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Quimeras
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Héctor Barbotta | 20-09-2012 | 19:19| 1

El mismo día en que el Rey advirtió desde su flamante web de que no es momento para perseguir quimeras, la alcaldesa de Marbella presentó un proyecto para convertir en peatonal la avenida Ricardo Soriano. No se trata de peatonalizar una pequeña calle comercial, sino de cerrar al tráfico rodado la principal arteria de la ciudad a lo largo de sus 600 metros más céntricos.
No es el de Marbella un ayuntamiento que esté especialmente sobrado de recursos, y los últimos acontecimientos relacionados con la ampliación del puerto de La Bajadilla han demostrado que aún los inversores que se presentaron en su día como más solventes se muestran ahora, digamos, tímidos a la hora de aflojar el bolsillo.
Venimos de una década en la que a los responsables institucionales, más que una gestión responsable se les exigía grandes infraestructuras, estadios olímpicos por si caían unos Juegos o aeropuertos y trenes aún sin viajeros, y eran pocos los políticos que se resistían a pasar por el cargo sin dejar un gran legado para la posteridad. Ahora, pese a la inercia viciada que aún resiste en algunas instituciones, la demanda ciudadana se reduce a conservar lo básico, a no perder, quien lo tenga, empleo o vivienda, y a que se garanticen educación y salud. El contraste entre dos épocas no tan lejanas en el tiempo es demasiado abrupto como para no preguntarse si los cargos públicos deben centrarse solo en intentar preservar las demandas básicas o si la obligación de los políticos con altura de miras debe ser también trazar un gran objetivo en el horizonte que permita proyectar el futuro con algo de optimismo.
Ante los grandes proyectos que se puedan presentar ahora resulta difícil, tan difícil como juzgar intenciones, descubrir si se trata de iniciativas alumbradas por la llama de las utopías necesarias o si son solo humo para ganar tiempo.
Entrar en la dinámica de renunciar a la utopía conlleva el riesgo de entrar en el círculo vicioso de aspirar a poco, conformarse con menos, aspirar a menos y quedarse con nada. Pero no por ello se debería perder de vista que la gran tarea del presente consiste en evitar que la igualdad de oportunidades en la educación o una sanidad digna para todos se conviertan en quimeras inalcanzables.

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Héctor Barbotta | 17-09-2012 | 17:51| 0

Con el incendio que calcinó más de ocho mil hectáreas en la Costa del Sol y que seguramente habrá costado un buen puñado de millones de euros apagar hemos constatado que lo que ahorramos en no limpiar el monte o en quitar puestos de vigilancia nos lo podemos gastar con creces por otro lado, del mismo modo que retirar la asistencia médica a quien puede contagiarnos a nosotros o a nuestros hijos, más allá de las consideraciones humanitarias, resulta una estupidez desde el estricto punto de vista de las cuentas de la sanidad.
En esta carrera de política creativa sobre dónde meter la tijera hay hasta quien ha propuesto comenzar a cobrar las mamografías, seguramente sin tener en cuenta que las tarifas disuasorias pueden invitar a relajar controles, perder gran parte del terreno ganado en prevención y, como los incendios, acabar gastando más al intentar solucionar los problemas cuando ya es tarde.
Como se ve, la competencia de ocurrencias tijera en mano está reñida, pero de momento la palma se la llevan Cospedal y su propuesta de quitarle el sueldo a los parlamentarios autonómicos de su comunidad, una iniciativa que cobijada en el desprestigio ganado a pulso por los políticos ha conseguido el favor del público. Que la medida se le ocurriera a una persona que llegó a acumular tres sueldos –todos ellos sufragados con dinero público–, siendo lo más paradojico no es lo más relevante.
Sí lo es el cambio de modelo que propone. En el improbable caso de que su ocurrencia prospere, solamente dos tipos de personas podrían dedicarse a las tareas legislativas: los ricos y los patrocinados. Ni con unos ni con otros los intereses de la mayoría tendrían posibilidad alguna de estar representados.
Es verdad que hay políticos que no se ganan el dinero que cobran, y que el sistema representantivo monopolizado por estructuras partidarias burocratizadas se ha hecho merecedor de un serio meneo que permita la entrada de aire fresco y que impida el enquistamiento de personajes que no saben hacer otra cosa diferente a levantar la mano cuando se lo ordenan. Pero no es menos cierto que los ciudadanos no han hecho las cosas tan mal como para condenarlos a quedar excluidos ya para siempre del sistema político.

