img
Empresarios con las ideas claras
img
Nuria Triguero | 09-12-2010 | 20:40

Me gusta la gente que habla claro. Y no suelo encontrarme demasiada en el mundo de la empresa. Los tópicos, las ‘palabras talismán’ y los discursos prefabricados forman una espesa capa de niebla que tapa cualquier atisbo de originalidad en la mayoría de los discursos pronunciados por ejecutivos. Quizá por eso la gente paga por escuchar a oradores sin pelos en la lengua como Leopoldo Abadía o Juan Carlos Cubeiro, aunque sus conferencias no les sean de utilidad directa.

Esta semana la casualidad ha querido que entreviste a dos empresarios que tienen la virtud de decir lo que piensan: uno muy joven, aunque ya gestiona una compañía de éxito, y otro de dilatada experiencia en el mundo de los negocios. El primero es Raúl Santana, fundador de Clock Technology y recientemente galardonado con el premio Joven Empresario Malagueño. A sus 23 años es, probablemente, el ganador más joven de todas las ediciones. Y el éxito logrado desde que a los 19 fundó su empresa no le ha restado un ápice de naturalidad. Aparte de sus logros objetivos –más de un millón de euros de facturación, 25 empleados, tecnología punta–, creo que en las actuales circunstancias alguien que en más de una hora de conversación sobre su negocio y el fenómeno emprendedor no menciona la palabra crisis se merece un premio. Hasta me hizo pensar que la situación podría estar mejorando, aunque esa sensación sólo me duró hasta que el viernes el Colegio de Economistas presentó su nuevo y pesimista informe de coyuntura. Todo un baño de cifras negativas: desde luego, tampoco a ellos se les puede reprochar que no hablen claro…

El otro empresario al que me refería es el presidente de Isofotón, Ángel Luis Serrano. Un hombre discreto procedente de una compañía familiar madrileña, el Grupo Affirma, que se convirtió en el empresario más buscado de Málaga cuando tomó el control de la compañía el pasado julio. Ha tardado en hablar, pero lo ha hecho sin tapujos esta semana. Dice, para empezar, que Isofotón se había metido «en demasiados charcos» y que iba «en la dirección equivocada»: se centró en España cuando el sector de la energía solar se colapsó, mantenía filiales en países sin ninguna actividad pero abandonó los verdaderamente importantes y descuidó los costes cuando los demás fabricantes bajaron los precios. Seis meses después de su llegada, las cosas han cambiado mucho en Isofotón. La fábrica funciona al 100%, la plantilla está tranquila, se está llegando al punto de equilibrio financiero, se van a abrir fábricas en Estados Unidos y Asia… Pero Ángel Luis Serrano no se llama a engaño: «Cuando llegué, esta empresa estaba al borde del precipicio . Nos hemos alejado un par de pasos, pero aún vemos el abismo».

(Publicado en ‘Dinero & Empleo’ el 5 de diciembre de 2010)