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Un día inolvidable en el poblado de Etiopía
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Rocío Gaspar | 16-02-2018 | 12:26| 0

Una cosa es que te lo cuenten y otra, muy distinta, es vivirlo. Hemos visitado el poblado de Gore Ketema en Muketuri (Etiopía) y la experiencia ha sido inolvidable. Antes de salir con los coches hemos preparado las bolsas con ropa, zapatos y juguetes para las familias y equipaciones del Málaga Club de Fútbol para los chavales. Además, otro de los coches cargaba todo el material necesario para instalar el sistema de riego alrededor del pozo recién creado en la zona.

 El camino hacia el poblado era de difícil acceso, empedrado, pero de una gran belleza. Al llegar, decenas de personas, niños correteando, mujeres con sus hijos a sus espaldas y chavales curiosos se acercaron a nosotros. Una parte del equipo de la Fundación Harena fueron hacia el terreno donde se empezó a instalar el sistema de riego, mientras la otra parte nos encargamos de repartir las bolsas con ropa a las familias.

Lo más divertido y emocionante llegó cuando sacamos las equipaciones del Málaga Club de Fútbol y se las entregamos a los chavales, que minutos antes nos miraban con cara de “chulitos” y nada más ver la ropa y el balón, cambiaron completamente el gesto.

Es gente alegre, agradecida y muy cariñosa. Este pozo supone un cambio tan importante en su día a día que estaban locos de contentos: “Ya no tendremos que caminar kilómetros para buscar agua”, nos decían. No paraban de dar las gracias y hacer ese sonido con la lengua que son sus aplausos. Luego llegó la fiesta con cánticos y fuimos a visitar sus casas y a buscar un buen sitio para poner el nuevo comedor, ya que gracias al huerto, su alimentación cambiará. Por eso también se mandará a una persona para enseñarles a cocinar estos productos.

Tuve la oportunidad de comunicarme con gestos con un grupo de mujeres más o menos de mi edad, les regalé unos pendientes y nos echamos unas risas. Te das cuenta de que, a pesar de la gran diferencia cultural, ya que ellas viven como en el Neolítico, no somos tan distintas entre nosotras.

Ha sido, sin duda, la mejor experiencia del viaje. Etiopía es un pueblo maravilloso, a pesar de su extrema pobreza y la gran inestabilidad política por la que atraviesa, en estos lugares tan recónditos se viven momentos de felicidad y un poco de progreso.

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Tres nuevos pozos en Muketuri
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Rocío Gaspar | 14-02-2018 | 17:20| 0

En Etiopía la primera causa de mortalidad es la diarrea por consumo de agua en mal estado. Las niñas no pueden ir a la escuela porque necesitan hacer hasta 20 kilómetros cada día para conseguir agua y después transportarla en un bidón de 20 litros.

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La importancia de la creación de pozos es vital y de eso sabe bastante un español que lleva 13 años en Etiopía abriendo pozos. Su nombre es Francisco Moreno y ayer estuvimos un buen rato escuchando su historia.

Él es el responsable de la creación de tres nuevos pozos en la zona de Muketuri, en los poblados de Jebene, Arkiso y Gore Ketema, con una media de entre 4.000 y 5.000 habitantes cada uno. Según palabras del propio Francisco: “perforar un pozo en Etiopía cambia la vida a miles de personas”. La gran sequía que padece Etiopía y la inseguridad alimentaria hacen que estas acciones sean prioritarias y, tras abrir los pozos, es fundamental llevar a cabo un seguimiento. Es aquí donde entra la Fundación Harena y nuestro estupendo grupo de voluntarios.

