DILEMA

El frescor de la brisa que cabalga en las olas,
o el aroma hechicero del jazmín en los parques.
El gorjeo del ave cuando nace la aurora,
o la dicha infinita de tenerte y amarte.

El sabor de tus besos con regusto a frambuesa.
El fulgor de tus ojos, más ardientes que el fuego,
y la bella hermosura de tu faz de sirena,
que al sentirla a mi lado me aproxima a lo eterno.

Cuando se haya extinguido este “yo” que da vida
a la tierra y al mar, al amor y a lo bello.
¿Qué ser nuevo será quien dichoso perciba
la belleza que entraña contemplar todo esto?.

Es la arcana pregunta que me turba al quererte:
Si tu voz, y tu risa, y tu cuerpo y tu pelo,
tienen vida por sí, existiendo realmente,
o es un sueño fugaz que termina si muero.

Es dilema insoluble que me hunde en la duda,
pues no sé si mi “ego” es real o es un sueño…
Y me empuja, al final, a perder la cordura,
destrozando mi alma este inmenso misterio.

© Antonio Pardal Rivas

Julio, 2006

La rendición de Breda. Velázquez.

FRACASADOS Y RIDÍCULOS

HERMANN TERTSCH

Martes , 09-03-10
UN país puede llegar a reconquistar respeto en un par de generaciones. A éste nuestro le costó mucho. Con la inversión de la lealtad institucional, el amor patriótico y el compromiso de toda una generación de políticos de todas las tendencias, lo consiguió. Con el esfuerzo y la dedicación de gente honesta por lo menos al final de una difícil singladura. Comprometida con la labor de sacar a nuestra nación del pozo negro en que la historia en que los años malditos, los años treinta, pero también los doscientos años anteriores, la habían hundido. Este país se recuperó gracias a hombres y mujeres que creían en la dignidad y en el respeto que los españoles nos debemos a nosotros mismos. Y la cosa funcionó. Y estuvimos muy orgullosos todos los ciudadanos de todas las tendencias salvo los resentidos y los miserables. Este país cogió el ritmo de las naciones avanzadas , de los estados que se gobiernan con sentido común por muchos errores que puedan cometer en sus diagnósticos y búsqueda de soluciones, Se declaró presente España en el concierto general europeo. Todos los que sabemos algo de dictaduras y de miedo, de represión y angustia, fuimos en algún momento felices. Nos sentimos retribuidos. Nos sentimos españoles emocionados y retribuidos por haber convertido nuestro país en un lugar decente, en una patria compasiva, en un hogar intelectualmente probo.
Eso es lo que aumenta nuestra actual tragedia. Porque todo lo que se hizo en su día se ha ido por las cañerías de la historia. En tan poco tiempo hemos hundido todo lo que habíamos hecho, por fin, bien. En concordia y acuerdo. Un país en plena reivindicación de su esencia y competencia, de su identificación con los mejores Estados que en el mundo han existido, por civilidad, compasión y justicia, ha derivado a la mediocridad más cruel, a la miseria zarrapastrosa y a la vulgaridad, arbitrariedad, intimidación y amenaza, iguales las habidas en los peores momentos de nuestra triste y agitada historia. Un accidente de trenes nos trajo un Gobierno que aun nos habremos de explicar en las próximas décadas. Muchas décadas habrán de pasar para que los historiadores sean capaces de ver como una banda de inútiles o psicópatas y acomplejados se hicieron en este país con el poder y lo llevaron a esa ruina que amenaza a nuestros hijos y nietos.
Ya sé que en España por grandes que sean las desgracias no suele pasar nada. Hasta que pasa. Las desgracias se las reparten las víctimas entre sí. Y la indolencia de los compatriotas suele ser endémica. La empatía con el dolor en este país parece ser un lujo y no precisamente de los intelectuales. Los que lloramos por los muertos por el terrorismo y nos sentimos hundidos o simplemente afligidos por los millones de españoles que no saben nada de un futuro que se augura triste e insolvente somos unos traidores de mierda que no confiamos en esa especie de líder de «cómic» que expresa sus inmensas descompensaciones por esas manos incansables, esos ridículos trajes de manga larga, esos gestos grotescos de sobreactuación y una señora que siempre se antoja la jefa. Y que nos mandaría a la Cheka antes de estrenar un traje.
Todo puede pasar de siniestro a patético y ridículo. Gracias a nuestros gobernantes lo hemos logrado en unos años que pasarán a nuestra historia como el periodo de la mentira e ignominia. ¡Pena de traición a los españoles de buena voluntad! Treinta años hemos intentado ser un país europeo sano y normal y hoy volvemos a ser Venezuela. La peor Venezuela. La del milico cutre de botas y boina, prepotente y gamberro verbal. Como la del vallisoletano mentiroso que se cree leonés. La del nieto de Lozano, el militar ejecutable por todas las partes de la contienda trágica de nuestro país. Nuestro nieto de Lozano hizo tan buenas migas con los terroristas de ETA como para ofrecerles todo tipo de carantoñas. Nuestro nieto del fascista que era el otro abuelo nos engaña con una obscenidad que es un insulto permanente. Les aseguro que a este nieto lo recordarán nuestros nietos. Con pesar.

