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¿Por qué la Junta se pone de perfil con Isofotón?
Nuria Triguero 29-07-2014 | 7:44 | 0

“Los exempleados de Isofotón critican la pasividad de la Junta ante su proyecto para reflotar la fábrica”, rezaba el titular de una noticia que publicábamos hace unos días en este periódico. Los impulsores de Sunrise Power, la sociedad laboral que pretende comprar la fábrica de Isofotón y devolverle su actividad, queman su último cartucho para conseguir que el Gobierno andaluz apoye explícitamente su propuesta ante la administración concursal y la jueza, que son quienes decidirán qué hacer con los bienes de la empresa. Ese último cartucho es el ruido político: hacer que el PP (que, a través de organismos que controla como el Ayuntamiento de Málaga o la Diputación, les ha mostrado su apoyo) saque los colores al Gobierno andaluz, a ver si así éste reacciona de una vez.

Me atrevo a pronosticar que esta baza no les va a servir de mucho a los impulsores de la ‘nueva Isofotón’, aunque comprendo que tengan que jugarla. Tristemente, a estas alturas la Junta ya no va a mover un dedo por la fábrica que lideró la producción de paneles solares en España. ¿Por qué? Principalmente, porque después de inyectar más de 37 millones de euros en diferentes tipos de ayudas públicas en Isofotón, incluidos préstamos que la convierten en la principal acreedora (y cuyos criterios de concesión ahora se antojan claramente discutibles), la Junta no va a arriesgarse a que la opinión pública pueda interpretar que concede ni un euro más a esta empresa. Y es verdad que Sunrise Power no pide dinero de forma explícita, pero sí de forma implícita, porque le solicita subrogarse a la deuda de Isofotón, pero con un nuevo aplazamiento, lo que supondría de hecho conceder una nueva financiación.  ¿Que si los planes de Sunrise salen bien se  recuperaría la inversión pública y, además, el empleo perdido en esta industria? Pues sí. Pero también existe la posibilidad opuesta: que dentro de ‘x’ años el proyecto fracase y la Junta se vea otra vez envuelta en la misma polémica.

En definitiva, aquí se trata de correr riesgos. Para eso están los (buenos) políticos, claro. Para asumir riesgos con miras a lograr un buen objetivo. Recuperar la actividad y el empleo en Isofotón lo es, sobre el papel. Pero luego está la realidad. ¿Pueden asumir los exempleados de Isofotón la reapertura de un gigante industrial de tal calibre? Tan sólo poner de nuevo en marcha la fábrica se ‘comería’ la inversión inicial que piensan poner los 240 potenciales socios: 6.000 euros cada uno, 1.440.000 euros. A partir de entonces, ¿cómo se financiarían mes a mes, si ya estarían ‘entrampados’ con la Junta? Una empresa de estas características necesita contar con un importante colchón financiero para comprar materiales, invertir en I+D, etc etc.

Pero insisto, más que la solvencia del proyecto Sunrise en sí, aquí lo que pesa más es la posición de la Junta. Y más concretamente, de la Agencia IDEA, que es la que concedió esos préstamos a los que ahora pretenden subrogarse los exempleados de Isofotón. Un organismo descabezado (su director general dimitió recientemente) y salpicado de lleno por el escándalo de los ERE. ¿Qué directivo de IDEA va a dar el paso adelante en estas circunstancias y a apoyar una iniciativa que carga con la incómoda herencia de Isofotón?

Todo apunta, pues, a que la Junta se mantendrá callada y aguardará a lo que decida la administración concursal y la jueza del mercantil número 2, sin ‘mojarse’ sobre cuál es la mejor opción para vender la fábrica de Isofotón. De esa manera, si al final buena parte de ese dinero público que se le prestó a Isofotón resulta incobrable (lo cual es altamente probable), y/o si la fábrica acaba subastada por piezas (probable también) podrá decir que no ha tenido nada que ver. Triste. Pero así es la (mala) política.

Sin el apoyo de la Junta, los extrabajadores de Isofotón tendrán que competir en igualdad de condiciones con el resto de ofertas que se presenten por la fábrica. Por ahora tienen la ventaja de ser la única que se ha formalizado hasta el momento, pero todavía tiene que abrirse el plazo oficial de recepción de ofertas dentro del plan de liquidación, que está pendiente de aprobarse (se espera que para septiembre). El proyecto Sunrise tiene una ventaja, como es la del empleo (240 exempleados recuperarían su trabajo), pero también un hándicap: contempla el pago aplazado del precio de la fábrica, cuando el plan de liquidación que ha diseñado la administración concursal da prioridad al pago al contado. Veremos qué pesa más.

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Empresarios con las ideas claras
Nuria Triguero 09-12-2010 | 8:40 | 0

Me gusta la gente que habla claro. Y no suelo encontrarme demasiada en el mundo de la empresa. Los tópicos, las ‘palabras talismán’ y los discursos prefabricados forman una espesa capa de niebla que tapa cualquier atisbo de originalidad en la mayoría de los discursos pronunciados por ejecutivos. Quizá por eso la gente paga por escuchar a oradores sin pelos en la lengua como Leopoldo Abadía o Juan Carlos Cubeiro, aunque sus conferencias no les sean de utilidad directa.

Esta semana la casualidad ha querido que entreviste a dos empresarios que tienen la virtud de decir lo que piensan: uno muy joven, aunque ya gestiona una compañía de éxito, y otro de dilatada experiencia en el mundo de los negocios. El primero es Raúl Santana, fundador de Clock Technology y recientemente galardonado con el premio Joven Empresario Malagueño. A sus 23 años es, probablemente, el ganador más joven de todas las ediciones. Y el éxito logrado desde que a los 19 fundó su empresa no le ha restado un ápice de naturalidad. Aparte de sus logros objetivos –más de un millón de euros de facturación, 25 empleados, tecnología punta–, creo que en las actuales circunstancias alguien que en más de una hora de conversación sobre su negocio y el fenómeno emprendedor no menciona la palabra crisis se merece un premio. Hasta me hizo pensar que la situación podría estar mejorando, aunque esa sensación sólo me duró hasta que el viernes el Colegio de Economistas presentó su nuevo y pesimista informe de coyuntura. Todo un baño de cifras negativas: desde luego, tampoco a ellos se les puede reprochar que no hablen claro…

El otro empresario al que me refería es el presidente de Isofotón, Ángel Luis Serrano. Un hombre discreto procedente de una compañía familiar madrileña, el Grupo Affirma, que se convirtió en el empresario más buscado de Málaga cuando tomó el control de la compañía el pasado julio. Ha tardado en hablar, pero lo ha hecho sin tapujos esta semana. Dice, para empezar, que Isofotón se había metido «en demasiados charcos» y que iba «en la dirección equivocada»: se centró en España cuando el sector de la energía solar se colapsó, mantenía filiales en países sin ninguna actividad pero abandonó los verdaderamente importantes y descuidó los costes cuando los demás fabricantes bajaron los precios. Seis meses después de su llegada, las cosas han cambiado mucho en Isofotón. La fábrica funciona al 100%, la plantilla está tranquila, se está llegando al punto de equilibrio financiero, se van a abrir fábricas en Estados Unidos y Asia… Pero Ángel Luis Serrano no se llama a engaño: «Cuando llegué, esta empresa estaba al borde del precipicio . Nos hemos alejado un par de pasos, pero aún vemos el abismo».

(Publicado en ‘Dinero & Empleo’ el 5 de diciembre de 2010)

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Un año de malas noticias
Nuria Triguero 05-01-2010 | 7:45 | 0

Es tiempo de hacer balance, aseguran. Y vaya si debe de serlo: en los últimos días no se ven, leen y escuchan más que resúmenes de 2009 en los medios de comunicación: las noticias más relevantes, los sucesos más calamitosos, los personajes del año, las mejores canciones, los fallecimientos ilustres… Así que supongo que también tocará hacer balance de lo que ocurrió durante el año que se ha ido en el mundo empresarial malagueño. Y no hablo de los grandes números: PIB, paro, IPC, viviendas sin vender… Sobre todo esto ya se han pronunciado los que de verdad saben, que son los economistas –también los políticos, pero ésos saben menos–. Me refiero a las empresas que han protagonizado los sucesos más destacados.

Así que me pongo a repasar todos los números de este suplemento en 2009, para no hablar de memoria y pecar de subjetiva. Primera conclusión, un ‘mea culpa’: ¡cuánto hemos abusado de la crisis en los titulares! Segunda, aunque en realidad es la misma: las malas noticias ganan a las buenas. Mucho cierre de empresas, mucho concurso de acreedores, mucho ERE, mucha caída de facturación… ¡Qué diferencia con los años del ‘boom’, cuando todo eran planes de expansión y crecimientos de dos dígitos!

Tercera conclusión: las promotoras han desaparecido de escena. Me refiero a las que no están en quiebra, claro. Aparte de Aifos, Evemarina, Nadalsol y el resto de inmobiliarias que están en suspensión de pagos, pocas referencias encuentro a firmas del ladrillo. Sando, Vera, Myramar y compañía han optado por la ultradiscreción. Su política de comunicación es la ausencia de ella. «Cuanto menos hablen de nosotros, mejor», deben de pensar. Aunque eso no siempre es lo más acertado, sobre todo en una coyuntura tan favorable a los rumores.

Pero vayamos a las entidades que más han destacado en 2009: si hay una que ha dado jugo informativo, ésa ha sido Unicaja. Empezó el año aupada a los titulares por su acercamiento a Caja Castilla-La Mancha y lo acabó igual, pero esta vez por su casi culminada fusión con Cajasur. En medio, idas y venidas, intervenciones políticas de todos los colores, golpes en la mesa de Braulio Medel, una ‘boda relámpago’ con Caja de Jaén… Y en 2010 la acción empezará pronto, para no perder tono: poco después de Reyes se aprobará el reglamento y los estatutos de la futura Unicajasur.

En el lado negativo, uno de los nombres más repetidos ha sido Isofotón. Con su crisis financiera, productiva y laboral, este gigante ‘verde’ tiene con el alma en vilo al Parque Tecnológico. Un recinto que este año no ha tenido otros grandes sobresaltos, una vez cerrado –en falso, dicen algunos– el capítulo Vitelcom.

Los que van de tropiezo en tropiezo son los hoteles de lujo de la Costa del Sol. Especialmente sonado fue el conflicto de Los Monteros, pero detrás han ido Las Dunas, AGH, Kempinski, Incosol, Guadalpín… Resulta paradójico que la conflictividad laboral de la provincia se concentre, a día de hoy, en establecimientos que presumen del máximo nivel.

(Publicado en ‘Dinero y Empleo’ el 3-01-2010)

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Sin tiempo para síndromes
Nuria Triguero 07-09-2009 | 5:57 | 0

Este año se habla menos que nunca –gracias a Dios– del síndrome posvacacional: ese invento pseudopsicológico que tantos reportajes ha proporcionado a los telediarios, con consejos tan sensatos como «Levántese a la hora de la oficina desde la semana antes y así no notará el cambio» (claro, así para cuando empiece a trabajar ya estará fastidiado de sobra…). Quizá es por simple pudor: no está bonito ir por ahí quejándose de la vuelta al curro con más de cuatro millones de parados en el país. O quizá es que los que tenemos la suerte de regresar al trabajo tras las vacaciones –conozco a más de uno a quien se las han prorrogado indefinidamente– no nos podemos permitir este año ni síndrome posvacacional, ni «Tengo el correo saturado» ni cualquier otra excusa para estirar la vida contemplativa unos días más allá del 1 de septiembre.

Y es que las cosas no están como para perder el tiempo en las empresas. Muchas han recortado personal, lo cual suele significar más trabajo para los que se quedan. Además, se ha extendido la convicción de que todo el mundo tiene que arrimar el hombro para mantener el barco a flote. Y esto último es uno de los pocos efectos positivos de la crisis: los trabajadores se dan cuenta de que hay que pelear cada cliente, cada llamada, cada petición de presupuesto. Claro, lo triste es que eso ocurra porque la supervivencia de la empresa esté en peligro. Sería deseable que cuando vuelvan los buenos tiempos, las compañías logren mantener la misma motivación entre su plantilla, pero con reclamos positivos.

Y ¿qué hay de nuevo este curso? Porque de viejo ya tenemos mucho: crisis, desempleo, falta de financiación, deuda, debates demagógicos de los políticos a cuenta de todo lo anterior… Quizá esté pecando de optimista, pero en estos primeros días de septiembre, con todo lo parado que está el panorama económico, he atesorado algunos motivos para la esperanza. Me hablan de proyectos, prudentes y modestos, eso sí, pero proyectos al fin y al cabo, que permiten hablar de otra cosa que no sean cierres y despidos. Y trescientos empleados de Isofotón vuelven a la fábrica para atender pedidos, que por fin van llegando. No es para echar las campanas al vuelo, de acuerdo. Pero representa un poco de oxígeno para empezar a transitar este nuevo curso, que se presenta cuesta arriba.

(Publicado en ‘Dinero y Empleo’ el 6-9-2009)

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