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Maquillaje a un euro

Del precio, nadie puede quejarse.

Vendo un zapato. Uno.

Un zapato es lo que he encontrado y lo vendo. Es posible que haya de pasearlo un montón de veces de mi casa al rastro y viceversa, pero ¿y si lo vendo?

OpenOffice.org en el rastro

Buena señal eso que se venda software libre en el rastro. A 50 céntimos. Por la pinta, a estrenar. Caja plastificada.

Yo tayudo zuprimou

Que no es nada fácil sacar la faragoneta.

Un vestido de novia

En un improvisado puestecillo en el suelo. Son imágenes que te hacen pensar en su anterior y en su próxima propietaria.

Los abandonos del rastro

Es curioso. Llega una determinada hora, el vendedor se aburre y dice “ahí sus quedáis” En ese momento aparece una legión de personas dispuestas a acaparar cosas por las que minutos antes eran incapaces de pagar 50 céntimos.

El rebusco en el rastro

En la última calle del rastro, hay una institución a la que llaman “el rebusco” y se da, cuando el vendedor abandona la mercancía. Cualquiera puede apropiársela. Suelo quedarme observando sin intervenir. Hay cosas que no interesan, ni gratis. ¿Dónde estará el negocio?

El cobrador del frac negro

La foto la tomé el primer domingo de feria, en el rastro de Martiricos. Te sorprende ver a una persona negra, vestida de chaqueta y corbata y con un maletín. Excepto la camisa, todo lo demás negro. Desde luego, que no pasa desapercibido. Y anda, que no tuvo que pasar calor el pobre.

Diario SUR

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