Diario Sur

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Griñán, los alcaldes del PP y el sectarismo
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Héctor Barbotta | 13-01-2012 | 07:59| 0
Para consolarnos hasta podría valer la consideración de que, en su lógica, no cabía esperar otra cosa el día en que se oficializó la fecha de la batalla final. Pero si nos acostumbramos a esto sin al menos dejar constancia de que no nos gusta, como ciudadanos estamos perdidos.
El presidente de la Junta, José Antonio Griñán, inauguró el miércoles en Marbella el centro de innovación turística Andalucía Lab, una iniciativa que pretende ser un instrumento para que la comunidad siga siendo puntera en uno de los pocos sectores en los que puede vanagloriarse de estar a la vanguardia.
Allí estaban, además del presidente y de dos de sus consejeros, la cúpula empresarial de Andalucía encabezada por el secretario general de la CEA, una nutrida representación sindical, la rectora de la Universidad de Málaga y muchos de los principales empresarios turísticos andaluces. Se encontraban también algunos concejales de turismo, pero faltaban todos los alcaldes de la Costa del Sol con la excepción del de Benalmádena, único mandatario socialista en todo el litoral de la provincia.
Ni la alcaldesa de Marbella, ausente estos días de la ciudad, ni los de otros municipios turísticos fundamentales para Andalucía como Torremolinos o Estepona acudieron a la cita; tampoco la presidenta de la Mancomunidad de Municipios de la Costa del Sol. Ni siquiera estuvo el presidente de la Diputación Provincial, que lo es también del Patronato de Turismo, que a esa misma hora eligió actuar como presidente del PP anunciando un acto de su partido para este fin de semana y dejando muy claro, lo que es de agradecer, cuáles son sus prioridades.
Cuando Griñán se jactó en el Parlamento andaluz de que a él no lo verían en Marbella contrajo con esta ciudad una deuda que solo se saldará cuando acuda para pedir disculpas. Los alcaldes del PP en la Costa del Sol tienen motivos más que sobrados para rechazar la política de la Junta (o la ausencia de ella) hacia el motor económico de la comunidad, encarnado en el abandono de su compromiso de construir el tren litoral y en la paralización de las obras del hospital comarcal.
Pero con su ausencia perdieron gran parte de su autoridad moral para protestar por ello. Han demostrado que en sectarismo la batalla está igualada.
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Mofletes
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Héctor Barbotta | 28-12-2011 | 12:18| 0

Semanas atrás, cuando la opinión pública aún conmocionada por las imágenes que llegaban desde Siria parecía resistirse a que la barbarie del régimen formara parte del panorama habitual, hubo noticias en Marbella de que se estaba gestando, con el máximo sigilo, una iniciativa de residentes de ese país en la Costa del Sol.
Con precauciones propias de una situación de clandestinidad, este medio fue convocado por fuentes indirectas a una cita un sábado por la mañana, y lo que se encontró fue algo muy diferente a lo que esperaba. No había exiliados ávidos por pedir apoyo y denunciar los desmanes del sátrapa, sino partidarios de la dictadura dispuestos a manifestarse en su apoyo.
Eran cerca de un centenar y lo que querían era ser fotografiados y grabados con sus banderas, sus retratos del tirano y sus carteles de respaldo al régimen. Ellos mismos iban provistos de cámaras y no resultó difícil imaginar que esa misma noche los informativos oficiales se harían eco en Damasco de la manifestación celebrada en Marbella.
Toda dictadura tiene una base social en la que apoyarse, por lo general una minoría que se beneficia de la desventura general. Los manifestantes de Marbella provenían de un país donde no solo el ansia de libertad puede pagarse con la vida, sino también donde la propia vida, más allá de los avatares políticos, es difícil. Sin embargo, su aspecto y su provisión de tecnología, esa mañana en el parque de la Alameda de Marbella, invitaba a confundirlos con turistas cataríes que acababan de bajarse de un yate en Puerto Banús. Todo régimen tiene sus privilegiados.
Por eso inquietan tanto las imágenes que estos días llegan desde Corea del Norte, donde una de las autocracias más terroríficas del planeta, posiblemente la más cerrada, opaca e incomprensible, seguramente una de las más inhumanas, acaba de volver a las portadas por la muerte del dictador, hijo del creador de la dinastía y padre del presunto continuador.
Uno ve las masas de personas llorando desconsoladas, huérfanas, ignorantes del mundo, víctimas seguramente del aislamiento brutal al que han sido sometidas durante toda su vida, y se pregunta quiénes pueden ser los privilegiados en esa tiranía. Si ante la multitud de dolientes robotizados, uniformados, escuálidos, famélicos, solo el heredero del poder luce sonrosados mofletes.

