A veces no es necesario tirar de un alto presupuesto para conformar un cartel de flamenco atrayente. El de Casabermeja, en la noche del sábado, día 25, tuvo suficientes atractivos como para seguir allí, mirando al cielo mientras uno escucha concentrado el cante dolorido de Cancanilla por seguiriya. Oliendo a hierbas aromáticas y aliviándose de ‘la caló’ con ese fresquito casabermejo que es muy de agradecer en estas noches calurosas de verano.
En el escenario: Jesús Méndez, Calixto Sánchez, Marina Heredia, Cancanilla y el bailaor Pepe Torres. Entre el público, el presidente de la Diputación, Salvador Pendón (PSOE), confraternizando con el alcalde del pueblo, Antonio Domínguez (IU); el poeta Rafael Ballesteros, el médico y político socialista Pedro Villagrán; El Tiriri, Alfonso Queipo de Llano, Paco Roji con su ‘sucursal’ de Flamenka a la entrada…
Es una alegría saludar cada año a Manolo Curao, presentador imprescindible en el Festival de Cante Grande. Pedazo de profesional de Canal Sur TV, estudioso del flamenco y didáctico de este arte en la Universidad. Un sevillano que los amores lo han atrapado a esta tierra, a esa rincón marinero situado entre Málaga y Torre del Mar.
La velada la abrió Jesús Méndez, un sobrino de La Paquera al que conocíamos por referencias, pero que nunca lo habíamos visto en directo. Gustó. Nos gustó. Tiene esa escuela jerezana del buen cante, del saber estar, de conectar. Le siguió Calixto Sánchez, que viene ya de vuelta de muchas noches flamencas, de incontables festivales. Demostró su sabiduría, el maestro, aunque da menos pellizcos en una silla de tijera. Sobresalió (fíjense por dónde) en alegrías, acompañado por la sonanta de Rafael Rodríguez.
El bailaor Pepe Torres, que igual pudo cantar que tocar la guitarra (hace las dos cosas muy requetebién), dejó antes del descanso una alegrías acertadamente respaldado atrás, sobre todo por Guillermo y Luis Moneo. En la segunda parte bailó por soleá. La verdad es que no notamos muchas diferencias entre un baile y otro. Tiene una gracia innata, espontaneidad, y muy alejado de la disciplina academicista. Eso es bueno y es malo. Es malo porque el braceo y el zapateado es muy parecido entre la alegría y la soleá. Se mueve, digamos, en un mismo canon. Es bueno porque no está encorsetado, le da un aire fresco al baile, y se deja llevar por ese duende natural que atesora, lejos de posturas estudiadas ante espejos. Además, elegantemente vestido, con corbata y traje de chaqueta, sin abalorios que lo desnaturalice.
Heredero de familia flamenca (descendiente de Joselero de Morón, Luis Torres), este Pepe Torres, creo, no tiene definido su futuro en el flamenco, tras su etapa como componente de Son de la Frontera. El chaval tiene tanto arte que igual podría encarrilar su carrera artística por otros derroteros, por el cante, por ejemplo, aunque en la noche de Casabermeja nos dejó sin él.
A los más puristas no les gustó Marina Heredia. A mí sí. Creo que es muy buena artista. Me gustó por soleá. Me encantó por malagueña rematada con esos fandangos abandolaos del Albaicín. Se atrevió con una bulería que popularizara Lole y Manuel (“el sol, joven y fuerte ha ‘vencío’ a la luna…”), bajó en los tangos y se despidió por bulerías con unas letritas de El Chino. Marina es una cantaora que encaja muy bien en festivales.
… Y Cancanilla. Empezó cantando soleá por bulería con el acompañamiento de Anotnio Moya, siguió por seguiriyas, fandangos, bulerías… Es el cantaor que nunca defrauda. Ni estando a la altura de otras ocasiones, deja indiferente al aficionado. Tiene conocimiento, voz, simpatía, personalidad… Cancanilla es hoy por hoy lo mejor que tenemos en el cante jondo. Y así lo demostró en Casabermeja. ¡Qué gracia esa pataíta que recuerda a sus inicios de bailaor! ¡Qué desparpajo cantando al final de pie, sin micrófono! ¡Cómo levantó la noche!
Sobre las cinco de la madrugada terminó el XXXVIII Festival de Cante Grande de Casabermeja, con un fin de fiesta con la intervención de todos los artistas actuantes excepto Calixto Sánchez. Quizás esos fiestas flamenca no están hechas para el maestro de Mairena del Alcor.
En definitiva, un festival ‘construido’ con buenos cimientos que no defraudó al público. Este año, por recorte presupuestario, no se editaron los interesantes programas que se hacían y que se regalaban a la gente a la entrada al recinto. Tampoco nos pudimos quedar como recuerdo con la entrada porque los porteros se quedan con ella y luego la vuelven a pasar por taquilla para ponerla a la venta de nuevo. Por 20 euros podría uno quedarse con ese cachito de papel que atestigua que estuvimos allí. En la noche de Casabermeja.