En el centenario de Ramón Gaya ~ Francisco Arias Solís

EN EL CENTENARIO DE RAMON GAYA

(1910-2005)

Como si hubierais muerto y os hablara

desde un ser que no fuese apenas mío;

como si sólo fuerais el vacío

de mi propia memoria y os llorara

con una extraña pena que oscilara

entre un cálido amor y un gran desvío;

como si todo fuera ya ese frío

que deja un libro hermoso que cerrara

sus páginas sin voz…”

Ramón Gaya.

LA VOZ DEL PINTOR POETA

La obra poética de Ramón Gaya es poco conocida, sin embargo, en sus poemas, con verdadera maestría, se muestra capaz de adentrarse en problemas universales o de reflexionar, lenta y minuciosamente, sobre situaciones, sentimientos, objetos -cosas amigas-, o poesía de otros que a veces toma como punto de partida para crear poesía personalísima. Un ritmo lento, un tono distanciado, puede unirse -como en el soneto A mis amigos- para crear la sensación de búsqueda minuciosa, de exploración casi proustiana en la duración de los sentimientos,

El pintor, ensayista y poeta Ramón Gaya nace en Murcia el 10 de octubre de 1910 y fallece en Valencia el 15 de octubre de 2005. Hijo de una familia catalana, abandona pronto la escuela para dedicarse a la pintura, de niño recibe la influencia del cubismo y de Cézanne. En la revista Verso y Prosa, aparecen algunas de sus pinturas y sus primeros escritos. Con diecisiete años se desplaza a Madrid y visita el Museo del Prado. Conoce a Juan Ramón Jiménez y se relaciona con la mayoría de los poetas de la Generación del 27. Permanece una semanas en Madrid y sale para París donde conoce a Picasso del que posteriormente escribiría: “… pero Picasso es, sigue siendo efectivamente España” y celebra una exposición en la galería Aux Quatre Chemins, junto con los pintores Pedro Flores y Luis Garay. Decepcionado por las vanguardias regresa a Murcia. A inicios de 1932 se encuentra en Madrid, con Luis Cernuda, Sánchez Barbudo, Rafael Dieste, Enrique Azcoaga y otros, participa muy activamente en el Museo del Pueblo del Patronato de las Misiones Pedagógicas lo que le permitió visitar muchos pueblos de la geografía española. Poco antes del inicio de la guerra provocada por la rebelión militar del general Franco, contrae matrimonio con Fe Sanz. Durante la guerra española participó en la Alianza de Intelectuales Antifascistas, y fue inspirador y cofundador -con Rafael Dieste, Antonio Sánchez Barbudo, Ramón Gaya y Juan Gil-Albert de la revista Hora de España, cuyo primer número se publicó en Valencia, en enero de 1937. A mediados de ese año, se unieron a ellos María Zambrano y Arturo Serrano Plaja. El poeta malagueño Moreno Villa recuerda en su obra Vida en claro: “Unos literatos jóvenes, Gil-Albert-, Dieste, Gaya y Barbudo me pidieron que fuese a ver al Director de Propaganda para hacer otra revista… Así se fundó Hora de España, donde tantas cosas buenas publicó Antonio Machado”. Participa en II Congreso de Intelectuales Antifascistas, firmando la famosa “Ponencia colectiva”, con Antonio Aparicio, Arturo Serrano Plaja, Emilio Prados, Juan Gil-Albert, José Herrera Petere, Lorenzo Varela, Miguel Hernández, etc., en la que se debate el papel, la necesidad y el carácter del arte en tiempos de revolución. Expone algunas de sus obras en el pabellón de la República Española de la Exposición de París de 1937. Pierde a su mujer, en el bombardeo de Figueras, en los últimos días de la guerra española. Con el grupo de Hora de España consigue cruzar los Pirineos y son internados en el campo de concentración de Saint-Cyprien. En junio de 1939 embarca en el Sinaia rumbo a México, donde permanece exiliado hasta 1952. Allí casi siempre editó sus versos en “plaquettes” fuera de venta o en revistas. En los primeros años del exilio, publicó en las revistas más importantes, tales como, Las Españas, Romance, revista dirigida por el poeta andaluz Juan Rejano, El Hijo Pródigo, Taller… El número V de Taller, revista mexicana de poesía y crítica dirigida por Octavio Paz, correspondiente a octubre de 1939, anuncia: “Al recoger su fraternal colaboración -la de Ramón Gaya junto con las de Lorenzo Varela, Sánchez Barbudo, Gil-Albert y Herrera Petere- no hacemos más que ahondar y proseguir, ahora de modo más visible, uno de los propósitos esenciales que dan sentido a nuestra revista: el de nuestra fidelidad a la cultura y especialmente a la causa viva de la cultura hispánica”. Ramón Gaya es el autor de las viñetas de la cubierta de la revista, del número V al XI y, además, de críticas artísticas, publica en el número de diciembre de 1939, una serie de sonetos, que bajo el título Sonetos de un diario constituyen una antología mínima. En 1940 pinta su primer cuadro del exilio La cinta. En junio de 1952 llega a París. Viaja a Italia y a Portugal, como nos narra en su libro Diario de un pintor, 1952-1953 (1984). Vuelve a Europa en 1956 y se instala provisionalmente en Roma. En 1960, año de su regreso a España, publica en Roma su libro de ensayos Il sentimento della pittura. En 1966 conoce a Isabel Verdejo, con la que contrae matrimonio posteriormente, y de la que realiza numerosas pinturas y dibujos. En 1969, publica su obra fundamental: Velázquez, pájaro solitario. En los setenta se instala, primeramente en Barcelona, y, posteriormente, en Valencia. En 1983, participa en la exposición “El exilio español en México”, celebrada en Madrid. Entre los premios y distinciones se cuentan: Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes (1985), Premio Nacional de Artes Plásticas (1997) y Premio Velázquez de Artes Plásticas (2002).

De su obra literaria citamos: El sentimiento de la pintura (1960), Velázquez, pájaro solitario (1969), Nueve sonetos del diario de un pintor (1982), Homenaje a Picasso (1984), Diario de un pintor,1952-1953 (1984), Algunos poemas del pintor Ramón Gaya (1991), Naturalidad del arte y artificialidad de la crítica (1996) y Obras completas (4 vls., 1990-2000). Y como dijo el pintor poeta: “Si morimos no es muerte, / si vivimos no es vida, / sólo tú, primavera, / sigues fiel a ti misma”.

Francisco Arias Solís

Paz y Libertad.

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Carmen Martín Gaite ~ Francisco Arias Solís

CARMEN MARTÍN GAITE

(1925-2000)

De la misma manera que las mujeres y los hombres, tendrían

que verse menos como seres enfrentados, el realismo y la fantasía

tendrían que ir más de la mano, porque la vida es una cantera

de surrealismo y gracias a eso se aguanta la llamada realidad,

esa llamada prosa de la vida.”

Carmen Martín Gaite.

LA VOZ SOBRESALIENTE DE LA NARRATIVA ESPAÑOLA

Carmen Martín Gaite es una escritora representativa de la llamada “generación del medio siglo”, cultivadora del realismo social y una de las figuras más sobresalientes de la narrativa española. Sus novelas recuperan el mundo de la infancia y adolescencia en ambientes pequeños, pero creando grandes universos narrativos.

Carmen Martín Gaite nace en Salamanca el 8 de diciembre de 1925. En la Universidad de Salamanca se licencia en Filosofía y Letras, allí conoce a Ignacio a Aldecoa y a Agustín García Calvo y participa como actriz en varias obras teatrales. Colabora en las revistas Trabajo y Días en Salamanca y Revista Nueva en Madrid, ciudad a la que llega en 1950, doctorándose en la Universidad de Madrid con la tesis Usos amorosos del XVIII en España. Ignacio Aldecoa la introduce en su círculo literario, donde conoce a Josefina Aldecoa, Juan Benet, Medardo Fraile, Jesús Fernández Santos, Alfonso Sastre y Rafael Sánchez Ferlosio, con quien contrajo matrimonio en 1954, y del que se separó transcurrido unos años. Carmen Martín Gaite muere en Madrid el 23 de julio de 2000.

Martín Gaite se dio a conocer con El balneario (1955) que obtiene el prestigioso Premio Café Gijón, revalidándose después con la que sería su obra señera Entre visillos (1958, Premio Nadal), novela en la que cuenta las experiencias de unas jóvenes provincianas españolas de clase media, texto crítico de la condición femenina donde operan los recuerdos de la autora. Considerada una de las máximas exponentes de la narrativa española contemporánea, lleva a cabo una detenida meditación sobre la sociedad humana y la carencia de horizontes en obras como Retahílas (1974), estructurada en un diálogo-coloquio que durante una noche mantiene la nieta y el sobrino de una anciana moribunda, entre recuerdos, historias y atmósferas misteriosas, como desahogo de su propia intimidad, Fragmentos del interior (1976), nos traslada al ambiente de una familia madrileña de clase media, y El cuarto de atrás (1978, Premio Nacional de Narrativa), relato que intensifica el aspecto misterioso y onírico a través de ensoñaciones fantásticas de la narradora, que se basan en la recuperación de la infancia y la expresión espontánea de las vivencias más elementales de su vida personal. La reflexión metanarrativa y autobiográfica dominan el discurso de El cuento de nunca acabar (1983) y Desde la ventana (1987), libros que fluctúan continuamente entre la ficción y el ensayo. Otros textos debido a su pluma son las investigaciones históricas El proceso de Macanaz (1969), Usos amorosos del siglo XVIII español (1972) y Usos amorosos de la posguerra española (1987), el libro de poemas A rachas (1976), el drama A palo seco (1988), los relatos para jóvenes El castillo de las tres murallas y El pastel del diablo, recogidos en el volumen Dos relatos (1989), y las novelas Caperucita en Manhattan (1988), en la que explora la relación existente entre los motivos de los cuentos infantiles y la simbología hollywoodense, Nubosidad variable (1992), historia de dos mujeres, amigas de la infancia, que se encuentran al pasar el tiempo, y La reina de las nieves (1994), que se vale de las claves de la narrativa folletinesca. Su libro Esperando el porvenir. Homenaje a Ignacio Aldecoa (1994) reúne las cuatro conferencias que, sobre la vida y la obras del este escritor, dictó Martín Gaite en la Universidad de Salamanca. En 1988 le fue concedido el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, compartido con José Ángel Valente, y en 1994 el Premio Nacional de las Letras. En sus últimos años ha publicado dos éxitos de crítica y público, Lo raro es vivir (1997) e Irse de casa (1998). Y como dijo la escritora salmantina: “Siempre hay uno que sufre y otro que hace sufrir”.

Francisco Arias Solís

La libertad no la tienen los que no tienen su sed.

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José Ángel Valente ~ Francisco Arias Solís

JOSÉ ÁNGEL VALENTE

(OURENSE, 1929-GINEBRA, 2000)

No reivindicaron

más privilegio que el de morir

para que el aire fuese

más libre en las alturas

y los hombres más libres.”

José Ángel Valente.

LA VOZ DE UN SOLITARIO

El poeta –decía Valente- no escribe en principio para nadie, y escribe de hecho para una inmensa mayoría, de la cual es el primero en formar parte. Porque a quien en primer lugar tal conocimiento se comunica es al poeta, en el acto mismo de la creación”.

Valente es una de las voces más intensas de la poesía española de la segunda mitad de los cincuenta, reivindicó su trabajo como la “carrera del corredor solitario”. Y desde su soledad se enfrentó a la vida, lejos de capillas literarias. En un “trabajo radicalmente solitario“ ajustó su voz a las de otros solitarios ejemplares como san Juan de la Cruz, Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez. Valente fue siempre consciente de que la aventura del poeta es la del solitario. La verdadera solidaridad sólo es posible entre solitarios, nos dejó dicho otro gran solitario.

