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¿Último año de Starlite?
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Héctor Barbotta | 28-06-2017 | 11:17| 0

El silencioso estruendoso con que hasta ahora se han desarrollado las negociaciones no ha conseguido ocultar la grieta que separa al equipo de gobierno municipal de los organizadores de Starlite. Ambas partes llevan semanas negociando la prórroga del convenio sobre la cesión del auditorio natural de la cantera de Nagüeles y las posiciones no están ni mucho menos cercanas.
La organización del festival y el Ayuntamiento tienen que renovar este año el convenio que permite la utilización de la cantera para esta actividad y a menos de un mes del primer concierto todavía no se ha producido la firma. Técnicamente, ni tan siquiera la edición de este año se podría celebrar si comenzara este fin de semana, aunque nadie con un mínimo de información duda de que los papeles estarán en regla a tiempo y que Marbella podrá seguir siendo un año más la referencia esencial en los conciertos veraniegos. Otra cosa es lo que pase de ahora en más.
Lo que cabe preguntarse es por qué se ha llegado a estas alturas, con el verano ya iniciado y la temporada alta llamando a las puertas, con los deberes sin hacer. La respuesta sólo puede encontrarse en las diferencias que separan a ambas partes.
La negociación sobre el nuevo convenio para el uso del auditorio natural de Nagüeles lleva ya tiempo cocinándose y tanto los promotores de Starlite como el gobierno municipal han evitado con mutuo silencio que la situación pasara a formar parte de la agenda y del debate público. De hecho, nadie habla hoy públicamente del asunto, sobre el que no hay declaraciones oficiales por ninguna de las partes. Sin embargo, hay diferencias larvadas que salen a la luz a poco que se rasque más allá de la superficie..
El problema reside en la renovación del permiso concedido por el Ayuntamiento para la celebración de conciertos en la cantera, que dimana a su vez de un acuerdo de cesión de ese espacio de la Junta al Ayuntamiento, firmado el 6 de julio de 1992 por un periodo de 25 años y que vencía, por lo tanto, en menos de dos semanas. El final de esa cesión y la necesidad de renovarla ha dado lugar a un replanteamiento del canon que se cobra por su utilización y en esa cuestión de dinero reside el origen de las diferencias entre ambas partes.
El revulsivo que Starlite ha supuesto para Marbella desde su aterrizaje en 2012 debería estar fuera de toda discusión. Sus promotores, los empresarios Sandra García Sanjuán e Ignacio Malaquer, llegaron a una ciudad que aún atravesaba lo peor de la crisis con un proyecto tan ambicioso que al comienzo despertó, sobre todo, escepticismo y desconfianza. Históricamente Marbella ha supuesto un imán para toda clase de charlatanes y escenario de proyectos megalómanos que después se quedaban en nada y hubo quienes no dudaron en poner en esa categoría al festival y a sus impulsores. Sólo cuando en la antesala del verano de aquel año el Palacio de Congresos se llenó de aspirantes a un empleo de verano que salían con un contrato bajo el brazo, los primeros acordes comenzaron a sonar en el auditorio de la cantera y Marbella volvió a ocupar espacios en todos los medios nacionales como epicentro de los veranos musicales, la ciudad pudo comenzar a entender que estaba ante algo muy distinto.
Como todos los acontecimientos trascendentes, Starlite tuvo detractores pero su contribución decisiva al auge que alcanzó Marbella en los últimos años es difícilmente discutible.
Cuando el tripartito llegó al gobierno municipal, poco antes del verano de 2015, y surgieron vaticinios que auguraban una huida de inversiones de la ciudad, los nuevos responsables municipales se esforzaron en dar una imagen de normalidad. Para ello era necesario acallar los rumores de que Starlite abandonaría Marbella. No sucedió nada de ello, sobre todo porque había un convenio en vigor que garantizaba el uso del auditorio al que todavía le quedaban dos años. El tripartito dio entonces un apoyo monolítico a la continuidad del festival.
El pasado verano, cuando la denuncia del abogado Marco Arafat, uno de los fundadores de Podemos en Marbella, puso el foco en la hora de cierre, no hubo sanciones. Es más; la diferencia de criterios en torno a este asunto entre el edil de Seguridad y de Vía Pública, Javier Porcuna, y el entonces jefe de la Policía Local, José Andrés Montoya, fue uno de los detonantes de la ruptura entre ambos que acabó costándole el puesto a Montoya.
Sin embargo, la situación se complicaría con el tiempo. Ahora ya puede asegurar que hay fisuras, y que aunque en el gobierno municipal tripartito la postura oficial siempre ha sido la de tratar al festival con mimo, el evento es mirado con matices diferentes según el partido político del que se trate e incluso de la delegación que ostenta cada concejal.
Uno de los primeros roces entre el gobierno municipal y Starlite y que evidenciaron diferentes visiones sobre el festival se produjeron por la cuestión urbanística. Aunque el diferendo se mantuvo fuera de los focos, el Ayuntamiento abrió un expediente por la construcción de estructuras fijas en un paraje, considerado de especial protección, donde solamente caben soportes móviles. Ese expediente fue el segundo tras el abierto por el Ayuntamiento en 2014, aún bajo el gobierno de Ángeles Muñoz, por el cavado sin permiso de unas zanjas para la instalación de conducciones eléctricas.
Este segundo expediente ya está a punto de cerrarse después de que esta semana el servicio de disciplina urbanística del Ayuntamiento enviara una inspección para comprobar que, efectivamente, la promotora de Starlite había demolido las estructuras realizadas irregularmente. En el Ayuntamiento hay quienes aseguran que la empresa remoloneó a la hora de responder a la apertura del expediente, y que sólo se puso las pilas después de que un informe del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil diera lugar a una denuncia de la Fiscalía por los presuntos delitos contra la ordenación del territorio y de desobediencia grave.
Sin embargo, el punto grave de diferencia está en el dinero. Concretamente, en el canon que la promotora abona todos los años para poder utilizar la cantera, un espacio público protegido bajo la competencia de la Junta de Andalucía cedido por esta administración al Ayuntamiento de Marbella.
Cuando Starlite aterrizó en Marbella, atendiendo a un criterio de utilidad social del proyecto, el Ayuntamiento decidió ceder la cantera a cambio de una cantidad prácticamente simbólica cuyo importe salía del cálculo de lo que costaba cada mes el canon que la administración municipal pagaba anualmente a la Junta. Así fue como se estableció que Starlite hiciera uso de la cantera por unos 7.000 euros al año. El gobierno municipal de entonces entendió que esa era la manera que podía respaldar a un evento que sería muy beneficioso para la ciudad y al que tanto la Consejería de Turismo de la Junta de Andalucía como Turismo Costa del Sol habían ayudado con importantes cantidades.
Ahora, cuando toca revisar el convenio, el criterio municipal ha cambiado, según se asegura desde la Plaza de los Naranjos, por decisión de la Junta, propietaria última de los terrenos y que de momento sólo ha concedido una prórroga provisional de un año. No queda claro si el gobierno municipal actúa de motu propio o si se limita a transmitir las decisiones adoptadas por la Administración andaluza, propietaria última de los terrenos.
Starlite ya no es un festival que requiera de la ayuda pública para arrancar, sino un evento consolidado. La administración –difícil establecer cuál, si la municipal o la autonómica– considera que no está justificado seguir cobrando un canon simbólico y los servicios técnicos del Ayuntamiento ya preparan un informe sobre cuál debe ser la cuantía que debería figurar en el próximo convenio. Según fuentes consultadas por este periódico, el informe, aún no terminado, establecerá una cantidad cercana a los 100.000 euros anuales.
La empresa promotora ya destina cada año unos 140.000 euros a las arcas municipales entre licencias de montaje y desmontaje y avales. No hay que ser un lince para saber que un nuevo canon con una cifra cercana a esa cantidad –incluso la mitad de esa cantidad, que es la que al parecer ya se ha planteado– caería como una bomba sobre la mesa de negociaciones. No tanto para este año, ya que la celebración del festival que comienza el 15 de julio no está ni mucho menos en duda, sino para ediciones futuras.
La Junta sólo ha renovado la concesión en favor del Ayuntamiento por un año, y las condiciones que se negocien este año pueden constituir un antecedente para los años venideros. La continuidad del festival está en el aire.

