La portería de España y Lawal

​Pudo ser uno de los peores momentos de mi vida como aficionado al fútbol. De hecho, dieciocho años después, todavía me estremezco al recordar la imagen de Zubizarreta colándose en propia meta un centro de Lawal. Entonces, el vasco contaba con el firme beneplácito de Javier Clemente, entrenador total que a su vez respaldaba el eterno Villar, presidente de la RFEF. Francia albergaba la Copa del Mundo y España no pasaba de la primera ronda. Se puso fin, entonces, a una de las mejores generaciones deportivas de la historia del balompié español. Acababa el ciclo de esa Selección y también de un guardameta que muchos quisieron jubilar años atrás.

 

Era un trece de junio, como hoy, de nuevo en Francia, pero sin estrella. En la solapa sólo teníamos muescas y malos momentos. Sin pasar de cuartos, nos llevábamos de cada cita internacional una caja llena de excusas. Desde el ’64 y con similar suerte que el Madrid con sus primeras cinco Copas de Europa, España no tocaba bola. Después vino lo del 2008, lo de 2010, lo de 2012, el fiasco de 2014 y ahora, en 2016, Francia nos vuelve a esperar. Dieciocho años desde lo de Nigeria y de nuevo un debate en la portería de La Roja.

 

Salvando las distancias, Vicente del Bosque no ha querido que se le tache de conservador, que siempre lo fue, y ha zanjado la trama Casillas-De Gea dando peso al del United. Deja en el banquillo a Íker, toda una institución del fútbol mundial, y advierte que esto no condena a la suplencia a nadie. Si se equivoca lo hará por lo que hizo, sin lamentar el qué pudo haber pasado. Casillas es grande, el más grande; es el portero de todos los tiempos y eso lo sabemos todos. También somos conscientes de que no está en su mejor momento, pero eso lo debe valorar Del Bosque.

 

Y no me hablen de Buffon, de Neuer y de tantos otros ‘veteranos’ que para algunos han sido más respetados que el propio Íker en sus respectivas selecciones. Recuerden que de toda la vida en España hemos dado una patada a una piedra y ha salido un buen portero. Esa es nuestra suerte. ¡Vamos España!

El ‘cous-cous’ de Amrabat

Me decía un compañero y compatriota del ’23′ malaguista que su juego recordaba a Santi Cazorla. Quizá en el ideario, pero Nordin es más completo. El lunes demostró muchas más cualidades de las hasta ahora vistas con la elástica blanquiazul. Y es que de pronto se sacó la potencia, velocidad y generosidad, inusual en el mundo del fútbol, para darle en bandeja el segundo a Darder.

Antes, había sido capaz de levantar de su asiento al respetable, llevándose en el bolsillo el cariño de una afición que ya tiene nuevo ídolo. En Málaga, donde se divisa a leguas un buen jugador, ya se le ha colgado la estrella, y con la permanencia en el bolsillo, se le dio el beneplácito en el momento de su loca expulsión a través de un aplauso al que se unió el mismo Bernardo Schuster.

Amrabat se siente el importante del Málaga. De hecho, sólo a modo de galones por veteranía ya se le puede hacer sombra dentro de la plantilla. Junto a Duda, quién lo iba a decir hace justo un año, es cerebro, es alma de un conjunto al que le va a faltar liga.

Se puso las gafas a ’18 del final y le dijo al colegiado que así no podía seguir, que no estaba siendo justo. Éste, ni corto ni perezoso, le mostró la roja y lo expulsó tras el segundo par de lentes. Marchaba entre vítores y retirada de licencia de juego para Getafe y probablemente algo más. Una baja que el Málaga va a sufrir, porque no tenerlo en el césped ya es padecer.

Así las cosas y con la aparente seguridad de que el Galatasaray nos lo va a prestar una temporada más, Málaga sonríe ante el buen plato de ‘cous-cous’ que nos espera la próxima temporada con él y otros tantos que debieran de empezar la liga en agosto y no con el año nuevo.

Una peineta ‘in voce’

Bernardo Schuster de equivocó. Lo hizo en lo deportivo y también en actitud, quedando delatado en el banquillo de una Rosaleda cansada de sus formas. Ante el Valladolid y con el uno a uno en el marcador, la gente le invitaba a irse. Él, in voce, dedicaba una peineta a las veinte mil gargantas que al unísono se dirigían hacia su alemana persona. Pero se hizo el sueco. “Hay problemas más importantes”, que él mismo ha creado a medias con el presidente, dando lugar a un Málaga que se ha llegado a arrastrar esta campaña el algún que otro campo.

