No hay que tomar decisiones con el estómago vacío…

Los directivos/as en ‘operación bikini’ podrían estar tomando decisiones equivocadas para su empresa. Ya sabíamos que hacer dieta puede provocar ansiedad, mal humor, decaimiento… Pero ahora, un estudio científico de ésos que tanto les gustan a los ingleses ha demostrado que las personas que sienten hambre tienden a tomar decisiones más arriesgadas que las que tomarían con el estómago lleno. Aquí está la noticia, publicada por Finanzas.com.

Empresas con pedigrí: los problemas de las empresas familiares

Mira que el refranero popular se encarga de advertirlo: mezclar negocios y familia es peligroso. Y qué poco caso le hacemos en España, donde el 70% del PIB lo generan empresas familiares. Muchas de las grandes compañías malagueñas responden a este perfil, pero sobre todo llama la atención la cantidad de constructoras de capital familiar: Sando, Vera, Myramar, Ielco, Procusán… Muchas de ellas fueron fundadas en los años 60 o 70, por lo que han afrontado recientemente o tienen pendiente el difícil tránsito a la segunda generación.

Mira que les cuesta a los empresarios fundacionales dar el paso atrás para que sus hijos lo den al frente. «Lo más difícil es dejar que se equivoquen en cosas que a ti te parecen obvias», me confesaba esta semana el presidente de Ferretería El Metro, José Cuevas. Y es que los padres nunca ven del todo adultos a sus hijos, lo cual unido al miedo a dejar de ser imprescindibles hace que muchos patriarcas retrasen ‘sine die’ el momento de la sucesión. En más de una empresa que conozco, el tema es incluso tabú. Los candidatos a sucesores se dedican a hacer cábalas en los pasillos sobre quién acumula más méritos, mientras el cabeza de familia sigue aferrado al sillón presidencial sin darse cuenta de que poniendo en peligro el futuro de su preciada compañía.

Es tan humano eso de creerse imprescindible… Como también lo es intentar proteger al débil, creer que tu hijo es el mejor del mundo o intentar procurarle a tus descendientes todo aquello que tú no disfrutaste. Son esos valores los que hacen de la familia una institución social tan valiosa. Y sin embargo, esas mismas actitudes pueden acabar destruyendo a la empresa familiar. Cuántos negocios han acabado arruinados por convertirse en un refugio de incompetentes con ‘enchufe’, por tener como directivos a ‘hijos de’ sin ninguna capacidad de liderazgo o por acabar descapitalizados al borrarse la frontera entre el patrimonio de la empresa y de la familia. En definitiva, la familia y su gran mochila emocional pueden acabar fagocitando a la empresa, que por naturaleza debe regirse por principios objetivos.

Difícil tarea la de aprender a comportarse como empresarios de lunes a viernes sin dejar de compartir la paella de los domingos. Pero muchas compañías malagueñas están afrontando con valentía el reto, precisamente porque su máxima aspiración es perpetuarse. Disponen cada vez de más herramientas a su disposición: cursos para capacitar a los sucesores, asesoramiento externo, protocolos de sucesión, consejos de familia… Aunque a veces, al final no hay más remedio que ‘podar el árbol’, es decir, dejar fuera del negocio a una rama familiar o bien dividirlo. Son decisiones difíciles, pero pueden salvar una empresa. Hay experiencias que lo demuestran, como la de Málaga Virgen –el nieto de su fundador le compró su parte a su hermano para dejarle toda la empresa a su hija y actual propietaria– o la Inmobiliaria Echeverría, que hace unos años repartió sus divisiones promotora y patrimonial entre sus dos ramas familiares.