Lenta, pero seguramente, con un caudal lírico no siempre sobreabundante, impuso un modo peculiar de hacer poesía. Al margen de la poesía “pura” y sin caer en la angustia estereotipada de otros poetas de su contexto testimonial, a ratos solidario, acusando con sensible registro el signo controvertido de nuestro tiempo. ¿Cómo ha podido conseguirlo? Sencillamente, a través de las concentración expresiva del idioma. “Mientras unos poetas –escribía José Luis Cano- proceden por la acumulación de recursos expresivos, Valente lo hace por eliminación, cubriendo el hueso del poema con la piel –la palabra- justa y necesaria”. Todo ello caracteriza a un poeta más intelectual que emotivo, por temperamento y voluntad. Según dice en un poema propio las cosas que se le imponen “con atributos de claridad”, y de ahí que sus preocupaciones recojan la realidad –el “tiempo de miseria”- para aislarla y abstraerla de sentimentalismos pasajeros.

Con un lenguaje preciso, rítmico y de gran belleza, su obra poética, cercana en sus comienzos al realismo social característico de la generación del 50, evolucionó hacia un profundo lirismo intelectual y a la consideración de la poesía como una labor de búsqueda y conocimiento de lo esencial de la experiencia humana, cobrando particular relevancia la influencia de la mística y la reflexión sobre la palabra poética. Su personalidad poética se ha mantenido como una de las más valoradas entre las de su generación y con una poderosa influencia sobre las actuales corrientes de la poesía española.

José Ángel Valente nace en Ourense el 25 de abril de 1929. Hizo sus primeros estudios universitarios en la Facultad de Derecho de Santiago de Compostela. En 1947 se trasladó a Madrid, en cuya Universidad se licenció en Filología Románica. De 1955 a 1958 fue miembro del Departamento de Español de la Universidad de Oxford. En 1958 se trasladó a Ginebra, donde ejerció como profesor y como traductor de organizaciones internacionales, y, posteriormente, a París, donde dirigió un servicio de la Unesco. Ha traducido poemas de Hopkins, Cavafis y Montale, entre otros autores. En 1954 obtuvo el premio Adonais por su libro A modo de esperanza y en 1984 el premio de la Fundación Pablo Iglesias. En 1986 regresó a España y se instaló en Almería. En 1988 obtuvo, junto con Carmen Martín Gaite, el premio Príncipe de Asturias de las Letras y en 1993 el premio Nacional de Literatura. En 1972, fue sometido a Consejo de Guerra por su cuento “El uniforme del general”, acusado de alusiones ofensivas al ejército. José Ángel Valente murió en Ginebra el 18 de julio de 2000.

Entre los títulos más relevantes de su obra poética se cuentan: A modo de esperanza (1954), Poemas de Lázaro (1960, premio de la Crítica catalana), la recopilación Sobre el lugar del cántico (1953-1963), La memoria y los signos (1966), Siete representaciones (1967), Breve son (1968), Presentación y memoria para un monumento (1970) y El inocente (1970), reunidos en Punto cero (1972 y 1980), Interior con figuras (1977), Material memoria (1979), Tres lecciones de tinieblas (1981; premio de la Crítica), Estancias (1981), el poemario en gallego Sete cantigas de alén (1981; ampliado en 1990 con el título Cantigas de alén), Mandorla (1982), El fulgor (1984), Entrada en materia (1985), Al dios del lugar (1989), No amanece el cantor (1992, premio Nacional de Literatura 1993), Material memoria (1979-1989), nueva recopilación editada en 1992, y Fragmentos de un libro futuro (2000). Entre sus ensayos se cuentan Las palabras de la tribu (1971), en el que se recopila sus artículos de crítica literaria, La piedra y el centro (1983), Ensayos sobre Miguel de Molinos (1974), Los ojos deseados (1990) y Variaciones sobre el pájaro y la red (1991). Su narrativa y su prosa poética están recogidas en El fin de la edad de plata (1973) y Nueve enunciaciones (1982).

Valente ha conseguido una gran pureza de expresión en su pensamiento poético. En verdadero poeta, el sentir viene clarificado por el saber. Habiendo conseguido llevarse en su antorcha de corredor solitario una de las llamaradas más depuradas de la tradición poética. Y como dijo nuestro poeta: “Sólo yo que he tocado / el sol, la rosa, el día / y he creído, / soy capaz de morir”.

Francisco Arias Solís

Jamás hubo una guerra buena o una paz mala.

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Manuel Pacheco ~ Francisco Arias Solís

MANUEL PACHECO

(1920-1998)

Todavía el amor está dormido,

dormida la amapola, el alba y las palomas.

Todavía está el hombre jugando con los átomos

y envenenando el aire que respira.

Todavía se mueren los niños,

se matan los hombres

y la babosa del odio

mancha el campo del alma.

Todavía está Dios en las iglesias.

Todavía está todo todavía.”

Manuel Pacheco.

LA VOZ QUE GRITA LA VERDAD

El poeta extremeño Manuel Pacheco publicó más de veinticinco títulos de libros poéticos en los que destacan su poesía social, en su poética escrita en 1965 y recogida en la Antología de Poesía Social de Lepoldo de Luis, nos dice: «Aquellos que no quieren ver estropeada la paz de sus buenas digestiones, gritan contra la poesía social diciendo: “¡Han manchado la poesía, eso es poesía política!” Y la poesía social se diferencia de la poesía política en que la primera se compromete con el hombre y la segunda se compromete con el partido que el hombre impone, y tiene que cantar al régimen de ese partido sin denunciar sus defectos. La auténtica poesía social grita la verdad, y la verdad puede molestar a los unos y a los otros». Su preocupación por el hombre y por los temas sociales son tratados en toda su obra con cierta inspiración surrrealista. “El poeta más cercano de mi manera de entender y escribir poema -nos dice Pacheco- es el peruano César Vallejo”. Entre los poetas de la citada Antología de Poesía Social figuran entre otros, los poetas de postguerra Garciasol, Celaya, Crémer, Otero, Ángela Figuera, Eugenio de Nora, Hierro y Agustín Millares Sall; y los poetas de la promoción del cincuenta, Gloria Fuertes, Ángel Crespo, Carlos Sahagún, José Ángel Valente, María Beneyto, Gil de Biedma, Manuel Pacheco, Ángel González, Rafael Morales, María Elvira Lacaci y Félix Grande.

