Diario Sur

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Málaga en llamas
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Teodoro León Gross | 14-06-2010 | 15:09

Está por escribir el guión de los extranjeros en Málaga, sobre todo la colonia británica, ante la espiral delirante de la guerra civil. El infierno les estalló en mitad del paraíso, donde vivían acomodados como ricos por el valor de la libra. Es una gran historia, muy cinematográfica, que se reconstruye con los relatos de Gerald Brenan y su mujer Gamel Woolsey, el diplomático Edward Norton, Sir Peter Chalmers… todos ellos y otros como Marjorice Grice o Norman Bethune componen un retablo coral del caos en Málaga y –Taján dixit- la Arcadia del Limonar. Tal vez Banderas reconsidere ‘Málaga en llamas’ con esa mirada plural, no sólo con los ojos penetrantes de Woolsey; y eso ya lo trabajan Andrés Arenas y Enrique Girón, los dos profesores formidables de Gaona que acaban de traducir ‘Mi casa de Málaga’ de Chalmers –sólo hace tres meses presentaron su ‘Venecia en el siglo XIX’ de Norwich– setenta años después. Se trata de unas memorias, pero la nuez se abre cuando este aristócrata escocés republicanista tiene que proteger a sus vecinos los Bolín, una familia de millonarios franquistas del Limonar que residían en el maravilloso palacete después Colegio de Arquitectos. Chalmers, al que espanta la bestial dualidad en España entre ricos y pobres, actúa con coraje y a menudo se protege con la ironía.

-Estará conmigo, Sir Peter –le dice la Sra.Bolín- que un Rolls-Royce no es un lujo en absoluto, sino una necesidad.

Este Sir Peter, al que muchos llaman aquí ‘Sopita’ haciendo la transcripción fonética del inglés elegante, se maneja por la guerra como Livinsgtone en África. Tiene instinto para la aventura y ese sentimiento de invulnerabilidad de los británicos victorianos. Cuando los rojos le acosan, pues no deja de ser un aristócrata con traje blanco y una mansión en el Limonar, empatiza con tabaco y bromas. Siempre british –confiesa a un anarquista que odia la guerra…porque falta cerveza– escribe con piedad. Su narración es desde luego parcial al apoyar a los anarquistas, pero es un brillante contrapunto para ‘Muerte en Málaga’ de Norton, partidario sin fisuras del golpe franquista. Y mientras el diplomático conservador y el aristócrata republicano tomaban el te charlando de arte y de jardinería, los españoles se asesinaban en las calles por esas mismas ideas que ellos educadamente eludían mencionar. He ahí una alegoría poderosa sobre España, como enfatiza Salvador Moreno. Es un libro de lectura inteligente, amable, reveladora -“de completa actualidad para entender la realidad”, concluye Fernando Arcas- sobre los días fascinantes y terribles de la guerra para aquella colonia del Hotel Caleta Palace (después Hospital 18 de Julio) que aguarda, quizá alguna vez, una gran recreación cinematográfica.