Málaga no cambies, por favor

Hoy he vuelto de una escapada a Málaga. Han sido pocos días y una pequeña fortuna, pero ha merecido la pena. No resulta fácil ni barato moverse de esta isla. No me lo han puesto sencillo tampoco en el colegio. “Las faltas hay que justificarlas y un viaje no es una justificación”. Supongo que restar tres días a su apretado calendario escolar no entra en su insaciable sed de huelga que amenaza cada año a los escolares pitiusos. Espero que mis hijos aún puedan recuperar el tiempo en las asignaturas perdidas. Aunque ya les advierto que no se han estado tocando las narices. Han adquirido más cultura de la que pudo ser su tierra en cinco días de la que han aprendido en el colegio sobre su hogar a día de hoy. Pero no me quiero salir del tema. Málaga no cambies.

Si cambias, que sea despacio, que yo no me dé cuenta. He vuelto a pisar los jardines de la Alcazaba, como cuando era niña. El aire sigue teniendo un olor distinto, reconocible. Quizás vosotros, malagueños, no lo notéis. Pero es distinto, indescriptible. Es el aroma de épocas pasadas, de años que no vivimos pero cuyo sudor quedó impregnado en los muros, en la tierra.

He jugado a la guerra en el castillo, con la conquista más dulce: la cara de asombro de mis hijos. “¿Tú vivías aquí mamá?” No hijo. Yo vivía en un barrio de Málaga hasta emigrar a Ibiza. Poco ha cambiado el barrio. Claro que aquellas niñas que vivían en la planta de abajo ya no juegan a la cuerda en la calle. Una tiene un pearsing y la otra empuja un carro de bebé. Algunas tiendas han cerrado y en su lugar hay tiendas de todo a un euro. La gente parece más fría y distante, más de la gran ciudad. Salvo aquellas que te reconocen y vienen corriendo a besarte y abrazarte, como si nunca te hubieses ido.

Tuvimos la oportunidad de ir a la playa. No para bañarnos. Sino para sentir la arena, los kilómetros y kilómetros de recuerdos que quedaron de los días de verano en la costa del sol. “¿Podremos venir el próximo verano a bañarnos mamá?” No sé si el trabajo me lo va a permitir. Si sé que no quisiera haberme ido. Me gustaría haber vivido la evolución de mi tierra, de mis gentes. Tal vez algún día. Mientras tanto, Málaga, por favor, no cambies. Devuélveme a los años de mi infancia, esa que un día quise perder y que ahora añoro, a lo lejos.

Ibiza: un banco de pruebas perfecto para las drogas de diseño

Ando un poco asustada. Ahora están “repartiendo” la droga caníbal por Ibiza, o eso dicen. Para que os hagáis una idea, alucinaciones y una agresividad desmesurada. Gente aparentemente normal con ataques paranoicos capaces de morder al primero que se le cruce por delante. Lo de morder es nuevo. Que Ibiza es un bando de pruebas perfecto para las nuevas drogas de diseño, lo llevo diciendo hace años. Desde que la gente empezó a tirarse por los balcones.

Una configuración única y bien documentada

Imaginaos que vais a escribir un guion sobre una película basada en un laboratorio experimental de drogas. Cualquier farmacéutica pagaría millones por esto. Empezáis a buscar un escenario perfecto.

  • Debe ser un lugar aislado (palabra que parece una extensión de isla)  donde el experimento quede delimitado.
  • Debemos tener un lugar único donde tratar los brotes y tener acceso a los resultados.
  • No debe ser un sitio ni muy grande ni demasiado pequeño porque se conocerían todos.
  • Nuestras víctimas deberían ser gente que no pueda identificarnos y fácilmente manipulable. Una vez drogados no pueden relacionarnos.
  • Hay que buscar individuos nuevos cada cierto tiempo para tener siempre ganado fresco.

