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¿Quién marca la agenda en Marbella?
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Héctor Barbotta | 29-04-2014 | 19:29| 0

La fallida propuesta municipal de permitir que se construyeran torres en altura en cinco zonas de la ciudad concluyó en los primeros días de enero cuando la alcaldesa, Ángeles Muñoz, en una inusual exhibición de reflejos políticos, abortó la iniciativa prácticamente antes de que naciera para evitar que la creciente oposición ciudadana, plasmada en la conformación de una plataforma, siguiera creciendo hasta explotarle en la cara. En aquella ocasión la alcaldesa se comportó como esos porteros de fútbol que por una distracción quedan mal parados en una jugada, pero salvan la situación de peligro con una estirada agónica.
Aquel episodio, en el que siguiendo con el símil deportivo el gobierno municipal estuvo a punto de marcarse un gol en propia meta que sólo evitó una intervención providencial de su jugador franquicia, tuvo efectos secundarios que seguramente no se sospecharon en su momento.
Por un lado dejó en evidencia que la balsa de aguas planas sobre las que durante casi siete años había navegado el equipo de gobierno municipal había comenzado a moverse. Por el otro, despertó en vecinos individuales y en colectivos ciudadanos la percepción de lo fácil que resulta hacerse oír a poco que se organizan y hacen un uso más o menos apropiado de los altavoces que ofrecen las redes sociales y también los medios de comunicación.
Desde estas páginas ya se caracterizó en su día a la plataforma contra los rascacielos como un colectivo heterogéneo en el que convivían personas con diferentes criterios ideológicos y también con distintas motivaciones a la hora de sumarse a ese empeño. Pero el hecho de que esa heterogeneidad no permitiera vaticinar que el colectivo constituido para un fin concreto pudiera transformarse en una alternativa electoral fue leído erróneamente por parte del equipo de gobierno como una garantía de que el episodio de los rascacielos no tendría consecuencias políticas sólo porque la alcaldesa había salvado la situación con unos reflejos propios de un portero de primera división.
Ese error de apreciación fue mayúsculo, porque una vez más, desnudando sus propias carencias, desde el mundo de la política institucional se confundió ausencia de consecuencias electorales con ausencia de consecuencias políticas. Y no es lo mismo. Así lo demuestra la evidencia que desde entonces se han producido dos circunstancias que conjugadas han conformado una situación que posiblemente deberían preocupar a Ángeles Muñoz y a su equipo: por un lado, han surgido nuevas plataformas ciudadanas que han movilizado a personas por reivindicaciones contrarias a iniciativas del Ayuntamiento. Por el otro, el gobierno municipal no ha sabido situar ante la opinión pública ningún proyecto, ninguna iniciativa, ninguna línea que marque la agenda política de la ciudad. Por el contrario, si se repasa qué temas han estado en el centro del debate en las últimas semanas sólo aparecen cuestiones que han puesto al gobierno municipal a la defensiva: desde la tala de árboles en el centro hasta la intención de construir una estación de autobuses frente a un colegio público; desde el reciente informe de la Cámara de Cuentas hasta el debate sobre el acuerdo de lindes con Benahavís que ahora renace cuatro años después, pasando por la campaña montada sobre una pretendida maniobra de evasión fiscal sobre la que ningún medio relevante encontró la sustancia suficiente que pudiera permitir considerarla noticia. Haría mal el equipo de gobierno, y en concreto la alcaldesa, si confundiera haber salido indemne de esas situaciones con haber recuperado la iniciativa.
Las respuestas ofrecidas ante las advertencias de la Cámara de Cuentas –no se envió la información requerida porque era muy voluminosa– o a la Junta ante la paralización del acuerdo de lindes con Benahavís –se creía que el expediente estaba resuelto cuando en realidad apenas había comenzado a tramitarse– revelan al menos problemas de organización que a estas alturas difícilmente pueden considerarse aceptables.
Pero el mayor problema del equipo de gobierno municipal no es ese, sino otro más relevante desde el punto de vista político: no ha podido situar ni un solo tema en la agenda pública en los últimos meses, y a un año de las elecciones municipales esa no es una dificultad menor.
Encarar el año que resta para los comicios con el único discurso de que se han reorganizado las cuentas municipales y que la otra opción solo ofrece, por su propia composición, un horizonte de inestabilidad no parece constituir ninguna garantía para afrontar el futuro. Más bien puede invitar a recordar que los proyectos y los discursos nunca están quietos. O se renuevan o se agotan.

