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Autor: Rocío Gaspar
Inestabilidad política en Etiopía
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Rocío Gaspar | 22-02-2018 | 2:47| 0

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Ya estamos aquí, con las maletas vacías y el corazón lleno.

Ha sido una experiencia realmente enriquecedora, como se suele decir, recibes mucho más de lo que das.

Los once voluntarios de la Fundación Harena hemos pasado unos días en Etiopía que recordaremos siempre, por las personas que hemos conocido, los lugares maravillosos que hemos visitado y lo útiles que nos hemos sentido llevando alegría, alimento y progreso a los poblados de Muketuri.

Este viaje ha estado lleno de complicaciones que ahora os puedo contar. La situación política de Etiopía es preocupante. A los pocos días de llegar empezaron las revueltas y cortes de carretera por el enfrentamiento entre tribus contra el plan de expansión urbanística en Addis Abeba en  Oromía. El caso es que la inseguridad nos mantuvo en la capital durante varios días sin poder trasladarnos a Muketuri, lugar donde teníamos que llevar todo el material e instalar los sistemas de riego.

Finalmente, conseguimos subir cuando se aclaró un poco la situación y hacer nuestro trabajo. La visita al poblado de Gore Ketema nos llenó a todos de alegría, ya pensábamos que no íbamos a poder hacer nada de lo programado.

En todo momento hemos estado muy bien, en hoteles y comunicados con la embajada que nos iba explicando cómo estaba la situación. La verdad es que cuando estás allí, a tantos kilómetros de distancia y en un país tan inestable y desconocido, todo se magnifica y surgen los temores.

El conflicto sigue, unos días antes de volver a Málaga, dimitió el primer ministro de Ethiopía, Hailemariam Desalegn y ahora se ha declarado estado de emergencia. Nosotros pudimos coger nuestro vuelo de vuelta con total normalidad y no presenciamos ninguna situación de inestabilidad o violencia en ningún momento.

Ya estoy pensando en volver el próximo año.

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Un día inolvidable en un poblado de Etiopía con el Málaga CF
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Rocío Gaspar | 16-02-2018 | 12:03| 0


Una cosa es que te lo cuenten y otra, muy distinta, es vivirlo. Hemos visitado el poblado de Gore Ketema en Muketuri (Etiopía) y la experiencia ha sido inolvidable. Antes de salir con los coches hemos preparado las bolsas con ropa, zapatos y juguetes para las familias y equipaciones del Málaga Club de Fútbol para los chavales. Además, otro de los coches cargaba todo el material necesario para instalar el sistema de riego alrededor del pozo recién creado en la zona.

El camino hacia el poblado era de difícil acceso, empedrado, pero de una gran belleza. Al llegar, decenas de personas, niños correteando, mujeres con sus hijos a sus espaldas y chavales curiosos se acercaron a nosotros. Una parte del equipo de la Fundación Harena fueron hacia el terreno donde se empezó a instalar el sistema de riego, mientras la otra parte nos encargamos de repartir las bolsas con ropa a las familias.

Lo más divertido y emocionante llegó cuando sacamos las equipaciones del Málaga Club de Fútbol y se las entregamos a los chavales, que minutos antes nos miraban con cara de “chulitos” y nada más ver la ropa y el balón, cambiaron completamente el gesto.

Es gente alegre, agradecida y muy cariñosa. Este pozo supone un cambio tan importante en su día a día que estaban locos de contentos: “Ya no tendremos que caminar kilómetros para buscar agua”, nos decían. No paraban de dar las gracias y hacer ese sonido con la lengua que son sus aplausos. Luego llegó la fiesta con cánticos y fuimos a visitar sus casas y a buscar un buen sitio para poner el nuevo comedor, ya que gracias al huerto, su alimentación cambiará. Por eso también se mandará a una persona para enseñarles a cocinar estos productos.

Tuve la oportunidad de comunicarme con gestos con un grupo de mujeres más o menos de mi edad, les regalé unos pendientes y nos echamos unas risas. Te das cuenta de que, a pesar de la gran diferencia cultural, ya que ellas viven como en el Neolítico, no somos tan distintas entre nosotras.

Ha sido, sin duda, la mejor experiencia del viaje. Etiopía es un pueblo maravilloso, a pesar de su extrema pobreza y la gran inestabilidad política por la que atraviesa, en estos lugares tan recónditos se viven momentos de felicidad y un poco de progreso.

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Tres nuevos pozos en Muketuri (Etiopía)
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Rocío Gaspar | 14-02-2018 | 1:08| 0

En Etiopía la primera causa de mortalidad es la diarrea por consumo de agua en mal estado. Las niñas no pueden ir a la escuela porque necesitan hacer hasta 20 kilómetros cada día para conseguir agua y después transportarla en un bidón de 20 litros.

