Diario Sur
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El magnate en La Concepción
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Teodoro León Gross | 04-04-2011 | 19:37

Hace ahora veinte años Málaga negoció con la familia Echevarrieta la compra de los jardines de La Concepción, el palacio que el legendario industrial había adquirido en la primavera del siglo, donde una noche de 1926 reunió al Rey Alfonso XIII y a Primo de Rivera junto al almirante Canaris y a Messerschmitt, bajo las glicinias del cenador, en el centro de una operación formidable: los alemanes, tras la humillación del Tratado de Versalles, manejaban una financiación secreta para reconstruir su ejército bajo algún paraguas, y los astilleros de Echevarrieta al sur de España eran su apuesta para construir el mejor submarino del mundo, fabricando para Alemania pero vendiendo a la Armada que en ese momento construía en Cartagena con los británicos… La historia fascinante está contada, con precisión y nervio, en el documental ‘El último magnate’ de José Antonio Hergueta, presentado en el festival de cine, donde las películas del concurso oficial fluyen en un programa de callada mediocridad tras los aullidos de la alfombra roja, pero el cine documental ha exhibido el músculo vigoroso de la no ficción, y ahí se anotan ‘Morente. El barbero de Picasso’ o ‘La noche que no acaba’ de Isaki Lacuesta sobre los años españoles de Ava Gardner entre juergas, flamenco, toros y alcohol.

Aunque el punto de partida del cine documental siempre se sitúa en ‘Nanuk el esquimal’, el cine de hecho se inventó con el adn documental, puesto que la primera película de Lumiere en 1895 es ‘Obreros saliendo de la fábrica’, y para entonces la teoría del ‘cine ojo’ de Vertov ya seducía a quienes veían en la cámara una oportunidad de captar la verdad. En España, esa tradición poderosa del documental se vio rota por el abismo del franquismo, como tantas otras cosas, por el monopolio del Nodo; y poco se ha corregido después con las políticas culturales, las leyes cinematográficas o el cutrelux de las televisiones. Pero, tal como Josep Plá decía que tras los cuarenta era infantil seguir leyendo novelas en lugar de ensayos, el cine de no ficción es una tentación adulta cuando se trata de crear sentido sobre la realidad. No es fácil, y con todo en Málaga hay gente realmente interesante como Manuel Jiménez, autor de ‘La aldea perdida’, o Alvarado y Barquero con ‘El reverso de la realidad’… y José Antonio Hergueta, que firma ‘El último magnate’, título prestado por Scott Fitzgerald. La financiación consume años –las televisiones prefieren comprar que arriesgar – y los circuitos son restringidos, pero estos ‘ensayos audiovisuales’ quedan como la mirada de la historia. Así aquella noche en La Concepción de Málaga, elegida como el escenario impresionante para cambiar su curso si… Mejor vean la película.