Muy bien. Te acabo de describir Ibiza. La gente que consume drogas, no se las lleva en el avión de vuelta a casa. Prefieren tirarlas o regalarlas. Conozco a camareras de piso que le han dejado droga de propina en las habitaciones. Tan sólo hay un hospital público donde son tratadas las intoxicaciones. Un lugar que publica sus resultados y que, supongo, no debe ser muy difícil acceder a los historiales clínicos por intoxicación. Estoy segura que cualquier empresa que desarrolle fármacos puede acceder a historiales de nuevos casos para su estudio, aunque esos historiales se faciliten sin dan nombres ni apellidos.

Si hablamos de  extensión, la isla es perfecta. Todos los casos se van a producir en un radio de unos veinte kilómetros. Así no se mezclan unos resultados con otros.

Vamos con las víctimas. Jóvenes, preferentemente británicos en buen estado de salud que bajan del avión y es lo último que recuerdan de Ibiza. No recuerdan ni con quien vinieron, ni donde se alojan, ni el teléfono de sus casas. ¿Creéis que exagero? Una vez, en una academia, me entró uno de estos en clase. Sé que venía del hospital porque llevaba la pulsera identificativa en la muñeca. Entró y se sentó en un ordenador. Creo que lo primero que buscó es el localizador de Google. Así al menos sabría dónde estaba. Pues imaginaos que alguno de estos debe explicar en qué bar estuvo tres noches antes y con quien habló.

A la semana siguiente, nuevas víctimas.

Mallorca podría ser un buen lugar para hacer experimentos, pero es infinitamente más grande. Menorca no “disfruta” de este ambiente nocturno, salvaje en ocasiones. Formentera ni siquiera cuenta con hospital.

Estáis en vuestro derecho de pensar que estoy paranoica. Yo creo que tantos casos de gente haciendo balconing sobre cemento no son normales. Que se concentren estos casos en la localidad de Sant Antoni, centro por excelencia del más barriobajero de los turismos, tampoco me parece normal. Hace años que ocurre esto. Pero el turismo mueve la isla y ese es un punto que nadie quiere tocar aunque para ello tengan que vender billetes junto con una inyección antitetánica.

 

El verano a tope en Ibiza

Ya os dije que la vida arrancaba en Ibiza ¿no? Pues eso fue en Marzo. Hasta el día de hoy no he podido salir del trabajo antes de las diez de la noche. Currar en un rentacar te permite trabajar el verano a tope. No sé lo que dirá la cuenta de resultados de la empresa. Probablemente este año vuelva a haber pérdidas, como todos los años. Empiezo a creer que es una excusa para no pagar las cientos de horas extras que le llevo metida a su querida empresa.  Fijaos si no me lo creo, que he salido antes porque simplemente, no hay ni un sólo coche para poder alquilar. Por el último hemos cobrado doscientos euros por día. Un abuso. Pero es que la economía de la isla es muy peculiar. O sacas para vivir el resto del año o ya puedes chapar y buscarte otra cosa.

“¿Vives en Ibiza? ¡Qué suerte! Todo el día de fiesta!”

Si. Todo el día de fiesta. Hoy he tenido fiesta con dos clientes. El lunes tuve fiesta con el jefe. El mes pasado con la policía que no nos dejaba sacar el coche del retén. Y por si fuera poco, los vecinos han alquilado el piso a unas Gogos. A las seis de la mañana se traen el trabajo a casa. ¡Y fiesta! Subidón, subidón. Pero de tensión.

Por suerte el invierno está a la vuelta de la esquina. Cuando pase septiembre le saldrán telarañas a la puerta de la oficina. Pero así funciona aquí el turismo. Este año quiero volver por la tierra que me vio nacer y crecer. Pero pase lo que pase, prometo no ser tan pesada como los turistas españoles que llegan a Ibiza. Algunos se piensan que la empresa es mía. Si por mí fuera, se traían un monopatín de su casa. Se piensan que aquí se conduce como en las grandes ciudades. Otros más bien parece que llevan un tractor por el campo. Pero a los que no soporto son las réplicas de Fernando Alonso con el gen de la conducción perdido. “Oiga, yo no quiero este coche porque no pasa de 160…” Pero si la carretera más larga de la isla tiene dos carriles y no pasa de 14 kilómetros so animal. ¿Tú quieres velocidad? Pues hay un precipicio de unos 200 metros donde al menos tenemos la suerte de que sólo te vas a matar tú. Falta un poquito de cultura.