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Hoteles y olivos
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Héctor Barbotta | 09-04-2014 | 18:33| 0

Cuando en julio de 2009 la ciudad de Marbella se propuso para albergar una eliminatoria de la Copa Davis, tuvo que confrontar su candidatura con otra que presentaba la isla de Mallorca y que estaba financiada por empresarios de la industria turística local.
Finalmente la propuesta impulsada por el Ayuntamiento de Marbella y financiada en su mayor parte con fondos de la entonces Consejería de Turismo y Deportes de la Junta de Andalucía consiguió la aprobación de la Federación de Tenis, pero quedó en el aire qué hubiese pasado si en lugar de contar con fondos públicos de instituciones que por entonces, al inicio de la crisis, todavía se permitían este tipo de alegrías, Marbella hubiese tenido que contraponer a la candidatura de los empresarios baleares una propuesta también impulsada desde el sector privado. La misma incógnita que sobrevuela sobre cuál sería la suerte Patronato de Turismo si no contara con financiación pública.
Más recientemente, invitado por la asociación empresarial de Marbella a participar en un foro, el fundador de Mayoral, el malagueño Rafael Domínguez, evitó con una franqueza poco habitual concluir su intervención con una palmadita en el hombro de sus anfitriones y optó por lanzar una pregunta que por sincera resultó incómoda. ¿Por qué no hay entre las principales cadenas hoteleras de España ni una sola que haya brotado en Marbella?
La pregunta bien podría haber sido extensiva a toda la Costa del Sol. Mientras que el negocio hotelero español nacido al albur del despegue de los años sesenta y que un par de décadas atrás se lanzó con éxito a la conquista del Caribe tiene su origen en las islas Baleares y en las Canarias, la Costa del Sol, con las mismas posibilidades de inicio e idéntica potencialidad de proyección, no fue capaz de transformar ninguno de sus establecimientos originales en un grupo con posibilidades de competir globalmente.
Por el contrario, las grandes cadenas, las españolas y las extranjeras, sí vieron en el litoral de Málaga un campo abonado para ampliar legítimamente su negocio.
Ahora, otro sector clave en la economía de la provincia y de la región, el olivarero, se enfrenta a una ofensiva con la que, legítimamente, el principal competidor de España en mercado del aceite de oliva aspira a quedarse con la porción decisiva en la comercialización del sector. Y cabe esperar que dentro de algunos años no haya un conferenciante franco y sincero que se pregunte por qué, con este mar de olivos que cubre el paisaje desde Sevilla hasta Jaén, el negocio global del aceite habla con acento italiano.

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Putin, Crimea, Marbella
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Héctor Barbotta | 24-03-2014 | 13:03| 0

P utin a enviado a sus militares a que pongan sus botas sobre Crimea, donde la parte de la población que se siente libre para expresar sus opiniones parece entusiasmada con la idea de volver a la Madre Rusia. Mientras tanto, la Unión Europea se prepara para exhibir su debilidad con la puesta en marcha de unas sanciones que le laven la cara y le permitan salir del paso.
Hay quien teme que la escalada anexionista no se detenga allí, y posiblemente sea pronto para preguntarse en qué momento los ucranianos comenzarán a arrepentirse de haber enarbolado la bandera azul de estrellas amarillas para iniciar una rebelión que si las cosas se ponen feas no tendrá en esa bandera más que un estéril respaldo simbólico.
Aprobada la anexión, nadie en su sano juicio y con un mínimo sentido del realismo ve en el horizonte un eventual retroceso en la política de Putin, y ahora la tarea consiste en adivinar si la Unión Europea será capaz de ponerse de acuerdo en qué sanciones va a aplicar para asear su imagen en una batalla que tiene perdida de antemano. Así como Alemania y su entorno en Centroeuropa no parecen dispuestos a poner en peligro su suministro de gas, el resto de los países también alberga intereses en relación con la economía rusa cuyos gobiernos tienen la obligación de defender.
En los últimos años, la llegada de turistas, de inversores y de compradores de viviendas procedentes de Rusia ha supuesto un balón de oxígeno para el sector turístico, para el inmobiliario y para el comercio de la Costa del Sol, especialmente para Marbella. El horizonte que el mercado más allá de los Urales abre para esta zona, con el potencial de 140 millones de habitantes, cuya economía no muestra signos de debilidad y que ven el litoral del sur de España todo lo que echan de menos en su país –sol, seguridad jurídica, servicios y colegios internacionales para sus hijos– solo encuentra nubarrones en las trabas administrativas y los prejuicios que poco a poco comienzan a superarse.
Pero ahora sobrevuela la sombra de unas eventuales sanciones que se saben inútiles desde el inicio, y que sin embargo pueden tener un efecto devastador no en el Kremlin, sino en Marbella y su entorno. Cualquier medida que afecte a visados, a transferencias bancarias o a intercambios turísticos o comerciales serían letales para una sector que, como advierten los últimos indicadores, comienza a levantar después de años de desesperanza.
Es posible que Putin merezca una patada. Pero habrá que confiar en que el gobierno español no sea tan pusilánime como para admitir que la Unión Europea se la termine dando en el culo de la Costa del Sol.

