Feliz 2017!

Tengo este blog abandonado; y supongo que la mayoría de los que empezamos el blog de “Malagueños por el mundo” igual. El tiempo pasa y se nos va en otras cosas… Hecho de menos los artículos de Lucas y sus pensamientos, mientras sobrevivía los inviernos Daneses -que deben ser de órdago- y los rincones interesantes o curiosos que Carola nos encontraba en Nueva York.

Hoy de casualidad he visto el enlace al blog en mi ordenador y he releído algunos de los artículos. Cuanto tiempo ha pasado! Eso fue del 2008 al 2010!

Con respecto al mío, me he reído con algunos de los viejos artículos, y me he dicho que al menos si alguna sonrisa pude arrancar, para algo ha servido el blog. Algunas personas se interesaron por Suiza y uno de mis lectores se animó a venir aquí… ahora vive con su familia a unos doscientos metros de mi casa y tiene un buen trabajo aquí en una empresa muy interesante. Le costó al principio, como a todos, pero se peleó con constancia hasta hacerse su sitio aquí. Bravo, Rafa!

Carola, Lucas y los otros – y nuestros queridos lectores, Rafa el primero -, si leéis estas líneas, mis mejores deseos para un muy Feliz 2017!!!!

PS: Gracias al Diario SUR por haber guardado el blog y por este nuevo interfaz de escritura de lujo. Si lo hubiésemos tenido hace unos años aun estaríamos escribiendo… a ver si me animo.

El Virus de Diciembre

Al principio yo creía que era una enfermedad. Luego, con los largos años y la observación meticulosa, he llegado a la conclusión de que probablemente se trate más bien de una malformación variación genética que aparece sobre todo en los Suizos Alemanes, principalmente en los de sexo femenino.

Se presenta el virus de diciembre con los siguientes síntomas: ansiedad, irritabilidad, malhumor, visitas intempestivas al armario de la cocina, recuento de su contenido, escritura de listas indescifrables, murmuraciones ininteligibles; en los casos graves, sudores fríos, insomnio, inapetencia; en los peores, aumento de la presión arterial, palpitaciones.

Según el mes de diciembre avanza, los síntomas aumentan en intensidad hasta que el sujeto no puede más. Y cuando ya no puede más… se dirige a la cocina y pasa un día (o dos, o tres) haciendo galletas. Sí, sí, lo habéis leído bien: galletas. Muchas, muchas –muchas- galletas. De todos tipos y colores. Yo las he bautizado en buen idioma Hispano-Suizo las galleterlis (pequeñas galletas) de Navidad.

A medida que el sujeto hace galletas los síntomas se reducen hasta desaparecer: retorno del buen humor, dilatación normal de la pupila, pulsaciones y presión arterial normal, etc.

Evidentemente cuantas más galletas haga, mucho mejor. Desde Ginebra hasta Romanshorn, Suiza se convierte en un fenomenal horno donde colores, olores y sabores se mezclan y se combinan al infinito en un Maelström de azúcar, harina y huevo; de glaseados de colores y chocolate; de almendras, nueces y pistachos; de canela y vainilla.

Pero como a menudo en Suiza, ahí es donde empieza el problema: cuando en su afán de perfección y de previsión rompen las barreras y los límites pasando de lo normal a permitirme el esperpento.

En buenas amas de casa, ordenadas y previsoras -Suizas, vaya- siempre con una finalidad en todo lo que hacen, las Suizas hacen como acostumbran, es decir, cuando hacen algo… lo hacen a fondo. Y por hacer, hacen MUCHAS –muchísimas- más galletas de las que una familia normal se comería en unas Navidades. De lo que Gargantua se comería en un su vida. De lo que necesita el Fondo de Alimentación de las Naciones Unidas para hacer del Sudán un país de gorditos. Vaya, que no me extrañaría nada que si miráis hacia el noreste desde Málaga pudierais ver la montaña de galletas, más alta que el Cervino -sin exagerar.

Porque el asunto, amigo, no es hacer galletas como para cargarte la balanza del cuarto de baño –aunque no se merezca mejor suerte la muy chivata, por cierto-. El verdadero asunto es compartir galletas, es regalar galletas, es intercambiar galletas. Como los cromos de mi niñez o las estampas de futbolistas: Una saquito de galletas para la vecina, otro para la maestra, otro para la tía, otro para el sobrino, otro para la mamá, el abuelo, el cuñado, el amigo del tío del hermano político del suegro de la portera.

Es en previsión de que le tienen que machacar el colesterol y hacer hiperglucémicos y futuros diabéticos a medio país que se pasan las tardes con la espátula en una mano y la minipimer en la otra. Y después, hale, a regalar saquitos de galletas primorosamente decorados con motivos navideños.

Como todos hacen lo mismo, por más que regales galletas, tu stock no hace más que aumentar con saquitos de galletas ajenas. Se multiplican por doquier en la cocina, como conejos, como las ratas en las epidemias de peste de la Edad Media; como los panes y los peces se multiplican, milagrosamente. “Esas me las dio la vecina de enfrente” “¿Ya has probado las galletas que me dieron en el trabajo?” Y tú pensando en el traje para ir al trabajo que te compraste un poco justito hace un mes.

En mis incomodas noches de pesadillas de mala digestión, una avalancha desborda las fronteras de la dulce y pacífica Helvecia e invade Austria, Alemania, Francia e Italia con ríos de galletas como Panzers

Caramba, hablando de todo esto, se ha hecho la hora de merendar. Me voy a la cocina a hacerme una taza de té y… seguro que encuentro algo de comer.

La vida sigue

Hace ya algo más de un año que no escribo una entrada en este blog. Y es que en un año han pasado muchísimas cosas, y no sabía por dónde empezar otra vez.

Desde otoño pasado tuve el privilegio de acompañar a mi hermano en algunas batallas de su guerra por la vida. Diez años mayor que yo y casi gemelos, muy parecidos, por suerte genéticamente iguales y al mismo tiempo bien diferentes; además, el era una estrella en su oficio de enseñar en la Universidad y yo soy un ingeniero (en el imaginario de mi familia que son de letras, un tío con un mono azul y grasa negra hasta los codos haciendo cosas raras) vendido al oro del capitalismo privado.

Al final, el perdió la guerra con muchísima dignidad a finales de mayo y yo me quedé con alguna cicatriz en el cuerpo, que ya sanaron hace mucho, y una en el alma que a lo que veo llevará más tiempo. Y hasta hoy, un poco lamiéndome las heridas. Pero para los que nos quedamos la vida sigue, como dicen siempre, ¿verdad?

La culpa de que escriba otra vez la tiene José María Bilbao, que desde Bruselas me puso una nota en el blog y que hace semanas ya que me daba mala conciencia. Bueno, pues aquí estoy.

¿Qué contar de lo que ha pasado en Suiza, el objetivo de este blog, en ese año? Muchas cosas han pasado…

Par empezar, la crisis, por supuesto. Lo de la crisis ha sido una bendición para los Suizos que por fin han tenido la demostración de lo que siempre han dicho, que si les va bien es un espejismo y un estado temporal de las cosas.

Y tienen razón, les ha ido fatal, fatal.

El paro, por ejemplo. El paro ha subido de un inquietante 3,7% a un estratosférico 3.8% y amenazó con subir más… antes de bajar y quedarse como estaba. Menos en el cantón de Ginebra, que es del 8%. Esa anomalía se debe en parte al gran interés de los ginebrinos por ser todos funcionarios públicos. A nadie se le ha ocurrido que si nadie produce algo que vender fuera de los servicios públicos, de donde va a venir el dinero que el gobierno reparte… un detalle técnico, sin duda. Como de todas formas, los demás suizos consideran que Ginebra no es Suiza sino Francia, no pasa nada.