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Chicas
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Héctor Barbotta | 23-06-2017 | 11:30| 0

La salida de una discoteca de Marbella fue escenario hace unos días de una pelea salvaje entre dos bandas de energúmenos. Estas cosas han pasado toda la vida, pero ahora no hay manera de que sucedan sin que sean grabadas y subidas a la red, de modo que cualquiera que haya tenido interés ha podido ver el salvajismo con el que se emplearon los contendientes. Resulta imposible ver las imágenes sin sobrecogerse, tanto como entender qué puede pasar por el cerebro de una persona que sigue pateando la cabeza de otra que se encuentra inerme en el suelo.
El origen de la pelea, con toda seguridad regada con alcohol y aderezada con otras sustancias, también fue de las de toda la vida. Uno le tocó el culo a la novia de otro y allí fueron los machos a marcar territorio. Uno a defender no la dignidad de una igual, sino la propiedad mancillada; el otro, a presentar con exhibición de testosterona sus credenciales para hacerse acreedor de la pieza en disputa.
Es significativo que aún a estas alturas del siglo haya llamado la atención la inhumanidad de la que hicieron gala los contendientes durante la trifulca, pero que se haya tomado con normalidad el motivo de la pelea.
Ayer se conoció otro episodio de tocamientos en la vía pública, también en Marbella. Una muchacha que paseaba a su perro fue asaltada por un individuo que culminó su ataque con un palmetazo en sus partes íntimas tan virulento que al parecer se produjo una penetración. La víctima fue atendida por las lesiones sufridas y el atacante se enfrenta a una posible acusación de violación, por lo que podría ser condenado a una pena de 12 años de prisión.
El aumento de los asaltos sexuales se está convirtiendo en un serio motivo de preocupación para las fuerzas de seguridad, lo que demuestra que los avances que a veces vemos no son más que un espejismo. Las violaciones, los tocamientos, la consideración, en definitiva, de las mujeres como objetos o, en el mejor de los casos, como personas de segundo rango, no son más que la expresión más bestia de una situación que sigue ahí, en la conciencia más íntima de una mayoría o al menos de una minoría significativa.
Por eso no hay ni escándalo social, ni declaraciones públicas, ni compromiso político para solucionar el problema que enfrenta el equipo de balonmano femenino del Rincón Fertilidad, que se ha ganado el derecho a disputar una competición europea y está a punto de renunciar porque no aparecen patrocinadores que aporten los 100.000 euros necesarios para viajes y alojamientos. A nadie parece conmoverle esta injusticia. Al fin y al cabo no son más que chicas.

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Morir de éxito
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Héctor Barbotta | 19-06-2017 | 11:31| 0

 