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Aprender, también del fuego
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Héctor Barbotta | 06-09-2012 | 17:23| 0

NO sucede muchas veces en la vida, afortunadamente, pero hay ocasiones en las que a uno le inunda la sensación de que todo se desmorona a su alrededor, parece percibir que lo que costó años levantar tenía la solidez de un castillo de naipes, comprende que situaciones y paisajes que la cotidianeidad menospreciaba se han convertido en objeto de una nostalgia que oprime el pecho.
Son sensaciones que seguramente experimenta quien ha perdido un empleo en el que se sentía seguro y en el que había depositado sus expectativas de futuro, pero también quien no lo ha perdido pero ahora ve que puede perderlo, o quien se pregunta si será capaz de conservar todo lo que hasta ahora constituyó su vida.
Como no teníamos suficiente con la depresión económica creando esas sensaciones de las que solo algunos privilegiados pueden escapar, ha llegado el fuego que, como los banqueros voraces, como los responsables políticos obcecados en fórmulas que no funcionan, ha arrasado vidas, paisajes e ilusiones, y ha convertido paisajes que de tan conocidos contemplábamos con indiferencia en edenes que la nostalgia intenta recuperar de algún lugar recóndito de la memoria porque ahora, cuando miramos al mismo sitio, solo vemos un desierto negro cubierto de ceniza.
Está bien pensar que el paisaje se va recuperar, que habrá una regeneración natural que devolverá el color verde al monte, del mismo modo que albergamos la esperanza y la ambición de que volveremos a recuperar empleos y expectativas de futuro que vayan más allá de resistir como podamos. Pero estaría mejor aprender de estos fracasos.
Estaría mejor que la sensación de desasosiego que hoy nos invade nos ayudara a recordar en el futuro que los fuegos se apagan en invierno, antes de la llegada del calor, cuando el monte puede limpiarse y cuando se elige si se mete la tijera en la prevención o se recorta para apostar todo a la buena suerte. Y también estaría bien que el desasosiego de hoy nos ayude a prevenirnos en el futuro ante los cantos de sirena de quienes nos prometen soluciones mágicas y simples para después mostrarse impotente ante los problemas que los llevaron al poder.

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Inquietantes dudas sobre La Bajadilla
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Héctor Barbotta | 08-08-2012 | 11:23| 1