Los bancos, como no. La Unión de Bancos Suizos, o UBS, después de haber jugado al Monopoly (¿el Palé en Español?) en los EE.UU. a riesgo de cargarse a la banca, tuvo que pedirle un “prestamito” al gobierno suizo de tropecientos chiquitillones para no irse a pique. Un escándalo. Sin embargo, en un año se recuperó, devolvió el préstamo con intereses (con lo que el gobierno -y todos los ciudadanos evidentemente- ganamos con la operación unos cientos de millones) y ahora vuelve a la normalidad. Esperemos que no vuelva a las andadas. Lo de la UBS merece un artículo entero. Panda shorisos… y la malísima prensa que eso ha dado, unos inconscientes, vaya. Desgraciadamente la demanda judicial contra la UBS se ha quedado en agua de borrajas y no les van a meter mano en Suiza. Y a los americanos los han comprado dándoles los nombres de unos miles de sus propios ciudadanos defraudadores de impuestos, para que tengan un hueso que roer a cambio de la impunidad. Fíate tu del secreto bancario…

El Gobierno tuvo el detalle de acabar el terrible 2009 con un superávit de gastos públicos de más de mil millones, creo que único país de Europa en no acabar con números rojos. A pesar de lo cual, en vez de hacerle una estatua al ministro de finanzas lo han echado por nulo –¿será que no gano tanto dinero como se esperaba? Misterio-. Lo digo solo por si se os ocurre un empleo para este señor… aunque la verdad es que en Suiza los ministros son de cuchara –ni pinchan ni cortan-, el departamento funciona solo.

La realidad es que como en Suiza la banca solo representa algo más del 10% del PIB –a pesar del tópico tan difícil de erradicar que dice que aquí se vive del cuento y de la pasta ajena y no de trabajar- y la mayoría del resto del PIB viene de la industria de exportación, los suizos han continuado tranquilamente a venderles a los demás (Alemania, Estados Unidos…) lo que solo ellos saben producir (electrónica de bajo consumo, maquinas herramientas de alta precisión, equipo de medidas laser, relojes atómicos, medicinas…) y no nos hemos casi enterado de la crisis, pasando este año por delante de Suecia, Singapur y los EE.UU. a ser el país más competitivo del mundo según el WEF http://www.weforum.org/en/initiatives/gcp/Global%20Competitiveness%20Report/index.htm.

Sí que se ha notado la crisis en un aumento de la emigración de ciudadanos de países pobres, por ejemplo, los alemanes -150,000 de más en un año, que para un país de 6 millones es enorme-. Eso ha dado pié a el partido más de derechas, que son un poquito xenófobos dicho sea de paso, para hacer votar hace una semana una iniciativa para expulsar automáticamente de suiza a los extranjeros que sean culpables de un delito grave. En eso los suizos son como los demás europeos, no les gustan los alemanes. Empiezo a pensar que es el único factor común que identifica a Europa…

Este asunto de la votación me hace llegar a un punto de los que me gusta subrayar en esta crónica, porque si no, pasa desapercibido. Con respecto a la votación ene lla misma, de momento ni entro ni salgo para no alargar este artículo, aunque ya habrá tiempo de hablarlo todo.

Lo que me llamó la atención es que en la lista de crímenes graves que explícitamente se citaban en la propuesta de esta votación se incluyen la violación, el asesinato, el robo con violencia grave y… el abuso de bienes sociales. Y es que en este país, en el octavo puesto mundial por el bajo nivel de corrupción, http://www.transparency.org/policy_research/surveys_indices/cpi/2010/results

declararse en el paro y seguir trabajando o engañar a un seguro es, sencillamente, socialmente i-n-a-c-e-p-t-a-b-l-e… ¿a que da mucho que pensar?

Ahorraros los comentarios para decirme que son unos aburridos y que en España se vive mejor: ya lo sé, hay ahora 30 cm de nieve en la calle y un frío de narices. Cuando hablo con ellos para bajarlos de su planeta y que vean la realidad alrededor siguen pensando que las cosas van fatal y que hay que trabajar aun más duro.

Y a pesar de todo eso, a mi por le menos, lo del abuso de bienes sociales como “crimen máximo” me sigue dando mucho que pensar, porque me parece que en otros sitios es el deporte nacional.

Otoño

El trabajo, como no, pero también problemas de salud en mi familia en Málaga me han acaparado completamente la atención, y, sinceramente, me han quitado del todo la inspiración -y las ganas de escribir. Y ya al caso, las de hacer cualquier otra cosa.

Este último fin de semana, que además fue anunciado como el último cálido antes de la llegada del mal tiempo –hemos tenido un principio de otoño encantador- era el último momento para ir al bosque y la verdad, necesitaba salir y andar unos kilómetros para ponerme las ideas en su sitio.

Siempre me ha encantado en Suiza que hay cuatro estaciones de verdad, muy marcadas y completamente diferentes.

Los paisajes Suizos son variados y el campo y el bosque lo mantienen como si le hicieran la manicura. Pero esta vez, quizás por la sensibilidad especial que llevaba con todo lo que me pasaba por la cabeza, los colores, las formas, la luz, me han puesto las cosas en su sitio, me han devuelto la paz interior y me han parecido de una belleza que transpira tranquilidad… es decir, muy Suiza :-)

Las fotos van de lo más alto del bosque hasta las viñas bajando al lago. Juzgad por vosotros mismos…

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Los suizos y la construcción.

En Suiza es imposible que ocurra un “ladrillazo” como el que ha pasado en España.

Y no hago esta afirmación porque en Suiza no haya especulación inmobiliaria, que la hay como en cualquier otro sitio más o menos, sobre todo en la superpoblada Ginebra –no es que Ginebra sea una ciudad tan grande, es que es tiene un terreno minúsculo encajonado en las montañas.

Pero es que en Suiza hasta hace poco casi no se ha construido con ladrillo.

Efectivamente, el ladrillo, material de construcción poco sólido y no muy fiable a los ojos de los locales, no merece su confianza para albergar sus familias y sus vidas bajo un techo.

Aquí, el material de predilección para construir es el cemento, sobre todo en la variedad hormigón y si es posible hormigón armado, de preferencia con barras de acero como puños. Eso es algo sólido y fiable a los ojos de esta gente.

Yo creo que tienen una gran relación emocional con la piedra -nada mejor que una buena piedra-, eso si que es sólido. Durante siglos las usaron para (a) tirárselas en la cabeza a los austriacos -ya desde los tiempos de Guillermo Tell- con muy buenos resultados, o (b) construir las muy amenazadoras fortalezas medievales que pululan por todas partes, como las de Bellinzona que protegen los pasos del San Gotardo, Lukmanier, San Bernardino y Nufenen. Por cierto, esas fortalezas se las “regalaron” los confederados al Cantón del Ticino cuando este se unió a la Confederación Helvética. De esa forma, ese “regalo” les aseguró que los Ticineses les defenderían las espaldas, ya que Belinzona es el camino obligatorio para el paso de San Gotardo que comunica con el corazón de Suiza. Siempre tan prácticos, qué pillos…

Los Suizos han pasado casi directamente de la piedra al hormigón, con el que parece ser que mantienen una relación muy intensa ya que a base de túneles y búnkeres de hormigón, que cementaron los Alpes durante la segunda guerra mundial, hicieron el queso de Gruyere que va de frontera a frontera siguiendo las montañas en lo que el imaginario local llamó “el reducto” que iba a impedir la invasión alemana. Después de la guerra siguieron “hormigonando” porque una vez que el bajito con bigotito despareció, el nuevo malo era otro gordinflón más al norte con un bigote más grande. Venga a hacer túneles.

Los años 50, 60 y 70 marcan el apogeo del hormigón armado con la imposición obligatoria en cada nueva construcción del simpático e inútil refugio antiatómico que al menos nos permite guardar vino a la temperatura ideal –única utilización real de esas construcciones en este país de borrachuelos-. He visto hasta inmuebles de pisos enteros de cemento incluidas las paredes y el techo -un horror para vivir-. Se lanzaron a poner hormigón por todas partes, en la construcción de parques y edificios públicos, en obras de urbanismo ciudadanas -como el Valle de la Juventud en Lausana que es un bodrio hormigonero pero que tiene en el jardín la más maravillosa colección de rosas que he visto nunca.

Desgraciadamente, muchos de esos horrores que jalonan el país estarán ahí todavía por varias generaciones dada la naturaleza de este tipo de construcciones y el empeño de los Suizos por construir para la eternidad.

