En la UE se ha roto el tabú de tocarle los depósitos a la gente. El corralito ya no es una metáfora sino una amenaza inquietante en el horizonte. El desconcierto, a pesar de la rectificación de los hombres de negro, está sembrado. En realidad cada vez se entiende menos Europa. Hasta ahora se veía como una megasala de máquinas con elefantiasis burocrática y más pasillos que una viñeta de Moebius, pero ahora parece el templo donde Merkel, emperatriz sin corona, hace y deshace como si los veintisiete fuesen su manto de Penélope. Obsesionada por el orden AAA como una institutriz hanseática, la disciplina que marca la canciller no tiembla incluso al dar órdenes como esa de Chipre. El maquiavelismo de Merkel ha llevado al sociólogo Ulrich Beck, una de las mentes brillantes de la London School of Economics, a hablar de ‘merkiavélico’.
El miedo es el mayor enemigo del dinero. El rejonazo en Chipre –sacar recursos de los ahorros de los ciudadanos por si no bastara la exprimidora fiscal- va a avivar la desconfianza y quizá otra oleada de fuga de capitales. Y el dinero va al norte, claro. Ahora los desmentidos de los cabezas de huevo servirán para poco. No se les cree, aunque impongan su discurso a golpe de autoridad. Alemania marca el paso. Las ironías del IV Reich, caricaturizando a Merkel como la nueva Führer, son chuscas; pero además es obvio que ya no necesita invadir otros países para ser todopoderosa. Basta el Banco Central. Roubini y Niall Ferguson, en un texto al alimón, han anotado el riesgo de la desmemoria alemana, ya que parecen más obsesionados por lo que ocurrió en 1923, la hiperinflación, que en 1933, la destrucción de la democracia. El peso sentimental en Alemania de aquel tiempo retratado a brochazos por Bernie Gunther actúa de coartada para la fórmula ‘ahorro x democracia’.
Merkel se puede sentar a oír ‘El holandés errante’ de Wagner mientras descarta a miles de ciudadanos. El ‘seudocorralito’ de Chipre es un símbolo. No importan los chipriotas, sino asegurarse la pasta de su sistema bancario petado. Desde esos despachos a los chipriotas ni siquiera se les ve como conciudadanos. Esa es la Europa ‘merkiavélica’ a la medida de Alemania y su política de estabilidad, donde Frau Merkel maneja los tiempos. No necesita lanzar el capital como una panzerdivisionen financiera, sino dejar que las cosas se deterioren hasta aceptar el recetario de Berlín. Mientras en Alemania hace política socialdemócrata, fuera impone el neoliberalismo brutal de los recortes que sacrifican incluso la sanidad o la investigación. En la biografía ‘La madrina’ de Gertrude Holer, Merkel aparece retratada como una mujer calculadora con más instinto estratégico que ideología, capaz de cambiar sobre la marcha sus ideas sobre energía nuclear o eurobonos. Está construyendo una mala UE, pero es ‘su’ UE.
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