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Autónomos… o autóntonos
Teodoro León Gross 29-01-2014 | 4:58 | 0

Los autónomos son el único segmento milagrosamente capaz de crear empleo, un caladero para la esperanza en el páramo laboral deparado por la burbuja; así que el Gobierno ha apostado por legislar a medida para ellos, con la fórmula previsible: exprimirlos. Siempre media vuelta de tuerca más. Ahora les imponen resolver todos sus trámites fiscales por internet; así Hacienda reduce costes y trabajo, traspasándole a ellos el sacrificio, un instinto que tienen bastante desarrollado a fuerza de costumbre, soportando con dignidad más IVA y más IRPF sin cobertura social y la mitad de esta legislatura oyendo el canto de sirena del criterio de caja para no adelantar el IVA de las facturas sin cobrar. Ellos suelen describir su situación con una humorada sarcástica: el tipo que va por la calle y encuentra la lámpara maravillosa del genio, que naturalmente le anuncia que va a cumplir un deseo:

-Quiero trabajo –dice, pero después duda- o no, mejor salud -pero vuelve a dudar- pero la salud sin trabajo es inútil; así que mejor trabajo…

Y el genio, ya cansado, le anuncia que le dará las dos cosas:

-¡Te hago autónomo! Así trabajarás tela y no enfermarás nunca, por la cuenta que te trae.

Hay que admitir que solo en un país muy fiel a sus tradiciones se puede putear tanto al segmento que tira del empleo. Marca España. Para los autónomos oír lecciones de ‘cultura emprendedora’ a la casta política desde su bar del Congreso con las copas subvencionadas debe maravillarles. Pocos meses atrás, una publicista escribió un tuit que se convirtió en un fenómeno viral, una bala de plata de 140 caracteres: “Un autónomo joven que facture 1.000€ al mes, se queda con unos 490. Eso no da ni para el alquiler. Pero no, es falta de espíritu emprendedor”. Incluso bajo la tarifa plana, por demás un bálsamo que dura poco, es irreal. Cuando se dice que en España falta espíritu emprendedor se olvidan del campo de minas de la burocracia. Este es de los peores países occidentales para activar cualquier negocio según el ranking del Banco Mundial, peor que Kazajstán o Túnez. La ventanilla única es otro de esos mantras huecos en el laberinto –se requieren hasta diez trámites- mientras la banca y las fortunas siguen mimadas por el poder. Así va esto.

El número de autónomos no es, con todo, un milagro. Toca buscarse la vida, arriesgando por cuenta propia. Pero van de estacazo en estacazo directo al corazón, como si el Gobierno les aplicara la receta Van Helsing. El incremento de las cotizaciones, otra promesa incumplida, ha sido un golpe de gracia; sobre todo para quienes además crean empleo. Si confiaban en un modelo liberal, ahí llevan dos tazas. Fiscalidad dura, sin crédito, tarifa fija ya factures cien euros o cien millones… El Gobierno, como el genio de la lámpara, va a lograr que ser ‘autóntono’ sea un éxito desesperante: pagar para sostener el Estado del Bienestar del que están excluidos.

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¡Es la desigualdad, estúpidos!
Teodoro León Gross 24-01-2014 | 9:20 | 0

Oxfam va a tener eco en Davos, donde ya no se escuchan las voces de Castorp o Settembrini bajo la montaña mágica, ni siquiera Katia Mann en la casa Wald, sino a los ‘amos del universo’ ensimismados en su Foro Económico. Oxfam va invitado a cantar las verdades del barquero: aunque haya mañanas luminosas  de invierno que inspiran la sensación de que ‘el mundo está bien hecho’ como a Guillén, hay una geometría moral cada vez más jodida. Y ellos aportan datos brutales desde su simple enunciado: un centenar de ricos suman tanto como 3.500 millones de pobres, la mitad del planeta. Esa retórica a menudo está impregnada de rencor miope, porque el problema no son los ricos  -sobre todo si se trata de empresarios, no sátrapas dinásticos- sino la desigualdad. La riqueza no es el drama, sino la solución, pero cuando no traza líneas rojas que excluyen a las legiones empobrecidas de la esperanza.

Las brechas de la Historia no se dan en los tiempos duros, sino en los tiempos injustos. Esa es la mecha que siempre ha estallado, con las mariantonietas haciendo chistes de repostería a los pobres hambrientos en la puerta de palacio. Entre Marx y Ricardo. Por eso va a la agenda de Davos: a los ‘amos del universo’ nunca les ha preocupado la injusticia moral, pero sí empieza a acojonarles esto. Han visto las orejas al lobo en ese Gamonal a gran escala de Brasil, una potencia emergente donde la macroeconomía no silencia a la masa y tampoco el gran ‘circo’ del fútbol. Mirar desde las favelas hacia el paraíso no cuela; o desde cualquier extrarradio sin piedad. Stiglitz ya advirtió un año atrás sobre el efecto desmoralizador de la desigualdad en el consumo; ahora eleva la amenaza. La ‘egalité’ no es un adagio masónico del Gran Oriente, sino la médula de la pax social.

