversario e intentar derrotarlo electoralmente. En el camino se quedan todos ahogados, pero con unos argumentos políticos incontestables: el rival es desalmado, se mueve por interés partidario y no tiene en cuenta a los ciudadanos. La pena es que tienen razón. Todos ellos.
El Gobierno central, las autonomías, las diputaciones y los ayuntamientos participan en este juego de darwinismo político en el que el más grande se come al más pequeño. Al final de la cadena alimenticia se encuentran las personas de a pie, que ya no tienen a quién comerse.
Con los recursos financieros recortados y a la hora de decidir a qué dedican lo poco de lo que disponen, los gobiernos se ven obligados a retratarse. Y lo hacen: antes de desmantelar las estructuras clientelares o de renunciar a las cadenas de favores, se cierran centros de formación, se instalan aulas prefabricadas que se inundan a las primeras de cambio o se rebaja la prestación de servicios. Todo sea por mantener el chiringuito. Sólo los más optimistas, o quienes ignoren las inercias que gobiernan los partidos pueden seguir creyendo que esta crisis ha sido interpretada como una oportunidad para cambiar.
El ahogo financiero a los rivales y las respuestas que se articulan para denunciar esas maniobras revelan hasta qué punto las estrategias políticas no se diseñan para solucionar los problemas, sino para dejar en evidencia y desgastar al adversario. Los reclamos financieros se han convertido en una nueva versión del ‘y tú más’ con el que los partidos nos obsequian cada vez que alguno de los suyos es sorprendido con la mano en la lata. Pero se trata de un remake más sutil. Mejorado. Es decir: empeorado.
Negar pan, sal y agua a las administraciones de signo contrario, del Gobierno a la Junta, de la Junta a los ayuntamientos, no es más que otra muestra del sentido patrimonialista con el que los partidos gobiernan las instituciones. Como si el dinero fuese suyo.
Recientemente, la alcaldesa de Marbella presentó en una misma comparecencia pública cuatro planes de empleo que se desarrollarán en la ciudad, uno de los cuales está sustentado con fondos del presupuesto municipal y los otros tres, con dinero procedente de la Junta de Andalucía y en los que la participación del Ayuntamiento consiste en seleccionar al personal y aportar los materiales de trabajo.
El PSOE montó en cólera al entender que con su comparecencia, la alcaldesa de Marbella pretendía apropiarse de lo que no es suyo y ocultar el mérito de la administración gobernada por los socialistas. Pero resulta que el dinero tampoco es de la Junta, sino que se trata de fondos europeos que la Junta canaliza. De haber leído las protestas del grupo socialista, alguien en Bruselas hubiese reclamado su minuto de gloria, aunque es seguro que hasta en la capital de la burocracia europea tienen cosas más importantes que hacer.
Toda esta discusión no deja de ser una trampa. Si los fondos efectivamente tuviesen su origen en los presupuestos de la Junta tampoco tendría sentido, porque ni el presupuesto municipal sale de la cartera de Ángeles Muñoz, ni el de la Junta lo aporta Susana Díaz de su pecunio personal. Ambos, como también los presupuestos europeos, salen todos del mismo lado: de los bolsillos de los ciudadanos. Los políticos no son más que meros administradores de lo que no es suyo. A ver si algún día lo entienden.

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Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella