Queridos boquerones y visitantes variopintos, siempre bienvenidos:
Recuerdo una anécdota que leí hace mucho (disculpen si la cuento mal) en alguno de los cuatro tochos de ¨La historia mágica de España¨de Fernando Sánchez Dragó. Un profesor, en pleno rapto pedagógico (o sobreactuado, eso nunca se sabe), repetía casi en éxtasis teresiano los nombres de nuestros dos grandes místicos del dieciséis para captar la atención de sus alumnos universitarios. La reflexión posterior de Fernando me hizo mucha gracia pues venía a decir que, cuando somos jóvenes, tenemos piel gruesa y correosa cual un paquidermo y a él y a sus compañeros aquella perorata ex abundantia cordis no les hizo el menor efecto.
A lo que iba. Los efectos de un buen maestro en los alumnos suelen no mostrarse de inmediato (eso lo sabemos todos, pero especialmente los alumnos que hemos sabido escuchar, respetar y dejarnos enseñar) y es necesario que la vida nos haga decantar las experiencias. El eco de las cosas enseñadas bien y con pasión suele llegar muy lejos y sirve de mucho cuando los años van pasando.
Para que una idea, un sentimiento o un concepto sean aprehendidos (perdonad la pedantería) por los alumnos hay que sudar tinta china.Y disparar con fuerza al corazón y a la cabeza. Disparar a matar con flechas de montero. A matar el aburrimiento y el hastío. A matar la vulgaridad y la malicia. Lo malo es que cuando los alumnos valoran lo que les enseñaste o te has muerto o estás hecho un@ lady Gaga. Lo sabemos los padres y lo sabemos doblemente los padres que somos maestros de adolescentes.
Y después de este rollo, os presento un libro escrito desde la escuela y para la escuela en el que- más allá de bobas e interesadas polémicas sobre los cuentos- creo ver anunciada una nueva sensibilidad. Y he tenido la inmensa suerte de contemplar el crecimiento de la historia en el colegio en que trabajo y el honor de ser amigo de la autora, Daisy Valls.
Aquí transcribo lo que intentaré decir mañana (ya hoy en Málaga) en la presentación del libro en el Centro Cultural Español de Miami.
Mi última clase de Daisy Valls.
Cuento ganador de la convocatoria de narrativa
¨Migraciones: Mirando al Sur.¨
Gracias a todo el equipo de nuestro centro. A Daisy y a Sergio por compartir.
A Eduardo, por inspirarnos siempre. A mi familia, que anda por ahí sentada al completo.
Usaré una soleá para empezar. Decía y escribía nuestro paisano don Antonio Machado que
Se miente más de la cuenta
por falta de fantasía:
También la verdad se inventa.
Daisy ha realizado una hazaña literaria. La que más nos puede emocionar a los maestros y profesores. Ha inventado tesoneramente y con mucho oficio una verdad poética de las que no se olvidan. Ha partido de un mundo al que no se le da la debida y fundamental importancia y se tiene en poco en nuestras sociedades: la escuela pública. Una escuela de barrio que sirve a familias humildes y trabajadoras.
Ha partido de un aula- su siempre acogedora aula-, de una maestra dedicada, inteligente, dulcemente irónica y cautivadora. Y, por supuesto, de una alumna muy especial.
Este día a día de lo que pasa en las clases de nuestros hijos es el cañamazo que sirve a nuestra autora para desovillar delicadamente el hilo de una conciencia juvenil que florece. Se llama Solángel Murillo. Daisy nos muestra con sensibilidad y profundo conocimiento la intimidad de un yo en la encrucijada de la adolescencia. Llena de incertidumbres y de miedos (como todos nosotros) pero también plena de sed de vida y de ilusiones.
Me pareció ya desde que nuestra chef lo cocinaba (gracias por compartir desde un principio) un libro de aventuras y de mucha acción (íntima, por supuesto). No porque aparezcan seres azulados o verdiamarillos ni dragones ni vampiros. Sino porque lo cotidiano se ha metamorfoseado por obra de la mera imaginación y de la fantasía en estado puro. Y esto no es poco ni creo que haya sido tarea sencilla. Solángel ha entrado gracias a la mano de nieve de Daisy en mi galería de personajes inolvidables.