Que tengáis un buen fin de semana.

La vida arranca en Ibiza

Con la llegada de la primavera, la vida arranca en Ibiza. No sólo en el campo. También en las ciudades, en los pueblos, se respira un aire distinto. La gente se anima y empieza a moverse el mercado turístico. Eso significa trabajo durante cuatro a seis meses, que en los tiempos que corren, no está nada mal.

El mes de abril es casi una primera toma de contacto con el cambio de estado. Se pinta, limpia y acondicionan los alojamientos hosteleros, así que nos decidimos por tomarnos unas vacaciones en estos días, no debemos asustarnos si vemos circular más empleados que turistas. No es que estén terminando el hotel. Es que seis meses cerrado a cal y canto, tan cerca del mar, suele causar muchos desperfectos.

Para el mes de mayo, todo el mundo está ya con las pilas cargadas. En los últimos años, el primer fin de semana del mes suele coincidir con la fiesta medieval de Ibiza. Y claro, tanta gente y tanto turista, tendrán que dormir en algún sitio.

Junio es un mes importante. En él se verá el devenir de la temporada alta. Claro que también coincide con las aperturas de las discotecas más relevantes. Si es tu mes elegido para las vacaciones más te vale reservar tu hotel en Ibiza con antelación.

Julio y agosto son el no va más.  Durante estos meses la isla está a tope. No hay quien consiga un coche de alquiler barato a no ser que hayas hecho tu reserva con meses de antelación. La isla parece colapsada por momentos. Los taxis no existen en las principales horas puntas.

Con septiembre llega un poco la tranquilidad a isla. El agua sigue caliente y las tardes se vuelven un poco más cortas aunque igual de locas. No parará la fiesta hasta finales del mes, principios del siguiente. Son los cierres discotequeros los que parecen poner punto y final al movido verano.

En octubre, cuando ya han pasado los primeros días, la isla vuelve a la calma. Nos queda todo un invierno a los que tenemos la isla por hogar. El ritmo de vida vuelve a ser el de un pueblo calmado y tranquilo, dónde el olor de la chimenea se funde con la carne torrada. Como te quiero, Ibiza.

Animaladas en Ibiza (desde Mallorca)

Por fin vuelvo de mi exilio en Mallorca, provocado por asuntos de trabajo, y tengo un rato para poder sentarme a escribir unas líneas. Mucho ha pasado en Ibiza durante este tiempo. Gracias a las nuevas tecnologías, he tenido la oportunidad de no perderme detalle.

Claro que no todo ha sido bueno. He visto mucho y de todo. Aunque lo que más me ha cabreado ha sido la avalancha que se viene produciendo por las redes sociales de esa corriente mal llamada amigos de los animales. “No más animales sufriendo”.  Es un movimiento curioso. Algunos luchan contra la matanza de focas por ejemplo. Algo que me parece de lo más loable. Otros en cambio luchan por los derechos de los animales de cuatro patas. Perros y gatos vaya. Bueno, también hay mucho zumbado que se dedica a hacer plantón en los circos como gesto de protesta por los animales enjaulados. Los más animados, sueltan alegremente animales a la vía pública sin tener en cuenta que pueden provocar algo más que accidente. Yo también tengo el derecho de no matarme contra un camello desbocado por una carretera, aunque este último no cuenta.

Pero volviendo a los cuatro pateros, alguien debería de explicarles que se les está yendo la cosa de las manos. Una cosa es que no se maltrate a los animales, de acuerdo. Pero otra muy distinta es pedir veterinario gratuito para tu mascota. Justamente ahora, cuando hasta tienes que pagar por cada receta que te da el médico. Cuando te han subido el IVA para poder sacarte una muela cariada, estos señores empiezan a convencerse que sus queridas mascotas tienen el mismo derecho a la Sanidad Pública. Sin pagar claro, algo que en España hace cualquiera que tenga una pensión mínima, ya no digamos un trabajo.