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Marbella ¿cómplice o víctima?
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Héctor Barbotta | 26-12-2011 | 10:58| 0

El último post, que reproducía un artículo publicado en la edición en papel de SUR el 20 de diciembre y hacía referencia a la necesidad de que se deje de criminalizar a Marbella por lo sucedido durante el gilismo y se reconozca su condición de víctima, ha suscitado un interesante debate con lectores y amigos que subrayan que la ciudad, o una parte significativa de la misma, fue cómplice y no víctima de lo sucedido.

Se trata de una discusión interesante que evidentemente no puede resolverse solo a golpe tuit, así que intentaremos profundizar desde aquí.

Por un lado, es una evidencia que el GIL ganó en Marbella cuatro elecciones municipales consecutivas, la primera, en 1991, después de que Jesús Gil llegara a la ciudad con un discurso basado en el insulto y con el anuncio de que venía a hacer negocios; las dos posteriores, en 1995 y 1999, después de conocerse su implicación directa en casos de corrupción; la última, en 2003, con el propio Gil ya inhabilitado por la justicia y con la lista encabezada por un personaje como Julián Muñoz. Las muestras de afinidad entre una parte significativa de la sociedad de Marbella y los depredadores municipales no se acaba en lo electoral. Hubo cómplices y pelotas que no perdieron la oportunidad de aplaudir a Gil y denostar a quienes con valentía osaban levantar una voz de protesta.

¿Pueden, podemos, los marbellíes argumentar que no sabían, que no sabíamos, lo que estaba pasando? Es evidente que no.

Miremos ahora la situación desde otro punto de vista. ¿Calló toda la ciudad frente a los desmanes del GIL? No lo hizo. ¿Tuvieron los partidos de la oposición en aquel momento una posición de complicidad? No la tuvieron. ¿Se abstuvieron los periódicos y otros medios de comunicación de contar lo que estaba pasando? Tampoco.

Y la cuestión principal: ¿Quién fue el robado? ¿A quién ha perjudicado el saqueo del Ayuntamiento y los desmanes urbanísticos que hipotecan el presente y el futuro de la ciudad?

Las respuestas a estas preguntas llevan a una conclusión difícilmente discutible: hubo complicidad en la ciudad, y también la ciudad fue víctima de 15 años de indecencia. Ser víctima y haber sido cómplice no son necesariamente condiciones incompatibles, sobre todo porque no deben pagar 200.000 ciudadanos de ahora y los del futuro por lo que votaron 20.000 de sus vecinos entre 1991 y 2003. Y también porque quienes ejercían la hegemonía social durante aquellos años, quienes conseguieron imponer el discurso nefasto de ‘roban pero hacen’ ya no pueden hacerlo. Ahora son otras las voces las que se escuchan. Para ello basta con analizar qué sucedió cuando alguien desde las cofradías quiso imponer como pregonera del próximo año a una exedil del GIL acusada de corrupción en el ‘caso Monteverde’ y condenada por el Tribunal de Cuentas a devolver al Ayuntamiento 110.679,99 euros. Tuvo que rectificar.