El proyecto de Fundación Harena, gracias al apoyo del Ayuntamiento de Málaga y la Diputación Provincial,  pretende aumentar la capacidad de autoabastecimiento de la población rural de Muketuri. Para ello, nuestro perito agrícola y todoterreno José Luis Torrecillas, de 76 años de edad y unos 200 invernaderos instalados en El Salvador, ha organizado toda la mecánica necesaria y materiales para la creación de 52 huertos en los tres poblados con su sistema de bombeo por energía solar y riego por goteo, además de llevar a cabo una formación a jóvenes de la zona para que puedan mantenerlo, aunque esto último es un poco complicado porque al etíope le cuesta trabajo mantener una disciplina por cuestiones culturales. Por tanto el agua del pozo cobra mayor importancia, ya que servirá tanto para consumo humano con garantía sanitaria como para crear unas nuevas prácticas agrícolas y de nutrición que, como dice Paco, hará que cambie por completo la vida del poblado.

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LOS TRES POZOS

La creación de estos pozos fue un encargo de Lourdes, la directora del centro de San José de Muketuri. Dos de ellos han sido subvencionados por el productor de cine Ibón Cormenzana que incluso hizo un documental para recaudar fondos. El tercero de ellos es el de Gore Ketema y detrás de él hay una bonita historia.

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Francisco había ido al Colegio de Los Olmos en Madrid a dar una charla y, tras ella, padres y alumnos decidieron recaudar los fondos necesarios para hacer el pozo, un precio especial por tratarse de una acción tan interesante para concienciar a los más pequeños de la importancia del agua. Los padres y los alumnos hicieron multitud de actividades y consiguieron el dinero. Hace unas semanas inauguraron el ya conocido como El Pozo de Los Olmos. Ahora, gracias a la Fundación Harena, contará con una bomba de agua asistida por energía solar con placa, huerto y sistema de riego por goteo, y dos acumuladores de 10.000 litros, uno para riego y otro para consumo humano. Allí se instalarán 20 parcelas de 50 metros cuadrados con plantación de acelgas, zanahorias y remolachas, entre otros.

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FRANCISCO MORENO

Todavía estoy impactada tras escuchar el relato de Francisco, más conocido como Paco Moreno, que a sus 30 años pasó de dirigir un exitoso bufete de abogados en Madrid a emprender la aventura de su vida.

Un buen día decidió visitar Etiopia para realizar un voluntariado con la orden de Teresa de Calcuta. Veintiséis amigos se unieron a su iniciativa y se fueron un mes, según Paco, muy duro, porque aprendió a curar heridas que jamás haría imaginado que existían, y pudo vivir el sufrimiento de ver morir al menos cuatro personas al día.

A pesar de todo ello al año siguiente volvió, pero esta vez de los 26 solo le acompañaron dos. Esta experiencia le hizo tomar una decisión que cambiaría su vida para siempre. Cerró el bufete  y se fue a Etiopía a vivir para crear un centro de salud en Afar, unas de las zonas más deprimidas de Etiopía. Hoy día es el hospital más importante de la zona y ya pertenece al Estado.

Creó la Fundación de Amigos de Silva y, desde hace algunos años, se dedica a abrir pozos en distintos en distintos puntos de Etiopía. Solo el año pasado (2017) creó 18 pozos, entre ellos algunos de los de Muketuri.

Paco está casado y tiene dos hijos, y ha dedicado su vida por completo a ayudar a los demás de la mejor forma que se puede en un país tan pobre y seco, que es abriendo pozos.

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Addis Abeba, una ciudad de contrastes
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Rocío Gaspar | 14-02-2018 | 16:56| 0

Vuelvo a Addis Abeba, capital de Etiopía, dos años después y descubro una ciudad en plena construcción, con una población, con una población que ya sobre pasa los 7 millones de habitantes y una situación que sigue siendo realmente precaria, a pesar de los esfuerzos por mejorar.

Llama la atención que el 90% de la ciudad está llena de esqueletos de edificios en construcción, algunos parecen abandonados como unos que nos cruzamos envuelto en plástico de colores como si fuese un paquete destrozado, ¡menuda imagen!

Si te fijas bien, te das cuenta que los andamios que utilizan los “obreros fantasmas” (porque no se ve a nadie trabajando), son de madera, lo cual nos dejó a todos impresionados ya que se trataba de edificios de cierta altura. Me recuerda a este juego de quitar palos uno a uno hasta que se cae todo.