Amor de mis amores

Si pasados los años la brisa te rozara,
permite que te envuelva el céfiro del cielo.
Soy yo que, dulcemente, acaricio tu pelo
escondido en el aura que sientes en la cara.

Si al cruzar los caminos el sol te calentara,
no busques las umbrías recubiertas de hielo
ni tapes tu cabeza con tu rojo pañuelo.
Soy yo que, desde lejos, de ti no se separa.

No vayas a creer que no sigo a tu lado.
Me oculto en las montañas, en los ríos y flores,
en los campos de espigas y en el cielo estrellado.

Estoy en los ocasos y en los bellos albores,
aguardando paciente, de amor arrebatado,
que al fin vengas conmigo, amor de mis amores.

© Antonio Pardal Rivas
6-09-07

Betsabé.

LA FLOR

Columnas cancerberas del escondido sitio,
que guarda ocultamente la misteriosa fosa,
rodeada de trigales suaves como la seda,
y en el fondo, una rosa.

¡Guardad celosamente el rio que se oculta
en la oquedad profunda de la sima escondida,
donde habita la flor más bella de la tierra!
¡La que nos da la vida!

Llave que dulcemente, cuando abres la compuerta
del bello y cristalino manantial que proteges,
aguardas, impaciente, anhelante y gozosa,
que penetre el esqueje.

Permanece cerrada, guardiana de la vida,
hasta el momento mismo en que llegue, amoroso,
el dueño del trigal, el esqueje, y la fosa,
a fecundar la rosa…

Y cuando te lo pida aquel a quién donaste
la ternura infinita de ese tu gran amor,
no dudes en abrirte cual pétalo hechicero,
y ofrécele la flor…

© Antonio Pardal Rivas
Septiembre de 2005.

Opera.

Amor eterno.

Me moriré en un rincón

del ajimez de mi casa,

recordando con tristeza

el almíbar de tu cara,

con aromas almizcleños

cual jarifa acicalada,

más bella que una azucena

rodeada de albahacas.


Me moriré lentamente

añorando tus miradas,

las que en tiempos ya pasados

me esclavizaron el alma,

cuando lanzaban destellos

de tu carita alhajada

por los más bellos caireles

de corales y alboradas.


Me moriré con la pena

de recordar la almohada

donde de noche, a mi lado,

tu cabello se enredaba

negro como el azabache,

mientras tranquila soñabas,

descansando entre mis brazos,

con estrellas nacaradas.


Y cuando ya me haya ido

allí donde van las almas,

te aguardaré hasta que llegues

en la mismita antesala,

pues para mí no habrá cielo,

jardín, edén ni nirvana,

mientras tú no estés conmigo

eternamente abrazada.

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Antonio Pardal

21-01-08

Música.

Almendros de mi Axarquía.

Despacio va cambiando el bello manto,
destello de las nieves invernales,
y el brillo de las sierras colosales
parece que descuida su albo encanto.

Escurren las laderas como un llanto
los restos de nevadas torrenciales
con agua resurgida en manantiales
que entonan, cristalino, un dulce canto.

El frío del invierno se modera
y flores por doquier cubren la tierra
pintando de colores la campiña.

Y tierna va naciendo en primavera
la flor de los almendros de mi sierra,
más blanca que los senos de una niña.


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Antonio Pardal

14-03-09

Málaga.

En mi Andalucía del alma
hay una ciudad preciosa,
es la Málaga asombrosa
que a mí me trajo la calma.

Situada junto al mar,
entre montañas y pinos
quienes en ella vivimos
no dejamos de gozar.

De gozar su hermoso sol,
de disfrutar su alegría
y sus hermosos vergeles.

La enmarca un bello arrebol
en su preciosa bahía…
¡Málaga, que bella eres…!

Copyright

Antonio Pardal – 2003

Diario SUR

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