El clímax hormigonero esta marcado por la construcción de la presa de la Grande Dixence, verdadero monte Olimpo de la construcción civil Suiza y tarjeta de visita de sus empresas de ingeniería civil para enseñar lo que son capaces de hacer cuando se les pone algo entre ceja y ceja. Con sus 285 metros de alto, esta presa es capaz de sumergir la torre Eifel bajo sus aguas –menos la antena-. Ha sido construida con la burrada de seis millones de metros cúbicos de hormigón y tiene un peso tan grande (millones de toneladas) que deben continuamente medir sus desplazamientos, dilataciones, etc. Como no hay quien se la imagine, pongo una foto. Se la ve al principio de una película de 007 en la que evidentemente, un malo se cae (haciendo aaaaahhhh!!!…durante un buen ratito). Para el que le interese la técnica, produce casi 2 GigaWatios (como una central nuclear) con una caída de agua de 1,880 metros de altura directo sobre turbinas Pelton de más de 420 MW. Es toda una lista de records en un solo sitio. La capacidad de retención es de 400 millones de metros cúbicos, es decir, el día que se rompa la presa salimos todos en los papeles, primera página.

Evidentemente, después de hacer esto, o bien se quedaron exhaustos (necesitaron unos 15 años para hacer la presa) o bien se les acabo el hormigón. Creo que esta construcción marca el fin de la manía hormigonera, ya que aunque todavía siguen usándolo ya nada podrá hacerle sombra al monstruo que marca el apogeo de la construcción civil -a lo bestia- en Suiza. Ahora han descubierto por fin los ladrillos, pero no los normales de toda la vida, sino los ladrillos aislantes térmicos high-tech ecológicos. Faltaría más.

Con respecto a la construcción privada, es primero importante subrayar que los suizos viven, en gran mayoría (casi 80%), de alquiler. El mercado está por lo tanto adaptado y existen múltiples sociedades de gestión que se encargan de los cobros, los seguros, las renovaciones y el manejo de las cuentas y contratos entres los propietarios (cajas de pensiones la mayor parte) que no tienen que hacer más que pagar una comisión a estas compañías que lo hacen todo, verdaderas instituciones de poder además de ser un muy buen negocio.

Las razones de tanto alquiler son múltiples, desde su sentido practico –movilidad en función del sitio de trabajo, ajuste de la talla del apartamento en función de los hijos, ausencia de gastos de reparación sino un coste fijo, etc.- hasta el coste de la construcción aquí, que impide a muchos acceder a la propiedad.

Efectivamente, la ley no anima a ser propietario ya que por un lado en Suiza además del impuesto de la renta se paga un impuesto a la fortuna, y evidentemente, una propiedad inmobiliaria es un elemento de fortuna importante. Además, para “igualar” las condiciones con los que viven de alquiler en el impuesto de la renta, a los propietarios se les aumenta la renta de un valor teórico calculado en función de la superficie y año de construcción del inmueble llamado “valor de alquiler”; es decir, lo que teóricamente debería pagar si estuviera en esa casa de alquiler y no la poseyese.

Conclusión, no vale la pena construir para no pagar alquiler porque te lo cargan de todas formas en los impuestos. O construyes pero nunca acabas de pagar tu casa para que puedas deducir por lo menos los intereses de la deuda a un nivel que contrarreste el valor de alquiler.

El coste de la construcción en Suiza es elevado, en parte debido al clima (aislamiento térmico) pero sobre todo por la calidad de los materiales empleados: como dije antes, el suizo construye para la eternidad. Aunque no es tan caro como Málaga donde en vista de los precios yo diría que las casa las hacen de oro. Otro día me lo explicais, porfa, porque no comprendo como una casa en Málaga con el tipo de construcción que hace falta en un sitio cálido vale igual o más que en Suiza donde hace un pimporrón bajo cero en invierno.

El suizo construye pensando que la casa la hace él, que su hijo la acabara de pagar, que su nieto vivirá en ella sin problemas y que el biznieto tendrá que empezar a ahorrar para darle una primera manita de pintura y darle unos retoques. Donde cualquier alemán o francés pondría canalones de recogida de agua de la lluvia de PVC, el suizo los pondrá de cobre, y aun con mala conciencia porque dentro de cien años habrá que quitarles la pátina verde, etc, etc…

Es un caso aparte y que merece discusión lo del agua caliente. En mi niñez en Málaga, el agua caliente era un termo eléctrico que se instaló para acabar con los baños en los barreños, y que había que calcular bien para que el último se pudiera duchar con agua tibia por lo menos.

Los suizos tienen ataques de ansiedad e hiperventilan pensando que no haya bastante agua caliente y ponen en practica sistemas que aseguran el flujo continuo y eterno, desde el simple calentador -a gas ciudad, no bombonas- hasta sofisticados sistemas geo-termales, pasando por sistemas de distribución de agua caliente generada por la comuna o el barrio, por ejemplo quemando madera pulverizada de los sobrantes del mantenimiento de los bosques.

En Inglaterra, país al que voy por mi trabajo desde hace muchos años, si abres el grifo de agua caliente, o bien no pasa nada o bien se oyen unos rumores de ultratumba que recuerdan a la sala de máquinas del Titanic en el momento de darse el morrón, y unos minutos después, un tímido hilo de agua tibia sale –si sale- del grifo de agua caliente –diferenciado del de agua fría todavía en pleno siglo XXI-. En todo este tiempo no he encontrado todavía un cuarto de baño en condiciones, ni en hoteles del lujo –por cierto, tampoco uno sin moqueta-.

En Suiza, a los dos segundos de abrir el grifo, sale un chorrazo de agua a presión a la temperatura ideal para desplumar pollos. Cuántas veces no me habré achicharrado las manos hasta el tuétano con el $!#&% grifo de la $!&@ agua caliente de los ¢ç@+£#€$! en un cine o un restaurante en el que el gracioso de turno dejó el grifo con la caliente puesta al máximo. (Por cierto, aquí un pensamiento emocionado dedicado a sus mamás, que espero que se duchen después de que lo hagan sus sádicos hijos).

Para mi es condición suficiente para apoyar las convicciones personales de que (a) el apogeo de la ingeniería británica acabo con la reina Victoria y que (b) el pasado campesino de los suizos los hace prever la posibilidad de tener que desplumar gallinas en cualquier momento.

En la construcción moderna, toda la artillería de la tecnología actual se usa en ventanas triples con aislamiento de vacío o gases que transmiten poco el calor, ladrillos aislantes, calefacción a baja temperatura a través del suelo, recogida de aguas de lluvia para riego, normas draconianas de aislamiento (ver Minergie http://www.minergie.ch/minergie_fr.html ), sistemas de calefacción por bombas de calor aire-agua (que te calientan las casas extrayendo el calor del aire circundante – creerlo, al parecer funciona hasta temperaturas exteriores de 20 bajo cero) o a través de circulación forzada de aire de chimeneas tradicionales por toda la casa, en fin….

Tengo amigos cerca de la frontera con Alemania -en un sitio bien fresquito en invierno-, que han hecho una casa con las normas Minergie que se calienta entera con una chimenea tradicional. El aire caliente no va fuera sino que es filtrado y enviado por toda la casa con un sistema de tiro forzado que renueva el aire –gracias a Dios porque si no, con tanto aislamiento se asfixiarían como en un submarino (Los Suizos odian las corrientes de aire). Estuve una vez por Navidad en su casa y la verdad, no estaba mal pero era un poco fresco para mi…A muchos al parecer les atrae construir para vivir así por pura convicción ecológica –sobre todo los suizos alemanes.

Yo siempre he creído que observar como son las casa en un país da una muy buena idea de como fue su pasado y como es su forma de pensar. El clima influye pero también la cultura, por ejemplo, con el mismo tipo de clima en Canadá y en Suecia, las respuestas a las exigencias de la naturaleza son muy diferentes.

En el caso de los suizos, la mezcla de sus gustos por la perfección, amor a la técnica y ecología militante (ver el artículo sobre las basuras) da una mezcla explosiva que tiene en su modo de construcción su mejor expresión. Su sueño es que el día en que el Universo se contraiga hacia otro posible Big-bang, solo quedarán en pié las casas de los suizos.

~New York, meeting point~

Vaya día lo de este sábado pasado.


Yo tenía que tomar el vuelo AA4707 de San Luís a Nueva York que sale hacia las ocho y media. Para eso, tengo que calcular el estar en el aeropuerto de Lambert a las siete, para lo que tengo que salir del hotel a las seis y media y por lo tanto me tengo que levantar a las cinco y media: afeitarme, ducharme, acabar la maleta, bajar, desayunar, pagar el hotel, subir, lavarse los dientes, poner la maleta en un taxi y hop al aeropuerto como una rosa. Todo está bajo control. O al menos eso creía yo el viernes por la noche cuando puse el despertador y me metí en la cama, hecho polvo después de una dura semana de trabajo.


Me desperté y miré el despertador. Las seis y veinte. Mecachientó. El despertador había sonado, chillado, saltado, implorado de rodillas y al final se había rendido y vuelto a un discreto mutismo al tomar nota de mi falta de entusiasmo por despertarme. Frustrado. Refunfuñando, seguramente.


Afeitarme, tres minutos, ducharme, cuatro minutos -como los gatos-, vestirme, otros tres; Dios mío que todavía hay que hacer la maleta -como tengo ya un vicio total con el trajín que me llevo, pues cinco minutos-, bajar, pagar, cinco minutos, saltar a un taxi, alaeropuertoporfavóquemelacargo. Vamos bien.


En el Aeropuerto, haz la cola, enseña el pasaporte, controla el billete, dile adiós a la maleta por si es la última vez que la ves en tu vida –lo que es probable-, dile “Yes, Sir” a todo lo que te pregunte el del control de seguridad menos a la pregunta “¿Es usted un peligroso terrorista?” o “¿Lleva usted una bomba en su equipaje de mano?” y pasa medio en pelotas el pórtico de seguridad –te piden que te quites los zapatos, la correa, la chaqueta, el reloj, el monedero, el escapulario de la Virgen del Carmen y de aquí a poco te pedirán que te quites cualquier implante metálico que lleves en el cuerpo, si es el cuello del fémur de titanio pues ya ves lo que hay-. Deja que te irradien el macuto con el ordenador, y si no suena, a veces te quedan unos minutos antes de embarcar –cada vez menos. A ver, café con una magdalena en el inevitable Starbucks de al lado de la puerta de embarque. Señor, que carreras.


Me di cuenta en ese momento de que con tanto correr se me olvidó coger una chaqueta o algo así e iba solo con unos vaqueros y una camisa. Bueno, me dije, no pasa nada, con el calor que ha hecho estos días en San Luis, que no he visto una nube en la semana…


Subo al avión, vuelo AA4707 para Nueva York. “Bienvenidos al vuelo AA4707 de American Eagle”, dice la azafata al micrófono, “con destino a Raleigh, Carolina del Norte”. Pausa. Mecachientódeltó. Veo rojo. Me levanto. La azafata habla dos palabras con alguien al lado y sigue: “Y continuación hasta Nueva York…”. Me siento. El señor de al lado me mira y leo en su mirada que se pregunta si a fin de cuentas no seré yo el peligroso terrorista que buscaba el paranoico del control de seguridad. Hoy no gano para sustos.

El avión despega y el piloto nos cuenta que después del huracán Bill -que me dejó tirado el sábado pasado cinco horas en Nueva York- se aproxima desde Florida el huracán Danny por lo que el vuelo va a ser “movido” y que no sabe si habrá retrasos en Raleigh o para aterrizar en Nueva York. Lo de que iba a ser “movido” fue un eufemismo. Me bebí la mitad del agua que me dieron, la otra mitad se la llevó encima la señora de al lado que a su vez compartió la suya con mi camisa. Esto parecía EuroDisney el día del masoquista.

Raleigh, parada y fonda. “Pedimos a los señores pasajeros en continuación de este vuelo para Nueva York salgan también del avión y lleven consigo todos sus efectos personales. Reembarcarán con el ticket del vuelo precedente en los mismos asientos”. Vale.

Corriendo al baño -tampoco se para qué porque ni me bebí la mitad del agua de mi vaso. Vuelvo a la puerta de embarque por la que salí. Dice ahora: Vuelo AA no-se-cuantos para Washington. Me restriego los ojos. Me empieza a dar la espina de que alguien me ha “echao un mal fario”. Pero vaya, vaya, vaaaya como estamos hoy…… Miro a derecha e izquierda y de casualidad veo en otra puerta dos mas para allá: “AA4707 Nueva York. Embarcando”. Han puesto otro avión para seguir el mismo vuelo. La remadrequelosparió. Ya nos lo podría haber dicho la especie de elefante con una peluca rubia, nada entre las orejas y un uniforme azul del otro avión.

Cambio de avión en cinco minutos, ya le puedo decir adiós a mi maleta, fijo.

Salto al avión y de nuevo le echo por encima el inevitable vaso de agua al peazo negro que me toca al lado — y uno de los dos cacahuetes que te da la generosa American Airlines. Entre bote y bote le pido disculpas educadamente porque es de los que si te dan una torta no queda sitio para la segunda. Como el también me ha duchado, no pasa nada. El de la fila de delante en vez de agua pidió jugo de tomate… Novato…

Llegamos a Nueva York. No llueve, diluvia. Aterrizamos, o mejor, nos zambullimos en la pista. El avión se para. Se para porque mi ángel de la guardia tiene que tener influencia y relaciones, porque no había ninguna ley física conocida que pueda explicar porqué se paró el avión tal como estaba la pista. Jesusitodemivida. Arzúmariiorzé.

A todo esto, las trece horas, mediodía en Canarias. A ver: me pateo el largísimo e interminable terminal de American hasta el AirTrain y de pura chorra me meto en el tren que es. Por una vez. A la primera. Queeee tío. Luego miro el mapa del Airtrain y veo que los dos trenes que pasan por esa estación van al mismo sitio, luego no tiene ningún merito. Vayapordios.

Saco las instrucciones de Carola, a ver como se va a su casa. Dice: “Tomas el Airtain y luego el metro A y te pones en cabecera de metro hasta la parada de tal y cual y luego cambias de línea a la de…” jozúúú, que difisi….y cinco líneas más de texto explicando como llegar a la casa desde la salida del metro. Me la voy a cargar, fijo. Veras tú que vamos a acabar llorando. Acabaré en Queens destripado por un macarra local. La llamo: “que voy payá” y pienso “si Dios quiere”.

Por una razón que nunca sabré, el tren se para en medio de nada un buen rato. Avanza diez metros. Se para. Avanza. Se para. Bueno, a este ritmo, llegaré justo a tiempo de volver al aeropuerto: Holacommotá-muá-muá-joélquetardesemehahechoadiós. Salgo en la parada y –¡oh, milagro!- ha dejado de llover. Otra vez de chorra he salido en la parada que debía por la puerta que debía y al llamar a Carola tal como quedamos, y cuando ya me veía perdido para siempre en las calles de Brooklyn, pidiendo limosna en las esquinas, me dice que viene a la salida del Metro a recogerme, que se le durmió la chiquilla y la saca. Ouf. Me salvó la vida.

Mientras viene, algo se mueve en la esquina donde estoy esperando. Que raro, una ardilla de ciudad. Pues se comerá las bombillas de los semáforos, porque otra cosa…


Me doy la vuelta y aquí está Carola con una gran sonrisa y una chiquitilla muy mona dormidita en su carrito. Como estoy en su terreno, ella lo cuenta mejor que yo – ver aquí. Me lleva a un restaurante Thai de su Brooklin de adopción donde todo está riquísimo y hablamos, como no, de nuestra Málaga y de la vida de exiliados que llevamos, de nuestras familias. Ya en los cafés, en otro sitio estilo pastelería de la abuela de las de cajas de cartón con pasteles y golosinas de las que ya creía que no quedaban, nos despedimos prometiendo escribir este artículo y me deja unos minutos después en la entrada del metro sin que nos haya caído una gota tras un agradable paseo entre soles y sombras. Que rato más agradable y que corto se me ha hecho…

Vuelta al Metro, me repito las instrucciones de Carola. A ver: La línea A dirección Queens pero cuidado porque hay dos ramales de trenes distintos en la línea A que va a Queens y uno no va al Aeropuerto y…etc… ¿Estaré en el buen arcén?… le pregunto a una señora, porque al parecer en el metro de Nueva York es de mal gusto poner un mapa o dar cualquier indicación práctica al turista (será que como no hay turistas en nueva York…). Que este no, que del otro lado. Ya estamos. Salgo pitando para el otro lado. Al subir las escaleras me para una policía, uniforme azul, pistolón, raza oscura, un metro sesenta siendo optimista, ciento veinte kilos en canal siendo muy muy optimista. Y me dice (en guiri, pero me dice): “Mahara, ¿donde vá tú con esa bulla?”. Y yo: “pos pal liropuelto”. Y me manda de vuelta a donde estaba, que por allá, si hombre, por allá. Cinco minutos más tarde, cuando veo pasar por el arcén contrario el tren que debería haber tomado yo, y después de acordarme de los honorables ancestros de la señora, me escabullo delante de sus narices sin que me vea y me meto en el tren siguiente en el otro arcén. Pero que día, oiga…

Ya en el tren, se pone a llover a cántaros y me digo que bueno, ya no me pilla la lluvia porque del tren voy directo a la terminal del aeropuerto.

Pues no.

Al llegar a mi parada y salir del tren bajo un chorro de agua como las cataratas del Niagara, me doy cuenta que no toda la estación esta bajo techo y mi vagón está bastante atrás.

Cincuenta metros en seis segundos, todavía estoy en forma. Lo que no hace que me haya mojado menos. Tengo que parecer el monstruo del lago Ness después de la ducha.

Me voy chapoteando hasta mi terminal pero me paran antes de la puerta de embarque: que el billete que tiene usted lo ha hecho American y como usted vuela con Swiss no lo lee la máquina, así que vuelva atrás –todo, todito atrás- hasta el área de registro de equipajes a que le reimpriman el billete y vuelva usted a pasar el control de seguridad…

(taparos las orejas)


Pero una vez que por fin todo está arreglado, tomando algo sentado en la sala de espera –algo bueno tiene que tener viajar tanto- viendo caer fuera la lluvia a cántaros me pregunto si todo esto no lo he soñado yo entre dos vuelos o bien es verdad, y Carola es la sonrisa y el sol de Brooklyn.


La educación (…y 2)

De vuelta de la pausa estival, incluida una corta semana de vacaciones en Málaga, justo esta pasada, de casualidad durante la feria aunque estuve más bien de visitas a familia y amigos, que es lo que hacemos los que vivimos fuera durante las vacaciones. No pude ir a la feria pero me llevé a hija y sobrinos al Tívoli para compensar. Y me pegué un par de ciegos de pescaítos que todavía estoy haciendo la digestión. Al volver de Málaga a Suiza el viernes vía Madrid me tocó en el avión con los jugadores del Málaga en pleno que se iban a las Canarias a un partido. Espero que este año lo hagan tan bien como el pasado. Suerte.

Ya de vuelta al trabajo, debo decir que este artículo le debe mucho al huracán “Bill” que me ha dejado tirado cinco horas además de las tres reglamentarias en una puerta de embarque en Nueva York este mismo fin de semana. Al próximo que diga que “que bien que viajas mucho” le hago una maldición gitana que se va a rascar con un rastrillo.

A lo nuestro.

Quisiera volver de forma más descriptiva y formal (y lamento que esta vez esto va a ser aburrido) al tema de la educación con una breve entrada par completar lo dicho y recalcar el último comentario en el artículo sobre educación de “flordelis” que viene muy al caso. Como bien se apunta en ese comentario, la diferencia más radical y la que tiene más impacto en la sociedad entre los sistemas educativos español y suizo es la existencia de una inmensa vía de en medio que orienta hacia la formación profesional, la llamada VSG o Vía Secundaria General. La escoltan a derecha e izquierda otros dos troncos menores, la VSB o Vía Secundaria al Bachillerato y la VSO, Vía Secundaria Opcional. El gráfico siguiente (en español y francés) es una comparación entre el sistema escolar Español y el del Cantón (Estado) de Vaud donde yo vivo. Por cierto, en una de esas que siempre me sorprenden, tienen el mismo tipo de gráfico con respecto a una docena de países (Inglaterra, Austria, Bosnia, Croacia, España, Francia, Italia, Portugal, Rusia, Rumania, Serbia, Turquía, Sri Lanka), supongo que son los que más extranjeros hay aquí. ¿No son la recaraba? Es como el chiste del de Alhaurín de la Torre que quería ir a Pekín, estos saben de nosotros más que lepe, y ¿que sabemos nosotros de los suizos? ¿Eh? (menos lo que leéis este blog, claro está)

Como se puede ver, la diferencia entre esas 3 ramas empieza hacia los 12 años. Todo sistema es discutible y cada cual puede tener su opinión, pero al menos este tiene la ventaja, fuera de teorías de funcionar. De funcionar aquí, es decir, no es necesariamente exportable.

El VSB prepara al bachillerato y después a la universidad. Solo va una minoría, los mejores al final del tercer ciclo. Los alumnos van en esos 3 años a hacer 28 horas a la semana de Francés, Alemán, Ingles, matemáticas, historia, geografía, ciencias naturales, educación artística y educación física. Y una entre cuatro opciones por unos 4 o 5 horas más: economía y derecho; latín; italiano; complementos de matemáticas y física. Y pueden cambiar el inglés por griego el último año. Vaya, esto es más o menos lo que era el bachillerato elemental antiguo. Prepara al bachillerato superior y llena los cocos a las pobres criaturitas con un pimporrón de conocimientos más o menos útiles y mas o menos teóricos. Nada nuevo por aquí.

El VSG es el tronco mayor donde van a parar la mayoría de los alumnos. El VSG lleva a la formación profesional (multivariada y desarrolladísima), las escuelas técnicas (como ingeniería técnica) y a un año de complemento para engancharse al bachillerato superior (es decir, como al final del VSB pero haciendo un año más. Hacen de forma más ligerita el francés, Alemán/Ingles, matemáticas, y una asignatura común de “conocimiento del mundo” que lleva historia, geografía, ciencias naturales, economía y derecho; además hacen educación artística/artesanal y educación física. Italiano en opción. En el 8 y 9 año hacen un proyecto interdisciplinario en grupo que deben defender oralmente y los lleva a trabajar en grupo y unir diferentes disciplinas.

El VSO, a donde va una minoría, lleva principalmente a… acabar el VSO (la escuela obligatoria). Las clases son reducidas para permitir que el alumno tenga un seguimiento más de cerca. Hacen de forma mucho más ligerita francés, matemáticas, y una asignatura común de “conocimiento del mundo” además hacen educación artística/artesanal y educación física. Tienen muchas opciones, unas 6 horas a la semana en que pueden variar entre idiomas, técnica (dibujo técnico, matemáticas, informática…). El VSO también tiene un curso de puente con el VSG, por lo que un alumno al que no se le despierten las neuronas hasta los 14 o 15 años, puede en teoría encontrarse en el bachillerato superior aunque con dos años de retraso.

¡¡¡¡¡Ouf!!!!!

Gracias por seguirme hasta aquí. Quisiera añadir, si queda alguno leyendo todavía, que a mi este sistema no me parece nada mal.

El resultado es que funciona visiblemente.

Hay muy pocos alumnos que con la variedad de niveles y opciones no llegue al final de la enseñanza obligatoria sabiendo algo muy en línea con lo que van a hacer después.

Es además un elemento de integración importantísimo. Y ahora, tras dos generaciones de pruebas y cambios, muy eficaz. Si haces la escuela en Suiza, vengas de donde vengas, al salir, por tu forma de pensar y trabajar, eres Suizo/a.

Y al menos, no te tiras muchos años de esfuerzos inútiles para hacer por narices un título en competencia feroz con otros ciento y la madre, para luego no trabajar en lo que estudiaste, con lo que estas frustrado, y ganar mil Euros, que por lo que me cuentan y por desgracia es la norma en España: he visto licenciados de guardia municipal y titulados superiores dándose tortas por ganar unas oposiciones de administrativo.

El nivel de entrada en el bachillerato superior y luego en la Universidad es altísimo al ser una minoría de alumnos del mejor nivel que no van al ritmo de los que, en el caso que conozco que es el de España, están allí pero no deberían estar. Como ejemplo, para llegar al nivel del primer año de Universidad, los alumnos que no vienen del bachillerato Suizo precisan un año complementario para ponerse al nivel. Por ejemplo en Ingeniería, principalmente de matemáticas, física y química. Y puedo personalmente certificar que no es un pegote proteccionista porque a mi me convalidaron 3 años de Ingeniería técnica por los dos primeros y a pesar de eso me tuve que matar a estudiar como un burro para ponerme al nivel de mis compañeros de tercero. Vaya palizas me metieron.

Los pocos que van al VSO los van a seguir de cerca y encarrilarlos de suerte que suelen acabar haciendo profesiones manuales (cocineros, administrativos, secretariado o asistente de algún tipo) o algunas profesiones que no precisan ser una lumbrera como por ejemplo presidente de gobierno, aduanero, ministro, político/vendedor de coches, en fín, una de esas cosas.

La mayoría de los alumnos, que van al VSG se encuentran con una formación general de muy buen nivel y preparados para las escuelas técnicas y de formación profesional, que pululan por doquier y están muy bien consideradas. El resultado es técnicos de alto nivel para la industria de maquinaria y relojería muy bien pagados y considerados, electricistas y fontaneros que electrocutan y fontanan como Dios manda, y yo he visto hasta pintores de brocha gorda que se te cuentan el último método de pintura en metales por carga electrostática y se saben la gama Pantone al dedillo. En resumen, una gloria saber que si tienes que llamar a un carpintero no va a hacerte pedazos de tu casa, aunque lo que te haga te valga unos buenos dineros. Profesionales con mayúscula, bien respetados socialmente, haciendo un trabajo limpio, bien pagados.

La palabra chapuza no se puede traducir, no lo entenderían. Y eso me va a dar pié para hablar la próxima vez de las consecuencias en la vida de todos los días de este sistema, y empezaré por contar como construyen las casas aquí. Eso si que es de risa.



Calvino: 500 años

Este año se celebra en Suiza los 500 años de Jehan Cauvin o Jean Calvin o Calvino el reformador, pero se celebra especialmente en Ginebra, la cuidad en la que sus ideas triunfaron y en gran medida se hicieron realidad y practica cotidiana.

Quisiera detenerme por una vez en esto, porque aunque en España la religión predominante sea la Católica y esto que en si es solo una noticia local (conferencias, teatro y otras actividades quizás sin relevancia mundial pero omnipresentes aquí) es importantísimo si queremos comprender la base de las diferencias entre la cultura Española y la Suiza.

La religión históricamente predominante en Suiza la que forja el espíritu de los locales es el protestantismo, no en las versiones más o menos folclóricas de los EE.UU. sino en las versiones originales y puristas de Calvino –en la parte francesa- y Lutero –por la mediación de Zwingli en la parte alemana-. El catolicismo se limita a algunos Cantones con menos potencial económico (la Suiza original, bastante pequeña, que es la que provee en personal a la Guardia Vaticana) y al Ticino, Cantón de origen italiano bastante periférico. Solo es desde la mitad del siglo XX que la inmigración masiva de españoles e italianos inclina la balanza al 50%-50% actual entre los cristianos –ya que empieza también a haber un porcentaje creciente de otras religiones, principalmente musulmanes.

Calvino, a pesar de no ser perfecto y mandar al tostador al español Miguel Servet, como se recuerda a menudo en España, hizo cosas buenas. Por cierto que Calvino no hizo churrascos con Servet por descubrir la circulación de la sangre como dice la leyenda en los países católicos, lo que equivale solapadamente a decir que Calvino era un burro, sino por desavenencias teológicas sobre la Trinidad, ya que Servet era también un teólogo protestante, detalle que se olvida estratégicamente. También hay que apreciar que en el mil quinientos y pico se hacían brochetas con la gente por un si o un no, preguntárselo a los Hugonotes Franceses que se escaparon a Suiza para evitar la pira, que era la forma de limpieza étnica de la época (claramente había más bosques y más madera que ahora). Lo de los hugonotes lo usan los protestantes como nosotros usamos a lo de Servet así que mejor dejémoslo en tablas, ¿vale?

Además, los hugonotes, mayoritariamente artesanos, se instalaron en las montañas del Jura y fueron el origen de la industria mecánica de precisión que inició después la industria de la relojería en Suiza. Mira por donde, si no fuera por las guerras de religión ahora Rolex sería una marca Francesa. Quizás perdimos en glamour pero ganamos en precisión.

Como decía, y a pesar de lo que puedan haberos contado otras fuentes, Calvino no tenía cuernos ni cola larga ni olía a azufre. Bueno, no mucho, porque al parecer en sus primeros años en Ginebra hizo la escabechina típica de principios de toda revolución. ¿Locuras de juventud? Mejor no menearlo.

Fuera de esos “detalles”, entre otras cosas muy prácticas, Calvino hizo una que cambió la dirección de Suiza y que con el tiempo sacaría al país de la miseria milenaria de la agricultura de supervivencia y la exportación de mercenarios como método desesperado de subsistencia para proyectarlo hacia el país que es ahora, culto y rico; vaya, “exitoso” que dirían mis amigos latinoamericanos; que democrático ya lo era desde que echaron a patadas a los Austrias a finales del siglo XIII. Otra ocasión que nosotros no supimos aprovechar, mira tu, con la de líos en que nos metieron los Austrias.

Bueno, pues lo que Calvino hizo de bien, que no dejo de irme por las ramas, –además de escribir “La institución de la religión cristiana”, obra mayor en la que se sientan por primera vez las bases de la reforma- fue fundar la academia de Ginebra y declarar y realizar prácticamente en una generación la enseñanza obligatoria, gratuita y con igualdad de oportunidades para todos, sin exclusión. Con lo que nos llevan casi cinco siglos de ventaja, porque eso lo hemos conseguido en España esta generación, por lo que aprendí últimamente. Vale que Suiza sea más pequeña. Pero siguen siendo un buen par de vueltas de ventaja.

Además de la importancia capital que adquirió la educación con Calvino, y lo que conlleva de igualdad de oportunidades, su influencia realmente modeló la forma de pensar, la visión del mundo y los valores cotidianos de los Suizos y luego por extensión de los Holandeses, Ingleses y Norteamericanos: Sí, en gran parte el liberalismo económico anglosajón, del que estamos justo este año “disfrutando” los efectos y dudosos beneficios se debe a Calvino, mira tu por donde. (Gracias, macho, el personal te queda agradecido, la próxima vez miras antes de abrir el pico, ¿vale?).

Contra las ideas de predestinación de Lutero, Calvino apoyaba más las ideas de libre albedrío, y por tanto una visión más positiva y optimista de la vida (Lutero era la depresión suicida garantizada) y en particular, la idea de la superación personal, del control que cada humano tiene de su propio destino y de lo que puede construir con su esfuerzo personal a lo largo de su vida. Esto explica en mucho la manía que tienen los Suizos con matarse a trabajar.

El lado bueno es que da gusto trabajar con los Suizos porque del primero al último, la calidad de su trabajo es un asunto personal en que les va el orgullo, que seas el que limpia los servicios o Dios Padre en tu empresa; todos son igual de empecinados en hacer un trabajo perfecto, a tiempo, son abiertos a la crítica y atentos a las ideas de mejora, minimizan la administración y las jerarquías son casi inexistentes, son accesibles a todos los niveles y manejan al personal por el respeto a su experiencia personal y no por su posición jerárquica; en resumen, unos amorcitos y un gustazo si te interesa tu trabajo.

Para mi eso explica porqué los Suizos son, y es solo un ejemplo entre los muchos que se pueden contar que yo cuento por haberlo vivido, los únicos en el mundo capaces de hacer una maquina que corte metal con una precisión de 40 nanómetros, http://www.gfac.com/gfac/products/wire-cut-edm/top-end-accuracy/index.en.html

cosa que ni los americanos ni los japoneses saben hacer con mil veces mas recursos. Y es que cuando hablamos de algo semejante, que son palabras mayores, si cada uno de los implicados en ese proyecto desde el primer bosquejo de diseño hasta el último tornero o electricista en la cadena de montaje no rinde al 200%, al final obtienes un montón de chatarra carísimo que es lo que le pasa a los Americanos y Japoneses en este caso particular. Lo mismo con el resto de la industria de precisión Suiza, que no está aquí por casualidad.

El lado malo, es que fuera de la vida profesional y el trabajo poco espacio queda para todo lo demás, como por ejemplo… euh… ¿vivir?

Es interesante leer el artículo de opinión de El País del 14 de julio pasado sobre Calvino, titulado “Con la ayuda de Calvino” que podéis encontrar aquí:

http://www.elpais.com/articulo/opinion/ayuda/Calvino/elpepiopi/20090714elpepiopi_3/Tes

Comento el artículo, que habla de las lecciones y enseñanzas de Calvino sobre “pensamiento a largo plazo, ahorrar para las futuras generaciones, sobriedad y ética profesional” que espero he comentado bien para vosotros y que tanto faltan en nuestra sociedad de hoy contra “la avaricia, la preocupación por el dinero y el egoísmo” preponderante (dice el articulo). Curiosamente, son las ideas de Calvino las que originaron en Holanda e Inglaterra lo que se convirtió en el capitalismo actual.