Los jueces -una corporación que tampoco estuvo muy activa durante los años difíciles- no lo están dudando en las sucesivas sentencias que se dictan sobre los casos de corrupción: a quien se debe indemnizar es al Ayuntamiento, representación institucional de los vecinos de Marbella. ¿Por qué? Porque es precisamente del Ayuntamiento de dónde se llevaron todo lo que pudieron y más. Porque es a esa institución a la que dejaron arruinada por décadas. Las sentencias no entran a valorar si hubo masoquismo social en una comunidad que dejó en mano de zorros desalmados las llaves de su gallinero. Simplemente valora con toda la objetividad posible de quién era el bolsillo en el que Gil y sus cómplices metieron la mano.

Durante los años en los que se debatía acerca de los desmanes urbanísticos, un debate que posiblemente la aprobación del PGOU haya cerrado en falso, llamó la atención que muchos de los compradores de viviendas ilegales mostraran su indignación contra todo el mundo -el Ayuntamiento, la Junta de Andalucía, el redactor del nuevo Plan, los ecologistas, los vecinos que opinaban que no todo era legalizable y por supuesto, los periodistas-, pero no contra quienes les habían vendido los pisos. Reclamaban indemnizaciones institucionales, con dinero público, en lugar de exigir a los estafadores que le devolvieran lo suyo.

Es una situación que no debe extrapolarse. Ahora la ciudad, ante la falta de fondos, pide con razón ayuda institucional, de la que seguramente es acreedora por la cantidad de inversiones que durante años han dejado de hacerse.

Pero ello no debe hacer que se pierda el foco sobre la cuestión principal. Hay que ir a por quienes se lo llevaron todo. Las sentencias los identifican con nombre y apellido.

Y sobre todo hay que demostrar que se ha aprendido la lección.

 

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El saqueo, negro sobre blanco
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Héctor Barbotta | 22-12-2011 | 18:39| 1

Al margen de lo que los periódicos han ido informando durante todos estos años y lo que los historiadores cuenten en el futuro, el relato de los años oscuros del saqueo de Marbella lo están haciendo los jueces. Negro sobre blanco y en sentencias que no admiten dudas dejan para la historia lo que ya se intuía aunque muchos no quisieran verlo mientras sucedía: el Ayuntamiento de Marbella fue al mismo tiempo escenario y víctima de un saqueo concertado, premeditado y ejecutado con la impunidad que otorgaba la confianza otorgada por los ciudadanos. «De una forma que puede calificarse de sistemática –dice la sentencia del  ‘caso Minutas’–  descapitalizaron en su propio interés el Ayuntamiento de Marbella».
No es la primera sentencia, ni será la última. Por eso, estaría bien que a la vista de lo que se va sabiendo la conciencia colectiva de este país dejara de criminalizar a la ciudad para situarla en el lugar de víctima en la que los jueces no dudan en ponerla. Y también estaría bien que lo sucedido sirviera como anuncio para otros cargos públicos que se vieran tentados de aprovecharse de su situación. La sentencia advierte con claridad qué pasa cuando desde las instituciones se intenta escapar a los controles que distinguen una institución pública de un cortijo privado. «La huída del Derecho Administrativo ha terminado en este caso en el Derecho Penal». Y los perpetradores, con un pie en la cárcel.

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Las compras de Navidad encienden la luz roja
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Héctor Barbotta | 19-12-2011 | 11:36| 0

