Más leña al fuego

No lo entiendo. Hay gente que se dedica a defender lo indefendible en nombre de no sé qué derecho a la libertad de expresión. Como si la propia libertad de expresión no fuese decir “No” a lo inmoral, cuando y como te dé la gana. Jordi González intenta, o al menos eso me parece a mí, defender la pérdida del cuarto poder. Porque para mí, los medios de comunicación eran el cuarto poder de este país, y el segundo o el primero en muchos otros. El caso es que las redes sociales se están convirtiendo poco a poco en ese cuarto poder, el que tiene la capacidad de generar “alarma social”, y eso es algo que Jordi todavía no ha entendido. Y parece que se enroca. Enroque: movimiento defensivo empleado por los principiantes en el ajedrez cuando la cosa pinta mal. Pinta fatal.
Libertad de expresión os contaba. Que viene a decir poco más o menos que todo el mundo es libre de sentarse delante de un micrófono y largar por la boca todo cuanto se le ocurra. Ahí tenemos a Otegui. Esta señora, “la cuca madre”, se puede sentar delante de quien quiera y contar lo que le venga en ganas. No creo que haya nadie en este país que le pueda negar ese derecho. Otra cosa muy distinta es que los demás tengamos que quedarnos “callaítos” mientras alguien cobra cantidades indecentes a cambio del sufrimiento sádico de unos padres. Por ahí no paso. Yo no puedo cerrar la cadena amiga. Pero me puedo meter en Facebook.
Las redes sociales han encontrado un nuevo medio de atacar el cuarto poder. Si bien aún es demasiado fuerte, su punto débil se encuentra en su sistema de financiación, sus anunciantes. Y a estos si que puedo atacarlos. Lo más curioso es que entre millones de mentes pensantes, se le ha ocurrido a un periodista. Seguramente después de ver el impacto que ha tenido empiece a recular, porque ha escupido con el viento en la cara. Pero ha facilitado el arma más mortífera para derrocar al rey televisivo.
Igual Jordi no lo entiende. Parece tener claro que si antes valía ahora también tiene que valer, y le va a salir caro. Tenemos demasiados amigos en las redes, somos poderosos por defecto. Hasta ahora nunca había ocurrido. Pues se lo voy a explicar en pocas palabras.
Hace poco hubo un incendio provocado en Ibiza. Murió una mujer de 40 años. El piso lo quemó su pareja de 21. No era la primera vez que provocaba un fuego, ni la segunda que estuvo en la cárcel por ello. Su familia denunció su estado antes, durante y después. Él mismo confesaba a sus compañeros de prisión su intención de regresar. Lástima que haya sido a costa de una vida humana. Ahora imaginemos por un momento que un familiar es invitado un sábado por la noche, cobrando por supuesto. Pero en lugar de ingresarlo en su cuenta corriente, lo dona a la familia de la fallecida como muestra de dolor por el daño causado. ¿Notan ustedes alguna diferencia? Pues igual Jordi no.

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Diario SUR

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