España es, con Letonia, el país más desigual de una Europa desigual. Este no es un ranking más, sino el retrato de una sociedad dañada. Y va a más, según Eurostat. El índice Gini nos aleja de Italia o Reino Unido, incluso Grecia: aquí crece el abismo entre el veinte por ciento de ricos y el veinte por ciento pobre mientras se celebra la macroeconomía y los banqueros rescatados por la nación brindan por el dinero a espuertas ante una sociedad con miedo más allá de las estadísticas tergiversadas del paro. Bajo el fuego de la crisis, ha ido a más la desigualdad entre las regiones ricas y pobres –el gap Extremadura/País Vasco dobla ya sus riquezas relativas- mientras se pierde el sentimiento de solidaridad territorial a cambio del ‘sálvese quien pueda’. Ocho de cada diez españoles cree que se gobierna para las élites extractivas, un error mayúsculo de la casta. Los desastres sociales no surgen de los sacrificios en tiempos difíciles, sino de la desigualdad, una corrosión interior al principio invisible, como escribe Tony Judt, pero al final siempre devastadora.

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¡Atrévete a pensar!
Teodoro León Gross 19-01-2014 | 2:17 | 0

Cospedal, en su recurso tras el pleito perdido contra Bárcenas, apela al juez a no seguir las pruebas jurídicas sino guiarse, así tal cual, por “las reglas de pensar”. Ahí es nada. No se sabe si le está advirtiendo al juez que se lo piense mejor o abanderando el ¡atrévete a pensar! de Kant. Eso sí que tendría peligro. Si en este país cunde la idea de pensar, las consecuencias pueden ser imprevisibles. Solo en un lugar donde se ha renunciado a pensar puede haber una justicia a la carta para la casta, recortes de derechos civiles, aeropuertos sin aviones, programas electorales falsos, fraude eléctrico y suma y sigue, sin que pase nada. Esa indiferencia a estas alturas resultaría incomprensible, de no ser por ese pequeño detalle de no pensar.

Tal vez durante la burbuja, en aquel ensayo general de país nuevorrico, se entendiera la inercia de mirar para otro lado ante esos abusos para disfrutar del bienestar, pero tras la devaluación interna ensayada en la piel de los ciudadanos mientras se mantienen los privilegios de la casta y se rescata a la banca –el dinero de las víctimas de la burbuja para rescatar a los verdugos de la burbuja– es acojonante que la ciudadanía haya permanecido indiferente. Susan Sontag decía que en los buenos tiempos, la estupidez es mejor que la inteligencia: pero en los malos, hay que reaccionar. En España, sin embargo, parece prevalecer el viejo lema nacional de “lejos de nosotros la funesta manía de pensar” acuñado en Cervera para Fernando VII.

No pensar es balsámico, pero al final no sirve. Ahí está Gamonal. La historia es de libro: proyecto de un constructor agitado por el periódico local, propiedad del mismo constructor por cierto ya con experiencia de cárcel, gana un concurso fraudulentamente, aunque la oposición recurra en vano. O sea, la enésima historia de especulación urbanística con la política y el ladrillo en connivencia. El vandalismo oportunista de algunos ha sido la coartada para que la casta agite el miedo y las leyes de represión, pero Gamonal más bien ha exhibido la reacción de la gente persuadida de que el barrio debe hacerse a la medida de ellos, no del especulador de turno. Gente que llevaba años tragando con la justicia politizada, las eléctricas, las preferentes, el barceneo de los sobres, los eres de carnet, de pronto ha reaccionado por su barrio. Tal vez sea una chispa, aplicando allí de pronto, como dice Cospedal, las ‘reglas de pensar’; o tal vez solo sea una excepción a la regla.

Pensar es, como sostiene Kant, la mayoría de edad de la sociedad ilustrada. El ‘sapere aude’ que le toma prestado a Horacio para su ensayo ¿Qué es la Ilustración? precisamente identifica la madurez de la ciudadanía con valerse de su propia razón. No es esa la imagen de España tras la burbuja y la crisis; aquí hemos tragado de todo. De estos años nos queda el gusto amargo de ser una sociedad en minoría de edad.

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La lista de los listos
Teodoro León Gross 06-01-2014 | 1:33 | 0

El final del año se llena de listas. Muchas listas, listas, listas a menudo tontas  -los diez momentos del año, diez imágenes inolvidables, diez canciones… – pero en cambio hay listas esenciales sin hacer. Sobre todo parece injusto no reconocer a los diez mejores corruptos del año, los grandes triunfadores del país.

1.- Blesa.- Su correo presumiendo del engaño a los preferentistas pobres es un hito que le da el nº1 del año. Así se triunfa. Íntimo de Aznar, acertó a moverse entre el nepotismo y las cajas, ¡el punto G! Se ha neutralizado al juez que lo perseguía.

2.- Fernández (UGT).- Entrada estelar al nº2 con millones para formación de parados –desde ‘el partido hermano’- desviados a juergas en la feria, mariscadas de Navidad o autorregalos falsificados en China evitando enriquecer a un empresario nacional explotador.