 

La situación es complicada, pero se busca el más difícil todavía. Así ha sido en las últimas jornadas, donde el técnico bávaro quiso ejercer y tiró de poco para irse de vacío en encuentros no ya carentes de fútbol, sino de organización, de sistema y hasta de sangre. El Málaga busca una brújula, por más que Schuster se empeñe en buscar un líder, y de momento parece que ésta no tiene nombre, sino un grupo de jugadores que han decidido tirar del carro.

 

Lo del Sadar fue otra historia. La entrada se Sergi Darder y la aparente conexión entre él y el resto del equipo, por delante y por detrás aunque suene feo, dio por vencido a Tissone. Son dos jugadores distintos, está claro. El uno necesita tener un perro guía mientras que el otro sabe desenvolverse bien en la soledad de un equipo falto de efectivos. Samu aportó el gol, que no es más ni menos que lo que se le pide a un hombre en su posición. Pero hay algo más. Desde hace mucho tiempo, no veíamos a Roque disfrutando de su profesión. Junto al canterano tuvo movilidad, estuvo en todas las de su equipo y pareció creerse su responsabilidad sobre el campo. Galones aparte, el Málaga funcionó arriba más que otras tantas veces esta temporada. Abajo, con Willy, es otra historia.

 

¿Schuster equivocado? Claro. Lo ha estado durante muchas jornadas. Esas en las que nos da que tardó en conocer a su plantilla. Esas jornadas en las que no repetía un solo once y muchos caían en la inseguridad de un alemán altivo y testarudo que no aceptaba, aparentemente, consejos de los que le rodeaban. A Bernardo se le ha visto el plumero y debería reconocerlo. Hacerlo sería repetir once ante el Real Madrid. No hacerlo, como así esperamos, será renovar un once que viene de ganar. Hacerlo parecer al de otras jornadas, a esas del arrastre. A esas que nos ha hecho olvidar en poco tiempo al Málaga de la eurozona.

Málaga, una afición agradecida

El Málaga va dejando por el camino todo lo que consiguió a base de trabajo e ilusión en un proyecto que no cuajó. El ‘jeque’ demostró no ser lo que todos creían y el dinero no fue la carta de presentación de un grupo que ha dejado mucho que desear. Peor si cabe fue la incertidumbre que han despertado en el club de Martiricos los que Al-Thani iba dejando a cargo del proyecto, incluidos los que ya estaban. Hermetismo puro y duro y una consigna del no sabe, no contesta, hizo que nadie quisiera ya dar la cara por ellos. Ni siquiera Fernando Hierro fue capaz de quedarse más de la cuenta. Él también se marcho.

 

Tres años en los que ha pasado de todo, bueno y malo, y en los que la Rosaleda ha perdido un poco de eso tan nuestro que ya no es. Por suerte, Málaga siempre ha sido una ciudad agradecida y que no olvida su pasado, muy duro, dentro del mundo del fútbol. Cerramos los ojos y nos acordamos del descenso, la desaparición, la vuelta a la élite con los pies embarrados y otra caída. De ahí a la Champions y vuelta a empezar. En Málaga ya se sabe lo que se quiere y también lo que no, por eso a estas alturas ya han renovado 20.000 carnets y siguen habiendo colas.

 

En lo deportivo no podemos ser del todo optimistas. Se van los mejores y lo que llega no está a la altura, por nombres, de lo visto la pasada campaña. Aún queda tiempo y son muchos los que suenan para vestir de blanquiazul. Lástima la no presencia en Europa a pesar de haberlo ganado en el campo; es eso que tiene el fútbol, que te quita y da de forma desmedida. Sea como fuere y como diría aquel, todos los días que estemos en Primera División serán buenos días. Pues eso.

De Japón al Manzanares

Villa se va al Atlético de Madrid. Lo hace después de verse relegado como futbolista en el Barcelona tras una lesión que lo mantuvo alejado de los terrenos de juego durante varios meses y que le hizo, incluso, perderse el europeo. Fue durante la semifinal del mundialito de clubes, en 2011, cuando la tibia izquierda del delantero azulgrana se fracturó al apoyar la pierna en una carrera ‘normal’. No hubo contacto con los dos defensas que lo acompañaban ni un mal apoyo. Nada. España se sobrecogió con el golpe y el gesto de dolor del ‘guaje’ hizo pensar en lo peor, confirmándose posteriormente el peor augurio que ha terminado con su salida del Barsa.

 

Su crecimiento como futbolista, que le llevó del Sporting al Valencia y de ahí al Fútbol Club Barcelona, ha ido siempre en aumento. Decisivo en el Mundial cosechado en 2010, David Villa sufrió la peor enfermedad que puede tener un futbolista, una lesión. Consciente de la importancia de la misma, decidía no acudir a la Euro de 2012 para que en su lugar pudiera estar otro compañero en condiciones óptimas. Villa, sin saberlo, comenzaba a vivir el declive de su carrera.

 

La llegada de Alexis a su club y el estado de forma del asturiano, que no era el de antes, hicieron de David Villa un huésped común en el banquillo del Camp Nou. Su nombre, que sonaba en todas las tertulias como candidato a marcharse, comenzaba a pesar y en la capital de España, donde andaban tras un delantero de garantías. Inglaterra también lo sedujo, pero la intención de Villa era la de seguir en España. Así será. El Atlético de Madrid permitirá que el ‘guaje’ vuelva a vestir de rojiblanco; no será en un equipo asturiano, sino en el club que dirige Simeone. Hombre de carácter el argentino que sin duda tendrá que buscar en el asturiano la fuerza y el coraje de un delantero con gol que necesita despertar de una pesadilla que comenzó en Japón y que podría terminar en el río Manzanares.

La magia del ’23′

Desde que Isco aterrizara en Barajas todo han sido elogios para un joven futbolista de Benalmádena, con tendencia a engordar en su adolescencia y por el que muy pocos dieron un solo duro hace apenas tres años. Después todo cambió. Valencia, que fue el último de sus destinos antes de regresar a la Costa del Sol, sabía del potencial de un jugador que nadie echó, sólo que no tenía cabida en un saturado plantel a las órdenes de Emery.

 

Su fugaz paso por La Rosaleda le ha servido para seguir sumando partidos internacionales, asomar la cabeza en Europa a través de la Champions y para fichar por el Real Madrid. Y eso que Florentino se niega a sí mismo las mismas veces que Isco reniega de su pasado culé. No le gustaba al máximo mandatario merengue la idea de fichar al malagueño; tuvo que ser Zidane, hombre de su confianza, el que terminara convenciéndolo para desembolsar los treinta millones de euros en la caja del Málaga. Así las cosas, Isco y su perro ‘Messi’ ya están en la capital de España. Él mismo insinuó que tuvo otro can con el siete de Figo, lo que no confirmó si en ese tiempo el portugués jugaba en el Madrid o el Barsa.

 

Pero volviendo a lo del veintitrés, hay que decir que para muchos este número se ha convertido en un símbolo de jugadores rebeldes, de fortuna dispar y con algo especial en su carácter, en su fútbol. En la presentación de Isco muchos pensaron, por la fecha, en el inglés David Beckham. El chico picante lució el mismo número en Chamartín, aunque dudo que Isco lo hubiera elegido por él; me cuadra más otro futbolista, del Barsa, apodado ‘lo pelat’. Su visión de juego, sus pases imposibles y su relación amor-odio con Cruyff, Clemente y compañía hacían de Iván de la Peña un rebelde de su tiempo. La ‘quinta del mini’ movió un fútbol cogido con alfileres que se contorneaba en el límite entre el ‘tiki-taka’ y una locura poco permisible para el fútbol de su tiempo. De la Peña hoy en día podría haber sido un fijo en el once de Vicente del Bosque, siempre salvando sus descuidos en defensa. A pesar de ello, tenía esa magia, demostrable como ‘perico’ años después, que sólo unos pocos pueden dar al fútbol. Jugador de diez enumerado veintitrés.

 

El veintitrés dio al baloncesto, de momento, más que al fútbol. Dorsal de Michael Jordan, inédito desde entonces en los Bulls, ha sido propuesto para su retirada de todos los equipos NBA por la grandeza que ‘Air’ dio al deporte de la canasta. Isco no es Jordan, pero como si lo fuera. En Málaga, sin duda, ha sido mucho más importante que el moreno de Chicago. Para todos los que hemos vivido la mejor campaña de la historia del Málaga no había otro como él. Isco, con el veintidós de blanquiazul, sube un peldaño en su carrera como futbolista. Ahora es veintitrés. Suerte, maestro.

 

España confirma su revancha

España, contra pronóstico, cayó en Maracana. Templo balompédico donde los haya, su estrella sigue brillando a pesar de los años y del hormigón armado que hoy en día entierra todo aquello que fue. Nadie dijo que fuera fácil a pesar del lustro que nos avala. Decir España en un contexto futbolístico es dejar a cero la prima de riesgo deportiva, eso es cierto, pero algún día teníamos que perder.