Manuel Pacheco Conejo nace en Olivenza, Badajoz, el 19 de diciembre de 1920 y fallece en Badajoz el 13 de marzo de 1998. Hijo de una familia muy humilde, cuando contaba sólo siete años de edad, muere su padre e ingresa en un hospicio de Badajoz, donde permanece más de diez años. “Desde los ocho años -nos cuenta Pacheco- leo todo lo que cae en mis manos”. A los dieciocho años de edad es movilizado y destinado a Oyarzun, en la guerra provocada por la rebelión militar del general Franco. Trabajó en oficios muy diversos para matar el hambre, el propio poeta nos recuerda los siguientes: monaguillo, cantante de tangos, fotógrafo, cargador de muelle en la estación de ferrocarril, albañil, marmolista, repartidor de hojas de empadronamiento y comparsista de teatro, por último, ingresa como mecanógrafo en las oficinas de la Pagaduría Militar. En 1949 publica su primer poema “Aire” en el periódico Hoy. El 5 de octubre de 1955 contrae matrimonio con Manuela Cañón Villarroel. En 1986 se le concede la Medalla de Extremadura y dos años más tarde es elegido miembro de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes.

En su abundante obra poética destacan los siguientes títulos: Ausencia de mis manos (1949), En la tierra del cáncer (1953), El arcángel sonámbulo (1953), Los caballos del alba (1954), Presencia mía (1955), Poemas al hijo (1960), Todavía está todo todavía (1960), Poemas en forma de… (1962), Poesía en la Tierra (1970), Para curar el cáncer no sirven las libélulas (1972), El emblema del sueño (1972), Cantares de ojos abiertos (1976), Nunca se ha vivido como se muere ahora (1977), El cine y otros poemas (1978), Poesía (1942-1984) (3 vols, 1986) y Poemas de color sepia (1989). En 1995 se publicó Obra en prosa (1949-1995).

Y como dijo el poeta extremeño: “Lo que importa es el hombre / porque si el hombre muere / se apagarán para siempre / las antorchas del alba”.

Francisco Arias Solís

Ningún hombre considera que su situación es libre si no es al mismo tiempo justa, ni justa si no es libre.

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Jacobo Sureda ~ Francisco Arias Solís

JACOBO SUREDA MONTANER

(1901-1935)

Apagada la lumbre de su vida

Sólo entonces se apaga su cigarro.

Al cementerio va en negro carro.

Pasan los años y luego se le olvida.”

Jacobo Sureda.

LA VOZ DE UN HOMBRE TOTAL

Aunque el poeta Jacobo Sureda estuvo vinculado a las vanguardias, especialmente al Ultraísmo, en algunos poemas recogidos en su única obra, El prestidigitador de los cinco sentidos (1926), ilustrada, impresa y compuesta por su autor, se observan influencias de movimientos literarios precedentes, que nos llevan a un modernismo evolucionado e incluso al romanticismo. Del poeta mallorquín llegó a decir su gran amigo Jorge Luis Borges, con quien mantuvo una extensa correspondencia: “Baroja, Unamuno y Jacobo Sureda son de los pocos hombres totales que cuenta el siglo”. El 15 de febrero de 1921 Borges firmó en la revista Baleares, junto con Juan Alomar, Fortunio Villanova y Sureda, el “Manifiesto del Ultra”, en el que de manera entusiasta manifiestan su fe en el nuevo arte: “Nuestro credo audaz y consciente es no tener credo. Es decir, desechamos las recetas y corsés absurdamente acatados por los espíritus exotéricos. La creación por la creación puede ser nuestro lema. La poesía ultraica tiene tanta cadencia y musicalidad como la secular. Posee igual ternura. Tiene igual visualidad y tiene más imaginación… No pretendemos rectificar el alma, ni siquiera la naturaleza. Lo que renovamos son los modos de expresión”. A pesar de todo ello, Jacobo Sureda, sigue siendo un gran desconocido en la literatura española

Según Llorenç Villalonga, Sureda: “Fue crítico, heteredoxo y original. Contrariamente al sentir de Spengler, los revolucionarios surgen de las élites. Sólo en ciertas esferas se cosecha ese humorismo corrosivo que las masas desconocen y que les asusta”.

El poeta y pintor Jacobo Sureda Montaner nace en Palma de Mallorca en 1901 muere en Gènova, Mallorca, en junio de 1935, en plena juventud, a los 34 años de edad, a consecuencia de una tuberculosis pulmonar que padecía desde 1931. Hijo del mecenas Juan Sureda y de la pintora Pilar Montaner. Desde L’Almudaina defiende el Ultraísmo. Colaboró también en las publicaciones Brisas, Almanac de les lletres, Baleares, El Día, Grecia, La Revista, y Prisma y Proa, de Buenos Aires. Enfermo de tuberculosis pasa una larga temporada en la Selva Negra (Alemania) lo que le permite conocer la pintura expresionista. En invierno de 1935, poco antes de morir, escribe el siguiente poema: “¡Este velar sin ver más que el vacío / Y el gran desierto de vivir sin causa / Que justifique tanto afán! Y el brío / Del corazón que late sin dar pausa / A su ritmo tenaz y entrecortado / Me llena de horror de estar con vida, / me cansa, me repele, me enloquece, / Y busco inútilmente la salida. / No hay ninguna visión. Todo aparece / Duro, concreto, fuerte y perfilado”.

De los veintiocho haikus o hai-kais publicados en su obra, nos parece particularmente bello el siguiente: “Un copo de nieve desciende / Columpio, paracaídas de un alma / Que regresa a la tierra / dulcemente”.

Francisco Arias Solís

Se ama la libertad como se ama y se necesita el aire, el pan y el amor.