Hay quien puede tener la sensación de que todo se derrumbó en un par de días, pero la honestidad con nosotros mismos debería llevarnos a preguntarnos si este derrumbe no se venía larvando desde hace tiempo.
A quienes les interesa el fútbol, a quienes solo les importa en su dimensión de fenómeno social y de instrumento de promoción de una ciudad o de una zona, e incluso a quienes no les importa en lo más mínimo nada que tenga que ver con una pelota, todos ellos seguramente miran con preocupación la espantada del jeque Al-Thani, sobre todo si lo hacen desde Marbella y con ojo puesto en el puerto de La Bajadilla.
Si el jeque ha sido hermético cuando venía con las alforjas cargadas de dinero, y se le consintió esa opacidad como casi todo, difícilmente cabe esperar ahora que sea transparente a la hora de explicar por qué se quiere ir. Y en este asunto, entrar en el terreno de las especulaciones conlleva el riesgo de caer de lleno en el ridículo.
Sobre todo, porque aún no se sabe si la espantada afectará solo al fútbol o tambIén a todo lo demás, incluIdo el proyecto de ampliación del puerto, donde no solo tiene una inversión anunciada de 400 millones de euros, sino también un concurso ganado por 109 millones y hasta una fianza de cinco millones ya entregada.
Tranquilizaría un poco tener noticias de que el hermetismo del jeque fuese solo en relación con la opinión pública, pero lamentablemente no es así. Tanto las instituciones, que según consta se han quedado meses esperando papeles necesarios para avanzar en los trámites burocráticos de la ampliación del puerto, como sus propios socios del Ayuntamiento en ese proyecto, que se niegan a admitirlo pero también se topan con los largos periodos de silencio del jeque, todos han sido sometidos por igual a ese tratamiento.
Hay quien lo atribuye a cuestiones culturales, a que los tiempos en su país y aquí son diferentes o incluso a la circunstancia de que la barrera idiomática obliga a manejarse con otra cadencia y solo a través del reducido círculo de confianza del inversor. Pero no debe desecharse la influencia en esa actitud de la nefasta experiencia que Al-Thani ha tenido desde su llegada a este país con oportunistas y supuestos conseguidores que le prometieron lo que no podían cumplir. Y para ejemplo basta con el concurso al que el jeque tuvo que concurrir para conseguir hacerse con la ampliación de La Bajadilla, un trámite obligado para acceder a cualquie concesión pública y que sin embargo un personaje de Sevilla le prometió, irresponsablemente y tras cobrar una generosa minuta, que no sería necesario.
Con antecedentes de ese tipo, más lo que habrá visto en el siempre sombrío mundo del fútbol, no es extraño que esa desconfianza haya podido aumentar después de que se supiera que un informe de Medio Ambiente ponía serios reparos al hotel que se había dibujado en el proyecto del puerto.
Primero, porque la elaboración de ese informe no venía a cuento en este momento de la tramitación, en el que el Ministerio solo tenía que pronunciarse sobre una escollera que habrá que construir para proteger la playa colindante. Segundo, porque existen otros proyectos en los que sí se autorizan hoteles en emplazamientoa similares –y para ello basta con ver el hotel W, construido en una isla artificial en Barcelona–, algo incomprensible para cualquier persona y mucha más para quien viene a poner el dinero. Tercero, porque la zona comercial que figuraba en el proyecto original ya había menguado tras pasar por el tamiz de la administración. Y cuarto, porque la existencia de ese informe se mantuvo en secreto hasta que fue sacada a la luz por este periódico. El jeque no había sido informado. Demasiados motivos para no desconfiar en un momento en que el contexto económico tampoco invita a alegrías inversoras.
¿Quiere decir todo esto que hay que dar por perdido el proyecto de ampliación del puerto? Seguramente no, aunque es difícili atreverse con vaticinios cuando la jecología es una disciplina que hasta ahora ha dejado en ridículo a quienes se han atrevido con ella.
De momento, el nuevo emisario de Al-Thani, el directivo del grupo NAS que ha puesto al frente del Málaga (no se sabe si para liquidarlo o para sacarlo adelante desde la austeridad) y de todos sus intereses en la provincia es Moayad Satat, quien ya estuvo en Marbella meses atrás visitando La Bajadilla in situ y empapándose de los detalles de la marcha del proyecto.
Sin embargo habrá que trabajar mucho desde las instituciones para que el clima de confianza en torno a esta obra clave para el futuro de Marbella mejore.

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Víctimas y ejemplo
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Héctor Barbotta | 02-08-2012 | 10:50| 1

LOS discursos de los acusados en el último día del juicio por el ‘caso Malaya’dejaron en segundo plano la sosegada intervención del presidente del Tribunal, José Godino, quien al cerrar la vista oral adelantó que se redactará una sentencia a la que solo se le podrá poner el adjetivo de ‘justa’.

Lógicamente, la retórica victimista –desde el sibilino lamento de Roca por el daño que la causa provocó a Marbella (como si el daño no lo hubieran provocado los hechos de los que él es el principal responsable, sino la intervención de la justicia en esos hechos) a la mamarrachada de las lágrimas de Sandokan– tuvo más repercusión que la lógica casi de perogrullo con la que se expresó el presidente del Tribunal.

Todos los acusados que se acercaron al micrófono prefirieron interpretar el papel de mártires perjudicados por una conspiración sideral montada por polícías, fiscal, jueces y seguramente medios de comunicación –los mensajeros nunca están ausentes de las elucubraciones paranoicas de quienes se niegan a asumir su culpa– antes de pedir disculpas por lo que hicieron.

El propio Roca comparó su situación con la de condenados por delitos horribles (por otros delitos horribles), una confrontación tramposa cuyo objetivo de someter a presión al tribunal resultaba difícil de ocultar y que parecía fundarse en la falacia de que los delitos de los que se le acusa no tuvieron víctimas. Como si su acumulación indecente de bienes y dinero hubiese sido a costa de nadie.