El calor, pero no solamente el calor, anuncia que la temporada alta de verano llama a la puerta. Si se recurre al habitual termómetro que no suele fallar, el de la Semana Santa, se puede adelantar que será un verano esplenderoso, de lleno absoluto.
Hay otros indicadores que así lo señalan. Los últimos y desgraciados acontecimientos no han hecho otra cosa que aumentar la sensación de inseguridad global, una situación que favorece a los destinos consolidados, como la Costa del Sol, en desmedro de otros emplazamientos mediterráneos, competidores, que sólo podrían aspirar a volver a levantar cabeza en una situación más tranquila que de momento no se vislumbra en el horizonte.
Sin embargo, la mejor señal de que la temporada alta que se avecina supondrá una llegada masiva de visitantes son las calles y las terrazas ya llenas de turistas y las consecuencias colaterales que desde hace semanas se producen cada día con mayor frecuencia. La más habitual es el atasco permanente que sufren algunas vías de circulación durante gran parte del día.
Marbella va a vivir un verano mejor que el del año pasado, si se atiende al número de turistas que se esperan, y corre un serio riesgo de morir de éxito. Hace demasiados años que las infraestructuras de la ciudad no se renuevan y la última que se puso en marcha, el soterramiento, ha hecho más fluida la circulación en dirección a Estepona pero se ha mostrado insuficiente para resolver los atascos que se producen en los accesos a San Pedro. En realidad, todas las principales entradas y salidas de los núcleos urbanos -Marbella, San Pedro y Banús- son un calvario para los conductores en las horas punta y a poco que se produce un accidente o un simple alcance, las caravanas se eternizan. La autovía a la altura de Las Chapas, los accesos a Puerto Banús y el cruce de la autovía con la carretera de Ronda son los puntos más vulnerables de la red de comunicaciones de la ciudad. Ante el desembarco masivo del verano no aparece otra alternativa que cargarse de paciencia y prepararse para pasar horas atascado.
Poco a poco Marbella se va acercando a una situación en la que la ciudad deberá definir entre dos caminos: o aumentar las infraestructuras o comenzar a plantearse cómo limitar el número de visitantes. Esta dicotomía puede parecer prematura, pero si no se mejora sustancialmente la red de comunicaciones en poco tiempo estará sobre la mesa.
La insuficiencia de las autovías y de las entradas y salidas a los puntos clave, las escasas posibilidades de que prospere el tren litoral –no porque no sea posible ni necesario hacerlo, sino porque nunca se lo ha tomado en serio más allá de la retórica política– y la propia fisonomía de la ciudad, que creció y se desarrolló con urbanizaciones construidas junto a una carretera a lo largo de 27 kilómetros, no invitan a ser optimistas sobre la posibilidad de resolver a corto plazo el creciente problema de los atascos, que se presenta como la más seria amenaza al buen funcionamiento de la ciudad para los próximos años y también como una loza para la calidad de la oferta turística.
Hay otras cuestiones que resultarían más sencillas de resolver si hubiese voluntad política traducida en partidas presupuestarias. Una son las playas, la otra es la seguridad y la imagen asociada a la seguridad.
Cuando Marbella no se había recuperado todavía del impacto que supuso el incidente del atropello múltiple y posterior colisión, también múltiple de hace dos semanas, en estos días una pelea multitudinaria a la salida de una discoteca ha vuelto a poner a la ciudad en el escaparate que más daño le hace.
Esas imágenes escalofriantes de un salvajismo animado por la borrachera, pero no sólo por la borrachera, son bastante descriptivas acerca de dónde se encuentra una parte de la sociedad y podrían haber sido grabadas en cualquier lugar de España. No es verdad, como se ha escuchado, que la pelea saltó a los medios de comunicación porque todo lo que pasa en Marbella se magnifica. Las imágenes eran suficientemente sobrecogedoras como para que fueran recogidas independientemente de dónde se produjeron. Tampoco vale argumentar que los protagonistas no eran ni vecinos de Marbella ni turistas, sino jóvenes desplazados de otras localidades para una noche de juerga. La pelea tuvo lugar aquí, a las puertas de verano, y ese es un lujo que la ciudad no se puede permitir.
No es casualidad que esta misma semana desde el Ayuntamiento se haya reclamado al Gobierno mayor compromiso con la seguridad. Por población y por importancia, Marbella debería tener no una comisaría de Policía decente, sino dos, y lo que tiene son unas instalaciones vetustas en las que los agentes no tienen espacio ni para ducharse ni para trabajar, y donde la dotación de personal es insuficiente.
Ahora llega el verano, la población de la ciudad se multiplica, una buena parte de los policías se van de vacaciones, llegan personalidades de todo el mundo a las que hay que brindar protección las 24 horas y el Ministerio del Interior no considera necesario incrementar la plantilla. Los refuerzos que envía ni siquiera alcanzan para cubrir las bajas por vacaciones. El compromiso con el turismo se demuestra en estas cuestiones. Marbella no es una ciudad insegura, pero no se debería jugar con fuego.

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Se acabó la incertidumbre
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Héctor Barbotta | 17-06-2017 | 15:37| 0

El nuevo centro de salud de San Pedro era una de las actuaciones comprometidas en el pacto de investidura que inclinó hace dos años la balanza de Opción Sampedreña en favor de la candidatura del socialista José Bernal. El viernes, tras la firma en presencia de la flamante consejera de Salud, Marina Álvarez, del protocolo por el que la Junta se compromete a construirlo, el teniente de alcalde de San Pedro y vicepresidente de OSP, Rafael Piña, mostró su satisfacción por el grado de cumplimiento del acuerdo. El partido sampedreño tiene previsto revisar formalmente el pacto antes de fin de mes, aunque la posición ya expresada por Piña deja poco margen para la incertidumbre.
La situación no era la misma días atrás, cuando se conoció que un informe de la intervención general de la Junta ponía freno a la intención municipal de adelantar la financiación de las obras con sus propios fondos.
Este informe cayó como un cubo de agua fría en el tripartito, ya que coincidió en el tiempo con el periodo en que Opción Sampedreña abrió el debate ya anunciado en su día sobre su revisión del pacto de gobierno a mitad del mandato. Se temió que la no concreción de las inversiones de la Junta pusiera en peligro la continuidad del tripartito y ello obligó a una intensa labor de mediación entre el gobierno municipal de Marbella y la Junta de Andalucía para buscar una solución. Esta tarea la asumió el secretario de Política Institucional del PSOE andaluz, Francisco Conejo, quien durante la semana del 29 de mayo al 2 de junio acudió a Marbella en al menos tres ocasiones para informar de la marcha de las negociaciones y calmar los ánimos entre los miembros de OSP.
Cuando el viernes 2 de junio  tomaron estado público las reuniones que OSP había mantenido con dirigentes del PP y las opciones de posible cambios en el Ayuntamiento que allí se habían barajado, el asunto ya estaba solucionado. Ese mismo día, la Plataforma de Contratación de la Junta publicaba la licitación para la adaptación del proyecto, la prueba que OSP necesitaba como garantía de que el compromiso de la Junta iba en serio.

