El búnker autista
Griñan parece fuera de la realidad. Al referirse desdeñosamente al pequeño tamaño del sector crítico de Málaga sin duda ha querido transmitir que no representan ningún problema, sin entender que él, con esas palabras, estaba enunciando precisamente el problema: si las cosas están así, si el sector crítico es una minoría irrelevante a pesar de dos derrotas devastadoras que han convertido al Partido Socialista en una fuerza secundaria sin capacidad de disputar las elecciones, si después de todo eso no hay una respuesta crítica masiva sino seguidismo masivo… el partido tiene un problema y muy serio.
No se entiende qué es lo que alegra tanto a Griñán.
Probablemente tiene razón y el sector crítico sólo sea un nido de resistencia de unos cientos que no amenazan la confortable torre de marfil de la dirección. Pero ese es precisamente el problema, sintetizado en su mensaje delirante: unos dirigentes pueden fracasar durante años, atrincherarse en el poder atornillándose al cargo y perder la noción de la realidad con un discurso apolillado, sin que aflore una reacción masiva para sacarlos de su enrocamiento. Así está la cosa.
La situación en el socialismo andaluz recuerda la tesitura del franquismo crepuscular. Salvando las distancias con la dictadura, se trata de una dicotomía similar después de décadas en el poder: ‘aperturistas’ frente al ‘búnker’. Y el búnker, el núcleo duro, impone su dominio. El aislamiento prolongado en el poder les ha sacado de la realidad. Su obsesión es controlar el partido, no ser la referencia de la sociedad.
Y así, desde luego, no se ganan elecciones. El PSOE andaluz perdió en mayo, y ha perdido estrepitosamente en noviembre. El mensaje de Griñán en las dos ocasiones ha sido clónico: con ese resultado se podría salvar el poder autonómico. En vez de oír el inmenso grito de reproche transmitido a través de las urnas, su balance era esa alegría. Al final, claro, van a perder el poder. La macroencuesta del Instituto de Estudios Sociales, poco sospechosa de estar cocinada, confirma el 20N y da al Partido Popular mayoría, pero además identifica un arrollador deseo de cambio en la población.
Pero Griñán, eso sí, está contento porque los críticos son pocos como para enredarle el cortijo. Qué cosas.
Se entiende que el PSOE trate de concentrar la máxima fuerza para las elecciones de marzo. Lo asombroso es que no entiendan que la pluralidad crítica les da energía; y en vez de integrar esas señales de cambio, de regeneración, se atrincheren. Esa bunkerización es corrosiva. Están autistas. Y apelar al voto útil después de treinta años, sin poder apelar a su gestión, les delata. Eso sí, parece que sólo se enterarán tras la derrota.