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Al doblar una esquina nos encontramos con un grupo de mujeres, algunas de edad avanzada, trabajando en la obra de una carretera, quitaban trozos de piedra y arena, con pico y pala y con sus sombreros y largas faldas. Mientras un grupo de hombres andaba de arriba para abajo supervisando el trabajo.

Desde luego no se puede decir que la mujer etíope esté relegada  a la casa y sus niños, trabaja como la que más, sólo que… parece que es la que hace el trabajo más pesado. De hecho es curioso ver a los hombres con talante más relajado realizando sus costuras en algunos de los puestos o paseando de un lado para otro… haciendo sus gestiones, lo que yo llamaría MERCADEANDO.

 

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Curioso, todo muy curioso… digno de ser analizado con detenimiento. Aunque os aseguro que las mujeres jóvenes etíopes vienen pisando fuerte, cada vez más preparadas, cada vez más preparadas y convencidas de querer hacer su propia vida.

Con todo ello, la luz de Addis Abeba es especial, su mercado es un fiel reflejo de la forma de ser de su gente alegre, colorida, aunque un poco dejado, conformista…pero buena gente y todo hospitalidad, como esta pareja de novios que nos encontramos y nos invitó a entrar.

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Y junto a todo este mundo de mercadeo, descaro y pobreza, hay un pequeño oasis con algunos de los hoteles más lujosos del mundo como el Sheraton o el Hilton o incluso la tienda donde venden el café más rico del mundo, El Tamoca, que por fuera es una especie de edificio ruinoso aunque la gente cruce medio mundo para ir allí a comprar café etíope, el mejor café del mundo.

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Por cierto yo ya he comprado mis cinco o seis bolsas de café. ¿Alguien quiere?

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¿Por qué vuelvo a Etiopía?
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Rocío Gaspar | 06-02-2018 | 20:59| 0

Mucha gente me pregunta por qué vuelvo a Etiopía. Después de la experiencia de hace dos años con la Fundación Harena, ya debería haber saciado mi curiosidad o mis ganas de vivir una experiencia única. La verdad es que si preguntas a cualquier persona que ha ido, si volvería, la respuesta será que si en un 90% de los casos, a pesar de los temores, a pesar de las incomodidades, a pesar de los pesares, Africa atrapa y si la visitas a través de una ONG con un proyecto de ayuda, ya no hay remedio, formarás parte de ella para siempre.

Quiero volver por varios motivos, bueno, en realidad son miles, pero los resumiré en unos pocos.

Quiero ver cómo se llevaron a cabo todas las obras que pusimos en marcha hace dos años en el Centro Educativo Materno Infantil San José de Muketuri, cómo ha crecido el huerto, cómo han arreglado el establo donde estaban la vacas, si el gallinero se ha ampliado tal y como sugerimos y cómo se siguen manejando en la cocina después de las recomendaciones de mi querida Marta Brinckmann que este año no nos acompaña.

Tengo muchas ganas de conocer los nuevos poblados que vamos a visitar donde ya hay pozos y tenemos que analizar las necesidades que tienen para iniciar todo el protocolo de ayuda.

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Tengo unas ganas tremendas de volver a ver los paisajes de Africa con sus maravillosas acacias. Y me muero de ganas de volver a verlos a ellos, sobre todo los niños y niñas que conocí.

Como en la vez anterior, mi objetivo será contar todo lo que ocurra en este viaje. Por una parte os mantendré al día a través de este blog si la conexión a internet nos lo  permite. Y por otro lado voy a realizar una serie de vídeos y fotos para desarrollar un completo trabajo multimedia a mi vuelta, con perfiles que buscaré para mostraros la verdad de Etiopía en primera persona.

Hablando con mi amigo Andrés Olivares, nos hemos preguntado qué ocurre con el cáncer en estos países. Parece que no exista esta enfermedad para ellos (sería la única). Quiero informarme bien sobre este asunto.