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Se buscan ideas
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Héctor Barbotta | 10-03-2014 | 16:35| 0

El fin de semana anterior, durante la celebración en Sevilla del XIV congreso del Partido Popular andaluz era fácil distinguir a los miembros de la delegación anfitriona de quienes pertenecían a la más numerosa, llegada desde Málaga. Los primeros no disimulaban su disgusto con el resultado del proceso anterior al congreso y cocinado en los despachos de la calle Génova y que puso a un malagueño al frente del partido, los segundos no ocultaban su satisfacción con sonrisas que en algunos casos no cabían en las caras.

Ya por la noche, tras el primer discurso del todavía único candidato, algunas de esas sonrisas se habían borrado. Se esperaba un discurso arrollador, una catarata de ideas de quien se decía que llevaba toda la vida preparándose para eso, una intervención contundente que borrara una semana catastrófica de sobreexposición mediática y continuos pasos en falso, pero no hubo nada de eso en un discurso que podría resumirse en pulgar en alto y sonrisa optimista. El diagnóstico conocido y ninguna idea. Poca cosa para intentar el asalto a una fortaleza política asentada durante más de treinta años.

Hay quienes creen que el mayor problema de la política actual es la corrupción, la confusión entre los intereses de la población y los intereses de los partidos, la distancia entre representantes y representados, la incapacidad para leer cuáles son las necesidades y aspiraciones de los votantes, las grandes empresas que parecen controlarlo todo y cuyos consejos de administración constituyen el plan de jubilación al que parece aspirar todo alto cargo que se precie  o el funcionamiento cerrado de los partidos que los acaba convirtiendo en cotos blindados a la entrada de aire fresco y controlados por burócratas que llevan toda la vida en eso.

Aunque haya motivos sobrados para pensar que todo ello sea cierto, aún con la prevención de que toda generalización implica una inevitable dosis de injusticia, seguramente el mayor problema de la política actual reside en otro lado: la falta de ideas.

Esta semana se conocieron las cifras del paro, con datos a primera vista contradictoriosy que invitaban a una reflexión profunda, al menos a abrir la cabeza antes de abrir la boca, y sin embargo hubo todo lo contrario. Repasemos: el desempleo creció testimonialmente en el conjunto de España, pero subió en Andalucía, subió proporcionalmente más en la provincia de Málaga y proporcionalmente mucho más en Marbella.

A falta de soluciones es oportuno contar con un estudiado protocolo que permita echar culpas y por eso  las reacciones no se hicieron esperar. Desde el PP no se demoró mucho en contrastar el supuesto buen dato nacional con el mal dato andaluz; desde el PSOE se recordó que una bajada testimonial frente a una situación sangrante no es para tirar cohetes. En Marbella tuvimos nuestra propia cuota de oportunismo: el PSOE pidió explicaciones a la alcaldesa por los 548 nuevos parados, y el equipo de gobierno municipal recordó que las competencias de empleo corresponden a la Junta. No es muy osado adelantar que hay 548 personas a las que ese debate se la trae al pairo.

Así como España siempre sufre, bajo gobierno de cualquier signo, una tasa de desempleo muy por encima de su entorno –aquí celebrábamos un 10 cuando en el resto de Europa era el cinco, ahora sufrimos un 26 cuando en Europa ronda el 10-, la ciudad de Marbella presenta la situación contraria: 24 por ciento ante el 36 del conjunto de la provincia de Málaga. Ningún político local debería vanagloriarse de ello, sino asumir que alcanzar cifras que nos alejen del sonrojo no está tan lejos como en otros municipios del entorno y que la ciudad debería asumir ese desafío como una tarea colectiva que la puede situar como referencia.

Los problemas que no se afrontan como desafíos son los que se enquistan para siempre.  Marbella puede plantearse asumir el reto, y para ello necesita que los argumentarios conocidos y repetidos comiencen a dejar lugar a las ideas.

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Alimentar el desencanto
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Héctor Barbotta | 03-03-2014 | 18:44| 0

No es la política de nuestros días una actividad donde la valentía sea una cualidad habitual, y posiblemente por ello es difícil encontrar a un cargo público que se atreva a decir lo que piensa, y no lo que se espera que diga según la consigna que haya lanzado su partido, o que alce la voz, o que nade contracorriente. Cuando se avecinan convocatorias electorales es aún más habitual escuchar voces que procuran no desentonar, y es mucho más difícil que alguien se atreva como solista, no vaya a quedarse el osado sin lugar en el coro.

