El boli volador

Para aquellos que no hayan estado nunca en la Biblioteca General del campus de Teatinos (Universidad de Málaga), cuento brevemente cómo es la estructura del edificio. una planta baja, una superior y una inferior. Yo, sentada en la parte superior, en las mesas que hay al lado de la barandilla desde la que se ve una amplia vista del panorama aestudiantil aplicadamente ‘empollando’. La cosa es que estaba yo muy atareada en mis apuntes, cuando de repente y como gesto involuntairo de mi mano, eŽsta se movió hacia la izquierda, dando un manotazo al boli que había en esa dirección y…

‘Se me ha caído el boli’- le dije al compañer ode al lado.

No me atrevía n ia mirar porque temía que le hubiera caído a alguien encima, pero al final, fuí valiente, miré y vi que allí estaba mi pobre boli naranja como gato de siete vidas que le quedan seis. Intacto, abandonado en el suelo de la planta baja de la biblioteca y a la vista de todos.

Aunque más a la vista de todos estuve yo, cuando tuve que bajar a recogerlo y ví que a más de un estudiante le alegré levemente la mañana con aquella travesura no intencionada de mi boli volador.

La enroscada

También esto le pasó a mi padre ayer, 6 de junio. Su coche empezó a oler mal. Un olor desagradable, como a ‘bicho muerto’. Lo miró y remiró, pero no vio nada. Lo lavó. Y siguió oliendo igual

Hasta que por fín, con el agua a presión pudo vislumbrar una cola de serpiente entre la rueda y el paragolpes.

Lo llevó al taller de toda la vida y le dijeron literalmente que las serpientes le daban ‘yu-yu’ y que no podría quitarle el ‘bicho’.

Entonces mi padre, no tuvo más remedi oque desenroscar él mismo la tapa de la rueda y encontrar de cuerpo presente a una ya crecida serpiente de un metro de largo, enroscada en el eje.

La pobre había muerto hacía algunos días.

Más cerca de lo que creemos

El garaje de mi padre se encuentra justo al lado de un local dedicado a la carpintería. Se encontraba el otro día limpiando un poco su coche cuando se le acercó una mujer pidiéndole un bolígrafo y un papel.

La mujer trataba de apuntar el número de teléfono del carpintero (ya que en aquel momento tenía cerrado y ya de paso, supongo que intentando desahogarse con alguien, le contó a mi padre su historia.

Resulta que la noche anterior, su marido había llegado a su casa borracho y ‘no sabe cómo’ la cogió del cuello y le dio repetidos golpes a la cabezade la mujer contra la pared. Si con eso no tuvo bastante, a continuación cogió un cuchillo de cocina y la apuntó sugiriéndole que iba a apuñalarla. Después, el hombre salió de casa, dejándola encerrada hasta que a la mañana siguiente regresó calmado y decidió dejarla en libertad para que fuese a avisar al carpintero que les arreglara la puerta que había roto.

Mi padre se quedó blanco y la mujer con lágrimas en los ojos y apesadumbrada, prosiguió su camino hacia su ‘dulce hogar’ sin ni siquiera dar tiempo a mi padre a darle unas palabras de apoyo o algo parecido.

Yo también me quedo sin palabras ante la brutalidad de las personas. Y por cierto, que estuviera borracho no justifica lo que hizo.

Esa ‘cagada’ tan oportuna

Esto fue hace ya muchos años, cuando yo tenía la inocente edad de 16 años (aunque ahora ninguana chica de 16 años sea inocente, claro). Salía con un chico de ojos verdes, que en la actualidad sigue siendo mi novio, y como todas las parejas en sus primeros meses, y más a esa edad, gusta ir abrazados y paseando horas y horas.

Ése era nuestro caso. Íbamos una solaeda tarde del mes de septiembre por el Paseo del Parque de Málaga, cuando nos sentamos en un banco. Y allí estábamos: acaramelados, cogiéndonos la mano… Hasta que sentí como algo muy caliente rozaba mi pierna de una forma pegajosa incluso a través del pantalón. Aparté mis labios de los suyos y no pude evitar ponerme roja cuando ví que una graciosa paloma de esas que recorren nuestro despejado cielo, había hecho sus necesidades sobre mi pierna (y he de decir que aquella tarde había comido gloria).

Al menos llevábamos pañuelos de papel y aunque mi novio se hartó de reír, supimos continuar con nuestro paseo romántico. Éso sí, sin sentarnos nunca más en ningún banco del parque.

Unas ‘gracias’ bien bonitas

Ayer estuve en casa de mi novio. Era el primer día que su madre estaba ya en su hogar después de una aparatosa operación que la ha tenido 15 días recluída en el hospital.

La abuela, (madre de mi suegra) vive con ellos desde hace 3 años y medio, cuando le dio un pequeño infarto cerebral y descubrieron que padecía la enfermedad del alzheimer. Como sabrán todos aquello que hayan tenido que padecer esta dolencia de cerca, los abuelos poco a poco van perdiendo sus fuerzas y muchas veces la cabeza empieza a fallarles.

Pues bien, en uno de esos momentos lúcidos que ‘nuestra’ abuela tiene, me dio las gracias. ‘¿Por qué? Pregunté yo.
-Por cuidarme sin tener obligación de hacerlo y por tratarme con tanto cariño. Cuando vienes a verme me siento mejor porque me das ánimos para seguir viviendo- me contestó.

Me sentí enternecida, feliz, y triste a la vez porque en ese momento me dí cuenta más que nunca que la abuela (como nosotros la llamamos) se daba cuenta aún de las cosas y cuando la enfermedad se lo permitía era capaz de percatarse de cómo se encontraba física y moralmente y de lo frágil que en pocos meses se había vuelto.

Supongo que todos aquellos que lean esta historia y tengan a alguna abuela o abuelo con esta enfermedad sabrán comprenderme. No es fácil cuidar a un anciano con este mal y, aprovechando que viene al caso, me gustaría comentar que existen unos centros de días para mayores con alzheimer en los que pueden realizar actividades y estar atareados. EL problema de estos centros es que hay muy pocos. En concreto en Málaga creo que sólo uno. Y, como es normal, las listas de espera spn interminables. Ojalá quienes se encargan del bienestar de los ancianos habilitaran más centros de este tipo, que se convierten en un entretenimiento y mejora de los abuelos y en un descanso para la familia que se encarga de cuidarla el resto del día.

LA

Sin contenido

Un abuelo ‘enganchado’

Esto le pasó anteayer a mi cuñada Mabel. Iba ella caminado por el conocido Puente de La Goleta’, cuando un anciano con bastón incluido, le propinó una sonada palmada en el trasero, con tan mala suerte para el hombre que se le quedó uno de los dedos enganchado en el cinturón de mi cuñada. Ella se volvío con toda la mala idea que a cualquiera le puede entrar cuando se siente una mano desconocida en su culo y con todas sus fuerzas le dio la abuelo un guantazo que, literalmente, lo sentó de culo en el suelo mientras que el bastón quedaba en el borde del puente que se caía o no se caía.

En aquel momento un chaval que pasaba por allí con su moto, dejó la moto en medio de la carretera y fue a socorrer a Mabel pensando que áquel hombre quería robarle el bolso. Peor mi cuñada se interpuso entre el muchacho y el viejo, impidiendo así que el primero golpeara al segundo. Por si no hubiera ya bastante lío, en aquel momento llegó úna pareja de la policía local preguntando que qué ocurría allí, mientras de lejos y agritos se oía a una señora mayor, con carrito de la compra incluido, chillando que ella lo había visto todo. No bastante con todo aquello, el chaval seúía empecinado en explicarle a la policía que el hombre había intentado robar, mientras Mabel decía al poícía lo siguiente:

-Lo único que ha pasado es que me ha metido manoy yo le he pegado un guantazo- mientras que la gente seguía agolpándose allí como si caramelos repartieran en la puerta de un colegio.

Al escuchar el policía la versión de Mabel, se echó a reír y entonces dio su veredicto: ‘Circulen, que aquí no hay nada que ver, circulen’. Entonces, el abuelo acosador, que aún se encontraba en el suelo, le dijo al policía: ‘¿Circulen? (como intentando decir que encima de que le habían pegado la chica iba a quedar inmune) y el policía le contestó:

-Bueno, levántese y circule.

La inocente manita

¿Nunca habéis sentido la brutal fuerza de un bebé de siete meses sobre adescargando su furia juguetona sobre alguna parte de vuestro cuerpo?
Yo tuve ayer una gran oportunidad.

