Fecha de Caducidad

Cómo declaré en el primer post, este blog tenía fecha de caducidad. Desafortunadamente este periodo, como mis días en Uruguay, llegó a su fin. Comidas, maletas, regalos de última hora, todos los abrazos que en las primeras semanas extrañaba. Amigos ahora que dejo al otro lado del charco. Experiencias y conocimientos que vuelan conmigo y que pesan más que los libros en mi maleta.

Tras todas las horas de viaje posibles y las dos de más gracias a Air Comet por su huelga encubierta de maleteros a las 5 de la mañana, he vuelto a casa. Olor a jazmín en la puerta, la cama más cómoda del mundo, Teo correteando, Mamá, Papá y Pablo y los amigos de siempre. Parece que lo único que ha cambiado son las cortinas del baño. Quietud en Málaga, quietud de Montevideo. En eso, en sus ramblas y en la eme se parecen estas dos ciudades.
¿Y ahora? Ahora sufro jet lag, padezco de nostalgia uruguaya y tomo mate Canarias. Ahora empiezo un nuevo rumbo pero con un punto de regreso en el mapa del Río de la Plata. Y recordando (con Emy) la pintada de Boulevard España, me despido: “Vamos arriba compañeros, que la vida puede más”.
Hasta pronto

Los chiquilines

Mientras los niños en España están empezando el nuevo curso -el olor de los libros nuevos, los lápices de colores parejos, jerseys nuevos-, en Uruguay el año está a la mitad y en plena rutina primaveral. Esa que lenta, pero sin pausa, se dirige hacia el ansiado verano.

A una semana de volverme a España no quería irme sin contaros viven los niños el cole por acá. Para empezar, las jornadas son de cuatro hora y hay dos turnos, de mañana y de tarde. Para seguir, todos los chicos de la escuela pública básica tienen que vestir túnica (una bata blanca estilo farmacéutico) y una moña azul en el cuello. Entre los pequeños queda lindo pero entre los de 6º de Primaria… ya les queda pintado.

La túnica blanca, obligatoria desde 1924, nació con el objetivo de minimizar las diferencias entre los alumnos. Mientras que la moña azul se unificó en1950 para poder crear un boleto escolar en el transporte público.



Además de con el uniforme, ves a los chiquilines corriendo por la calle con su portátil blanco y verde. Sí, todos los escolares y maestros del Uruguay tienen una compu personal que pueden usar tanto en clase como en casa, y gratis. Esto es fruto del Plan Ceibal, un proyecto iniciado en 2007 en el interior y que aspira a cubrir la totalidad del país en este año. Los ordenadores parecen juguetes pero he tenido el privilegio de toquetear uno y tiene todos los elementos básicos; desde acceso a Internet wifi, procesador de texto, juegos, puertos usb,… A su vez, en la Web se han desarrollado varias plataformas propias y dentro de Wiki para el desarrollo de este proyecto online. (link al vídeo institucional de este proyecto)

Y para terminar, que los niños nos vamos a la cama, una frase de José Pedro Varela -político uruguayo promotor del Decreto Ley de Educación Común en 1877 (enseñanza escolar laica, gratuita y obligatoria)- “La educación, como la luz del sol, debe llegar a todos”.


Como miran las vacas

Estas dos últimas semanas (del 9 al 20 de septiembre) se celebra en Montevideo la Rural del Prado, una feria de ganado en la que participan granjas de todo el Uruguay. Hay concursos para elegir al mejor ejemplar de cada raza de animales, conferencias, compras y ventas, exposiciones de los últimos tractores y máquinas para ordeñar vacas.

Este evento muestra la importancia que la industria agroganadera tiene en para la economía nacional, pero también es una fiesta con conciertos tradicionales, boliches modernos, desfiles de moda criolla, venta de artesanías y pabellones de países. (He de decir que el de España estaba a tope, mientras que en el de Argentina se habían marchado hasta los vendedores XD). Todos los stands se organizan alrededor de una pista donde se hacen las exhibiciones, domas,… y por la que desfilan todo tipo de personajes, desde el gaucho de verdad al que se disfraza para serlo por un día. El “uniforme”, como el del señorito andaluz: botas, bombachos, chaleco polar y boina.

El domingo, sin nada mejor que hacer a las 20.00 que ir a merendar a algún sitio tomamos el ómnibus dirección al Prado. Tras media hora de viaje con dos pistas de baile (pendejos con cumbia en los celulares a todo volumen), 15 minutos de caminata en medio de la nada y 160 pesos, conseguimos ver las ovejas. Enormes no, ¡lo siguiente! y con lana para cinco alfombras o 150 bufandas. De ahí a los bueyes, toros, gallinas y conejos, cerdos, caballos y vacas. De cena, choripan y alfajor de La Pataia de postre.

Hace dos meses alguien me dijo que es bueno conversar con las vacas porque de su mirada puedes aprender muchas cosas sobre ti mismo. Mes y medio después, en un libro había un cuento que hablaba de lo mismo. Y el otro día en la expo lo comprobé, me acerqué a la vaca y la observé, ella se volvió hacia mí con aún más curiosidad en la mirada. Ladeó la cabeza y siguió masticando con paciencia. “Re loca estás”, parecía que pensaba.

Mal día para pescar

Esta ha sido una mala semana para pasear debido a las lluvias y el frío pero, en consecuencia, hoy fue una buena tarde para ir al cine y pescar una linda película. Mal día para pescar, opera prima de Álvaro Brechner, es una particular interpretación del cuento de Onetti Jacob y el otro y un divertido retrato del carácter uruguayo.


Jacob Van Oppen y Principe Orsini no son dos marineros que esperan a lo “Los lunes al sol” que le pique algún pez, como yo esperaba; sino un luchador venido a menos y su manager que viajan por los pueblos del interior del Uruguay retando a los forzudos del lugar. Es en Santa María, la decadente ciudad nacida en la mente de Onetti, donde las aritmañas de estos dos buscavidas se complican.

Me parece un divertido retrato porque en el bar beben Grapamiel y juegan a las cartas mientras se quejan de que está “todo maaaal”; porque el mate se ceba con el viejo termo de metal mientras miran con nostalgia como el tiempo pasa lenta, muy lentamente; o por la cómica hospitalidad del recepcionista del hotel donde se alojan los protagonistas.

En este Año Onetti, Mal día para pescar es un original homenaje al gran narrador para los alérgicos a las efemérides.

Pisar un glaciar

¿Qué es un glaciar? En las clases de Geografía recuerdo que aprendí las partes del glaciar, cómo se desplazaba más rápido por el centro y cómo arrastraba la morrena ladera abajo. Dónde había glaciares y dónde los hubo en la antigüedad. Pero lo que no aprendí fue la sensación de encontrarse cara a cara con uno de ellos. Una experiencia patrocinada por Master Card.

Este fin de semana hemos viajado hasta El Calafate, un pueblo de la Patagonia Argentina, para visitar algunos de los últimos glaciares que quedan en la Tierra. El Perito Moreno, el más famoso por sus desprendimientos y por encontrarse en equilibrio (que ni crece ni disminuye), el Upsala y el Spegazzini, el más alto de los tres. Los tres vierten al Lago Argentino, un lago azul intenso debido a las partículas minerales que flotan en sus aguas.
Enfrentarse a un glaciar es como mirar hacia un altar. De frente es como una ola o una riada petrificada, congelada en una foto que puede avanzar hacia ti en cualquier momento. Frío y olor a hielo. Inquietud y silencio de catedral. Silencio que se rompe cuando la masa de hielo ruge y se rompe en pedazos, en su interior, porque el centro avanza más rápido que los bordes; y en su exterior, cuando se caen los trozos de hielo al agua. Como un bestia enorme que espera dormida a que pase el invierno. Que respira. Que se mueve. Que late.

Pero aún la impresión es mayor cuando tienes la oportunidad de caminar sobre uno de ellos. Entonces te sientes como una hormiguita que camina sobre la nariz de un perro de aguas. Con los grampones bien atados a las botas subimos y bajamos pendientes de hielo, bebimos agua pura casi destilada de lagos naturales y saltamos grietas de casi 40 metros de profundidad. Una experiencia religiosa.
Cuando nos alejábamos en el barco, después de nuestra comunión con el agua y la tierra, una señora murmuraba con la mirada perdida: “¿Verán esto mis nietos?”. Supongo que los nietos de la señora quizás sí porque tenía ya sus años, pero… ¿y los mios?

Se vino Santa Rosa

Ayer estaba en la playa con los pies metidos en agua y tomando el sol. Hoy, llueve y mañana harásensación térmica de cinco grados. ¿Que pasó? Que se vino Santa Rosa. Una tormenta que se repite todos los años en esta parte del mundo entre cinco días antes y cinco después del 30 de agosto; día de Santa Rosa de Lima.

Santa Rosa (Isabel Flores de Oliva) era una religiosa peruana que, en 1615 y según cuenta la leyenda, rezaba para evitar que los piratas holandeses desembarcaran en Lima. Sus oraciones fueron escuchadas, la tormenta se desencadenó y las naves no pudieron llegar a tierra.

Allá simplemente diríamos, “el tiempo está loco

Diga Treinta y Tres

Uruguay está lleno de cifras: 18 de julio, 21 de septiembre, 26 de marzo, Treinta y Tres, … Los tres primeros son calles del centro deMontevideo, el último es el nombre de una ciudad y de un departamento uruguayo. Curioso, ¿no? Hoy, 25 de agosto, es el Día de la Independencia y feriado hasta para Carlitos, el guardacoche de enfrente de casa. Estaba buscando como fue la Independencia y quéexactamente se celebraba cuando he encontrado el porqué del Treinta y Tres.

El día 25 de agosto de 1825 el coronel Juan Antonio Lavalleja y un grupo de 33 uruguayos refugiados en Buenos Aires invadieron el país y, con la ayuda de los ciudadanos, sitiaron Montevideo. Esta vez se independizaban de Brasil. Los “Treinta y Tres” organizaron el ejército y, con el apoyo de Argentina, venciero
n a los brasileros el 20 de febrero de 1927. El 27 de agosto del año siguiente se firmó en Montevideo el Tratado de Paz, por el cual Brasil y Argentina renunciaron a sus pretensiones en la Banda Oriental. Y el 18 de julio de 1830, se promulgó la Constitución de la República Oriental del Uruguay.

Y con este poquito de historia, me voy con los 24 grados que hace en la calle a la playa a tomar unos mates.

FELIZ DÍA DE LA INDEPENDENCIA












¿Hablamos el mismo idioma?

Después de un mes y medio entiendo mucho de lo que la gente habla, pero al principio me planteaba una y otra vez si aprendí el mismo idioma. No es solo la diferencia entre la intención del uruguayo y el español al preguntarte si necesitas que “te coja algo”, ya que ese es un verbo de sobra conocido, es en el lenguaje de las cosas diarias cuando surgen las confusiones principales.

Un día cualquiera salgo del laburo y tomo el omnibus de vuelta a casa. Tras tomar unos mates con bizcochos con los gurises, decido salir a comprar la cena. De entre el kilombo de mi cuarto agarro un buzo y una campera y me voy hacia el shopping. A dos cuadras me encuentro a una mina que me reta por no haberle hecho un ring al celular la pasada noche en un boliche. En el almacen compramos choclo, hongos y crema para cenar. De postre, torta de durazno con frutilla y azúcar impalpable. Cuando vuelvo a casa, prendo la luz, guardo lo que compré en la heladera y agarro el control remoto para ver el noticiero.


Fácil, ¿no?


Además de palabras hay expresiones como: “Buenísimo”, “Está de más”, “Buena onda”, “Salado”, “Bo”, “Ta”,… Añadiendo el “re” todo se multiplica al cuadrado. Y si algo es muy muy mucho se añade “Re contra…”. Otra de las formas de crear palabras preferidas de los uruguayos es dándole la vuelta a las sílabas; de ahí nace “yorugua” o “doargen”. Para saludar, todo se hace en singular: se da un beso y se dice “Buen Día” y para despedirse un “Chau” y el beso que faltaba. El pasado es pasado imperfecto y bien simple: “yo comí”, nada del “he comido”; una tradición muy gallega. Pero sin duda, mi favorito es el refrán “Más fuerte que empanada de mentitas”.




El mar

Cada ciudad tiene sus diferentes puntos de referencia. En Granada, al mirar Sierra Nevada ya sabes si tienes que ir a la derecha o a la izquierda; en Madrid, la sierra, las diferentes torres. Pero nada supera al mar. Esa inmensidad tan cambiante, con un carácter tan imprevisible, que un día está manso y otro ruge con furia.

Podría vivir en cualquier lugar del mundo, pero solo al volver al mar me doy cuenta de lo mucho que lo echaba de menos. Saber que siempre está ahí, sentarte en la playa a pensar, pasear con el perro, correr por la Rambla mirando el atardecer,… Montevideo es una ciudad en el mar, rodeada y que se atreve incluso a adentrarse en él. Es como un trozo de tierra que quiere ser isla, liberarse del peso del continente y flotar a la deriva. En la Ciudad Vieja (casco antiguo) mires a donde mires el mar está al fondo. A derecha o a izquierda, el mar. Y si te pierdes, baja cualquier calle hasta que llegues a la Rambla (paseo marítimo).

Aunque todo lo blanco tiene su negro y las ciudades costeras tienen el frío húmedo que empapa las sábanas, que se mete entre el abrigo y se instala justo encima de los riñones. Creo que es su lugar favorito. La humedad media anual de Uruguay oscila entre el 70% y el 75%; y, además de la bajada de temperatura de los riñones, provoca problemas peores, como el deterioro mayor de los edificios y su difícil restauración.

Como anécdota mi jefe (uruguayo) cuenta que cuando estuvo en Madrid el mes pasado podían dejar un paquete de patatas abierto durante tres días. Pero que, en Montevideo, a las tres horas al aire ya se han hinchado y están incomibles.

Ruta Interbalnearia

Esta mañana, en el trabajo, aún tenía arena en los zapatos. Ayer, como buenos domingueros, alquilamos un coche y nos fuimos a la playa. El problema, es invierno. La solución, turismo japonés, desde dentro del coche, abrigo, bufanda, cámara, corre a la playa, foto, corre al coche. Próxima estación. Con el mapa, un francés, dos españolas y en la radio cumbia uruguaya, visitamos varios pueblecitos de la Ruta Interbalnearia (Montevideo a Punta del Este).


Atlántida fue nuestra primera parada. Además de sus playas casi vírgenes pero inhóspitas en esta época, Atlántida posee una construcción única en América Latina, la Parroquia del Cristo Obrero. Eladio Dieste es el arquitecto de esta iglesia que tiene paredes onduladas de ladrillo visto.

En Piriápolis visitamos el castillo de Piria, las tres fuentes de energía y comimos junto a puerto empanada de pescado y calamares a la romana. Piria fue un empresario uruguayo muy famoso que creo la ciudad de Piriápolis casi de la nada: construyó el autódromo, los diferentes barrios, el hotel argentino, el castillo,… Además de un buen comerciante vendía de todo, era un alquimista, según cuentan las leyendas. El castillo está situado sobre una línea de energía, así como las tres fuentes, y la iglesia no se consagró por toda la simbología esotérica que contenía. La plata de Piria era tan alta que aseguró el hotel argentino a 100 años, es decir, que hasta 2030 todo lo que se rompa (platos, sábanas, …) se paga con el fondo del seguro. En esta ciudad estaba también estos días las ballenas, aunque nosotros no vimos ninguna :(


Seguimos nuestra ruta por la costa visitando las playitas olvidadas y preciosas calas con dunas de Punta Colorada y Punta Ballena. En esta última punta, el artista uruguayo Carlos Páez Villaró construyó su ciudad-escultura Casapueblo. Una ciudadela blanca que me recordó a los pueblos de la Axarquía y a los parques de Gaudí. Además de un museo-taller, Casapueblo alberga un hotel, una galería de arte y pequeñas casitas. Precioso lugar, como vivir dentro del jarrón del museo.

Cuando llegamos a Punta del Este ya estaba atardeciendo así que nos sentamos en el puerto a ver como se escondía el sol tras la isla Gorriti. Punta del Este es un estilo Marbella, una ciudad de verano, lujo y fiesta. A diferencia de los anteriores pueblos de casitas perdidas, los grandes edificios de cristal se adentran en el mar y recortan el horizonte oceánico.

Y de vuelta a Montevideo con muchas fotos en la cámara y los pies llenos de arena blanca.

Diario SUR

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