Diario Sur

img
Tormenta en la Policía Local
img
Héctor Barbotta | 12-09-2016 | 14:53| 0

Hay dos áreas en las que el Ayuntamiento de Marbella seguramente necesitará más de dos generaciones para superar el destrozo que perpetró el GIL. Y eso siempre y cuando las cosas se hagan bien, que no está siendo el caso. Una es el urbanismo, donde diez años después se sigue sin dar con la tecla para comenzar a hacer de Marbella una ciudad al menos medio normal. La otra es la Policía Local, cuyo jefe durante los años del gilismo fue condenado en la ‘operación Malaya’ y ahora, cumplida la condena, está a punto de regresar. Esta semana, la Policía Local ha vuelto a ocupar el centro de las preocupaciones municipales.

Si hay un sector de la vida pública de la ciudad que debería permanecer al margen de los vaivenes políticos es precisamente el cuerpo de seguridad municipal. No solamente por el hecho altamente sensible de que sus funcionarios van armados, tienen capacidad coercitiva, pueden poner multas y hasta, llegado el caso, engrillar a otros vecinos –circunstancia que por sí misma debería ser suficiente para que no cayera sobre sus miembros y especialmente sobre sus mandos la más mínima sospecha– sino también porque la politización y las medidas adoptadas sobre la base del cálculo político y sobre la tentación de mandar sobre el cuerpo –en el peor sentido de la palabra mandar– atentan contra la eficacia de una institución de cuyo bien hacer depende gran parte de la buena marcha de la ciudad y del bienestar y de la seguridad de sus vecinos.
Esta semana, el portavoz del equipo de gobierno municipal, Javier Porcuna, anunció en rueda de prensa que el tripartito se está pensando si renueva su confianza en el jefe de la Policía Local, José Andrés Montoya. No se puede decir que haya sido un anuncio elegante, ni prudente, ni tampoco considerado o respetuoso hacia quien todavía es el máximo responsable del cuerpo policial. Montoya llegó a Marbella hace un año, requerido por el propio equipo de gobierno, desde su destino en la Policía Local de Vélez-Málaga. Su comisión de servicio vence a fin de mes y el mero anuncio de que el gobierno municipal se está pensando si sigue o no sigue es una desautorización suficiente que el jefe policial hizo bien en entender como una invitación a marcharse. Las palabras de Porcuna el pasado martes fueron suficientemente elocuentes y el silencio que el alcalde, José Bernal, mantuvo desde entonces, lo ha sido aún más.
Resulta lógico preguntarse qué ha pasado para que una persona que no estaba en Marbella, sino que se ha ido a buscarla, cayera en desgracia. El equipo de gobierno municipal confiaba en él para ponerse al frente de una institución que no ha dejado de ser foco de conflictos desde que Gil la convirtiera en su guardia pretoriana y en fuerza de choque para limpiar la ciudad con métodos inaceptables.
Lo lógico sería esperar que el alcalde y su edil de Seguridad explicaran por qué han perdido la confianza en Montoya, situación que antes de la rueda de prensa del martes ya se había evidenciado con actitudes algo, no mucho, más sutiles, como la apertura de un expediente a un subinspector de su entera confianza sin siquiera comunicárselo.
Desde su llegada al poder municipal, el PSOE –los otros dos partidos del gobierno se han mantenido al margen de este asunto– no ocultó que su hombre de confianza en la Policía Local es el subinspector Santiago Montero, antiguo dirigente sindical, funcionario que ejerce autoridad por delegación desde el cambio de gobierno y de quien sin embargo sus compañeros ignoran qué función concreta desarrolla, según han dejado ver en un escrito dirigido al alcalde. Aunque al principio hubo convivencia, la resistencia de Montoya a aceptar poderes paralelos y al margen de la cadena de mando ha provocado el cortocicuito, situación que se agravó desde que el alcalde delegó en Porcuna la competencia de Seguridad que en un principio llevó personalmente.
Pretender que un profesional al que se ha ido a buscar actúe como mero hombre de paja es demasiado pretender.
Aunque aún no ha formalizado su salida, los últimos desplantes hacen prácticamente imposible la continuidad de Montoya. Sólo la recuperación por parte de Bernal de la delegación de Seguridad y algún gesto público de desagravio podrían torcer una situación que ya parece consumada. La incógnita, si acaso, reside en qué vendrá después.

Ver Post >
De benefactor a apestado
img
Héctor Barbotta | 08-08-2016 | 16:37| 0

 

En el mundo de la política las fotos parecen ser un mundo aparte. Sobre todo para los políticos. Una buena carrera política no se sustenta si no incluye fotos en plano de igualdad con personajes relevantes, del mismo modo que una foto con la persona inadecuada, aunque el papel ya amarillee, puede obligar a muchas explicaciones e incluso arruinar la carrera del más encumbrado. No se descubre ningún secreto si se revela que los mayores enfados de los políticos con los medios de comunicación son producto, más que de la aparición o el tratamiento de una u otra información, de la ausencia de una foto que consideran relevante. Hay periodos sensibles, como las campañas electorales, donde algunos parecen leer el periódico regla en mano para medir el tamaño de su retrato y el del adversario. Y deducir de ahí intenciones de lo más aviesas.
En Marbella todavía se recuerdan los malabarismos que hizo más de uno, y de una, para conseguir una foto con Michelle Obama cuando en 2010 pasó por aquí unos días de vacaciones. La primera dama norteamericana se resistió a esa utilización de su figura e incluso se cuenta que alguien de su equipo tuvo que ponerse desagradable con un consejero que se desplazó hasta la Alhambra para retratarse en el monumento con la visitante. Con el carácter que se le conoce, la mujer del presidente de Estados Unidos tuvo que hacerle saber que si el precio de la visita era hacerse la foto ella se quedaría con las ganas de pasearse por el Generalife y el Patio de los Leones. Y hubo visita, pero no foto.
Por eso no es difícil entender cuándo alguien está en la cresta de la ola y cuándo ha caído en desgracia. Si hay codazos para fotografiarse con él, la figura está en ascenso. Si el personaje empieza a aparecer solo es que su compañía sólo puede aportar dolores de cabeza. Hay algunos políticos de Marbella que aún se arrepienten de haberse inmortalizado al lado de Bárcenas cuando el todavía tesorero frecuentaba Guadalmina.
La fotografía del jeque Al-Thani el pasado miércoles en el palco del estadio municipal de Marbella explica con claridad cuánto se ha deteriorado el prestigio de quien se presentó hace sólo seis años como el inversor que iba a colocar a Marbella a la vanguardia del turismo náutico y cuyos incumplimientos y desplantes lo han puesto en el lugar de un apestado. Se puede decir que se lo ha ganado a pulso.
No hace mucho, una foto con el jeque podía impulsar la carrera de cualquier político como el de un servidor público cuya gestión contribuía a traer inversiones a la ciudad. Como además Al-Thani no mostraba generosidad a la hora de dejarse fotografiar, un encuentro, aunque sólo fuese tan fugaz como requiere la fracción de segundo necesaria para accionar el obturador de la máquina, podía presentarse como prueba de la relevancia del político.
Pero el pasado miércoles Al-Thani estuvo en Marbella porque su equipo se enfrentaba a los saudíes del Al-Ahli en el estadio municipal y los políticos locales guardaron distancias. El inversor presunto lució soledad en el palco y los dos concejales que ejercieron la representación municipal en el partido no se le acercaron. No hubo ni apretón de manos ni mucho menos encuentro con el alcalde.
El jeque ha pasado de ser el José Banús del siglo XXI, el inversor que pondría al puerto de La Bajadilla en el epicentro del turismo náutico de alta gama de todo el Mediterráneo, a convertirse en el principal obstáculo para que la ciudad pueda desarrollar ese proyecto.
La actitud que ha tenido desde que puso un pie en la ciudad y optó al concurso público para quedarse con la concesión no encuentra explicación posible ni en nuestros parámetros culturales ni en ningún otro. Y desde el punto de vista empresarial es una auténtica locura.
Posiblemente al albur de asesoramientos equívocos y de socios escasos de transparencia, desde un comienzo Al-Thani actuó como si el complejo entramado institucional español fuese demasiado para él y como si también en esta geografía la portación de su ilustre apellido fuese condición suficiente para saltarse trámites, ignorar normas e incumplir compromisos. Durante años se intentó interpretar qué intención última había detrás de cada maniobra con la que conseguía ganar un poco más de tiempo. A punto de culminar su relación con el proyecto es posible que esa incógnita nunca se resuelva.
En los últimos meses el equipo de gobierno municipal ha explorado posibles caminos legales para permitir la entrada de nuevos inversores. Por lo que se sabe existen interesados en participar del proyecto, pero después de más de seis años se ha tejido una madeja compleja que no facilita su entrada.
Las participaciones de la sociedad del jeque, accionista mayoritario de la mercantil Nas Marbella, concesionaria del puerto y en la que el Ayuntamiento ostenta un 3 por ciento, están embargadas y bajo custodia de un administrador judicial por el proceso abierto tras la denuncia del arquitecto José Seguí, autor del proyecto con el que se ganó el concurso y que reclama el pago de sus honorarios.
Los nuevos inversores quieren, como es lógico, un camino expedito sin la presencia del jeque, pero todas las gestiones realizadas para que se aparte voluntariamente no han llegado a buen término. Al-Thani ni hace ni deja hacer. Se ha convertido en un obstáculo para un proyecto estratégico para la ciudad y ello explica en gran medida por qué no hubo nadie del Ayuntamiento que quisiera estrecharle la mano el miércoles pasado en el estadio municipal.
El embargo de las acciones podrá abrir un camino para conseguir apartarlo aun sin su consentimiento, aunque ese camino es complejo. Ni el juez que entiende en la causa ni la administración judicial de las acciones tienen entre sus objetivos principales desatascar la situación, sino simplemente conseguir que el arquitecto cobre lo que se le debe. Sin meterse en más jardines. El autor del proyecto, que sabe que si éste se desarrolla tendrá más posibilidades de conseguir una victoria que no sea pírrica, sí está colaborando activamente para que esto salga adelante.
Legalmente, y es lo que cuenta para la administración autonómica, la sociedad concesionaria es la del jeque. La buena voluntad del Ayuntamiento tiene por delante un muro de burocracia y ahora, que se ha iniciado el proceso definitivo para resolver el contrato de la concesión, apenas tres meses para encontrar una solución.
Si antes el jeque, o quien lo haya sucedido, no presenta el proyecto constructivo, el contrato se habrá resuelto y, en el mejor de los casos, todo el proceso deberá iniciarse desde el comienzo con la convocatoria de un nuevo concurso. Y eso supondría más años de espera. El tiempo apremia.

Ver Post >
Había un banco
img
Héctor Barbotta | 31-07-2016 | 18:09| 0

El consejero de Salud, Aquilino Alonso, reveló esta semana en Marbella que si las obras del hospital no se reactivan antes del fin del verano se iniciará el expediente para resolver el contrato de la concesión. La iniciativa ha sido presentada como la llave maestra que resolverá el bloqueo de la ampliación del centro sanitario, que lleva seis años paralizada.

En rigor debería decirse que después de tanto tiempo de paralización y de la manifiesta impotencia de las administraciones para resolver una situación que parece enquistada, cualquier noticia es una buena noticia pero posiblemente interpretar el anuncio del consejero como una novedad altamente positiva suponga un exceso de optimismo. Sobre todo porque Alonso no quiso revelar qué es lo que vendrá después de que la actual concesionaria desoiga el ultimátum, que lo hará, y abandone la obra, que lo hará también.

Acerca de que la concesionaria quiere abandonar no existen dudas. Se trata de una Unión Temporal de Empresas denominada ‘Concesionaria Costa del Sol’, constituida al solo efecto de concurrir a este concurso, que al día de hoy sólo tiene dos trabajadores en plantilla y cuya empresa matriz es la compañía sevillana Abengoa, que atraviesa las dificultades conocidas. De hecho ya intentó irse en al menos una ocasión y la justicia la obligó a seguir. Los antecedentes y la postura que ha adoptado la Junta, con un ultimátum que ni siquiera tiene fecha, invitan a pensar que el vínculo se romperá previo acuerdo y pago, por parte de la Junta, de una indemnización por la resolución del contrato. El único misterio, si acaso, reside en la cuantía.

Que la continuidad de las obras con la misma concesionaria era inviable es algo sobre lo que había más que certezas desde que en agosto de 2014 se firmara un acuerdo a tres partes que con el paso del tiempo se comprobó que no se cumpliría. Durante un tiempo los motivos del incumplimiento de aquel convenio fueron un auténtico misterio. Había un elemento que no se conocía y que, ahora se ha sabido mantenía las obras bloqueadas.

El dato que no era de público conocimiento y que sin embargo era la clave de todo el embrollo lo reveló el consejero el miércoles en Marbella, posiblemente sin saber que estaba contando algo que no se sabía. La concesionaria, al parecer, estaba dispuesta a seguir, de lo contrario no hubiese firmado el acuerdo; el Servicio Andaluz de Salud quería que siguiera, y la Junta parecía dispuesta a hacer el esfuerzo económico previsto en ese acuerdo; el Ayuntamiento, todavía con Ángeles Muñoz al frente, se había comprometido a no poner más pegas pese a su actitud inicial; y hasta había fecha aproximada para volver a poner en marcha la maquinaria. Pero había un cuarto actor oculto entre bambalinas que no asomó la cabeza durante el acto de la firma pero del que dependía la última palabra. Detrás de la concesionaria había un banco. Y el banco dijo no. Sobre todas las decisiones de Abengoa, ya se sabe, los bancos tienen desde hace algún tiempo más peso que la propia Abengoa.

En efecto, fue la negativa del banco, que no veía la viabilidad económica del acuerdo, lo que decidió que no había garantías para la financiación. Y sin la financiación del banco, la UTE con dos empleados, un alto nivel de endeudamiento y fuerte dependencia financiera, carecía de solvencia para tomar decisiones por sí misma. No resultaría extraño que la disolución de la sociedad estuviera ya en marcha. Habrá, con toda seguridad, indemnización porque el banco querrá recuperar lo que puso y habrá activado su maquinaria legal.

El proyecto, por lo que se ve, estaba sustentado en cimientos inestables y por eso, con lo que se sabe ahora, no extraña que haya sucumbido después de que en 2010 el Ayuntamiento de Marbella ordenara la paralización de las obras por su desacuerdo de fondo con el modo en que se iba a financiar la construcción, mediante la explotación de unos aparcamientos subterráneos con tarifas premium en los que los usuarios se iban a ver poco menos que obligados a aparcar.

Ya anteriormente había habido reticencias municipales a conceder la licencia de obras debido a que el proyecto incluía áreas comerciales que según el gobierno municipal de entonces no se correspondía con el uso sanitario del suelo. Sin aparcamientos y sin área comercial la financiación de las obras no era viable. El Ayuntamiento reclamaba que la Junta invirtiera dinero de su presupuesto en Marbella y no que las obras las pagaran, de manera más o menos indirecta, los propios usuarios. Era la época en la que toda la estrategia política de Ángeles Muñoz, sin plan B, giraba en torno a conseguir una victoria de Javier Arenas en las elecciones autonómicas.

Cuando en abril de 2012 la tozuda realidad de las urnas obligó a rectificar ya era demasiado tarde. El endeble andamiaje en el que se había sustentado todo el proyecto para ampliar el Costa del Sol estaba tocado.

Todo lo que vino después, y lo que se consumará en las próximas semanas, no es más que el derrumbe que cabía esperar, la lógica consecuencia del cóctel que mezcló la fragilidad de un proyecto puesto en marcha sin dinero y el cálculo partidista y la desconfianza institucional.

¿Qué vendrá ahora? Si en la Junta no existía disposición financiera para solventar con fondos propios la ampliación cuando se inició el proyecto, mucho menos la hay ahora cuando las cuentas del Gobierno andaluz apenas alcanzan para administrar miseria. Sin embargo, ni la Junta ni el PSOE se pueden permitir que el Ayuntamiento más importante con el que cuentan en la provincia acabe el actual mandato municipal con el edificio del Hospital a medio construir. El discurso del tripartito que atribuye a Ángeles Muñoz y su política de confrontación la falta de inversiones en la ciudad necesita de resultados tangibles. Y necesita, además, enseñarlos antes de que acaben los cuatro años de mandato, de los que ya se ha consumido uno.

Las informaciones apuntan a que habrá un nuevo concurso en el que se tentará a alguna empresa puntera -no a una UTE improvisada, liderada por una sociedad en ruina y sometida al rigor de la financiación bancaria- con la concesión de algunos servicios que vayan más allá de los aparcamientos. Los hospitales son pequeñas ciudades en los que no sólo se aparca. Hay también cafeterías, lavanderías, zonas comerciales y multitud de servicios. Muchas posibilidades de hacer caja para rentabiliza la inversión. Y esta vez, un Ayuntamiento que no pondrá obstáculos

Ver Post >
El titán ignorado
img
Héctor Barbotta | 25-07-2016 | 11:53| 0

En julio del año pasado el nadador alicantino Jorge Crivilles completó en 11 horas y 43 minutos el cruce del canal que separa la isla de Santa Catalina con la costa continental californiana. Con esa proeza consiguió lo que en el mundo de la natación en aguas abiertas se denomina la Triple Corona, que consiste en conseguir tres de las travesías de mayor dificultad, la mencionada de Santa Catalina, el cruce del Canal de la Mancha y la vuelta completa a la isla de Manhattan. La proeza del nadador alicantino fue recogida, con toda lógica de acuerdo a la dimensión del hito, con una extensa información en el periódico de información deportiva de mayor circulación en España y que constituye además la cabecera de referencia del presidente del Gobierno.
Hace menos de dos semanas, el paratriatleta marbellí Javier Mérida también se lanzó a las aguas de Santa Catalina para completar el cruce del canal. Lo hizoen 11 horas y 40 minutos. Pero como Mérida es un personaje peculiar a quien no le importa dar ventaja, lo hizo con una pierna menos, la que le falta desde que la perdiera en un terrible accidente del que se acaban de cumplir nueve años. Con el cruce de Santa Catalina, se convirtió en el primer amputado de todo el mundo que consigue la Triple Corona. No es que se trate de una proeza al alcance de pocos, de momento lo es al alcance de uno solo.
La lógica llevaba a pensar que semejante hazaña iba a encontrar espacio en los grandes medios nacionales y en la prensa deportiva del país, que Mérida tendría a su regreso una agenda cargada de entrevistas y que el Ayuntamiento de su ciudad le prepararía, sino un gran homenaje, al menos una recepción oficial como la que se brinda a los deportistas que consiguen algún resultado en diferentes competiciones. Nada de ello ha sucedido.
Mérida regresó a sus ocupaciones habituales y más allá de los abrazos de sus amigos y de las felicitaciones de quienes le conocen, con poco más se ha encontrado. Eso sí, hubo reseñas de la proeza en la prensa provincial y en los medios locales y una discreta nota del alcalde dejada en el buzón del grupo popular en el Ayuntamiento, al que Mérida pertenece como concejal.
No resulta fácil encontrar explicaciones a por qué los medios nacionales han ignorado la proeza de este deportista, ni por qué ni siquiera los dirigentes del partido al que Mérida pertenece, más allá de sus compañeros de Marbella, se han tomado un momento para felicitarlo. Aunque a Rajoy al menos le queda la justificación de que la noticia no ha aparecido en el Marca, hay actitudes para las que resulta difícil encontrar explicación.
Sí, en cambio, tiene explicación que el Ayuntamiento de Marbella, ciudad donde la noticia sí ha alcanzado cierta repercusión, no le haya organizado a Mérida una recepción y el reconocimiento que su hazaña merece. La explicación se resume en una sola palabra: sectarismo.
El sectarismo es la bacteria que contamina la vida política y que en el caso de Marbella presenta cada día síntomas de mayor gravedad. Esta semana hemos tenido varios ejemplos. El más grave fue el cruce de comunicados entre la Subdelegación del Gobierno y el Ayuntamiento de Marbella primero por el decreto para el nombramiento de directores generales, suspendido en uno de sus artículos por orden judicial tras una denuncia de la Abogacía del Estado, y después por la inasistencia del subdelegado a una reunión de la Junta de Seguridad Local.
Es difícil encontrar un antecedente que reúna una concatenación mayor de despropósitos. Tras serle rechazado el recurso contra la suspensión del artículo, el Ayuntamiento cargó contra la Subdelegación del Gobierno como si los abogados del Estado que denunciaron, con sus oposiciones y la independencia que se les supone, fueran empleados del Partido Popular. Lo mismo cabría para el juez que suspendió el decreto. Cuando uno empieza a ver conspiraciones en todos los sitios se incapacita a sí mismo para corregir errores y se condena a repetirlos.
A ataque municipal respondió el subdelegado del Gobierno con un comunicado inédito e igualmente desafortunado en el que reclamaba lealtad institucional pero cuyo efecto práctico no fue otro que el de subir los decibelios del enfrentamiento. Lejos de parar, el Ayuntamiento volvió a responder con la acusación contra el subdelegado de haber dado plantón a la Junta de Seguridad Local, un asunto que el subdelegado atribuyó a un malentendido y que en una situación de relaciones, no ya entre personas responsables sino entre personas que se comportan como adultas, se podría haber resuelto con una llamada telefónica.
No hay que hacer demasiada memoria para recordar el compromiso del alcalde para acabar con la confrontación institucional que durante años rigió las relaciones entre el Ayuntamiento y la Junta de Andalucía. Asegurar que esa confrontación acabó –de momento sin resultados tangibles relativos a la deuda de inversiones que el Gobierno autonómico mantiene con la ciudad– es tan ajustado como reconocer que se ha inaugurado una nueva etapa de enfrentamiento con el Gobierno central. Llevarte bien con los tuyos posiblemente tenga algún mérito. Pero más digno de reconocimiento es quien consigue llevarse bien con quien piensa distinto. Y eso no se puede hacer desde el sectarismo.

Ver Post >
Balance triunfal
img
Héctor Barbotta | 18-07-2016 | 16:13| 0

El equipo de gobierno ha hecho balance, al fin, de su primer año al frente del Ayuntamiento y las cuentas no pueden ser más alentadoras. Según el alcalde, José Bernal, ya se ha cumplido o está en camino de cumplirse el 73 por ciento del acuerdo a cuatro que propició su investidura. No el 70 ni el 75, que podrían considerarse cifras aproximadas y estimadas a vuelapluma, el 73 por ciento, lo que da cuenta de que el cálculo se hizo con exactitud, concienzudamente.
Con este ritmo de cumplimiento, aseguró el martes el alcalde, en un año más se habrá cumplido el contenido completo del pacto. El tripartito se arriesga a una segunda mitad de mandato sin nada por hacer.
El acuerdo de 15 puntos que el alcalde considera cumplido al 73 por ciento fue firmado por cuatro fuerzas, las tres que componen el tripartito y Costa del Sol Sí Puede, el partido instrumental de Podemos que votó a Bernal como alcalde pero prefirió quedarse fuera del gobierno. A los dos ediles de esta formación la suma le da otro resultado. Según sus cálculos se ha cumplido solamente un 30 por ciento de lo comprometido. Alguno debería revisar la batería de la calculadora. Además, precisan, lo que se ha hecho es lo más irrelevante.
Repasar el acuerdo de gobierno permite concluir que muchos de los puntos comprometidos siguen en el cajón de los asuntos pendientes. No hay reglamento de distritos, ni consejo territorial municipal, ni se ha elaborado el censo de personas con necesidades sociales, ni se ha abierto la residencia de mayores, ni se ha reabierto el centro terapéutico para personas con adicciones, medida que cuando era candidato Bernal anunció como la primera que tomaría tan pronto como accediera a la Alcaldía. Preguntado por estos asunto, el alcalde dijo esta semana que no se puede hacer todo en un año. Es verdad. También es posible que todas estas actuaciones formen parte del 27 por ciento pendiente, aunque en ese rincón no debe quedar mucho sitio ya que ahí se acumulan también todas las medidas previstas en el capítulo 5 del pacto (titulado Defensa de lo público), en el 7 (Revisión fiscal), en el 12 (Cultura y Patrimonio) y en el 14 (Seguridad ciudadana), así como la mayoría del 3 (Vivienda y acción social), del 4 (Empleo), del 13 (Educación y Deportes) y la mitad del 10 (Movilidad sostenible y Política medioambiental).
A la hora de hacer balance de su primer año, el equipo de gobierno municipal podría haber recordado las dificultades inesperadas y heredadas que se encontró en este periodo, especialmente las sentencias que anularon el PGOU y el convenio colectivo, o hacer hincapié especialmente en los resultados económicos, con la drástica reducción de la deuda privada. Esto último, virtud en gran medida de la aplicación de un plan de estabilidad impuesto por el gobierno central que impide a su vez la normal prestación de los servicios básicos. En el balance municipal esas cuentas aparecen, pero se incluye además ese porcentaje de cumplimiento del pacto de gobierno que resulta a todas luces difícil de homologar con la realidad.
El equipo de gobierno presentó también esta semana sus facturas de telefonía móvil, que presentan una reducción drástica del gasto de más del 90 por ciento en relación con la de los anteriores gestores. La más llamativa es la factura del alcalde, que da un consumo mensual de 3,95 euros.
El balance, en consecuencia, no puede ser más optimista. En su primer año el alcalde ha cumplido el 73 por ciento de su programa y prácticamente sin necesidad de hablar por teléfono. Todo un récord.

Ver Post >
Nepotismo y endogamia
img
Héctor Barbotta | 13-07-2016 | 17:10| 0

La semana pasada se consumó la contratación del jefe de campaña del PSOE en las últimas elecciones municipales, Adrián Sánchez Acevedo, como nuevo cargo de confianza del Ayuntamiento de Marbella. Sánchez pasó a ocupar la plaza dejada libre por Manuel Morales, que dejó de ser ‘asesor responsable de Innovación y Administración electrónica’ cuando se convirtió en concejal de lo mismo. La rapidez con la que se produjo el nombramiento invita a pensar que como concejal Morales no daba abasto y necesitaba un ‘asesor responsable’ que lo secundara.
El caso es que su sucesor es la pareja de la primer teniente de alcalde y su madre trabaja también como cargo de confianza en el Ayuntamiento. Posiblemente el nombramiento fuese necesario, pero no fue explicado. Como es lógico, no ha sido bien recibido ni por la oposición, como era de esperar, ni por los propios socios de gobierno del PSOE, que se enteraron del nombramiento por la prensa, reconocen en privado lo que les disgusta tener que cargar con el coste político de decisiones como ésta y se preguntan qué necesidad había de meterse en este jardín cuando aún no se ha terminado de salir del jardín de los caballos.
No se cuestiona que el nombrado reúna méritos –esa discusión se abrirá, o no, cuando el Ayuntamiento cuelgue su currículum en la web municipal– o que su nombramiento sea necesario pero su designación presenta toda la apariencia de ser un caso más de la endogamia y el nepotismo que campan por las instituciones y que tanto han enfadado a los ciudadanos hasta el punto de cambiar de manera definitiva el mapa político de este país. Perder de vista esa circunstancia y actuar como si el personal estuviese dispuesto a tragar con todo no dice nada bueno de la capacidad de los responsables municipales para leer la realidad. Considerar que el problema se reduce a que el nombramiento se haya convertido en noticia, tampoco.
Ningún político que lleve mucho tiempo en el poder está a salvo de perder el contacto con la calle y de acabar actuando como si la institución fuese una cápsula de cristal en la que se estaría de escándalo si los informadores no importunaran. El problema es si esos síntomas aparecen cuando se acaba de cumplir el primer año en el poder. Alguien debe advertirle al alcalde, como al emperador del cuento de Andersen, de que no lleva un traje invisible.

Ver Post >
Turismo o barbarie
img
Héctor Barbotta | 13-07-2016 | 17:08| 0

Una de las cuestiones que no nos permite ser optimistas en la batalla que el mundo civilizado –el occidental y también el oriental, cuya ofrenda de muertos y sufrimiento es sensiblemente mayor– libra desde el inicio de este siglo contra el terrorismo globalizado es que los malos demuestran en todo momento tener unos claros objetivos a largo plazo y una estrategia para alcanzarlos, mientras que los gobiernos ponen en evidencia una y otra vez sus dificultades, cuando no su desinterés, en pensar más allá de cuatro años vista. El ‘Brexit’, última exhibición de la irresponsabilidad, la frivolidad y la cortedad de miras de buena parte de la clase dirigente de lo que podría llamarse ‘mundo civilizado’, es el más reciente ejemplo, que no el único, de ese peligroso contraste.
Es verdad que a favor de los terroristas cuenta que es mucho más sencillo destruir que construir y que la diversidad de pensamientos muchas veces divergentes que enriquece las sociedades civilizadas constituye una dificultad añadida a la hora de establecer una estrategia frente a la creencia dogmática, dicotómica, maniquea y simplificadora en la que se asienta el adoctrinamiento terrorista.
Sin embargo, ello no debería hacer perder de vista que esa diferencia entre la visión a largo plazo con la que actúan los terroristas y la cortedad de miras de la mayor parte de los gobiernos es lo que ha puesto a la civilización a la defensiva.
En ocasiones se ha podido considerar que cuando los yihadistas ametrallan a los bañistas de una playa de Túnez, emboscan un autobús con turistas en Egipto, siembran el pánico en un hotel de Nueva Dheli o más recientemente degüellan a un grupo de extranjeros en un bar de Bangla Desh lo hacen desde una concepción xenófoba de ‘muerte al extranjero’ , por la simple indefensión de las víctimas que las convertía en un objetivo sencillo o por atentar contra un sector económico estratégico.
Pero ayer, en el foro de SUR, el secretario general de la Organización Mundial del Turismo explicó algo que posiblemente sabíamos pero que ante esta realidad sirve para entender mejor el porqué de esos ataques. Viajar nos hace más cultos, nos ayuda a abrir los ojos y a entender al diferente, nos hace mejores personas. El turismo no sólo crea riqueza y es en muchas regiones del mundo la única posibilidad para salir de la pobreza. También es, aunque la mayor parte de los gobiernos lo minusvaloren y lo sigan tratando como una actividad subalterna, una de las mayores expresiones de la civilización moderna. Por eso lo atacan. Saben lo que hacen.

Ver Post >
Un morito
img
Héctor Barbotta | 06-07-2016 | 20:02| 0

La de Zined no ha sido una vida fácil. Siendo aún muy joven decidió separarse de sus dos hijos y dejar Marruecos para buscar en España un futuro para los suyos y para ella misma. Encontró en Marbella algo parecido a un trabajo, suponiendo que en este siglo se le pueda llamar trabajo a un modo de explotación e indignidad más propio del XIX, y a quien creyó que podría ser un compañero, con quien tuvo otro hijo.
Abandonada, siguió adelante más explotada que antes y en régimen de interna en una casa de ricos en Guadalmina, la zona más cara de Marbella, en la que el bullicio de su hijo molestaba. Consiguió apuntarlo en una guardería, pero no podía tenerlo con ella cuando salía porque sus ¿jefes? ¿empleadores? ¿superiores? le requerían una dedicación absoluta. Tuvo que dejar al niño en la casa de unos compatriotas a quienes, para que al niño no le faltara nada, les proveía de pañales y de comida y de 300 euros al mes, más de la mitad de la remuneración que recibía de sus ¿patrones? ¿señores? ¿amos? por una dedicación de 24 horas al día cinco días a la semana. Sólo los fines de semana Zined sonría. Y el niño también.
Un domingo la muchacha se presentó en la casa donde vivía su hijo y no encontró a nadie. Llamó por telefóno a los cuidadores, que le dijeron que se habían llevado al niño a Fuengirola y que se habían retrasado. Zined creyó que debería esperar una semana más para reencontrarse con el pequeño. Pero ya no habría reencuentro.
Unos días después, el mundo de la muchacha se derrumbó. La detuvo la policía bajo la acusación de abandono del menor. En la celda se enteró de que su pequeño había muerto maltratado. Se lo comunicó un policía que creyó que la sensibilidad con el drama de una madre no le iba en el sueldo.
Para Zined nada de lo que vino después tuvo la menor importancia. Ni el despido en la casa donde trabajaba –a sus explotadores les asustaba la exposición mediática–, ni el encarcelamiento de los maltratadores, ni la retirada de los cargos que pesaban en su contra, ni su posterior expulsión de España.
Es posible que la mujer ni siquiera haya tenido noticia de que quienes mataron a su hijo fueron condenados. Posiblemente le hubiese resultado difícil de entender que ninguna institución se haya personado en el caso, que la expulsaran del país pese a que era una víctima que tenía derecho a ejercer la acusación por un delito grave, que el fiscal redujera su petición de condena a nueve años y que los perpetradores del crimen, pese a los terribles testimonios oídos en la sala, hayan sido condenados por homicidio y no por asesinato. Después de todo, ¿a quién le importa la muerte de un morito?

Ver Post >
Una cuenta inexorable
img
Héctor Barbotta | 04-07-2016 | 16:37| 0

Hay cuestiones que pesan más cuando se trata de responder a las preguntas de los encuestadores que a la hora de depositar el voto. La corrupción parece encontrarse entre las primeras; el temor a los cambios de rumbo con destino incierto, entre las segundas.
En los últimos años, el concepto de que el dinero público no procede de una bolsa de fondo infinito sino del sufrido bolsillo de los ciudadanos parecía haber crecido en la conciencia social, pero seguramente aún queda un duro trecho por andar. Es verdad que la corrupción no tiene buena prensa, pero todavía indigna más que la tibieza a la hora de combatirla. Decimos que sabemos que el dinero público es de todos, pero a veces seguimos actuando como si no fuera de nadie.
Quizás el problema resida en que las consecuencias del robo de dinero público no se sufre en el momento en el que se conoce la noticia, y a que la cleptocracia suele campar a sus anchas en épocas de vacas gordas que dejan buen recuerdo en la memoria de las víctimas. La corrupción parece formar parte de los ciclos económicos. Sucede cuando la economía va bien o medio bien; nos enteramos cuando va mal o peor.
Pero que la noticia la tengamos con retraso y que los robos se perpetren en momentos que recordamos como de gran prosperidad no quiere decir que las consecuencias no se acaben sufriendo. En diferido y con retraso pero las facturas inapelablemente llegan. Y suelen hacerlo cuando más duele.
Marbella es, con poco espacio para la duda, el mejor ejemplo de ello. La ciudad inauguró prematuramente el mapa español de la corrupción, cuando el resto del panorama parecía inmaculado, y acaparó hace ya una década titulares, focos y la exclusividad de la atención.
Pasó el impacto original de las detenciones y la avalancha informativa que las sucedieron, la celebración de los juicios y hasta la ejecución de las condenas. Después los focos y la atención viajaron a otros lares y en esta década hubo tiempo suficiente para que el problema decantara. Consumida la atención inicial, depositada la atención en otros puntos de la geografía y en otras expresiones de la desvergüenza, el latrocinio todavía sigue pasando factura una década después de acabado. Y lo que queda.
Esta semana se inició en Madrid la subasta de los bienes incautados hace diez años a Juan Antonio Roca y un simple repaso a la composición del primer lote, en el que no aparece el Miró que supuestamente completaba la decoración del baño con jacuzzi, da una buena idea del volumen del saqueo. Es muy poco probable que un solo euro de lo que se recaude en la casa de subastas regrese algún día a los bolsillos que se vaciaron para que Roca acumulara ese patrimonio que seguramente no es lo que más echa de menos desde la celda que ocupa desde 2006. Aún así, estaría bien que desde el Ayuntamiento se mantuviese la tensión sobre este asunto. Es necesario que exista un control sobre lo que el Estado va cobrando y que la reivindicación de que el dinero regrese a Marbella siga viva. Hay cientos de casos con sentencia en los que la ciudad aparece como perjudicada y la presión para que esas cantidades se cobren antes que la sentencia de ‘Malaya’, donde el acreedor es el Estado, debería seguir. Los actuales responsables municipales enarbolaron cuando estaban en la oposición la bandera del regreso del dinero a Marbella, e hicieron bien. Ahora, desde el poder municipal, la tensión institucional sobre este asunto no debe decaer.
El saqueo sufrido por la ciudad no deja de mostrar nuevas caras. Esta semana los vecinos de Marbella se enteraron de que tendrán que seguir aplazando la satisfacción de algunas de sus necesidades más básicas porque el Ayuntamiento tendrá que destinar 308.000 euros a pagar las minutas de los abogados y procuradores que representaron a funcionarios acusados en su día y después absueltos. Estas personas fueron involucradas en casos de corrupción municipal de los que finalmente quedaron al margen. Y aunque uno de ellos está incurso en otros procesos, el Ayuntamiento se ve obligado a pagar una factura que tiene su respaldo legal pero que ética y hasta estéticamente resulta inasumible. Es un ejemplo, otro más, de que la cuenta de la corrupción tarda en llegar pero es inexorable y, con sus múltiples caras, se acaba pagando.

No es difícil, sino imposible, saber cuál sería la situación si el primer alcalde socialista en 24 años hubiese llegado en un momento en el que las arcas de las instituciones no estuviesen vacías. Pero la realidad es la que es y a José Bernal le toca lidiar con una Junta de Andalucía cuya situación financiera le impide realizar la más mínima inversión.
Esta semana, mientras el consejero Emilio de Llera admitía con una claridad digna de elogio que no habrá Ciudad de la Justicia porque no hay con qué pagarla, el teniente de alcalde de San Pedro, Rafael Piña, tuvo que comparecer ante una asamblea de Opción Sampedreña para explicar que un año después de firmado el pacto de investidura de José Bernal las obras comprometidas en San Pedro siguen siendo proyectos que en el mejor de los casos están en el papel. En el mejor de los casos. Ni siquiera el instituto, que la presidenta de la Junta aseguró en su visita a Marbella el pasado abril que estaba «para ya», ha visto licitado su proyecto. Ni hablar del centro de salud o de las otras obras comprometidas.
Hay miseria y se nota. Sólo así se explica que la Junta enviara una nota esta semana para anunciar que en la primera quincena de julio se celebraría una reunión para intentar desbloquear las obras del Hospital Costa del Sol. A más de uno se le habrá acelerado el corazón al ver en el correo una nota de la Junta anunciando noticias sobre el hospital. Pero el comunicado no anunciaba una solución, sino que se celebraría una reunión para la que ni tan siquiera hay fecha. La nota recordó a esos equipos que, incapaces de marcar un gol, acaban celebrando cuando consiguen un córner.

Ver Post >
Una campaña sin la promesa del tren
img
Héctor Barbotta | 19-06-2016 | 19:09| 1

 

Una de las características más salientes de esta campaña electoral repetida tras la de diciembre es que los candidatos están siendo más comedidos a la hora de prometer inversiones. Como las elecciones del 20 de diciembre demostraron que la clave de la política española durante los próximos años será la capacidad de llegar a acuerdos y sellar pactos, todo el debate está girando en torno a ese eje y no a promesas sobre si se hará esta o aquella actuación. Lo bueno de ello es que el electorado se ahorra las promesas vacías; lo malo es que quien llegue al Gobierno, si es que no hay unas terceras elecciones que no sería prudente descartar, lo hará con las manos libres de compromisos.
Ello nos lleva a preguntarnos si esa situación nos aleja o nos acerca al tren litoral, un clásico de las promesas en las campañas electorales luego olvidadas. Y la respuesta no es fácil. Al menos esta vez nos estamos ahorrando oír la promesa.
Si algo hay que agradecer a las campañas electorales es que acercan a la periferia lo que habitualmente sólo se ve a través de la televisión. Y cuando finalmente se puede escrutar en directo el comportamiento de algún líder nacional se concluye que no es demasiado diferente a lo que se está acostumbrado con los líderes vernáculos. Con más parafernalia, sí, pero igual. O incluso peor.
Hay que agradecer a Pedro Sánchez que sea el único de los cuatro candidatos a presidente de Gobierno que ha pasado por Marbella –no hay perspectivas de que alguno de los otros tres vaya a seguirlo en lo que queda de campaña–, aunque la suya sólo haya sido una visita estética.
El paseo del aspirante socialista del pasado miércoles fue anunciado por el equipo de campaña como una reunión con el sector empresarial y con convocatoria sólo a los informadores gráficos, lo que en el código de la necesariamente tempestuosa pero imprescindible relación entre políticos y periodistas supone un aviso implícito de que el candidato no haría declaraciones.
Aunque existiera el legítimo interés por conocer de primera mano cuáles son los compromisos que el aspirante socialista a la Moncloa está dispuesto a asumir en relación con un posible Ministerio de Turismo, con la precaria situación de los chiringuitos, con la reforma de la Ley de Costas e incluso con la conexión ferroviaria de Marbella, existía ese aviso implícito de que no hablaría. También existía, por qué negarlo, la secreta esperanza de que Sánchez se decidiera a darle algún sentido al paseo, se saltara el programa y accediera a atender a los medios de comunicación locales. Tampoco ello habría supuesto un terrible trastorno para sus asesores de marketing. Por eso la visita estuvo rodeada de una nube de periodistas. Y Sánchez no habló. Se le podrá reprochar torpeza comunicativa, lo que no supone novedad, pero no que su equipo no haya avisado.
Para asegurarse de que los informadores no se acercaran al candidato, la organización dispuso un cordón sanitario en la que participaron con entusiasmo algunos cargos de confianza del Ayuntamiento que seguramente se habrían pedido el día en su puesto de trabajo y que compensarán con horas extras el tiempo hurtado a los vecinos de Marbella, que no les pagan 31.171 euros al año para que se dediquen a labores partidarias. Estaría bien que el gobierno municipal aclarara ese extremo aunque en realidad no se conozca bien a qué dedican el tiempo algunos de estos cargos cuando no están impidiendo que los periodistas intenten hacer su trabajo. Durante esta campaña se está viendo a algunos de ellos día sí y día también ataviados con camiseta roja y repartiendo propaganda electoral en horas de trabajo. Habrá que suponer que se han pedido vacaciones o algún tipo de dispensa sin derecho a salario.
El caso es que lo que al parecer se pretendía que no se viera es que la reunión de Sánchez con los empresarios no fue tal, si por reunión se entiende el candidato y sus interlocutores sentados frente a una mesa intercambiando opiniones sobre temas de alguna trascendencia. Porque lo que hubo fue una sesión de fotos. Primero en la playa, frente a unos espetos de sardinas, y después en la planta baja del hotel El Fuerte, donde el candidato no paró de hacerse fotografías con sus fans. En campaña, ya se sabe, los candidatos son como actores de cine. Si además son altos y guapos, más aún. Que no se caiga una idea resulta irrelevante.
Horas después el PSOE envió un comunicado en el que decía que Sánchez había mostrado su apoyo al Plan Qualifica y las medidas que contribuyan a mejorar las playas. Su forma de hacerlo, al parecer, fue dejarse fotografiar junto a los espetos.

Ver Post >
Sobre el autor Héctor Barbotta
Licenciado en Periodismo por la UMA Máster en Comunicación Política y Empresarial Delegado de SUR en Marbella