Diario Sur

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Categoría: LA COLUMNA DEL DÍA
Un divorciado en el obispero

Ajajá, el Obispo ha cazado a un hermano mayor en trámites de divorcio. ¡Divorcio! En estos casos es cuando uno lamenta la extinción de la Inquisición en la Constitución de 1812, porque defenestrar de su Cofradía a ese pecador es poco ante ese escándalo. Si al menos cupiera una lapidación taxativa, eso ya sería otra cosa. O crucificarlo, todo un clásico. O el garrote vil, tan español. Si bien, como cantaba Krahe, lo mejor es la hoguera. Pero en estos tiempos relativistas ya nada de eso es posible, así que sólo queda defenestrarlo del cargo. Las reglas son las reglas. Una cofradía no es una peña o un club social, sino una institución piadosa implicada en un auto de fe de religiosidad profunda como la Semana Santa, lejos de todas las pasiones mundanas. A la calle con él.

Naturalmente si el Obispo supiera, como tantos en la ciudad, que hay al menos otros dos hermanos mayores en la misma situación, por supuesto actuaría también. Pero se ve que no lo sabe. Si el Obispo supiera que en algún caso hay divorcio con adulterio, actuaría con doble rigor. Pero se ve que no lo sabe. Y de saber que hay y ha habido altos cofrades que son homosexuales, pues lo mismo.  Pero eso se ve que tampoco lo sabe. No es hipocresía, por supuesto. De saber que la vida real late en las cofradías, con divorciados, adúlteros, homosexuales, sin duda emprendería una limpieza. La Iglesia ya ha demostrado con la pederastia en su seno que actúa rápido, con transparencia, implacablemente. Aquí han cazado a un divorciado en una cofradía y van a por él, sin dudar, como los mejores clérigos yihadistas.

Aunque el Papa es un blando tanteando el reencuentro de la Iglesia con la gente real -”si una persona es gay, y busca a Dios…¿quién soy yo para juzgarla”- hay obispos serios que defienden los viejos dogmatismos cerriles. Este obispo, que es mucho menos papista que el Papa, es dado a los avisperos (de la torre de la catedral a la niña transexual de San Patricio)  y casi da ya para el neologismo ‘obispero’: enredos huecos de sotanas.  Como husmear las braguetas de los fieles. Lástima que no se sienta inspirado por la sagrada familia de Jesucristo, con ese aire de lo que ahora llaman ‘familia desestructurada’, una madre embarazada en circunstancias extrañas y un padre que llevaba aquello regular, como recogen algunos evangelios primitivos; con un hijo único extraordinario pero conflictivo que acabó crucificado a los 33 junto a ladrones; colega de prostitutas, sin trabajo estable y cierto aire perroflauta. A saber lo que hubiera hecho este Obispo con alguien así. Desde luego a Jesucristo no le permitiría liderar una Cofradía dedicada a él mismo.

Quizá no sea necesario, eso sí, para conmemorar hechos de hace 2000 años, comportarse con ideas de hace 2000 años. Al final aquí sólo hay un divorcio preocupante: el de la Iglesia con la sociedad.

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Mar Estrecho, moral ancha

No es raro que la ‘fe del carbonero’ provoque envidia. No hay nada más confortable que creer ciegamente en algo.  Pero la duda es la materia natural de la razón. Unamuno, siempre bajo el peso de la duda, decía de cierto obispo: “Fíjese si será bruto que nunca ha dudado de la existencia de Dios”. Y hay una versión laica de esa fe del carbonero que es el sectarismo político: creer a ciegas en los dogmas del partido, en el sí o el no sin matices bajo el dictado maniqueo de buenos y malos, ahorrándose las aristas de los debates complejos, como el aborto o la emigración. Las consignas son más confortables. Sortear los aunques y los sinembargos evita dilemas morales como lo de Ceuta, despachado con discursos de conmigo o contra mí, con la Guardia Civil o contra la Guardia Civil, con la humanidad o contra ella, con los intereses España o contra los intereses de España. Borricos unamunianos. No se pueden reducir quince cadáveres a eso, como tampoco al progresismo demagógico de salón ignorando la dureza de algunas fronteras, retratadas por Sorkin en ‘Algunos hombres buenos’ con el estallido del coronel Jessup: “¡Tú no puedes aceptar la verdad! Vivimos en un mundo que tiene muros y esos muros han de estar vigilados por hombres armados. ¿Quién va a hacerlo?. ¡¿Tú?! (…) En zonas de tu interior de las que no charlas con los amiguetes, tú me quieres en ese muro. Me necesitas en ese muro”.