Y dice al autor que la vuelta al puritanismo y rigor original es lo que nos puede sacar de este atolladero en que los “capitalistas de pacotilla” nos han metido…

A favor o en contra, no sé, a cada cual de ver como lo siente, pero por lo menos reconocer la gran influencia de Calvino en nuestra sociedad actual y nuestra vida de todos los días.

Ay, Calvino, Calvino, en que lío nos has metido…

Los suizos y la educación.

Perdonarme que hoy me voy a poner serio porque este es un asunto que se toma muy en serio aquí.

Tuve la oportunidad a mitad de junio de ir unos días a España, aunque no a Málaga. Estuve en Asturias para una celebración muy especial de una persona también muy especial para mí y que me es muy querida.

El evento era el nombramiento de Doctor Honoris Causa por la Universidad de Oviedo de un profesor de la Universidad de Málaga, y durante los discursos y presentaciones que allí se hicieron, se me antojó que me encontraba muy en sintonía con lo que allí se trataba, con las ideas y el espíritu de lo que se celebraba, que no era más –ni menos- que el encumbramiento de más de 30 años de estudio y dedicación a la tarea del enseñante, del profesor y del investigador en Educación al que allí se hacía homenaje.

No me parece eso cosa común en la sociedad española actual, al menos por lo que puedo ver desde fuera en periódicos y telediarios, en que creo que se celebra mucho más al que consigue dinero rápido y fácil, incluso mas o menos por el engaño (el famoso pícaro español, figura desconocida en cualquier otra literatura del mundo), al famoso que vive del cuento sin dar ni golpe o a otros bichos por le estilo que pululan en las páginas de los periódicos o que la TVE Internacional nos castiga antes del telediario en el programe Gente, del que me suele tocar ver los últimos dos o tres minutos. Nos veas la imagen que damos. Internacionalmente, además. :-)

Sin embargo, ese día en Oviedo se hablaba de trabajo personal, de dedicación y esfuerzo, de lo que se consigue a través de toda un vida abocada a una causa por la que se cree y por la que se esta dispuesto a vivir un poco peor, a tomar una ruta mas difícil, aplazando algo del vivir diario por un futuro en el que se proyecta el presente, una causa por la que apostarse la vida.

Y la verdad, de golpe me sentía como en Suiza, en lo que ahora es mi casa desde hace ya 27 años y con la cual obligadamente desarrollé lazos culturales, valores nuevos y otra forma de pensar. No quiero ser moralizante, sino explicar como son y piensan los suizos, el objetivo de este blog. Y como mi teoría personal, quizás no muy original, es que la religión y la educación forman -con el clima- el talante de un pueblo, voy a intentar explicar un poco la visión que de la educación se tiene aquí, y porqué en Suiza a mucha gente le daría vergüenza decir que mandan a sus hijos a una escuela privada. ¿Suena raro?

Para comprender esto hay que tener en cuenta la influencia del pensamiento protestante, y en particular de Calvino, en la vida cotidiana y por extensión y asimilación posterior en la psicología y los valores cotidianos de los suizos. Como es un tema principal para comprender a los suizos le voy a dedicar otra entrada seria (pero prometo limitarme en eso e intentar volver a contaros el lado cómico de Suiza en cuanto acabe).

En los 500 años desde Calvino, Suiza ha construido a su imagen y semejanza una maquinaria educativa eficaz, formidablemente extensa, bien precisa y aceitada y en cierto modo implacable. Prueba de ese éxito es la integración de un 20% de extranjeros sin el menor chirrido cuando en otros países un porcentaje muy inferior de emigrantes genera problemas sin número, y si no preguntarle a M. Sarkozy como le fue de ministro del interior con los barrios periféricos de Paris. En la clase de mi hija, de Suizos no hay ni la mitad, pero para cuando acaben la escuela, suizos lo serán todos.

La educación en Suiza no es asunto baladí, y está justamente aceitada a golpe de millones (una pasta gansa de los impuestos), no porque sean ricos, que hace 4 siglos no lo eran, sino porque siempre han antepuesto la educación a cualquier otra necesidad del Estado: cuando las cosas van bien porque hay dinero y cuando van mal porque no se puede hipotecar el futuro del país, las necesidades financieras de las escuelas a las universidades se discuten directamente en el consejo de ministros, el parlamento y son objeto de comunicaciones y animada controversia publica. Los directores de las dos escuelas de ingenieros de suiza (la mejor de Europa con Cambridge) reportan directamente al ministro de educación. Las Universidades de Ginebra (derecho) St. Gall (economía) y la Escuela de Ingenieros tienen renombre mundial. La mejor universidad cuesta unos 500 Euros el semestre. En Estados Unidos pueden ser hasta 100 veces más solo la inscripción.

Justo hace unos días leí la noticia de que España ha creado un fondo especial para desarrollar y potenciar las Universidades para tener a término alguna en las 100 primeras del ranking mundial, en la que hoy por hoy no hay ni una.

Un par de ejemplos como botón de muestra de como funciona esto en la vida de todos los días y con que mentalidad se lo toman:

Un niño en la calle un día de escuela, sea quien sea, comete virtualmente, “un crimen”. Si veis la película –que recomiendo muy vehementemente para el que quiera comprender la emigración española en suiza– que se llama “Un franco catorce pesetas” veréis una escena en que el hijo de unos emigrantes esta jugando en la calle, un policía lo ve e inmediatamente lo detiene. Fuerzan a sus padres a escolarizarlo, y cuando el padre desesperado porque no tiene dinero pregunta que cuanto le va a costar eso, lo miran como se mira a un marciano: la escuela es y ha sido siempre completamente gratuita, de la inscripción al último libro y casi al lápiz que se necesite.

Como ejemplo que yo vivo todos los días está mi hija, que va a la escuela pública, en una clase con 20 alumnos y 2 profesoras dedicadas a esa clase en exclusiva. Creo sinceramente que es la mejor educación que le puedo ofrecer aquí. Si en Suiza alguien te dice “mi hijo va a una escuela privada” la respuesta mas probable es “pobrecito, y ¿que le pasa?” porque la interpretación que muchos suizos harían es que les estas diciendo que tu hijo tiene un problema y no es capaz de seguir el alto nivel que impone el colegio universal, el del Estado, y necesita ayuda en un centro especializado. Vaya, que es tonto.

A sus 10 añitos ya no necesita que nadie le controle ni le revise las tareas, lo hace ella solita porque sabe que al final del próximo ciclo de 2 años, cuando tenga 12, se decidirá en gran parte su futuro. Pasará entonces una selección contra todos los demás niños del cantón (estado) que decidirá si puede tomar una vía, minoritaria, que la llevará al bachiller superior y posiblemente a la universidad, o una segunda vía, mayoritaria, hacia la formación profesional o una tercera, especial, que lleva a acabar la enseñanza obligatoria y a un posible aprendizaje manual. ¿Motivada? Imagina: A tope. Ella misma me hizo el comentario sorprendente, porque lo vio en una amiguita un poco mayor que no pasó, que si no lo hace bien en dos años (ninguna nota por debajo de notable) acabará de cajera en un supermercado toda la vida. No creo que cuando yo tuve 10 años me hiciera ese tipo de reflexiones. ¿Duro, pobrecita criaturita, tener que pensar así con 10 años? Quizás.

Pero ahí entra en juego la mentalidad y los valores que favorecen la cultura y religión locales y que han forjado sus valores: el esfuerzo personal y la dedicación como medida del valor de una vida al final de su recorrido. Es decir, en resumen: espabila y a trabajar, el trabajo es el camino de realización personal y la ética profesional la medida principal del valor humano. Vaya, unos muermos: ni pescaitos ni moscatel con mejillones –que estoy soñando con bajar a Málaga de vacaciones a pegarle un repaso a la Casa del Guardia, por cierto.

Las academias, tan presentes en España para complementar el bachillerato o la entrada en la Universidad, no existen, ya que la misma escuela organiza cursos extra si son necesarios para seguir el avance del alumno, al que se sigue uno por uno, individualmente.

