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Ancas de sapo

2010 febrero 9
por TeodoroLeonGross

El alcalde tiene otro plato incómodo sobre la mesa: esa concejala suya que ha concedido subvenciones a una asociación presidida por ella misma. Lo de menos ahora es determinar si se trata de un asunto endemoniadamente feo o simplemente inapropiado o decididamente indecoroso o básicamente irrelevante o absurdamente bochornoso. Estas polémicas semánticas al final acaban convirtiéndose en un enredo tramposo para sacar la cuestión del plano de la ética pública. Y se trata de eso. Una concejala se pide una subvención a sí misma y ella se la concede. Más vale dejarse de eufemismos: este nuevo episodio, aunque anecdótico, confirma el éxito de una cultura cada vez más desahogada en la gestión del Ayuntamiento, entre salga sol por Antequera y viva Cartagena.

El PSOE ha pedido la cabeza de esa concejala pero de oficio, porque no van a cobrarse otro trofeo en apenas un trimestre, y tanto menos con nuevos nombres en cartera a los que aún van a hacerles sentir el frío metafórico de la guillotina mediática mientras fluyen los datos de sus ajustes contables a la carta. Desde el PP, por demás, han encajado el golpe preguntándose por qué debería dimitir cuando el PSOE se ha parapetado en su mayoría parlamentaria de Sevilla, con la técnica del ala del avestruz, para impedir una investigación a la delegada de Bienestar de la Junta tras conceder subvenciones millonarias a una ONG presidida honoríficamente por su marido y oficialmente por la socia del hermano de éste, con un who is who de intereses sospechosamente cruzados como en el viejo Cluedo. Al final, los partidos van quedando atrapados en la ciénaga de sus culpas mutuas sin el asidero de la autoridad moral.

Con tanto sapo como ha tenido que tragarse de un tiempo a esta parte, el alcalde parece haber perdido el paladar de la ética. Como los náufragos que se acostumbran a comer porquerías o como aquellos supervivientes de un avión en los Andes que se comían a los muertos, él ya traga estas cosas sin más. De hecho ha asegurado, jactanciosamente, que el episodio es “de un funcionamiento totalmente correcto desde el punto de vista de la honestidad”. Sólo le ha faltado colgarle la medalla del mérito contable. Es lo que pasa cuando al paladar de la ética se le necrosan los escrúpulos. De la Torre sostiene que sólo hubo un ‘fallo de forma’. Y se trata exactamente de lo contrario: un fallo de fondo. El argumento formalista, ya empleado en otros escándalos del Ayuntamiento como el ‘Cuñadogate’, supone una coartada para atribuir el problema a la burocracia y no al autor. Es un viejo truco para blanquear la realidad, que parece ser lo que más preocupa al alcalde por evitar que el retrato de familia de su equipo tienda a parecerse al patio de Monipodio.