Y por último, lo que más me ilusiona de todo es que este año me llevo a mi hermana Cristina conmigo a vivir la experiencia.

Como veis, tengo sobrados motivos para volver a Etiopía, así que deseadme suerte que salimos el viernes.

 

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En 2018 volvemos a Etiopía
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Rocío Gaspar | 23-01-2018 | 20:10| 0

En pocas semanas volvemos a viajar a Etiopía. Será el próximo 9 de febrero de 2018

Somos un grupo de once voluntarios de la Fundación Harena, algunos repetidores de la experiencia de hace dos años, y otros nuevos.

He pensado que es una excusa perfecta para reabrir este blog y volveros a contar nuestra experiencia que espero sea todavía más enriquecedora que la de hace dos años.

Ya os contaré!

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¿Seguimos?
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Rocío Gaspar | 02-03-2016 | 19:32| 0

Hace unos días, se publicaba este artículo en Diario Sur. Mi intención era cerrar el círculo de esta extraordinaria aventura con un texto que recogiera el trabajo de los voluntarios y, por qué no, un poco de sus vidas y sus inquietudes.

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Con él daría por terminado mi trabajo periodístico en este viaje y realmente siento haber cumplido con mi objetivo.

Lo curioso es que, hablando con amigos y conocidos sobre anécdotas y curiosidades, me animan a seguir con el blog, ya que, realmente hay muchas cosas que no he contado y la perspectiva del tiempo me hacen, incluso, verlas de otra forma.

Así que, de vez en cuando me asomaré a este blog de Diario Sur para contaros otros aspectos de la vida en Etiopía como por ejemplo, la historia de “Los niños malditos”, las recién paridas que están sin salir de casa en la más absoluta oscuridad “Cuarenta días y cuarenta noches” con sus bebes, las ideas de Europa para ayudar a Etiopía a salir de su situación de pobreza con “la clave está en el café” y otras historias.

Si os interesa todo lo que estoy contando, no os olvidéis que es un proyecto de la Fundación Harena y que continúa.

 

 

 

 

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Las pulgas como compañeras de viaje
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Rocío Gaspar | 22-02-2016 | 07:13| 0

Ya desde Málaga, pienso un enfoque para mi próximo post y no puedo más que rascarme por todo el cuerpo. Nos habían avisado de que Etiopía está llena de pulgas y poco a poco íbamos notando su presencia, pero en el viaje de vuelta, ya todos estábamos rascándonos por todo el cuerpo. Por eso cuando el último día fuimos de excursión por Debre Líbanos aprovechamos para coger aloe vera y aplicarlo sobre las picaduras. Bueno, todo es cuestión de higiene y un poco de paciencia. El picor desaparecerá, pero otras cosas ya formarán parte de nuestras vidas para siempre.

Las últimas horas en Etiopía han servido para conocer un poco de historia de este maravilloso país. Hemos visitado la zona de Debre Líbanos donde  se construyó el primer puente de Etiopía a manos de los portugueses. El paisaje es espectacular y nos aseguran que después de los meses de lluvia (junio, julio y agosto) es todavía más impresionantes porque está lleno de cascadas.

     

 

    

Después nos acercamos a la Iglesia Copta donde nos hicieron una visita guiada con nuestros pies descalzos sobre moqueta… “allí donde valláis, haced lo que veáis”… de ahí nuestros picores en el avión. Pero la visita mereció la pena, más que por su belleza, por lo curioso del lugar. Sobre todo la subida al pueblo, sus gentes, los paisajes, los monjes con la capa amarilla y una vez más, la pobreza y miseria.

 

   

El tiempo se nos termina. Las sensaciones son como las de despedirte de tu familia. Una semana intensa donde hemos visto, sentido y olido la verdad de un pueblo que se ha acostumbrado a vivir en la más absoluta miseria, rodeada de excrementos, desplazándose decenas de kilómetros cada día para recoger el tesoro más preciado, el agua. Un lugar que no está tan lejos geográficamente pero sin embargo parece que pertenece a la edad de Cristo.