El día que te convoca un profesor, mejor te aseguras que puedes ir, sea lo que sea es importante y prioritario. Si quieres sacar un día a tu hijo de clase para lo que sea, debes pedir autorización, y por escrito, al director general de las escuelas de tu comarca, no a su profesor. Si tu hijo no esta en el colegio un día de clase y no has avisado que este enfermo o no tienes autorización del director, te puedes encontrar con bastante probabilidad a la policía llamando a tu puerta, como en la peli que comenté antes.

Las escuelas privadas, que las hay, no suelen ser para los suizos, son mayoritariamente para los expatriados extranjeros que quieren que sus hijos sigan un currículo en Inglés porque no saben en que otro país estarán en 3 años y es la única forma de ofrecerles continuidad en la educación.

También están las famosas escuelas para hijos de magnates y presidentes donde se enseñan siete idiomas, como recibir invitados, bailar el vals y poner una mesa con 50 cubiertos a las futuras esposas de los futuros magnates y presidentes; escuelas “de pulido” que las llaman, que no tienen nada que ver con el sistema escolar. Esas si que valen un riñón, por cierto, pero sales con un montón de números de teléfono de amiguitos interesantes. Pero a esas, los suizos no van tampoco, es una excepción minoritaria aunque de mucho renombre fuera.

Hay que verlo así: Suiza no tiene nada, no tiene ni minas, no tiene mar, no tiene casi terrenos arables, no tiene casi riquezas naturales –algún bosque y las presas, recursos hidráulicos.

Solo puede exportar materia gris, cerebros que produzcan maquinas de precisión, tecnología rara, cuanto más cara mejor y que otros quieran pagar a buen precio. Y vaya si lo tienen claro. Para eso se han dotado del mejor sistema educativo que han podido construir, no el mejor del mundo (en Finlandia es mejor, y probablemente otros países escandinavos o del norte según el azar del informe europeo sobre la educación del año en curso). Y si ese año el informe PISA no es bueno es genuina causa de preocupación y se va a discutir alto y fuerte, desde la vecina hasta en el parlamento. Y nadie dirá ni pío si proponen subir los presupuestos de educación, ni siquiera pagados con una subida de impuestos. Les va en ello la supervivencia y su modo de vida, aunque los de fuera los apuntamos con el dedo por aburridos.

La calle mas larga del mundo

Otra vez estoy en Toronto por el trabajo; aprovecho para escribir en las horas de espera del aeropuerto, al parecer pasar horas esperando a que me pierdan bien perdidas las maletas o me manden mas o menos a donde debo ir -vía la cochinbamba, pernambuco y sebastopol porque no queda sitio en el avión- es una constante de mi vida… hoy llueve, ayer llovió y así desde hace una semana y media, salvo los días que en vez de llover cayó granizo. ¡Ahh, el Gran Norte!

Menos el Sábado.

El Sábado amaneció radiante y tibio, un sol brillante como en Málaga los primeros días de Mayo con un aire fresco que invitaba a moverse.

Todo Toronto estaba en la calle porque un día así no hay que desaprovecharlo. Un día así, en Toronto se llama “el verano”. Porque al día siguiente vuelve a llover y luego sigue lloviendo hasta las primeras nieves, a veces ya en septiembre.

En realidad, Toronto no está tan mal como parece porque por lo menos la lluvia impide que te coman los mosquitos. Es que los pobrecitos mosquitos tienen que aprovechar, aquí tienen muy poco tiempo para reproducirse. Además, en invierno no hay mosquitos por el frío, lo que está muy bien.. aunque a veces “el frío” quiera decir 20 o 30 bajo cero. Como veis, todo en el mundo tiene sus ventajas y sus inconvenientes; aquí en particular todo tiene sus inconvenientes y sus desventajas.

Al que se queje del clima de Málaga lo mandáis para acá que se entere de lo que vale un peine.

A lo que íbamos. Como ya expliqué en otra entrada sobre esta ciudad, aquí hay bastante poco que hacer. Ya estuve en la torre CN y no pienso volver porque solo de pensarlo me da taquicardia. Un colega local me propuso ir a ver el “Hockey Hall of Fame”, un museo sobre los mas famosos equipos y “deportistas” –léase carniceros- del Hockey. También di mi opinión sobre el Hockey en la entrada que hice en el blog sobre los suizos y el deporte: no soy un sádico ni me gusta la sangre, así que la idea de ver un museo de tibias, peronés y otras fracturas abiertas no me hace ilu. Prefiero ver un museo sobre los vikingos que eran más pacíficos.

Total, como me gusta andar, me dije: “voy a bajar la calle”. Buena idea.

Mi hotel esta en la calle Yonge, calle principal de Toronto que según el mapa, va toda derecha al sur hasta el puerto, al borde del lago Ontario. Así que hacia las diez y media de la mañana, me puse a andar.


La calle estaba muy animada, la población de Toronto es extremamente cosmopolita; hay una gran mayoría de japoneses, chinos, coreanos, musulmanes, iraníes, africanos y algún que otro europeo. Un par de veces pude incluso oír hablar en Español. La verdad es que era muy agradable con el sol y el aire fresco bajar la calle. Después de quitar los altos edificios de North York, donde estaba el hotel, entras en una parte de la ciudad que es casi un bosque con alguna casa antigua desperdigada a derecha o izquierda, jardines y parques… Después de un rato, me empecé a fijar el los números de las casas. Los números descendían y yo estaba a la altura del 5160, Yonge Street. Hum…

Seguí andando. Había de qué entretenerse en las calles, ya que esta semana en Toronto había una huelga de funcionarios, entre otros los de la limpieza del ayuntamiento, por lo que había que ir sorteando las basuras y los funcionarios con pancartas pidiendo solidarñösk o como se diga: “toque la bocina dos veces para expresar solidaridad”, decían las pancartas. Muchos coches hacían honk-honk pero los de a pié como yo, solo decían perdón-perdón para poder pasar. Después me encontré con una manifestación de Iraníes expresando su solidarñösk con el triste lío que pasa ahora en Irán. Hay muchos aquí, y yo conozco a bastantes iraníes en Suiza, gente educadísima y cultísima, ingenieros, científicos, profesores, y no puedo sino desearles suerte y expresar mi propia solidarñösk aunque pienso que lo llevan crudo con lo que tienen en casa.

Hacia la una de la tarde estaba a la altura del 3000, Yonge Street. Me paré para comer un poco en un pub y darme ánimos, diciéndome -como me he dicho toda mi vida- que lo que empiezo lo acabo. Justo enfrente, una iglesia con una boda a la americana. Ya se vislumbraban las altas torres del centro de la ciudad, lo que me dio el impulso de seguir.

Al llegar al centro, me sorprendió la preparación de la “Pride Parade”, que debía empezar esa misma tarde creo, con banderas multicolores y arco iris puestas o por poner en todas las tiendas y edificios expresando su solidarñösk con los gays de Toronto. Como soy políticamente incorrecto, diré que seguí la marcha a buen paso por si las moscas hasta –por fin- el numero 1, Yonge Street. Ese edificio es del diario Toronto Star al borde del lago Ontario. Eran las cinco y media de la tarde. Mis pies cantaban la Traviatta. Casi 7 horas andando.



Me fijé en una placa al lado del edificio “One Yonge Street”, que explica que la calle Yonge fue iniciada en 1796 como camino desde el lago Ontario al lago Hurón, formando la calle principal de Toronto y alargándose hasta el norte -en lo que es ahora la autopista numero 11- sobre un total de 1.896 kilómetros. Como de Málaga a Ginebra. “Bueno,” me dije, “que suerte que me fui hacia el sur, que si me hubiera ido hacia el norte todavía estaría andando”.


Me volví en le metro -16 paradas- y al llegar al hotel (hacia el 5700, Yonge Street, la madre que los parió) hacia las seis y media, medio reventado, con un buen par de ampollas en los pies y la frente escarlata del sol, y pensé que con todo y todo había sido un buen día y que los de Toronto deben de tener muy bien medido cuando les toca “el verano” porque ese parece ser el día de salir a la calle a decir toda la solidarñösk que no pueden expresar bajo la nieve de los 9 meses de invierno.

Que bien se está en el aeropuerto.

Diario SUR

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