 

No es relevante, además, hacerlo en un torneo menor. Me explico. La CONFECUP, Copa Confederaciones o como a bien tengan llamarla, es ese torneo de verano que nadie conocía en España hasta que se ganó la Euro de 2008. Desde entonces, hemos sido partícipes de un bolo más de pretemporada que sirve para medir el estado de las instalaciones y capacidad de organización del país anfitrión de la gran cita mundialista. No hay más. En 2009, un año antes de que Casillas levantara la Copa FIFA, la Selección de Vicente del Bosque cayó en semifinales de esta copita ante Estados Unidos. No pasó nada. La copa se la llevó Brasil, que lo celebró tanto o más que el domingo, pero todo quedó ahí.

 

Entonces, la derrota fue un toque de atención para que a nadie se le olvidara que el fútbol sigue siendo un deporte donde juegan once contra once y cualquier cosa puede pasar. Después ganamos el Mundial. Ahora pasa algo parecido, aunque está claro que con un rival de más entidad, en su estadio y en una final que sólo recobró valor cuando la jugador dos de las mayores potencias mundiales.

 

El resto sólo fue fútbol de verano, un pasatiempo revalorizado por aquellos que no tienen más que la Confederaciones para sacar el cuello a la élite balompédica mundial; aquellos que nunca se las verán en otra así; o que simplemente han acabado con sus cartuchos y no verán más de Brasil que lo ya disputado en esas dos semanas calurosas en el país de la samba.

 

Y que no suene a excusa, todo lo contrario. España quería ganar porque es lo que quiere siempre. Máxime cuando después de saldar muchas deudas pendientes, aún quedaba Brasil. Será en el Mundial, no hay duda; suena a revancha y el escenario será inmejorable. Y me reitero en las intenciones de ganar y no lo hizo porque no jugó a lo que sabe. Tampoco le dejaron y salió apagada con sus carencias puestas en bandeja. No es bueno personalizar, pero seguro que muchos de los que fueron ya no volverán a Brasil. España es una potencia mundial en fútbol y no puede permitirse un personal que no sume; no dar la talla es una criba muy exigente que va a servir a Vicente del Bosque para seguir contando con los mejores.

 

El baño que Brasil dio a España, en lo físico y lo táctico, fue empañado por una extrema dureza permitida por un colegiado al que se le quedó cara de tonto en 2010 con el ‘iniestazo’. Pero eso es otra historia. El domingo no estuvo a la altura y sólo se dedicó a parar el juego duro español cuando le vino en gana. Brasil ganó en goles y en faltas, de eso no hay duda, pero perdió en juego limpio. Proteger a las figuras de un Mundial es algo más que ser uno más del conjunto local. Aunque el resultado poco hubiera variado, sí hay que proteger la integridad de unos jugadores a los que le dieron un baño y demasiada rasca sobre el césped.

 

El resto ya lo vieron todos ustedes. España descansa y aguarda impaciente al Mundial. Una cita a la que como en la CONFECUP se le exige llegar al final. Eso es lo que hemos ganado, prestigio y respeto. También ánimos de revancha y la seguridad de poder contar, o no, con una nueva oportunidad en el Mundial. Esa es la grandeza del fútbol español. Mientras dure.

Algo chirría en la ciudad del amor

‘Ibra’ vuelve a España. Lo hace esta noche en Mestalla, uno de aquellos templos de nuestro fútbol. Ciudad ilustre del balompié español con un Valencia al que le queda poco por salvar esta temporada. De ese equipo, finalista de la Copa de Europa y campeón de liga en dos ocasiones y en pleno siglo XXI, queda sólo la esencia, el color y el recuerdo de esas temporadas en la que sólo jugaban mortales. Luego vino la estrella de la solapa española, el Barsa de Guardiola y el Madrid de los récords. Entre tanto éxito, ahí está el sueco. Resentido, aunque lo niegue, tras sus más y sus menos con el ex entrenador azulgrana, este goleador le tiene ganas a España.

Se fue para volver, de hecho y de muy seguro aceptará una oferta de jubilación en cualquier club de la costa española. Mientras tanto, se ha convertido en abanderado del equipo del amor. Al menos de su ciudad, París. Sólo de azul se juega de local en el Parque de los Príncipes. Sólo allí, chirrían esos dólares oscuros del petróleo inyectados en el equipo del primo del jeque del Málaga, curioso, en una ciudad tan perfecta. El uno sin el otro no existirían; aunque mirando atrás hay que afirmar que París atrajo en su caso a muchos y muy buenos. Véase David Ginolá, Ronaldinho Gaúcho o Raí. Éste, hermano de Sócrates e internacional brasileño, fue en su momento lo que otros pocos: mejor jugador brasileño del momento.