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Julien Benda ~ Francisco Arias Solís

JULIEN BENDA

(1867-1956)

No hacemos más que permanecer en la línea que nos trazaron

estos hermanos mayores, que continuar en la dirección del

verdadero intelectualismo, aportando, con toda nuestra alma, el

tributo de nuestra adhesión al Gobierno de la España

republicana, sobre el que recae hoy el trágico honor de

representar la causa de la Justicia y de la Libertad contra las

eternas potencias del obscurantismo.”

Julien Benda. Discurso en el II Congreso de Escritores.

LA VOZ DE UN INTELECTUAL LEAL

El escritor y filósofo Julien Benda, famoso autor de La Trahison des clercs ( La traición de los intelectuales , 1927), junto con André Malraux, André Chamson, Louis Aragon, Claude Aveline, Tristán Tzara, y René Bloch, fueron los representantes franceses que asistieron al II Congreso de Escritores convocado por la Alianza Internacional de Intelectuales Antifascistas que reunió en Valencia, en julio de 1937, a José Bergamín, Corpus Barga, Antonio Machado, Pablo Neruda, Fernando de los Ríos, Ramón J. Sender, Vicente Huidobro, Octavio Paz, Carlos Pellicer, José Mancisidor, Juan Marinello Vidaurreta, Nicolás Guillén, Alejo Carpentier, Raúl González Tuñón, Pablo Rojas Paz, Cayetano Córdova Iturburu, Elena Garro, Bertolt Brecht, Ludwig Renn, Theodor Balk, Willy Bredel, Egon Erwin Kisch, Heinrich Mann, Maria Osten, Anna Segher, Kurt Stern, Gustav Regler, Erich Weinet, Iliá Ehrenburg, Ernest Hemingway, César Vallejo, Rafael Dieste, Rafael Alberti, John dos Passos, Martin Andersen-Nexö, Se-U, Stephen Spender, Emilio Prados, María Teresa León, Arturo Serrano Plaja, Juan Gil-Albert, Herrera Petere, Lorenzo Varela, Miguel Hernández, Ramón Gaya, Pascual Pla y Beltrán, Jef Last, Malcolm Cowley, Fedor Kelyin, etc. La escritora mexicana Elena Garro nos contaba: «-Chicos, perdonen. Andamos muy escasos de alojamiento y como son los más jóvenes… -y nos llevó a un hostal, en el que las habitaciones estaban divididas por sábanas colgantes. “¡Vístete como Dios manda. Ponte corbata!”, le dije a Paz. “¿Corbata?, ¿Corbata? Tú vas a provocar que me fusilen”, contestó. Era una opinión. Vicente Huidobro, Julien Benda, André Chamson, Claude Aveline y hasta el mismo Iliá Ehremburg usaban corbata…».

En su famosa obra, Benda “denunciaba lo que he dado en llamar la traición de los “clercs”, es decir, de los intelectuales, ya que esa traición constituye el hecho por el cual muchos de entre ellos habían desconocido completamente los verdaderos valores de intelectualismo, para ponerse al servicio de intereses puramente temporales, en particular el nacionalismo y los intereses de las clases burguesas que, en una palabra, habían hecho política en el sentido más bajo e inintelectual del vocablo”.

Julien Benda nace en París el 26 de diciembre de 1867 y fallece en Fontenay-aux-Roses el 7 de junio de 1956. Hijo de familia hebrea no estuvo ligado a la religión de su pueblo. Estudió letras y ciencias en la Escuela de Artes y Oficios, si bien, más tarde, ingresó en la Facultad de Letras, decantándose, finalmente, por los estudios literarios. Al final de su vida Benda se inclina hacia los partidos de izquierda.

En la época de asunto Dreyfus publicó en la Revue Blanche los Dialogues à Byzance (1900). Más tarde el escritor francés nos diría: “Nuestro gran novelista Emile Zola, durante el asunto Dreyfus, no traicionó tampoco su estado de “clerc” al arrojar su famoso “Yo acuso” al rostro de las aves de rapiña”. Con su primera novela La ordenación (L’ordination, 1912), publicada en la Les Cahiers de la quinzeine, alcanza su primer éxito. Seguidamente publica Le Bergsonisme, ou Una philosophie de la mobilité (1912), Une philosophie pathétique (1913), Sur les succès du bergsonisme. Précédé d’une Réponse aux défenseurs de la doctrine (1914), obras en la que se oponía a Henri Bergson, defensor de la intuición, apostando claramente por el racionalismo. Durante la primera guerra mundial ejerce como periodista y publica en 1917 Les sentiments de Critias y, un año más tarde, Belphégor: essai sur l’esthétique de la présente societé française. En 1927 aparece su obra más conocida La Trahison des clercs, cuyas teorías va consolidando en obras posteriores, entre las que destacamos sus dos ensayos políticos Discours à la nation européenne (1933) y La grande épreuve des démocraties: essai sur les principes démocratiques: leur nature, leur histoire, leur valeur philosophique (1942). En su Discurso a la nación europea, obra de plena actualidad, nos dice: «El mérito sumo de Europa, en mi opinión, sería permitir que un número cada vez mayor de franceses -aunque la regla es aplicable, por supuesto, a los alemanes, los italianos, los españoles-, pueda decir: “yo no soy francés sino europeo de origen francés». También escribe algunas obras autobiográficas como La jeunesse d’un clerc (1936), Un régulier dans le siècle (1938) y Les cahiers d’un clerc, 1936-1949 (1950), Y como dijo el intelectual leal: “Los hombres de izquierda pueden declarar sus fines, los hombres de derecha no”.

Francisco Arias Solís

El futuro se gana, ganando la libertad.

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Augusto Ferrán ~ Francisco Arias Solís

EN EL 175º ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DE

AGUSTO FERRÁN

(1835-1880)

¡Ay de mí! Por más que busco

la soledad, no la encuentro;

mientras ya la voy buscando,

mi sombra me va siguiendo.”

Augusto Ferrán.

