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Los números no mienten, ¿o sí?
Nuria Triguero 15-09-2014 | 9:14 | 1

Soy periodista. Soy de letras. No se me daban mal las matemáticas en el instituto pero ya hace mucho (demasiado) tiempo desde que hice mi última raíz cuadrada. Con esto quiero decir que no soy un hacha de los números. Me he equivocado más de una vez con cálculos que no son complicados. Pero bueno, lo que quería decir es que especializarse en periodismo económico conlleva estar casi siempre manejando datos. Y llegas a cogerles respeto y hasta cariño, porque son aburridos, sí, pero nunca mienten. Si les prestas la atención suficiente, te revelan cosas en las que nadie ha reparado y, a veces, te proporcionan titulares de los buenos. Claro que como en todo, no hay que abusar: una noticia confeccionada sólo a base de datos es un plomazo insufrible y, además, suele quedarse huérfana de contexto, de explicación, de ‘elemento humano’.

En el mundillo periodístico se le tiene cierta ojeriza a los datos. En la redacción, cuando me ven ante una tabla de Excel, los compañeros me muestran sus condolencias. Pero cada vez me parece más necesario que todos los que nos dedicamos a la información nos preocupemos por tener cierto dominio de la estadística, por no decir ya de la aritmética. De esa manera los políticos, las empresas y otros agentes sociales no nos ‘colarían’ los goles que nos cuelan.

A lo que voy: da vergüenza la falta de rigor que demuestran la mayoría de los responsables de instituciones, sindicatos y otras fuentes habituales de los medios a la hora de suministrar y analizar datos. He estado en muchas ruedas de prensa en las que el delegado provincial o concejal de turno presenta un informe y acaba sumando peras con manzanas, hablando de proporciones imposibles, haciendo extrapolaciones bizarras… en fin, haciéndose un lío. El ‘nivelito’ de nuestros políticos llega a tal punto de no leerse el informe o nota de prensa en cuestión antes de ponerse delante de los micros. Y, claro, la lían parda.

La semana pasada, sin ir más lejos. Rueda de prensa del delegado del Gobierno andaluz, José Luis Ruiz Espejo, y la delegada de Economía, Marta Rueda, para presentar los últimos datos de comercio exterior. Empiezan las preguntas de los periodistas. “Señor delegado, ¿podría decirme cuántas empresas malagueñas exportadoras ha habido en el primer semestre?” “No tengo ese dato”. A los diez minutos, leyendo la nota de prensa, descubro que contiene la respuesta a esa pregunta. Es decir, que no se la había leído. “Señor delegado, acaba de repetir dos veces a Francia en la lista de principales destinos de exportación, ¿cuál es la correcta?” “No sé, estará en la nota de prensa”. Vale, estupendo. Entonces, ¿para qué hemos venido a escucharle?

Sigamos con los sindicatos. Cada mes, cuando sale el dato del paro, nos llega la misma nota de prensa, pero con distintos datos (en bastantes ocasiones erróneos). No se molestan en analizar la estadística para ver qué enfoque puede ser más revelador. No hay interpretación de la estadística, no hay valoración más allá de añadir las mismas consignas políticas de siempre. Una vez, uno de los dos sindicatos mayoritarios me llegó a enviar la plantilla de la nota de prensa con ‘Xxxx’ donde deberían ir los datos del mes en cuestión. ¿No hay nadie en los sindicatos capaz de sumergirse en los datos relacionados con el empleo y hacer un diagnóstico medio decente, ya no digo brillante?

Más ejemplos. Una compañera me cuenta que llamó a un secretario de un sindicato para que le hiciera un comentario sobre el IPC. El hombre tomó carrerilla y dijo que valoraba “muy positivamente” el dato. La sufrida redactora tuvo que pararle para decirle: “Es que… ha subido” “Ah, bueno, entonces… lo valoro muy negativamente”.

Luego está la manipulación descarada de los datos. No hace mucho tiempo, en la Diputación, se presentó un informe de corte socioeconómico. No puedo dar detalles para no comprometer al autor del mismo, que me confesó su enfado por el mensaje distorsionado que se había lanzado a partir de la estadística que él había preparado de forma impecable.

Claro que muchas veces no hace falta más que acudir a los datos puros y duros, a la estadística desnuda, para percatarse de los errores y manipulaciones cometidos por los agentes políticos y sociales. Pero claro, para eso hay que tener tiempo y rigor.  

Y luego están esos números que no se sabe muy bien de dónde salen, que todos sospechamos que son inventados, pero que los medios de comunicación a veces tomamos como ciertos sin preguntar la fuente porque nos vienen muy bien. Esas previsiones de impacto económico a vuelapluma, esas estimaciones de pérdidas lanzadas alegremente el día después de alguna catástrofe… Vamos, que les falta ir acompañados por la coletilla “millón arriba, millón abajo”.

Y termino con el último ejemplo: una vez, un partido político envió un comunicado denunciando que ‘x’ malagueños se iban a ver afectados por cierta medida del Gobierno. Yo me había pasado todo el día intentando averiguar esa cifra sin éxito: llamé a la Agencia Tributaria, al sindicato de técnicos de Hacienda (por cierto, una de las fuentes que sí proporciona información estadística útil y rigurosa a los medios), a expertos en estadística… Así que cuando leí ese dato tan exacto en la nota de dicho partido llamé a su portavoz para saber cuál era la fuente. Después de marear un buen rato la perdiz acabó diciéndome: “Estimación propia”. En otras palabras: “Nos lo hemos sacado de la chistera” (por no decir otra cosa). 

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¿Qué pasa en Deoleo y por qué le importa a Málaga?
Nuria Triguero 13-05-2014 | 1:06 | 2

Básicamente, esta es la pregunta que me hizo una amiga uno de los muchos días en los que en el periódico han salido titulares sobre el ‘asunto Deoleo’. “¿No has leído la noticia? Ahí lo pone”, le dije. “Sí que me la he leído pero no me entero”, me contestó. Y realmente no es que ella sea poco lista (¡es muy lista!), es que este asunto se ha embrollado tanto que, si no has estado pendiente desde el principio, es difícil enterarse de lo que pasa leyendo una noticia puntual un día. En culebrones como este (o como el de Unicaja y CEISS), siempre tengo el mismo dilema cuando surge una novedad: si me pongo a contar los antecedentes no tengo espacio para lo que realmente es noticia y si renuncio al ‘background’, la gente que no ha seguido el tema no se entera.

¿Solución al dilema? Un ‘Deoleo Facts’. Es decir, un ‘vamos por partes’.

Año 1995. Varias cajas andaluzas entran en la empresa aceitera Koipe (Unicaja, Cajasur, Caja Granada y Caja San Fernando), por considerarlo un negocio estratégico para Andalucía. ¿Por qué? Porque Andalucía es la mayor región productora de aceite de oliva del mundo pero no controla ningún resorte de la comercialización, que está concentrada en muy pocas manos (y así nos luce el pelo).

Año 2001. Koipe y SOS-Cuétara se fusionan y las cajas andaluzas pasan a controlar más de un 20% del grupo resultante. A partir de entonces van ampliando progresivamente su inversión en la compañía: la de Unicaja, que es la que más cerca nos pilla, llega hasta 145 millones de euros.

Año 2008. SOS-Cuétara se viene arriba y compra varias marcas italianas de aceite de oliva,entre ellas Bertolli, la de mayor presencia mundial, y que supone la llave de Estados Unidos (ya se sabe que allí los italianos nos llevan ventaja). La operación también incluye Carapelli y Sasso, y le cuesta a la empresa española la friolera de 630 millones.

A tener en cuenta: Esta operación es el origen de dos claves de este conflicto: la deuda insostenible de SOS y el ‘rencor’ de Italia ante la pérdida de sus marcas emblemáticas, que desde entonces se propondrá recuperar.

Año 2009. Las cajas andaluzas aliadas con Caja Madrid (que también era accionista) fuerzan la salida del consejo de SOS Cuétara de sus máximos accionistas, los hermanos Salazar, acusándoles de irregularidades en la gestión -después un juzgado las confirmaría-. Se abre un proceso de reestructuración para salvar a la compañía de sus abultadas pérdidas, acompañado de ampliaciones de capital en las que una vez más se ‘mojan’ las cajas de ahorros. De aquella purga sale SOS rebautizada como Deoleo, ya centrada sólo en el negocio del aceite tras la venta de Cuétara.

Ojo: En las ampliaciones de capital que realizó SOS-Deoleo por aquella época es cuando surge el interés de Hojiblanca por entrar en su capital. Hace varias intentonas, sola y con diferentes aliados pero no lo consigue, básicamente por falta de capacidad financiera. ¿Por qué le interesa convertirse en socia? Está claro: Hojiblanca es el mayor productor de aceite del mundo y Deoleo, la mayor comercializadora. Los cooperativistas andaluces ven una posibilidad de tener más peso en los procesos de comercialización del aceite. La oportunidad definitiva se presentaría para Hojiblanca en 2012, cuando se hizo por fin con un 10% de Deoleo. No lo pagará con dinero, sino con un trueque: cediéndole a Deoleo su marca Hojiblanca (de ahí que tuviera que cambiar su nombre por Dcoop) y su planta envasadora de Antequera.

Año 2012. Se produce el rescate de Bankia y de BMN, ambas accionistas de Deoleo (BMN heredó la participación de Caja Granada). Y una de las condiciones que impone Bruselas para este rescate es que las entidades tendrán que abandonar sus participaciones industriales antes de 2017. Cuando ambas ponen en marcha el proceso para vender, otras dos antiguas cajas (CaixaBank y Kutxabank, que habían heredado la participación de cuando absorbieron a Cajasol y Cajasur, respectivamente) ) también deciden unirse a la venta. ¿Por qué? Pues sencillamente, porque no les interesa el negocio del aceite (hay que tener en cuenta que no tienen su centro de decisión en Andalucía) y prefieren hacer caja con sus acciones.

Como ya he mencionado, a finales de 2012 Hojiblanca se hace con el 10% de Deoleo, anunciando en seguida su intención de aumentar su participación. Sus miras quedan puestas en el 16% de Bankia, que ya se sabía que iba a ser puesto a la venta.

Abril de 2014. Deoleo pone en marcha el proceso de venta de las acciones de Bankia, BMN, Kutxabank y CaixaBank (todas juntas, se busca un solo comprador). Entre todas suman el 31% del capital.

Y de repente, se lía la marimorena cuando sale a la luz que uno de los candidatos a comprar ese porcentaje es IQ Made in Italy, una empresa creada a medias entre el Fondo Strategico Italiano (es decir, el Estado italiano) y el fondo soberano catarí Qatar Holding. De los cinco candidatos que presentan ofertas en firme, ninguno es español, por cierto.

En el circo mediático-político que se origina a raíz de esta amenaza a la ‘españolidad’ de Deoleo (término acuñado por el exministro de Agricultura, Miguel Arias Cañete) mete la cuchara todo Dios: el Gobierno, la Junta de Andalucía, otros partidos políticos, sindicatos, Dcoop. Esta última merece capítulo aparte: sigue empeñada en aprovechar para aumentar su participación, a pesar de que no había presentado una oferta formal dentro del proceso abierto por Dcoop para elegir inversor. Su estrategia se centra en convencer a Bankia (y por extensión al Gobierno, que es la que controla Bankia) de que le venda su porcentaje de manera individual.

Y el ganador es… CVC Capital Partners, un fondo británico de capital riesgo que hace la mejor oferta: 38 céntimos por título, lo que supone valorar la compañía agroalimentaria en casi 439 millones. Esta oferta está un 11% por debajo del valor que alcanzaba en Bolsa en el momento de su presentación, pero también lleva aparejado un crédito puente de 470 millones de euros para reestructurar la abultada deuda del grupo oleícola. Según este planteamiento, CVC se hará de partida con un 30% (21,3% que suman Bankia y BMN más un 8,7% que adquirirá en una posterior ampliación de capital). Pero ese porcentaje podrá aumentar porque según la ley, CVC queda obligada a hacer una OPA para que todos los accionistas minoritatios que quieran vender, puedan hacerlo también en las mismas condiciones que Bankia y BMN. Para garantizar la ‘españolidad’ de Deoleo, el Gobierno convence a CaixaBank y Kutxa para que no vendan su porcentaje, de modo que al menos un 30% del capital esté en manos españolas (Unicaja+Dcoop+Kutxa+Caixa).

Peeeeero…. En el mismo consejo de administración en el que Deoleo acepta la oferta de CVC, el director general de Dcoop, Antonio Luque, pega un puñetazo en la mesa y dice que se va de Deoleo. Está enfadado no sólo con Bankia, que no le ha querido vender su porción, sino con todas las demás cajas de ahorros (incluida la malagueña Unicaja) por dar su bendición a la entrada del fondo británico.

Y lo paradójico es que la decisión de irse de Dcoop es lo que acaba con la ‘españolidad’ de Deoleo que tanto preocupaba a Antonio Luque. Porque el 10% de Dcoop va a acabar en manos de CVC Capital Partners.

Para paliar este debilitamiento del núcleo español en Deoleo, las cajas pactan con CVC varias condiciones que, en la práctica, blindan la compañía ante una eventual deslocalización y de la venta de activos significativos (el famoso peligro de que Deoleo sea ‘troceada’). ¿Cómo? Introduciendo en los estatutos la obligatoriedad de contar con el voto positivo del 60% de accionistas para la toma de decisiones relevantes, tales como fijar la sede en el extranjero, vender una cuota importante de activos, suspender pagos, y decidir sobre la liquidación, fusión, escisión, cesión global de activo y pasivo de la empresa.

Como detallito añadido a estos pactos, Deoleo decide cambiar su sede social de Madrid a su emblemática planta de envasado en Alcolea (Córdoba). Este traslado no tiene prácticamente consecuencias (algunos impustos que pasarán a pagarse en Andalucía), pero es un gesto cara a los productores andaluces y a la Junta (la presidenta Susana Díaz ha estado personalmente implicada).

Foto a día de hoy: La entrada de CVC aún no se ha producido, pero ya está acordada y no hay marcha atrás. Se producirá escalonadamente: primero comprará las acciones de Bankia y BMN y después lanzará una OPA en la que todos los demás accionistas minoritarios podrán vender también. Dcoop, entre ellos. Los que no venderán y mantendrán su posición en Deoleo serán Unicaja, Caixa y Kutxa. Se baraja la posible entrada de la SEPI (Sociedad Estatal de Participaciones Industriales) con un porcentaje simbólico que evidencie la implicación del Gobierno en esta empresa estratégica para el sector agrario español.

Mi opinión sobre todo este embrollo: Permitiendo la entrada de un fondo de capital riesgo, Deoleo ha ‘comprado’ su tranquilidad financiera para los próximos cinco años, lo cual no es moco de pavo teniendo en cuenta su apurada situación. De hecho, probablemente no haya tenido mucha capacidad de elección. ¿Cuál es el precio de esa tranquilidad? El riesgo que supone, valga la redundancia, darle la bienvenida a una sociedad de capital riesgo. Porque dentro de cuatro, cinco o los años que sean, CVC querrá vender su porcentaje. Y entonces volverá la incertidumbre.

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Buenas y malas noticias
Nuria Triguero 07-02-2011 | 12:14 | 0

La pasada semana conocimos los datos del paro. El año arranca tan mal como acabó: casi seis mil malagueños se sumaron en enero en la cola del desempleo, que ya roza la increíble cifra de 190.000. Un desastre, sin paliativos. No es de extrañar que en estas circunstancias cualquier acontecimiento positivo, por insignificante que sea, resulte atractivo. Con tal saturación de penurias, la vieja consigna de que las buenas noticias no son noticias se ha dado la vuelta.

Así que esta vez, si me lo permiten, prefiero hablarles de una buena noticia que hemos conocido recientemente, puesto que además no es insignificante, sino bastante significativa. Pocas industrias hay tan veteranas en Málaga como Epcos. Bajo este nombre puede que muchos no sepan de qué empresa se trata, pero la cosa cambia cuando se utiliza el nombre de Siemens. La decana de la electrónica en Málaga nació en 1955 bajo el empuje de un empresario alemán, Teodoro Schade, al que se le ocurrió la insólita idea de fabricar condensadores en plena Costa del Sol. Para ello fundó la empresa Central Técnica Científica en una modesta nave de 48 metros cuadrados en la calle Ferrándiz. Su éxito llegó a oídos del gigante de la electrónica Siemens, que compró la compañía de Schade en 1969, trasladándola a su ubicación actual, en la avenida Ortega y Gasset.

En esas mismas instalaciones, enfrente del Palacio de Ferias, sigue hoy desarrollando su actividad la antigua Siemens, que en su medio siglo de vida ha cambiado una vez de nombre varias de dueño (ahora pertenece a la japonesa TDK-EPC). Aunque ya por poco tiempo: su traslado al Parque Tecnológico es inminente, una vez que las obras de construcción de su nueva planta productiva están casi finalizadas.

Es una buena y significativa noticia que una multinacional de la electrónica siga apostando por Málaga, en lugar de deslocalizar la producción hacia otro país con menores costes laborales. Sobre todo teniendo en cuenta las pérdidas económicas que Epcos ha arrastrado durante varios años debido a un momento particularmente convulso de la industria electrónica. Ahora, esta veterana empresa parece haber encontrado su sitio en el mercado globalizado. A base de invertir en I+D, ha desarrollado una nueva línea de condensadores más complejos que los que hacía antes –y, por tanto, con mayor valor añadido– que son altamente demandados. Precisamente por eso, sus responsables se ven obligados a mantener operativas tanto su antigua como su nueva fábrica para poder atender el gran volumen de pedidos. Incluso van a ampliar plantilla; algo insólito en los tiempos que corren.

(Publicado en ‘Dinero & Empleo’ el domingo 6 de febrero de 2011)

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Más carbón para el empleo en Málaga
Nuria Triguero 10-01-2011 | 9:21 | 0

Queridos Reyes Magos: vaya regalito envenenado trajisteis a Málaga por adelantado con los datos del paro del pasado martes. Cada mes es una nueva sangría, pero esta vez, y pese a que en diciembre no creció el desempleo –aunque tampoco se puede decir que disminuyera, con la ridícula cifra de 166 personas menos en toda la provincia–, conocimos el balance de daños de todo 2010. Un año aciago para el empleo que terminó con 13.111 parados más: tantos como habitantes tiene un pueblo como Manilva y un triste récord a nivel nacional, porque ninguna otra provincia alcanza tal nivel de destrucción de puestos de trabajo.

Estamos ya acostumbrados a sumar parados a la lista mes a mes, pero el verdadero vértigo asoma cuando se toma algo de distancia. No hace falta mucha: en sólo tres años, la provincia ha multiplicado por dos su número de personas sin trabajo. Si en diciembre de 2007, cuando la crisis apenas había asomado el colmillo, había casi 95.000, a finales del año pasado se rebasaban los 183.000. De ellos, alrededor de 50.000 carecen de cualquier tipo de prestación o subsidio.

Sólo el espeso manto de la economía sumergida explica que, con tal número de familias sin ningún recurso económico, no se haya producido un estallido social. Habrá quien piense que es una suerte entonces que exista una fuente de ingresos alternativa y subterránea para los que no encuentran su hueco en el mercado laboral. Pero el razonamiento debería ser el contrario: por culpa de los empresarios que defraudan a Hacienda y a la Seguridad Social, así como de todos los consumidores que consienten el pago en ‘B’ con tal de ahorrarse unos euros, nuestra economía es más débil, menos competitiva y más cutre, por qué no decirlo.

Así pues, queridos Reyes Magos, espero que nos hayáis traído la honestidad, la valentía y el optimismo necesario para afrontar este nuevo año, que según circulaba en los mensajes de felicitación de Nochevieja, peor que el anterior no puede ser. Por de pronto, y una vez finiquitada la Navidad, ya están aquí las rebajas. Los comerciantes malagueños tienen buenas sensaciones y creen que rebasarán la marca del año pasado, cifrada en 80 millones de euros de facturación global. Su obligación es echar el resto para captar la atención del consumidor con descuentos que, por lo menos, superen las fuertes promociones vistas durante las últimas semanas en los escaparates. Y es que la línea que separa la campaña navideña de las rebajas cada vez está menos clara. Al fin y al cabo, los comercios tienen que aprovechar para hacer caja ahora, que es la época más consumista del año. Los meses que quedan por delante prometen estar marcados por el signo de la austeridad.

(Publicado el 9 de enero de 2011 en ‘Dinero y Empleo’)

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Sin título
Nuria Triguero 06-09-2010 | 7:54 | 0

No empezaré este artículo hablando del síndrome postvacacional. Y no sólo porque lo prometí en esta misma página hace un mes, ni porque el tema haya sido ya más que explotado por los telediarios desde hace dos semanas –y lo que les queda–. Por encima de todo eso, lo cierto es que quejarse de lo duro que es volver al trabajo me parece una frivolidad y hasta una ofensa para los casi cuatro millones de personas que carecen de empleo en España. Son 340.000 más que al término de agosto de 2009, pero para la ministra de Economía y Hacienda «no es un mal dato», ya que hablamos de un mes en el que tradicionalmente sube el paro, y esta vez lo ha hecho menos de lo habitual. No sé por qué, pero su argumentación me ha recordado a aquel compañero de instituto, repetidor empedernido, que consideraba un gran triunfo aprobar gimnasia y religión.

Málaga no ha sido ajena a esta nueva subida del desempleo. Durante el mes estrella –agosto– de nuestro sector estrella –el turismo– se inscribieron en las listas del paro 1.543 personas más, haciendo un total de 168.306. Resulta desconcertante que ni con los hoteles y chiringuitos de la Costa del Sol a rebosar –la patronal reconoce que ha sido el mejor verano de la crisis en términos de ocupación– se haya alegrado un poco el mercado laboral. Está claro que hay miedo a contratar personal entre los empresarios: muchos han exprimido a su exigua plantilla o recurrido a familiares para sobrellevar la temporada alta.

Tan sólo el discreto sector agrario ha conseguido reducir su tasa de paro en agosto. Y eso ha sido en parte gracias a la vendimia, que aunque en Málaga tiene proporciones mucho más modestas que en las grandes zonas vitivinícolas como La Rioja, se convierte cada año por estas fechas en una fuente de empleo temporal. Las organizaciones agrarias calculan que la recogida de la uva genera unos 120.000 jornales en la Axarquía, Ronda y el norte de la provincia, las áreas donde se concentra el mayor número de bodegas.

Curiosa panorámica la del sector vinícola malagueño: en Ronda cada año crece la superficie de viñedos mientras en Mollina se arrancan cepas. ¿Por qué, adscribiéndose ambas zonas al mismo consejo regulador? La respuesta hay que buscarla en el modelo de negocio que rige en cada zona. Bodegas de las llamadas ‘de autor’ en la Serranía, con producciones limitadas que cotizan cada vez más alto en los mercados ‘gourmet’; frente a un vino que se elabora en cooperativa y se vende a granel en su mayoría. A los caldos de la zona norte de Málaga les ocurre algo muy similar a lo que al aceite: más del 50% se exporta sin envasar, lo que supone renunciar al valor añadido que aporta la marca, la etiqueta. Claro que para recuperar ese caudal de rentabilidad que se escapa del campo tendría que haber inversores dispuestos a hacer en Mollina lo que se ha hecho en Ronda: arriesgar. Y es que también en un sector tan tradicional como el agroalimentario, innovar es la clave del éxito.

(Publicado en ‘Dinero & Empleo’ el 5 de septiembre de 2010)

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