Este verano me ocurrió una cosa bastante curiosa. En una red social de estos amantes de los animales les sugerí que utilizasen su asociación para concienciar a los propietarios de que esas cositas marrones que sus animales depositan en la vía pública, no son un regalo para el pueblo, sino para ellos. Que tienen que recogerla vamos. Que en invierno paso todos los días por un solar donde estos regalitos proliferan a uno y otro lado del sendero. Pero eso es en invierno. Porque en verano no hay quien pase entre el olor y las moscas verdes, enormes, casi provistas de DNI, que pululan de marrón en marrón. La respuesta no se hizo esperar. Me eliminaron el mensaje y me solicitaron amablemente que las quejas las diera por mensaje privado porque alguien se podía dar por aludido. ¿Alguien? No. Si acaso algo. Algo así como un cacho de carne con patas más cerca de la especie gorrina que de la humana. Porque mucha libertad para los animales (los perros no aparecieron domesticados, pedazo de mendrugo) pero si te digo que recojas el zurullo de tu animal de cuatro patas, entonces te enfadas y no respiras. Tal vez el problema sea que los animales de cuatro patas tenéis una profunda empatía. No hay nada más que ver un perro junto a un puerco.

Ibiza Topónimos y fóbicos

Ya sé que el título de hoy puede parecer algo raro, pero no es menos cierto, se lo puedo asegurar. Al menos en Ibiza. Desde que se decidiese catalanizar los nombres de las localidades ibicencas (catalanizar no es lo mismo que utilizar el topónimo original aunque a algún obtuso se empeñe en demostrar lo contrario), los problemas lingüísticos afloran sin que nadie tenga  las santas narices de sentarse y razonar el tema. Porque aquí no se puede razonar. No he visto ningún burro hacer raíces cuadradas ni a ningún extremista aceptar una realidad que no sea la suya. Les pongo en situación histórica. Finales del siglo XVIII principios del XIX.  La iglesia decide crear iglesias para “divulgar la fe cristiana”. Los nombres utilizados en aquella época distan mucho de parecerse a cualquier término catalanoparlante que se precie. “Los topónimos no se traducen”. Los nombres propios tampoco. Una catedral levantada en honor a la Virgen de las Nieves jamás fue levantada a la Virgen de la Neu. Salvo que aceptes intrínsecamente que Josep se llama José. Y Antoni es Antonio.

La Real Academia Española define topónimo como “Nombre propio de lugar”. Así, tal cual. No sé que narices dice la academia catalana. Y tampoco me importa. En su imposición nacionalista todo se ha traducido al catalán. Ni se han respetado nombres propios, ni topónimos, ni leches. Entre otras cuestiones porque algunos de esos nombres se definieron durante la época de imposición castellana. Así que poco importa si nunca existió tal topónimo. Se traduce y punto. Porque son así. Porque no respetan nada que no huela a dinero. ¿No me creen? ¿Sabían que Ibiza en realidad se llama oficialmente Eivissa? ¿No lo han visto escrito así en ningún folleto? Ni lo verán, porque si algo distingue a estos fóbicos del castellano (y del español por ende) es tragar con aquello que les produce dinero. Por si se han preguntado alguna vez porque Cataluña no está jugando la Eurocopa, o porque no jugó ni siquiera la previa como Irlanda del Norte es porque el sentimiento catalanistas es profundamente miserable, capaz de renunciar a su nacionalismo por un puñado de euros. Los que le costaría renunciar a jugar la liga española para pasar a jugar la liga europea. ¿Sentimiento catalán? No. Pelas.

 

Ibiza 2012 Ahora sí comienza la temporada

Si en cualquier otro lugar del mundo la temporada turística la puede marcar el inicio del buen tiempo, la llegada de la nieve o incluso la aparición de las especies migratorias, en ningún otro sitio el pistoletazo de salida lo dan las discotecas de Ibiza. Y eso está ocurriendo precisamente esta semana. He pasado de tardar siete minutos en llegar al trabajo a perderme en atascos por el centro de la ciudad. Ahora encontrar aparcamiento es una auténtica experiencia religiosa. Dos de cada tres coches llevan una pegatina de las casas de alquiler y lo mismo ocurre con las motocicletas y ciclomotores. Si ves a alguien con un “calimero” puesto, los dos pies acariciando el suelo y los brazos colocados como si fuera a levantar la moto, aléjate. Acaba de alquilar una moto por primera vez en su vida. Algunos son realmente temerarios. Ayer mismo ví a un grupo de franceses alquilando una docena de estos vehículos. Uno le preguntaba al de la casa de alquiler dónde estaba el pedal de freno. Con los dientes me veo frenando a más de uno. Y no se piensen que eran veinteañeros, que no. El más pequeño debía estar jubilado.