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Nostalgia de la decadencia
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Héctor Barbotta | 14-06-2017 | 18:34| 0

Ha muerto Adnan Khashoggi y hay quienes han recordado con indisimulada nostalgia aquella época en la que sus fiestas llenaban de glamur los veranos de Marbella. Su finca de 900 hectáreas La Baraka, en Benahavís, y el yate Nabila, fondeado en Puerto Banús, eran el escenario habitual de aquellos saraos que situaban a la ciudad en el epicentro del lujo en el Mediterráneo.
Las fiestas de Khashoggi, por supuesto, tenían muchos más aspirantes que invitados y por eso quienes pasaron en algún momento por ahí, o incluso quienes estuvieron cerca, las han recordado como aquellos privilegiados a quienes el destino los premia como testigos de un acontecimiento histórico.
El magnate, que en su día fue considerado como quien había cogido el testigo de Aristóteles Onassis como la persona más rica del mundo, tenía toda la estética de los villanos de las películas de James Bond de aquella época, que además de tramas de espías ofrecían al espectador todo un manual de estilo.
Pero Khashoggi no sólo se parecía a los malos de las películas de 007 en su aspecto físico, en la vestimenta, en el yate (que de hecho se utilizó en una de las entregas de la saga) y en las fiestas que organizaba. Porque Khashoggi era un malo de los de verdad. De los muy malos.
Por cuna y por educación –su familia estaba muy bien relacionada con la casa real saudí y la fortuna de su padre le permitió acceder a una educación de privilegio en una de las mejores universidades de Estados Unidos– tuvo la oportunidad de elegir a qué dedicar su vida. Y su decisión fue convertirse en traficante de armas. El mayor traficante de armas de unos años en los que la Guerra Fría convirtió a buena parte del planeta en escenario de conflictos de baja intensidad que dejaron un reguero insoportable de muertos. Un marco perfecto para quien vio en su facilidad para poner en contacto a los países fabricantes de armas con los dictadorzuelos de variado pelaje que las necesitaban –bien para imponerse en disputas regionales, bien para someter a sus pueblos– una inmejorable oportunidad de negocio.
Aquella facilidad para construir relaciones y utilizarlas en su beneficio convirtió a Khashoggi en el hombre más rico del mundo. A diferencia de lo que se suele creer, Marbella no era solamente el lugar donde venía a gastarse el dinero que ganaba sembrando muerte por todo el mundo, sino una pieza más del engranaje de sus negocios, el escenario perfecto para tejer su red de influencias.
Las crónicas de la época muestran cómo además de estrellas del espectáculo como Liz Taylor, Brooke Shields o Farrah Fawcett Majors, a quienes Khashoggi traía vaya uno a saber con qué incentivos, también acudían sanguinarios dictadores como el congoleño Mobutu Sese Seko, posiblemente atraídos con la posibilidad de departir con las celebridades de la época. No hay que ser muy perspicaz para concluir que aquellos saraos servían también para cerrar negocios.
La nostalgia con la que muchos vecinos de Marbella han recordado en estos días aquellos años, algunos porque ya no se cobran propinas como las de entonces, otros por lo que suponían de aparente brillo para la ciudad, permiten concluir que en aquel momento no se cuestionaba ni a la figura de Khashoggi ni a los medios que había utilizado para satisfacer su codicia. Tampoco se tenía en cuenta la estela de sufrimiento y dolor que sus negocios habían dejado por todo el mundo. Su cicerone en Marbella, Jaime de Mora y Aragón, tampoco es en absoluto cuestionado, sino que a falta de una, la ciudad alberga dos estatuas que lo recuerdan. Afortunadamente, de aquella época no quedó ningún bulevar Khashoggi que hoy nos avergonzaría.
Khashoggi bien podría funcionar como metafóra de un concepto que comenzó a arraigar por entonces y que llevaba a concluir algo asi como que da igual de dónde obtienen el dinero los millonarios que nos visitan siempre y cuando se lo gasten aquí y no den problemas.
Aquella idea, que Jesús Gil se atrevió a reconocer en voz alta como una confesión más de cuáles eran sus valores morales, sólo se empezó a cuestionar a partir de diciembre de 2004, cuando un ajuste de cuentas entre narcotraficantes se llevó por delante la vida de un niño de siete años, acribillado a balazos en la peluquería de un hotel en Puerto Banús.
Es verdad que Khashoghi no fue el único personaje de esta calaña que pasó por Marbella. Ahí tuvimos hasta no hace mucho a Monzer Al-Kassar, un emprendedor que se movía en la misma rama comercial y con la misma poca discreción que el saudí. Aunque la ciudad carece de barreras para impedir que estos personajes vengan y campen a sus anchas, porque sólo el Gobierno y sus ministerios de Exteriores, de Interior o de Hacienda cuentan con los instrumentos para hacerlo, sí corresponde a sus vecinos decidir a quién toman como referencia, a quién eligen admirar y, pasado el tiempo, a quién recuerdan con nostalgia.
Es posible que aquella Marbella del glamur de los setenta y los ochenta tenga algo del estilo que se ha ido perdiendo con los años a medida que la actividad turística fue mutando en un fenómeno de masas. Pero no sobra preguntarse si aquel relativismo moral que permitió que Khashoggi se sintiera cómodo y admirado y que puso como referencia esa idea de que el dinero siempre es bienvenido cualquiera sea su origen no fue el que acabó abriendo las puertas del poder político municipal a Jesús Gil, con los resultados conocidos.
Consuela pensar que hoy día sería imposible que un traficante de armas reconocido se convirtiera en la referencia de los saraos y las celebraciones veraniegas por más estrellas rutilantes de Hollywood que fuese capaz de traer.
El tiempo suele tender a endulzar los recuerdos, pero posiblemente aquella época no sea merecedora de la nostalgia que ha salido a la luz estos días.

