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Fecha: abril, 2015
Aceleradoras: el dinero europeo se acabó, ¿y ahora qué?
Nuria Triguero 08-04-2015 | 6:22 | 0

Sesión de mentorización en la aceleradora Bolt

Hubo un momento en el que fue la palabra de moda. Las aceleradoras venían a salvar el mundo emprendedor malagueño. Las incubadoras de empresas eran el pasado: lo moderno, lo realmente revolucionario, era este nuevo concepto importado de Estados Unidos: meter a las ‘startups’ en un espacio común durante un periodo de tiempo corto (de tres a seis meses), someterlas a una intensiva mentorización y proporcionarles los medios para lanzar su proyecto, de manera que al final del proceso estuvieran listas para atraer capital. Este es básicamente el modelo que se ha testado en Málaga durante el último año. Con una singularidad: que se ha hecho con dinero público. Casi un millón de euros, aportados al 80% por la UE (fondos Feder, canalizados por la Escuela de Organización Industrial) y al 20% por el Ayuntamiento.

El alcalde, con el fin de repartir el riesgo, quiso que no hubiera una sino cuatro aceleradoras, así que repartió el dinero entre cuatro concesionarios. Bueno, en realidad entre tres, porque dos de las aceleradoras acabaron en manos del tándem Promálaga-PriceWaterhouseCoopers. Las otras dos han estado gestionadas por Bolt (una empresa especializada en la aceleración de ‘startups’ que ya había hecho un primer proceso de aceleración en Málaga con fondos privados) y una compañía vinculada al Instituto Fraunhofer, un prestigioso centro de investigación alemán. El objetivo que se les marcó era ambicioso: ‘acelerar’ 225 proyectos empresariales en poco más de un año. Hubo quien dudó, de hecho, en que fueran a encontrarse tal número de proyectos ‘acelerables’.

Pues bien, el experimento ya ha terminado y el millón de euros se ha agotado. Así que toca preguntar: ¿cuál ha sido el resultado? Y sobre todo, ¿ahora qué?, ¿pasarán las aceleradoras a formar parte estable del ecosistema emprendedor malagueño, o se irán como vinieron? El concejal de Nuevas Tecnologías, Mario Cortés, avanza que no se seguirá financiando este sistema con fondos municipales. «Otra cosa es que surja otra oportunidad de financiarlo con fondos europeos como la que se aprovechó el año pasado», matiza. La ciudad no va a quedarse de golpe sin aceleradoras, puesto que Bolt ha manifestado ya su intención de seguir trabajando en Málaga. El Ayuntamiento le ha facilitado seguir instalada en el ‘coworking’ de Tabacalera y, además de sus fondos privados, ha conseguido financiación europea para fomentar proyectos con una tecnología llamada Fiware. También seguirá funcionando Sprita, la aceleradora impulsada por el Grupo Lucas que no ha formado parte de dicho despliegue municipal.

Pero ¿cuál es el balance del experimento? Se puede decir que desigual. El propio concejal reconoce que Promálaga «no debería haber entrado a gestionar dos aceleradoras» porque «no es lo suyo, no es lo que sabe hacer». La UTE formada por la empresa municipal y PriceWaterhouseCoopers ya tuvo problemas para conseguir suficientes solicitudes para llenar su cupo (70 empresas). Eso hizo que abrieran la mano a empresas que, a priori, chirrían en un proceso de aceleración por pertenecer a sectores tradicionales o ser ya compañías consolidadas. En fin, lo que se denomina vulgarmente ‘relleno’. Esa falta de especialización ha jugado en su contra. En cambio, Bolt y el Instituto Fraunhofer han enfocado su labor a tipos de empresas muy concretos: Internet, comercio electrónico y ‘hardware’ la primera; ‘spinoff’ universitarios el segundo.

Quizá por eso, y porque estas dos aceleradoras han tenido mentores de alto nivel –Bolt, por ejemplo, ha traído a ‘estrellas’ del mundillo de Internet como Semyon Dukach o Carlos Blanco–, la mayoría de los casos de éxito han salido de allí. Se trata de ‘startups’ que han conseguido financiación como Neurodigital, que ultima negociaciones para captar 500.000 euros; Speaky, a la que se rifan varios inversores; Métrica 6, que ha triplicado personal…

En total, menos de una decena de empresas aceleradas han conseguido financiación (que se sepa), aunque desde el Ayuntamiento aseguran que hay unos veinte proyectos en conversaciones. No ha habido ningún ‘pelotazo’, por cierto. Lo más parecido fue el caso de Hot, que ha captado ya cerca de un millón de euros de inversión, aunque hay que matizar que esta empresa participó en la primera tanda de aceleración de Bolt, que fue estrictamente privada. Tampoco está nada mal lo conseguido por Urban-M, perteneciente a esa misma hornada, que ha cerrado una ronda de inversión de 500.000 euros.

Falta dinero

Ahora bien, hay una conclusión común para todas las aceleradoras, y ya hubo voces que lo anticiparon en un principio: es muy díficil atraer capital a Málaga. En españa no abundan los inversores en ‘startups’, y los que hay se mueven en Madrid y Barcelona. Si se habla de dinero extranjero resulta más complicado aún, porque pocos invierten en proyectos que están a miles de kilómetros y que por tanto no pueden controlar.

Cara al futuro, la estrategia del Ayuntamiento se centrará, por tanto, en atraer financiación para los proyectos empresariales innovadores. Hay un nuevo planteamiento sobre la mesa del alcalde: crear un fondo de inversión en ‘startups’ tecnológicas que esté coparticipado entre el Consistorio e inversores, y cuya gestión quede en las manos privadas, que son las que saben invertir. «Es lo que hace el Estado de Israel, salvando las distancias», apunta el concejal.

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