También se nota el jaleo en los hoteles. Los despertadores de mi edificio comienzan a repicar a las siete de la mañana. Una hora más tarde medio vecindario está trabajando en alguno de los muchísimos hoteles que se dispersan por la isla. Con suerte, los que trabajan cerca de las discotecas o tienen que pasar por delante de ellas llegaran a tiempo cada día. Aunque lo más normal es encontrarte un control de la Guardia Civil para comprobar lo bien que tienes los pulmones. Es un control por y para españoles, porque ya me dirán cuando van a pagar la multa y que clase de puntos le van a quitar a un turista extranjero. Los únicos puntos que quitan en Ibiza son los que recibe el tío del ciclomotor de antes. Esto me recuerda que el hospital ya está colapsado. En fin, cuatro meses para devolver la tranquilidad a mi querida isla.

Ibiza: La diferencia entre lo político, lo económico y lo correcto

¿Sabían ustedes que para trabajar en los organismos oficiales tienes que examinarte de catalán? Pero no te vale con haber nacido en Valencia, ni en Barcelona, y hablar catalán desde la cuna. Da igual si eres licenciada en filología catalana. Si vienes a Ibiza, te tienes que examinar de nuevo, porque los títulos no son compatibles. De castellano no te examinan. No importa. Igual porque tampoco lo iban a aprobar muchos. ¿Se imaginan a un extremeño examinándose de castellano en Málaga, por ejemplo? Pues creo que este es el único lugar de España dónde se han empeñado en demostrar que el ser humano puede pasar de estúpido a muy estúpido. Resulta que en el susodicho examen, si hablar Ibicenco (dialecto del catalán), te suspenden. Porque el examen es de catalán claro. Si mis profesores me hubiesen tenido que suspender por escribir búcaro o candil yo a esta hora no tendría más título que el de catadora de salchichón (no lo puedo evitar, me chifla).

Todo esto es una cuestión política, porque resulta que la máxima cabeza visible del ayuntamiento, su alcaldesa, habla el catalán como yo, de escuchárselo a los niños. Y cuando se dirigió a las huestes en castellano del “tampoco sé leer muy bien no se crean” pues hubo gente que se mosqueó. Pero todo quedó en eso. Porque la fiesta del medieval, dónde se pronunciaba el discurso en cuestión, es mucho más importante que las palabras de cualquier político. Es una primera inyección económica a la ciudad y, básicamente, la única vez en que se denomina a Ibiza como Eivissa, en catalán. Porque aunque esto sea tierra de catalanistas, a la hora de utilizar el mal llamado “nombre comercial”, los políticos ibicencos son únicos. “Si hacemos referencia a la isla, la escribimos Ibiza, si hablamos de la ciudad, Eivissa”. Eso no es correcto, ni en su término, ni en su declaración. Si hablamos de dinero, la llamamos Ibiza, y Eivissa de puertas para dentro, como Aznar.

Acercando presos

Que el cruel terrorismo etarra ha dejado su huella en toda España, es algo que todo el mundo sabe, aunque las nuevas generaciones olvidan. No hay región española donde estos criminales no hayan dejado un rastro de sangre y dolor. Ni siquiera Ibiza ha escapado a la barbarie. Ahora que el gobierno (me da igual su inclinación política, gobierno al fin y al cabo) ha decidido acercar los presos a sus familiares, habría que recordar los motivos por los que estas pobres personas están en la cárcel. Aunque en realidad no es un motivo. Hay al menos 858 motivos, no para tenerlos en prisión,  sino para juntarlos en una y tirar la llave.

