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Lucas Castán: Los hombres de verdad no lloran
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Pedrortega | 23-03-2017 | 17:58

Lucas Castán

Graduado en Comunicación Audiovisual y especializado en cine. Lucas lleva varios años trabajando en el sector audiovisual. Realizó sus primeras incursiones en el medio, encargado de realizar varias piezas promocionales de la película De tu ventana a la mía, de Paula Ortiz, para uso en televisión. Volvió a trabajar a las órdenes de la directora aragonesa en su segundo largometraje La novia, esta vez como auxiliar de dirección. Los hombres de verdad no lloran, será su segundo cortometraje como director. Su anterior proyecto, Alba, cuenta con veintitrés selecciones en festivales, trece de ellas internacionales, y los premios a Mejor Cortometraje en la XII Muestra de Cortometrajes Aragoneses, Mejor Actor Principal en el XIX Festival de Cine de Fuentes.

Sinopsis

Un padre, un hijo y el hockey sobre hielo como pasión, pero una dura realidad que afrontar.

 

 

¿Cómo nace el proyecto?

Durante mi etapa como estudiante en la universidad estuve trabajando en el tratamiento de un largometraje, era el primero que hacía en mi vida y, como es normal, no era suficientemente consistente como para que se pudiese llegar a rodar. Pero tenía algunos elementos que sí me gustaban y decidí aprovecharlos y reconvertirlas en algo más pequeño, el guion de este cortometraje. A partir de ahí y tras entrar la productora Filmdonut, comenzó un periplo que ha durado dos años en el que hemos ido armando el proyecto.

 

Ya conocemos la sinopsis, pero ¿sobre qué trata?

En primer lugar, es una historia que intenta acercarse a un deporte como es el hockey sobre hielo en España. Que aunque sea minoritario también se practica y existe una liga nacional. Es muy difícil llegar a dedicarse profesionalmente a este deporte aquí, pero los que lo practican lo hacen con la misma pasión y sacrificio que los jugadores de otras ligas profesionales. Trata además, de dar una visión mas humanizada de los que practican este deporte puesto que, con la poca información que tenemos aquí, la tendencia es creer que son muy brutos y en realidad, es un deporte más noble de lo que parece. También es una historia que habla de los sentimientos no expresados, de la superación, de los sueños frustrados, de los miedos y del legado que pueden dejar los padres sobre sus hijos. 

 

 

Personalmente, ¿qué fue lo que te llevó a dirigir una historia como ésta?

Fui jugador de hockey durante doce años y tuve que dejarlo cuando empecé la universidad. Siempre he tenido una espina clavada con este tema. Además, un consejo que se suele dar a los guionistas inexpertos es que hablen de temas que conocen bien y este es uno de los temas que mejor conozco, creí que podía aportar algo interesante al respecto. 

 

¿Cuáles fueron los principales apoyos a la hora de producirla?

Ya sobre proyecto, contamos con una beca de la Diputación Provincial de Huesca, tuvimos una participación el Ayuntamiento de Jaca (Huesca), que es donde se ha llevado a cabo todo el rodaje y también el apoyo de la Universidad San Jorge, que es donde yo estudié. Pero realmente, el grueso de la producción es aportación directa de la productora Filmdonut. 

 

¿Y cuáles son los principales retos que tuviste que superar para que el proyecto se hiciese realidad?

Uno de los principales retos ha sido conseguir todos los permisos de rodaje, ya que el cortometraje tiene un montón de localizaciones diferentes. Hay una en concreto, la antigua pista de hielo, que era un edificio declarado en ruinas y poco después del rodaje se derribó. Para mí es la escena más importante, la que da sentido a la historia, y durante un tiempo creímos que conseguiríamos permiso y no la llegaríamos a rodar a tiempo. También tenemos imágenes de partido reales, filmadas durante los “playoff” de la liga nacional del año pasado, con alrededor de dos mil espectadores en las gradas. Más tarde tuvimos que reunir alrededor de doscientos extras para encajar los planos de esa escena que nos faltaban por rodar. La verdad es que creo que para ser un cortometraje tiene unas necesidades de producción muy ambiciosas. 

 

Preséntanos a los actores.

Los protagonistas de la historia son padre e hijo. El padre está interpretado por Alfonso Lara, un actor con muchas tablas, muy implicado y con el que resulta muy fácil trabajar. La verdad es que entendió enseguida lo que buscaba e hizo suyo el personaje; el hijo está interpretado por Juan Fernández, un niño que entonces tenía ocho años y encontré en la propia escuela de hockey de Jaca. Lo escogí porque tenía ya muchas similitudes con el personaje, conocía ya la atmósfera que rodea este deporte y tenía también esa pasión. Así era más fácil que entendiese lo que buscaba y luego fue cuestión de ir trabajando poco a poco, en los meses anteriores al rodaje, para que se soltase y para que confiase en mí. A veces quedábamos solo para jugar a hockey. También tiene un pequeño papel Jorge Asín, un actor que queremos mucho en Aragón y que cuando se lo propusimos enseguida se unió al proyecto. 

 

 

¿Qué tal ha funcionado el equipo técnico? ¿Podrías presentarnos a sus integrantes?

El equipo técnico ha sido fundamental en este proyecto. En total somos alrededor de cuarenta personas. Ha sido complejo sacar este proyecto adelante pero he de reconocer que el rodaje fue como la seda y eso es porque todo el mundo hizo lo que tenía que hacer. La producción estaba controlada por los hermanos Lucas y Mateo Sáez, fundadores de Filmdonut; en el equipo de dirección tenía a personas de mi confianza, con bastante más experiencia que yo y me daban la seguridad que necesitaba como Ignacio Lasierra e Inés Laporta; la fotografía la firma Daniel Vergara, que es el director de fotografía con el que trabajo siempre desde la universidad; el director de arte, Luis Sorando, tuvo que levantar algunas localizaciones completamente de cero… podría decir algo bueno de todos y cada uno de los integrantes del equipo, estoy muy orgulloso del equipo que armamos. 

 

Seguro que durante el rodaje hubo muchas anécdotas. Cuéntanos algunas.

Cada vez que la cámara dejaba de rodar, Juan, el niño, tenía un stick de hockey y una pastilla para ponerse a jugar mientras se preparaba otro plano.Si te descuidabas, te lo encontrabas haciendo regates y vaselinas a los eléctricos del equipo.

 

¿Cómo se ha llevado a cabo la postproducción? ¿Cuál ha sido la pieza clave de esa fase?

La posptroducción ha sido más lenta de lo esperado. El montaje lo hicimos junto a Luis Calles en verano, pero él trabajaba en Madrid y yo estaba en Jaca, así que los fines de semana los dos viajábamos a Zaragoza y realizábamos jornadas intensivas de montaje. Luego, durante la semana, yo revisaba lo que habíamos hecho para sacar ideas y Luis iba puliendo para ponerlo en común el siguiente fin de semana. Del sonido se ha encargado José Luis Toral y para ello tuve que viajar varias veces a Madrid, porque aunque trabajábamos telemáticamente, lo que buscaba en algunas escenas era más complejo de obtener si no conoces bien cómo suena el hockey sobre hielo: las cuchillas, los tiros, los palos, las frenadas… y requerían mi presencia. También tenemos algunos efectos visuales, de los que se encargó Nacho Galdo desde Valencia y el etalonaje pasó por diferentes manos, pero como no dábamos con lo que queríamos, al final hizo Daniel Vergara, el director de fotografía, su propia corrección de color. 

 

 

Ahora que ya puedes ver el cortometraje terminado, ¿qué es lo que, personalmente como espectador, más te gusta? 

La conexión entre el padre y el hijo y la escena en la antigua pista de hielo de Jaca, aunque en el segundo caso no sé si es como espectador, ya que tiene un vínculo muy fuerte con mi infancia. 

 

¿Y de qué te sientes más satisfecho como director?

Creo que es una obra en la que se cuentan muchas cosas, en poco tiempo y con pocas palabras. Es muy visual y eso es algo en lo que hemos puesto mucho empeño. También estoy muy satisfecho del trabajo con Juan, el niño. Es algo que al principio me generaba muchas dudas, porque le iba a pedir a un niño de ocho años que se expresase casi sin hablar, utilizando sobre todo el lenguaje no verbal. Lo fuimos trabajando poco a poco y al final lo ha solventado muy bien. 

 

¿Qué le dirías a un espectador para recomendarle que vea el cortometraje?

Que se va a encontrar una historia bastante singular, la primera que trata esta temática en nuestro país. A parte de explorar un poco más de cerca el hockey sobre hielo, también hemos intentado darle la forma de una historia universal, en este caso, a través de la relación de un padre y un hijo. Podrá gustarle o no, pero le aseguro que la hemos intentado contar con honestidad, desde dentro.

 

¿Qué supone para el equipo la selección en el Festival de Málaga de Cine Español?

Acabamos la posptroducción del cortometraje en diciembre y apenas hemos empezado la distribución por festivales. Tener una selección de este nivel tan pronto fue una alegría enorme para todo el equipo. Seguro que a partir de ahora afrontaremos la distribución con más confianza en nuestro trabajo. Por otro lado, a mí me tranquiliza un poco saber que puede interesar en lugares que no tienen ningún vinculo con el hockey sobre hielo y no únicamente a los que son aficionados. 

 

¿Sientes que merece la pena el enorme esfuerzo que supone hacer cine?

Desde luego. A veces es duro, pero por ese mismo motivo, sacar proyectos adelante resulta muy gratificante. El cine es bastante más que un mero entretenimiento. Para mí no hay nada que merezca más la pena el esfuerzo que esto. 

 

¿Qué nos puedes contar sobre de su distribución?

Nosotros acabamos de empezar. Hemos dejado la distribución en manos de Agencia Freak, que nos convenció por su criterio y la forma en que diseñan la estrategia de manera individualizada en cada proyecto.

 

¿Qué opinas del panorama actual del cortometraje en España?

Creo que ahora mismo el nivel es altísimo y nada tiene que envidiar a otras industrias. Se ha profesionalizado, ya no es únicamente un trabajo de aprendizaje. La tecnología digamos que ha democratizado el sector, ahora es más sencillo conseguir estándares de calidad con pocos medios, pero por el mismo motivo, tener un cortometraje de buena factura o algunos alardes técnicos ya no es un elemento diferenciador, es casi un mínimo exigible y lo que importa son las ideas, lo que se cuenta y cómo se cuenta.

 

Sobre el autor Pedrortega
Una mirada independiente sobre el cine más artesanal.