Presencia griega arcaica en la Península Ibérica

La presencia griega arcaica en la Península Ibérica: hallazgos cerámicos.
 
 
Introducción: objeto de estudio.
 
Vamos a llevar a cabo una relación de los materiales cerámicos hallados en dos pecios griegos del período arcaico procedentes de La Pointe Lequín y cala Sant VicenV, así como las coincidencias existentes con el material griego del mismo período hallado en Huelva, Málaga y otras zonas de la Península Ibérica. Para ello procederemos a repasar cada yacimiento y los materiales en ellos hallados, con lo que apreciaremos las similitudes que puedan existir en sus importaciones de material cerámico de época arcaica; entendido todo ello como resultado de un comercio, tanto feno-púnico como griego, entre el Mediterráneo Oriental y el Occidental, así como entre las diferentes colonias de Occidente.
 
 
El pecio de la Pointe Lequin.
 
La Pointe Lequin se halla al norte de la isla de Porquerolles (Hyères, Provenza-Costa Azul), en una zona de peligrosa circulación marítima en caso de tiempo adverso. Es justamente hacia las cercanías del cabo donde convergen los vientos y las naves por ellos atraídas. Desde el inicio de los trabajos en 1985, se han descubierto cinco pecios, cuatro de ellos de época antigua: Lequin 1 A, Lequin 1 B, con un cargamento de ánforas massaliotas del tipo 2 de Bertucchi (finales del siglo VI a.C. o principios del V); Lequin 2, con cerámica de barniz negro y ánforas greco-itálicas (finales del s. III a.C.) y Lequin 3, con ánforas Dressel 2-4 de la Tarraconense, entre otras, y cerámica sigillata itálica (mediados del s. I de la era). Aquí trataremos únicamente del pecio Lequin 1 A, correspondiente al período arcaico que es el que en este caso nos interesa.
 
 
Lequin 1 A
 
Si bien en un principio se pensó que se trataba de un solo barco de época arcaica, con un cargamento de ánforas masaliotas y cerámica griega, los resultados de las tres últimas campañas (1989-91) han modificado este planteamiento.
 
            Se han recuperado, fragmentados o enteros, 1878 ejemplares de vajilla y 40 de cerámica común, 20 lucernas, fragmentos de 7 jarras o pithoi y de 69 ánforas. Podemos dividir el conjunto en cinco apartados: grupo “jónico”, cerámica ática, cerámica común, ánforas y pithoi y objetos artísticos. Pasamos a ver cada conjunto por separado:
 
Grupo “jónico”: copas del tipo B-2 de Villard y Vallet, copas sin asa y lucernas de barniz negro, de los que distinguimos cuatro tipos, los dos primero del 21 A del Ágora de Atenas.
 
Cerámica ática: comprende casi exclusivamente copas: Bloesch C (de labio cóncavo y pie anular, prototipo del Agora de atenas), de Cassel, de labio y de bandas (copas del estilo de los “Pequeños Maestros”), y decoradas con representaciones de ojos (Bloesch A). En menor medida encontramos soportes de copa, escifos, enocoes, hidrias y ánforas, unas 560 unidades en total.
 
Cerámica común: se han recuperado morteros, anforiscos, grandes ollae, chytrai, lopades, olpes, lecánides y tapaderas entre otros.
 
Ánforas y pithoi: junto a la cerámica viajaban los contenedores de productos alimenticios, que por volumen y peso, formaban la mayor parte del cargamento. La casi totalidad son ánforas para transporte de vino, y en menor medida, aceite. Predomina la procedencia de Grecia oriental, seguida de Atenas y Corinto, así como Marsella. Después vienen en número las de Mileto, Lesbos, Quios, Samos y Clazomene, así como un procedente del “círculo de Tasos”.
 
El aceite se transportaba probablemente en las ánforas áticas de fondo plano “à la brosse”, tipo Ágora 1502 y en la Corintias A. El vino, a su vez, se llevaba en las Corintias B y en las massaliotas.
 
Objetos artísticos: estatuillas de bronce que posiblemente formaban parte de algún vaso: un león con la cabeza vuelta a la derecha, con paralelos en las decoraciones de aplique en voluta dispuestas como asas en las cráteras metálicas, y un soldado con casco que recuerda a los hoplitas colocados alrededor del cuello de la crátera de Vix. Ambos asociables a producciones de estilo corintio.
 
