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El PP andaluz no le gana ni a Arenas
Teodoro León Gross 13-02-2014 | 10:34 | 1

En el Partido Popular de Andalucía han tenido que esperar a que Rajoy ungiera un candidato para poder proclamar ¡es el mejor candidato! ¡es el mejor! Así va esto. El nombre es lo de menos; la lógica del ‘dedazo’, máxima expresión del mesianismo en la partitocracia, tiene esa mecánica. Los líderes, como los cardenales al elegir Papa, parecen actuar inspirados por el Espíritu Santo. Y cuando hay fumata blanca, los suyos lo celebran como los fieles en la plaza de San Pedro. Incluso a un desconocido inesperado en las quinielas, como Bergoglio, se le venera ipso facto. Así ha surgido el nuevo hombre fuerte de la derecha andaluza; entiéndase, el nuevo hombre débil.

Moreno Bonilla no era un emboscado; estaba ‘out’ en la tómbola de nombres, y el dedazo lo ha puesto ‘in’. Ahora ¡es el mejor! ¡es el mejor! Eso es todo. Podía haber sido otro, pero es él. Vaya por delante que Rajoy ha evitado males mayores con Sanz, pero este proceso deja al partido machacado en un feudo clave por su tamaño. Durante meses han hecho bailar sobre el escenario muchos nombres en un casting largo y ridículo, incluso a Fátima Báñez disfrazada de Virgen del Rocío o a Celia Villalobos, que ya solo da para un secundario en Torrente V; y una vez quemados todos, quedaba Sanz como mirlo blanco pero Rajoy lo ha asado como un pollo. La nomenclatura andaluza sale desautorizada. Vaya lección les ha dado el PSOE: el dedazo de Susana Díaz rozó la perfección quirúrgica, rápido, preciso, incluso escenificando unas primarias bajo control de las taifas. El PP ha sido una jaula de grillos, como si la hoja de ruta fuera obra del guionista de ‘Resacón en Las Vegas’.

Moreno ¡es el mejor! ¡es el mejor! no está probado en las urnas como cartel. Es un dedazo incierto del aparato, donde lleva toda la vida, susaneando desde antes de los veinte. Este malagueño de Barcelona sensato y amable, que llegó sin titulación pero ha sumado esos máster tan asequibles para la casta, parece ir corto de pegada electoral. La lectura local va a ser eufórica, y es lógico, pero de momento no se le ve como un bocado duro para Susana. Sin embargo tiene potencial, aunque le pesará, eso sí, ser candidato vía AVE y ese aire de hermano mayor de una cofradía de señoritos que el PP no se sacude al sur de Despeñaperros.

Arenas, como un Cid con rayos uva, ha ganado la batalla después de muerto. El mérito no es suyo sino de Soraya, y también de Bendodo, triunfador en el juego de tahúres de los barones. Pierde Cospedal con el cogollito sevillí de Zoido. Vaya hito no haber podido derrotar a Arenas, un tío que aquí ha perdido siempre. Al final va a poder presumir de haber vencido una vez aunque sea a los suyos. Eso sí, unos por otros dejan el partido muy tocado –ya se verá si Moreno es o no ‘un líder con los pies de arenas’- más allá de los aplausos de rigor: ¡es el mejor! ¡es el mejor!

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Tan lejos de la realidad
Teodoro León Gross 11-02-2014 | 9:58 | 0

Más de cien mil parados este mes, el empleo frisando su nivel más bajo del siglo… y el presidente va y manda callar desde el púlpito del broteverdismo al líder de la oposición con chulería tabernaria para arrancar la ovación eufórica de sus conmilitones. Una cosa es la España real y otra la España del teatro de Valladolid. Para eso están ‘las mentiras, la malditas mentiras y las estadísticas’ mucho tiempo antes de que Sorkin pisara ‘El ala oeste de la Casa Blanca’. Cocinar los datos y las encuestas es de primero de apparatchik. Ante el drama medular del paro, hay orden de callar dictada por el peor presidente contemporáneo para la libertad de prensa, solo comparable a los peores años del guerrismo con Calviño en TVE, usando la zanahoria de la publicidad institucional a destajo a pesar de los recortes, para pastorear medios agónicos o cortar cabezas. Es coherente, eso sí, con su propia mudez. Y en realidad a eso estaba destinado el auto de fe de Valladolid: marcar los cotos de silencio.

La convención ha acallado el tamaño del Estado; el paro; la reforma fiscal; las grietas del partido; el descontento de las víctimas con el entreguismo o el debate real del aborto. Ha sido un finde de coaching preelectoral. Cualquier Convención tiende a eso; pero pocas veces con un desfase así. Como en todo género de ficción, cualquier parecido con la realidad sería pura coincidencia. De la corrupción, nada, con Gürtel ahí, casi doscientos imputados, la mitad políticos (si ya quedó claro que el tesorero del PP no debía ser vinculado al PP, el ex secretario general se infiere que tampoco) mientras la UE coloca a España en el Top5 de la corrupción por sus contratos públicos y la financiación de sus partidos, léase Bárcenas. Silencio. El aborto se ha reducido a un ¡no pasarán! La reforma fiscal, a una vaguísima promesa para el año electoral. Las víctimas, a un video. La arquitectura del Estado,  a nada. Solo se trataba de caldear el ambiente preelectoral. Como establece la máxima germánica, ‘un estadista piensa en las próximas generaciones, y un político en las próximas elecciones’.

Lo asombroso no es que Montoro dijera en la Convención que “el Gobierno va a hacer lo que sabe hacer: bajar los impuestos”; en definitiva otra milonga más. Lo asombroso es que en ese momento el auditorio no estallara en una carcajada. Este Gobierno ha subido treinta impuestos y creado doce tributaciones; pero ahí estaban todos ovacionando la bobada. A eso se va a las Convenciones; a aplaudir con el cerebro en off, a difundir frases precocinadas, a dar doctrina reforzando la identidad con ideología de salón, y a excitar los ánimos para “ganar, ganar, ganar, ganar y ganar”, como decía el Sabio de Hortaleza, fuente de inspiración de un presidente que solo lee el Marca, lejos de la encarnadura dramática de la realidad.

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Mas no tiene el número de Rajoy
Teodoro León Gross 07-02-2014 | 9:21 | 0

Artur Mas ha dicho donde Évole que él ni siquiera tiene el teléfono de Rajoy. Eso, más que cualquier otra cosa, sí que retrata su desinterés por el diálogo. Hoy día cualquiera almacena cientos de teléfonos en la memoria de su smartphone. Por demás en su caso es irrelevante; a él le basta dirigirse a su secretaria con la displicencia de Don Draper y decirle ‘llámeme al Rajoy, collons’. Para comunicarse con Moncloa no necesita implantar un teléfono rojo desde la Generalitat, como aquella línea nuclear satirizada por Kubrick. En fin, resulta bastante ridículo salir en televisión justificándose en que no tiene el número, un gesto más propio de una adolescente despechada.

Por supuesto Mas tiene el número. Esa mentira está descontada. Lo que importa es el detalle simbólico de negarlo. Cuando Mas dice que no tiene el teléfono de Rajoy, sólo está diciendo, en clave pueril, que no quiere saber nada de él. Lo suyo es como aquella humorada del marido a su mujer:

-Si no suena el teléfono, soy yo.

Esta bobada de Mas con el teléfono quizá retrata el propio anacronismo de sus ideas, un nacionalista típicamente del XIX anclado en el pasado. De hecho ha  llenado las cancillerías de cartas, eso sí, con poco éxito. Nadie le responde porque esos líderes resulta que están en otro siglo. En todo caso el problema de Mas con el teléfono, desnortado ante él como Rubén Darío, es algo que no va a entender el público del siglo XXI, mucho más cercano a la lógica de Jordan Belfort, el Lobo de Wall Street, que empuña el smartphone como una lupara: “¿Veis estos teléfonos? No van a marcarse solos…”. Cuando el president sale en televisión diciendo que no tiene el teléfono de Rajoy, resulta simplemente ridículo.

El Molt Honorable sí ha llamado en cambio a Susana Díaz. Seguramente porque no tiene nada que negociar con ella. Parece que el líder catalán está dispuesto a hablar con quien sea, excepto con quien tiene que hablar, que es el presidente español.  Y el caso es que si Rajoy quiere entender esta situación, no va a poder recurrir a la Ciencia Política sino más bien al Elle o al Cosmopolitan: ‘¿Por qué no me llama?’ es una típica pregunta de consultorio sentimental, desde Elena Francis para acá. En el blog ‘Cosas de mujeres’ se da un consejo de madres a hijas: “El hombre que está interesado, llama”. Mas no tiene interés, eso es todo. Pero así está el nivel del diálogo político sobre el problema catalán: un órdago para romper una nación de siglos con gestos de adolescente ofendida, como si estuviera rompiendo con su novio del instituto.  Con lo fácil que es contactar con Rajoy, como Bárcenas, y que él te mande un SMS: “Mañana te llamo… sé fuerte… hacemos lo que podemos”. Venga, Artur, no te quedes esperando que sea él quien te haga una perdida.

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Grietas en la derecha
Teodoro León Gross 30-01-2014 | 12:58 | 0

Este fin de semana, en el transcurso de una cena de viejos amigos, dos de ellos, votantes del Partido Popular, confesaron que votarían, sí o sí, a Vox, y un tercero dudaba entre Vox y Ciudadanos. Incluso siendo un biotopo a medida, el caladero sociológico natural para esas ofertas, estadísticamente da que pensar. Vox, más que un refugio de disidentes, puede ser un destino cautivador para descontentos. A la clientela conservadora más frustrada por el pragmatismo posibilista del Marianato, esa partitura de Vox fiel a la víctimas del terrorismo, contra el estado de las autonomías y el abuso de la casta, debe sonarles a música celestial. El portazo de Vidal-Quadras, que soportó el Pacto del Majestic porque creía en Aznar pero no la doctrina Parot por falta de fe en Rajoy, ha redoblado su eco con Mayor Oreja. No es que sean John Lennon y Paul McCartney desarmando los Beatles, pero han retratado al PP en su laberinto a gusto de su gente más hastiada.