Se ha acabado el juicio del ‘caso Malaya’ y ahora solo resta conocer la sentencia. Durante años sus protagonistas han sido el mejor ejemplo, pero no el único, de cómo las instituciones se pusieron al servicio del lucro individual, del urbanismo convertido en instrumento para el pelotazo y no para diseñar ciudades con dimensión humana, de la política entendida como antónimo del servicio público. Pero ‘Malaya’ fue también el primer ejemplo de que las instituciones habían dejado de ser espacios de impunidad. En la intervención del presidente del Tribunal también hubo noticia. Ante el pedido de la Fiscalía de que haya una condena ejemplar, el juez dijo que la sentencia será justa. Sin más.

Y es verdad que posiblemente la sentencia no deba ser ejemplar. Solo justa. Pero qué bien vendría para la higiene democrática de este país que sirviera como ejemplo.

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Matones
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Héctor Barbotta | 30-07-2012 | 10:09| 0

Ni la autoridad que concede el uniforme puede ser utilizada para intentar obstaculizar arbitrariamente el derecho a la información, ni la capacidad de imponer multas de tráfico es un instrumento de presión al que se pueda recurrir para convertir a los vecinos de Marbella y a los turistas en rehenes de una negociación sindical.

Muchos de los policías locales que en estos días mantienen un conflicto laboral con el Ayuntamiento están recurriendo en su objetivo de forzar una negociación con el equipo de gobierno a actitudes inaceptables, pero el pasado viernes, durante la celebración de pleno, se pasaron claramente de la raya. Que la viuda de un exedil a quien se iba a homenajear se haya visto forzada a entrar al Ayuntamiento por la puerta trasera porque la bravuconería se había apropiado de la entrada principal no describe una situación de tensión creada artificialmente, sino a personas que no conocen límites a la hora de defender sus intereses corporativos.
En los últimos años se han hecho grandes esfuerzos por intentar maquillar la historia reciente, pero hay policías locales que frente a esta generosa actitud de olvido parecen empeñados en demostrar que aún recuerdan lo que aprendieron durante los años en los que actuaron como matones de Gil.

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La deuda del fútbol
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Héctor Barbotta | 26-07-2012 | 20:39| 0

Hace ya tiempo que el mundo del fútbol, donde campan personajes que en otros ámbitos jamás podrían gozar de relevancia o prestigio social, dejó de regirse por los parámetros del deporte para hacerlo por los del negocio sin referencias éticas o morales. Por ello no sorprenden las maniobras que se están observando estos días, con la imprescindible colaboración de la servil prensa deportiva de Madrid, para apartar al Málaga del lugar en la competición europea conseguido la temporada anterior y colocar en su lugar a un equipo de los de toda la vida.
Es paradójico, sin embargo, que la sociedad que se encuentra detrás de esta operación sea el Atlético de Madrid, y que la coartada que se utilice sea la deuda del club malagueño, porque si hay que hablar de deudas y del Atlético de Madrid en esta provincia hay mucho que contar.
No es necesario irnos hasta la condena del Tribunal de Cuentas contra los hijos de Jesús Gil, todavía máximos accionistas del club, obligados desde abril del año pasado a devolver al Ayuntamiento de Marbella 100 millones de euros.
Ni tampoco es necesario recordar que Ismael Pérez Peña, uno de los acusados en ‘Malaya’ que ha confesado ante el Tribunal y que fue descubierto por la policía cuando Marisol Yagüe y compañía le amañaban concursos a medida, tenía una de sus oficinas en el estadio Vicente Calderón, o que el actual presidente de la entidad, Enrique Cerezo, recibió del Ayuntamiento de Marbella el 28 de agosto de 1995 un cheque al portador por el equivalente a 30.000 euros cuyo destino nunca fue justificado, según consta en la acusación de la Fiscalía Anticorrupción por el ‘caso Monteverde’.
Tampoco hace falta mencionar el ‘caso Camisetas’, una burda treta para financiar el club con dinero de los vecinos de Marbella, o la artimaña de los herederos de Gil, desvelada por la Audiencia Nacional, que simularon una venta de acciones del Atlético para evitar su embargo por el Ayuntamiento tras la sentencia del ‘caso Saqueo’.
Posiblemente no haga falta aludir a nada de eso y baste con recordar que una deuda de Jesús Gil con la Liga de Fútbol mantiene embargado el suelo donde se asienta el cementerio Virgen de Carmen de Marbella. El ejemplo que mejor ilustra la ausencia de límites de quienes usaron los recursos de una ciudad entera para financiar sus negocio futbolístico y que ahora maniobran en nombre de unos principios de los que no son, precisamente, los exponentes más aventajados.