Datación: La fecha del naufragio no ofrece excesivas dudas vista la variedad y precisión cronológica de algunos de los materiales. La cerámica ática nos da, con bastante concreción, una cronología en torno a los años 530-500 a.C.
 
Conclusión: La importancia de este yacimiento es doble. Por una parte, ofrece una gran variedad de producciones cerámicas griegas, especialmente áticas, coexistiendo en un corto período de tiempo de dos decenios. En segundo lugar, como conjunto cerrado, proporciona una apreciable información sobre el comercio arcaico, más concretamente el modo efectivo del transporte de mercancías.
 
Este mercante, de pequeño tamaño (10-12 m. de eslora), llevaba un cargamento de vino en tal vez un centenar de ánforas y la vajilla para su consumo (unos 2500 vasos) de los cuales la mitad serían B-2, totalizando un cargamento de unas 5 toneladas. Un complemento del cargamento anfórico llevó aceite, lucernas, otros vasos áticos y algunos objetos artísticos, tal vez cerámica común, etc…
 
Son pocos los pecios arcaicos en el Mediterráneo occidental, reduciéndose más aún si nos limitamos a los cargamentos homogéneos de productos alimenticios y de cerámicas griegas. Relativamente más frecuentes son los barcos de cargamento “mixto”, resultantes de diversos intermediarios o compuestos de mercancías cargadas en puestos sucesivos a lo largo de la ruta. Limitándonos al s. VI y la primera mitad del V, los pecios “homogéneos” se limitan al de Circeo (ánforas corintias B, copas B-2, lucernas de barniz negro; 2ª mitad s. VI) y el de Gela (ánforas de Chios, Lesbos, greco-orientales, áticas, corintias; fines del s. VI o principio del s. V), ambos en Italia. Otros pecios massaliotas serían los de Bon Porté y Dattier, ambos de mediados del s. VI a.C.
 
El pecio Lequin 1 A es una muestra del comercio arcaico griego a larga distancia, en unos años en que la cerámica ática de figuras negras era paulatinamente sustituida por la de figuras rojas. El naufragio tuvo lugar pocos años después de la caída de Focea y de la batalla de Alalia, en una época en que tradicionalmente Marsella se hallaba en recesión. No obstante las excavaciones más recientes en la colonia focea, indican que la 2ª mitad del s. VI, lejos de representar una fase de crisis para el comercio griego y marsellés, constituye un memento de expansión, caracterizado por un aumento notable de las importaciones de cerámica ática.
 
Este barco, naufragado a unos 100 km. Al este de Marsella, tenía muy probablemente como puerto de destino a la colonia, único gran centro griego de esta parte del litoral. Esta ciudad actuaría como centro redistribuidor de mercancías, tanto hacia otros centros del litoral, griegos o indígenas, como hacia el interior galo, vía Ródano; dirigidas a la élite aristocrática de las comunidades indígenas.
 
 
El pecio de Cala Sant Vicenç V.
 
Esta cala se encuentra en la fachada norte de la isla de Mallorca, a algo más de siete millas náuticas de su extremo oriental, formado por el cabo Formentor. Aquí se encuentran varias naves hundidas, una de las cuáles portaba ánforas del mundo griego y cerámicas de figuras negras para la que se propone una cronología dentro del último tercio del s. VI a.C. En este caso el cargamento de la nave aparece desplazado de su lugar originario y fragmentado, si bien la arquitectura naval presenta un magnífico estado de conservación.
 
El interés científico de este yacimiento, aparte de ser el barco más antiguo hasta ahora excavado en Mallorca, reside en le heterogeneidad del cargamento transportado por la nave. Variedad detectable tanto en la diversidad de tipos de objetos como a las zonas de producción del cargamento.
 