El PP está perdiendo votos por toda la cartografía física e ideológica de su mapa electoral: del centro a la ultraderecha, del Cabo de Gata a Finisterre, de los liberales a los democristianos, de Lanzarote a Sitges. El revés sanitario en Madrid ha puesto los focos en una gestión fallida de revés en revés, de Eurovegas a los Juegos Olímpicos con el relaxing bochorno de una alcaldesa sin credibilidad. En Andalucía, apenas  dos años han bastado para dilapidar su trabajadísima victoria en urnas, ahora sin liderazgo ni discurso. En Valencia no cesa el desgaste de los escándalos, con más de un centenar de imputados y sus figuras históricas embarradas en mil enredos. En Cataluña han cedido el sitio a Ciutadans; y en el País Vasco acaban de protagonizar una ruptura emocional con la herencia de Ermua. Por el centro sufren con la Ley del Aborto y además las leyes de Seguridad y Educación; por el flanco liberal, con los impuestos y el intervencionismo; por el democristiano, con la renuncia a los valores; y por el ultraconservador, con el argumentario de Vox.

La fuerza del Partido Popular ha emanado de encarnar a toda la derecha desde el centro, funcionando como un ‘catch-all party’ a la americana, un partido ‘atrapalotodo’ capaz de integrar a numerosas corrientes ideológicas. Ahora hace aguas. De momento su confianza se sustentaba en que la recuperación del socialismo descacharrado tardaría más que los brotes verdes, pero hay poco margen para las europeas, y las encuestas aprietan. La estrella emergente de la izquierda, Susana Díaz, ha espoleado a su partido persuadida de que una derrota en mayo dejaría tocado al Marianato, del que se aleja también Aznar y otros a rebufo. Demasiadas grietas ya como para una solución de parcheo.; y sobre todo, desgobernada la nave, con el capitán de perfil ante la tormenta.

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El souvenir de Rajoy
Teodoro León Gross 19-01-2014 | 2:15 | 0

Cazar en la Casa Blanca un elogio del presidente es como aquello de Dominguín tras el revolcón con Ava Gardner: ¡lo que importa es que se sepa! A eso van allí los mandatarios españoles, empujados por el deseo ardiente de un titular. De ahí el guiño al presidente: “apoyo total a las medidas adoptadas”. Ah, no, no, esta es la frase de Obama no a Rajoy sino a Zapatero tres o cuatro años antes. El elogio del presidente a Rajoy fue “líder visionario”… ah, pues no, tampoco éste, que es una frase de Bush a Aznar. Y “una genuina relación de amigos y aliados” tampoco; esa es ¡de Reagan a Felipe! el joven izquierdista pragmático a quien brinda respeto en sus memorias. Y “nos sentimos muy orgullosos de lo que están haciendo” es de Jimmy Carter a Suárez en 1977. Ningún primer ministro español ha salido de la Casa Blanca sin su frase de elogio. De hecho van allí como quien va al camerino de una estrella y se lleva una foto firmada ‘con mucho cariño para mi buen amigo Tal’. Los presidentes americanos saben que los mandatarios de las provincias del Imperio en definitiva  viajan allí para la foto, preferiblemente acompañada de un gesto de confianza, quizá un paseo por un salón íntimo o un brazo sobre el hombro. Es fácil complacerles con un piropo y que ese día se sientan el Rey del Mambo.

Hay que relativizar los elogios, como los sms de los adolescentes, porque son frases hechas bastante previsibles del lenguaje diplomático, el libreto habitual de su puesta en escena. Mejor ponderar los hechos. A los dos años se ha recibido a Rajoy, tardíamente si se compara con otros gobernantes occidentales; y Obama, en su cuenta de Twitter, no le dedica ese día siquiera una mención de 140 caracteres. Nada. Por demás parece poco probable que Rajoy le impresionara con gestos como ir a la Casa Blanca vetando a varios medios críticos, algo inusual para la cultura democrática americana. Sí pudo mostrar Rajoy indicadores macroeconómicos por fin al alza, aunque Obama no le permitió la insensibilidad de hablar de economía silenciando que en la retaguardia se deja cinco millones de parados.  El presidente americano no compró el ‘España va bien’, sin duda con informes duros sobre el paro además de la deuda o el rescate de la banca. Pero Obama no estaba allí para hablar con Rajoy sobre el progreso de España –en ese caso habría telefoneado a Merkel, que es quien lleva realmente las riendas- sino para contentar a un aliado. Y eso es suficiente para Rajoy, que se fue de allí con lo que había ido a buscar: un buen elogio. Ese es el souvenir.

Como guiño Obama fue generoso sacando el fútbol en la conversación, único ranking donde la Marca España tiene categoría estelar. Claro que ese guiño es también un trago amargo, porque retrata que el prestigio de España en el mundo de momento ha quedado reducido a La Roja. Es lo que hay.

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