El pasado jueves hubo pleno municipal, esas reuniones que sirven de termómetro para saber qué distancia separa la cruda realidad de lo que debería ser, y la sesión transcurrió según los parámetros acostumbrados: con ausencias, con bronca en casi todos los puntos y con algunos ediles que no tienen complejo en dejar claro que la buena educación no figura entre sus cualidades más sobresalientes.

En medio de este ambiente que tan escasa ilusión despierta, se aprobó sorprendentemente una propuesta de Izquierda Unida en la que se proponía modificar los criterios de acceso a las escasas plazas de guarderías municipales. El cambio, aprobado por todos los grupos sin apenas debate, consistió en que deje de ser un factor determinante para conseguir plaza que ambos progenitores estén trabajando y conceder más puntos a quienes se encuentran en situación de desempleo.

La propuesta se aprobó por unanimidad, porque ¿quién va a votar en contra de los parados?, sin que nadie se detuviera a reflexionar que hay familias donde padre y madre trabajan precisamente porque pueden enviar sus hijos a la guardería, que en los baremos ya existen criterios para favorecer a las familias de menos recursos a través de la presentación de la declaración de la renta y que dejar a una madre trabajadora sin una plaza de guardería pública puede equivaler a condenarla a que tenga que abandonar su empleo. Eso sí, si al año siguiente tiene la desgracia de continuar en el paro ya podría asegurarse una plaza en la guardería que para poco le serviría.

Evidentemente no se trata de condenar a nadie que esté en el desempleo a permanecer toda la vida en esa situación, sino de adoptar decisiones acertadas y mínimamente reflexionadas acerca de cómo administrar los escasos recursos públicos, ya que por lo que se ve no hay capacidad suficiente para evitar que sigan siendo escasos.

Este consenso inaudito para tomar una medida que pretende conformar a todos -hay puntos por tener trabajo y por no tenerlo, al igual que los hay por ser familia numerosa y por ser monoparental- convierte el acceso a las, recordemos, escasas plazas de guarderías públicas en una lotería y parece inspirada en la misma filosofía que llevó al anterior presidente del Gobierno a realizar la promesa de que las 17 comunidades autónomas tendrían una financiación por encima de la media, como si ello fuese posible.

Ponerse de costado a la hora de tomar decisiones, decirle a cada uno lo que cada uno quiere oír, intentar conformar a todos, en definitiva, no hacer pedagogía sino demagogia, puede ser una buena manera de evitar que a uno lo señalen, incluso puede reportar algún rédito a la hora de las urnas, pero no demuestra compromiso alguno con la resolución de los problemas. Y a la larga no ilusiona a nadie.

El asunto de las guarderías, uno de los pocos que en el último pleno consiguió la unanimidad de todos los partidos pese a que había otros aparentemente tan diáfanos como pedir a la Junta de Andalucía que no olvidara la marca Marbella a la hora de hacer promoción turística y que generó una gran bronca, no pasaría de ser una mera anécdota si no revelara qué nos espera en el año que todavía nos separa de las próximas elecciones municipales, con preliminares en las Europeas del 25 de mayo para ir abriendo boca.

Los partidos ya están con el chip electoral puesto -aunque alguien podría preguntarse con razón en qué momento se lo quitaron-, y quienes escuchan a los responsables políticos de la ciudad saben que los cálculos y las previsiones electorales están en el primer lugar de sus preocupaciones.

Por ello cabría esperar tener ya algún adelanto de lo que será el discurso, no ya las propuestas, que pondrán sobre la mesa para intentar conseguir atraer al electorado. Pero de momento con lo que nos estamos encontrando es con la propuesta de las elecciones municipales, sí, pero las de hace tres años.

De un lado la prédica dominante gira en torno a lo mal que estaba el Ayuntamiento cuando el PP llegó al gobierno municipal, cómo cambiaron las cosas en relación con la ciudad desde que Rajoy se instaló en Moncloa y lo mucho que la Junta de Andalucía maltrata a Marbella. Desde la oposición mayoritaria, y en ocasiones también desde los otros grupos, lo que domina es el discurso de la sospecha permanente que dibuja al equipo de Ángeles Muñoz como si fuera la continuación de los gobiernos indecentes que camparon en el Ayuntamiento entre 1991 y el 29 de marzo de 2006.

Puede ser que en ambos lados piensen que con estas ideas -por llamarlas de alguna manera- se puede afrontar lo que queda para las elecciones. Lo que es seguro es que sin propuestas, sin retos, sin desafíos, es difícil que logren ilusionar a alguien. Y deberían saber que el desencanto ciudadano con la política no deja margen para equivocarse tanto.