Esto no va del honor de la Guardia Civil, que cumple en ese muro necesario, a veces casi más como ONG que cuerpo militar; sino de quince cadáveres ante los que no bastan los golpes de pecho. ¿Qué sucedió? El honor nunca se protege con mentiras. En lugar de depurar lo ocurrido, las mentiras del director de la Guardia Civil –no aprendió de su ridículo con el Prestige, tampoco de tapar Intxaurrondo- debilitan al cuerpo y su trabajo. Por eso, por el peso del escándalo, en el asalto de este fin de semana a los agentes les han temblado las rodillas. Es el efecto colateral de la falta de transparencia y coraje de sus jefes. Claro que a ellos las mentiras una vez más les saldrán a un precio barato, ¡gratis total!, ese privilegio de la política no sólo para tomar vuelos de gañote.  Este peculiar ministro provida a tiempo parcial, un meapilas cínico muy teresiano que solo parece entender el fenómeno del salto de la valla ante la Virgen del Rocío, sin duda ha antepuesto el cálculo político: no va a haber desgaste. La UE se atascará en algún veto, y el Comité de Tortura condenará a España siete años después, como acaba de suceder, cuando ellos ya no estén ahí. Manejan en su algoritmo electoralista el efecto psicológico del Estrecho: ese número de cadáveres a 14km de tu casa provocarían un estupor insondable; pero tras esos 14 km están descontados a beneficio de inventario. Ya es otro mundo. Y desmintiendo a Eluard, esos otros mundos no están en éste.

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El alcalde ante su fecha de caducidad

Por primera vez el alcalde ha coqueteado con la fecha de caducidad del cargo. Es solo un matiz, pero ese matiz abre la primera grieta en su escudo retórico muy pero que muy ensayado: mientras tenga fuerzas, mientras quieran mis compañeros, mientras sienta el cariño de los ciudadanos, todos esos ‘mientras’ que le han servido de aval para su voluntad férrea de continuar. Como un actor del Método, siempre repite esas frases con convicción mecánica. Ahora se quita presión marcando una fecha en diferido. El verano es una buena época para pensar en el adiós como en los haikus de Masaoka.

De la Torre ha llegado a parecer una de esas figuras sin final. Como Sir Alex Ferguson, o Fraga, o como De Gaulle, que decía “después de mí, el diluvio”. Al final siempre llega la hora, pero hasta ahora el alcalde parecía, como Fraga, dispuesto a no claudicar. Don Manuel cayó en 2005 al escapársele la mayoría, un mal trago a los 83 por sus fallos con el Prestige. El alcalde ahora se enfrenta a encuestas a la baja y errores flagrantes como la factura del agua; pero quizá también a los primeros síntomas de fatiga, ya pasados los setenta. En todo caso no puede anunciar su marcha, porque se debilitaría al quedar en el cargo como un prejubilado, un genuino ‘lame duck’, pero es un aviso.

Apuntar a Bendodo como sucesor es un caramelo envenenado. La temporada de ‘dedazos’ no está para bromas en Andalucía. El delfín se ha defendido del estigma, por no quemarse para que luego aparezca un ‘mirlo blanco’. Además al alcalde los delfines le han durado menos que las novias a Paquirrín. Así que Bendodo ha proclamado “De la Torre es el mejor candidato”. Sin duda nadie sacaría más votos; pero a Bendodo le interesa evitar los focos ahora que todas las miradas apuntan a la generación de jóvenes apparatchiks como Susana y Susano, porque él va en el mismo pack. Y con los sondeos a la baja, siempre le convendrá que De la Torre se presente a salvar el set y después se retire dejándole a él la sucesión reglamentaria, como De la Torre heredó el cargo de Celia en 2000 con tiempo para consolidarse. Mejor heredar que arriesgar; como buen self-made man.

De la Torre es un político de raza; eso sí, no es el que era. Se equivocó desafiando la lógica de los dos o tres mandatos. Todo político después es siempre peor. En 2011 pudo tener una salida triunfal, pero los sondeos eran una tentación efervescente: 19. Villalobos, en su estrellato, no pasó de ahí. Quizá al fin ha entendido, no como Fraga, que hay que saber irse. Retirarse no es huir, se lee en el Quijote, e incluso puede ser una victoria, según la máxima napoleónica. De momento sólo se trata de un quizá, pero en los matices de su frase se adivina por primera vez el melón sucesorio. Claro que cuando alguien dice “venga, la última y nos vamos”, nunca se sabe si es la penúltima.

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La mala salud de la Sanidad

Enfermos humillados en un pasillo haciendo allí lista de espera; una eminencia de la oncología pasando la hucha para un equipo; centros de salud desportillados con el aire de las cárceles de los cincuenta; servicios sanitarios cerrados a cal y canto; urgencias con más densidad que el Metro de NY en hora punta; medicamentos polémicos de laboratorios asiáticos con rebaja… hay imágenes que no valen más o menos que mil palabras; sencillamente no necesitan palabras. La salud de la Sanidad empeora. No se trata de goteras, sino de una galería inquietante, ya descontada, eso sí, desde que el Gobierno anunció el recorte de diez mil millones en Sanidad y Educación. Entonces, tomando a los ciudadanos por bobos desinformados, se vendía que no les repercutiría porque el plan era racionalizar mediante “una mayor eficiencia en la gestión”. El blablablá habitual de la neolengua política. Dos años después, la Educación está tocada, y la Sanidad peor. La coartada balsámica era mentira: apenas se ha actuado en racionalizar la estructura, ahorrar duplicidades, priorizar con criterio. El castigo ha recaído sobre los ciudadanos y los profesionales de la sanidad; ahí todos los palos. La gente sufre una ‘calidad asistencial’ depauperada, y los profesionales cargan con el sectarismo del sistema, carreras cada vez más inciertas, contratos basura, regulaciones estajanovistas, mientras se abre bajo sus pies una ‘brecha moral’.

En Andalucía, a la propaganda de la Junta se le ha agotado el carrete. Durante dos años se han tapado tras los recortes del Gobierno bajo el espejismo de que esto era la reserva espiritual del Estado del Bienestar. Ya no cuela. El último año, la tijera recortó mil millones, tras podar dos mil en los ejercicios de crisis. La obsesión de la Junta ha sido, como de costumbre, la batalla de la imagen: no gestionar mejor, sino ocultar mejor la realidad. Casi toda la energía de los dirigentes sanitarios ha ido a negar las listas, maquillar los datos, formular promesas vagas, parapetarse en comparaciones ventajistas con Valencia o Madrid para sacar pecho, mientras el mantenimiento de los servicios y la calidad asistencial se devaluaba. Los ciudadanos sufren en carne propia cómo se degrada la sanidad y entre los profesionales sanitarios cunde el desaliento por esa ‘brecha moral’ que ya habría estallado de no ser por el rocoso sentido vocacional de la medicina. Han asumido el sacrificio, pero viendo recortar en talento, calidad, investigación, léase en calidad y futuro, antes que en los dos mil cargos de libre designación. La confianza en la sanidad pública –un heraldo de orgullo para la sociedad- se desmorona mientras los dirigentes políticos hacen eslóganes sentados sobre ese volcán.

Derecha e izquierda se culpan entre sí.  Y esta vez ambos tienen razón.

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Ridiculum vitae

El sueño americano ha convertido al ‘self-made man’ en un mito nacional: las personas hechas a sí mismas, que logran ir de la nada al éxito. Se trata de un arquetipo acuñado por Benjamin Franklin en su Autobiografía, donde cuenta su origen humildísimo hasta triunfar como empresario, inventor y político. El concepto del ‘self-made man’, como tantos otros Made in USA, es de uso común en la aldea global. Estos días se ha usado para el nuevo capo de la derecha andaluza, igual que meses atrás para su némesis socialista. O sea, como Amancio Ortega, el creador del imperio Zara que empezó a los catorce de dependiente, pero en política. Manda huevos. Si algo no son ni Susana ni Susano es eso: ‘hechos a sí mismo’. Lo suyo es  ‘hechos por el partido’. Dos casos de manual: entraron antes de los veinte, pasaron de los estudios, obtuvieron un cargo rápido, luego otro, y otro… hasta aquí, cara a cara. A Plutarco no le salen dos vidas más paralelas. Vender a estos dos apparatchik simpáticos como ‘self-made men’ le repateará a quienes se hipotecan para triunfar y pierden, quienes sienten el cañón del paro en el cogote, quienes cierran despachos y estudios, quienes firman despidos con lágrimas en los ojos… Susana y Susano no saben lo que es el miedo. No han trabajado en la calle. Tiran del heraldo del origen humilde –‘hijo de emigrantes, nieto de jornaleros’- pero eso es literatura de panegiristas. La política ha perdido el sentido de la realidad. Ahora llaman ‘self-made man’ a estar en el machito desde los diecinueve.