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Berlanga en la Audiencia
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Héctor Barbotta | 29-06-2012 | 16:53| 3

La Ciudad de la Justicia ha albergado durante dos días (lo retomará en octubre) el juicio por blanqueo que tiene como estrella invitada en el banquillo a Isabel Pantoja y Marbella ha vuelto a enfrentarse, a través de la pequeña pantalla, a una versión caricaturizada e insustancial de su historia reciente.
Erróneamente se ha considerado al proceso del ‘caso Malaya’, que recorrerá en julio su último tramo, como una causa general contra todo lo que supuso el gilismo. En realidad es una –fundamental, pero solo una–de las decenas de causas penales por las que la justicia intenta resarcir a la sociedad de los delitos cometidos por la banda de delincuentes que se apropió del Ayuntamiento de Marbella entre 1991 y 2006.
Ahí están también el ‘caso Saqueo’ –con sentencia firme ya dictada–, el ‘caso Minutas’ –también con sentencia, aunque recurrida–, el ‘caso Monteverde’ –inexplicablemente bloqueado desde hace años en el laberinto judicial–, las causas por asuntos urbanísticos en las que la mayoría de los acusados ha llegado a acuerdos de conformidad tras reconocer su culpabilidad, o los casos resueltos en el Tribunal de Cuentas, con sentencias tan sonoras como la que recientemente ha condenado a Julián Muñoz a devolver a Marbella más de 50 millones de euros o la que obliga a los hijos de Jesús Gil por el doble de esa cantidad.
Del mismo modo se ha considerado a la causa por blanqueo –desgajada del ‘caso Malaya’–, no una más de esa lista de trámites judiciales en los que Marbella intenta recuperar su dinero y también su dignidad, sino un capítulo pintoresco, folclórico, casposo, apenas relacionado con el esperpento en el que Julián Muñoz transformó al Ayuntamiento de Marbella, y por extensión a toda la ciudad, en su disputa de popularidad con Gil por el botín de la caja del urbanismo (en los años en los que había un botín en el urbanismo.
Sin pretender ignorar el indisimulable perfil berlanganiano que ofrece la historia del alcalde y sus mujeres, no se debería perder de vista que el tribunal juzgará no una historia dirimida en las páginas de papel cuché, sino el destino de millones de euros robados a los ciudadanos de Marbella. Que las luces de los focos no hagan huir la mirada de la cuestión principal.

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El guionista
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Héctor Barbotta | 22-06-2012 | 06:56| 1

No es necesario recurrir a las hemerotecas para recordar la indignación que causó no hace mucho el anuncio de que el anterior Gobierno había autorizado prospecciones de gas frente a las playas de Mijas y Marbella. No sin hipocresía, el Ejecutivo socialista achacó a una fatalidad burocrática el hecho de que el proyecto siguiera adelante, y los ayuntamientos costeros del PP se pusieron a la cabeza de la protesta y la defensa del turismo.
Ahora es al PP a quien le toca defender los intereses de Repsol y a los socialistas, indignarse con la insensibilidad hacia el turismo, sector estratégico, creador de riqueza y empleo, joya de la corona y bla bla bla. Y ambos parecen a gusto en sus nuevos papeles.
Especial entusiasmo ha mostrado el ministro de Industria, que también lo es de Turismo aunque eso parece traerle sin cuidado, quien afirmó, con rostro pétreo, que las prospecciones serán buenas porque los beneficios se podrán reinvertir en turismo. Uno no tiene más remedio que admirar el ingenio que estos tipos exhiben para encontrar cada día una nueva manera de insultar la inteligencia de quienes les escuchan. Puede que no sean de fiar, que sus convicciones se evidencien etéreas, que sus principios, si los tienen, flaqueen a menudo, pero creatividad les sobra. Eso sí, sin salirse del guión.
Quizás, aunque ello seguramente les importe poco, no hayan caído en que en un momento en el que están volcados en la tarea de convencernos de que tenemos que hacer unos sacrificios que, sostienen, son la semilla de la recuperación que nos permitirá salir adelante, no deberían haber gastado un cartucho de credibilidad que podrían haber reservado para embustes de mayor calado.
Sin ir más lejos, el mismo ministro –no es nada personal, el hombre dice lo que le mandan– que defendió la novedosa alianza turismo-extracción gasífera, aseguró horas antes del rescate que no habría rescate.
Su ejemplo es el más paradigmático, el más grosero podríamos decir, de que a estas alturas la función política consiste en aprenderse un discurso y repetirlo como si fueran ideas propias. El problema es que el discurso se lo cambian muy a menudo. A uno, la verdad, ya le pica la curiosidad por saber quién se los hace. Quién es el cachondo que les dice lo que tienen que decir. Cuesta resistirse a pensar que además de burlarse de nosotros también se está riendo de ellos.