 

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Ricos indeseables
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Héctor Barbotta | 14-06-2017 | 18:31| 0

 

En los días que antecedieron al suceso del pasado domingo que tuvo como protagonistas a dos peligrosos energúmenos a bordo de un todoterreno, las redes sociales y las páginas críticas con el equipo de gobierno municipal se habían llenado de fotos y vídeos de jóvenes de ambos sexos exhibiendo su mala educación borrachos y semidesnudos en el entorno de Puerto Banús. Las imágenes suponían en sí mismas una crítica al incremento del turismo de bajo coste en la ciudad, que algunos llaman &lsquoturismo de alpargata&rsquo, lo que se atribuía en algunos casos a la política turística del equipo de gobierno y en otros, al fracaso de esa política, como si ambas críticas fuesen compatibles entre sí. También el presidente de la Diputación y del Patronato de Turismo, Elías Bendodo, reclamó al Ayuntamiento que coja las riendas en materia de seguridad ciudadana, como si esa competencia fuese de la institución municipal y no responsabilidad exclusiva del gobierno central, con el que comparte partido.

Pero más allá del habitual oportunismo que campa a sus anchas a un lado y otro del espectro político ante la sana indiferencia ciudadana, resulta evidente que algo está fallando y que permanecer pasivo o argumentar que no se puede hacer más supone un grave acto de irresponsabilidad.

En la semana que precedió al incidente del domingo la presencia de jóvenes británicos en la ciudad experimentó un incremento, posiblemente por la coincidencia en el Reino Unido de la semana festiva académica conocida como &lsquoHalf Term&rsquo (la última semana del trimestre) y con el &lsquoSpring Bank Holiday&rsquo, el festivo de origen religioso que se celebra el último lunes de mayo. Ello explica en parte la invasión de turismo juvenil y barato de esos días. Las imágenes que se vieron fueron ciertamente preocupantes, sobre todo porque en nada coinciden ni con lo que la ciudad necesita ni con la estrategia que se ha propuesto desde el Ayuntamiento para consolidar a Marbella como destino de gran categoría en el Mediterráneo.

Es verdad que poco se puede hacer ante empresarios, de aquí o del Reino Unido, que crean unos productos turísticos de bajo coste, y mucho menos ante lo que entiende una buena parte de la juventud británica por diversión o ante la bajísima carga fiscal que tiene en España la venta de alcohol. Pero el Ayuntamiento sí puede hacer mucho más de lo que hace por obligar a que se cumplan las ordenanzas -y si no existen hay que dictarlas- referidas al consumo de alcohol en la calle, a qué lugares de la ciudad son los apropiados para circular a pecho descubierto o a cuánto ascienden las sanciones por evacuar las necesidades en la vía pública. Considerar que cuanto menos se moleste al turista es mejor, cualquiera sea su comportamiento, constituye el camino más corto para espantar a los turistas buenos y quedarnos con los indeseables.

Sin embargo, relacionar el fenómeno del turismo juvenil de botellón y de despedidas de solteros con el suceso del domingo pasado supone errar de lleno el análisis, porque ni los protagonistas de ese suceso ni otros personajes como ellos que infectan la ciudad tienen nada que ver con el bajo coste, aunque algunas semejanzas estéticas nos pudieran inducir a engaño. Hay empresarios que consideran que todo se soluciona subiendo los precios y que gentuza es quien no tiene cartera suficiente para dormir en un cinco estrellas. Es la confusión a la que se puede llegar cuando se utiliza el dinero como medida de todas las cosas.

Los dos matones que el domingo protagonizaron una pelea en la puerta del Ocean Club, que se subieron a un todoterreno y atropellaron a sus contendientes y que después huyeron a toda velocidad embistiendo cuanto se encontraron por delante no llegaron a Marbella en un vuelo de bajo coste ni aprovechando la oferta de Renfe de 25 euros el billete. Viajaban en un vehículo de más de 100.000 euros y acababan de pasar la tarde en un local de precios astronómicos donde el personal compra champán no para beberlo, sino para bañar a señoritas en bikini. Tal es el nivel. Cuando el juez los mandó a la cárcel, uno de ellos reunió en menos de 24 horas los 25.000 euros que necesitaba para pagar la fianza. No es una cuestión de turismo barato, estamos ante un problema diferente.

Marbella tiene el privilegio de ser una ciudad deseada por gente de grandes posibilidades económicas en todo el mundo y la desgracia de no poder escoger quiénes vienen. No se trata de un problema nuevo. Ya tuvo expresiones mucho más dramáticas que la del pasado domingo en aquellos años en los que se sucedían ajustes de cuentas entre mafiosos, algunos con el terrible resultado de inocentes muertos, que contribuyeron a que se criminalizara durante algún tiempo la imagen de Marbella y de la Costa del Sol.

Entre quienes viven y descansan aquí hay un perfil significativo, aunque minoritario, que se ajusta al de los dos energúmenos que provocaron el suceso del domingo. Van en coches de alta gama, hacen ostentación en discotecas y clubes de playa, se comportan como matones, se les encuentran drogas cada vez que se los registra y no se les conoce oficio ni actividad alguna. La tesis de que es mejor hacer la vista gorda porque gastan dinero y no crean problemas se ha revelado fallida. ¿Se puede hacer algo contra estos personajes? Pruebe el lector a comprarse un vehículo como el que causó el accidente múltiple sin tener ingresos que lo justifiquen y verá cuánto tarda Hacienda en interesarse por su habilidad en los negocios. Hay impunidades que sorprenden.

Existen cuestiones relacionadas con el turismo indeseable que llevan años dando problemas sin que las administraciones se hayan puesto las pilas. Casi todas están concentradas en Puerto Banús, pero no solamente ahí. La más evidente es la conocida como &lsquocalle del infierno&rsquo, la trasera en el interior del recinto, en la que campan a sus anchas la prostitución callejera y la venta de sustancias prohibidas. Todo ello a menos de 50 metros de los locales comerciales que pagan los alquileres más caros de España. Meses atrás, este periódico reveló un informe de la Policía Local que radiografiaba la actividad de los clanes que utilizan prostitutas para robar a turistas borrachos. Que se sepa, ese informe no se tradujo en iniciativa concreta alguna. Resulta difícil de entender por qué las administraciones -el Ayuntamiento y su obligación de hacer cumplir las ordenanzas; la Junta, que cobra el canon a la concesionaria, y el Gobierno central, que tiene la competencia exclusiva en seguridad- han dejado enquistar este problema en lugar de concertar una acción coordinada para erradicarlo. Del mismo modo, tampoco se entiende por qué se permite que haya chiringuitos que se convierten impunemente en discotecas a pie de playa o que no se monten controles permanentes a quienes salen de establecimientos como en el que se produjo la pelea del domingo y que pudo acabar en tragedia.