Como cargamento principal transportaba productos alimenticios, especialmente vino y aceite, envasado en ánforas, pero también otros productos contenidos en cestas, además de molinos y cerámica de cocina y mesa. Encontramos ánforas para vino de las formas conocidas como jonio-masaliota y corintia B arcaica, copas del tipo B2 y diversos ejemplares de cerámica pintada y de barniz negro; todo ello procedente de Magna Grecia. Junto a estos materiales, aparecen también las más antiguas ánforas para el vino producido en el territorio de la colonia focea de Marsella, junto con otras cerámicas de esta misma procedencia. Los objetos cuyo origen se sitúa en la zona oriental de Mediterráneo consisten en diversas ánforas para el transporte de productos especialmente apreciados, como el aceite de Corinto (ánfora del tipo Corintia A) y de Atenas (áfora alabrosse), o el vino de las costas jónicas (ánfora de Samos, Quios o Plazomenes) y del Norte del Egeo. Algo destacable en este cargamento es la presencia de estos materiales griegos junto a un conjunto relativamente amplio de ánforas ibéricas procedentes de las costas mediterráneas de la Península. Se trata de envases para el transporte que siguen de cerca la forma tradicional de las ánforas del mundo fenicio occidental. Junto a ella el cargamento contiene además ánforas probablemente originarias de los centros púnicos del sudeste peninsular y también de Ibiza. El conjunto de ánforas y demás objetos permiten situar el hundimiento de esta embarcación durante la época tardo-arcaica, en los últimos decenios del S. VI a.C. Puede destacarse la similitud cronológica y, en parte también de composición del cargamento, entre el pecio griego de Cala Sant Vicentç, y otro importante naufragio hallado cerca de Marsella (Pointe- Lequin 1 A). Este hecho confiere a ambos yacimientos un valor añadido en el contexto de las redes del comercio griego en occidente durante este período, teniendo sendas naves hundidas junto a dos de los principales focos comerciales: Massalia y las Baleares.
 
Patrice Pomey defiende el probable origen massaliota de estas embarcaciones teniendo en cuenta el tipo de cargamento transportado y la existencia de un evidente eje comercial Massalia-Emporion-Ebussus.
 
El contexto histórico:
 
A partir de 540 a.C., con posterioridad a la caída de Focea en manos persas, y en el nuevo equilibrio surgido en la batalla de Alalia, los enclaves foceos en occidente y especialmente Marsella, toman el protagonismo en la dinámica comercial griega en el extremo occidental del Mediterráneo. A partir de este momento se refuerza la influencia del comercio massaliota, acompañado de una potenciación de los recursos de su propio territorio: es el caso del vino envasado en las primeras ánforas massaliotas, cuyo inicio se sitúa alrededor de estas fechas y se relaciona con la acusada disminución de la llegada de vino etrusco, que había sido tan significativa hasta mediados del s. VI a. C. Pecios como los de Pointe du Dattier o de Bon-Porté se consideran representativos de este importante período de cambio en el comercio massaliota, en el último tercio del s. VI a.C., que va muy ligado con la extensiónde su área de influencia en las costas del Golfo de León. El pecio de la Pointe Lequin 1 A, datado a fines del siglo VI a.C., ilustra la llegada al puerto de Marsella de mercancías griegas procedentes del este del Mediterráneo y también del sur de Italia y es una prueba de la vitalidad de esta colona focea y de la expansión de su comercio y afianzamiento de su papel como puerto redistribuidor durante la época tardo-arcaica.
 
Si el origen del asentamiento foceo de Emporion en el Golfo de Rosas se remonta a la primera mitad del s. VI a.C., la consolidación del puerto ampuritano en las redes de comercio griego en Occidente se produce también en este mismo contexto tardo arcaico, paralelamente a la expansión de la ciudad con la creación del nuevo núcleo de la “Neápolis”. A partir de los decenios finales del s. VI a.C. y el inicio del siglo V a.C., el comercio ampuritano parece orientarse de una forma clara hacia el despliegue de un circuito comercial dirigido hacia los mercados ibéricos y al contacto con las redes tradicionales del comercio púnico. En este contexto se situaría el hundimiento de la nave de Cala Sant Vicenç.
 
En un contexto más local, vemos una nueva perspectiva en cuanto a las relaciones de las comunidades isleñas del norte con el entorno comercial del ámbito griego. En la mayoría de los yacimientos de Mallorca se documenta una estrecha y casi exclusiva relación con el mundo púnico, mientras en la zona de la actual Pollença se observan hasta tres yacimientos (Bocchoris, Gotmar y el santuario de La Punta), cuyos materiales permiten establecer una relación significativa con el ámbito griego a finales del s. VI a.C. y concretamente con la carga del mencionado pecio de Sant Vicenç. Este barco griego ofrece un magnífico ejemplo de la dinámica y los mecanismos del comercio mediterráneo al final de la época arcaica, al presentar un cargamento heterogéneo con mercancías procedentes del ámbito griego (suditálico, massaliota y de la Grecia continental o del Egeo) junto a productos comercializados desde el área ibérica, probablemente levantina o del sudeste de la Península, y también desde algunos enclaves púnicos, lo cual fue posible gracias al papel redistribuidor de los puertos de la zona que fueron incluidos en la ruta de la nave.
 
 
Presencia griega en Málaga.
 
