Aunque era un día de otoño, aún hacía calor, llevaba andando unas dos horas y media, estaba algo cansada. Ví junto a la carretera un gran árbol que me sorprendió. Era un chopo. Su tronco tenía un gran tamaño, debía ser bastante viejo. Proyectaba una gran sombra. Mientras me acercaba ví que había una persona sentada junto a él, a la sombra de ese viejo árbol. Me acerqué y le pregunté si no le importaba que me sentara allí. Me miró a los ojos con una mirada brillante, serena, y me dijo:
-Pues claro que no me importa, este árbol no me pertenece, ahora está siendo generoso conmigo y dándome su sombra, ¿cómo me va a importar que te sientes?
Me senté, miré al árbol. Sus hojas lucían amarillas por el otoño. Me impresionan los viejos árboles, cómo resisten el paso del tiempo. Pensé, ¡cuántas personas habrán tocado su tronco, sentado en su sombra, cuántas plagas habrá combatido!…
Mientras, la persona seguía allí, cerca. No pude evitar mirarle y ví que a la vez que observaba tranquilamente a su alrededor tenía entre sus manos un papel algo estropeado y con algo escrito, parecía una carta. Pensé, “tiene unas manos ágiles”, “parece una persona activa”, “puede tener cualquier edad”, “no parece que acabe de recibir esa carta, está algo vieja”, “con los correos electrónicos ya no recibimos estas cartas, qué encanto tenían”… hasta que me miró y creo que se dió cuenta que me había fijado en el papel que sostenía. Sin pensar y tal vez por mi turbación de haberle mirado el escrito, le dije lo que sentía en ese momento:
-Qué bien me ha venido sentarme, estoy cansada de andar. Se está bien aquí, a la sombra de este gran árbol…
-Sí…, es magnífico. Un verano hace ya algunos años ví cómo ardía en llamas. Alguien tiró una colilla desde un coche y produjo un incendio. Sobrevivió. Meses más tarde, ví cómo le brotaron de nuevo sus ramas. Me gusta venir aquí, siempre aprendo algo de él. Hoy he encontrado aquí al lado esta carta, no está firmada. La acabo de leer y estaba pensando en lo que dice…
-Siento haberle interrumpido en sus pensamientos- le dije.
-No te preocupes, la edad me ha hecho ser más flexible a las interrupciones… ¿Quieres leerla? me dijo mientras me la acercaba.
En un principio pensé “sólo he venido a sentarme para descansar… y ahora, ¡leer una carta!”, pero la curiosidad también me llevó a preguntarme qué habría escrito. Además, me la entregó de una forma tan especial…, diría, aunque pueda parecer exagerado, con amor. No pude negarme y decidí leerla. Decía lo siguiente:
Te escribo para decirte que momentos antes de morir me dijo que la vida le había dado todo lo que necesitaba, que hizo lo que realmente quiso, había hecho con amor su trabajo y había intentado con su pequeña aportación construir un mundo mejor y que estaba agradecido y satisfecho, incluso en ese día de su muerte.
Y me dió esta vieja carta que me gustaría compartir contigo:
“TODO SE NOS DA”
Piensa en lo que hasta HOY has conseguido…
Todo estaba en tu mente ya.
Todo está en nuestra realidad. Basta con estar SATISFECHOS con lo que hoy tenemos ya.
No hay mayor mal que la insatisfacción personal. Entonces las oportunidades que la vida nos da van a un saco roto y se pierden… y tenemos que volver a empezar…
Han muerto muchas personas que no tenían bastante con lo que la vida les daba YA. Vivieron con amargura
y sin apreciar lo que delante tenían. Seguramente que sus causas tendrían; tal vez se debió a sus carencias emocionales en su infancia y que no las pudieron superar… Aún así tenemos una vida para reflexionar sobre la historia personal, superar el dolor, avanzar, amarnos más, a los demás y ver más allá…
Todo se nos da si estamos satisfechos con lo que HOY tenemos YA.
Nuestro semblante cambiará, se relajará, brillará…La riqueza vendrá, tanto la que necesitamos para vivir, como la espiritual. Han vivido y viven muchas personas satisfechas con lo que la vida le ofrecen y a través de sus ojos su alma se les ve brillar. No es que no hayan pasado por infortunios, ni que no hayan perdido por su camino alquien querido. Saben lo que es perder, pero también saben ganar.
Hemos de aprender que el mundo no va en contra nuestra, al contrario, es nuestro aliado. Si aprendemos por él navegar, al igual que el buen surfista aprovecha la ola haciéndose uno con ella, adaptándose, confiándose, consigue YA, y no al final, disfrutar con ella. Si conseguimos “surfear” con la vida, con las oportunidades que se nos dan y que están HOY aquí YA.
Conseguiremos lo que necesitamos.
No significa que no hagamos planes de futuro, que no queramos evolucionar, que no sigamos aportando nuestro “granito de arena” para mejorar el mundo, pero sí que lo hagamos confiando en la propia Naturaleza, apreciando lo que hoy tenemos ya.
Y ES QUE TODO ESTÁ EN NUESTRO SER, EN NUESTRO ESTADO MENTAL.
Sólo necesitamos:
-Superar nuestras carencias, curar nuestras heridas emocionales del pasado.
-Trabajar, crear.
-Reconciliarnos con el mundo y con los demás.
-Amabilidad.
-Saber esperar.
-Saber qué NECESITAMOS en realidad.
-Y sobre todo, estar atentos, SATISFECHOS con lo que HOY se nos da YA.
Con todo esto y puede que algo más, TODO LO QUE QUERAMOS VENDRÁ, a la vez que TODO LO QUE NECESITAMOS TENEMOS YA.
Terminé de leer la carta, la persona no estaba, se había ido. Le ví cómo se iba alejando entre los olivos. Al mismo tiempo que le miré, volvió la vista y me saludó con su mano…
Creí que había terminado de leer la carta, pero detrás seguía, había las siguientes preguntas, me costó leerlas, algunas letras se habían borrado:
-¿Has analizado, comprendido y aceptado tu historia personal?
-¿Qué necesitas?
-¿Haces lo que realmente quieres hacer en tu vida?
-¿Haces con amor tus tareas, tu trabajo, de cada día?
-¿Estás satisfech@ cada día contigo mism@, con los demás, con el mundo,
con la vida?
Me quedé un rato pensando e intentando responder a estas preguntas, me levanté y seguí mi camino…