Es verdad que no se puede seleccionar quién viene a Marbella. Pero si estos personajes, por más dinero que gasten, no se empiezan a sentir incómodos en la ciudad, acabarán echando al verdadero turismo de calidad. No basta con indignarse. Tampoco con estremecerse con la imagen de un padre sacando de uno de los coches embestidos a su bebé de diez días. Hay que actuar.

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Chusma sin fronteras
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Héctor Barbotta | 02-06-2017 | 08:15| 0

Sería un error suponer que el suceso del pasado domingo en Marbella, en el que dos energúmenos a bordo de un todoterreno de 100.000 euros estuvieron a punto de causar una tragedia de proporciones, supone una categoría y no un hecho aislado. Algo que sucede todos los días raramente es noticia.
Sin embargo, también sería un error ignorar que Marbella, y en concreto algunas zonas de Marbella, funcionan como un auténtico imán para un cierto tipo de personajes que se ajustan al perfil de los dos sujetos que protagonizaron los sucesos del domingo y que anoche durmieron en prisión.
No son, desde luego, todos los turistas de Marbella, ni tampoco la mayoría de los turistas de Marbella, ni siquiera una parte significativa. Pero hay un modelo de visitante que no es extraño en la ciudad. El perfil es el de jóvenes con poca educación y mucho dinero que no se sabe de dónde viene aunque es fácil imaginarlo sólo con ver cómo se lo gastan; que circulan a bordo de vehículos gigantes y que consideran que las normas no van con ellos porque creen que la impunidad puede comprarse igual que compran coches, champán y compañía.
Recientemente pasaron fugazmente por la cárcel dos individuos con características semejantes –sin ocupación reconocida, clientes habituales de discotecas de moda, conductores de coches de alta gama–, que habían causado la muerte a una mujer al atropellarla tras una noche de juerga. Esos mismos personajes estaban siendo investigados por la desaparición de una muchacha, también a la salida de una discoteca.
Marbella tiene en el atractivo que ejerce sobre personas de todo el mundo su principal fortaleza, pero también reside allí una de sus debilidades porque es imposible elegir quién viene y quién no.
Muchas veces cuando se menciona el turismo de calidad se suele considerar al precio como única referencia, pero eso es un error grosero. Hay productos turísticos caros que sin embargo son incompatibles con la imagen a la que debe aspirar Marbella. El club de playa en el que los autores del suceso pasaron la tarde del domingo es uno de ellos. El precio no es la única medida ni de la calidad ni de lo que le conviene a la ciudad.
No se trata de ir más allá de lo que la ley permite, ni siquiera de decirle a los empresarios por qué modelo de negocio deben apostar. Pero las administraciones, todas ellas, tienen instrumentos que se pueden utilizar para que personajes de esta calaña no se sientan cómodos en la ciudad, aunque ello afecte a ciertas cuentas de resultados. El interés general no siempre coincide con el de algunos empresarios.

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El secreto que todos sabían
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Héctor Barbotta | 31-05-2017 | 11:41| 0

 

El redactor del Plan General de 2010, Manuel González Fustegueras, ha pasado por los juzgados para declarar, en calidad de testigo, en la causa que investiga la supuesta falsedad de las actas del pleno donde se aprobó aquel documento. Era la primera vez, que se sepa, que el arquitecto volvía a Marbella después de que el Supremo anulara su Plan, en noviembre de 2015, y de que una denuncia del fiscal a raíz de la iniciativa de una plataforma ciudadana convirtiera la tramitación final del documento en un asunto judicial.
Fustegueras recordó ante el juez una cuestión que aunque fue quedando en el olvido en todo este tiempo suponía un secreto a voces durante el largo proceso de elaboración del Plan: que él recibía órdenes de la Junta y que trabajaba para la Administración autonómica, que era la que lo había contratado pese a que, una vez recuperadas las competencias urbanísticas por parte del Ayuntamiento, era esta institución la que se hacía cargo de sus honorarios, formalmente con autonomía. En aquel momento las dos administraciones –la autonómica y la municipal– tenían serias discrepancias en relación al Plan, pero no en cuanto al tema de las lindes (un aspecto ciertamente secundario en medio de lo que suponía crear un instrumento para superar la pesada loza del gilismo), sino en qué hacer con las miles de viviendas ilegales que aquel gobierno delincuencial había dejado en herencia. Simplificando, las posiciones en aquel debate podría resumirse en que la Junta estaba más cerca de la mano dura y el Ayuntamiento, de la manga ancha. Se impuso finalmente el criterio del Gobierno andaluz y su sistema de compensaciones, con los resultados conocidos.
Durante todo aquel proceso, el Ayuntamiento se sabía con las manos atadas, porque la aprobación definitiva del Plan dependía de la Administración autonómica y Ángeles Muñoz opinaba que era mejor tener un PGOU malo que no tener ninguno. Aquella postura la expuso a duras críticas de lo que podría considerarse su público natural, especialmente los promotores, que clamaba por una amnistía general.
Por eso sorprende que haya sorprendido que González Fustegueras, que al día de hoy sigue haciendo trabajos para el Gobierno andaluz –ha asumido la actualización del POTA de la Costa del Sol– haya reconocido que en el asunto de las lindes hizo lo mismo que con todo lo demás: seguir las instrucciones de la Junta, aunque su testimonio puede leerse ahora como la confirmación de lo que ha declarado desde el principio Ángeles Muñoz. El arquitecto aseguró que él había aplicado el criterio de tomar en cuenta las lindes históricas, que sitúan en Marbella los terrenos en litigio en los que se encuentra la vivienda de la entonces alcaldesa, pero que dos semanas antes del pleno la Junta de Andalucía le comunicó que debía atenerse a un dictamen del Consejo Consultivo. Este organismo indicaba que hasta que se resolviera el expediente de alteración de lindes, el nuevo Plan debía reflejar los mismos límites territoriales del anterior, de 1986, que fijan en Benahavís el suelo en disputa.
Este testimonio –y el que brindó al día siguiente el responsable jurídico del estudio, que declaró haber entregado en el Ayuntamiento la relación de 22 documentos modificados, entre ellos el plano de las lindes– desmonta la fábula de que el PGOU fue modificado por el equipo de gobierno municipal, con nocturnidad y para dar un pelotazo urbanístico. El pelotazo, de haber existido, se habría dado al aprobarse el PGOU de 1986, no la noche anterior de votarse el de 2010.
Así, el asunto parece reducirse ahora a determinar si los concejales que votaron el PGOU conocían estos cambios. El martes, en presencia del vicesecretario municipal (uno de los investigados en la causa) se visionó el vídeo del pleno y según aseguró su abogado a la salida, quedó claro que los concejales conocían los cambios.
Esta semana se ha sabido también que algunas defensas han aportado recortes periodísticos que demostrarían que los ediles de la oposición conocían dónde fijaba las lindes el PGOU que se iba a votar. De hecho, el día antes de la sesión, la entonces portavoz socialista en el Ayuntamiento, Susana Radío, y el ya secretario general del PSOE de Marbella, José Bernal, comparecieron para adelantar que aunque los ediles socialistas votarían a favor, el PGOU no les gustaba. Entre los motivos de discrepancia citaban «la cuestión de las lindes con los municipios limítrofes», según recoge la edición de SUR del 29 de julio de 2009, día en el que se aprobó el Plan.
La discusión de aquel momento, sin embargo, no se centraba en este asunto, sino, lógicamente, en qué hacer con los 18.000 inmuebles fuera de ordenación. La fórmula adoptada sería años después rechazada por el Supremo, causando la anulación del Plan. El problema principal, de entonces y de ahora, persiste. Por eso sorprende que el foco de interés haya mutado tanto.

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Fin de semana intenso e inquietante
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Héctor Barbotta | 26-05-2017 | 17:49| 0

Los dos principales partidos políticos de Marbella tendrán que recuperarse esta semana de un fin de semana que ha sido intenso y que les ha causado sendos disgustos y alguna inquietud de cara al futuro.
El Partido Popular celebró su congreso provincial, en el que Elías Bendodo ha sido reelegido sin oposición. Al menos, sin tener que competir con otra lista.
Bendodo, que días atrás había recibido el respaldo simbólico de la agrupación de Marbella simbolizadas en dos cajas con 1.100 avales a su candidatura, ha impulsado una notable renovación de su ejecutiva. Parte de esta renovación se ha traducido en la desaparición del PP de Marbella de los lugares de relevancia. Ningún representante de la agrupación más numerosa de la provincia se sentará en el equipo de trabajo de Bendodo y las especulaciones sobre el significado de esta ausencia han comenzado a dispararse.
Hay quien lo atribuye a que el equipo que Bendodo ha conformado tiene una clara vertiente enfocada a sus aspiraciones capitalinas y a que tampoco desde el Partido Popular de Marbella se ha puesto especial énfasis en retener la vicesecretaría de Política Municipal ni en pelear por conseguir alguna otra que lo situara en en núcleo duro donde se toman decisiones importantes.
Sin embargo, hay una cuestión que no pasa inadvertida. El presidente provincial tenía, y es posible que siga teniendo, la intención de que la renovación que quiere impulsar alcance a la candidatura del Partido Popular a las próximas elecciones municipales en Marbella. La hoja de ruta, nunca explicitada, preveía un relevo tranquilo y sin prisas que no se iba a precipitar antes del próximo congreso local de la formación, que seguramente se celebrará antes del verano y donde Ángeles Muñoz repetirá como presidenta.
Pero después del último congreso nacional, en el que el histórico valedor de Muñoz, Javier Arenas, salió reforzado ante el presidente del PP andaluz, Juanma Moreno, se comenzaron a recibir señales de la intención de la exalcaldesa de intentar recuperar su cetro si consigue superar con éxito los obstáculos judiciales que tiene por delante. Posiblemente en este tira y afloja pueda leerse la ausencia de dirigentes del PP de Marbella en el núcleo duro del equipo que dirigirá al partido en la provincia durante los próximos cuatro años.
También en el PSOE se ha vivido un fin de semana intenso y ciertamente inquietante. Los miembros del partido socialista de Marbella, que con el alcalde, José Bernal, a la cabeza y con la participación de todos los concejales respaldaron disciplinadamente el frustrado asalto de Susana Díaz a la secretaría general del PSOE, eran conocedores del desgaste que el enfrentamiento estaba causando en la formación y no ocultaban su deseo de que el proceso acabara cuando antes. De hecho, ha sido la campaña de apoyo a Pedro Sánchez la que ha dado visibilidad a los socialistas críticos con la gestión de Bernal al frente del PSOE de Marbella, sumergidos hasta entonces en un total anonimato.
No hubo sorpresas en el resultado que se produjo en la agrupación de Marbella, donde Susana Díaz se impuso, según lo previsto, por 182 votos frente a los 78 de Sánchez y los tres de Patxi López. En San Pedro el reparto de votos fue 42-18-7. El dato más inquietante proviene de la comparación con el de la recogida de avales en Marbella, donde Díaz había obtenido 235 firmas y Pedro Sánchez, 70.
El grupo de apoyo a Sánchez pidió en su momento que no se difundiera ese número por temor, aseguraban, a que los suyos recibieran presiones. Ahora, una vez que las urnas han hablado, las cuentas son sencillas: uno de cada cuatro afiliados socialistas que firmaron en Marbella el aval a Susana Díaz no encontraron el domingo motivos suficientes para acudir a votarla.