A grandes rasgos, pueden definirse en la actualidad dos posiciones distintas en relación a la presencia griega en la Península: aquella que podríamos denominar tradicional, partidaria de una colonización helena, sustentada en el análisis de la historiografía antigua y en la existencia , cada vez más abundante, de hallazgos griegos. Frente a ésta, se plantea otra opción que considera necesario un estudio más riguroso de los textos antiguos, mostrando gran cautela a la hora de extraer conclusiones definitivas respecto a esta colonización a partir del material arqueológico de origen heleno, debido a la escasez de sus proporciones.
 
            Las denominadas colonias no han sido constatadas en el registro arqueológico, lo que no debe llevarnos a negarlas categóricamente; pero, parece cada día más claro que, a excepción de Emporion y Rhodes, las colonias que cita la historiografía, Hemeroskopeion, Akra Leuke etc., no existen arqueológicamente.
 
            Se ha señalado otra posible explicación que conllevaría la sustitución del concepto “colonia” por el de “barrio” inserto en las poblaciones indígenas y fenicias, en las que se llevarían a cabo las actividades de intercambio, sirviendo de puntos de atraque en las travesías de las rutas comerciales. Sin embargo, la realidad arqueológica no apoya eficazmente ni una ni otra posición.
 
            A tenor de lo expuesto, una visión global de los hallazgos griegos de la provincia de Málaga, puede contribuir a clarificar algunos aspectos relacionados con esta parcela de la Protohistoria.
 
            En esta zona encontramos la misma problemática en lo referente a las tantas veces citada y buscada Mainake, sobre cuya existencia se siguen enfrentando la historiografía clásica y moderna y los estudios arqueológicos, pues no hay indicios materiales que corroboren su presencia.
 
            Hoy día encontramos tres posibles vinculaciones del término Mainake: como una colonia focense, como el nombre griego de alguna de las colonias fenicias de la costa este malagueña, o como un barrio griego dentro de Malaka.
 
            Ninguna de estas tres hipótesis es demostrable en la actualidad ante la información que poseemos, aunque cada vez parece más razonable la propuesta por Niemeyer, quien defiende la inexistencia Mainake como colonia griega.
 
Datos que pueden extraerse del análisis del material griego hallado en Málaga:
 
                        -Podemos encuadrarlo en dos etapas:    
1- s. VIII-VI   a.C.
2- s.   V-IV    a.C.
 
            La primera se vincula a las comunidades indígenas que contemplan la presencia del factor colonizador fenicio.
 
            La segunda se produce tras la crisis del VI a.C., la fundación de Emporion y Rhodes y el trasvase del eje económico del suroeste al sureste peninsular, dentro de las relaciones Centro/Periferia. En el caso malagueño encontramos la mayor concentración de asentamientos semitas de la Península, mientras los yacimientos indígenas de esa misma época nos son prácticamente desconocidos, salvo la necrópolis del Cortijo de las Sombras en Frigiliana y los poblados de Cerca Niebla, Acinipo en Ronda y Aratispi en Antequera.
 
            Durante el período ibérico se advierte la pervivencia de algunas de estas antiguas colonias fenicias, al mismo tiempo que se hace notar su influencia en los poblados indígenas del interior.
 
             Sin embargo los mapas de distribución de hallazgos de este período se circunscriben únicamente a algunos hábitats fenicios de la franja costera. Ante ello se plantea la duda sobre la existencia o no de una demanda de estos productos en el interior.
 
            En cambio durante los s. V- IV a.C., es posible comprobar la existencia de estos productos en otros poblados fenicios y en zonas del interior, sobre todo en las proximidades de la cuenca del río Guadalhorce, una de las mejores vías de penetración hacia la Alta Andalucía.
 
            Tipología cerámica:
 
Predominan las piezas consideradas de lujo, limitándose los ejemplares sin decorar únicamente a ánforas, vasos que eran adquiridos por su contenido y no por el valor de la pieza en sí, y que se situarían cronológicamente en la primera de las dos fases citadas.
 
            La forma más común es la Kylix, que aparece en la práctica totalidad de los yacimientos y, en menor medida, platos, cuencos, dynos, lekanis, kotylai, lucernas, aryballos, cráteras y skyphos, si bien no se han realizado estudios minuciosos que reflejan los índices de presencia de cada tipo cerámico, lo que se hace fundamental para un estudio exhaustivo.
 
