¿Hay equipo para no descender? ¿Es mala la plantilla o no está bien explotada? ¿Existe margen para la reacción? Para la primera y la tercera de las preguntas mi respuesta es sí; para la segunda, diría que se producen las dos circunstancias, con más incidencia de la última.
Por partes: Creo que el equipo ha tocado fondo y la culpa es de todos.
De la dirección deportiva y el presidente, por recurrir a lo poco conocido en buena parte de los fichajes, la mayoría de las cuales se han mostrado hasta el momento muy poco acertados. No ser algo más audaz en el gasto trae estas consecuencuias y se desestimaron mejores opciones.
Para el cuerpo técnico también hay carbón. No cabe sólo recurrir al argumento de que las incorporaciones fueron deficientes. Creo que este Málaga mantiene casi todo lo mejor que tenía en la última temporada. Se fue Goitia, es cierto, pero Munúa, pese a la incatividad que arrastraba, no lo está haciendo nada mal. Calleja no va ni convocado con el Osasuna, y Eliseu no cuenta en el Lazio, por lo que no deben de ser tan determinantes. Por contra, siguen Jesús Gámez, Weligton, Apoño, Duda y Luque, fundamentales en el último curso. Curiosamente, casi ninguno en su mejor momento, sino muy lejos del mismo. ¿Acaso los que estaban cedidos y ya tienen un contrato se han acomodado?
Tarea de los técnicos es sacar la mejor versión de todos ellos. Y, por supuesto, dar un sello de identidad al juego, en función de los mimbres. Este Málaga, de momento, no se sabe a qué juega, pese a carencias graves en ataque, sin una clara referencia en punta ni velocidad. Y sin continuidad en las alineaciones en la parcela ofensiva, lo que conduce al caos.
Para los jugadores también hay cera. Los errores defensivos se reproducen de forma casi imperdonable en cada partido, y esto ya no es responsabilidad del banquillo: la forma de colocar la barrera el domingo por Munúa y cómo Obinna abre la muralla en el tanto de Capdevila, el despiste con Morris para el Racing, el balón que pierde Cuadrado ante el Almería y la ausencia de marcaje a Armenteros, pese a ayudarse de las manos para marcar.
Incluso, percibo falta de compromiso en algunos casos. Creo que cualquier aficionado que ha visto los partidos entiende de qué casos hablo. Se necesita hambre para llevar la camiseta.