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La importancia de la creación de pozos es vital y de eso sabe bastante un español que lleva 13 años en Etiopía abriendo pozos. Su nombre es Francisco Moreno y ayer estuvimos un buen rato escuchando su historia.

Él es el responsable de la creación de tres nuevos pozos en la zona de Muketuri, en los poblados de Jebene, Arkiso y Gore Ketema, con una media de entre 3.000 y 4.000 habitantes cada uno. Según palabras del propio Francisco: “perforar un pozo en Etiopía cambia la vida a miles de personas”. La gran sequía que padece Etiopía y la inseguridad alimentaria hacen que estas acciones sean prioritarias y, tras abrir los pozos, es fundamental llevar a cabo un seguimiento. Es aquí donde entra la Fundación Harena y nuestro estupendo grupo de voluntarios.

El proyecto de Fundación Harena, gracias al apoyo del Ayuntamiento de Málaga y la Diputación Provincial,  pretende aumentar la capacidad de autoabastecimiento de la población rural de Muketuri. Para estos tres pozos también se ha contado con la colaboración de Pozos sin Fronteras y el Parlamento Andalúz.

Para ello, nuestro perito agrícola y todoterreno José Luis Torrecillas, de 76 años de edad y unos 200 invernaderos instalados en El Salvador, ha organizado toda la mecánica necesaria y materiales para la creación de 52 huertos en los tres poblados con su sistema de bombeo por energía solar y riego por goteo, además de llevar a cabo una formación a jóvenes de la zona para que puedan mantenerlo, aunque esto último es un poco complicado ya que al etíope le cuesta trabajo mantener una disciplina por cuestiones culturales. Por tanto el agua del pozo cobra mayor importancia, ya que servirá tanto para consumo humano con garantía sanitaria como para crear unas nuevas prácticas agrícolas y de nutrición que, como dice Paco, hará que cambie por completo la vida del poblado.

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José Luis Torrecillas carga el coche para llevar el material de riego al poblado

 

LOS TRES POZOS

La creación de estos pozos fue un encargo de Lourdes Larruy, la directora del centro de San José de Muketuri. Dos de ellos han sido subvencionados por el productor de cine Ibón Cormenzana que incluso hizo un documental para recaudar fondos. El tercero de ellos es el de Gore Ketema y detrás de él hay una bonita historia.

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Paco Moreno había ido al Colegio de Los Olmos en Madrid a dar una charla y, tras ella, padres y alumnos decidieron recaudar los fondos necesarios para hacer el pozo, un precio especial por tratarse de una acción tan interesante para concienciar a los más pequeños de la importancia del agua. Los padres y los alumnos hicieron multitud de actividades y consiguieron el dinero. Hace unas semanas inauguraron el ya conocido como El Pozo de Los Olmos. Ahora, gracias a la Fundación Harena, contará con una bomba de agua asistida por energía solar con placa, huerto y sistema de riego por goteo, y dos acumuladores de 10.000 litros, uno para riego y otro para consumo humano. Allí se instalarán 20 parcelas de 50 metros cuadrados con plantación de acelgas, zanahorias y remolachas, entre otros.

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PACO MORENO

Todavía estoy impactada tras escuchar el relato de Francisco, más conocido como Paco Moreno, que a sus 30 años pasó de dirigir un exitoso bufete de abogados en Madrid a emprender la aventura de su vida.

Un buen día decidió visitar Etiopia para realizar un voluntariado con la orden de Teresa de Calcuta. Veintiséis amigos se unieron a su iniciativa y se fueron un mes, según Paco, muy duro, porque aprendió a curar heridas que jamás haría imaginado que existían, y pudo vivir el sufrimiento de ver morir al menos cuatro personas al día.

A pesar de todo ello al año siguiente volvió, pero esta vez de los 26 solo le acompañaron dos. Esta experiencia le hizo tomar una decisión que cambiaría su vida para siempre. Cerró el bufete  y se fue a Etiopía a vivir para crear un centro de salud en Afar, unas de las zonas más deprimidas de Etiopía. Hoy día es el hospital más importante de la zona y ya pertenece al Estado.

Creó la Fundación de Amigos de Silva y, desde hace algunos años, se dedica a abrir pozos en distintos puntos de Etiopía. Solo el año pasado (2017) creó 18 pozos, entre ellos algunos de los de Muketuri.

Paco está casado y tiene dos hijos. Ha dedicado su vida por completo a ayudar a los demás de la mejor forma que se puede en un país tan pobre y seco, que es abriendo pozos.

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Paco Moreno

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Addis Abeba, una ciudad de contrastes
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Rocío Gaspar | 12-02-2018 | 11:24| 0

Vuelvo a Addis Abeba, capital de Etiopía, dos años después y descubro una ciudad en plena construcción, con una población que ya sobre pasa los 7 millones de habitantes y una situación que sigue siendo realmente precaria, a pesar de los esfuerzos por mejorar.