            Otro hecho a tener en cuenta es el de las imitaciones de estos productos, documentadas en yacimientos como Cerro del Villar (quizás fabricadas en Alalia, Massalia y Emporion) y Toscanos, sin que podamos asegurar con certeza el lugar en el que se fabricaron dichas imitaciones.
 
            Un aspecto que presenta gran controversia en relación con el tema de la presencia helena, sobre todo a partir de los recientes descubrimientos en Huelva y Málaga, es la posibilidad de que estas piezas puedan relacionarse con un comercio directo por parte de los navegantes helenos, más concretamente de Focea.
 
            Ahora bien, con los porcentajes existentes en la actualidad, parece que estos bienes eran comercializados por los propios fenicios, al menos en el caso malagueño.
 
Sin embargo estos porcentajes tampoco son plenamente significativos, pues para ser indicativos de una situación real necesitamos conjugar las cifras cuantitativas con referencias estratigráficas del yacimiento, así como sus características geográficas y contextuales, al mismo tiempo que se hace imprescindible que los datos que usemos provengan de una excavación en extensión del lugar, pues la realización de sondeos o excavaciones parciales, sólo pueden llevarnos a interpretaciones no del todo seguras, por lo que, hasta entonces, no será posible plantear conclusiones definitivas.
 
 
Hallazgo de materiales griegos arcaicos en Huelva y otras zonas relacionadas.
 
En este apartado no basaremos fundamentalmente en los estudios llevados a cabo en Huelva por la Dra. Cabrera Bonet, hallándose importaciones griegas de época geométrica y arcaica en las excavaciones de Puerto 6, Puerto 9 y Botica 10- 12.
 
Importaciones de época geométrica.
 
            El fragmento griego más antiguo encontrado hasta el momento en España pertenece a una píxida ática del Geométrico Medio II, similar a la del Louvre A 517, procedente de la Calle Palos de Huelva, aunque se halló descontextualizada.
 
            A parte de ésta, hallada en un contexto indígena, las restantes importaciones griegas se encuentran preferentemente en las colonias fenicias de la costa malagueña: las ánforas SOS de Toscanos y Guadalhorce, y las cotilas protocorintias de Toscanos, Almuñecar y Cerro del Peñón. A ellos se unen algunos fragmentos cerámicos procedentes de Huelva: dos escifos geométricos (uno de ellos de la 2ª mitad s.VIII a.C.) posiblemente eubeos y una cotila protocorintia (720-690 a.C.). Estos vasos pudieron formar parte de los “regalos de acercamiento” o presentes introductorios que los fenicios dieron a un jefe local, por tanto no serían traídos por los griegos. Igualmente ocurriría con las áforas tipo SOS de Toscanos y Guadalhorce, o las cotilas de Toscanos y Almuñecar (fines s.VIII – comienzos s. VII)
 
            Posiblemente los fenicios se aprovisionaran de estos vasos griegos del momento en Italia Central, donde vemos vasos iguales: escifos eubeos, cotilas protocorintias y, sobre todo, ánforas SOS. Además de allí proceden algunas cotilas protocorintias de Toscanos y Almuñecar que se consideran imitaciones realizadas en Pitecusa.
 
 
Fases de la presencia griega en Huelva.
 
            Según los hallazgos cerámicos se distinguen hasta cuatro fases diferenciadas:
 
            Fase I (fines s. VII -590/580).
 
En los últimos años del s. VII comienzan las primeras navegaciones griegas al Sur de la Península Ibérica. Es en este momento cuando se documentan una serie de objetos de importación, bronces y vasos cerámicos, cuya rareza y excepcionalidad hablan de una fase de tanteos y aproximación de los comerciantes griegos al mundo fenicio e indígena peninsular.
 
            Los objetos importados en esta primera fase se hallan diseminados por el Sur, desde Granada a Huelva: prótomo de grifo que adornaría un caldero de bronce hallado en la región de Sevilla, jarras “rodias” de bronce (ejemplar completo en la necrópolis de La Joya en Huelva, último cuarto s. VII). Así mismo parece que el bucchero y las ánforas etruscas aparecen asociadas a importaciones griegas arcaicas; los vasos etruscos arcaicos sólo aparecen en aquellos centros donde también hay vasos griegos arcaicos, como Guadalhorce, Málaga y Toscanos. También se introducen otros vasos cerámicos y ánforas de transporte, procediendo la cerámica de esta primera fase, en su mayoría, de Grecia del Este: cuencos de pájaro de Toscanos y Guadalhorce (proceden de Jonia del Norte, el de Guadalhorce de fines s. VII o comienzos VI), el bucchero eolio, las copas samias A.2 y alguna copa “jonia” B.1. Los cuencos de pájaros con su decoración geométrica y las copas samias con su barniz negro metálico resultarían enormemente atractivos y exóticos a los compradores fenicios y tartésicos, o el vino de Quíos.
 
Fase II (59-580 – 560).
 
En los primeros años del s. VI las relaciones de los foceos con Tartessos, se intensifican, y ello se traduce en un aumento espectacular del volumen de transacciones comerciales, y por consiguiente, de los objetos importados. El primer rasgo que anuncia esta nueva fase es el salto cuantitativo que se produce en el volumen de las importaciones. En Puerto 9 pasamos de un total de 15 fragmentos en la fase I a un total de 172 fragmentos en esta fase II; y en Puerto 6 vemos una proporción de restos de uno a diez. Lo mismo ocurre si se analizan centros como Málaga, Cádiz o Villaricos, en esta primera mitad del s. VI. Aparecen también nuevos tipos de vasos y productos de nuevos talleres.
 
Cerámica Ática: continúan las importaciones áticas, viendo en los primeros años del VI, dos copas de Comastas, un vaso del Círculo del Pinto de la Gorgona, las copas y escifos de Comastas y la lecánide del Pintor KX de Villaricos. Más tarde llegarán el olpe de Clitias y la copa Gordion, el ánfora de prótomo de caballo y las copas de Siana. Las importaciones áticas son tan tempranas como en Etruria o en Marsella, piezas de calidad extraordinaria, algunas de ellas obras de los mejores artistas áticos del momento, que están destinadas a la exportación y precisamente a los mercados más ricos del Mediterráneo. La primera mitad del s. VI y sobre todo desde el 580 es una época en el Ática especialmente rica e innovadora desde el punto de vista formal y decorativo, y abierta a las aportaciones de otros talleres.
 
Los comerciantes foceos conseguirían estos vasos no en el Ática, sino en un centro intermedio como pueda ser Naucratis, donde vemos la mayor concentración de vasos similares a los de Huelva (mismos tipos y pintores), desde donde los llevarían a Etruria, a centros como Gravisca, al Sur de Francia y a Tartessos.
 
            Cerámica Corintia: se documenta aunque con una proporción mínima: aríbalo de la Ría de Huelva, del MC junto al de Villaricos, y oros aríbalos del LCI, una copa del taller del pintor del “Vogelfries Maler”, y un vaso grande de Figuras Negras. Son producciones de baja calidad, mediocres, las que hallamos en Ampurias, Ibiza, Levante, Villaricos y Huelva; en contrate con Marsella y Etruria, donde hay una alta proporción de vasos con escenas figuradas, donde la cerámica corintia representa una mercancía relativamente lujosa.
 
            Cerámica Laconia: estas importaciones se inician también en este momento, pero están representadas en una producción mínima, incluso inferior a las corintias: tres copas y dos aríbalos en Huelva y una crátera en Adra. Son vasos de extraordinaria calidad, especialmente las copas del pintor de Naucratis del 565-560 a.C. Se comercia en gran medida con vasos de perfume y vasos para beber, repitiendo las mismas pautas que las importaciones corintias y áticas.
 
            Cerámica de Grecia del Este: supone el 81% del total de las importaciones griegas entre 590 y 560, y su predominio se considera característica principal del comercio colonial foceo. De los dos grandes centros comerciales del mundo griego oriental, Samos y Mileto, sólo está presente en Huelva el primero (la crisis de Mileto coincide con el principal período de la expansión focea y sus intereses estaban orientados hacia el mundo de las colonias y emporia orientales); aunque algunos productos milesios llegaron al Sur. Se trata de productos de segunda fila, de escasa calidad y de algún ánfora quizás adquiridos en Samos: un mortero, varios cuencos muy sencillos decorados con bandas y ánforas de transporte.
 
            Las importaciones de Samos suponen un 36% del total de la cerámica griega oriental de Huelva. En su mayoría son copas del tipo A.2[1], B.2 y, sobre todo B.3, de calidad bastante dispar aunque podemos ver copas de gran importancia como son las de los Pequeños Maestros “jonios”. Tenemos nuevos tipos de vasos: jarras, platos, tazas, lucernas y ánforas de transporte.
 
