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Daniel Natoli: Qué suerte
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Pedrortega | 15-03-2017 | 18:17

 

Daniel Natoli

Nació en Málaga en 1987. Licenciado en Arquitectura por la Universidad de Málaga. Su producción como cineasta se centra en el ámbito del documental.

Sinopsis

Tras la asfixia generacional provocada por la crisis, una pareja de jóvenes arquitectos españoles decide emigrar a Helsinki (Finlandia) buscando un lugar en el que poder prosperar. Con el paso del tiempo, descubren que la imagen idealizada que tenían de la capital nórdica no es tan perfecta como creían, que cada país tiene sus propios anhelos, y que toda receta posee sus contra indicaciones, aunque vengan escritas en letra pequeña.

 

 

¿Cómo nace el proyecto?

“Qué suerte” es un diario filmado, y como tal, nace de la necesidad de documentar una experiencia personal y de expresar esos sentimientos a través de lo audiovisual. Me pasé casi un año en Helsinki grabando por el simple hecho de plasmar lo que vivía, con la intención de que algún día pudiera abrir esas carpetas y recordar todo aquello. Casi un mes antes de regresar a Málaga, al revisar todo este material, me di cuenta que de ahí podía salir un proyecto interesante. En este sentido, es un corto que adquirió forma en el propio montaje.

 

Ya conocemos la sinopsis, pero ¿sobre qué trata?

“Qué suerte” es una historia que en definitiva habla de toda esa generación de jóvenes que no logra encontrar su sitio en ningún lugar, que no sabe muy bien cómo ni hacia dónde avanzar. Es un relato lleno de anhelos, de deseos incumplidos. Sin embargo, a medida que avanza el corto, en él también aparece una cierta contradicción, que es la de comprobar que ningún país ni ningunas circunstancias son perfectas, que no existe esa tierra prometida. Creo que este hecho lleva a sentimientos encontrados: por un lado supone un consuelo, pero por otro no deja de ser una decepción al ver nuevamente frustradas las expectativas.

 

 

Personalmente, ¿qué fue lo que te llevó a dirigir una historia como ésta?

Yo creo que no decidí dirigir esta historia, pienso que fue el momento que me tocó vivir, y por tanto, el único que podía contar desde el punto de vista de un diario cinematográfico. Más allá de la sinopsis —que tristemente aún hoy sigue siendo actualidad—, lo que me impulsó a querer dar forma a esta experiencia sin duda fue la creencia de que uno puede hacer cine con la propia vida; de que la vida, lo cotidiano, lo que uno conoce, lo que a uno le rodea, si se narra con cierta intención puede llegar a convertirse en cine. Cuando esto ocurre, cuando he tenido la oportunidad de ver a otros directores que experimentan en esta línea, creo que ha sido la verdad más potente a la que he podido asistir como espectador, y esa fue mi principal motivación, intentar hacer cine partiendo de lo que me rodeaba y conocía, sin aspirar a nada más —y a nada menos—.

 

¿Cuáles fueron los principales apoyos a la hora de producirla?

El corto ha sido totalmente auto producido porque como comentaba, lo que describe es una realidad subjetiva, y para ello no se necesitan demasiados medios si lo que a uno le importa no es tanto el resultado técnico sino el guion y la manera de narrarlo. Por supuesto, para llevarlo a cabo conté con el apoyo de mi pareja que es oficialmente la productora, pero de igual modo tampoco podría haber vivido esta experiencia en Finlandia si no fuera por ella, por lo que de nuevo vida y cine van de la mano. Para ser sincero, tampoco pedí ningún tipo de subvención porque en ningún momento pensé que todo lo que estaba filmando acabaría siendo un cortometraje.

 

¿Y cuáles son los principales retos que tuviste que superar para que el proyecto se hiciese realidad?

El principal reto de este proyecto creo que ha sido el tratar de ser honesto conmigo mismo, el obligarme a no contar nada que no partiera de mi propia experiencia personal. En este sentido, el exponerme públicamente para contar un relato íntimo ha sido un verdadero quebradero de cabeza, sobre todo al intentar valorar lo que era necesario mostrar para transmitir la historia frente a lo que era demasiado privado o irrelevante para comprenderla. Esos límites entre lo público y lo privado o lo real frente a lo ficticio son siempre complejos, pero es algo que me interesa muchísimo de cara a seguir experimentando con ellos en futuras películas.

 

Háblanos de las fórmulas de financiación de la película

El corto no ha contado con ninguna financiación por lo atípico de su producción, como comentaba anteriormente. Realmente, disponía de muy pocos recursos para grabar, pero precisamente por esto me enfoqué más en dotar de intención al montaje y no en buscar un perfeccionismo técnico en las imágenes que grababa —que surgían de forma más espontánea—. Creo que a veces es mejor renunciar, ser sinceros en este aspecto, y de paso ahorrar dinero en unos equipos y unos recursos que tratan de imitar a un tipo de cine más inaccesible desde el punto de vista de la producción. A día de hoy creo que este corto podría haber sido grabado incluso con un móvil y no perdería valor. Al fin y al cabo, se trata de mantener la coherencia entre qué tipo de película quieres hacer y cuáles son tus recursos para grabarla. Si intentas hacer un proyecto donde una parte no se corresponda con la otra, entonces se evidenciará un problema desde el primer fotograma.

 

Preséntanos a los actores.

La actriz protagonista es Marina Díaz García, mi compañera, amiga y pareja. Su papel fue sencillo porque era el mejor que podía interpretar, el de ella misma. Luego también aparecen por ahí otros amigos como Blanca Morón, Carlos Gómez o Elva Murillo que vinieron a visitarnos durante unos días y aprovechamos para recorrer la ciudad y algún que otro parque nacional. Todo fue como un juego, ellos ya sabían de mi obsesión por documentarlo todo, por lo que en ningún momento preguntaron para qué usaría este material.

 

Seguro que durante el rodaje hubo muchas anécdotas. Cuéntanos algunas.

El tema es que rodaje como tal nunca hubo, simplemente yo iba a todos sitios con la cámara y aprovechaba mis paseos y salidas por Helsinki para grabar cualquier instante. A veces filmaba de manera natural lo que acontecía, y otras veces daba algunas indicaciones a Marina para intentar encuadrar algún plano que tenía en mente y que me resultaba sugerente. A veces era un acto de necesidad y grababa en función de mi estado anímico, y otras veces lo hacía simplemente por divertirme, me gustaba bastante salir con la cámara por si ese día ocurría algo interesante y podía captarlo.

 

¿Cómo se ha llevado a cabo la postproducción? ¿Cuál ha sido la pieza clave de esa fase?

Diría que el montaje. Es en el montaje donde verdaderamente se ha creado la estructura narrativa de este cortometraje, donde se ha elaborado un guion propiamente dicho que dotara de coherencia a todas esas imágenes que grababa de forma espontánea. Por otro lado, también ha sido fundamental la introducción de la voz en off como recurso, no tanto que acompaña, sino que es activo, que adquiere relevancia y que es capaz de transformar el significado de las imágenes cuando se proyectan. Durante todo el corto se da un continuo juego entre las imágenes que aparecen y la narración que se hace de ellas, poniendo de manifiesto la contradicción que surge entre lo atractivo de la fotografía frente a los sentimientos reales que provocan esas imágenes en la vivencia narrada. Me interesaba mucho dotar de nuevos significados a esas postales idealizadas que todos tenemos de los bosques, la nieve y la vida en los países nórdicos.

 

Háblanos de la banda sonora.

El corto se compone casi en su totalidad por distintos sonidos puntuales que contextualizan y refuerzan la atmósfera vivida a lo largo de los nueve meses. Creía que era coherente no exaltar de forma fácil ningún sentimiento a través de la música para dotar de mayor naturalidad al diario. En general, he intentado que la película tuviera un tono muy sobrio porque me parecía pertinente retratar de este modo la experiencia en un país como Finlandia, cuyo carácter se caracteriza precisamente por ser contenido y austero. Aun así, al final la película acaba con una canción al piano compuesta por Sibelius. Tratándose de Helsinki, no podía ser de otra forma.

 

Ahora que ya puedes ver el cortometraje terminado, ¿qué es lo que, personalmente como espectador, más te gusta? 

Me resulta complicado valorarlo la verdad, lo he visionado tantas veces y lo he trabajado tanto que he perdido por completo la percepción que pudiera tener como espectador.

 

 

¿Y de qué te sientes más satisfecho como director?

De lo que más satisfecho estoy como director es de haber descubierto en este primer cortometraje el tipo de cine que me gustaría llevar a cabo de aquí en adelante. Yo que me formé como arquitecto y lejos de las aulas de audiovisuales, el descubrir a directores como Mekas, Perlov, Chris Marker, Akerman, Guerín o Siminiani fue toda una revelación. En ese momento entendí que ese era el cine que más me interesaba. Aun así, cuanto más los analizo y más los voy estudiando más me doy cuenta de todo lo que me queda por aprender.

 

¿Qué le dirías a un espectador para recomendarle que vea el cortometraje?

Pues le diría que fuese a verla porque tal vez se encuentre con un relato similar al que ya conoce de algún amigo, de algún hijo o de algún hermano, y en este sentido, ver algo con lo que puedes llegar a empatizar tan de cerca siempre resulta emocionante.

 

¿Qué supone para el equipo la selección en el Festival de Málaga de Cine Español?

Es un orgullo estar ahí junto a creadores de tanto talento, pero sobre todo es un gran impulso de ilusión para seguir creando y realizando películas en un futuro.

 

 

¿Sientes que merece la pena el enorme esfuerzo que supone hacer cine?

Por supuesto, siempre merecerá la pena, al menos desde un punto de vista de enriquecimiento personal o social. Si por el contrario hablamos de si merece la pena el esfuerzo que supone hacer cine en relación a lo que uno cobra o gana de esto, entonces esa es otra cuestión a la que muy poca gente podrá afirmar que le compense. Este tema es importante, y no se puede obviar, pero daría para un extenso debate…

 

¿Qué nos puedes contar sobre de su distribución?

Al principio comencé distribuyendo la película por mi cuenta en concursos y festivales. Al comprobar la buena acogida que tuvo me animé a tomármelo un poco más en serio y desde hace un mes trabajo con “Jóvenes Realizadores”, una distribuidora malagueña de cortometrajes liderada por Ádel Kháder, que se está encargando de moverla por todo el circuito nacional. Es todo un placer trabajar con ellos. Veamos hasta dónde es capaz de llegar.

 

¿Qué opinas del panorama actual del cortometraje en España?

Creo que hay muchísima gente con talento haciendo buen cine en España, el problema, como siempre, es la falta de canales alternativos de producción y distribución. A pesar de todo, creo que nunca hubo una época mejor que esta para hacer cine.

 

Sobre el autor Pedrortega
Una mirada independiente sobre el cine más artesanal.