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Del Nido y su estrategia mediática
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Héctor Barbotta | 24-02-2014 | 10:34| 0

Durante los días previos a la moción de censura urdida por Roca que desalojó del poder a Julián Muñoz, en el verano de 2003, el Ayuntamiento de Marbella vivía un clima que guardaba algún paralelismo con el de la embajada norteamericana en el Saigón de 1975, cuando la caída de la capital survietnamita era inminente y los diplomáticos se afanaban en destruir documentos y asegurarse una vía de escape.
El ajetreo en los despachos en el Ayuntamiento de Marbella ante el cambio de mandamases que se avecinaba no tenía esos tintes dramáticos, aunque cada uno comenzaba a buscar su acomodo en el nuevo paisaje. En ese ambiente de sálvese quien pueda, horas antes de la sesión que desalojaría a su cómplice de la alcaldía, el abogado José María del Nido fue visto golpeando puertas y entrando en despachos hasta que consiguió lo que buscaba: que le entregasen el último talón por las minutas que le había pasado al Ayuntamiento.
La misma habilidad que demostró en aquellos momentos de vértigo es la que está enseñando ahora, quemando los últimos cartuchos para intentar impedir dar con sus huesos en la cárcel. Dentro de esa guerra, la batalla mediática es fundamental, y asesorado por una agencia de comunicación de Sevilla la está librando con maestría. Le asiste ese derecho, pero la pena son quienes se prestan y contribuyen a degradar el ya deteriorado prestigio del oficio de informar.
Cualquier observador medianamente avisado habrá asistido con sonrojo a las entrevistas radiofónicas nítidamente amables y descaradamente pactadas con las que Del Nidointentó lavar su imagen y animar la campaña de recogidas de firmas para el indulto, rematadas con un reportaje a triple página publicado en un periódico de difusión nacional en el que se lo dibujaba como un hombre que se ha vuelto modesto, que mudó el carácter soberbio por la moderación y la amabilidad, que si hizo algo malo ya está rehabilitado y al que le preocupa sobre todo separarse de sus hijos pequeños si algún juez malvado comete el despropósito de indicarle el camino de la trena.
La campaña sigue, y ahora se ha filtrado que Del Nido ha comenzado a pagar, y que 15.000 ciudadanos respaldan la petición de indulto. Pues bien: lo que ha pagado no llega al 15 por ciento de lo que debe, las 15.000 firmas no han sido de momento contrastadas y el fiscal ha recordado que las penas de cárcel no valen solo para redimir al condenado, sino también para disuadir a quienes se vean tentados de cometer nuevos delitos.
Esta sociedad lleva aguantado mucho y resulta aventurado asegurar que el vaso está a punto de colmarse. Pero el golpe moral que supondría que la campaña de Del Nido tuviera los efectos que él espera sería simplemente insoportable.

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Cuando la violencia es el argumento
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Héctor Barbotta | 17-02-2014 | 11:25| 0