Podemos empezar por una niña de 22 meses, allá por 1960. Curioso nacer el de esta banda. No sé exactamente que clase de moralidad te permite enarbolar una bandera cosida con la sangre de un bebé “enemigo”. Dentro de la categoría de peligrosos para la patria podríamos señalar el 7 de noviembre de 1991, cuando alguien decidió que 24 meses es tiempo más que suficiente para que otro sucio español diera por terminada su vida. Igual eran otros tiempos.

Hace nueve años, otra enemiga del pueblo vasco, de seis años de edad, perdía la vida mientras bailaba el “Aserejé”.

Tanta demostración de valentía se vio refrendada en el juicio de este último caso. Cada vez que veo a esa madre destrozada, llamando “asesinos cobardes e hijos de puta”, a los dos acusados, me pregunto si no hubiese sido posible un acercamiento en aquel mismo momento. Tampoco hace mucho, apenas cinco meses, del juicio por otro asesinato en 2011, dónde los grandes defensores del pueblo vasco se reían mientras declaraba la viuda del asesinado.

Porque se habla mucho de acercar los presos a sus familias. Pero no oigo nada de acercar los presos a las familias que más perdieron. A esas familias si que los acercaba. Porque es muy fácil reirse cuando los cuerpos de seguridad de tu “enemigo” te protegen. Igual no te ríes tanto si algún familiar se te acerca, te arrodilla y te encañona. Aunque eso lo saben ellos mejor que nadie, porque también ahí tienen experiencia.

Y ahora que alguien me explique a cuento de qué hay que acercar a “éstos”  a sus familiares cuando lo que te pide el corazón es acercarlos más a sus antepasados.

Desde Ibiza, entre la república y la monarquía: un bistec

Vaya por delante que no me considero monárquica ni republicana. A decir verdad, la única diferencia que veo entre ambas es quien se va a llevar el dinero, si alguien por definición o por votación. Y como no me lo voy a llevar yo, pues lo mismo me dá que me da lo mismo. Lo que no me da igual es que se critiquen determinadas actuaciones sacándolas de contexto.  Como por ejemplo, un dos tres, responda otra vez: la cacería del rey. No entiendo que es lo que molesta a la gente. De un lado escucho a los que hablan de los tiempos de crisis y el rey de safari. Y lo hacen en la barra de un bar tomando unas cañas. Yo, con crisis, me tomo la cerveza recién sacada de la nevera. En tiempo de crisis, yo me voy a Formentera a pasar el fin de semana, que la tengo a un paso. El rey se va de safari. El resto, es envidia. Además, la crisis es de la economía. Nadie dijo que la Casa Real estuviese en crisis ni que el rey estuviese pidiendo limosna por el camino.

Los otros que critican la crisis me parecen unos oportunistas. Son los defensores de los derechos de los animales. Es increíble que una barbarie como la caza, que tan sólo lleva presente en el mundo desde que la vida es vida, se siga practicando, y además como deporte. Debimos tener los padres, abuelos y bisabuelos más bárbaros de la historia. Mira que matar a un pobre animal indefenso con el que van a comer probablemente cientos de familia…Se les tendría que caer la cara de vergüenza a los cazadores estos. Vamos, que si un vegetariano no come carne porque le entran remordimientos de conciencia, los demás tendremos que pedirle perdón a la madre de la ternera por hincarle el diente a su hija. Lo más increíble de toda esta consciencia (o inconsciencia) animalista que nos invade es que después les importa un pepino si en Botsuana se morían de hambre o sida y hoy día tienen una economía de rápido crecimiento. No matemos animales, mejor dejemos morir a los seres humanos. Desde Ibiza, me da igual la república o la monarquía, los que me revientan son esa panda de bárbaros más preocupados por que no maten especies que por dejar de ver morir a la suya.

Diario SUR

EN CUALQUIER CASO TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS:
Queda prohibida la reproducción, distribución, puesta a disposición, comunicación pública y utilización, total o parcial, de los contenidos de esta web, en cualquier forma o modalidad, sin previa, expresa y escrita autorización, incluyendo, en particular, su mera reproducción y/o puesta a disposición como resúmenes, reseñas o revistas de prensa con fines comerciales o directa o indirectamente lucrativos, a la que se manifiesta oposición expresa.