3.- Del Nido.- Embolsarse un puñado de millones por trabajos inexistentes. ¡Grande de España! Aún confía en eludir la prisión con un indulto, esa figura que permite al Gobierno el intercambio de favores. Del Nido puede ser útil con la masa palangana del Sevilla.

4.- Urdangarín.- Disfrazado de príncipe azul, nadie ha hecho tanto por el republicanismo español. Está pendiente neutralizarle al juez, como a Blesa.

5.- Bárcenas.- En el talego pierde el nº1 aun con sus cifras espectaculares en Suiza. Mostró la eficacia de jugar entre líneas de la política y las grandes empresas. Siempre apoyado por el presidente (“sé fuerte, Luis… hacemos lo que podemos”) durante años anotó los sobres en B para la nomenclatura de Génova. Daba para un Máster, pero por desgracia los discos se han borrado accidentalmente.

6.- Jordi, Oriol, Felipe… Pujol.- Gran dinastía de la escuela catalana de corrupción. No es ya el Caso ITV, sino evasión de dinero, contratos públicos, tráfico de influencias. Unos fenómenos, hijos de papá, Banca Catalana, amén.

7.-Chaves/Griñán.- Los virreyes pre-imputados de Andalucía merecen el reconocimiento como creadores del sistema de los Eres. Pendiente neutralizar a la jueza.

8.- Jaume Matas.- Pendiente de indulto. 20 causas pendientes.

9.- Unesa.- Léase ‘eléctricas’, donde han fichado Felipe, Aznar, Solbes, Acebes, Roca, Solana y muchos ex altos cargos del PPSOE. Guindos es de la familia. Todo queda en casa.

10.-Rafael Blasco.- Caso Cooperación, millones de ayuda humanitaria desviados para apartamentos en Miami. Otra joya de la cantera inagotable del PP-Valencia, que ha dado glorias como Fabra, Castedo, Camps o Cotino.

España al menos puede presumir de corruptos. Es una lista magnífica –quizá, una vez más, machista- y extrañamente nada sectaria: izquierda, derecha, republicanos, monárquicos, agnósticos, culés… España es una unidad de destino en la corrupción.

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El gran país de Campofrío
Teodoro León Gross 29-12-2013 | 9:07 | 0

Contra la tentación de los cenizos de vender el pesimismo irredento de España, Campofrío ha vuelto a exaltar el orgullo de ser español. ¡Somos como somos! Claro que sí. “Que nada ni nadie nos quite nuestra manera de disfrutar de la vida” proclama el spot. Y hay que ser un país realmente cojonudo para sobreponerse al record de paro en Europa, al naufragio en los rankings de Educación, a los derechos perdidos, a una Justicia inseparable de la Política… y todavía sacar pecho. Qué grandes. El caso es que ‘somos como somos’ (¿no es maravilloso?: ser como uno es) y además, como ensalza el spot, en ningún otro país los bares cierran tan tarde como aquí. ¿A ver qué ranking europeo de riqueza iguala esa alegría? Y luego está el saborcito del jamón, el otro gran argumento del anuncio. No hay Estado del Bienestar equiparable a un buen jamón ibérico. Por eso España es la hamaca de Europa, el bar del continente sin límite de horario. Una maravilla.

Cada rincón de España es España, pero hay sitios que elevan al paroxismo esa idiosincrasia, como Málaga. “Que nada ni nadie nos quite nuestra manera de disfrutar de la vida”.  Ahí está la iluminación de Navidad. Otros hicieron el Siglo de las Luces pero nosotros ponemos más bombillas. Y no somos tan ‘alemanes’ como para torturarnos preguntándonos por qué otras ciudades cien veces más ricas no derrochan sino ahorran en bombillas. Aquí mola liderar el ranking mundial de vatios, y proclamar que ganamos a Fith Av y Oxford St. La versión oficial: “esto es preziozo”. A nadie se le ocurriría afearlo recordando que ésta es una de las ciudades más endeudadas de España, en el Top5 de paro, donde se ha dilapidado en astorias y convenios frustrados. Bajo las luces no se ve esa basura, ninguna basura, sin huelga o con huelga por incumplir lo pactado y negociar en falso…  Todo eso es secundario, mientras sea fácil encontrar un bar abierto a cualquier hora. Bravo.

Campofrío se ha hecho un selfie con España, y ha salido un autorretrato ‘preziozo’. Lo tienen claro. Somos los campeones de la corrupción y cada día sumamos imputados, el poder miente por sistema, la banca se ha jodido pero los banqueros están colosales,  el país es un erial lleno de inversiones delirantes… pero somos cojonudos. A ver ¿Quién querría ser sueco o neozelandés? Esos son todos unos amargaos, y los alemanes, y los franceses, aunque tengan un gran bienestar. El gran éxito de Campofrío es tener identificada la sociología española: aquí se vive mejor que en ningún sitio, hay bares abiertos a cualquier hora y buen jamón. Tenemos claro que un país no puede ser a la vez eficiente, haciendo las cosas bien, y además disfrutar celebrándolo. Pues claro que no. ¿Quién podría irse a celebrar un trabajo bien hecho? ¿En qué cabeza cabe? Venga ese jamoncito, con la penúltima, y ‘que nada ni nadie nos cambie…’.

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