Carrete encuentra a su Estrella

Foto: Álvaro Cabrera/Diputación

Tengo que reconocer que el título (Carrete encuentra a su Estrella) no es mío, sino del departamento de prensa de la Diputación (quizás de Francis Marmol), pero es muy bueno y no tengo inconveniente alguno en así reconocerlo.

El bailaor de Torremolinos y la artista granadinomalagueña tuvieron el momento más mágico de la noche del pasado jueves en el auditorio de la calle Pacífico en un fin de fiesta conjunto por bulerías. Estrella Morente justificó con creces su poderío escénico y su vena flamenca que se tradujo en un auditorio en pie y una larga ovación a su término.

La tercera sesión del ciclo ‘Singulares’ estaba predestinada para la gloria. Conscientes del tándem programado por Diputación, las entradas a la venta volaron en menos de dos días y el lleno total era rotundo. Nada menos que Estrella Morente, la voz más internacional del flamenco en la actualidad, y el genio incombustible y carismático de Carrete.

Todo comenzó a fraguarse cuando la hija mayor de la casa Morente-Carbonell principió por alegrías con ese porte pinturero que lo hace todo tan artístico, tan sublime, que incluso el cante canónico queda en segundo plano. Llevada perfectamente por la guitarra guía de Montoyita y Monti, y apoyada por la percusión de Popo, los coros y palmas de su hermano Kiki Morente, Ángel Gabarre y Antonio Carbonell, atacó luego por tangos, otra especialidad de la casa.

Dejó para el cuerpo de su recital, el cante por soleá y las malagueñas, pero realmente conectó con la fibra sensible del auditorio cuando recordó el famoso tema de su padre ‘La Estrella’, donde emocionó a raudales, según el comunicado de prensa. Para terminar su actuación cantó por bulerías con la gracia y el garbo que le caracterizan con esa voz que es flor de noche y rumor de olas bravías.

A continuación el cuadro de Carrete tomó la escena para introducir al maestro de edad indescifrable en el ajo. Nuria Martín cantó con mucha entrega por tangos para darle la bienvenida a un bailaor diferente que no se parece a nadie pero que consigue la hazaña de ganarse al público en cada aparición. Sólo su porte y su elegancia evocan a un gentleman gitano henchido de heroismo vital y artístico.

Carrete sacó sus pasos a lo Fred Astaire y algo del juego de pies de Farruco, las manos histriónicas de Vicente Escudero y la gracia que sólo él tiene para convertir un taranto en llanto y risa en remates infinitos y milimétricos a compás por bulerías. Su entrada fue por alegrías, para comérselo, con su sombrero cordobés y una torería de otro tiempo.

La noche estaba entregada a las musas, al duende y la inspiración sin remedio y Estrella Morente tuvo el gesto que le honra de salir a escena para siendo figura mundial reconocer el genio de otro tipo de figura, cantó y pintó entonces sus escorzos julioromeristas con el sombrero de Carrete puesto y se abrieron las carnes los flamencos ante la estampa. Carrete zapateaba con su brío característico, y sus desplantes de puro ‘age’ y Estrella le brindaba coplas por bulerías ante un público anonadado.

Ambos cuadros jalearon a los dos y tuvieron que salir de nuevo a escena para recoger la ovación cerrada y seguir de fiesta un poquito más hasta que encarrilaron la puerta grande. A esa hora, Carrete ya había encontrado a su Estrella.

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