Ahora desde mi ordenador de casa, duchadita con agua caliente y después de comerme a besos a mis niños, me quedo un poco vacía. Tengo una extraña sensación, no quiero que se me quiten los picores del cuerpo, no quiero que pase tiempo y el viaje se quede en una experiencia del pasado. Me gustaría sentir que Etiopía sigue conmigo cada día.

 

 

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La importancia de una buena alimentación
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Rocío Gaspar | 19-02-2016 | 11:19| 0

Etiopía es el segundo país más pobre del mundo. Con 91 millones de habitantes, uno de sus principales problemas es la escasez de agua y la desnutrición. Por eso, la Fundación Harena destina una gran parte de su aportación a la alimentación de los niños del Centro de San José de Muketuri.

Es muy importante saber que el colegio les ofrece a los 300 niños una formación y una alimentación equilibrada de desayuno y almuerzo diario, lo que supone para muchos de estos niños el único alimento que reciben durante el día.

En este viaje Marta ha revisado los menús y Quino, ayudado por Bea, está realizando un control de inventario de los alimentos que se consumen con la intención de sacar mayor rentabilidad y realizar un presupuesto para 2016 del que se hará cargo la Fundación Harena.

El centro cuenta con vacas y gallinas que aportan leche y huevos. Además, tienen un huerto de 1.400m con acelgas, cebollas, patatas, remolacha, zanahoria y lechuga. Nuestro querido José Luis instaló el año pasado un sistema de riego que está dando sus resultados, aunque todavía se pude sacar más partido, incluso se proyecta duplicar la superficie del huerto. Con la venta del excedente de leche, huevo y verduras se obtendrán beneficios para alimentar a los animales.

Los niños comen en el mismo aula donde dan clase. De la cocina salen las monitoras con el menú del día y lo reparten. Los niños comen de todo y he de decir que la comida está muy buena. Pero, antes todos los niños tienen que ir por orden a lavarse las manos. La higiene es otra de las cosas que se enseñan, ya que ellos no están acostumbrados. Nuestra cocinera Marta está incorporando nuevas recetas como las natillas o la tortilla de patatas.

 

Los niños desnutridos están tristes, caen en graves enfermedades, sus cuerpos y cerebros no se desarrollan y si la desnutrición se prolonga durante mucho tiempo les deja secuelas. Por eso es tan, tan, tan importante el trabajo que se hace en San José de Muketuri con estos niños.

De verdad os digo que estos niños de la Escuela de Muketuri son felices. Siempre con una sonrisa, con juguetes hechos por ellos mismos, con un palo juegan a conducir un tren. Las niñas se pintan las uñas y si les das un globo pueden estar todo el día entretenidos.

 

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La vida en Etiopía
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Rocío Gaspar | 18-02-2016 | 14:21| 1

Cada noche entro en mi habitación y me pongo a escribir, una selección musical elegida expresamente para este viaje me acompaña y casi agradezco no tener wifi para no distraer mi atención de esta experiencia tan asombrosa.

El momento de la cena con el grupo Muketuri al completo es de los más divertidos, comiendo jamoncito de El Pimpi y nuestra “habesha” (cerveza). Es en este momento cuando pienso lo afortunados que somos. La vida en Etiopía se escapa a todo entendimiento. Hay niños por todas partes, vestidos con harapos de mil colores, niñas bellísimas que se te acercan descalzas y te cogen la mano e intentan comunicarse contigo con palabras aprendidas en inglés o repitiendo lo que tú dices.

 

Entrar en una casa etíope es toda una experiencia. Utilizan los excrementos de los animales para construirlas, por lo que el olor es casi insoportable. Duermen sobre colchones renegridos. Llama la atención que empiezan a verse casas construidas con cemento, aunque todavía pocas.

Muketuri tiene 20.000 habitantes, su principal religión es la ortodoxa, seguida de la musulmana. Tiene una carretera que lo cruza, y electricidad y agua de vez en cuando en algunos puntos. Es el lugar donde se encuentra nuestra Escuela de San José. Las familias se dedican al comercio (hay muchas tiendas) o a la tierra, y las mujeres hacen compuestos de excrementos y paja que utilizan como combustible y venden. Los niños van a la escuela y por las tardes están en las calles, se les ve felices corriendo de un lado para otro, aunque la enfermedad y la miseria conviven con ellos.

Para cuando ya crees que lo has visto todo, la Fundación Harena nos lleva a visitar otros poblados más pequeños y retirados de la zona. En Gimbichu no hay luz y el agua la sacan de los pozos. Cuando abrimos la camioneta para repartir ropa no dábamos crédito, cada vez acudían más y más personas que salían por todas partes.

Mientras, los compañeros instalaban la bomba de agua en un pozo y el sistema de riego para una de las familias de la zona que ha demostrado su disposición y buen trabajo creando su propio huerto. Con este sistema su producción aumentará y deberán ceder una parte de los alimentos al comedor que se ocupa de 70 niños y embarazadas en el mismo poblado.

Estos pozos están ofreciendo una mejor calidad de vida en estas zonas tan primitivas.

Recorrer el norte de Etiopía de poblado en poblado atravesando esos paisajes de eucaliptos y la típica acacia africana salpicada de personas que te saludan al pasar es algo que ya nunca voy a olvidar.

Los hombres moliendo la planta del Teffe, el grano que utilizan para hacer la “enjira”, el plato más típico de Etiopía, como una torta de pan que todavía no me he atrevido a probar, pero lo haré.

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A trabajar
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Rocío Gaspar | 16-02-2016 | 13:13| 0

Os puedo asegurar que es tremendamente difícil para mí hacer un pequeño resumen de lo que hemos vivido estos dos días desde que llegamos a Etiopía. Los olores, las personas, la comida y, sobre todo, el paisaje es absolutamente sorprendente. Una forma de vida que jamás había visto y que, aunque me imaginaba, la realidad, como siempre, supera totalmente cualquier imagen que haya podido ver.

 

Os diré que en el momento en el que llegamos a Muketuri, a 80 maravillosos kilómetros de la capital, todos aplaudimos como el que consigue una gran proeza. Por la mañana fuimos directos a la Escuela de San José donde la Fundación Harena realiza su obra humanitaria.

 

 

Cuando vimos el recinto y los niños ya en el patio cantando, nos apresuramos a entrar. Tras el impacto inicial y conocer un poco las instalaciones, comenzamos a trabajar. Tenemos cinco días para hacer muchas cosas. Ceni, Bea y Pablo a la vaquería, hay que reformar algunas instalaciones e inclinar el suelo para que las 9 vacas estén mejor cuidadas y no se concentre el barro en la época de lluvia.

 

 

Marta a la cocina y Quino al almacén a hacer inventario, corregir errores y organizar mejor los alimentos.

 

Pastora organiza la ropa para repartirla y Angie nos supervisa a todos. José Luis y Nacho se han marchado a Gimbichu a iniciar la instalación de la bomba de agua y el sistema de regadío.

 

 

Y yo un ratito con cada uno para informarme bien de todo. Un completo reportaje de fotos y vídeo para contarle al mundo donde va la ayuda que durante todo el año recauda la Fundación Harena.

 

Estoy asombrada del gran trabajo que realizan las misioneras de la Congregación de San Pablo que han construido todo esto en medio de la nada para educar y alimentar a 300 niños maravillosos. Están saliendo fotos espectaculares, aquí es fácil, solo hay que apretar el botón.

 

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Sobre el autor Rocío Gaspar
Rocío Gaspar, periodista de Málaga, directora de la Agencia Pasedeprensa, Fue a Etiopía en 2016 con la Fundación Harena y ahora vuelve.