ROBERTO MERINO, EL MAGO DEL BALÓN



Tenía las imágenes del post de hoy ovidadas en el fondo del archivo de Canal Málaga. Hace poco, buscando otra cosa, me topé con ellas.

Datan del año 2003/2004, la primera temporada del Málaga B en Segunda. Un equipo que a todos nos enamoró.

Goitia (Lara), Manolo, Mario, César Navas, Rubén, Alexis, Iván Hernández (Roberto Merino), Juanma, Nacho, Paco Esteban y Geijo.

No está mal, ¿verdad?

El filial adquirió una personalidad propia y con el paso de la competición fue dejando atrás la bisoñez con la que empezó su andadura en la categoría de plata. Era un equipo valiente, formado por un puñado de jóvenes talentosos muy bien llevados por Tapia, trataban con gusto el balón y se sentían identificados con el escudo que vestían. Era un equipo hecho a sí mismo, con mucho que ganar y poco que perder.

Entre todos, el peruano Roberto Merino era uno de los más carismáticos. Se dio a conocer en España merced a un vídeo suyo haciendo piruetas con un balón, “acariciando la gordita” como él dice. Os puedo decir que he visto a pocos jugadores con su exquisita técnica. Algunos lo han llegado a comparar con Diego Armando Maradona.

Marco Barranquero y un servidor quisimos constatarlo una tarde y nos marchamos a El Viso para comprobarlo. Al espectáculo circense se unió Perico, otro as de las filigranas.

“Robi” llegó al Málaga tras pasar por las canteras del Barcelona y del Mallorca y tras jugar, gracias a su doble nacionalidad, con la selección española sub 18.

Aquí no tuvo suerte. Se rodeó de amistades indeseables ajenas al fútbol y la noche hizo el resto. Se le empezó a ver más en las discotecas de moda que en los campos de fútbol. Vivía en un barrio marginal de Málaga con el único fin de identificarse con su ciudad natal, la deprimida Chiclayo, en el Perú.

Salió de Málaga para recalar en el Servette suizo. Allí llenó campos y portadas de periódicos. “El nuevo Maradona”, le decían. Pero nada, al poco tiempo cayó de nuevo al pozo… Después, Ciudad de Murcia y Atromitos de la Superliga de Grecia, donde aún sigue.

Nos cuentan que lleva una larga temporada de baja por depresiones y problemas psicológicos. Los que mantienen el contacto con él aseguran que no es el mismo de antes, que no es el “Peru” gracioso, extrovertido e inocente que conocían. La enfermedad de su padre (y representante) al que siempre ha estado muy unido ha sido uno de los detonantes de su situación.

A veces, por desgracia demasiadas, la cabeza no acompaña al talento. Hasta en eso se parece a Maradona.

¡Ánimo Peru!

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Diario SUR

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