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Acuerdos privados en ámbito público
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Héctor Barbotta | 19-06-2012 | 20:11| 1

Desde la Junta de Andalucía se ha reconocido, final y afortunadamente aunque con un más de un año de retraso, que las obras del Hospital Costa del Sol tienen un problema, y podría pensarse que el asunto de la ampliación, que usuarios y profesionales ven paralizada desde hace más de un año ante la negativa institucional a dar explicaciones, ha ganado en transparencia. No hay motivo para tanto optimismo. En primer lugar, porque se ha tratado de un reconocimiento que a estas alturas ya no hacía falta, sobre todo si se tiene en cuenta que el último anuncio oficial sobre las obras de ampliación había sido para poner fecha a la inauguración del edificio: octubre del año pasado.
Y en segundo lugar, porque lo que ha habido no son explicaciones, sino un descargo de culpas y responsabilidades en el Ayuntamiento de Marbella. Una maniobra del tipo a las que el propio equipo de gobierno municipal nos tiene acostumbrados, pero en sentido inverso.
La Consejería de Salud, que fue demandada por la empresa constructora ante el incumplimiento de las condiciones incluidas en el pliego por el que se adjudicó el proyecto, ha atribuido el motivo de la demanda a la actitud obstruccionista del Ayuntamiento de Marbella, que según afirma, le impide cumplir con aquello a lo que se comprometió con la sociedad que realiza la obra y que como contrapartida gestiona el parking.
Durante más de un año los responsables de la Junta han venido negando la evidencia de que las obras están paradas –ni siquiera lo han reconocido en esta ocasión– y ahora dicen que tienen un problema con la constructora porque el Ayuntamiento de Marbella pone palos en la rueda, pero siguen sin explicar lo fundamental: a qué se comprometieron con la empresa. Qué es lo que firmaron en el pliego de condiciones y que ahora no pueden cumplir.
Condiciones
Se sabe que el conflicto es por el parking, se sabe que el Ayuntamiento ha frustrado, al negar licencias, el plan que la empresa constructora tenía para recuperar la inversión en la obra mediante la explotación del aparcamiento, se sabe que por ello las obras llevan ralentizadas -o paralizadas, habría que decir más allá de los formalismos-, pero nada de ello se sabe por información oficial aportada por la Junta. Lo único que oficialmente ha dicho la Junta es que si no puede cumplir con las condiciones –y no dice qué condiciones son con las que no puede cumplir– es porque el Ayuntamiento no colabora.
No cabe por ello atribuir el reconocimiento a un ejercicio de transparencia que debería ser obligatorio y que sin embargo seguimos echando de menos.
A fuerza de repetitivo el argumento amenaza con convertirse en aburrido, pero no es la transparencia una virtud de la que tampoco el Ayuntamiento de Marbella pueda presumir. Al menos no en un asunto clave en estos días –en realidad no en estos días, sino desde hace demasiados años– como es el apartado del personal.
El equipo de gobierno municipal ha comenzado a discutir con los sindicatos las medidas para reducir el coste en personal, y la opinión pública sigue sin saber nada acerca de cuánta gente ha entrado a trabajar al Ayuntamiento desde las elecciones municipales de 2007. En concreto sigue sin saber, porque el equipo de gobierno lo considera material sensible como si estuviésemos hablando de la identidad de espías destacados en el norte de Pakistán, los nombres, remuneración y función de los 14 cargos de confianza contratados en los distritos tras las últimas elecciones municipales.
El capítulo de Personal se lleva más del 60 por ciento de los impuestos de los vecinos, pero los vecinos son las principales víctimas de una política de opacidad inexplicable y que no lleva a ningún lado.
Una opacidad de la que, es necesario decirlo aunque en los últimos días pueda parecer lo contrario, los sindicatos y su omertá se han constituido en cómplices imprescindibles. Llegada la hora saben que su silencio se cotiza al alza en la mesa de negociaciones.

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Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella