Francamente…

No pudo evitar mirar de reojo la puerta del apartamento. Los recuerdos llenaban su mente. Esbozó una sonrisa al rememorar su único momento feliz: el día que atravesó en brazos el umbral de aquella humilde vivienda. Luego todo fue dolor, amargura y miedo.

Tras la puerta,  estaba aquel extraño: flácido y rígido. Coagulado en un charco inmundo; aunque no tanto como lo fue él. “Las moscas, pulularán por la ventana y atiborraran de gusanos su cuerpo”, pensó.

El viento, que soplaba por el pasillo levantó su pelo, obligándola a volver la cara nuevamente hacia la puerta, que llena de coraje golpeó diciendo: “Francamente, querido, me importa un bledo”.

Autora: Victoria Eugenia Muñoz Solano

La amapola

Fue al amanecer cuando me encaramé sobre el trigo para olisquear el perfume a tierra mojada que manaba de los campos debido a la finísima lluvia. La primavera, hacía brotar las amapolas que semejaban a las arreboladas mejillas de las chiquillas que las recogían al borde de los caminos.

Yo, que soy nuevo en este mundo, recién llegado a la madurez, oteaba el horizonte buscando a una compañerita con la que compartir mi recién estrenado nido. De tanto apoyarme en la espiga me caí a la zona embarrada y las patas y todo el pelaje se me ensuciaron. Decidí que así no podía presentarme ante una damisela de preciosas y curvadas orejas. Tendría que dejar mis tentativas de cortejo para más adelante. Volví hacia mi gramínea pero al subir, resbalé.

Entre las ramas del suelo, una sibilante serpiente apareció no sé yo de dónde. Abrió y descoyuntó su boca y me quedé encajado dentro. Nunca había estado tan apurado, ni siquiera con los gatos que rondaban por las noches. Mi corazoncillo gritaba encerrado en mi cuerpo. La cabeza ya no pensaba, y del miedo sentí desmayarme.

Súbitamente el cielo se transformó en plomo. Un trueno hizo que la serpiente se moviera agitada. El suelo que ya estaba algo encharcado, ahora rezumaba agua y la “bicha” tuvo que soltarme para no ahogarse. La mano de Dios tenía que estar en la providencial tormenta, porque, ¿quién si no iba a salvar a un humilde ratoncillo de aquel súbdito de Satán?

 


Era el atardecer. Los vencejos bailoteaban contentos. El cielo se tornó trasparente, y unos colores lo llenaron: rojo, naranja, amarillo, verde, azul, añil y violeta. Por delante, pasó un mirlo dando pequeños saltitos, hincaba su pico en el suelo sacando lombrices con gran rapidez y maestría.
Me fui directo a él pues al tener más edad que yo, tenía que haber visto antes ese espectáculo de color:
-¿Qué es esto que hay en el cielo, señor?- le pregunté aún asombrado mientras señalaba.

- Es el arco iris, que siempre surge justo después de perder la esperanza.
Feliz tras contemplar tanta belleza, y con la ilusión por vivir recuperada, pues prácticamente me di por muerto; comí un poco de grano, respiré hondo y me acicalé lo mejor que pude. Estaba dispuesto a encontrar a la amapola de mis sueños: de bellas orejas curvas y pelaje argénteo como la Luna.

 

Victoria Eugenia Muñoz Solano

Espero que os haya gustado este relato inspirado en 5 palabras dadas  por el lector José Luis Escudero:

Amanecer, arco iris, lluvia, tormenta y atardecer

 

 

Dadme cinco palabras para escribir un cuento

Últimamente apenas tengo visitas en  el blog. Pienso que puede ser debido al cambio de plataforma o a que la gente esté de vacaciones y por  ello no entra en internet.

Para mejorar el número de visitas, he pensado hacer un post participativo. Consiste en que los lectores me deis cinco palabras; con ellas confeccionaré un microrrelato.

Espero que participéis

Saludos

Victoria Eugenia Muñoz Solano

La entrevista

Tal vez si hubiera preguntado dónde era la entrevista, no estaría aquí… Por fin había llegado al sitio, pero tarde. Desde el despacho se escuchaba la voz de una tal Gina, que entre risitas, parecía que lograría el puesto de secretaria.

“Otra vez será”, pensé. Pero ya han sido tantas veces… Mi voz se ha quebrado de tanta ansiedad y desasosiego. Cada día, se me hace más cuesta arriba y la desilusión me precede.

Ahora sé que esta vez he salido ganando; con el periódico entre las manos el titular me lo constata: “Joven asesinada en una falsa entrevista de trabajo”.

Autora : Victoria Eugenia Muñoz Solano
Noticia falsa ideada para continuar e ilustrar así mi microrrelato “La entrevista”.

Victoria E. Muñoz Solano

Reputación mancillada

¿Puedo quedarme con sus juguetes? – preguntó Sam.

–Sí, puedes ir metiéndolos en estas bolsitas trasparentes. Uno por uno, que luego no digan que se han recogido mal las pruebas.

– ¿Sabes…? A veces las cosas no son lo que parecen: es demasiado fácil matar a un tío poniéndole una bolsa en la cabeza, decorar la escena con unos cuantos objetos fetichistas, y encima mancillar su nombre por los siglos de los siglos. ¿Sabes si tenía enemigos? – Sam, miró a su compañero. – Pero…, ¿qué estás pensando!? –, su voz sonó entrecortada.

John, llevaba rato esbozando una sonrisilla sádica e inquietante…

Autora: Victoria Eugenia Muñoz Solano

El sitio vacío

“Este gordo ocupa mucho lugar”, le dijo el marinero a un superior de la tripulación. El hombre de tosca envergadura, hizo oídos sordos levantando la pierna para colocarse en el único espacio que quedaba en la barcaza. El marinero le instó a que abandonara el sitio, pues había una mujer en avanzado estado de gestación a la espera de ocuparlo. “No he pagado el pasaje más caro del Titanic para que sólo se salven estas miserables”. ¡Pam, pam! – se escuchó. Se quedó el sitio vacío. Así fue como tu madre y yo, sobrevivimos al naufragio.

Autora: Victoria Eugenia Muñoz Solano

FOTO: Supervivientes del Titanic en uno de los botes salvavidas.

Sin poder gritar

Todos apretujados en aquel enorme congelador. Las horas han pasado eternas. Al principio temblábamos, pero ahora ya nadie se mueve. Blancanieves se acaba de rendir, a pesar de que mi cuerpecillo le ha estado dando calor durante todo este tiempo; pero ahora, yo también estoy cercano a la hipotermia. Se ha abierto la puerta…

Hay un hombre que incrédulo y sin mirar a los demás, la ha cogido en brazos. Entre lágrimas se la lleva, y tras cerrar el congelador, escucho impotente cómo se aleja diciendo que se vengará de la reina. Y yo sigo aquí, sin poder gritar.
Autora: Victoria Eugenia Muñoz Solano

Imagen: Victoria E. Muñoz Solano

Recuerdo de juventud

Un apuesto joven al que besó en los labios con dulzura. Esa era la experiencia que tuvo nada más llegar al parque. Era un beso deseado desde hacía tiempo, pues nunca conseguían estar solos. Un atrevimiento que en aquella época, podría ocasionarle que la tacharan de descarada. Se encontraba en la primavera de 1940. Sentado junto a ella: un joven alférez que la cortejaba ruborizado por la timidez. Estaba sano y lleno de vida.La cápsula del tiempo terapéutica, había logrado rescatar su mejor recuerdo de juventud.

Autora:Victoria Eugenia Muñoz Solano

Imagen: Parque de Málaga

Antonio, pregonero de Málaga

Los pregones de Semana Santa relatan el día a día y los pormenores de las procesiones; mediante una rutinaria, aunque bella descripción de los sagrados titulares, adornada por grandes palabras de exaltación pasional.

El pregón de Antonio Banderas, es un punto y aparte, una excepción y una sorpresa. Con él habrá un antes y un después, (No quisiera estar yo en la piel del pregonero del 2012), puesto que nunca antes al escuchar una exaltación de la Semana Santa, la había sentido tan vívidamente; pero es que nunca antes habíamos tenido un pregonero que fuera un ARTISTA con letras mayúsculas. De manos de su narración, escuché; vi e incluso olí lo que se iba sucediendo. Lo que a mi modo de ver, no es sólo un relato de personajes de vidas encontradas, sino un verdadero guión cinematográfico que bien podría llevarse a la gran pantalla para dar a conocer al mundo lo que somos nosotros: un pueblo que “sabe vivir, pero que también sabe morir”. Y que representa, a través de sus procesiones como ningún otro, la pasión de Cristo: con alegría, con belleza y vistosidad al tiempo que con solemnidad y con respeto.

Antonio, quiero darte las gracias porque lograste que cogidos de tu mano el Cervantes y toda Málaga voláramos contigo en ese viaje de ensoñaciones pasionales desde New York a los Ángeles.

Tras despegar y notar la vibración de los motores me dejé arrastrar a través de su mente: conociendo desde fuera y a la vez desde dentro, todas las perspectivas posibles de un cofrade. Un niño; unos padres; una tía; una invidente; un anciano; un saetero y un hombre de trono. Además debo confesar que me sedujo ese gracioso guiño en el que se situaba junto al personaje de Gregorio presentándose así mismo lleno de humildad, como “ese actor de Hollywood” que comparte el submarino con otros hombres que poca cosa tienen en común, salvo algo fuera de lo común: llevar a la Esperanza.

Tengo que decir que para mí Antonio es meritorio de tres Oscars : mejor actor, mejor guión y mejor director. Su calidad literaria es indiscutible y pienso que inalcanzable por ningún otro actor. Hilvanó los hilos de unos personajes con los que cualquiera de nosotros nos podríamos identificar; recordando cada uno de ellos hasta el final, para que nadie perdiera la senda y el rumbo de la gran historia que nos estaba contando. Un gran logro fue que las casi dos horas de disertación se hicieran incluso cortas; seguramente por las sonrisas inteligentemente arrancadas mediante sus estupendos diálogos y escenificaciones.

Me acuerdo del coloquio entre los padres de Pablito, el niño y un señor que ya no podía más de tanto escuchar la llantina del niño; un chaval canijo que al principio era un chinche que se encaprichó de un tambor, y que al final al entrar en una banda, se convirtió en un chico orgulloso de lo que hacía y al que se le había metido en el cuerpo y ya de por vida, “el duende” de la Semana Santa.

Por todo ello creía que los diálogos y las diferentes voces, serían lo que haría diferente este pregón pero en los últimos minutos, llegaría la sorpresa. Porque al igual que con los fuegos artificiales en la traca final, Banderas recitó como si Lorca hubiera vuelto a la vida, haciendo un canto a la Virgen que llenó el escenario; nos llevó a la reflexión con un nazareno con vela y un niño. Imbuyéndonos con el dramatismo y la poesía metafórica de la escena.

Sin embargo lo más hermoso fue la emoción del pregonero que con ella expresaba sus sentimientos contenidos durante el discurso y la añoranza acumulada durante años en tierras extranjeras.

Porque cuando lloró, en mi casa también lloramos todos, y sin estar yo en el teatro, mis manos aplaudieron con fuerza para reconocer el genio de un actor que basó su discurso en lo que sentía como hermano cofrade, como malagueño y como hombre enraizado en nuestra tierra.

Y por último, me dirijo a Antonio por si por casualidad leyera este post de esta humilde escritora malagueña, para decirle:

¡BRA- VO!

Autora: Victoria Eugenia Muñoz Solano

¿Vendrá el fin del mundo en el 2011?

Las olas negras del Pacífico morían en la costa nipona como un mal presagio para ese día 11 de marzo del 2011; el once: ese número maldito de aquel septiembre también negro en el que desaparecieron las dos gigantes gemelas y de aquel funesto día de marzo en la estación de Atocha donde murieron 191 personas.

Los mayas anunciaban el fin del mundo en el 2012, pero ante tanta destrucción y convulsión en nuestra sociedad, me pregunto si es que no estarían errados en el cálculo.

Nuestra aldea global cambió desde que aquella “avioneta”, mal llamada así por un excitado Matías Prats, atravesó el primer rascacielos. Desde entonces, ya no estoy tan segura del mañana, y las noticias apocalípticas que nos asaltan continuamente no ayudan a tener confianza.

Primero, fueron las famosas armas de destrucción masiva que un agónico Bush se sacó de la manga, y que junto a nuestro presidente Aznar, convertido en su pupilo hasta en el acento tejano y a su homólogo británico, Blair, nos arrastraron a una guerra originada en el ego del americano por ganar a un tirano y de paso controlar uno de los mayores territorios del oro negro. Más tarde, la crisis internacional que nos llevó a España a una doble crisis: la que todos los países tenían, junto a la provocada por la gestión paupérrima de “super ZP”; aquel que prometía paro “zero” y ahora en sus coletazos postreros, ha conseguido batir todos los records.

Dicen que ETA ya no mata por falta de medios, y por carencia de cúpula. Y yo me pregunto: ¿No será que los terroristas no pueden sembrar más terror que el que ya tiene la población? Como las cientos de familias en las que todos los miembros están en paro, y que para poder continuar con la aventura de llegar a fin de mes, tienen que empeñar o malvender sus pocas joyas en los COMPRO ORO.

Pero es que todavía me quedaba ver lo peor: un terremoto unido a un tsunami, la erupción de un volcán dormido durante más de cincuenta años y por último el desastre nuclear. Decían al principio que no tenía nada que ver con Chernobil, pero poco a poco creo que la situación se va semejando más. Todos dicen que no; que lo de Japón es diferente, pero no se engañen no se sabrá hasta que pasen años. Recuerdo un reportaje de Documentos TV en el que aparecía un niño de Chernobil que había nacido sin ojos; parecía que su rostro era un dibujo mal hecho, pues su faz tenía el horripilante aspecto de un borrón de color carne. Y todo… ¡por la mierda de la energía nuclear!

Aquí los políticos dicen que es segura, que nada de esto nos va a ocurrir porque no hay riesgo de tsumanis. Pero, ¿es que no saben que no solo ocurren desastres nucleares por tsunamis? La noticia de Japón y la radioactividad no ha llegado en el momento oportuno, ya que no será tan popular hablar de centrales, y los pueblos dejarán de estar tan dispuestos a albergarlas, a pesar de las interesadas promesas de pleno empleo.
¡Ah! Y me olvidaba del tal Gadafi. Ese al que los políticos le bailaban el agua por el petróleo; sabiendo que es un dictador repugnante que ha cometido reiteradamente crímenes contra la humanidad. Ahora parece que le temen, pues Obama que me convenció con su “Yes we can”, piensa que “ya no puedeer, no puedeeer” y no quiere señalarse como fuerza principal en la intervención del país. Quizás como en el cuento de Augusto Monterosso los gobernantes teman que al despertar de la guerra, el dinosaurio siga allí.

¿Será que los mayas se equivocaron en un año? ¿Que el final está cercano? Egipto, Túnez, Libia… ¿Marruecos será el próximo?
No, ladies & gentleman; no creo en las profecías. Los hombres no conocemos nuestro destino, sólo nuestro presente y por tanto aquellos mayas no pudieron profetizar los que nos iba a pasar hoy: Torres gemelas; Bush, Aznar y Blair; atentado en el metro de Madrid; crisis y crisis; ZP-paro; “Yes we can” y Gadafi; el desastre japonés.

Creo que nosotros somos dueños del presente, y en el presente si tenemos dos dedos de frente construiremos bien nuestro mundo venidero; pues a pesar de los desastres naturales, y a pesar de los políticos, (“personajes” que no van a ostentar el poder a perpetuidad), los que quedamos y nuestros deudos intentaremos salir adelante sin pensar en las nefasticas estadísticas y previsiones, sin pensar en triviales profecías; pues mientras haya vida siempre debe de haber esperanza.

Autora : Victoria Eugenia Muñoz Solano

Diario SUR

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