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Para un self-made man político, o sea, un self-made por los cojones, el curriculum es como el papel pintado de las paredes: decorativo. La formación no cuenta. Susana dejó correr diez años para Derecho; Moreno ni siquiera, y cerca de los cuarenta hizo estudios de Protocolo –ideal para dirigir un país o una comunidad de ocho millones- y algunos cursos. A los diecinueve, como sus colegas de panda, Bendodo y Mariví, pasó de estudiar para volcarse en política. Cuando ponen “estudios en” significa “sin estudios de”. No es incompatible estudiar y militar, salvo, eso sí, para quienes van por la vía rápida del cargo. Ahora al curriculum de Susano Bonilla le han levantado los faldones, y está bajo sospecha de datos falseados. Un asunto feo. Esto no va de titulitis, sino de mentiras. En Alemania eso se carga a un ministro; aquí no pasa nada, de Roldán a acá. Cuando llegó al Congreso,  se registró como Licenciado; en una legislatura, ya no tenía título; en dos, nada. Se atribuye un Máster que no es un máster, y un ‘Master Oro’ que no es ni un cursillo. No es un misterio; es ridículo. Sí, se puede ser un gran político sin título, aunque estadísticamente parece mala idea. Por eso mienten en el curriculum: les avergüenza. Lo que parece que no les avergüenza es mentir.

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Susano de seda

Al César, cuando entraba en Roma en la carroza triunfal, un siervo le susurraba al oído el memento mori para desendiosarlo: “Recuerda que eres mortal”. En ese instante es fácil perder pie, entre vítores, clarines y la euforia artificial de ¡es el mejor! ¡es el mejor! Moreno Bonilla ha disfrutado de la escenificación de la unanimidad, con todos los barones tras él en la foto oficial, pero puede estar seguro que unos pocos ya están afilando los cuchillos para el día después de su fracaso electoral. La casta que hoy se inclina al dedazo de Rajoy en la ceremonia de exaltación, ya le está esperando.

Al nuevo líder de la derecha andaluza de momento se le elogia su carácter cordial. Sí, es un tipo encantador, pero ese no es el mejor salvoconducto para ganar elecciones. Shirley Temple también era un encanto. Esta no es una competición de maneras versallescas, sino un duelo a cara de perro. Para enfrentarse a Susana no basta un Susano, y menos un ‘Susano de seda’ de sonrisa fácil. La presidenta andaluza comparte con él generación, aunque ella apenas haya cruzado el Rubicón de los cuarenta, ambos demócratas de segunda generación, apparatchiks de sonrisa fácil sin ningún empleo fuera de la política, ella con una licenciatura… y además manda tela mientras él arrastra a un partido averiado. Arenas, con el partido al 100%, perdió cuatro veces y la quinta no ganó a la izquierda. Eso es lo que hay. Contra un sistema clientelar de tres décadas hay que tener mucha pegada. No se puede exhibir como mérito llevar veinte años en política sin ningún enemigo. De hecho, dos décadas en política sin enemigos resulta incluso sospechoso.

Esta es la hora del ‘juanmismo’. El nuevo líder va a tener que administrar a cientos de fariseos –esa gente que dice “creíamos que íbamos a ganar los de Sanz pero al final  hemos ganado los de Juanma”- y los arribistas que llenan periódicos y tuits con perfiles babosos que sonrojarían incluso al editor del NODO. Vaya peloteo impúdico. Va de suyo que la casta sevillana ha encajado mal el golpe, aunque Sanz no ha tenido huevos de presentarse. Todo habría sido mejor de haber tenido el coraje de medirse voto a voto, simulando cierta democracia interna; ahora ese rencor queda latente, envenenado ya desde las elecciones de 2012, cuando culparon a Málaga del fracaso. Como en los noventa con el Frente Bokerón socialista, hierve la suspicacia en Sevilla. MB tiene una carrera corta para imponer su liderazgo. Se mide en las urnas pero también en la plaza pública, su punto fuerte. Es un tipo auténtico, pero también Susana, que no ha dudado en retratarse como creyente, rociera y taurina, contra los prejuicios de la izquierda. Él debería liberarse no sólo de la corbata sino de ese rollo casposo del nieto del jornalero, de las tebanas pijas y la gomina, y de su buenismo sonriente. Esta va a ser una pelea muy dura.

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