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Fecha: diciembre, 2009
El futuro no está escrito
Nuria Triguero 28-12-2009 | 1:34 | 0

Siempre desconfío cuando un científico deja los datos a un lado y echa mano de aspectos intangibles para afirmar o negar algo. Ha ocurrido en los debates sobre las células madre y el aborto: algunos médicos e investigadores mezclaban en su discurso conceptos tan comprobables como el tiempo de vida de un embrión con otros tan abstractos como el alma o la conciencia. Creo que la ciencia está revelar decir cómo es algo y la moral para definir cómo debería ser, pero la misma persona no debería hacer ambas cosas.


Por eso, cuando estaba haciendo un sondeo entre expertos con el fin de elaborar las previsiones para 2010 que han encontrado en este último ‘Dinero y Empleo’ del año, me chirrió un poco que el decano del Colegio de Economistas –que no es un científico, pero sí un hombre de números– señalara el «carácter emprendedor y valiente» de los empresarios malagueños como factor que ayudará a salir de la crisis.


Muy mal deben de estar las cosas, pensé, cuando el único motivo para el optimismo es algo tan intangible como la valentía. Y la verdad es que las cosas pintan mal –en 2010 el paro seguirá su siniestra escalada, según coinciden los analistas–, pero cuando hablé con el vicepresidente de la Confederación de Empresarios, Javier González de Lara, y se pronunció en términos similares –«Para que llegue el cambio de tendencia es fundamental no perder la ilusión», me dijo– empecé a pensar que quizá ambos tenían razón. Y no sólo porque, obviamente, saben mucho más que yo de esto. Sino porque hay ejemplos de sobra que demuestran la importancia de las emociones en el devenir de la economía.


Está la propia crisis financiera, para empezar. En España los activos tóxicos de Estados Unidos no tenían gran predicamento y el ‘caso Madoff’ sólo rozó al Banco Santander. Pero el pánico a una debacle desató el estrangulamiento del crédito que acabó provocando la verdadera crisis financiera que aún sufrimos. También es de sobra conocido el comportamiento irracional de la Bolsa –el director de Funcas y prestigioso economista malagueño Victorio Valle, me dijo una vez que nunca había invertido en acciones porque no funcionan de un modo lógico–. Y luego están todos los casos de empresarios que, con todo en contra, consiguen llevar a buen puerto sus negocios. ¿Quién iba a apostar por Google, Microsoft o Apple cuando sus fundadores las pusieron en marcha en sus garajes de Silicon Valley?


Así que seamos optimistas y no nos dejemos cegar por los datos. Quizá haya que confiar más en el carácter valiente de nuestros emprendedores –y en el esfuerzo y talento de los trabajadores– que en las previsiones del PIB, el euríbor o el IPC. El futuro no está escrito, y al fin y al cabo si nadie fue capaz de predecir una crisis como ésta, ¿quién puede asegurar que no encontraremos un atajo para salir de ella?

(Publicado en ‘Dinero y Empleo’ el 27-12-09)

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El estrés prenavideño
Nuria Triguero 21-12-2009 | 6:06 | 0

Creo que la Navidad es la época del año en la que más tiempo y dinero derrochamos en hacer cosas porque «se supone que hay que hacerlas». También es el periodo de tiempo que más estrés provoca en la gente, precisamente por eso en mi opinión.

Hay que comprar regalos, y ya no sólo para la familia, porque como se ha puesto de moda el ‘amigo invisible’ ahora también hay que que romperse la cabeza buscando detallitos –que sean originales, ecológicos y personalizados, por supuesto– para amigos y compañeros de trabajo. Por no hablar de los directivos que se tienen que devanar los sesos para elegir regalos de empresa que no les arruinen el presupuesto ni les hagan quedar mal con sus clientes y proveedores.

Hay que hacer sudokus con la agenda –y armarse de Almax– para cuadrar todas las comidas y cenas navideñas. Porque habrá crisis, pero la tradición se mantiene aunque en vez de a un restaurante de postín se vaya a una venta.

Hay que recibir y enviar felicitaciones navideñas. En mi opinión, uno de los mayores derroches inútiles de esfuerzo, aunque sea el de las pobres secretarias que se encargan de hacer el ‘mailing’, meter los ‘christmas’ en los sobres y escribir las direcciones. Además, los jefes también ‘pringan’: un directivo que conozco se quejaba el otro día de que tenía que perder parte de la mañana en firmar de su puño y letra ¡cien tarjetas de visita! para enviarlas junto a las postales. Y todo para que, según lleguen, los ‘chritsmas’ se vayan amontonando en la mesa o directamente en la papelera… Por cierto, las felicitaciones ‘on line’ no me parecen mejor opción: esta semana me han tenido que resucitar el correo electrónico dos veces por la sobredosis de e-mails navideños.

Hay que comprar lotería, toda la que se pueda y más, e intercambiar décimos con quien se ponga a tiro para que no se haga realidad esa terrible pesadilla de que un conocido tuyo se hace rico y tú no.

Y, en fin, hay que cumplir toda una serie de ritos que son estupendos si se tiene tiempo y ganas, pero cuando no, provocan un estrés importante. Cada año, además, surgen nuevas modas. Por ejemplo, me sorprende la cantidad de estudios banales que estoy recibiendo relacionados con la Navidad y el mundo laboral: qué le regalarías a tu jefe, qué le piden los empleados a los Reyes Magos, cuánto sube el nivel de estrés en las fiestas, cuánto baja la productividad, los virus informáticos que se esconden tras las felicitaciones ‘on line’, las claves para salir bien parado de las cenas de empresa… Eso quiere decir que existen consultoras, y dentro de ellas profesionales sobradamente preparados, que se dedican a realizar estas encuestas tan trascendentales.

Y si intentas reducir los ágapes navideños, comprar menos décimos de lotería, no mandar felicitaciones… serás culpable de que los restaurantes, loteros y fabricantes de tarjetas estén en crisis. En fin, feliz Navidad. Y que sea leve la Prenavidad.

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