(Publicado en ‘Dinero y Empleo’ el 13-6-2010)

PD: Aquí está el reportaje que publicamos el domingo en ‘Dinero y Empleo’ sobre los problemas de la empresa familiar

El rotulador rojo

El escaparate está vacío y polvoriento, con un gran rótulo de ‘Se traspasa’ cruzándolo. No tiene nada que ofrecerme como consumidora, pero permanezco mirándolo mientras se me pasa el semáforo en verde. Me fascina observar los restos del naufragio: algunos objetos que, por descuido o desidia, han quedado abandonados en el local. Un cartel medio despegado, un trapo de limpiar el polvo, una percha, un rotulador rojo. Y un cuaderno con las tapas de flores. Empiezo a imaginarme a su propietaria –es una mujer, decido– escribiendo en sus páginas sus planes para el negocio: cómo se llamará, a qué proveedores recurrirá, las complicadas cuentas para hacerse con el local, el cuadro de amortización del préstamo personal que pidió para convertirse en empresaria… Y, por fin, la hoja en la que arranca la contabilidad de su negocio. Números apuntados cuidadosamente a mano, el debe y el haber, y esa columna roja que va creciendo y creciendo… Hasta que al rotulador se le gastó la tinta.

Lo que no puedo imaginarme, porque no soy empresaria, es lo que sintió esa mujer cuando metió los últimos bártulos de su negocio en una caja, apagó la luz y salió por la puerta, dejando su preciado cuaderno atrás. Y es que detrás de cada negocio que fracasa hay tanto esfuerzo, ilusión y tiempo perdido… Esta reflexión, por cierto, no es mía, sino de alguien poco sospechoso de caer en el sentimentalismo: el vicepresidente ejecutivo de la Confederación de Empresarios de Málaga (CEM), Javier González de Lara. La hizo en la presentación de su último informe socioeconómico, el pasado jueves, tras revelar que en 2009, cada día cerraron 16 negocios en la provincia. Este año lo harán algunos menos: se calcula que en torno a seis al día. Siguen siendo muchos, demasiados. Pero es una realidad que todos podemos comprobar al pasear por las calles de nuestra ciudad. Y eso que lo que vemos es sólo el comercio, porque la ‘muerte’ de los autónomos es mucho más silenciosa.

La CEM asegura que el principal problema de los negocios malagueños –y la mayor causa de mortalidad empresarial– sigue siendo exactamente el mismo que hace un año: la financiación. Las empresas acaban muriéndose de asfixia financiera, aunque los virus o bacterias causantes de su enfermedad sean otros. Mucho me temo que el año que viene, en la presentación del próximo informe, la patronal volverá a quejarse de lo mismo. Y es que las nuevas normas que prepara el Banco de España no van precisamente a facilitar que el dinero fluya hacia el tejido productivo: la normativa contable que ha lanzado a consulta sobre provisiones y políticas de concesión crediticias de bancos y cajas probablemente va a suponer un recorte aún mayor en la financiación. Las entidades van a tener que dedicar más recursos a proteger sus riesgos, con lo que tendrán menos para prestar, y además tendrán que ser más estrictos al conceder créditos. Habrá que comprar más rotuladores rojos.

(Publicado el 30 de mayo de 2010 en ‘Dinero y Empleo’)

Sobre la des-atención al cliente

El lunes fui al supermercado y, mientras esperaba a que me cobraran, me enteré de las ventajas e inconvenientes de los diferentes turnos de trabajo de los cajeros. Algo que me vendría bien saber si alguna vez entro a trabajar allí, aunque a priori creo que es una información que no necesitaba conocer. El martes, en el gimnasio, presencié una agria discusión entre la de recepción –a la sazón, copropietaria del negocio– y un proveedor, tras la cual ella se ocupó de ilustrarme sobre su difícil situación financiera. Hasta me especificó que no tienen dinero para reponer las mancuernas… En fin, no tardaré en buscarme otro gimnasio. El miércoles quedé para comer con unas amigas en un conocido chiringuito. Después de tres cuartos de hora esperando a que limpiaran la mesa, nos levantamos haciendo bastantes aspavientos. Los camareros no dijeron ni hasta luego…

Podría seguir hasta completar la semana, pero les aburriría con situaciones que ya habrán vivido en sus propias carnes: dependientes que terminan tranquilamente la charla con sus compañeros antes de atender a un cliente, camareros que resoplan cuando un comensal les hace la más mínima petición, telefonistas que parecen haber sido elegidos en un concurso de antipatía… Pero desde luego, los que me parecen unos verdaderos lumbreras son los que se dedican a hablar mal de su empresa a los clientes, como pensando: «Vayánse, váyanse a la competencia… Que mi puesto de trabajo seguirá estando aquí para mí cuando todos los clientes se hayan ido». Resumiendo: demasiados empleados parecen ignorar que una parte muy importante de su trabajo es ser la imagen de su empresa. Claro que hay casos más sangrantes en los que son los propios empresarios los que generan la mala prensa, como ocurre en mi gimnasio o en la CEOE.

El fundador del Instituto de Práctica Empresarial, Marcial Bellido, suele decir en sus clases una frase que me parece genial: «La crisis empieza en la empresa el día en que se deja que el teléfono suene tres veces antes de cogerlo». Despreciar a un cliente –o ignorarle, o hacerle esperar, o intentar engañarle– es un lujo que no se puede permitir ninguna compañía, pero sobre todo en circunstancias en las que no abundan. Por eso me resulta asombroso que siga habiendo esta falta de profesionalidad y de respeto al cliente.

No sólo es responsabilidad de las empresas. Los empleados tenemos mucha culpa en esta historia. Seguro que más de un empresario se quedaría de piedra al ver cómo se comportan sus trabajadores en su ausencia. De hecho, el responsable de una agencia de ‘clientes misteriosos’ –esos falsos clientes que visitan establecimientos y luego elaboran informes– me contó hace poco las barbaridades que suelen presenciar sus agentes. Por ejemplo, recepcionistas de hotel que insultan a los clientes extranjeros pensando que no les entienden.

¿Es que de verdad desconocemos que nuestros puestos de trabajo dependen directamente de la cantidad de gente que entre en nuestra empresa y salga contenta de ella?

(Publicado el 25-4-10)

Cien buenas razones para seguir

Si usted es aficionado a la Bolsa o al menos está atento a las noticias financieras, sabrá que el Ibex-35 no gana para sustos últimamente: un día arriba, otro día por los suelos… Complejo mundo el de los parqués. Yo decidí dejar de intentar entenderlo el día en que un reputado economista español me dijo que no invertía en Bolsa porque no funcionaba de un modo lógico.

Pues bien, le propongo dejar a un lado los índices bursátiles –Ibex, Nikkei, Nasdaq, Dow Jones y compañía– para prestar atención a otro indicador mucho más cercano y tangible. Podríamos llamarlo MHE-100, ya que están de moda las siglas. Está formado por las cien empresas malagueñas que han ido protagonizando a lo largo de los últimos dos años la sección ‘Mi Historia de Éxito’ del suplemento ‘Dinero y Empleo’. El pasado domingo publicamos la número 100, Tortas Ramos.

Al impulsar esta serie de reportajes queríamos dar voz a los hombres y mujeres que, a base de esfuerzo y talento, han sabido construir proyectos empresariales duraderos en Málaga. Desde luego, sin la colaboración de la Confederación de Empresarios no habría sido posible afinar tanto en la selección. Repasando esos cien nombres encontramos empresas de todos los sectores –alimentación, construcción, comercio, industria, nuevas tecnologías– y todos los rincones de la provincia. Muchas son de carácter familiar, como el 63% del tejido empresarial español. Aunque también hay cooperativas, sociedades limitadas con varios socios, ‘holdings’… En la variedad está el gusto, que se suele decir. Pero todas comparten un rasgo que las hace especiales: haber alcanzado el éxito y, lo que es casi más importante, haber sobrevivido a él.

Los dos últimos años han coincidido con la fase más cruda de la crisis económica. Y podemos presumir de no tener ningún ‘título póstumo’ entre nuestras cien historias de éxito. Sólo una, Rayosol, atraviesa dificultades lo suficientemente serias como para haber acudido al concurso de acreedores. Pero ahí está, luchando por su futuro. El balance me parece lo suficientemente bueno como para que sirva de motivación a los emprendedores que puedan estar dudando, a día de hoy, si acertaron al iniciar una aventura empresarial.

No es mala una dosis de autoestima de vez en cuando. De ésa que no le falta –empresarialmente hablando– a Paco Barrionuevo. El presidente y ‘alma mater’ de Novasoft me sorprendió hace unos días al recordarme aquella entrevista del año 2000 en la que aseguraba que su empresa –por entonces, más bien empresita– acabaría saliendo a Bolsa. No sólo me sorprendió que lo recordara –los empresarios en momentos de éxito prometen casi tantas cosas como los políticos–, sino que siguiera pensando en cumplirlo. El Mercado Alternativo Bursátil, del que hablamos hace unas pocas semanas en este suplemento, puede ser la llave que finalmente permita a Barrionuevo pisar ese parqué con el que soñaba en plena burbuja ‘puntocom’.

Al enemigo, ni nombrarlo. La publicidad comparativa: el caso Carrefour-Mercadona

La elegancia no debe perderse nunca. Siempre he intentado seguir este lema, aunque quede un poco trasnochado en estos tiempos de ‘ex’ despechados/as contando sus miserias en la tele. Yo es que siento debilidad por aquellos héroes del cine clásico –ese Cary Grant en ‘Atrapa a un ladrón’– que sabían llevar un traje mientras esquivaban disparos y conservaban la cortesía hasta frente a su peor enemigo. Algunos elevan esta cualidad a categoría ética y la llaman dignidad; otros la llevan al terreno deportivo –el ‘fair play’–; y los más nostálgicos la identifican con las reglas caballerescas. En el mundo de la empresa, esa elegancia pasa por no denigrar a la competencia, sino vender tu producto basándote en sus propios méritos. Luchar a muerte por la victoria, pero sin recurrir a golpes bajos y dándole la mano al rival.

No están los tiempos para escrúpulos estéticos. Al menos eso han debido de pensar los responsables de Carrefour, que han plagado sus hipermercados de cartelitos en los que se comparan los precios de sus productos con los de Mercadona. La ya veterana, aunque poco utilizada en España, publicidad comparativa. En Estados Unidos, donde las normas son menos restrictivas que en Europa, es muy habitual. Pepsi y Coca-Cola andan siempre a la gresca con anuncios de este tipo. Aquí todos tenemos grabados en la memoria aquellos ‘spots’ de Don Simón en los que se destacaban las cualidades de sus zumos frente a la competencia. El hecho de que los recordemos con tanta facilidad denota que la publicidad comparativa no ha sido casi utilizada en España. Y no porque no se pueda, que sí se puede, aunque siempre basando las comparaciones en hechos probados y objetivos. Quizá ha sido por esa elegancia que mencionaba antes. O bien porque se ha considerado más conveniente hacer como si la competencia no existiese.

Y es que aquí se llega al otro extremo, el de ignorar al rival. Prueben a llamar al departamento de atención al cliente de su compañía telefónica para anunciarles que se van a otra empresa de la competencia. Los pobres teleoperadores hacen malabarismos para no nombrar al ‘enemigo’. Que si «el otro operador», que si «la compañía que usted me comenta»… Una vez le pregunté a la chica que me atendía por qué no decía el dichoso nombre y confesó que ¡se lo tenían prohibido!

¿Contraatacará Mercadona al ‘ataque’ de Carrefour? ¿Se extenderá la moda de las comparaciones de precios al resto de cadenas? Sería un nuevo e interesante capítulo en la guerra de precios que mantienen los supermercados desde que comenzó la crisis. En cualquier caso, para los que no se fíen de este repentino afán por la transparencia de los gigantes de la distribución, ya existen herramientas independientes al alcance del consumidor para saber dónde están los precios más baratos. Sin ir más lejos, en Málaga ha nacido la red social Yibril.es, que permite buscar las mejores ofertas en los comercios de una determinada zona. El clásico «Busque, compare y si encuentra algo mejor, cómprelo», actualizado al siglo XXI.

(Publicado en ‘Dinero y Empleo’ el 21-03-10)

La compraventa de viviendas se recupera ligeramente… pero no en Málaga

Leemos hoy que la compraventa de viviendas remontó ligeramente el pasado mes de enero, tanto en cómputo intermensual (un 19% más que en diciembre) como interanual, que es lo que importa (un 2,1%). Eso a nivel nacional, porque en Málaga las noticias siguen siendo malas. En enero de 2010 se vendieron 1.943 casas, un 15,7% menos que en el mismo mes de 2009. Así que de inicio de la recuperación, nada de nada, al menos en el sector del ladrillo.

¿Tocaremos suelo algún día?

El último eufemismo de despido: “Previsiones de contratación negativas”

¿Por qué lo llaman reestructuración, ajuste, redimensionamiento, ERE, regulación… cuando quieren decir despido? Las empresas agudizan el ingenio para buscar eufemismos a la temida palabra.

El último, y bastante rebuscado, por cierto, ha sido acuñado por la empresa de trabajo temporal Manpower, que ha hecho un Estudio de Proyección de Empleo, y ha concluido que “los directivos de la zona Sur registran unas previsiones de contratación negativas para el segundo trimestre de 2010″. Vamos, que van a contratar por debajo de cero… Una forma curiosa de decirlo, la verdad.

Según los datos de este estudio, los directivos de Andalucía, Canarias y Extremadura registran una proyección de empleo neto del -13%. El porcentaje sale, por lo visto, de restar los que prevén aumentar y reducir plantilla. Así, a nivel nacional habría una proyección del -11%, resultado de que el 78% de los directivos no prevé cambios, el 14% prevé despidos y el 5%, nuevas contrataciones.

En lo que se refiere a sectores, sólo hay uno que registre una proyección de empleo positiva para el próximo trimestre: el de hostelería, con un 3%.

Manzanas por diamantes

Es una obviedad, pero quizá no somos conscientes de hasta qué punto, como advirtió hace unos meses el presidente de las Cámaras de Comercio, Javier Gómez-Navarro, «crisis significa empobrecimiento». Con la recesión está desapareciendo una valiosa parte del tejido empresarial que va a ser muy difícil recuperar. Y buena parte de las compañías que inician ahora su andadura lo hace bajo el signo de la precariedad, rozando la economía de subsistencia. Se comprueba a la vuelta de cada esquina, en el paisaje comercial de los barrios. Tiendas cerradas, algunas a los pocos meses de abrir. Carteles de ‘Se traspasa’ y de ‘Liquidación total’. Locales que parecen gafados. Y en cada cambio de inquilino, una bajada de listón. Lo que empieza siendo un restaurante con ciertas pretensiones se reconvierte en bar de tapas o de menús y, finalmente, aparece el inevitable e indestructible ‘showarma’. En el comercio pasa igual: alguien abre una joyería que luego es tienda de ropa que luego es panadería que luego es tienda de móviles y que acaba siendo un ‘chino’.

Este empobrecimiento de la oferta comercial no sólo es visible en los barrios de la ciudad. También llega a algunas zonas del Centro. ¿Alguien hubiera imaginado que una de las esquinas más transitadas de Málaga, la de El Corte Inglés con Armengual de la Mota, acabaría albergando una frutería? Con todo mi respeto hacia este gremio, resulta un tanto desolador que no haya ningún candidato más acorde con el caché de esta zona comercial, que siempre ha estado entre las más cotizadas de la ciudad. Y el cambio llama más la atención teniendo en cuenta que ese local albergaba antes una joyería.

Dicen que Zara es el mejor de los termómetros para medir el atractivo comercial de una calle. Así que algo tiene que significar que el buque insignia de Amancio Ortega abandonara Armengual de la Mota. Una vía donde hace unos años se concentraban las marcas de moda más populares –yo misma recuerdo haber ido de compras por allí muchas veces–, pero que últimamente se está viendo especialmente afectada por la crisis, en la medida en que muchos de los negocios se están encuadrando en el ‘low cost’ puro y duro a la vez que marcas de prestigio como la propia Zara, Prénatal o Bang & Olufsen han hecho las maletas. Los que siguen resistiendo son las principales cadenas malagueñas de electrodomésticos, amén de algunos comercios textiles de toda la vida que siguen gozando de una clientela fiel.

Para colmo, las obras del metro han invadido definitivamente la cercana zona de Callejones del Perchel. En el bloque conocido como de las Koplowitz, donde antes se cobraban algunos de los alquileres más caros de Málaga, aparece un rosario de locales vacíos. Hace ya meses que firmas como Tele Rosa se exiliaron, previendo lo que se les venía encima.

En fin, confiemos en que El Corte Inglés conserve su eterna buena salud…

(Publicado en ‘Dinero y Empleo’ el 7 de marzo de 2010)

La chaqueta de don Leopoldo

Hacía frío el miércoles en el Palacio de Ferias –será muy bonito, pero ¡qué poco acogedor!– y sin embargo los empresarios y directivos que asistieron a la jornada ‘Líderes andaluces ante el nuevo entorno económico’ –organizada por este periódico y el Instituto San Telmo– se sentían arropados. «Necesitábamos darnos calor», me dijo uno de ellos. Y es que desde que comenzó la crisis, el mundo empresarial malagueño no ha tenido muchas ocasiones de reunirse y compartir experiencias. Se notaba que había ganas de hacer piña, de escuchar ideas nuevas, de recuperar la iniciativa.

Y de eso, de iniciativa, hablaron los ponentes elegidos por San Telmo. Bien elegidos, según las opiniones que pude recabar. Empezando por Leopoldo Abadía, que espabiló a cualquiera que llegara adormilado en la sesión inaugural con su lucidez revestida de humor; y siguiendo por nombres tan respetados en el mundillo como Alfredo Sáenz, el primer ejecutivo del Banco Santander, el ex asesor económico del gobierno alemán Juergen Donges o el presidente de Iberia, Antonio Vázquez. Todos coincidieron en un análisis realista de la situación económica y en una llamada a la reacción. El mensaje que lanzaron se podría resumir así: Basta de lamentarse, es hora de sacar a este país de la crisis. Porque –y ésta es la segunda parte del mensaje– si tenemos que esperar a que nos saquen nuestros gobernantes, mal vamos.

Y es que en la jornada no faltaron disparos con bala a la diana de Moncloa. Claro que con el jarro de agua fría que había lanzado el FMI un día antes, dejando sola a España en la zona de la recesión, era un blanco fácil. Abadía empezó diciendo que de la crisis «no nos van a sacar ni estos, ni los otros»; y Donges metió el dedo en la llaga al acusar al Gobierno de conocer las recetas que tenía que aplicar para atajar la crisis y no haberlo hecho. Todos los ponentes coincidieron, además, en la necesidad urgente de reformas en numerosos ámbitos, ya no sólo el laboral: la Justicia, la educación, la energía, la burocracia…

Probablemente la anécdota del día fue la chaqueta de Leopoldo Abadía. El ex profesor del Iese y actual estrella mediática confesó que, aunque su mujer le insiste para que sustituya de una vez su vieja ‘blazer’, a la que ya le van saliendo brillos, él cree que puede aguantar todavía un añito más. Todo un ejemplo del retraimiento del consumo durante la crisis. Al consejero de Innovación, Ciencia y Empresa, Martín Soler, que le siguió en la tarima, no le gustó demasiado esa apología de la contención del gasto y proclamó que él se había comprado cuatro chaquetas para contribuir a la recuperación económica. El asunto concitó no pocos chascarrillos en los descansos de las ponencias y llegó hasta las conclusiones de la jornada, cuando el director general adjunto de San Telmo, Julio Audicana, propuso hacer una colecta para comprarle una nueva chaqueta a don Leopoldo. Que por cierto, debe de estar juntando dinero para renovar todo su vestuario, porque no perdió la ocasión de vender su libro a la salida de su conferencia.

(Publicado el 31-1-10)

Diario SUR

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