Cerámica de Quíos: son muy escasos en Huelva, pero todos ellos de una calidad indiscutible. Son productos de lujo, tanto su vino y las ánforas que lo transportaban, como sus cálices; pertenecientes estos últimos a un tipo que alcanzó su máxima difusión en la primera mitad del VI. Las importaciones quiotas son poco comunes en Occidente y sólo se conocen en Marsella y Huelva. Estos pocos vasos vinieron en la primera mitad del VI y desparecen en la segunda mitad, todos los fragmentos proceden del nivel IIB de Puerto-9, y sólo un fragmento de ánfora procede de del Nivel VI de Méndez Núñez 4-6 (570/60-540/30). Las copas “jonias” van a ser el material más abundante ahora en otros centros del Sur: en Guadalhorce, Cerro del Prado, Málaga, Toscanos y Almuñecar.
 
La mayoría de las importaciones de Grecia del Este llegan a Marsella entre el 580 y el 530, aproximadamente el mismo período que en Huelva.
 
Cerámica Massaliota: las vemos desde el segundo cuarto del s. VI, desde el 565 en adelante, no siendo muy abundantes pero sí muy significativas. Se trata fundamentalmente de imitaciones de copas “jonias” y de algunos vasos comunes: olpes, fuentes etc… De momento es Huelva el único centro del Sur donde se ha encontrado cerámica massaliota.
 
Ánforas: el volumen de las ánforas comerciales de transporte aumenta también considerablemente en la Fase II, constatándose por primera vez en Huelva, aunque no en el Sur[2]. Las ánforas de Grecia del este son las más abundantes: Quíos, Samos, Mileto y “jonas” representan el 44% del total. Por centros independientes, las ánforas áticas “à la brosse” son las más numerosas.
 
 
La copa fue el vaso fabricado en mayores cantidades en el mundo griego arcaico, difundido a más larga distancia y en mayor volumen, y protagonista de las imitaciones, renovaciones e influencias más activas.
 
Hoy se puede hablar de una coincidencia de esquemas comerciales, una adaptación de los foceos a las pautas de mercado ya existentes, y una sustitución de la oferta fenicia por la oferta griega, sustitución que ha alcanzado su nivel más alto en esta segunda fase de la primera mitad del s. VI.
 
Fase III (560-540/30).
 
A partir de mediados del s. VI el volumen de importaciones griegas desciende bruscamente, observándose en Puerto-9 y resto de excavaciones de Huelva. Esta disminución del volumen de las importaciones viene acompañada de una reducción de las diferencias de volumen entre la cerámica ática y la de Gracia del Este.
 
Asistimos a la desaparición de los productos laconios y la aparición de otros nuevos como el bucchero y las ánforas massaliotas.
 
Las importaciones áticas, aunque aumentan su volumen con respecto a la etapa anterior, reducen sin embargo su nivel de calidad. Se trata de copas de bandas de Pequeños Maestros, una de ellas próxima al pintor de Tleson, de cierto nivel, pero las restantes se pueden considerar productos de segunda fila, de serie. Ya no encontramos aquellos vasos de lujo, verdaderas piezas maestras, individualizadas y excepcionales, ni la riqueza tipológica ni iconográfica del período anterior, sino productos de serie, de rápida ejecución y gran monotonía formal. Hay un predominio absoluto de un único tipo: las copas de bandas, con 17 fragmentos, frente a dos ánforas y una píxida.
 
El comercio de vasos áticos pierde su carácter de lujo y excepcional. Pero este fenómeno no es exclusivo de Huelva ni del Sur. Algo generalizado en todo el Mediterráneo va a ser el aumento considerable de la cerámica ática, al igual que en España, como vemos en Ampurias donde son más abundantes ahora que en la primera mitad del Vi, y en Ullastret, donde los fragmentos más antiguos corresponden a copas de bandas. Por otro lado Marsella va a alcanzar su momento máximo en cuanto a importaciones en la segunda mitad del s. VI, al igual que en el Sur de la Península, encontrándose copas de los Pequeños Maestros en Guadalhorce, Málaga y Cádiz.
 
Las importaciones corintias, que eran muy escasas en la etapa anterior, aumentan en este momento. La cerámica de Grecia del Este, cuyo volumen se ha reducido, continúa surtiendo el mercado de copas de “jonias”, que son ahora exclusivamente de los tipos B.2 estándar y B.3, del tipo de los Pequeños Maestros. Las importaciones milesias se reducen ahora a las ánforas de transporte. Las importaciones massaliotas se mantienen.
 