El conflicto del taxi ha resucitado sin ahorrar crudeza, y más allá de que se busquen soluciones aceptables para todos, hay un elemento que resulta decisivo y que debería resolverse antes de sentarse en una mesa para ponerse a discutir. Porque mientras los taxistas de Málaga sigan teniendo a su alcance la posibilidad de secuestrar el aeropuerto mediante acciones violentas y con ello la actividad económica de toda la provincia sin que desde los poderes públicos se les marquen los límites, la posibilidad de que el conflicto del sector encuentre una solución que satisfaga razonablemente a todos los implicados va a seguir estando lejos.
Lo que se vive estos días es una buena muestra de lo que suele pasar cuando un problema se cierra en falso. El año pasado, en mitad de un conflicto en el que los taxistas de Málaga demostraron toda la presión que son capaces de ejercer en un espacio público como el aeropuerto y ante la vista azorada y aterrorizada de turistas que seguramente se habrán planteado si volver a poner un pie en la Costa del Sol, la Junta pretendió aplacarlos con el ofrecimiento de reciprocidad. Como contrapartida a la posibilidad de que los taxistas de la Costa del Sol puedan recoger pasajeros en el aeropuerto en viajes previamente contratados en origen –es decir, cuando los hoteles ofrecen a sus clientes el servicio de transporte– los taxistas de Málaga exigen el derecho a acudir a otros municipios a buscar viajeros para llevarlos al aeropuerto.
Los taxistas de Málaga reclaman ahora a la Junta que cumpla con su compromiso del año pasado, adoptado de forma unilateral, sin consultar al resto de los afectados y en medio de una presión que los poderes públicos no supieron contener y que fue mucho más allá del legítimo derecho de huelga o de protesta.
Los taxistas de la capital vuelven a protestar violentamente para reclamar que se cumpla ese compromiso, pero la reciprocidad que se prometió y ahora se reclama, debe decirse, es imposible y lógicamente inaceptable para los taxistas de la Costa del Sol, a no ser que se opte por la desregulación absoluta y que todos los taxistas puedan trabajar sin límite alguno en cualquier punto de la provincia. Habría que ver quién ganaría y quien perdería con una solución de este tipo.
El problema central es que lo que se reclama, y el origen mismo del conflicto, parte de una premisa radicalmente equivocada, que es la de considerar a una infraestructura turística esencial, como es el aeropuerto de Málaga-Costa del Sol, construida por el gobierno nacional, con impuestos de todos los españoles, para dar servicio a un espacio que excede no solo el término municipal de Málaga sino también los límites provinciales, como si fuera un patrimonio exclusivo de la ciudad donde se encuentra. Un coto cerrado marcado por los estrechos límites del término municipal ¿Si Churriana, donde está el aeropuerto, fuese un municipio independiente solo los taxistas de ese término tendrían derecho a trabajar allí? ¿O si no fuera así ello daría a los taxistas de Churriana argumento suficiente para reclamar derecho a recoger viajeros en Estepona?
El reclamo de los taxistas de Málaga es absurdo a todas luces. Si se lo atiende es simplemente porque su capacidad para generar violencia guarda una relación inversamente proporcional a sus argumentos, y también porque los poderes públicos que muestran con indefensos inmigrantes que intentan llegar a nado a nuestras costas una gran determinación se revelan timoratos a la hora de preservar la seguridad en el aeropuerto.
¿Es que un hotel de Marbella tiene que pedirle permiso a los taxistas de Málaga para dar un servicio a sus clientes simplemente porque el taxista de Málaga tiene la posibilidad de montar incidentes en el aeropuerto, aterrorizar a los turistas y destruir una imagen que cuesta mucho esfuerzo construir sin que nadie le ponga coto?
Causa desasosiego y al mismo tiempo resulta revelador que medio siglo después de haber nacido como destino turístico la Costa del Sol todavía no haya conseguido resolver el problema del transporte. Una mancha más en la larga lista de asuntos esenciales pendientes.
Pero resulta más triste todavía comprobar que aún existen colectivos que aspiran a mantener privilegios o a sacar provecho practicando una política de tierra quemada, amparada en la cobardía y la inhibición de los poderes públicos, donde lo que se incinera es la actividad económica de la que depende el pan, las aspiraciones y el futuro de toda una provincia.

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Dormir en Marbella
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Héctor Barbotta | 30-01-2014 | 21:17| 0

El foro tecnológico de la multinacional coreana Samsung, que durante estos días se celebra en el palacio de congresos de Málaga, es un caramelo apetecible por el que durante meses pugnaron no pocas ciudades. La escasa capacidad del palacio de congresos de Marbella, mutilado en su día su potencial crecimiento por una operación de especulación urbanística, privó a esa ciudad de continuar en carrera, y sin embargo han sido sus hoteles los que se han quedado con el negocio del alojamiento en el mes que peor suele tratar a los hoteleros de la Costa del Sol.
No hay ciudad turística que se precie que no aspire a tener su propio palacio de congresos, su propio puerto de cruceros, su propio museo de renombre, su propio parque temático y su propia planta hotelera, a poder ser poblada de estrellas. Y posiblemente no debería ser así.
Durante los años de la burbuja, estas aspiraciones llegaron a paroxismo del absurdo, y por eso al cabo del tiempo aparecieron las estaciones del AVE por donde el AVE dejó de pasar, los aeropuertos que jamás asistieron a un aterrizaje, los palacios de congresos y ciudades de la ciencia convertidos en lujosas naves vacías, los parques de atracciones tornados en losa hipotecaria, al igual que los campos de golf por donde hace tiempo no se ve a un jugador.
En el turismo no existe el destino perfecto, sobre todo porque no existen turistas tan necios como para demandarlo todo al mismo tiempo. Quien elige un resort para tumbarse al sol difícilmente aspira a meterse en un museo cuando termina su día de playa, ni quien va a una gran ciudad para hacer compras o asistir al teatro tampoco pretende esquiar por la mañana y bucear por la tarde.
Por el contrario, si algo enseña el mundo del turismo es que el destino que pretende ofrecer todo no acaba siendo bueno en casi nada, y que la mejor forma de contar con una oferta completa es integrar las virtudes y las potencialidades de cada uno. La Costa del Sol es lo que es gracias a una suma que incluye a su aeropuerto y a su AVE, su Banús y su Carihuela, su Ronda y su Museo Picasso, su Milla de Oro y su Cueva de Nerja, sus estrellas Michelin y su Sierra Nevada.
El Foro Samsung, con miles de visitantes que asisten durante el día a las sesiones en el Palacio de Congresos de Málaga y que eligieron Marbella para dormir y comer es la mejor prueba de que más allá de las legítimas aspiraciones de cada uno, lo que hará fuerte a todos es potenciar el eje transversal que los une, donde las comunicaciones es el factor clave y donde con un poco de sentido común todos deberían salir ganando.