LA VOZ DEL CANTAR DE SOLEDAD

Nadie mejor que nuestro becqueriano Ferrán nos ha cantado la soledad. “Pasé por un bosque y dije: “ aquí está la soledad …”, / y el eco me respondió / con voz muy ronca: “aquí está”. / Y me respondió “aquí está” / y sentí como un temblor, / al ver que la voz salía / de mi propio corazón”.

Augusto Ferrán y Forniés nace en Madrid el 27 de julio de 1835. Su familia poseía un taller de molduras doradas. Su padre se marchó a La Habana buscando fortuna. Augusto comenzó sus estudios secundarios en el Instituto del Noviciado. Pero su madre juzgó conveniente completar su educación con un viaje a Alemania, adonde fue el joven luego de pasar por París. Su estancia en Alemania fue decisiva para su formación.

En 1859 muere su madre. El mismo año Ferrán decide fundar la revista El Sábado, con el propósito de divulgar en España la poesía alemana. Con Justo Nombela publica el periódico Las Artes y las Letras.

La figura de Augusto Ferrán siempre permanecerá vinculada a la de su amigo Gustavo Adolfo Bécquer a quien conoció en Madrid, en 1860. Bécquer estaba entonces escribiendo sus primeras rimas, Ferrán preparaba la edición de su primer libro, La soledad, que prologó Bécquer con páginas inolvidables. “Un libro impregnado en el perfume de las flores de mi país –nos dice Bécquer-; un libro del que cada una de las páginas es un suspiro, una sonrisa, una lágrima o un rayo de sol; un libro, por último, cuyo sólo título aún despierta en mi alma un sentimiento indefinible de vaga tristeza. ¡La soledad! La soledad es el cantar favorito del pueblo en mi Andalucía”.

En 1863 Ferrán publica sus Traducciones e imitaciones del poeta alemán Enrique Heine, un conjunto de poemas que tienen un aporte significativo en la maduración del cambio que entonces se estaba produciendo en la poesía española. En el mismo año publica la leyenda El puñal. Ferrán colabora asiduamente en El Semanario Popular, la revista más heiniana de la época.

En 1871 aparece el segundo libro de cantares La pereza. También publica un texto en prosa poética titulado Una inspiración alemana.

Poco después, parte para Chile, allí se casa y vive hasta 1877. Esperaba que su esposa viniera a España, pero muy poco después de su llegada, en 1878, tuvo que ser internado en un sanatorio para enfermos mentales, en el que murió, dos años después, el 2 de abril de 1880.

¡Y pensar que este poeta, Ferrán, el más hondo, el más puro, el más fino, al lado de Bécquer, de los románticos españoles, ha sido cuidadosamente olvidado de nuestros historiadores literarios en general!

El cantar de soledad andaluz –en Ferrán y Bécquer- tiene acentos de íntima lejanía –que dijo también otro romántico-. La mística de estos poetas tiene resonancias tan lejanamente germánicas como íntimamente andaluzas. Todo lo mejor de la poesía romántica se apura y depura en sus voces. Algún día los estudiosos de la literatura española –los seguidores de la evolución de sus formas poéticas, líricas, dramáticas y novelescas… – untarán sus nombres para siempre.

La voz de Ferrán no sólo tiene el ritmo del cantar andaluz de soledad o soleá, sino que, además, tiene duende.”Compañera de mi alma / no te apartes de mi lado / porque si me dejas solo / la soledad me hará daño”.

Francisco Arias Solís

El futuro se gana, ganando la libertad.

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Raúl González Tuñón ~ Francisco Arias Solís

RAÚL GONZÁLEZ TUÑÓN

(1905-1974)

Hacia las diez de la mañana pasaron los aviones. Yo estaba en pie y

corrí a la ventana. Todavía seguían cayendo los obuses en el corazón

de Madrid, de heridas y latidos universales. Casi enseguida dejaron

de caer. Nuestros aviones habían detenido al crimen. Y como los

aviones fascistas, no ofrecen nunca combate, los cañones fascistas,

por temor a ser localizados, fueron silenciados y escondidos, otra vez

en la tierra ofendida por la zapa cobarde. (Esto no es demagogia, es

un documento.)”

Raúl González Tuñón. Hora de España.

LA VOZ EN POS DE LA LIBERTAD

Raúl González Tuñón formaba parte de la delegación argentina, junto con Pablo Rojas Paz y Cayetano Córdova Iturburu, que asistió al II Congreso de Escritores convocado por la Alianza Internacional de Intelectuales Antifascistas, que reunió en Valencia, en julio de 1937, a José Bergamín, Corpus Barga, Antonio Machado, Pablo Neruda, Fernando de los Ríos, Ramón J. Sender, Vicente Huidobro, Juan Marinello Vidaurreta, Nicolás Guillén, Alejo Carpentier, Carlos Pellicer, José Mancisidor, Octavio Paz, Elena Garro, Iliá Ehrenburg, Bertolt Brecht, Anna Seghers, Ernest Hemingway, Heinrich Mann, André Malraux, Louis Aragon, César Vallejo, Rafael Dieste, Rafael Alberti, John dos Passos, Julien Benda, Martin Andersen-Nexö, Se-U, Stephen Spender, Tristán Tzara, Emilio Prados, María Teresa León, Arturo Serrano Plaja, Juan Gil-Albert, Herrera Petere, Lorenzo Varela, Miguel Hernández, Ramón Gaya, Pascual Pla y Beltrán, Ludwig Renn, André Chamson, Jef Last, Malcolm Cowley, Fedor Kelyin, etc.

Escritor de la vanguardia argentina de los años veinte, es uno de los primeros poetas de la poesía social de su patria y un intelectual comprometido políticamente que viajó por todo el mundo en su defensa del socialismo y en su lucha contra el fascismo. La guerra provocada por la rebelión militar del general Franco le marcó para siempre. Está considerado uno de los principales poetas argentinos del siglo XX. De él, dijo su amigo Pablo Neruda, en 1936: “Raúl fue el primero que blindó la rosa”.

El poeta y periodista Raúl González Tuñón nace en Buenos Aires el 29 de marzo de 1905 y fallece en la capital argentina el 14 de agosto de 1974. Hijo de inmigrantes españoles, su abuelo fue un minero socialista que le llevó por vez primera a una manifestación. Colabora en las revistas Caras y Caretas, Inicial, Proa y Martin Fierro. Con el Grupo de Boedo comparte su preocupación social. Trabaja en el diario Crítica y posteriormente en el diario Clarín. Viaja por Europa y reside en París y en Madríd, ciudades en las que trató e hizo amistad con los poetas Robert Desnos, César Vallejo, Neruda, Lorca, Alberti y Miguel Hernández. En 1933 funda la revista Contra en la que publica su poema “Las brigadas del choque”, por el que es detenido y procesado por incitación a la rebelión. Durante la guerra española vuelve a España. Colabora en la revista más importante de la época Hora de España. Posteriormente, reside en Chile y viaja por la Unión Soviética y China.

En 1926 publica González Tuñón su primer libro El violín del diablo y dos años después Miércoles de ceniza. En París publica uno de sus libros fundamentales La calle del agujero en la media (1930), al que le siguen El otro lado de la estrella y Todos bailan, poemas de Juancito caminador, ambos publicados en 1934. Un libro clave en su obra literaria es La rosa blindada (1936), inspirado en la revolución minera de Asturias. Otros libros destacados son: La muerte en Madrid (1939), Caminos del tercer frente (1939), La calle de los sueños perdidos (1941), Primer canto argentino (1945), Todos los hombres del mundo son hermanos (1954), A la sombra de los barrios amados (1957), Demanda contra el olvido (1963) y El rumbo de las islas perdidas (1967). Y como dijo el poeta argentino: “He marchado detrás de los obreros lúcidos / y no me arrepiento. / Ellos saben lo que quieren / y yo quiero lo que ellos quieren: / la libertad, bien entendida”.

Francisco Arias Solís

La libertad no la tienen los que no tienen su sed.

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Pablo de Azcárate ~ Francisco Arias Solís

PABLO DE AZCÁRATE Y FLÓREZ

(1890-1971)

Para quien tenga la más elemental experiencia de funciones

presidenciales será fácil darse cuenta de las dificultades

excepcionales que presentaba la presidencia de los “plenos” del

Instituto (de Reformas Sociales) en aquellos primeros años del

siglo, con una delegación patronal todavía imbuida de la

mentalidad egoísta, cerril e intransigente propia del capitalismo

clásico, para la cual era anatema el hecho mismo de verse

enfrentada sobre un pie de igualdad con una delegación obrera.”

Pablo de Azcárate.

LA VOZ DE UN EMBAJADOR DE LA REPÚBLICA

Pablo de Azcárate, catedrático de Derecho administrativo en la Universidad de Santiago de Compostela y en la Universidad de Granada, diputado a Cortes, funcionario desde 1922 en la Sociedad de las Naciones en Ginebra, desempeñó el cargo de embajador de la República en Londres durante los años de la guerra. En el exilio, aparte de las importantes misiones que le fueron encomendada por las Naciones Unidas, escribió interesantes estudios históricos. Hombre de espíritu abierto e intachable integridad intelectual y moral, mereció el respeto de sus propios adversarios ideológicos. Sus trabajos como historiador y articulista constituyen un valioso aporte a capítulos esenciales de la historia contemporánea.

El escritor y diplomático Pablo de Azcárate y Flórez nace en Madrid el 30 de julio de 1890 y fallece en Ginebra el 13 de diciembre 1971. Sobrino del prestigioso intelectual Gumersindo de Azcárate, uno de los principales introductores del krausismo en España y una de las figuras principales en el movimiento de reforma y progreso social de España en la primera parte del siglo XX, gran especialista en Legislación y Derecho administrativo, presidente del Partido Reformista de Melquíades Álvarez y presidente del Instituto de Reformas Sociales; y, hermano de Justino de Azcárate, diputado, ministro de la República durante la guerra y senador por designación real en la transición. Pablo de Azcárate se cría en el seno de una familia progresista leonesa y se forma en los círculos de la Institución Libre de Enseñanza. Culmina sus estudios de Derecho con el doctorado en la Universidad Central de Madrid. En 1918 es catedrático de Derecho administrativo en la Universidad de Compostela y, más tarde, pasa a la de Granada, en el mismo año, en las elecciones del 24 de febrero, obtiene el acta de diputado a Cortes por el Partido Reformista por la circunscripción de León. Por estas fechas ya ha ampliado estudios en Francia e Inglaterra. En 1922 es funcionario de la Sociedad de Naciones y presta sus servicios en el departamento de Asuntos de Protección de Minorías Étnicas, y en 1933 llega a ser secretario general adjunto de la Sociedad de Naciones. En septiembre de 1936 renuncia a dicho cargo, al ser nombrado embajador en Londres por el Gobierno republicano, desde donde hizo los esfuerzos posibles, sin lograrlo, para que Gran Bretaña abandonara la política de “No Intervención”. Al finalizar la guerra provocada por la rebelión militar del general Franco, se dedica a la ayuda de los republicanos españoles exiliados por medio del Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles (SERE). Crea en Londres, con ayuda de Negrín, amigo personal y político, el Instituto Español, que duró de 1946 a 1950 y tuvo como colaboradores principales a Cernuda, Martínez Torner y Salazar Chapela. Fue colaborador de Independencia, revista quincenal de cultura española, cuyo primer número fue publicado en París, en octubre de 1946. En 1947 la Organización de las Naciones Unidas le nombra secretario adjunto de la Comisión de Palestina, posteriormente dirige el grupo de expertos de la Comisión que interviene en la partición de Palestina. Es comisario municipal interino de Jerusalén. Después, secretario de la Comisión de Tregua en Palestina y representante del conde Bernardotte ante el Gobierno egipcio y la Liga Árabe. En 1949 se le nombra secretario de la Comisión de Conciliación de la ONU para Palestina. Desde 1952 fija su residencia en Ginebra y dedica los últimos años de su vida a trabajos históricos. Es colaborador del periódico suizo Le Journal en Genève y de varias revistas españolas y extranjeras.

Pablo de Azcárate nos ha dejado unos magníficos estudios históricos, como Welington y España (1960), La guerra del 98 (1968), Gumersindo de Azcárate (1969) y otros trabajos sobre temas krausistas, como los dedicados a La cuestión universitaria (1967), a Julián Sanz del Río (1969), o su artículo “Notas sobre el origen de la Institución Libre de Enseñanza” (Boletín de la Real Academia de la Historia). Otras obras suyas son: El régimen parroquial de Inglaterra (1912), La guerra y los servicios públicos de carácter industrial (1921), La intervención administrativa del Estado en los ferrocarriles (1917), La liga de las naciones y las minorías nacionales (1944), La intervención nazi-fascista en la guerra de España (1957), Mission to Palestine 1948-1952 (1966), Protection of Minorities (1966), Misión en Palestina: nacimiento del Estado de Israel (1968) y League of Nations and National Minorities (1969). Póstumamente se publica Mi embajada en Londres durante la Guerra Civil Española (1976). Este ferviente defensor del sistema parlamentario nos dejó dicho: “El funcionamiento normal del régimen parlamentario exige como condición básica un sistema electoral que asegure, en la teoría y en la práctica, una fiel representación de la opinión pública en el Parlamento”.

Francisco Arias Solís

Ningún hombre considera que su situación es libre si no es al mismo tiempo justa, ni justa si no es libre.

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Antonio de Solís y Rivadeneyra ~ Francisco Arias Solís

EN EL IV CENTENARIO DE ANTONIO DE SOLIS Y RIVADENEYRA

(1610-1686)

Decidme en lo que estimáis

vuestros suspiros constantes,

aunque en lo poco que cuestan

se ven lo poco que valen.”

Antonio de Solís. El amor al uso.

LA VOZ DE UN NOTABLE ARTISTA

Solís tiene una gran importancia como historiador, pero fue muy celebrado también como comediógrafo. Su teatro se distingue por su predominante tono satírico, particularmente en torno al tema del amor, cuyos móviles examina de un modo realista, positivo y, a veces, cínico, bien diferente de las caballerescas actitudes que parecen consustanciales con la comedia áurea española. Quizá por este cinismo elegante las comedias amorosas de Solís fueron gustadas y celebradas durante el siglo XVIII, con preferencia a las obras maestras de otros dramaturgos. Merecen destacarse La gitanilla de Madrid, Un bobo hace ciento, El doctor Carlino, título igual al de una comedia de Góngora, y sobre todo El amor al uso, su mejor obra, que fue traducida por Scarron con el título de L’amour à la mode. Solís escribió poesías líricas –sagradas y profanas- de gusto gongorino, y Cartas.

Antonio de Solís y Rivadeneyra nació en Alcalá de Henares el 18 de julio de 1610. Cursó sus estudios en la Universidad de su ciudad natal para concluirlos en el Universidad salmantina, donde se graduó en los dos derechos.

Compuso su primera comedia, Amor y obligación, a los diecisiete años, en 1627, y estuvo al servicio del Conde de Oropesa, como secretario. En medio de sus dificultades que, como él mismo dice, le dejaron obligado a “deshacerme del coche y comerme las mulas, a fuer de sitiado”, fue protegido por don Alonso Carnero.

Recibió las órdenes sacerdotales a los 57 años (1667), y, a la muerte de Antonio de León de Pinedo (1661), fue designado Solís para cubrir la vacante de Cronista de Indias. Falleció en Madrid, el 19 de abril de 1686, siendo enterrado en la capilla de Nuestra Señora del Destierro del convento de San Bernardo.

El amor al uso es una deliciosa comedia, quizá de las más ágiles y divertidas que, en su especie, ha producido nuestro teatro. Su lectura constituye una gran sorpresa, porque el desenfado de las situaciones y la intención y gracia de los conceptos que allí se exponen sobre el amor son de lo más moderno, y no dudamos que su representación haría las delicias de un público de nuestros días.

Su fama más durable está vinculada a la Historia de la conquista de México, población y progresos de la América septentrional conocida por el nombre de Nueva España cuya primera edición apareció en Madrid en 1684, y que compuso en cumplimiento de sus deberes como cronista de Indias. La obra de Solís es de considerable extensión; su relato se centra, lógicamente, en torno a la figura del conquistador Hernán Cortés pero se ocupa también muy en detalle de todos los otros capitanes –Alvarado, Cristóbal de Olid, Gonzalo de Sandoval, Diego de Ordaz-, de la famosa Marina y de los jefes aztecas; refiere el proceso de la penetración en el país, y concede asimismo gran espacio a las costumbres de los naturales, ritos, ceremonias, creencias, habitaciones, comidas, juegos, vestidos, que no trata agrupadamente en apartados especiales, sino injiriendo su descripciones entre los hechos de las conquistas, según se ofrece ocasión; con ello logra en su libro una amena variedad que cuenta entre sus mayores excelencias.

Solís es una notable artista, y con su Historia se cierra de manera brillante la larga y rica serie de los cronistas del Nuevo Mundo. Su prosa es un modelo de estilo, de la que no puede decirse que represente propiamente el momento en que se produce, porque los epígonos del barroco despeñaban ya la literatura, hacia los mas absurdos excesos. Su arte de narrador se evade de modas y formas caprichosas para mantenerse en un fiel del más genuino clasicismo, si por tal entendemos la afortunada alianza de la belleza y de la sobriedad. Se comprende muy bien que el cambio de gustos no le afectara en las épocas siguientes y que su libro haya gozado en todo tiempo de general estima: Y como dijo nuestro poeta: “Pudo extinguirse el aliento, / más no usurparte la voz / que de la forma veloz / el bronce la ha repetido, / y halla en el bronce el oído, / cuando a los vientos la fía, / no sé que dulce armonía / que dura más que el sonido”.

Francisco Arias Solís

Paz y Libertad.

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Diario SUR

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