Posiblemente no sean éstas unas fiestas navideñas que puedan servir como termómetro definitivo, porque cuando las circunstancias económicas son adversas se tiende a exagerar el dramatismo de las conclusiones.
Sin embargo, lo que ya puede verse desde que comenzó la hora de las compras en la época de mayor movimiento comercial del año debería servir como acicate no solo para reflexionar, sino también para poner manos a la obra.
Hace ya unos pocos años, desde que las grandes firmas comenzaron a marcharse de Ricardo Soriano, que se viene advirtiendo de que el mapa comercial de Marbella se está concentrando en dos focos mientras desaparece del resto de la ciudad. Resulta injusto decir que La Cañada y Puerto Banús están engullendo a las otras zonas comerciales con las que siempre contó Marbella, porque quienes están erosionando al casco antiguo, a Ricardo Soriano y a San Pedro no son quienes sobreviven a la crisis, sino otras causas más profundas que es necesario detectar para hacer algo al respecto.
No basta con recurrir a los argumentos ya consabidos, pero insuficientes, de la dificultad de los pequeños para competir con los grandes, de la falta de infraestructuras básicas como aparcamientos que empujan a los consumidores a hacer sus compras allí donde pueden dejar al coche, de los nuevos hábitos de consumo que obligan a los comercios tradicionales a reinventarse o morir.
Las terribles dificultades del comercio en San Pedro, herido letalmente por unas obras del soterramiento ralentizadas hasta la desesperación; el estancamiento del casco antiguo, tantas veces diagnosticado como tantas ignorado a la hora de buscar soluciones, o la dolorosa agonía de Ricardo Soriano, cuyo paisaje de locales vacíos representa el síntoma más claro de la voracidad de la crisis, y también de la falta de un modelo comercial capaz de incluir al conjunto de la ciudad, deberían situarse en el primer plano de las preocupaciones a la hora de afrontar el modelo de ciudad que tendría que comenzar a dibujarse desde ahora mismo. No a pesar de la crisis, sino para aprovechar el momento de cambio que toda crisis supone.
Cuando se ve el paseo marítimo lleno de visitantes cada vez que hay un puente, cuando se tiene noticia de que durante el verano es imposible conseguir un buen alojamiento en Marbella si uno no está dispuesto a desembolsar una buena cantidad de dinero, cuando aparcar o conseguir un taxi en verano o en Semana Santa constituye poco menos que imposible, resulta legítimo preguntarse cómo puede haber 15.000 parados en esta ciudad. Seguramente la respuesta debería ir en el camino de preguntarse si hemos alcanzado la madurez de desarrollo económico que otros destinos que en el mundo compiten con Marbella sí exhiben.
Y si a partir de esa respuesta se pretende buscar una salida económica que no esté a expensas del surgimiento de una nueva burbuja inmobiliaria (tan improbable como indeseable), la atención debería centrarse sobre todo en un comercio de calidad, moderno, especializado e innovador.
Los últimos éxitos de La Cañada (con la llegada de firmas tan potentes y prestigiosas como Apple o Abercrombie), la solidez de Banús en el segmento del lujo y las legítimas expectativas levantadas en torno al proyecto de La Bajadilla y el traslado del polígono de La Ermita no deberían llevarnos a la peligrosa conclusión de que para que algunos ganen otros tienen que perder. Porque la ciudad necesita recuperar todo su entramado comercial. Le va su futuro en ello.

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La Junta iza la bandera blanca en Ricardo Soriano
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Héctor Barbotta | 15-12-2011 | 12:02| 0