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Cambio de tono
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Héctor Barbotta | 29-01-2014 | 16:50| 0

La presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, estuvo el martes en Marbella en una visita relámpago al Andalucía Lab, donde la Cátedra de Estudios sobre Andalucía Rafael Escuredo celebró unas jornadas sobre urbanismo. No es la primera ocasión en la que un presidente andaluz visita la ciudad sin pasar por el Ayuntamiento desde que las elecciones municipales de 2007 auparon al sillón de la alcaldía a Ángeles Muñoz. Desde que es alcaldesa, Muñoz ha intentado sin conseguirlo que el inquilino del palacio de San Telmo visite el edificio de la Plaza de los Naranjos, aunque ahora se adivina un cambio de tono.
Desde esta misma columna se afirmó erróneamente el pasado sábado que no existen fotografías en color de un presidente autonómico entrando al Ayuntamiento. No es así: en mayo de 2006 el presidente Chaves realizó una visita oficial, aunque en aquella ocasión no hubo reunión con un alcalde porque la corporación municipal había sido disuelta tras la ‘operación Malaya’ y la autoridad municipal la ostentaba el presidente de la gestora, el socialista Diego Martín Reyes. Todavía con la gestora al frente del Ayuntamiento Chaves realizó otras dos visitas con motivo de las ferias de Marbella y San Pedro y otra para participar en un acto electoral al que también asistió el entonces presidente, José Luis Rodríguez Zapatero.
Desde entonces, el edificio propiedad de la Junta que alberga ahora el Andalucía Lab y antes el CINTA (Centro Internacional de Turismo de Andalucía) fue el lugar escogido por los presidentes autonómicos para participar en actos en Marbella. Desde el nombramiento del comisionado para la Costa del Sol, una institución que se anunció para desarrollar y ejecutar un Plan Integral para la Costa del Sol que pronto se quedaría sin presupuesto ni contenido para desaparecer poco después junto a la figura del comisionado, hasta el anuncio por parte de Chaves, en diciembre de 2007, de que en seis años el tren litoral llegaría a San Pedro Alcántara, pasando por diversos actos relacionados con la actividad turística, el edificio ha sido desde entonces el escenario casi exclusivo de las visitas de los presidentes autonómicos. Pero en todo ese tiempo no hubo ni reunión ni encuentro oficial para tratar asuntos relacionados con el Ayuntamiento.
La presidenta Susana Díaz seguirá hoy la estela de sus antecesores, aunque sus movimientos permiten vaticinar un cambio de postura de la Junta en relación a la ciudad.
Primero, porque porque desde el entorno de la presidenta se ha dejado claro que la visita del martes –no fue a iniciativa propia, sino producto de una invitación de la organización de las jornadas. Pero sobre todo porque se está preparando la celebración de la reunión oficial que tanto ha reclamado el Ayuntamiento y que tendrá lugar muy probablemente antes de la primavera. Incluso no se descarta que pueda celebrarse durante el próximo mes de febrero si la cargada agenda de la presidenta así lo permite.
La propia Susana Díaz llamó el lunes personalmente a la alcaldesa, con quien se disculpó por no poder acercarse hoy hasta el Ayuntamiento y a quien emplazó para reunirse lo antes posible. Un gesto impensable en sus antecesores.
Cuando asumió su cargo, Díaz anunció que se reuniría con todos los alcaldes de las principales ciudades andaluzas y ya lo hecho con varios, incluidos los de las capitales de provincia con la excepción de Sevilla, Cádiz y Jaén. Desde la Junta se adelanta que no habrá que esperar a los encuentros oficiales en esas ciudades para que se produzca la reunión de Marbella. Y que habrá voluntad de diálogo para resolver los grandes problemas pendientes, incluida la refinanciación de la deuda y el desbloqueo de la ampliación del hospital. «Hay un marco de diálogo permanente», aseguran desde la Junta. Precisamente lo que ha faltado hasta ahora.

