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La hora de la verdad

2011 noviembre 21
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por TeodoroLeonGross

El titular estaba escrito desde hace semanas, meses, a medida que la cifra del paro superaba cotas de vértigo cabalgando desbocada hacia los cinco millones a lomos de la desesperación colectiva. No hay Gobierno que pueda resistir eso. Ni puede, ni debe. Y aunque la noticia ya estaba descontada por las encuestas, la cifra del cambio sólo resulta completamente arrolladora tras salir de las urnas del sufragio universal: el PP encaramado a una mayoría absoluta de 186 escaños sobre las cenizas del PSOE.

En la hora de la hermenéutica electoral, hay toda clase de ganadores y toda clase de lecturas balsámicas para los perdedores. Desde luego esta madrugada había muchos minoritarios con motivos para descorchar cava; y también el trago amargo de Amaiur. Pero la victoria tiene siglas incontestables, como la derrota.  Y de hecho, más que una victoria abrumadora, se trata de una derrota abrumadora. El PP ha ganado unos miles de votos sobre su fracaso de 2008, pero el abismo se abre en las cuatro millones de papeletas que el PSOE se deja en cuatro años. Casi el cuarenta por ciento de su electorado les ha retirado la confianza.

El PSOE, abocado a una travesía del desierto, deberá psicoanalizarse para liberar muchos demonios de la socialdemocracia. A corto plazo no hay terapia. El resultado requiere la dimisión de Rubalcaba, como Almunia una década antes, pero ¿dimitir de qué? En definitiva toca un relevo a lo grande en la nomenclatura y las ideas. A corto plazo, la única expectativa para el centroizquierda maltrecho es que el nuevo Gobierno fracase. Y más vale que eso no suceda.

El PP ha recibido un gran cheque de confianza, o quizá de esperanza, pero no será fácil. Aunque algunos sondeos especulaban con repetir el triunfo socialista de 1982 con doscientos escaños, era una comparación imposible: aquel fue un triunfo de la ilusión con un líder carismático y seductor, con dotes de encantador de serpientes, y ahora es el balance de un paisaje desolador con un líder sin magnetismo ni margen de maniobra. Las frases vacías de la campaña, con un calculado acento gallego, se le han acabado. Las decisiones van a ser durísimas. Ya no vale repetir “hay que dar pasos en la buena dirección” sino actuar como el ‘cirujano de hierro’ de los regeneracionistas.

A favor apenas va a tener nada Rajoy, excepto un mapa completamente pintado de azul. Ningún presidente habrá tenido tanto poder antes, tanto soporte institucional, casi la totalidad del mapa autonómico  y municipal, y una oposición desarmada. Al menos así no hay margen para excusas; le toca mandar y puede hacerlo. Si no cae en la tentación del rodillo, eso le servirá para vencer el vértigo de verse como ‘cirujano de hierro’. Es la hora de la verdad.