Me encontraba profundamente dormida cuando a mi hermana se le ocurre la idea de poner a mi sobrino al lado de mi, en la cama tumbado mientras yo soñaba y soñaba. Entonces, cansado ya, supongo, de patalear y de jugar él sólo con la cortina y la colcha, decidió probar suerte a despertarme. Lo malo es que la forma no fue demasiado fina. Con su pequeña manita fue directamente hacia mi ojo, y le propinó un buen punzamiento de pequeños dedos en el párpado, hundiéndome hasta las entrañas mi pobre ojo magullado. Pegué un grito de terror que hasta a mi hermana asustó, pero mi pequeño ahijado seguía con su sonrisa y su carita de ángel intentando decir ¿Qué he hecho? Y es que para todos aquellos que tengan bebés en casa les hago una advertencia: ¡Cuidado! Son más peligrosos de lo que parecen. Aún me duele al recordarlo.

La alcantarilla hambrienta

Todo ocurrió una fría noche de invierno cuando mi novio, Jose, y yo fuimos hacia el coche, aparcado en la calle Carretería, para irnos a casa. Mi novio me lanzó la llave por encima del techo del coche, pero ésta cayó en la palma de mi mano de punta (lo cual duele bastante, aclaración para todos aquellos que nunca le ha pasado). Instantáneamentew retirñe la mano de debajo de la llave y ésta cayó al suelo.

Me quedé blanca en un momento y mi novio con cara de decir ¿qué te pasa? Claro, es que aún no le habŽŽia dicho que la única llave que poseía de su súper coche (la de repuesto ya la perdió) había caído a una alcantarilla situada a mis pies.

-¿Qué hacemos?- me preguntó descompuesto.
-Cogerla de ahí-respondí yo muy valiente.
-No puedes meter la mano ahí, está lleno de…buah! de todo (no sé el resto, pero las alcantarillas de Málaga está poco limpias).
-Sí que puedo.

Así que empezamos a levantar la alcantarilla. Pero había otro problema. El coche estaba medio encima de ella, por lo que no podía mos levantarla del todo (son de las alcantarillas, cuya rejilla se encuentra cogida al suelo a través de una bisagra). Entonces decidimos hacer un cosa:

-Jose, mientras tú aguantas la reja de la alcantarilla para que no se me caiga encima, yo meto la mano y la rescato- una vez vislumbramos una cosita brillante al fondo del tenebroso agujero tras haber puesto mi cara al ladito del suelo y por tanto ,de la dichosa alcantarilla).

Y así lo hicimos. Empecé a meter la mano, más y más profundo, hasta que las porquería me llegaron al codo y con todo el cuerpo en el suelo. Pero mi brazo no llegaba. Entonces no quedó más remedio que hacerl oal revés.

Yo sostuve la reja y Jose mete la mano. Por fin conseguimos hacernos con la dichosa llave Mientras que nosotros llenos de ‘mierda’ (y perdón por la expresión’ regresábamos a casa hartos y sucios por la experiencia vivida.

El profundo olor

Anoche me quedé en el hospital con mi (futura) suegra, que se ha operado recientemente de la vejiga. Eran ya las 00.00 horas aproximadamente cuando empezamos a oler un insoportable olor a pintura o algo similar. Pregunté en el control de la planta y me dijeron que no sabían de dónde venía aquel tremendo olor.

Intentamos abrir la ventana, pero claro (buena medida de seguridad), estaban selladas. Así que tuvimos que esperar aproximadamente cuarenta minutos a que la enfermera llamara a uno de los trabajadores de mantenimiento a que nos la abriera.

Una vez pudimos respirar y vimos que el ramo de flores que había adornado la habitación durante un par de días pasó de estar en perfectas condiciones a ‘chuchurrirse’ inmediatamente, el señor de mantenimiento nos explicó que fuera del edificio se encontraban limpian maquinarias con disolvente, con tan mala suerte que éste se derramó y fue aspirado por el conducto de ventilación del aire acondicionado del ala del hospital que daba a las habitaciones de la planta octava, donde se encontraba mi suegra.

¿No podrían limpiar por el día y tener más cuidado? No l odigo por mi, que al fin ay al cabo, soporto bien los olores, lo digo sobre todo por todas las pacientes que están ingresadas y que tuvieron que padecer un dolor de cabeza que podría haberse evitado.

Diario SUR

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