La mayoría silenciosa
La ‘mayoría silenciosa’ en España no necesariamente es la mayoría. Pero puede serlo. En las municipales de mayo, casi trece millones nutrieron esa masa difusa de abstencionismo y voto en blanco; cinco millones más que el PP en su aplastante victoria. En las elecciones generales ese margen se recorta, pero sigue existiendo una mayoría silenciosa, entre una cuarta parte y un tercio del electorado. Pescar ahí, en ese territorio fetiche de los escépticos y los indiferentes e incluso los antisistema, donde emergen movimientos como el 15M, es algo que siempre ha estado y está en la agenda de los gurús de la estrategia electoral. Así viene siendo desde los años en que el equipo de Nixon –Haldeman o Colson, esos nombres tan familiares por el caso Watergate– diseñaron el plan Silent Majority estado por estado. Ahora esa idea obsesiva, con la que Clinton tuvo éxito, está en el equipo de Obama. En España, sin embargo, de momento no parece posible.
Hay dos buenos impedimentos para pescar ahí, en la mayoría silenciosa, incluso con el escenario propicio del río revuelto de la crisis : el corrosivo descrédito de la clase política, identificada en los barómetros del CIS como tercer problema para los españoles; y la polarización maniquea desatada tras una legislatura con excesos constantes de sectarismo tanto en las trincheras de la izquierda como de la derecha, a menudo insensibles con los problemas reales. Ahora mismo es difícil creer que la clase dirigente pueda seducir a los votantes tradicionalmente remisos, incluso con los cantos de sirena del ‘marketing electoral’ de campaña. Probablemente muchos querrán creer que las cosas pueden ser mejores con el próximo Gobierno, entre otras cosas porque difícilmente para ellos pueden ser peores, pero no es fácil que de momento se entusiasmen con ningún vendevotos.
El PP, cuya mayoría absoluta ya no es una hipótesis sino una quiniela sobre su dimensión exacta, se ha encontrado con margen para crecer hacia el centro porque el PSOE, en caída libre, trabaja los flancos más fieles aunque también está perdiendo votos hacia IU. Pero, aunque algunos analistas vislumbren un cierto trasvase de votos, el PP tiene notorios problemas para ser un catch-all party, uno de esos partidos ‘atrapalotodo’ con votos de amplio espectro ideológico, por el rechazo a su conservadurismo moral (homosexualidad, menores, divorcio rápido…) muy evidente en las redes sociales. El PSOE piensa ya en ese electorado, pero en el futuro, porque ahora sobre las brasas del zapaterismo todo se quema. En definitiva, la mayoría silenciosa va a seguir siendo una buena mayoría ajena a los dos grandes partidos. Está por ver si además de mayoría será silenciosa.