Cuando en junio de 2006 la Junta de Andalucía se hizo con las competencias urbanísticas de Marbella, una de las primeras iniciativas que adoptó fue el cambio de la disposición interna de las dependencias municipales de la avenida Ricardo Soriano que hasta pocos meses atrás había sido el cuartel general de Juan Antonio Roca. Se modificó la ubicación de tabiques móviles, se cambió la disposición de los despachos y se colocaron banderas que le dieron a las dependencias un tono institucional del que hasta entonces había carecido, convertido, como había estado, en un mercado de influencias mercantiles e intereses privados.
Estaba claro entonces que la Junta (y el PSOE) quería transmitir el mensaje de que todo había cambiado en Marbella. Que un socialista ostentara la presidencia de la gestora le permitía que se pudiera visualizar que el cambio había llegado de su mano. Durante los 14 meses en los que la dirección política del Ayuntamiento estuvo en sus manos, los socialistas albergaron la esperanza de capitalizar en las urnas el nuevo clima creado en la ciudad con la desaparición del gilismo, pero la falta de trabajo en los barrios, la presentación de un aspirante que no mostró el más mínimo interés por el encargo de su partido y una candidatura rival que reunía más méritos barrió esa expectativa. Marbella se sumó con una década de retraso a la tendencia que ya se había instalado en el resto de la Costa del Sol y se convirtió en un territorio bajo la hegemonía política del Partido Popular.
Con los últimos resultados electorales en la mano, con el PP afianzado y el PSOE luchando por no bajar del 30 por ciento de respaldo electoral, no deja de llamar la atención que ésta sea una plaza que hace apenas cinco años los socialistas aspiraran a disputar. Es evidente que el discurso impulsado desde el Ayuntamiento durante el primer mandato de Ángeles Muñoz, que situaba a la Junta de Andalucía en el centro de todos los males que sufre la ciudad, acabó por imponerse en la conciencia colectiva de la ciudad. Ello no debería llamar la atención. Primero, porque no se trata de un discurso nuevo, ya que los anteriores gestores lo utilizaron durante quince años, y segundo, porque tiene una base sólida en la que asentarse: ahí están los centros de salud hacinados, las obras del hospital paralizadas sin explicación o los nuevos colegios que no se construyen. Lo que sí llama la atención es que los socialistas no hayan hecho nada por combatir ese discurso, que hayan abandonado toda expectativa de volver a tener peso político en Marbella, que no hayan intentado sacar el más mínimo rédito político a actuaciones como la inauguración del Andalucía Lab o la adjudicación de las obras de ampliación de La Bajadilla, por lejos la mejor noticia que ha recibido la ciudad en el último lustro.
El más reciente y mejor ejemplo de que han tirado la toalla, de que no tienen política para Marbella, se ha visto, precisamente, en el destino que se le dará al edificio acristalado de la avenida Ricardo Soriano donde todavía funciona la sede de Urbanismo y que ha sido cedido por el Ayuntamiento a la Junta a cambio de una quita de cinco millones de euros en la deuda que la administración municipal mantiene con la autonómica.
Cualquiera con un proyecto para esta ciudad, o al menos con un mínimo sentido de la oportunidad política, hubiese visto en esta situación una oportunidad para liderar alguna iniciativa en Marbella. No solo porque se trata de un edificio con una fuerte carga simbólica –adquirido por el ayuntamiento de Gil en una operación fraudulenta, convertido después en la guarida desde la que se perpetró el saqueo de Marbella y recuperado para la ciudad cuando los usurpadores fueron a la cárcel–, sino también por sus condiciones objetivas, ya que es un edificio situado en pleno centro y con una extensa fachada sobre la principal avenida de la ciudad.
Necesitada como está Marbella de equipamientos públicos y con la administración deudora de muchos de esos equipamientos haciéndose con un inmueble de esas características, la lógica invitaba a pensar que se aprovecharía la oportunidad para crear un nuevo centro de salud, un centro educativo, una biblioteca, o que se lo enajenaría para afrontar alguna de las actuaciones pendientes… algo. Lejos de eso, la Junta ha optado por sacar de tapadillo la subasta del inmueble e informar, a regañadientes y tras insistentes requerimientos, que los fondos resultantes contribuirán a obtener liquidez.
Abandono o rendición, si alguien tenía alguna duda de que el PSOE da por perdida la plaza de Marbella, en el edificio de la avenida Ricardo Soriano tiene una respuesta.

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No tanto como parecemos
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Héctor Barbotta | 11-11-2011 | 12:07| 0
Seguramente se trata de una opinión que mantienen durante todo el tiempo, pero es en campaña electoral cuando aflora con fuerza aunque pretendan, casi siempre sin éxito, disimularlo. Piensan, opinan, están convencidos, de que el personal es olvidadizo, inmaduro, distraído, intelectualmente infradotado.

