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La vida en Etiopía
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Rocío Gaspar | 18-02-2016 | 14:21

Cada noche entro en mi habitación y me pongo a escribir, una selección musical elegida expresamente para este viaje me acompaña y casi agradezco no tener wifi para no distraer mi atención de esta experiencia tan asombrosa.

El momento de la cena con el grupo Muketuri al completo es de los más divertidos, comiendo jamoncito de El Pimpi y nuestra “habesha” (cerveza). Es en este momento cuando pienso lo afortunados que somos. La vida en Etiopía se escapa a todo entendimiento. Hay niños por todas partes, vestidos con harapos de mil colores, niñas bellísimas que se te acercan descalzas y te cogen la mano e intentan comunicarse contigo con palabras aprendidas en inglés o repitiendo lo que tú dices.

 

Entrar en una casa etíope es toda una experiencia. Utilizan los excrementos de los animales para construirlas, por lo que el olor es casi insoportable. Duermen sobre colchones renegridos. Llama la atención que empiezan a verse casas construidas con cemento, aunque todavía pocas.

Muketuri tiene 20.000 habitantes, su principal religión es la ortodoxa, seguida de la musulmana. Tiene una carretera que lo cruza, y electricidad y agua de vez en cuando en algunos puntos. Es el lugar donde se encuentra nuestra Escuela de San José. Las familias se dedican al comercio (hay muchas tiendas) o a la tierra, y las mujeres hacen compuestos de excrementos y paja que utilizan como combustible y venden. Los niños van a la escuela y por las tardes están en las calles, se les ve felices corriendo de un lado para otro, aunque la enfermedad y la miseria conviven con ellos.

Para cuando ya crees que lo has visto todo, la Fundación Harena nos lleva a visitar otros poblados más pequeños y retirados de la zona. En Gimbichu no hay luz y el agua la sacan de los pozos. Cuando abrimos la camioneta para repartir ropa no dábamos crédito, cada vez acudían más y más personas que salían por todas partes.

Mientras, los compañeros instalaban la bomba de agua en un pozo y el sistema de riego para una de las familias de la zona que ha demostrado su disposición y buen trabajo creando su propio huerto. Con este sistema su producción aumentará y deberán ceder una parte de los alimentos al comedor que se ocupa de 70 niños y embarazadas en el mismo poblado.

Estos pozos están ofreciendo una mejor calidad de vida en estas zonas tan primitivas.

Recorrer el norte de Etiopía de poblado en poblado atravesando esos paisajes de eucaliptos y la típica acacia africana salpicada de personas que te saludan al pasar es algo que ya nunca voy a olvidar.

Los hombres moliendo la planta del Teffe, el grano que utilizan para hacer la “enjira”, el plato más típico de Etiopía, como una torta de pan que todavía no me he atrevido a probar, pero lo haré.

Sobre el autor Rocío Gaspar
Rocío Gaspar, periodista de Málaga, directora de la Agencia Pasedeprensa, Fue a Etiopía en 2016 con la Fundación Harena y ahora vuelve.