Antonio Tapia pasó de héroe a villano en meses.
Tras una labor sorda en el filial, cogió al primer equipo “maleducado” por el profesor Manzano y lo salvó con suficiencia (sin desmerecer ni olvidar los goles de Baiano).
Fue una segunda vuelta inmaculada y con partidos inolvidables como el 1-6 en Pamplona o la victoria en Sevilla (prima del Betis incluida).
Después, con toda una pretemporada por delante y un proyecto ilusionante ante sí, Tapia se fue minando el camino con sus propios errores.
Dudó (y reculó) en el caso Duda, lo que le restó crédito entre una plantilla que dejó de creer en él. Sabían que tras tragar con la imposición del club de no alinear al portugués, su entrenador ya no iba a dar la cara por ellos.
De un día para otro, sus hasta entonces productivas sesiones de vídeo se volvieron cansinas y el vestuario, comandado por unos pocos que no le perdonaban su actitud de funcionario, lo aniquiló de una manera sutil ¡qué paradoja!
No me voy a detener a comentar lo que pasó en aquel vestuario porque sería largo y aburrido. Aquello fue lo más parecido a un Gran Hermano, con grupitos, estrategias y mucho juego subterráneo cuando no había cámaras de por medio. Los nefastos gestores de antaño hacían el resto alimentando el mal ambiente en el entorno.
Nosotros, en su día, quisimos hacer un símil con el “reality” de Tele 5. Simulamos una noche de nominaciones gracias a las esperpénticas imágenes de la rueda de prensa en la que se vetó al Grupo Vocento en Málaga y resumimos en una ardua labor de archivo las mejores imágenes de “Toni” Tapia (así lo llamaban algunos de sus pupilos en el filial) en su etapa malaguista.
Todo estaban nominados, pero sólo uno abandonó la casa…
Fue nuestro homenaje al más puro estilo Gran Hermano.