Volviendo al presente, realidad que beneficia a los parisinos, la cita está fijada a las 20:45. Mestalla, que quizá haya visto nublado su poderío europeo por las expectativas que se marcan en el otro duelo, el del Bernabéu, no debe pasar desapercibido dentro del entorno deportivo español. Tropezar en la misma piedra es perdonable siempre que se habla de fútbol. Lo lleva consigo este deporte al igual que su particular venganza o eso de devolverte lo que antes te quitó. Los años pasan y ningún club se hace viejo. La renovación llega al fútbol y en el Valencia sólo se han perdido algunos bigotes. Ojo con la eliminatoria, que es a doble partido. Por lo demás, siempre que se ponga todo en el asador, el pase debe ser español. Como siempre.

Lejos del ‘tiki-taka’

Lo comentaba hace unos días con mi amigo Paco Medina, el ex presidente del Vélez Club de Fútbol. Le decía que la llegada de Carlos Tello al Vélez Club de Fútbol no significaría ver ‘tiki-taka’, ni mucho menos. La semejanza de su fútbol con el de Guardiola es pura coincidiencia, el balón, el blanco de los ojos. Ese Vélez, el que quiere Tello y aún no vemos sobre el césped, se parecerá más al Madrid de Capello; fuerza, choque y resultados; ‘amarrategui’, que solemos pronunciar mucho en esta bendita tierra y un lametón en los morros de cada cual al término del partido. Dulce o salado, que diría mi amigo Guille, pero al fin y al cabo sabe a algo. Es pensar que se ha trabajado sobre el césped, que se está tirando del carro con lo que hay y que durante la semana se piensa en ganar, sólo en ganar. Tello ha demostrado, por otro lado, el amor al club, que está con sus jugadores, al menos con los que se queden en el equipo, y que hay una idea, una meta, un fin que debe aún verse en el Vivar Téllez y perdido por esos campos de Dios. El ‘míster’ precisamente decía a viva voz a sus jugadores, y después en El Eco Deportivo para que todos lo supieran, que pocas veces van a poder estar a las órdenes de un cuerpo técnico como el que viste ahora el Vélez. Dos licenciados y dos ex de Primera División. Eso, aunque no te asegure resultados, sí que debe ayudar. Al menos, el trabajo se tomará más en serio y me reitero, se corre hacia una meta, hacia un proyecto, hacia una idea que han esbozado este elenco profesional del banquillo y amateur en el césped, porque el sueldo no da para más. Ahora nos faltan los resultados. Es lo único.Con los galácticos conocemos la derrota, el empate y sólo resta la victoria. Esperamos se dé este domingo. Dios mediante.

#15mligabbva

Los que miran a la Liga Española bajo el prisma del 15-M, atacando incluso al renombre de Liga BBVA, ya se sienten completamente indignados por todo lo que ocurre cada fin de semana. Como si el duelo de técnicos, nuevos impuestos o cuidados a las figuras fuera algo nuevo. Lo distinto es que ahora existen más soportes para criticarlo todo. Qué más da si Cristiano es más o menos guapo. Lo que importa es que sus declaraciones corran como la pólvora por Twitter. Lo mismo ocurre con la guerra en la sala de prensa que mantienen Pepe Guardiola y ‘Pepe’ Mourinho. A marchas forzadas, el traductor y el canterano han aprendido de los políticos. Cortinas de humo y un desvió artístico de la atención hacen que sus futbolistas puedan al fin preocuparse de eso, de ser futbolistas.

 

Lo preocupante, y vuelvo a lo de las redes sociales, es que éstos ahora tienen más cosas en las que pensar y entretenerse. Y es que los hay que no paran en darle a la tecla del móvil para contarlo todo; muchos, incluso, se atreven con reivindicaciones que poco o nada tienen que ver con el deporte. ¿Recuerdan la que se armó con Oleguer Presas hace unos años? Seguro que si hubiera tenido Twitter la cosa no hubiese llegado a tanto, puesto que hubiera pasado desapercibido después de lo que escriben, en no más de 140 caracteres, otros como Puyol o Cesc, aficionados al ‘tiki-tiki’, que se ponen de buenas con el rebaño más independentista pidiendo eso de #twitterencatalá, con todo lo que ello conlleva.

Diario SUR

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