Llama la atención que el 90% de la ciudad está llena de esqueletos de edificios en construcción, algunos parecen abandonados como uno que nos cruzamos envuelto en plástico de colores como si fuese un paquete destrozado, ¡menuda imagen!

Si te fijas bien, te das cuenta que los andamios que utilizan los “obreros fantasmas” (porque no se ve a nadie trabajando), son de madera, lo cual nos dejó a todos impresionados ya que se trataba de edificios de cierta altura. Me recuerda a este juego de quitar palos uno a uno hasta que se cae todo.

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Al doblar una esquina nos encontramos con un grupo de mujeres, algunas de edad avanzada, trabajando en la obra de una carretera, quitaban trozos de piedra y arena, con pico y pala y con sus sombreros y largas faldas. Mientras un grupo de hombres andaba de arriba para abajo supervisando el trabajo.

Desde luego no se puede decir que la mujer etíope esté relegada  a la casa y sus niños, trabaja como la que más, sólo que… parece que es la que hace el trabajo más pesado. De hecho es curioso ver a los hombres con talante más relajado realizando sus costuras en algunos de los puestos o paseando de un lado para otro… haciendo sus gestiones, lo que yo llamaría MERCADEANDO.

 

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Curioso, todo muy curioso… digno de ser analizado con detenimiento. Aunque os aseguro que las mujeres jóvenes etíopes vienen pisando fuerte, cada vez más preparadas, cada vez más preparadas y convencidas de querer hacer su propia vida.

Con todo ello, la luz de Addis Abeba es especial, su mercado es un fiel reflejo de la forma de ser de su gente alegre, colorida, aunque un poco dejado, conformista…pero buena gente y todo hospitalidad, como esta pareja de novios que nos encontramos y nos invitó a entrar.

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Y junto a todo este mundo de mercadeo, descaro y pobreza, hay un pequeño oasis con algunos de los hoteles más lujosos del mundo como el Sheraton o el Hilton o incluso la tienda donde venden el café más rico del mundo, El Tamoca, que por fuera es una especie de edificio ruinoso aunque la gente cruce medio mundo para ir allí a comprar café etíope, el mejor café del mundo.

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Por cierto yo ya he comprado mis cinco o seis bolsas de café. ¿Alguien quiere?

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¿Por qué vuelvo a Etiopía?
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Rocío Gaspar | 06-02-2018 | 9:53| 0

Mucha gente me pregunta por qué vuelvo a Etiopía. Después de la experiencia de hace dos años con la Fundación Harena, ya debería haber saciado mi curiosidad o mis ganas de vivir una experiencia única. La verdad es que si preguntas a cualquier persona que ha ido, si volvería, la respuesta será que si en un 90% de los casos, a pesar de los temores, a pesar de las incomodidades, a pesar de los pesares, Africa atrapa y si la visitas a través de una ONG con un proyecto de ayuda, ya no hay remedio, formarás parte de ella para siempre.

Quiero volver por varios motivos, bueno, en realidad son miles, pero los resumiré en unos pocos.

Quiero ver cómo se llevaron a cabo todas las obras que pusimos en marcha hace dos años en el Centro Educativo Materno Infantil San José de Muketuri, cómo ha crecido el huerto, cómo han arreglado el establo donde estaban la vacas, si el gallinero se ha ampliado tal y como sugerimos y cómo se siguen manejando en la cocina después de las recomendaciones de mi querida Marta Brinckmann que este año no nos acompaña.

Tengo muchas ganas de conocer los nuevos poblados que vamos a visitar donde ya hay pozos y tenemos que analizar las necesidades que tienen para iniciar todo el protocolo de ayuda.

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Tengo unas ganas tremendas de volver a ver los paisajes de Africa con sus maravillosas acacias. Y me muero de ganas de volver a verlos a ellos, sobre todo los niños y niñas que conocí.

Como en la vez anterior, mi objetivo será contar todo lo que ocurra en este viaje. Por una parte os mantendré al día a través de este blog si la conexión a internet nos lo  permite. Y por otro lado voy a realizar una serie de vídeos y fotos para desarrollar un completo trabajo multimedia a mi vuelta, con perfiles que buscaré para mostraros la verdad de Etiopía en primera persona.

Hablando con mi amigo Andrés Olivares, nos hemos preguntado qué ocurre con el cáncer en estos países. Parece que no exista esta enfermedad para ellos (sería la única). Quiero informarme bien sobre este asunto.

Y por último, lo que más me ilusiona de todo es que este año me llevo a mi hermana Cristina conmigo a vivir la experiencia.

Como veis, tengo sobrados motivos para volver a Etiopía, así que deseadme suerte que salimos el viernes.

 

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Sobre el autor Rocío Gaspar
Rocío Gaspar, periodista de Málaga, directora de la Agencia Pasedeprensa, Fue a Etiopía en 2016 con la Fundación Harena y ahora vuelve.