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¿Quién no tuvo uno? El biberón mágico

2013 marzo 22
por Jackie Ladenuca

 

Eh? Eh? No, no digas que no, que seguro que tuviste uno y todavía te corroe la duda de cómo funcionaban. A mí también 🙂

'Dibu' y huérfano en la vida

2013 marzo 21
por Jackie Ladenuca

Hubo un tiempo en el que los adultos no solo despreciaban los traumas infantiles sino que incluso había un cierto regodeo en fijar oscuras pesadillas en los sueños de los más pequeños. Recuerdo un cuento de mi tierna y despiadada infancia  en el una de las hermanastras de Cenicienta se cortaba el talón del pie, LI-TE-RAL,  ¡¡¡para que le cupiera el zapato de cristal!!! Pavoroso. Pero es que, incluso, el cuentecito de marras detallaba cómo el zapatito transparente tenía reflejos rojizos por las manchas de sangre. Muy Tarantino todo. Eso te marca una vida, o media, como poco.

Otro recurso repetitivo de aquellos adultos de los 70-80 era su fijación por dejar huerfanito o similar a todo menor de diez años. Todo muy bien orquestado para sembrar el pánico en cualquier infante de la época, cuando el ‘zapping’ era inexistente y, como mucho, consistía en un ‘levántate niño y pon el ‘uacheefe’. ¿Quién no recuerda los traumas de sanota Heidi? ¿Los sinsabores del repeinado Marco para buscar a su madre? ¿La enamoradiza y llorona Candy? ¿Los oseznos Jackie y Nuca que perdieron a su madre, abatida por un cazador en un ‘remake’ plantígrado de Bambie?. O, la más odiosa, Pollyana, un relato más antiguo pero que adquirió su máxima proyección en los 80.  Vamos, que por aquellas décadas, para ser ‘dibu’ de éxito o eras carne de orfanato o no eras nadie.

Colección de huerfanitos animados:

Heidi, huérfana y sanota. Lo que tiene la vida de campo

Huerfanita de culebrón. Lo que lloraba la chiquilla, pero era por amor:
era viuda preadolescente tras la muerte de Anthony (su noviete) 

Jackie y Nuca. Un ‘remake’ del dramón de Bambie

Este es pariente de Heidi, fijo.  Parecidos muy razonables. 

2013 marzo 18
por Jackie Ladenuca

Bic-bic-bic-bic-bic… Bic Naranja escribe fino… Bic Cristal escribe normal. Si alguna vez lo escuchaste, tu vida cambió desde ese momento… Si no… estás a punto de entrar en una dimensión desconocida… Bic bic bic

 

 

 

Horror, calentadores a lo Nasarre

2013 marzo 18
por Jackie Ladenuca

Yo tuve unos calentadores porque quería molar un montón. A ver, si tienes menos de 30, corre al Youtube y, o bien buscas a Eva Nasarre, o bien te quedas ojiplático con la escena de’ What a feeling’ de Flashdance. Vale, de acuerdo, ninguna de las dos te suenan de nada. Pues entonces, deja de leer porque yo estoy poniendo todo de mi parte y tú nada de nada, chaval.

Mi calentadores eran cutres, mucho. Pero claro, eso no era novedad. Todo en los 80 era cutre. Eran cutres los moldeados, los giganto-jerseys con los hombros caídos; cutres los helados antropomorfos (frigopié, frigodedo: que merecerán un post específico), eran cutres los videoclubes, los anuncios de vaqueros Cimarrón y de Mirinda y era cutre Marya Gómez Kemp tirando la tarjetita.  Cutre, cutre. Luego, pasó la década, y los 80, desde la perspectiva de final de siglo se veían cutres tirando a casposos. Hasta que llegó el nuevo siglo, y redescubrimos que lo cutre, a veces, es ‘cool’ (palabra ya de por sí horrenda). E inventamos los monólogos y las paredes de ladrillo y los monologuistas insufribles. Entonces los 80 se convirtieron en referente. Aquellos 80… donde yo hacía gala de unos calentadores horrorosos, de color rojo para más señas y, la repanocha: tejidos por mi madre.

Para que los calentadores quedaran bien tenían que quedar mal. Me explico. Tenían que quedar lacios, caídos, a media pantorrilla, y la parte de abajo pisoteada y negruzca. Pues bien, mi madre desconocía la estética correcta y mis calentadores me quedaban cual espinilleras de futbolista, todo tiesas. E iba dando el cante. Porque los 80 eran de dar mucho el cante y yo daba la que más. Porque tenía una madre que eso de la moda no lo asimilaba bien y si tienes 10 años y tu madre no asimila bien la moda corres el riesgo de parecer un fantoche 24/7 (expresión, por cierto, que por entonces no existía y que ahora sigue siendo ‘cool’, creo).

En este blog os iré contando traumas, muchos. La mayoría ochenteros. Traumas de estos que no quieres contar en voz alta porque no hay nada que te avergüence más que lo que has vivido cuando eres preadolescente. Es una vergüenza que, sorprendentemente, no desaparece con los años y que te genera una sensación física, un sonrojo sofocante, que tampoco se olvida. Por eso, si hay algo que tengo fresco fresquísimo son aquellos bochornosos 80.