En cuanto a las ánforas de transporte se producen algunos cambios. Desaparecen las ánforas y el vino quiotas, y el aceite jonio envasado en las ánforas “à la brosse”, productos que no resultarían ya competitivos frente a los vinos “occidentales”. Se mantienen, no obstante, las ánforas corintias A de aceite y las de vino del tipo B. Pero será el vino massaliota, que se documenta ahora por primera vez en Huelva, el que inundará el mercado occidental.
 
En conjunto, esta Fase III del tercer cuarto del VI se podría considerar como una fase de preparación de lo que va a suceder en el último cuarto del siglo, cuyas características son: descenso general de las importaciones griegas, tendencia al predominio de la cerámica ática, descenso del nivel de calidad, pérdida del carácter de lujo, introducción de nuevos productos occidentales[3] y, en general, la inmersión cada vez más evidente del comercio foceo con Tartessos en la órbita occidental y su desvinculación con respecto al mundo griego oriental.
 
Fase IV (540/30-500).
 
Esta fase, que ocupa fundamentalmente el último cuarto del siglo VI, es la última del comercio foceo en Tartessos. Vemos la disminución de las importaciones y la desaparición definitiva de la cerámica de Grecia del Este. Las únicas importaciones griegas que llegan a Huelva en estos años son unos cuantos vasos áticos y un ánfora massaliota.
 
Las importaciones áticas se reducen a dos copas Cassel[4], una copa del Grupo de Leafless, una copa de Figuras Rojas, una copa de barniz negro del tipo C y una copa-escifo.
 
La “crisis” del comercio foceo en Tartessos se empieza a manifestar en los años 560-540, antes de la toma de focea y antes de Alalia, si bien estallará en estos momentos.
 
Conclusión
 
Como hemos visto, la enorme actividad comercial llevada a cabo en los primeros siglos de presencia fenica y griega en la Península Ibérica, dejan como resultado una serie de importantes e interesantes vestigios para el conocimiento de cómo fueron esos primeros intercambios comerciales entre comunidades indígenas y colonizadores. Al analizar los diferentes hallazgos materiales de la época, asistimos al desarrollo de unas rutas comerciales que enlazaban un gran número de colonias -da igual la procedencia de sus gentes- a través del Mediterráneo; rutas que pueden ser reconstruidas en función de esos mismos hallazgos y que surtirían de elementos de lujo o prestigio, procedentes del Mediterráneo Central u Oriental, a las comunidades de Occidente a cambio de materias primas.
 
Así pues, en ese trabajo hemos analizado varios ejemplos de presencia griega arcaica en Iberia, desde el cargamento que transportaban los mercantes griegos procedentes de lugares como Etruria -o al menos parece ser que se aprovisionaban allí- hacia las colonias de Occidente como Massalia, Emporion, Málaga o Huelva, hasta los hallazgos cerámicos de la misma época procedentes de algunas de estas colonias; haciendo hincapié en las tipologías de los mismos con el fin de ver cómo un mismo tipo aparece en varios de los yacimientos en una misma fecha.
 
Carlos Miranda Martínez
Jesús Manuel Castillo Ramos
Antonio Ramos Ramírez
 
 
Bibliografía:
 
 
 
-        “Arqueología submarina en Francia: los yacimientos de la Pointe Lequin”. Revista de Arqueología, nº 90.
 
-        “Griegos en Málaga. Hallazgos, dispersión y problemática actual”. Revista de Arqueología, nº 133.
 
 
-        “El pecio griego arcaico de la Pointe Lequin. Porquerolles – Francia”. Revista de Arqueología, nº 134.
 
-        “El pecio de Cala Sant Vicenç”. Revista de Arqueología nº, 258.
 
 
-        Cabrera Bonet, P. (1988-89): “El comercio foceo en Huelva: cronología y fisonomía”, en Tartessos y Huelva, Huelva Arqueológica, X-XI, Huelva, vol. III.
 
-        Recio Ruiz, A. (1989): “La cerámica fenicio-púnica, griega y etrusca del sondeo de san Agustín (Málaga)”, Málaga, 1989.
 
 
-        Duby, G.: “Atlas histórico mundial”, Barcelona, 1995.
 
 


[1] Aún perviven en los primeros años del s. VI.
[2] Ánfora quiota de Toscanos, de cronología problemática.
[3] Vino massaliota y corintio.
[4] Las copas Cassel fueron, junto a las copas Droop y las copas “de ojos”, los vasos para beber que el Ática exportó en mayor cantidad a fines del s. VI.
 

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Diario SUR

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