Y… ¿por qué? , se dirán ustedes…
Pues por varias razones que tienen que ver con cuatro personajes clásicos de la literatura.
En primer lugar, Solángel es empática y entiende a los que la rodean demasiado bien. Llega a justificar a los adultos cuando actúan (actuamos) mal. Y a pesar de ello, no llega a penetrar muy bien la causa de tanta torpeza en los mayores.
En segundo, es curiosa y aventurera y, por lo tanto, valiente. Nos gana para su causa desde el principio.
Por último, es fantasiosa sin boberías. De una manera muy intelectual y consciente. Su fantasía demuestra madurez pues le sirve para definirse en el mundo. La imaginación desbordante y su conciencia siempre alerta le sirven de escudo protector frente a un mundo imperfecto y, con frecuencia, hostil.
A mí sin remedio me ha recordado a una niñita cubana del diecinueve que se perdió por la barranca de todos y comenzó a entender la vida. Pilar, la jovencita martiana, que se da perfecta cuenta de que Dios aprieta y puede ahogar de lo lindo. Y que nuestros caprichos deben aprender a esperar.
También me ha evocado a otra niña clásica. La princesita dariana del poema
¨A Margarita Debayle¨. Que se fue en busca de una estrella porque la quería …
…para hacerla
decorar un prendedor,
con un verso y una perla,
y una pluma y una flor.
No nos olvidemos de los personajes varones. Hay algunos- y ahora paso a la literatura juvenil europea- que comparten muchos rasgos de carácter con Solángel.
El primero de ellos es Bastián Baltasar Bux, ese encantador muchachito alemán que huyendo de unos bullies (macarras, chulos, guapos) que le torturan busca refugio en una librería llena de fantasía.
Y el último protagonista clásico sería el Jujú de Ana María Matute. Este, como anda rodeado por tres mujeres que lo atosigan con su implacable cariño, debe inventarse un barco de ensueño en el caramanchón de la casa y acoge en él a un desconocido que huye de las injusticias de la vida.
Solángel reúne la empatía de Pilar (se esfuerza por entender los conflictos familiares que la envuelven), la inocente curiosidad de la princesita traviesa y angelical y, lo que nos cautiva por encima de todo, la búsqueda fantástica de su ideal. Ilusionante nos podrá parecer a unos. Quimérico y absurdo será para otros. Como Jujú y, en mayor medida, como BBB, nuestra catrachita (apelativo que se da a los hondureños) vencerá porque sigue el curso de su estrella sin desfallecer nunca. Ese es el valor de su ejemplo.
Trasciende ( y no soy exagerado) a los cuatro y los sintetiza muy bien. Ese es otro gran logro de este libro: ha creado un personaje muy complejo que se desarrolla y crece ante nuestros ojos. Creo que se halla mucho más próximo a nuestra sensibilidad contemporánea. Solángel es moderna y vive este mundo convulso que ni ella ni nosotros hemos elegido. Y se enfrenta a él con corazón puro y la coraza áurea de su fantasía.
Y su corazón- pascaliano sin necesidad de leer a Pascal- va desgranando razones que la razón lógica nunca ha conocido. Razones de mucho peso moral. Irrefutables.
Por supuesto, he leído el libro con fruición muchas veces y más veces lo he de leer. En la pública y bendita intimidad de mis futuras clases. Y le prometo a la autora que su criatura poética ha de realizar la empresa que sólo para Solángel estaba guardada. La de despertar la sensibilidad de muchos de nuestros alumnos, de hacerles más empáticos, más valientes y curiosos, más fantasiosos…Más ellos mismos.
Porque Mi última clase es un libro lleno de verdad íntima y poética, de verdaderas evocaciones y de sueños posibles. Y como el meláncolico don Antonio empezó, dejémosle a él terminar cuando nos recordaba que
¨ De toda la memoria, sólo vale
el don preclaro de evocar los sueños.¨
Daisy, de todas las ficciones las que más nos valen y nos hacen mejores son las que, como tu cuento, nos regalan el don preclaro de evocar nuestros más escondidos y recónditos- pero no menos deseados- sueños. Gracias. Lo has conseguido.
En Coral Gables, a 12 de Abril de 2010.