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El fútbol es así
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Héctor Barbotta | 27-01-2014 | 17:27| 0

Quizás el tiro salga por la culata y acabe perjudicando a quienes lo promovieron, pero ello no debe llevar a que distraigamos la mirada sobre quienes desde el parapeto de los clubes de fútbol están moviendo influencias para evitar que se haga justicia en el ‘caso Minutas’.
Los parámetros morales que rigen la dirigencia del deporte más popular de España parecen haber quedado en claro esta semana con la causa de apropiación indebida que ha desencadenado la dimisión del presidente del Barcelona y el respaldo que 16 de los 20 clubes españoles de Primera División –afortunadamente con la excepción del Málaga y vergonzozamente con la inclusión del Real Madrid y el Barcelona (seguramente los dos equipos con más simpatizantes en la ciudad)– han dado a la petición de indulto a José María Del Nido, quien –aún a riesgo de aburrir no hay que cansarse de recordarlo– ha sido condenado en sentencia firme a siete años de cárcel por robarle 2,7 millones de euros a los vecinos de Marbella.
En las últimas horas se han escuchado muchas voces indignadas que parecen haberse percatado de que hay reproches éticos que hacerle al mundo del fútbol, pero esta alarma que de golpe parece experimentar la sociedad y sus expresiones mediáticas más sonoras en torno a la dirigencia deportiva recuerda demasiado a la película Casablanca y al comisario Luis Renault aparentemente alarmado porque ¡qué escándalo! en el Rick’s se apostaba.
Los negocios turbios que se mueven en torno al fútbol y la forma en que unos dirigentes se tapan a otros porque en definitiva todos forman parte de lo mismo son bien conocidos en Marbella desde hace más de veinte años, concretamente desde que Jesús Gil comenzó a saquear el Ayuntamiento para financiar su actividad como presidente del Atlético de Madrid. La ciudad pagó, y sigue y seguirá pagando, una alta factura por aquello. Pero no es algo que afecte solo a Marbella, y quien no se había enterado hasta ahora es porque no quiso hacerlo.
Porque el desastre moral que rodea al fútbol profesional no afecta solo los presidentes, que utilizan los palcos como supermercados de influencias a los que acuden encantados ministros, consejeros, alcaldes, empresarios, banqueros, columnistas y tertulianos varios. Todo lo que se mueve alrededor, con la complicidad y la aquiescencia de muchos a quienes habría que buscar en esos palcos, huele también a podrido.
Solo así se explica que el fútbol pague menos IVA que el teatro, que las estrellas extranjeras tengan un régimen fiscal especial, que la Seguridad Social y Hacienda permitan a los clubes lo que no le dejan pasar a ninguna empresa (no hablemos ya de una pyme o de un autónomo), que la deuda estructural crezca sin control ni medida, que los clubes se arruinen mientras los dirigentes se enriquecen sin que nadie pida cuentas y que el fútbol siga viviendo en una burbuja de dispendio que para el resto de los españoles hace tiempo que pinchó con dolorosísimas consecuencias para casi todos.
El escándalo del Barcelona y el descaro con el que se reclama la impunidad para un delincuente que le robó millones a los vecinos de Marbella parecen haber puesto a la vista lo que lleva ya mucho tiempo delante de los ojos de todo el mundo. ¡Qué escándalo!, nos hemos percatado de que aquí se juega.
Posiblemente la indignación de estos días forme parte de una sobreactuación de quienes hasta antes de ayer no se habían dado cuenta y acudían prestos a los palcos, pero posiblemente el momento sea bueno para hacer algo y asegurarse de que el tiro, efectivamente, les salga por la culata.
Durante todo el proceso que ha acabado con la sentencia firme contra Del Nido el Ayuntamiento de Marbella ha actuado con discreción, con la evidente intención de no levantar más escándalo del necesario y evitando confrontar con el altavoz mediático y la red de influencias con los que contaba el expresidente del Sevilla. Esa discreción ha sido llevada a rajatabla y sin salirse del guión que se ha aplicado en las decenas de casos abiertos para saldar cuentas judiciales con los años del gilismo: lo que el Ayuntamiento persigue es recuperar el dinero que le quitaron. Y nada más.
Posiblemente por eso haya pasado desapercibido el escrito remitido por la oficina jurídica municipal el pasado 13 de diciembre a la Audiencia Provincial en el que pide «la ejecución en todos sus términos» de la sentencia que condenó a Del Nido a siete años de cárcel y a devolver los 2,7 millones de euros que se llevó.
Pero los vecinos de Marbella no solo son acreedores a que se les devuelva el dinero, también merecen un resarcimiento moral. Cada vez que surge la noticia de que alguien ha firmado para que se le conceda el indulto a Del Nido o cuando en las pantallas de televisión aparece un dirigente deportivo solidarizándose con su colega, cada uno de los vecinos de esta ciudad sufre una afrenta en su dignidad. Cuando ya te han robado duele más que encima te llamen tonto. Por eso, y porque sería un grave error subestimar la capacidad de influencia de una mafia que se ha propuesto salvar a uno de los suyos, posiblemente haya llegado el momento de hacer algo de ruido.

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Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella