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¿Qué pasa en Deoleo y por qué le importa a Málaga?
Nuria Triguero 13-05-2014 | 1:06 | 2

Básicamente, esta es la pregunta que me hizo una amiga uno de los muchos días en los que en el periódico han salido titulares sobre el ‘asunto Deoleo’. “¿No has leído la noticia? Ahí lo pone”, le dije. “Sí que me la he leído pero no me entero”, me contestó. Y realmente no es que ella sea poco lista (¡es muy lista!), es que este asunto se ha embrollado tanto que, si no has estado pendiente desde el principio, es difícil enterarse de lo que pasa leyendo una noticia puntual un día. En culebrones como este (o como el de Unicaja y CEISS), siempre tengo el mismo dilema cuando surge una novedad: si me pongo a contar los antecedentes no tengo espacio para lo que realmente es noticia y si renuncio al ‘background’, la gente que no ha seguido el tema no se entera.

¿Solución al dilema? Un ‘Deoleo Facts’. Es decir, un ‘vamos por partes’.

Año 1995. Varias cajas andaluzas entran en la empresa aceitera Koipe (Unicaja, Cajasur, Caja Granada y Caja San Fernando), por considerarlo un negocio estratégico para Andalucía. ¿Por qué? Porque Andalucía es la mayor región productora de aceite de oliva del mundo pero no controla ningún resorte de la comercialización, que está concentrada en muy pocas manos (y así nos luce el pelo).

Año 2001. Koipe y SOS-Cuétara se fusionan y las cajas andaluzas pasan a controlar más de un 20% del grupo resultante. A partir de entonces van ampliando progresivamente su inversión en la compañía: la de Unicaja, que es la que más cerca nos pilla, llega hasta 145 millones de euros.

Año 2008. SOS-Cuétara se viene arriba y compra varias marcas italianas de aceite de oliva,entre ellas Bertolli, la de mayor presencia mundial, y que supone la llave de Estados Unidos (ya se sabe que allí los italianos nos llevan ventaja). La operación también incluye Carapelli y Sasso, y le cuesta a la empresa española la friolera de 630 millones.

A tener en cuenta: Esta operación es el origen de dos claves de este conflicto: la deuda insostenible de SOS y el ‘rencor’ de Italia ante la pérdida de sus marcas emblemáticas, que desde entonces se propondrá recuperar.

Año 2009. Las cajas andaluzas aliadas con Caja Madrid (que también era accionista) fuerzan la salida del consejo de SOS Cuétara de sus máximos accionistas, los hermanos Salazar, acusándoles de irregularidades en la gestión -después un juzgado las confirmaría-. Se abre un proceso de reestructuración para salvar a la compañía de sus abultadas pérdidas, acompañado de ampliaciones de capital en las que una vez más se ‘mojan’ las cajas de ahorros. De aquella purga sale SOS rebautizada como Deoleo, ya centrada sólo en el negocio del aceite tras la venta de Cuétara.

Ojo: En las ampliaciones de capital que realizó SOS-Deoleo por aquella época es cuando surge el interés de Hojiblanca por entrar en su capital. Hace varias intentonas, sola y con diferentes aliados pero no lo consigue, básicamente por falta de capacidad financiera. ¿Por qué le interesa convertirse en socia? Está claro: Hojiblanca es el mayor productor de aceite del mundo y Deoleo, la mayor comercializadora. Los cooperativistas andaluces ven una posibilidad de tener más peso en los procesos de comercialización del aceite. La oportunidad definitiva se presentaría para Hojiblanca en 2012, cuando se hizo por fin con un 10% de Deoleo. No lo pagará con dinero, sino con un trueque: cediéndole a Deoleo su marca Hojiblanca (de ahí que tuviera que cambiar su nombre por Dcoop) y su planta envasadora de Antequera.

Año 2012. Se produce el rescate de Bankia y de BMN, ambas accionistas de Deoleo (BMN heredó la participación de Caja Granada). Y una de las condiciones que impone Bruselas para este rescate es que las entidades tendrán que abandonar sus participaciones industriales antes de 2017. Cuando ambas ponen en marcha el proceso para vender, otras dos antiguas cajas (CaixaBank y Kutxabank, que habían heredado la participación de cuando absorbieron a Cajasol y Cajasur, respectivamente) ) también deciden unirse a la venta. ¿Por qué? Pues sencillamente, porque no les interesa el negocio del aceite (hay que tener en cuenta que no tienen su centro de decisión en Andalucía) y prefieren hacer caja con sus acciones.

Como ya he mencionado, a finales de 2012 Hojiblanca se hace con el 10% de Deoleo, anunciando en seguida su intención de aumentar su participación. Sus miras quedan puestas en el 16% de Bankia, que ya se sabía que iba a ser puesto a la venta.

Abril de 2014. Deoleo pone en marcha el proceso de venta de las acciones de Bankia, BMN, Kutxabank y CaixaBank (todas juntas, se busca un solo comprador). Entre todas suman el 31% del capital.

Y de repente, se lía la marimorena cuando sale a la luz que uno de los candidatos a comprar ese porcentaje es IQ Made in Italy, una empresa creada a medias entre el Fondo Strategico Italiano (es decir, el Estado italiano) y el fondo soberano catarí Qatar Holding. De los cinco candidatos que presentan ofertas en firme, ninguno es español, por cierto.

En el circo mediático-político que se origina a raíz de esta amenaza a la ‘españolidad’ de Deoleo (término acuñado por el exministro de Agricultura, Miguel Arias Cañete) mete la cuchara todo Dios: el Gobierno, la Junta de Andalucía, otros partidos políticos, sindicatos, Dcoop. Esta última merece capítulo aparte: sigue empeñada en aprovechar para aumentar su participación, a pesar de que no había presentado una oferta formal dentro del proceso abierto por Dcoop para elegir inversor. Su estrategia se centra en convencer a Bankia (y por extensión al Gobierno, que es la que controla Bankia) de que le venda su porcentaje de manera individual.

Y el ganador es… CVC Capital Partners, un fondo británico de capital riesgo que hace la mejor oferta: 38 céntimos por título, lo que supone valorar la compañía agroalimentaria en casi 439 millones. Esta oferta está un 11% por debajo del valor que alcanzaba en Bolsa en el momento de su presentación, pero también lleva aparejado un crédito puente de 470 millones de euros para reestructurar la abultada deuda del grupo oleícola. Según este planteamiento, CVC se hará de partida con un 30% (21,3% que suman Bankia y BMN más un 8,7% que adquirirá en una posterior ampliación de capital). Pero ese porcentaje podrá aumentar porque según la ley, CVC queda obligada a hacer una OPA para que todos los accionistas minoritatios que quieran vender, puedan hacerlo también en las mismas condiciones que Bankia y BMN. Para garantizar la ‘españolidad’ de Deoleo, el Gobierno convence a CaixaBank y Kutxa para que no vendan su porcentaje, de modo que al menos un 30% del capital esté en manos españolas (Unicaja+Dcoop+Kutxa+Caixa).

Peeeeero…. En el mismo consejo de administración en el que Deoleo acepta la oferta de CVC, el director general de Dcoop, Antonio Luque, pega un puñetazo en la mesa y dice que se va de Deoleo. Está enfadado no sólo con Bankia, que no le ha querido vender su porción, sino con todas las demás cajas de ahorros (incluida la malagueña Unicaja) por dar su bendición a la entrada del fondo británico.

Y lo paradójico es que la decisión de irse de Dcoop es lo que acaba con la ‘españolidad’ de Deoleo que tanto preocupaba a Antonio Luque. Porque el 10% de Dcoop va a acabar en manos de CVC Capital Partners.

Para paliar este debilitamiento del núcleo español en Deoleo, las cajas pactan con CVC varias condiciones que, en la práctica, blindan la compañía ante una eventual deslocalización y de la venta de activos significativos (el famoso peligro de que Deoleo sea ‘troceada’). ¿Cómo? Introduciendo en los estatutos la obligatoriedad de contar con el voto positivo del 60% de accionistas para la toma de decisiones relevantes, tales como fijar la sede en el extranjero, vender una cuota importante de activos, suspender pagos, y decidir sobre la liquidación, fusión, escisión, cesión global de activo y pasivo de la empresa.

Como detallito añadido a estos pactos, Deoleo decide cambiar su sede social de Madrid a su emblemática planta de envasado en Alcolea (Córdoba). Este traslado no tiene prácticamente consecuencias (algunos impustos que pasarán a pagarse en Andalucía), pero es un gesto cara a los productores andaluces y a la Junta (la presidenta Susana Díaz ha estado personalmente implicada).

Foto a día de hoy: La entrada de CVC aún no se ha producido, pero ya está acordada y no hay marcha atrás. Se producirá escalonadamente: primero comprará las acciones de Bankia y BMN y después lanzará una OPA en la que todos los demás accionistas minoritarios podrán vender también. Dcoop, entre ellos. Los que no venderán y mantendrán su posición en Deoleo serán Unicaja, Caixa y Kutxa. Se baraja la posible entrada de la SEPI (Sociedad Estatal de Participaciones Industriales) con un porcentaje simbólico que evidencie la implicación del Gobierno en esta empresa estratégica para el sector agrario español.

Mi opinión sobre todo este embrollo: Permitiendo la entrada de un fondo de capital riesgo, Deoleo ha ‘comprado’ su tranquilidad financiera para los próximos cinco años, lo cual no es moco de pavo teniendo en cuenta su apurada situación. De hecho, probablemente no haya tenido mucha capacidad de elección. ¿Cuál es el precio de esa tranquilidad? El riesgo que supone, valga la redundancia, darle la bienvenida a una sociedad de capital riesgo. Porque dentro de cuatro, cinco o los años que sean, CVC querrá vender su porcentaje. Y entonces volverá la incertidumbre.

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Olivareros metidos a 'brokers'
Nuria Triguero 25-10-2010 | 12:38 | 0

Quién les iba a decir a los olivareros andaluces que iban a estar tan pendientes de las cotizaciones bursátiles que del parte meteorológico. Los tiempos avanzan, o más bien se echan encima. Y mientras buena parte del sector agrario sigue anclado en el pasado, la lógica del mercado amenaza con pasarles por encima como un rodillo. Así que no hay más remedio que adaptarse. Si hay que acudir a una ampliación de capital de una empresa del Ibex-35, se acude. Aunque todavía no sepamos muy bien cómo… Me refiero a la operación que prepara SOS, el grupo alimentario que lidera la comercialización de aceite a nivel mundial, para sanear su balance y reforzar su capitalización. Entre la complicada ingeniería financiera que ha diseñado la empresa figura la venta de 200 millones de euros en acciones. Y por toda la Andalucía olivarera se habla de la oportunidad que esto representa para que el sector productor ponga por fin una pica en el siguiente eslabón de la cadena de suministro y adquiera poder en la comercialización de su producto.

De entre las distintas iniciativas que se están planteando, la más seria parece la protagonizada por Hojiblanca; entre otras cosas porque tendría sentido que la mayor cooperativa oleícola del mundo se sentara en el consejo de administración de la principal empresa comercializadora de aceite. Pero precisamente porque son gente seria, los responsables del grupo antequerano hablan con mucha prudencia sobre el tema, pese a reconocer su interés por SOS. Y es que conseguir el respaldo financiero para acudir a una operación de este calado seguramente no es algo tan sencillo como piensan los que plantean que cada agricultor ceda 20 céntimos de cada litro de aceite que venda durante esta campaña.

Pero pongamos que se consiga. ¿Solucionará esta operación los problemas del olivar malagueño y andaluz? Para eso quizá habría que hacerse antes otra pregunta: ¿cuáles son esos problemas? Si pensamos que la cuestión es a quién le vendemos nuestro producto, concluiremos que teniendo poder en la empresa que compra la mayor parte del aceite, nuestra posición mejorará. Pero seamos realistas: SOS va a seguir siendo una empresa; no va a volverse una ONG por el hecho de que Hojiblanca u otro miembro del sector productor figure en su accionariado. Sencillamente porque si no busca su propio beneficio acabará en quiebra. Quizá si pensamos que nuestro problema no es a quién le vendemos aceite, sino cómo lo vendemos –cada uno por su lado, sin concentrar la oferta– tengamos un enfoque distinto.

No es Antonio Luque, el gerente de Hojiblanca, un hombre dado al victimismo del que algunos acusan a los agricultores. Él lo tiene muy claro: si el precio del aceite está por los suelos no es sólo por culpa de la industria y la distribución, sino de los productores que lo consienten. La atomización de la oferta es el verdadero problema del campo. Porque si hay dos mil vendiendo y sólo cinco que compran, ¿quién tiene la sartén por el mango?

(Publicado en ‘Dinero y Empleo el 24-10-2010)

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El boicot de los olivareros
Nuria Triguero 17-02-2009 | 8:17 | 0

Tirar la primera piedra siempre exige un ejercicio de valentía, pero mucho más cuando el blanco es un poderoso gigante empresarial. Pese al malestar que ha despertado la decisión de Mercadona de retirar miles de productos de sus lineales, ninguno de sus proveedores se había atrevido a levantar la voz hasta ahora. Hojiblanca ha sido la primera. Y no se ha limitado a quejarse, sino que llama directamente al boicot contra la popular cadena de supermercados.

No es sólo que Mercadona haya dejado de vender la marca Torcaoliva, envasada por Hojiblanca. La afrenta contra el sector oleícola andaluz va más allá, pues desde la cooperativa aseguran que la empresa valenciana está plantando olivares en Portugal y Marruecos para conseguir aceite barato y prescindir de los productores españoles. Parece que las llamadas al consumo patriótico de Miguel Sebastián no van con Juan Roig.

Y todo ello ocurre, no olvidemos, mientras Hojiblanca se está gastando millones de euros para montar una planta envasadora consagrada a las marcas blancas. Así que el gerente de la mayor cooperativa olivarera española, Antonio Luque, no ha dudado en tirarse al barro, instando a sus más de 27.000 socios a propagar el boicot a Mercadona. Desde luego, sería interesante comprobar cómo andan de público estos días los supermercados de esta cadena en la comarca de Antequera…

Se quejan con amargura en Hojiblanca de que la compañía valenciana está traicionando a una tierra que la recibió con los brazos abiertos. Está claro que una empresa tiene libertad para elegir a sus proveedores, y en este caso el rasero utilizado por el líder de los supermercados españoles es claro y transparente: el precio. Pero claro, también existe la libertad del consumidor. Y su decisión de compra no sólo se rige por la ‘pela’, por mucha crisis que haya. No creo que haga falta recordar la importancia que tienen los valores y las connotaciones en el éxito o fracaso de un producto.

No creo que Mercadona llegara a prever las consecuencias que está teniendo este cambio de estrategia comercial para su reputación, hasta ahora intachable. Una reputación conseguida sin gastar un euro en publicidad, lo cual la hace más valiosa. Puede que Roig consiga su propósito de bajar el precio medio de la cesta de la compra, pero a cambio de poner en peligro uno de sus mayores activos: la simpatía que despierta su marca en el consumidor.

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