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Manual antipánico para clientes de Barclays
Nuria Triguero 02-06-2014 | 9:09 | 2

El equilibrio actual de colores en el ‘parchís bancario’ va a sufrir un importante cambio de aquí a 2016 con la anunciada salida de España de Barclays. El celeste característico de sus oficinas se verá teñido del naranja de Bankinter , el azulón de BBVA, el negro de la Caixa… o el color que tenga la entidad que finalmente se haga con su negocio de banca minorista en España.

Barclays ha dado ya el pistoletazo de salida al proceso de venta, entregando los contratos de confidencialidad a los potenciales compradores para después suministrarles toda la información sobre la situación del banco, el perímetro exacto de la venta (al parecer sólo se ofertará el negocio puramente minorista y no el de banca privada ni el de tarjetas, que seguirá explotado por Barclays) y su precio.

En los próximas días empezará el baile de nombres y números, que tendrá muy entretenidos a los periódicos económicos y soliviantados a los 2.200 empleados de Barclays (un centenar de ellos malagueños). Pero ¿y los clientes de Barclays? En Málaga la entidad tiene una importante presencia, con 13 oficinas (que hace un año eran 22), en buena parte ‘heredadas’ del Banco Zaragozano. Así que muchos malagueños se enfrentan en estos días a muchas dudas: ¿Qué pasará con mi hipoteca? ¿Me cambiarán las condiciones de mi depósito? ¿Puedo cancelarlo anticipadamente si el banco cambia de dueño? ¿Y qué pasa si ninguna entidad quiere quedarse con el negocio de Barclays?

Don’t panic. Los expertos en finanzas personales y asociaciones de consumidores coinciden en que no hay que ponerse nervioso ni tomar decisiones precipitadas que hasta podrían perjudicarnos.

Hasta que Barclays encuentre comprador, sus oficinas seguirán operando con normalidad y las condiciones de los productos que los usuarios tienen contratados no tienen por qué cambiar. Es el mismo proceso por el que han pasado clientes de entidades adquiridas por otros grupos bancarios en los últimos años, como Cajasol, la CAM, Unnim, Banco de Valencia, Banco Gallego, EVO Banco y Lloyds, entre otros.

Ahora bien, cuando se produzca la venta, el banco comprador sí que puede (y probablemente lo hará) revisar las condiciones aplicadas a los clientes (por ejemplo: comisiones por mantenimiento de cuentas y tarjetas, transferencias o descubiertos; remuneración de cuentas y depósitos de ahorro, etc.), para adaptarlas a su propia política comercial. Siempre, ojo, avisando con antelación a los clientes, que tendrán que decidir si les conviene mantener esos productos. Que haya más o menos cambios dependerá mucho de si el futuro propietario decide mantener Barclays como una marca separada (como ha sucedido con Banesto y Santander hasta ahora) o si por el contrario la hace desaparecer, como Sabadell hizo con el Banco Atlántico o La Caixa con Cajasol.

El coordinador del Instituto Andaluz de Estudios Fiscales, Ángel Yagüe, recuerda: “No hace falta que un banco cambie de dueño para que decida cambiar unilateralmente las condiciones que aplica a sus productos. De hecholos bancos son muy aficionados a hacerlo: últimamente, por ejemplo, casi todos han subido las comisiones de mantenimiento de cuenta”. Ante estos cambios, que según insiste Yagüe, deben comunicarse previamente por escrito, el cliente puede decidir cancelar su vinculación con la entidad. Pero si no se dice nada, el banco da por hecho que el cliente acepta las nuevas condiciones.

Por cierto, Yagüe recuerda que los precedentes en cuanto a si las condiciones cambiarán a peor o a mejor no son muy halagüeños: La Caixa por ejemplo, aprovechó la absorción de Cajasol para subir las comisiones de mantenimiento de cuenta no sólo a los antiguos clientes de Cajasol sino a todos los suyos.

Pero por otra parte, hay que tener en cuenta que uno de los atractivos de Barclays es su clientela: profesionales jóvenes y urbanos con un mayor poder adquisitivo que el cliente bancario medio. Así que la entidad que se quede con su ficha bancaria se esforzará por mantener contentos a esos clientes y que no se vayan, según dicta la lógica.

Los productos a largo plazo como depósitos e hipotecas son capítulo aparte. El cliente cuenta con un contrato firmado con el banco que no se puede cambiar a iniciativa de una sola parte. Y el banco que compre Barclays se subroga en el momento de la compra a esos contratos.

Así, la remuneración de los depósitos contratados por los clientes de Barclays España se deberá mantener al menos hasta que venza el plazo del producto. Posteriormente, si ese depósito sigue bajo gestión de la entidad británica, Barclays podrá prorrogar esas condiciones, subir la rentabilidad o reducirla. Lo mismo sucedería en caso de que la unidad sea comprada por otro banco, que en todo caso estaría obligado a respetar las condiciones de remuneración hasta el vencimiento del plazo fijo.

Con las hipotecas pasa lo mismo. Tanto Barclays como el futuro comprador deben respetar las condiciones (tipo de interés, comisiones) firmadas en el contrato inicial. Ahora bien, en caso de querer renegociar el préstamos, si la entidad ya ha sido vendida habrá que hacerlo con el nuevo propietario.

En definitiva, no conviene dejarse llevar por los nervios y, por ejemplo, decidir cancelar anticipadamente un plazo fijo para recuperar el dinero, pues se perdería gran parte de la rentabilidad ganada por un riesgo que es inexistente.

Hay que recordar algo importante: los ahorros de los clientes de Barclays están protegidos por el Fondo de Garantía de Depósitos, como en el resto de entidades españolas. Porque aunque Barclays sea una filial de un banco británico, opera aquí como banco español, por lo que se atiene a la normativa nacional de garantía de depósitos.

Una consecuencia engorrosa e inevitable de la venta de Barclays será el cambio de numeración de las cuentas. Es algo que ya están viviendo clientes de Bankia y la antigua Cajasol, entre otras muchas entidades que han cambiado de dueño. El IBAN cambia y eso afecta a todas las domiciliaciones que tenga el cliente. Es probable que el nuevo dueño se encargue de realizar los trámites necesarios para que no haya ningún problema con los recibos o las nóminas domiciliadas, pero habrá que estar atento para evitar sorpresas desagradables.

Ángel Yagüe recuerda algunos desbarajustes sonados, como cuando Sabadell culminó la integración del Banco Atlántico a nivel informático y muchos clientes se quedaron literalmente sin cuenta bancaria por unos días.

Más curioso aún fue lo que pasó en Canarias a raíz de la integración de Caja Canarias en CaixaBank: una auténtica ‘noche de los cajeros locos’. Entre las 22.00 horas de un viernes y las 03.00 del sábado siguiente, cientos de personas acudieron en masa a los cajeros de la citada entidad al extenderse el rumor de que los dispensadores estaban regalando el dinero. Lo que pasó es que el proceso de integración de la red de cajeros de la otrora caja tinerfeña en la de la catalana provocó que una vez que se retiraba dinero, esa operación no quedaba reflejada en el saldo de la tarjeta. Huelga decir que al final ek desajuste quedó solventado y los reintegros realizados quedaron convenientemente apuntados en cada cuenta… ¿Cuándo se ha visto que un banco regale el  dinero?

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La Caixa deja de ser caja, ¿pondrá Unicaja sus barbas a remojar?
Nuria Triguero 23-05-2014 | 11:38 | 0

La Caixa ha sido la mayor caja  española y, como tal, ha asumido su papel de líder en el proceso de reconversión al que se han visto sometidas estas entidades de crédito ‘typical Spanish’. Fue la primera en traspasar su actividad financiera a un banco, la primera en sacar a Bolsa ese banco… y ahora la primera que deja atrás su condición de caja de ahorros. La asamblea de La Caixa aprobó ayer  su transformación en fundación bancaria. Es la primera que cumple este precepto de la Ley de Cajas de Ahorros y Fundaciones Bancarias.

Con este nuevo carné de identidad, La Caixa seguirá controlando su participación mayoritaria en CaixaBank (65,% a través de Criteria Caixa Holding) y gestionando su Obra Social, que según ha asegurado su presidente, Isidro Fainé, “no cambiará”. “Seguiremos trabajando para mantenerla y reforzarla tal como hemos hecho hasta ahora”. La Fundación Bancaria ‘La Caixa’ nace con una dotación fundacional de 5.868 millones de euros –equivalente al 0,6% del PIB español actual– y gestionará un presupuesto para la Obra Social de 500 millones de euros, idéntico al de los últimos siete años.

¿Seguirá su ejemplo Unicaja? Lo cierto es que está obligada a dejar de ser caja de ahorros a lo largo de este año, porque la nueva Ley le da de plazo hasta 2015. Pero al igual que La Caixa ha ido siempre por delante del sector de cajas en este proceso de reconversión, Unicaja se ha distinguido por lo contrario: retrasar lo más posible los cambios. No hay más que recordar los tres años que le ha costado cerrar la absorción de Caja España-Duero, ahora Banco CEISS.

De momento Unicaja tiene preocupaciones más perentorias, como poner orden en la recién adquirida CEISS (quiere acelerar los ajustes ordenados por Bruselas) y realizar su propio ajuste de personal. Sin olvidar la imputación de su presidente, Braulio Medel, en el ‘caso ERE’, por su papel en el consejo de la Agencia IDEA. La caja celebra tradicionalmente su asamblea anual ordinaria en junio. La conversión en fundación bancaria podría abordarse allí, pero no se espera que ocurra. Es más probable que la entidad apure más el plazo y aborde este asunto después del verano.

Y es que el cambio de caja a fundación bancaria no es sólo una cuestión formal. Conllevará importantes cambios. Cambios de cargos, puesto que la ley no permite estar a la vez en el consejo del banco y en el de la fundación bancaria. Más transparencia, más buen gobierno y pasar a estar bajo la tutela del Ministerio de Economía, y no de la Junta. Lo cual ha levantado ampollas a nivel político.

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Confesiones financieras
Nuria Triguero 11-03-2009 | 10:40 | 0

Últimamente me toca hacer de ‘confesora’ con más de un empresario. Les llamas para ver qué nuevos proyectos tienen entre manos y, en lugar de eso, acabas escuchando sus lamentaciones. Hasta algunos de los más entusiastas y emprendedores que conozco están cayendo en el pesimismo. La crisis les toca en mayor o menor medida, de una u otra forma, pero hay un problema que les es común a todos: la financiación, o más bien la ausencia de ella.

No hablo de compañías que estén viendo desplomarse sus ventas, que hayan entrado en números rojos o estén despidiendo trabajadores. Es normal que a ésas los bancos les cierren el grifo. Hablo de empresarios que van aguantando el tipo –con la dificultad que ello supone en las circunstancias actuales–, hasta que un buen día les llama su banco y les dice: «¿Sabía que le toca renovar su póliza de crédito? ¿Y sabía que no se la vamos a renovar?». En ese momento todos los esfuerzos volcados en mantener la cartera de clientes, en adaptar la oferta de la empresa a la crisis, en bajar precios… se quedan en nada, porque si una empresa no tiene ‘colchón’ financiero para aguantar los plazos de cobro –sobre todo ahora, con la morosidad desbocada–, tiene los días contados.

Resumo el caso de un empresario malagueño: su entidad financiera se niega a renovarle la póliza, pese a tener un rating de solvencia de 8,7 sobre 10 y de que su firma trabaja para el sector público. En vez de eso le propone un préstamo, que por supuesto tiene un interés más alto, plazo de devolución a 36 meses, comisión de apertura y… aquí viene lo mejor: obligatoriamente tiene que comprar acciones del banco con parte del dinero que le prestan. «¿Puedo pedir un crédito ICO?», pregunta esperanzado. «No nos interesa tramitarlo», le responden.

Está claro que las entidades financieras tienen problemas de liquidez, que no pueden prestar dinero a quien no lo puede devolver, que deben mirar por sus debilitados balances… Pero casos como éste desvelan prácticas que, como mínimo, se pueden calificar de poco éticas. Hay quien piensa que los bancos están ‘exprimiendo’ a sus buenos clientes para tapar los agujeros dejados por esas otras empresas a las que otrora prestaron dinero con tanta alegría. Hasta que este cuello de botella financiera no se desatasque, alertan desde las organizaciones empresariales, que nadie sueñe con la recuperación económica.

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