Bien es verdad que en su descargo debe recordarse que los dirigentes políticos están más acostumbrados a fortalecer su autoestima intelectual ante auditorios entregados que a explicar sus ideas –los pocos que las tienen más allá de argumentarios y fichas de asesores– ante ciudadanos de razonamiento independiente, y no constituyen los forofos un público exigente que obligue a esforzarse para contrastar la propia valía. Aún así, y aunque es verdad que a veces podemos emitir señales equívocas, no deberían confiarse tanto. No somos tan estúpidos.

Quizás resulte oportuna esta aclaración, porque apenas tres semanas después de conocerse que el trazado del corredor europeo apartaba al litoral de la provincia de Málaga de las inversiones ferroviarias para las próximas décadas, cuatro años después de que el entonces presidente Chaves anunciara para 2013 la llegada del tren a San Pedro Alcántara, doce años después de que en otra campaña electoral se anunciara el proyecto, la Junta y el Gobierno central han firmado el protocolo para la construcción del corredor ferroviario de la Costa del Sol. Otra vez en feliz coincidencia con una convocatoria a las urnas.

Como fueron obligados por la Junta Electoral a no hacerlo antes las cámaras –se ve que algún juez también considera olvidadizo, inmaduro, distraído o intelectualmente infradotado al personal –, la firma tuvo carácter casi clandestino, pero el martes pudo saberse por boca de la consejera de Obras Públicas que, efectivamente, ya hay protocolo firmado.

Hay jueces que se esfuerzan en que no haya influencias sospechosas en campaña y otros a quienes el asunto parece no preocuparles en lo más mínimo. La jueza que lleva el caso de los eres, seguramente en ejercicio de su independencia, ha citado a las partes para que se pronuncien sobre las fianzas a tres días de las elecciones. No se sabe si ese día se prohibirán las cámaras en la Audiencia de Sevilla. Y es que no solo están en los partidos quienes subestiman la capacidad del personal para sacar conclusiones.

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Roca, cuesta abajo
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Héctor Barbotta | 09-11-2011 | 11:43| 0

Antes de que se iniciara el juicio del ‘caso Malaya’ hubo voces que vaticinaban que muy pocas de las acusaciones formuladas por el fiscal podrían ser probadas, que llegado el momento del derecho procesal la instrucción del juez Torres se vendría abajo, que se desnudarían todas las debilidades de la investigación policial. Hubo quien lo auguraba con pesar, pero también quien lo hacía con cínica sonrisa en la boca.

Roca comenzó por negarlo todo, pero como seguramente no existe argucia legal que permita negar la evidencia, con el correr de las jornadas su estrategia de defensa ha ido derivando en reconocer delitos a medida que el juicio avanzaba y las pruebas y testimonios caían con fuerza irrefutable. Primero reconoció delitos ya prescritos, después infracciones fiscales menores, y esta semana, con explicaciones que podrían ser desternillantes si no estuviéramos hablando de una tragedia institucional, que cobró de empresarios y pagó a concejales. El núcleo de lo que pasó en Marbella durante muchos años ha quedado expuesto ante el tribunal y por boca del principal acusado. El juicio marcha sobre ruedas. Y para Roca, cuesta abajo.

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Marbella, su deuda y la campaña
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Héctor Barbotta | 08-11-2011 | 12:03| 0

Los presupuestos municipales presentados por el equipo de gobierno para el año próximo ponen cifras a la tragedia económica que vive el Ayuntamiento de Marbella, que aunque se inscribe en el marco de la tragedia general tiene características propias que la hacen aún más profunda.  Da igual cómo se presenten las cifras ni cuántas capas de maquillaje se apliquen: el Ayuntamiento de Marbella está en una situación insostenible de la que no podrá salir con sus propios recursos.
Desde el equipo de gobierno se ha reclamado durante los últimos años una solución política como única manera de afrontar esta situación, y durante la presente campaña electoral se verán anuncios optimistas que harán ver la solución a vuelta de urna.
Pero aunque es verdad que Marbella sufre las consecuencias de quince años de un saqueo sistemático que no encuentra analogía posible en otra institución, no es menos cierto que son pocos los consistorios de España que no están lastrados por plantillas infladas por un enchufismo endémico, por deudas acumuladas durante años de administración irresponsable, cuando no delictiva, y por una financiación insuficiente que apenas pudo disimularse durante los años prósperos.
Por eso, aún está por ver que el Gobierno que surja el 20-N sea capaz de arbitrar una fórmula que pueda aplicarse en Marbella sin que desde otros ayuntamientos arruinados se agite la bandera del agravio comparativo.