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Ciudad del deporte
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Héctor Barbotta | 26-05-2017 | 17:46| 0

El Ayuntamiento ha puesto en marcha el procedimiento para reconocer como hijos adoptivos a tres destacadas figuras del deporte con un importante vínculo con la ciudad: el extenista Manolo Santana, asentado en Marbella durante más de 30 años; el exentrenador de la selección española de fútbol Vicente del Bosque, que suele pasar largas temporadas de descanso en su casa de San Pedro, y el entrenador de la selección de baloncesto Sergio Scariolo, también residente en Marbella cuando sus obligaciones se lo permiten. Se trata de tres personas con méritos incontestables en el mundo del deporte y además con una vinculación contrastada y estrecha con la ciudad. Su declaración como hijos adoptivos de Marbella va a tener el triple efecto de reconocer y homenajear sus trayectorias, de consolidar y fortalecer esa vinculación con la ciudad y seguramente también de proyectar la imagen de Marbella como la de una ciudad vinculada al deporte y a unos valores encarnados en estos tres personajes, alejados de la equívoca y parcial reputación de ciudad frívola, insustancial y superficial que tanto daño ha hecho y sigue haciendo a Marbella.
Se trata de una consecuencia que no debe desdeñarse, porque la pátina de trivialidad con la que insistentemente se cubre a Marbella, ante la indiferencia y cuando no el beneplácito de muchos de sus vecinos y de sus representantes, supone una loza de la que es necesario desprenderse, no sólo por injusta, equivocada e irreal sino también porque tiene efectos perniciosos que muchas veces se subestiman.
No se trata solamente de que la distinción sea justa por el perfil y la trayectoria de los tres deportistas; su reputación tiene un alcance que puede permitir que el hecho mismo de homenajearlos sitúe a la ciudad en un peldaño de prestigio.
El actual equipo de gobierno tiene la intención indisimulada de vincular la imagen de la ciudad con el deporte, conocedor de que se trata de un terreno que puede traer beneficios promocionales y de creación de riqueza. En esa dirección se inscribe el contrato firmado con la organización internacional del IronMan, la disciplina de deporte extremo que va a fijar en Marbella la sede de una de sus competiciones anuales a partir de 2018 y para los próximos cuatro años. El Ayuntamiento destinará a esta actividad 700.000 euros, la cuantía del contrato firmado con los organizadores, y estaría bien que dispusiera de algunos fondos adicionales para promocionar el evento y asegurarse de esa manera que la inversión tenga un retorno palpable.
La declaración de hijos adoptivos de Santana, Del Bosque y Scariolo tendrá que superar algún obstáculo administrativo, según advirtió el secretario municipal esta misma semana en la comisión en la que se acordó llevar al pleno la apertura del expediente. El reglamento que rige la declaración de hijos adoptivos e hijos predilectos de Marbella establece un límite en el número de hijos adoptivos vivos que puede tener la ciudad que se superaría con estas tres declaraciones, ya que el cupo está casi completo con los dos Hijos Adoptivos vivos, María Luisa de Prusia y Mario Vargas Llosa. Saltarse esa norma obligará al equipo de gobierno a justificar fundamentadamente la excepcionalidad de los nombramientos para que el expediente salga adelanta.
No está previsto que se repita el fiasco de la concesión de las medallas de la ciudad, cuando la propuesta del alcalde de homenajear al primer alcalde democrático de Marbella tras la dictadura, Alfonso Cañas, se frustró en el pleno ante la falta de apoyo de los grupos municipales del PP y Podemos, que no comparte la manera en que se proponen estos nombramientos.
Ahora, el grupo popular, pese a que ha reservado el sentido del voto para el momento de la celebración del pleno, apoyará la propuesta cuando llegue el momento en atención a la trayectoria y el prestigio de los tres candidatos propuestos. De hecho, ya en 2009, durante el mandato de Ángeles Muñoz, el Ayuntamiento inició un expediente para nombrar Hijo Adoptivo a Manolo Santana que nunca se llegó a concluir.
No habrá, seguramente, cuestionamientos serios a que se concedan estos tres nombramientos. El peligro, sin embargo, va más allá del acto simbólico y reside en que la vinculación de la ciudad con el deporte se quede limitada a una cuestión de imagen.
No sería la primera vez que sucede. Durante el periodo del Partido Popular al frente del Ayuntamiento, el equipo de gobierno obtuvo la designación de Marbella como Ciudad Europa del Deporte y consiguió convertirla también en sede de una eliminatoria de la Copa Davis. Por aquella época, y por gestión de la Junta de Andalucía, las pistas del hotel Puente Romano acogieron en dos años sucesivos un torneo del circuito femenino de tenis (WTA), con la presencia de algunas de las principales raquetas del mundo, entre ellas Serena Williams. Pero ninguno de estos eventos tuvo continuidad y tampoco se llegó a saber nunca a ciencia cierta para qué sirvió aquella pomposa declaración de Ciudad Europea del Deporte.
Esta experiencia permite saber cuáles son los riesgos de creer que se ha conseguido un gran avance cuando apenas se ha iniciado el camino y, sobre todo, cuando no se conoce con claridad cuál es el destino que se quiere alcanzar. Basta reemplazar el nombramiento de los hijos adoptivos por la declaración de Ciudad Europea del Deporte y la celebración del IronMan por cualquiera de los grandes eventos de tenis de finales de la década anterior para tener una visión exacta de cuáles son los riesgos.
Sobre todo, porque por más acontecimientos que se traigan Marbella no es una ciudad del deporte. Las carencias de infraestructuras son una traba para quienes lo practican y constituyen cualquier cosa menos una invitación para quienes aún no lo hacen o no han incluido una actividad deportiva en la rutina semanal de sus hijos.
Marbella podrá pugnar por traerse grandes acontecimientos, y está muy bien que así se haga, podrá homenajear a grandes deportistas y será una iniciativa digna de aplauso, pero su imagen externa de ciudad del deporte será apenas una cáscara mientras el club de waterpolo siga sin una piscina donde jugar, mientras no se ofrezca una solución real y viable al grave problema administrativo que amenaza la continuidad del club de rugby o mientras los equipos de baloncesto no tengan unas instalaciones dignas.
Ya se sabe que la ciudad puede ser la mejor opción del mundo para que las viejas glorias del deporte encuentren un lugar donde retirarse. Pero estaría bien que, además, fuese una ciudad donde practicar deportes no fuese una continua carrera de obstáculos.

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Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella