Ruta Interbalnearia

Esta mañana, en el trabajo, aún tenía arena en los zapatos. Ayer, como buenos domingueros, alquilamos un coche y nos fuimos a la playa. El problema, es invierno. La solución, turismo japonés, desde dentro del coche, abrigo, bufanda, cámara, corre a la playa, foto, corre al coche. Próxima estación. Con el mapa, un francés, dos españolas y en la radio cumbia uruguaya, visitamos varios pueblecitos de la Ruta Interbalnearia (Montevideo a Punta del Este).


Atlántida fue nuestra primera parada. Además de sus playas casi vírgenes pero inhóspitas en esta época, Atlántida posee una construcción única en América Latina, la Parroquia del Cristo Obrero. Eladio Dieste es el arquitecto de esta iglesia que tiene paredes onduladas de ladrillo visto.

En Piriápolis visitamos el castillo de Piria, las tres fuentes de energía y comimos junto a puerto empanada de pescado y calamares a la romana. Piria fue un empresario uruguayo muy famoso que creo la ciudad de Piriápolis casi de la nada: construyó el autódromo, los diferentes barrios, el hotel argentino, el castillo,… Además de un buen comerciante vendía de todo, era un alquimista, según cuentan las leyendas. El castillo está situado sobre una línea de energía, así como las tres fuentes, y la iglesia no se consagró por toda la simbología esotérica que contenía. La plata de Piria era tan alta que aseguró el hotel argentino a 100 años, es decir, que hasta 2030 todo lo que se rompa (platos, sábanas, …) se paga con el fondo del seguro. En esta ciudad estaba también estos días las ballenas, aunque nosotros no vimos ninguna :(


Seguimos nuestra ruta por la costa visitando las playitas olvidadas y preciosas calas con dunas de Punta Colorada y Punta Ballena. En esta última punta, el artista uruguayo Carlos Páez Villaró construyó su ciudad-escultura Casapueblo. Una ciudadela blanca que me recordó a los pueblos de la Axarquía y a los parques de Gaudí. Además de un museo-taller, Casapueblo alberga un hotel, una galería de arte y pequeñas casitas. Precioso lugar, como vivir dentro del jarrón del museo.

Cuando llegamos a Punta del Este ya estaba atardeciendo así que nos sentamos en el puerto a ver como se escondía el sol tras la isla Gorriti. Punta del Este es un estilo Marbella, una ciudad de verano, lujo y fiesta. A diferencia de los anteriores pueblos de casitas perdidas, los grandes edificios de cristal se adentran en el mar y recortan el horizonte oceánico.

Y de vuelta a Montevideo con muchas fotos en la cámara y los pies llenos de arena blanca.

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Diario SUR

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