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La autovía, a oscuras para no desentonar
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Héctor Barbotta | 31-10-2011 | 10:22| 2

No  estamos en un paisaje arrasado como el que dibujan las series de marcianos hostiles o de epidemias de zombies caníbales que tanto rédito están sacando al miedo apocalíptico que con la crisis invade al personal, pero hay semanas que invitan a pensar que corremos con entusiasmo en esa dirección. Con cinco millones de parados y todas las administraciones en quiebra –con las deudas que arrastran y con sus respectivas estructuras de ingresos y gastos, ni el Estado, ni la Junta de Andalucía, ni mucho menos los ayuntamientos de Marbella o Estepona seguirían funcionando si fuesen empresas privadas–,  es lógico que quien todavía no lo está pasando mal por su situación personal sufra por su entorno o por los temores que le invaden cuando piensa en el futuro.
Ante este panorama, lo que faltaba para acabar de dibujar un paisaje oscuro, de futuro negro, de túnel sin luz al final del recorrido, ha llegado con la decisión de las instituciones y de los políticos que las dirigen de apagar las luces de las autovías.
Esta semana se ha sabido que los ayuntamientos de la Costa del Sol no seguirán pagando la iluminación de la A-7 a su paso por  sus respectivos términos municipales tal y como lo venían haciendo desde tiempos inmemoriales. De ahora en más tendremos que acostumbrarnos a circular solamente con las luces del coche –eso sí, a 80 kilómetros por hora, según lo decidió Fomento durante el verano en una decisión aún deudora de explicaciones–. Pero lo negativo no es asumir lo mal que están las cosas, sino el camino por el que se ha llegado a esta decisión, que no solo describe la situación terminal de las arcas de las administraciones, sino también el poco sentido institucional de quienes las gobiernan. Si el objetivo hubiera sido ofrecer a los contribuyentes una metáfora que explicara cuál es la situación no hubiesen podido hacerlo mejor.
Que los ayuntamientos hayan llegado a la conclusión de que es a Fomento y no a ellos a quien le corresponde pagar la iluminación de la autovía es una posición respetable, que puede ser defendida con argumentos razonables y que incluso se puede llegar a compartir. Que lo hayan hecho no como consecuencia de una reflexión, sino tras la búsqueda desesperada de un nuevo recorte es más cuestionable. Que el plante frente al Gobierno  haya sido al unísono por parte de los ayuntamientos gobernados por el Partido Popular y coincidiendo con un periodo preelectoral invita a la sospecha.
Que los responsables de Fomento se hayan desentendido del problema como si el asunto no fuera con ellos demuestra que estamos ante un gobierno que sufre parálisis aguda y que carece no solo de capacidad de reacción sino también de un mínimo pulso político. Y demuestra también que en responsabilidad institucional los partidos suspenden con idéntica mala nota.
Durante los años de bonanza, y aun durante los primeros años de la crisis, la cuestión de la iluminación de la autovía nunca estuvo encima de la mesa. No solo éramos ricos, también lo parecíamos.
Han tenido que llegar unas elecciones en medio de la crisis más profunda que se recuerde para enterarnos de que somos tan pobres que ni siquiera nos podemos permitir unas farolas en la carretera. Que los ciudadanos están en el último lugar entre las prioridades de quienes rigen las instituciones –y las elecciones, en el primero– hace tiempo que lo sabíamos.

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Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella